Autor: Hiyori Nishiyama (Okiro Benihime).

Clasificación: K+.

Género: Amistad, romance, drama, humor.

Advertencias/Aclaraciones: Este es un fanfic AU (Alternative Universe - Universo Alterno), y habrá OoC (Out of Character - Fuera de Personalidad). Así que desde ya voy avisando que muy a mi pesar alteraré un poco las personalidades de ciertos personajes para que encajen en la historia.

Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero esta historia es totalmente mía y la escribo sin ánimos de lucro. Prohibido el plagio o re-publicación.


Itzel Romero: a esta altura no queda más que olvidarse del final horrible de Naruto y seguir con lo que nos hace felices. Muchas gracias por leer, y de verdad intentaré actualizar más seguido, hahaha. Besos~

Saori: ay, qué bellas palabras, ¡muchas gracias! Espero que este capítulo también te guste, a partir de ahora la cosa se pondrá intensa~ Besos.

Gabriela: tanto tiempo, sí, y yo todavía no acabo esto, hahahaha ay. Me alegra mucho que aún hoy te continúe gustando. Ojalá sea igual con los próximos capítulos. ¡Besos!


Capítulo veintiuno: Ojos que sanan.


Sería una larga tarde.


No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado ya, cerca de una hora, quizás. ¿Cuarenta y cinco minutos? Probablemente. No había rastro de la pulsera. Tampoco del grupo de alumnos, se habían alejado lo suficiente como para que desaparecieran completamente de sus vistas, los campos se extendían a los lados del largo camino que avanzaba hacia el final del recorrido. Sasuke suspiró comenzando a frustrarse, se acomodó la bufanda y se acuclilló a echar un vistazo más en las hierbas que rodeaban las cercas que los separaban de las ovejas pastando tranquilamente. El contacto con el césped era frío y las pequeñas piedras le dejaban marcas en la piel cada vez que se apoyaba en el suelo para una mejor vista. Empezaba a dolerle la espalda y el tobillo donde se había lastimado durante aquél partido de básquetbol le ardía levemente. A pesar de estar acostumbrado al clima frío de Sapporo, mentía si decía que no estaba comenzando a helarse, pero allí estaba Ino, yendo de aquí para allá sobre sus pasos, intentando hallar al menos un reflejo de luz que le indique dónde se encontraba la pulsera de plata. Sasuke estiró los músculos y las articulaciones de sus dedos sonaron, no había nada por hacer, sólo seguir buscando. Ino evitaba completamente la idea de darse por vencida.

Por supuesto le había regañado, ¿qué clase de cosas tenía que estar haciendo para perder así la pulsera? Ino se avergonzó notablemente cuando tuvo que admitir que saltó como infante al asustarse con una oveja que había intentado masticarle el cabello, mientas ella se acercaba a verle mejor. Era absurdo pero a la vez no le sorprendía tanto viniendo de ella. La persona que se resbalaba y caía a lagos y regalaba medias con forma de gatito. La muchacha que se dormía sobre su hombro y con la que discutía hasta de lo más ridículo, aquella que de alguna forma u otra podía hacerle perder la cabeza de un momento a otro.

La chica a la que había dado respiración boca a boca.

Sasuke se mordió la lengua, distraído y se sobresaltó por el repentino dolor. Avergonzarse por algo así era inadmisible, después de todo, lo había hecho únicamente para salvar su vida y no significaba nada más. Observó a la chica por el rabillo del ojo, además no se acordaba. Continuó explorando el césped y entre las piedras, ¿y qué tal si sí se acordara? Hundió el rostro en la bufanda, frunciendo el entrecejo, frustrado por el rumbo que tomaban sus pensamientos.

—Ino, esto es inútil —murmuró incorporándose, la chica le miró preocupada.

—No puede ser, tenemos que encontrarla…

—Da igual, es sólo una pulsera-

—¡No lo es! —la interrupción sorprendió a Sasuke en demasía. Ino pareció darse cuenta de cuánto había levantado la voz, se aclaró la garganta y continuó:—. El collar… El collar que te regalé, lo tienes puesto debajo de la bufanda, ¿cierto? —Sasuke asintió quedamente—. La pulsera es importante para mí, me la has regalado tú…

Su voz comenzó a apagarse, los ojos de pronto se le llenaron de lágrimas y Sasuke se sobresaltó ante el repentino cambio de humor. Dudó en acercarse o no y susurró temblorosos "shhh" mientras Ino intentaba calmarse. Sasuke colocó una mano sobre su hombro y la sintió pequeña, irremediablemente tonta y pequeña. Suspiró pesadamente y la obligó a mirarle, moviendo su rostro con los dedos.

