Gracias por seguir la historia :)


Capítulo 16:

Kate apretó los puños e intentó respirar hondo. Escuchaba el motor del coche, y sentía el camino de piedras por el que avanzaban. Hacía unos minutos que habían abandonado la carretera cementada.

Castle le había vendado los ojos con una cinta negra minutos atrás. Según él, tenía una sorpresa preparada. Y a ella le había hecho ilusión. No solamente por la novedad de hacer algo diferente en aquel lugar, sino también por hacer algo con Castle, ahora que habían comenzado una relación diferente.

Habían pasado dos semanas estupendas. Desde que ella le confesó que no se sentía preparada para ir un paso más allá, él se había desvivido por demostrarle que no le importaba, que le daría el tiempo que ella necesitase.

Le estaba tratando tan bien que Kate no se había atrevido a decirle que tal vez lo de la venda en los ojos no era tan buena idea. Creyó que debía hacer el esfuerzo por él, se lo merecía; y creía que lo habría superado.

Sin embargo, volver a sentir los ojos tapados, había desencadenado desagradables recuerdos del psiquiátrico. Respiró hondo una vez más, no le diría nada a Castle, no quería arruinarle la sorpresa que había preparado con ilusión.

-Ya hemos llegado – anuncia Castle, parando el coche.

Había notado el temblor en los dedos de Kate. Había estado observándola de reojo todo el camino y sabía que algo no iba bien. Sin embargo, ella no había dicho nada.

Tenía que hacerle entender que no tenía que guardarse sus preocupaciones para ella. No esta vez. Ahora él estaba allí con ella.

Salió del coche y caminó hasta el otro lado, abriéndole la puerta a ella y ayudándole a salir del coche. No dijo nada sobre el temblor de sus manos, así que él se limitó a demostrarle que podía contar con él. Incluso, llegado el momento, le haría ver que una venda en los ojos podía significar algo más que un mal recuerdo.

Levantó una mano, acariciando la mejilla de ella. Acercó su cara a la de Kate y posó un beso sobre su nariz mientras llevaba sus manos a la parte de atrás de su cabeza. Comenzó a desatar el nudo de la venda mientras comenzaba a besar sus labios. Sintió cómo Kate se agarraba a los brazos de él. Reteniéndolo allí junto a ella.

Cuando apartó el trozo de tela de sus ojos, comprobó que ella los tenía cerrados.

-Puedes abrirlos – le susurró, cogiéndole de las manos.

Kate los abrió despacio y supo que Rick sabía que ella había tenido un mal recuerdo. Sin embargo, ninguno de los dos dijo nada. Él se limitó a tirar del brazo de ella, guiándola hasta la orilla del lago.

A la derecha, había un pequeño embarcadero en el que había amarrada una pequeña lancha. Aquel era el lago que se podía ver desde la casa, al fondo del pueblo, aquel que daba nombre al pueblo.

-Es precioso Castle.

La nieve había ido derritiéndose estas semanas atrás debido a las altas temperaturas, nunca antes vistas en esta época del año, en un lugar como Canadá. Los periódicos hablaban de ello, preocupados por el cambio climático.

Castle le pidió que esperase un momento, mientras él cogía algo del coche. Ella aprovechó para acercarse a la orilla y respirar el aire puro que aquel lugar ofrecía. Aunque todavía hacía algo de frío, era un día soleado, por eso Castle había aprovechado esa mañana para ir al lago.

- ¿Vamos? – Castle le ofreció su mano para que le acompañara. Comprobó que cargaba con una cesta de picnic en la otra mano y no pudo evitar sonreír.

Kate asintió y agarró la mano de él. Caminaron juntos por el pequeño embarcadero hasta llegar a la lancha, donde él le ayudó a subir.

Ella no le preguntó a dónde iban, quería dejarse llevar y disfrutar del momento que Rick le había preparado.

