Autor: Hiyori Nishiyama (Okiro Benihime).

Clasificación: K+.

Género: Amistad, romance, drama, humor.

Advertencias/Aclaraciones: Este es un fanfic AU (Alternative Universe - Universo Alterno), y habrá OoC (Out of Character - Fuera de Personalidad). Así que desde ya voy avisando que muy a mi pesar alteraré un poco las personalidades de ciertos personajes para que encajen en la historia.

Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero esta historia es totalmente mía y la escribo sin ánimos de lucro. Prohibido el plagio o re-publicación.


Saori: Qué tierna~ ¡Me alegra que te guste mi Sasuke! Muchas gracias por leer, saludos.

Itzel Romero: Oh, ¡feliz cumpleaños re contra atrasado! Por supuesto, el SasuIno es mi otp, no lo dejaría por nada, haha~ ¡Gracias por leer! Saludos.

Mei: Me alegra que te haya gustado *-* Muchas gracias por leer.


Capítulo veinte: Con el paso de los días.


Todo ese tiempo se había comportado como un niño, y se dio cuenta de que, aquella persona que estaba a su lado hablando de tonterías y riendo demasiado fuerte, era más especial para él de lo que le hubiera gustado admitir.


—Sakura tenía razón, esto es muy malo.

Naruto se tiró en la silla y mientras se estiraba el cabello con clara desesperación, miraba el techo del salón como buscando las respuestas a sus dilemas.

—¿Tan mal te va? —Ino se llevó la ensalada a la boca y el aludido le fulminó con la mirada, frustrado.

—No, me va perfecto, es más, diría que soy tan inteligente que ni siquiera necesito estudiar… ¡Por supuesto que me va malísimo!

—Ya te he dicho que el sarcasmo no va contigo —Sasuke alzó una ceja e Ino le dio la razón repetidas veces. Naruto bufó exasperado.

—No te desesperes, consigue ayuda y ya.

Tenten casi se atraganta con sus papas fritas.

—Lo que Naruto necesita es un milagro para pasar los exámenes, no un tutor.

—¡Ayúdame, Sasuke! —haciendo caso omiso al desafortunado (y cierto) comentario de Tenten, Naruto juntó sus manos a modo de súplica y le dirigió su mejor cara de perro mojado a su amigo.

Sasuke dio un sorbo de su bebida y negó suavemente.

—Lo siento, pero ya he hecho planes de estudio.

—¿¡Qué!?

—Lo que escuchaste, el gatito va a ayudarme con Matemáticas, no soy buena con las ciencias exactas —Ino rió avergonzada y Naruto casi se desmaya—. ¿Por qué no le pides a Sakura?

—Sakura dijo que este año no va a poder ayudar a nadie —Tenten interrumpió—. Está muy ocupada con el consejo como para ponerse a enseñar. Y antes de que se te ocurra, Neji va a darme una mano a mí.

Para ése punto, Uzumaki ya comenzaba a ver sus últimas esperanzas desvanecerse frente a sus ojos.

—¿Y qué hay de Hinata? —la voz de Sasuke fue como campanas milagrosas para los oídos del rubio, Ino casi se ahoga con su jugo de uvas pero inmediatamente hizo de cuenta que nada pasaba. Sasuke logró percatarse de ello, sin embargo, decidió no decir nada.

—Hinata seguro va a ayudar al idiota de Kiba…

—En realidad, a Kiba le ha ido tan mal que su madre se enfadó como nunca y le ha puesto varios maestros particulares —Naruto acababa su ramen cuando Tenten hizo caras de susto, ahogó una risa y casi escupe los fideos, Ino le fulminó con la mirada y se alejó de él con dramático asco.

—¡Entonces Hinata está libre! ¡Eso es genial! Voy a pedirle a ella.

Pronto sonó la campana y de a poco entraron los alumnos faltantes al salón. Ino guardó sus cosas y mientras sacaba un espejo y checaba que su apariencia estuviera perfecta, no dejaba de darle vueltas a lo ocurrido hacía apenas unos minutos. El profesor Asuma ingresó al salón y junto a él llegaba Sakura, la presidente se acomodó en su asiento y el maestro no tardó en comenzar con su clase de Matemáticas, justamente la materia en la que debía prestar especial atención. Sin embargo, no pudo evitar colocar el rostro sobre las manos y perderse en el mar de suposiciones que era su mente. Contempló a su amiga durante unos segundos, el cabello corto le rozaba la piel del cuello y un listón rojo lo adornaba femeninamente. Copiaba los ejercicios muy concentrada e Ino se sorprendió por lo rápido que se movía su portaminas. Lentamente su mirada se movió hacia un costado, a su lado, Hinata parecía estar durmiéndose. La imagen le resultó por demás tierna y ahogó una risa. Rápidamente la culpa volvió a ella, se llevó las manos a la cabeza con clara desesperación y apoyó la frente contra la madera, procurando que el profesor no la vea para poder refunfuñar en paz.