—Entones lo encontraremos —Ino se enjugó las lágrimas y con sólo una mirada pudo saber que todo estaría bien.

Fue en ése instante cuando fueron interrumpidos por un suave carraspeo. Voltearon en dirección al sonido y se encontraron con una de sus compañeras de salón, temblaba ligeramente y respiraba agitada, al parecer acababa de llegar corriendo. No tardó mucho en recomponerse y les avisó con voz trémula que el grupo de estudiantes acababa de llegar al punto de descanso y todos estaban esperando por ellos. Sasuke e Ino se miraron como se miran dos niños que deben inventar una excusa rápida para continuar con sus travesuras. Uchiha se acercó a Ino disimuladamente, apenas inclinándose y hablando despacio, le susurró que fuera con ella, inventara alguna excusa y le diera tiempo para buscar la pulsera. Ino le miró sorprendida, sin esperar aquella reacción. Y se sintió culpable, inmediatamente se negó y le susurró que se quedaría ella. La mirada que le dio Sasuke fue suficiente para callarle, era ésa determinación que le decía que ya había tomado una decisión, la charla acababa allí. Ino pasó saliva, y repasó la idea de ir en su contra, pero antes de que pudiera decir algo, Sasuke se le adelantó y habló:

—De hecho, no me siento bien, volveré al edificio principal que está más cerca.

—Ah, de acuerdo, el profesor me ha dicho que como grupo deben entregar un informe, así que uno de ustedes debe hacer el recorrido...

—Sí, Ino irá contigo.

La chica no sabía muy bien cómo reaccionar. Lo único que le habían pedido era que fuera a buscar al grupo de Uchiha y Yamanaka, ahora se enteraba que el muchacho estaba enfermo y volvería y no tenía mucha idea de qué debía hacer. No es que fuera lenta, o un poco tonta... bueno, tal vez sí. Sasuke aprovechó la confusión y empujó levemente a Ino, incitándola a irse con la muchacha. Luego comenzó a pretender que se marchaba y la rubia se encargó de distraer a la joven y llevársela con rapidez.

Sasuke resopló. El vaho salió entre sus labios y ascendió perdiéndose en el campo, se encogió entre sus abrigos y guardando las manos en los bolsillos, observó a las chicas desaparecer en la distancia.


Cuando llegaron al punto de descanso, Ino se acercó rápidamente a Sakura. Si había alguien a quien podías pedirle los apuntes, definitivamente era ella. O Sasuke, por supuesto, pero a él normalmente tenías que hacerle favores de esclavo o rogarle con una semana de anterioridad. Los copió en un cuaderno con velocidad, sin embargo, antes de que pudiera terminar el profesor se acercaba a ella a preguntarle sobre su compañero. Ino se revolvió nerviosa, había olvidado que no era buena mintiendo.

—¡Está enfermo! De repente se ha sentido mal, quizás algo que comió... o el frío... Sabe, se le veía medio ido desde el autobús, es época de resfríos, después de todo —comenzó a reír con claro nerviosismo, el parloteo no estaba sirviendo para distraer a su profesor, que le observaba atento. La escena atrajo la atención del resto de los alumnos, sus amigos incluidos—. Ha vuelto al edificio central, yo vine aquí porque ella nos ha dicho que uno de nosotros debía hacer el informe...

—¡De haberlo sabido...! ¡Se hubiese quedado con Uchiha, señorita Yamanaka, si está enfermo no debería estar solo! —Ino se contuvo de fulminar con la mirada a la chica que les había ido a buscar, si hubiese tenido un poco de raciocinio se podría haber quedado con Sasuke.

—Entonces volveré-

—No, ya que está aquí, termine el informe, usted necesita más la nota que Uchiha. Yo volveré y la señorita Haruno quedará al mando.

Para este punto, Ino ya se había acercado a Naruto a pedirle ayuda casi con desesperación. No le explicó todo con detalle pero aquello no era necesario para convencer al rubio cuando se trataba de colaborar en algo.

—¡Yo iré! —Uzumaki entró a la charla alzando el brazo efusivamente—. Si Sasuke se siente mal entonces nada mejor que un amigo para acompañarle. Le haré saber si ocurre algo malo, no se preocupe, de veras —la entusiasta sonrisa de Naruto pareció mitigar cualquier protesta en el profesor y le dio el visto bueno para volver.