Miró hacia adelante, sintiendo la brisa golpear en su cara. Pasaron al otro extremo del lago en cuestión de pocos minutos. El lago era enorme, por eso desde ese lado, apenas se divisaban las casitas del pueblo. Aunque sí se veía la suya, en lo alto de la montaña.

-Se ve muy pequeña desde aquí – señaló Kate, cuando Castle se volvió también para mirarla.

Rick frunció el ceño. Le preocupaba que su casita fuese visible desde allí. Estaba completamente alejada del resto, apartada del pueblo, en medio de la montaña. Y sin embargo… era visible a cualquiera.

Suspiró y se limitó a rodear a Kate con sus brazos. Ese día se había propuesto dejar de preocuparse por todo aquello. Estaban en otro país, lejos de cualquier peligro. No iba a pasar nada.

Extendió la manta sobre la hierba. En esa parte daba el sol, por lo que el terreno no estaría húmedo y podían tumbarse tranquilamente.

Hablaron tranquilamente sobre cosas triviales mientras se comían los sándwiches que él había preparado. Rick le explicó cómo había tenido que sobornar al dueño de la cabaña para que consiguiese alquilarles esa pequeña lancha por un día y aquello hizo reír a Kate.

-Debes ser un escritor bastante rico – dice ella bromeando.

-Solo un poco – él hace un gesto con los dedos, y ella rueda los ojos.

Sabía que él era un escritor bastante conocido. Tenía bastantes best sellers e incluso, los libros que había escrito sobre ella, habían sido todo un éxito. Tenía muchos fans que además babeaban por él, no solo por sus libros. Ella misma había sido una de esas fans. Primero la enamoró por sus letras, fueron de gran ayuda cuando ella intentaba superar la muerte de su madre; y después… fue él. Cuando lo vio por primera vez en una firma de libros… Él no se acuerda, y ella no piensa recordárselo, pero todavía es capaz de sentir la mano cálida de él al rozar la suya cuando le entregó el libro firmado, o la sonrisa que le había mostrado… Seguro que se lo hacía a todas, pensó, sacudiendo la cabeza. Pero ella se había sentido especial en aquel momento.

- ¿En qué piensas? – le pregunta él, retirándole un mechón de pelo de la cara.

-En que ya lo recuerdo casi todo – Miente ella. Aunque en parte es verdad que estaba pensado en un recuerdo de su pasado – Las cosas importantes, quiero decir.

-Eso está bien – dice él. Acariciándole la mejilla con cariño – Y… sabes que puedes hablar conmigo de ello. No solo de los buenos recuerdos.

Kate cierra los ojos y ladea la cara unos milímetros, permitiéndose disfrutar un poco más de esa caricia.

-Kate… - susurra él, cuando ella abre los ojos – Estoy aquí, contigo. No tienes que cargar con el peso del mundo a tus espaldas. Ya no.

Ella asiente, tratando de impedir que las lágrimas que está conteniendo se escapen de sus ojos. Es duro para ella hablar de aquello, pero Rick tiene razón, no puede seguir guardándose todos esos sentimientos para ella sola.

-Una noche intenté escaparme – comienza ella, tragando saliva para impedir que el nudo que se le ha formado en la garganta le impida hablar – Ese día me había portado bien – dice, lanzando unas comillas al aire – y pensaron que debían recompensármelo no atándome a la cama por esa noche.

Castle guarda silencio mientras la escucha con atención. Le hierve la sangre solo de escuchar aquello, pero sabe que debe mantener la calma por ella.

-Abrí la ventana con cuidado y conseguí salir – explica ella, recordando la minúscula ventana que había sobre la cama de aquella fría habitación – Cuando salté al césped, las alarmas comenzaron a sonar. Y entonces corrí tanto como mis músculos me lo permitieron, pero… estaba débil y… entonces tropecé y ellos llegaron hasta mí – Vuelve a tragar saliva y esta vez Castle la rodea con sus brazos, como si así la pudiese proteger de sus recuerdos – Volvieron a llevarme a la habitación y esta vez me ataron. Me apretaron tanto las correas que podía sentir cómo me paraban la sangre en las muñecas. Me pusieron una venda en los ojos.