Sasuke escuchó gruñidos. No necesitaba prestar demasiada atención a la clase ya que era naturalmente bueno, así que volteó buscando la procedencia de aquellos sonidos. No se extrañó en cuanto vio a Ino echada en el escritorio, casi estuvo seguro de haberla visto así antes, golpeándose la cabeza contra la madera y eso. Claramente algo le pasaba, lo había pensado cuando casi se ahogaba con el jugo y ahora lo confirmaba.

Arrancó un pedazo de papel y se lo arrojó intentando llamar su atención. La chica detuvo su berrinche y movió la cabeza, sin levantarse, le miró irritada. "¿Qué?", musitó, Sasuke le observó de reojo.

—¿Qué sucede contigo? —Ino hizo un puchero.

—No puedo contarte.

Sasuke frunció el entrecejo. ¿A qué se refería? No es que fueran cien por ciento honestos entre ellos todo el tiempo —recordó fugazmente el asunto inconcluso con las cartas de su madre del que decidió no indagar más—, pero esta situación era diferente. La tenía enfrente casi exprimiéndose el cerebro a causa de algo que estaba molestándole demasiado, era obvio. Muy distinto a aquella sonrisa que le dirigió ésa vez en el bosque, que le decía e insistía que todo estaba bien. Sasuke tronó la lengua y volvió la vista a la pizarra, pretendiendo que poco le importaban los asuntos de Ino. Ésta se enderezó rápidamente y mientras jugaba con sus dedos con nerviosismo, se acercó un poco a él.

—No vas a decir nada, ¿cierto? —Sasuke le observó por el rabillo del ojo y asintió quedamente. Ino pasó saliva y comenzó a escribir algo en una hoja.

Se lo arrojó doblado en diversos cuadrados y él no tardó en extenderla. Sus ojos negros se abrieron por la sorpresa al leer el mensaje. No lo habría imaginado jamás, y es que no solía prestar demasiada atención a los asuntos amorosos de sus amigos.

"Hinata está enamorada de Naruto".

Comprendió en ése momento por qué había decidido contarle por escrito en lugar de mediante susurros: el rubio se encontraba detrás suyo durmiendo, pero eso no lo volvía menos riesgoso. Sasuke arrugó el papel y lo guardó en su bolsillo, miró de lleno a Ino y ésta se encogió de pronto. En sus ojos pudo ver expresada su confusión y cuánto se preocupaba por los hechos. Era consciente de por qué, sabía que Naruto estaba enamorado de Sakura y éste le había comentado sobre la confesión de ella cuando acampaban. Le contó con lujo de detalles cómo su voz sonó trémula, como si no hablara realmente y a la vez, sus palabras habían sido pesadas, como cargadas de agua de lluvia. Naruto le dijo que dolió, y junto a ése dolor, una satisfacción inexplicable le invadió. Comprendió luego a qué se debía, cuando miró sus ojos; estaba confundido. Sasuke le había escuchado con atención, intentando entenderle. Le dijo que su respuesta había sido que debían esperar, y sabía que Sakura no se había percatado de que era una excusa. Pero, ¿por qué? Ahora que por fin tenía casi en sus manos, rozando con los dedos, lo que había querido durante tanto tiempo.

"No creo completamente en sus palabras…".

Naruto pateaba piedras distraídamente y él le había mirado con sorpresa desde el columpio. Recordó su expresión inconclusa, con una sonrisa natural y para nada forzada, pero aún así, nostálgica y lejana. Miraba las estrellas sin decir nada, el cabello rubio se revolvía con el viento nocturno y guardaba las manos en los bolsillos de su sudadera naranja. Sasuke no contestó. ¿Qué podía decir? No necesitaba más explicaciones y Naruto no era de la clase de personas que recibían consejos, al contrario, él los daba. Irradiaba un aura de seguridad que le volvía un chico determinado y seguro de sí mismo a simple vista. Sasuke sabía que era un poco más profundo que ello pero aún así no había nada que pudiera articular para subirle los ánimos. Naruto estaba seguro de sus ideas y así como era decidido, también era terco, y hasta que no viera cambios con sus propios ojos, no creería los sentimientos de Sakura.

Ino miraba expectante a Uchiha, aguardando una respuesta. Sasuke se llevó una mano al mentón e intentó recordar las interacciones de Sakura y Naruto en aquellos últimos días. Ciertamente, desde que habían vuelto de la cabaña, no eran muchas las ocasiones en las que les había visto juntos. Sin embargo, luego del festival deportivo, todo había parecido volver a la normalidad. Naruto y Sakura eran muy unidos, los había conocido de ésa forma. Cuando apenas llegaba a Sapporo desde Nagoya, ambos ya eran amigos. Discutían a menudo, sí, pero eso no quitaba lo mucho que se apreciaban y los momentos compartidos. Sasuke era consciente de que muchas veces una fuerte relación venía acompañada de peleas sin sentido, Ino estaba a su lado para comprobarlo. Es decir, ¡cada cinco conversaciones, tres eran discusiones…!

Fue en ése momento en el que se percató de la dirección de sus propios pensamientos. Ino, siempre volvía a su persona, de una u otra forma. Frunció el entrecejo, entre frustrado y resignado.

—Ino… —la aludida le observó con intensidad, impaciente—. No te metas. Es un asunto que tienen que resolver ellos, no tienes anda que ver.

—¡Pero…!

—Piénsalo, ¿qué podrías hacer? ¿Decirle a Kiba? No lo creo, ¿amenazar a Hinata? No lo harías… —Sasuke susurró y le miró fijo a los ojos—. No abras la boca, sé que te cuesta pero haz el intento.

Ino se cruzó de brazos, ofendida ante aquél último comentario. Sasuke le ignoró y le hizo señas para que le dejara de molestar y se enfocara en la clase de matemáticas. Ino se desparramó en su asiento y mientras miraba el mar de números y símbolos y letras, pensaba que quizás Sasuke tenía razón. No estaba del todo segura, pero por ahora le haría caso.

Después de todo, él era el genio.


La noche fría cubría las ventanas de la residencia Yamanaka. El cielo estaba despejado y la calle era únicamente iluminada por las luces de los hogares y el anaranjado resplandor de los faroles. Los árboles, rodeados por las solitarias hojas que caían ocasionalmente, cubriendo el suelo de manchas marrones, se mecían por la brisa otoñal. Ino prefería mil veces la primavera, y estaba segura de que su padre también. Era la época del año en la que más vendían en la floristería y dado que se habían mudado recientemente, y debían hacerse notar de nuevo, aquél era un hecho imprescindible. En Londres la Compañía Yamanaka era una de las mejores, era bien sabido que sus flores y plantas eran hermosas y de excelente calidad, por lo que cuando se unió a la marca de perfumes de Victoire Wallace, reconocida heredera de una adinerada familia francesa-inglesa, su popularidad aumentó aún más. Cuando ambas empresas rompieron su contrato y el Señor Yamanaka tomó a su hija y se marchó a Japón, el éxito de su negocio comenzó a flaquear. El dinero no les hizo falta pero fue una movida apresurada, casi improvisada. Afortunadamente, el hecho de que hayan trabajado con personas tan importantes en Europa, ayudó a conseguir grandes clientes en el lugar de origen de Inoichi. De a poco comenzaban a asentarse en Sapporo, así que Ino pasaba la mayor parte del día sola en casa, desde que volvía a la escuela hasta la noche. Salvo cuando tenía una reunión importante o un viaje de negocios, la hora de la cena era muy preciada para padre e hija. Ino lo consideraba la parte más importante de su día, y cuando él no podía estar, por algún u otro motivo, no podía evitar sentirse abatida. Era en esos momentos cuando se pasaba a la casa de Sasuke a través del balcón a mirar películas y comer palomitas de maíz o Sakura iba a cenar y hablar de tonterías. No le gustaba estar sola en ésa casa gigante, le resultaba aterrador. Cuando Sasuke se percató de que sus ojos se apagaban y su sonrisa se volvía forzada cuando se despedían entrada la noche, cada vez que ella le contaba que su padre no estaba, o se enteraba de alguna forma, le resultaba inevitable invitarle a pasar tiempo juntos.

Era una de las razones por las que Ino apreciaba tanto a Sasuke; una de muchas, seguramente. Su presencia, llenaba su soledad con facilidad.

La habitación desordenada de Ino era cálida y espaciosa, y recostada en la mullida cama, la joven observaba las opacas estrellas en su techo que parecían exigir que se apagaran las luces. Recorrió su cuarto con la vista, pasados unos segundos. Aquél cofre reposaba como olvidado en un estante alto en un rincón y rápidamente desvió la mirada, frunciendo el entrecejo. Curiosamente, la pizarra de fotos fue lo primero que logró llamar su atención. Afortunadamente ya había comenzado a llenarla de imágenes y se sentía familiar, le traía recuerdos de la felicidad que había vivido junto a sus amigos de Londres. Había fotos de las vacaciones de verano, de tardes de pizza y videojuegos con los muchachos, noches de karaoke, fotos del festival deportivo y de la exposición del Club de Arte y en su mayoría, habían fotos de ella y Sasuke. Si bien él no era una persona precisamente amante de las fotografías, no hacía falta, ya que cualquier ángulo le sentaba de maravilla. Ino solía agarrarle de sorpresa y tomarse fotos junto a él mientras lo abrazaba por el cuello o simplemente se colocaba junto a él y se fotografiaba antes de que él pudiera percatarse. Eran muchas las expresiones que había conseguido de Sasuke, y cada una le traía una sensación de satisfacción indescriptible que se alojaba en su estómago; la hacía feliz. Una de sus favoritas era una reciente, de las pocas que había tomado con el verdadero consentimiento de Sasuke: había sido luego del partido de básquet en el que se había lastimado, justo después de recibir su regalo de cumpleaños; Ino posaba sonriendo de oreja a oreja y mostrando con orgullo la pulsera que tintineaba en su muñeca, y Sasuke miraba a la cámara con una expresión tranquila, sus labios apenas curvándose hacia arriba en un gesto que significaba para ella mucho más que una sonrisa, y en su cuello, resplandecía el collar a juego.