Con esta última frase se derrumba y no puede evitar contener más las lágrimas. Castle la abraza y se maldice a sí mismo por haberle puesto una venda en los ojos antes, sin haber pensado siquiera lo qué podía suponer para ella.

-Lo siento, lo siento, lo siento – No puede parar de repetir, sosteniéndola fuerte en sus brazos – Siento haberte puesto esa estúpida cinta antes.

-Tú no podías saber… no es tu culpa.

Rick asiente. Aun así, no puede evitar sentirse culpable.

-Entonces ellos comenzaron a tocarme – continúa ella. – Yo tenía ganas de vomitar, solo quería que todo acabase – Todo su cuerpo tiembla, incluso su voz – Pero ellos… me tocaban, por encima de la ropa interior.

-Shh – Castle intenta hacerle parar. No es necesario que le cuente todo eso si ella no quiere. Sin embargo, Kate necesita contárselo.

-Después me dieron los electroshocks. Rick, ellos no… - tiene que parar un segundo para poder seguir hablando – solo me tocaron. Yo no…

-Shh. Está bien. Está bien Kate. Ahora estás a salvo. Ahora estás conmigo.

Ella asiente, llenando la camisa de él con sus lágrimas. Y él la abraza fuerte hasta que ella se calma. Siente mucha rabia por dentro, tanto que tiene ganas de ir y acabar con todas esas personas que se atrevieron a poner una mano encima a Kate. Eso supondría… ¿cuántos años de cárcel? Tal vez toda la vida. Pero no le importa. Estaría dispuesto a todo para acabar con el sufrimiento de ella.

Minutos más tarde ella se seca las mejillas con ambas manos. Está mucho más aliviada que antes. Necesitaba soltar todo eso y, ahora que lo ha hecho… tal vez… junto a Rick… Sabe que él puede ayudarla con todo esto. Solo necesita sentirlo cerca para saber que nada puede hacerle daño.

Antes de que todo esto ocurriera… Ella le daba un significado diferente a la vida. El golpe que supuso la muerte de su madre le había hecho darse cuenta que la vida no es un cuento de hadas como describen los cuentos; había levantado un muro a su alrededor evitando que cualquier persona se acercase a ella. No quería que nadie la conociese de verdad.

Pero Rick había derribado ese muro sin que ella se diese cuenta. Había derribado ese muro entrando poco a poco dentro de ella, conociéndola más incluso de lo que ella misma se conocía. Demostrándole que todavía es capaz de amar.

Y durante todo este tiempo ella se había negado a abrirle su corazón a él. Porque tenía miedo de que para Rick ella fuese solo un trofeo, una aficionada más como lo eran todas esas modelos y famosas con las que se le veía en las fotos de las revistas. Sin embargo, él le había ido demostrando, sobretodo en estos últimos meses, que ella no era una más.

-Te quiero, Rick – dice ella, alzando una mano y colocándola en la mejilla de él.

Nunca había sentido con nadie lo que sentía por él. Y, sobre todo, nunca nadie la había besado de esa manera que él lo hacía. Dejándole saber que nada más importaba, que él y ella eran lo único por lo que debían preocuparse.

-Siento haber arruinado el día.

-No has arruinado nada, Kate. Me alegra que hayas confiado en mí y me lo hayas contado – dice, cogiendo la cara de ella entre sus manos y dándole un delicado y lento beso en los labios.

Aunque ahora estaban lejos de todo y todas las preocupaciones quedaban a un lado. Ella estaba dispuesta a abandonar esa casa con él, volver a Nueva York y enfrentarse a sus problemas. Tal vez así podían continuar con su vida. Podrían darse una oportunidad sin esconderse de todo y de todos.

Sí. Había llegado el momento de volver.

Se lo diría esta noche. Prepararía dos copas de vino, y tal vez, podía demostrarle que había dejado sus miedos atrás, que él le había ayudado a hacerlo.