Era una foto única, en su opinión.

El grito de su padre llamándole anunciándole que había llegado a casa la despertó de sus pensamientos. Pegó un salto de la cama y no tardó en salir disparada escaleras abajo.

Recibió a su padre con un fuerte abrazo. Las charlas que acompañaban la cena eran banales, tranquilas y las risas no podían faltar, el lazo que los unía era fuerte, demasiado como para romperse incluso con las horas en las que no se veían. Tenían un sentido del humor parecido e Ino le veía como su héroe. Aquél que le había dado todo para que fuera feliz, así significara grandes sacrificios y cambios, Ino estaba eternamente agradecida. La cena fue comprada, afortunadamente, estaba deliciosa. La mesa era grande y parecía ridículo que sólo dos personas la ocuparan, pero sabían darle un aire cálido llenándola de flores y velas. Inoichi comentaba cómo había pasado por el correo a recoger unos paquetes y por eso se había demorado un poco.

—¿Algo para mí? —preguntó Ino mientras sonreía divertida.

—De hecho, sí —su padre tomó un sorbo de su vino y con la copa apuntó suavemente hacia un costado, donde, en el suelo, reposaban una caja mediana. Ino se sorprendió, estaba bromeando.

—¿Qué...?

—Es de tu madre, te lo ha enviado por tu cumpleaños.

—Mi cumpleaños ya pasó —se tensó, sin embargo intentó disimularlo—. No lo quiero.

—Escucha, Ino, sé que es difícil, pero no es necesario que seas así con ella...

—¿No es necesario? Nunca le importé realmente, ¿ahora repentinamente quiere llamar mi atención con cartas y regalos? —Ino le interrumpió de pronto, levantándose de la silla con brusquedad—. No la necesito.

Inoichi suspiró pesadamente, sabía que reaccionaría así. Debía aligerar el ambiente de alguna forma, o su tranquila cena acabaría en desastre.

—¿Incluso si es ropa? —la joven le miró confundida—. ¿No lo querrías incluso si es ropa? Tu madre está en contacto con lo mejor de la moda de Londres, después de todo...

Los ojos de Ino parecieron chispear con deseo, sin embargo, su orgullo le impedía ceder tan fácilmente. Echó un vistazo al paquete a un lado, la idea de que dentro se encontrara ropa o zapatos repentinamente le hacía olvidar de todo. Suspiró con cansancio, su padre sabía cómo convencerla.

—¡Bien!

—Bien —la sonrisa de Inoichi fue suficiente para terminar de calmar a su hija y devolverla a su asiento.

La cena acabó sin demás inconvenientes e Ino se llevó disimuladamente el paquete a su cuarto. En cuanto lo abrió y se encontró con un vestido de color rosa pálido, muy femenino y un par de zapatos de charol con cordones negros, no tardó demasiado en quitarse lo que llevaba puesto y probarse la ropa nueva, ignorando las cartas que quedaron en la caja. Se miró en el espejo de cuerpo completo que descansaba junto a su armario, todo le quedaba como pintado. Tomó su teléfono móvil y se sacó una foto, enviándosela a la primera persona que cruzó su mente. A los pocos segundos, la vibración le advirtió que había recibido una respuesta.

"¿Ropa nueva?

De: Gatito".

"Sip. ¿Qué tal me queda?"

En cuanto presionó enviar, se percató de lo que había escrito. Una sensación incómoda se instaló en su estómago, como nerviosismo o así.

"Te ves... Te ves bien

De: Gatito".

La sonrisa que se extendió en su rostro fue casi inconsciente. Como un reflejo o una reacción automática, la tomó por sorpresa, encontrarse a sí misma en ésa situación, pero no le molestó. Se echó en su cama a seguir enviándole mensajes de texto, olvidando la situación que rodeaba aquél paquete y su procedencia. Las cartas fueron abandonas en la caja y a pesar de que el cofre parecía reclamarlas, había sido tan sencillo para Sasuke distraerla con sólo un par de palabras, que por primera vez, permanecieron allí durante toda la noche.

Definitivamente, tenía la fórmula exacta para hacerle sonreír.


Kiba sabía que algo estaba mal, lo sospechaba, casi lo olía en el aire.

La casa de Hinata estaba vacía, su padre estaba trabajando y su hermana menor se había ido donde unas amigas, o algo así. La soledad le calmaba, normalmente, cuando no había nadie en casa, Kiba se encontraba con una Hinata relajada y de un particular buen humor. Aprovechaba para tejer o tocar el piano y aquello parecía elevarla a un estado de inmediata paz. El ambiente estaba tenso, Hinata no relajaba los hombros y revolvía los dedos con nerviosismo. La veía ir y venir desde la cocina hasta la sala, alegando que olvidaba cosas, primero las galletas que le había pedido Kiba, luego su teléfono móvil, luego un vaso de agua. Kiba se mantenía quieto, observando sin decir nada, le había preguntado si todo estaba bien y casi se había desmayado. Conocía demasiado bien a su novia, después de todo, eran amigos desde hace muchos años. Sabía qué significaba cada ademán aparentemente imperceptible o irrelevante, sabía que cuando fruncía los labios significaba que estaba molesta, sabía que cuando se sentía cansada jugaba con su cabello distraídamente, sabía que cuando algo la incomodaba o la ponía nerviosa, sus desmayos se hacían frecuentes.

Kiba se levantó de la silla comenzando a sentirse impaciente. Se dirigió hacia los sofás y se echó en uno de ellos intentando calmarse, Hinata se había perdido escaleras arriba, buscando sus apuntes de Historia de Japón. Inuzuka tomó uno de los cojines para jugar con él para distraerse, sin embargo, en cuanto lo levantó, un anaranjado chillón llamó demasiado su atención. Se acercó y cuando se percató de que se trataba de una campera, más específicamente la campera de Naruto, sintió que alguien le echaba un balde de agua fría en la cabeza. No supo cómo reaccionar, miles de ideas se formaban en su mente y a pesar de que intentaba no sacar conclusiones apresuradas, la actitud de Hinata que repentinamente cobraba sentido, no le ayudaba.

En cuanto escuchó que bajaba las escaleras, se apresuró en colocar el cojín donde estaba y pretender que nada había sucedido. Hinata le miró un tanto confundida, la expresión de su novio había cambiado rotundamente. Su mirada era dura e intimidante, sin embargo, Hinata sintió que también estaba dolida.

—Tengo que irme, gracias por los apuntes —tomó las hojas que le tendía Hinata intentando hacer el menor contacto posible y volteó, pretendiendo irse sin despedirse, sin embargo, su corazón era débil así que le dio un beso en la frente y desapareció de la casa Hyūga tan rápido como pudo, dejando a una Hinata helada, mientras el anaranjado chillón que se colaba entre los almohadones del sofá chocaba contra su mirada.


Realmente no esperaba pasar un domingo entero estudiando, pero Sasuke apareció aquél mediodía en la puerta de su casa con la mochila en el hombro y una caja mediana en la mano que más tarde descubrió contenía un almuerzo preparado por la misma Mikoto. Ino se hizo la desentendida en una primera instancia, alegando que realmente no debía estudiar para matemáticas, justificando que hacer "tatetí" sería suficiente para ella. Sasuke no toleró excusas y ya estaba dentro de la vacía casa Yamanaka antes de que Ino pudiera percatarse. Hacía frío, como para un abrigo pesado, sin embargo, Sasuke no vestía más que un hoodie rojo y un beanie oscuro. Ino estaba con el pijama puesto, no era la primera vez que él la veía desarreglada y a pesar de que ciertamente Ino cuidaba mucho su imagen personal, no creía que se veía mal en ropa de casa, así que simplemente lo dejaba pasar. Era domingo, después de todo. Luego de almorzar, el aroma al café pareció inundar el ambiente de pronto, volviéndolo cálido automáticamente. Subieron al cuarto de Ino, a pesar de que no había nadie más en la casa. Sasuke colocó todos los libros y cuadernos que necesitarían en la mesa baja que anteriormente estaba repleta de revistas de moda que ya se había encargado de tirar en un rincón. Estudiaron prácticamente toda la tarde, no existía la palabra descanso en el vocabulario Uchiha, así que entre dulces y regaños, muchos regaños, finalmente se podía decir que Ino estaba preparada para el último examen del trimestre.

Estaba agotada, mentalmente exhausta y comenzando a irritarse. Los números se enredaban en su cabeza y sentía que no había pieza de información que lograra encontrar un espacio en su cerebro. Sasuke repetía las fórmulas y movía el portaminas con una rapidez inhumana, casi parecía disfrutar aquello que para ella era por poco una tortura. Su lápiz comenzó a moverse en la hoja de su cuaderno de apuntes. Primero un perfil y luego, suavemente, líneas que se extendían hacía abajo y florecían en pliegues, y una a una, rosas en el escote; el cabello recogido sobre la cabeza, en un moño del que caían bucles y las piernas largas, que acababan en zapatos parecidos a los de una bailarina. Un suave carraspeo la arrebató de su nube de inspiración, y el serio semblante de Sasuke le miraba fijamente.

—¿Podrías al menos pretender que me escuchas? —casi sonó exasperado, pero sus ojos le contradecían. Tenía puestas unas gafas de marco ancho para descanso, e Ino pensaba que de esa forma se veía mucho más inofensivo. Probablemente por ello no las llevaba a la escuela.

—Lo lamento, me distraje. De todos modos, ¿podemos hacer una pausa?, estoy hasta aquí de tus numeritos —hizo un gesto con la mano señalándose la coronilla. Sasuke rodó los ojos y se encogió de hombros. Para ella, eso era un sí.

Ino se tiró hacia atrás, echándose en la alfombra mientras estiraba sus músculos. Sasuke colocó el rostro sobre la palma de la mano, aparentemente desinteresado y luego de subirse un poco los anteojos, echó un vistazo general a los libros sobre la mesa, como divagando. En cuanto se encontró con el bosquejo de Ino, se detuvo abruptamente. El diseño era simplemente hermoso. Elegante pero con un misterio peculiar que lo volvía casi mágico. Sasuke se inclinó hacia adelante, pretendiendo coger el cuaderno para observarlo mejor, sin embargo, en ése preciso instante Ino se levantó de golpe y se lo arrebató de las manos. Tenía el rostro completamente colorado y apretaba los labios con clara vergüenza, el cabello despeinado por el súbito movimiento se cruzaba sobre su rostro, dándole una apariencia lamentable. Sasuke enarcó ambas cejas, entre sorprendido y molesto por la repentina pena de la rubia.

—¿Cuál es tu problema? No voy a robar tu cuaderno.

—No es eso, no quiero que lo veas —destensó los músculos un poco, pero no apartó el libro de su pecho. Sasuke volvió a su postura desinteresada—. No lo entenderías, es sólo un garabato, no quiero que lo veas así de descuidado como está.

Sasuke tronó la lengua. Realmente esa chica tenía pensamientos inútiles. Pasó a mirarla a los ojos y ella se sobresaltó ligeramente. A través del cristal, su mirada se veía más clara, como de color negro manchado con acuarela blanca; como espejos, casi pudo verse en ellos. No reaccionó lo suficientemente rápido como para apartarse, y la mano de Sasuke ya estaba corriéndole el cabello del rostro. Repentinamente se había acercado e Ino no pudo despegar la vista de su mirada.

—Idiota. Eso eres —Ino no acabó de comprender la situación, y en algún punto, tampoco Sasuke. Simplemente se había movido, levantando la mano y tocando su cabello con suavidad, para despejar su rostro.

Automático, todo se volvía automático en él. No había otra palabra, otra manera de describirlo, y Sasuke no lo entendía.

El silencio abarcó la habitación en su totalidad y Sasuke sólo continuó arreglándole los mechones rebeldes hasta que acabó. Las mejillas rojas de Ino se hicieron evidentes y aquello funcionó en él como una señal. Se alejó rápidamente y se levantó torpemente. Ino pasó saliva, todavía en trance, "así debe ser como Sasuke conquista a tantas chicas… esa mirada", se repetía una y otra vez, internamente. Echó un rápido vistazo por la habitación, como buscando algo con lo que disimuladamente distraerse. La pizarra de fotografías llamó su atención genuinamente y se acercó a ella. Un montón de pensamientos se alborotaban en su cabeza y casi en vano intentaba suprimirlos, era asfixiante, de repente las gafas le incomodaron y se las sacó de golpe, apretándolas en el puño cerrado. Era frustrante en mayor medida, definitivamente era frustrante.

Vagó entre las fotos colgadas, la mayoría ya las había visto, y a pesar de que por un momento quiso comentar acerca del por qué habían tantas fotos suyas, una en particular captó su interés.

Ino era notablemente más joven, sus facciones eran más infantiles pero no debía ser demasiada la diferencia de edad, deducía. Su cabello era más corto y la fiel coleta descansaba sobre su hombro. Sonreía ampliamente y se veía distinta, de alguna manera. Junto a ella, sosteniéndola por los hombros, un muchacho de cabello rizado compartía el gesto de felicidad. Era una fotografía pequeña, pero muy bien cuidada y colocada en una esquina, casi escondida. Sasuke no pudo evitar preguntarse quién era él, qué clase de relación tenían, por qué sonreían de esa forma y cientos de interrogantes más. Después de todo, eso haces cuando no conoces a alguien, ¿cierto? Te preguntas cosas sobre ésa persona, pensó Sasuke y se dio cuenta, que habían tantas situaciones que ella había vivido de las que él desconocía. Y la idea le aturdió de forma irracional. ¿Por qué se sentía así? La frustración creció y se convirtió en alguna clase de impotencia egoísta, y Sasuke aflojó la presión en su puño, sin querer dejando caer las gafas.

—Tengo hambre —soltó de repente, sin voltear siquiera, pero pudo sentir cómo Ino giraba en su lugar, probablemente para mirarle—. Me voy a mi casa.

—¡No! ¡Yo te cocinaré! —se había echado en la alfombra de nuevo, y con alguna clase de agilidad misteriosa, había tomado las gafas del suelo y se las colocó a modo de burla—. ¡Los anteojos me han transferido tus habilidades! ¡Siento que no hay nada que no pueda hacer! —y le tomó del tobillo, impidiendo que continuara moviéndose.

—¿De qué estás hablando? No hay manera de que cocines bien. Eres una desgracia con la comida.

—Realmente eres una mala persona —infló los cachetes como si de una niña de preescolar se tratase, Sasuke desvió la mirada rápidamente—. Te he dicho que te cocinaré, estuve practicando, el curry ya no me saldrá tan dulce, lo prometo.

Sasuke tronó la lengua en respuesta, de nuevo, para ella, eso era un sí.

Ino se paró de golpe, casi tirando las gafas en el proceso, pero Sasuke fue veloz y alcanzó a quitárselas antes de que ella saltara hacia el desastre de cuadernos y libros que era su habitación, con las intenciones de limpiarlo. Sasuke la observó sin decir nada, la foto a sus espaldas parecía llamarle, como gritándole que indague sobre ello. Pero intentaba con todas sus fuerzas controlar su curiosidad. Se sentía casi débil, como luchando una guerra perdida. Mentiría si dijera que el pasado de Ino, la persona que era antes de conocerse, no le producía sentimientos contradictorios, pero algo le decía que todo llegaría a su tiempo. El recuerdo de su sonrisa en el bosque, mientras le comentaba sobre las cartas de su madre, estaba allí para hacerle entrar en razón. Quizás él no había resistido, yendo en contra de cualquier suposición, y le había contado todo sobre Karin. Pero eso no significaba que ella debía hacer lo mismo, ¿o sí? De alguna manera se sentía mal, como una historia incompleta. Le reconfortaba pensar que había sido su escondida necesidad de tocar el piano la que le había llevado a abrirse, y no aquella corazonada de que ella podía entenderle. Quizás era una suma de razones, un acumulo de sentimientos enfrascados. Pero de cualquier manera siempre volvían a ella, y como atravesando un camino sinuoso, terminaba enfrentando su inquieta curiosidad.

—Iré a preparar la cocina —dijo y se marchó de la habitación, decidiendo que, por ahora, lo mejor era mantenerse al margen.

Ino le vio irse, y en cuanto la puerta se cerró, su móvil sonó con una alegre canción desde la cama. Era un mensaje de texto, se preguntó quién sería, y en cuanto lo abrió, su sorpresa creció.

"Necesito hablar contigo con urgencia, llámame cuando puedas".

De: Frentona.

Releyó el texto una y otra vez. Cuando acabó de ordenar y más tarde terminaron de cenar, en el momento en el que Sasuke se marchaba e Ino cerró la puerta de la casa, cortando de golpe la brisa fresca que le había congelado los pies, marcó el número de Sakura lo más rápido que pudo.

¡Ino…!


Algunos días pasaron y, afortunadamente, el grupo completo pasó los exámenes. Por supuesto las notas variaron, Kiba y Naruto aprobaron por los pelos, pero tras insistentes promesas de mejorar, eventualmente sus padres les bajaron el castigo. En cuanto el profesor Kakashi anunció que realizarían una excursión al Satoland de Sapporo, las reacciones variaron. Aparentemente el lugar era más agradable cuando estaba nevado y la mayoría ya había ido al menos una vez de pequeños, pero Ino no conocía el parque así que ciertamente le emocionaba la idea. Viajaron en un bus, alrededor de las ocho de la mañana, fue evidente la llegada al distrito de Higashi, las granjas se hicieron visibles y a pesar del frío, ver a tanta gente trabajando instauró un aire de motivación que animó al cuerpo estudiantil. Las chicas se había sentado juntas, Ino no dejaba de hablar de cómo podía combinar adecuadamente un conjunto para hacerlo acorde al campo y chic al mismo tiempo; Tenten parecía estar acostumbrada al lugar, al parecer sus abuelos eran granjeros y no dejó de saludar a los ancianos a través de la ventanilla. Sakura le mencionó que probablemente no le veían pero cada una parecía demasiado hundida en su mundo. Ino se había fijado, desde el momento en el que llegaron a la escuela y se encontró con todo el curso preparado para irse, en cómo la situación entre Hinata y Sakura era evidentemente tensa. La charla telefónica de la noche anterior se había extendido quizás demasiado, e Ino recordaba cada palabra dicha con mucha precisión.

"—Hinata me ha mentido… Realmente no lo entiendo, me dijo que estuvo con Kiba toda la tarde y no es así, Naruto estuvo con ella… Él mismo me lo dijo. ¿Por qué lo haría? ¿Está intentando ocultarme algo? Jamás se ha comportado así conmigo, ¿por qué tan de repente…?".

La voz de Sakura sonaba agitada, como genuinamente preocupada. Era una persona honesta, después de todo, principalmente con sus sentimientos. No podía fingir cuando algo le molestaba y sus amigos le importaban en sobremanera. Ino sabía que Sakura no tenía idea de los sentimientos de Hinata hacia Naruto, de lo contrario, se lo habría dicho, y ahora que en ella comenzaban a crecer sus emociones hacia el rubio… No quería que nada se interpusiera, incluso si se trataba de alguien como Hinata. Ino pensaba que quizás estaba siendo egoísta, pero recordaba el consejo de Sasuke y se mantenía callada, controlando sus impulsos.

"—He decidido que… He decidido confesarme a Naruto de vuelta, en la excursión, he estado pensándolo y de verdad creo que mis sentimientos son reales… No quiero creer que me equivoco otra vez, Ino, ¿cómo podría…? Quiero compartir mi felicidad con él, es todo en lo que pienso."

Ino miró de reojo a su amiga, tenía el cabello ligeramente ondulado, adornado con una trenza que acababa en un moño rojo, su maquillaje era ligero pero femenino y la determinación se reflejaba en su rostro, especialmente en el particular brillo en su frente. Ahogó una risa, esperando que todo saliera bien para todos.

Cuando el bus se detuvo, y el aire fresco les saludó de golpe, llenándolos con ése inconfundible aroma a campo, los berrinches fueron olvidados y todos se sintieron como niños de primaria de nuevo. Ingresaron al edificio principal para agarrar un poco de calor y prepararse para la excursión, algunos compraron dulces tradicionales y bebidas calientes y otros aprovecharon para ir al baño. Media hora después, todos fueron separados en grupos de a dos para hacer un trabajo práctico con lo que aprendieran en el recorrido. Una multitud de chicas se arremolinaron sobre Sasuke, sin embargo, en cuanto Ino se acercó a ellas, sosteniendo dos vasos de café, todas se marcharon resignadas. Le entregó uno a Sasuke y las vio irse confundida, mientras él le explicaba la situación. Sakura hizo equipo con Naruto, Kiba se apresuró en escoger a Tenten, dejando a Neji y Hinata juntos. Nadie indagó sobre las decisiones de la pareja, suponiendo que quizás habían discutido o así, de manera tal que lo dejaron pasar.

Comenzaron el recorrido. Ino le había encargado sus cámaras a Sasuke, tanto la polaroid como la digital, así ella tomaba los apuntes necesarios, siendo esa su manera de agradecerle por su ayuda con los exámenes. Por ello Sasuke estaba aburrido, quizás demasiado. Le tomaba fotos a todo, desde el arbusto más ordinario a quince fotografías repetidas de la misma nube; el ojo corrido de Ino y los pies de todos mientras caminaban, el cabello de Ino, un árbol caído, el cuello de Ino, una oveja mascando césped, Ino regañándole, Ino escribiendo, las piernas de Ino, Ino quitándole la cámara. Sasuke le miró consternado, dándose cuenta de lo que había estado haciendo la última hora. Sin embargo, la expresión asustada de la rubia le robó la atención.

—¿Qué suce…?

—¡Mi pulsera! ¡Mi pulsera se ha caído! —agitaba su muñeca demasiado cerca de su rostro y efectivamente, su regalo de cumpleaños no estaba allí—. Se me debe de haber caído en algún momento del trayecto…

Comenzó a buscar desesperadamente en el suelo, luego de guardar los apuntes apresuradamente en la mochila. Antes de que Sasuke pudiera siquiera terminar de reaccionar, Ino ya se había levantado y lo tomaba de la bufanda, mirándolo desde abajo con ojos suplicantes.

—¡Tienes que ayudarme a encontrarla!

La miró sin decir nada y tragó saliva, luego, pasó la vista hacia el costado, divisando cómo el resto de los estudiantes continuaban alejándose en el camino. Volvió a verla a ella y suspiró resignado.

Sería una larga tarde.


Continuará…

Cantidad de palabras: 6072.


Si lo miras desde mí punto de vista, no ha pasado tanto tiempo en realidad (?). Perdón por tardarme, pero ahora que comienzan mis vacaciones de invierno, definitivamente voy a aprovecharlas. En realidad, estoy comprimiendo tres capítulos en dos, como para ir adelantando un poco las cosas. Se podría decir que uno o dos capítulos más y se viene el drama hard. Por cierto, voy a ir editando los primero capítulos porque están medio viejitos, pero no es necesario que los relean. He visto que la zona está medio decaída últimamente, entiendo que con el final de la serie y Naruto Gaiden (me reservo mis comentarios) quizás las ganas de shippear ya no sean tan grandes (?), ¡pero a no dejar que se muera nuestro rincón!

¡Muchas gracias por leer y espero ver sus opiniones! Son de mucha ayuda. Espero que les haya gustado.

Saludos~