Naruto se acercó a Sakura para entregarle un cuaderno, sin embargo, ésta lo rechazó y se acercó al profesor con el ceño fruncido.

—Como encargada de nuestro salón, lo mejor será que acompañe a Uzumaki, profesor. Ya hemos acabado con el informe —dijo con voz firme extendiéndole una hoja, el rubio le miró sorprendido y desde el fondo, Ino sonrió orgullosa.

—Bueno, ¡supongo que no es una de las mejores estudiantes por nada! —el profesor se rascó la nuca, dubitativo—. Váyanse antes de que cambie de opinión.

El rubio volteó hacia Ino como buscando algún signo de desaprobación, quizás no quería que Sakura se enterase de lo que sea que ella y Sasuke estaban planeando. Pero en su lugar obtuvo emocionadas sonrisas y pulgares arriba. Enarcó una ceja y se encogió de hombros, encaminándose hacia el comienzo del trayecto junto a Sakura.

Silencio. Los envolvió tan progresivamente que no tuvieron tiempo de darse cuenta, primero soltaron oraciones sencillas, luego tan sólo palabras y entonces, nada más. El sonido de los pasos y a naturaleza que surgían del campo se había adueñado de los sentimientos y de los impulsos y no quedaba más que incomodidad. Sakura estaba de los nervios, el rostro casi escondido en su totalidad en la bufanda, dejando ver sólo sus risueños ojos verdes y la pálida frente enmarcada por los ondulados cabellos rosados que caían contrastando como cerezos sobre la nieve. Lo que no sabía ella era que a los ojos de Naruto se veía bellísima, y sólo deseaba que alzara el rostro para poder apreciarla mejor. Se mordió el interior de las mejillas, sintiendo las orejas arderle e intentando controlar el sonrojo que seguramente había coloreado su rostro. Tenía que mantener la mente clara, no podía engañarse, debía percibir todas sus señales con claridad. Era un momento decisivo, no podía fallar. Estaba a centímetros de conseguir aquello que había esperado durante años y tenía tanto miedo de que no fuera verdad. De que se tratara de un engaño, un sueño absurdo del que despertaría de un golpe.

—¿Sasuke se encuentra muy mal? —la voz suave de Sakura cortó el hilo de los pensamientos de Naruto y abrió los ojos azules como volviendo a la realidad.

—De hecho, él está bien. Ino no me explicó muy bien, pero me pidió que pretendiera que voy a buscar a Sasuke —se detuvo un momento, desviando la vista a una bifurcación en el camino—. Iremos por ahí.

—¿Qué? —Naruto no iba a detenerse—. ¿De qué estás hablando? ¿Entonces simplemente nos perderemos por ahí? ¡Yo no hago esas cosas! Y más importante, ¿qué sucede con Sasuke? ¿Qué está tramando Ino? —exclamó entre molesta y confundida.

Naruto suspiró y estiró los brazos con pereza, para luego colocarlos detrás del cuello y dirigir una de sus típicas sonrisas a su amiga.

—Tienes que relajarte, Sakurita.

Inmediatamente se percataron de lo que acababa de decir. Como en sincronía, aquella simple palabra les devolvió al pasado y sintieron que el corazón se les encogía. Doliendo y a la vez, latiendo con fuerza. Sakura le miró a los ojos con profundidad, como buscando las respuestas a las miles de preguntas que se formaron en su mente y allí logró encontrar mucho más que eso. En sus ojos consiguió hallar un lugar donde pertenecer, encontró calidez y felicidad. Verdadera felicidad, aquella que explotaba en su interior como fuegos artificiales desde que se había percatado de la dirección de sus sentimientos. Así que sonrió con tranquilidad, desviando la vista al suelo por unos cortos segundos para luego volver a alzarla con determinación y con la certeza de que pasara lo que pasara, todo estaría bien.

—Sé que me dijiste que debía esperar, pero ya no puedo hacerlo, Naruto —la voz le tembló, pero logró controlar sus nervios y habló con firmeza, aquella que le caracterizaba y muchas veces conseguía atemorizar—. Te quiero. Incluso si eres un idiota, te quiero. Y entenderé si mi tiempo ha pasado —se le hizo un nudo en la garganta y apretó los puños con fuerza—. Pero quiero que sepas que no dejaré de quererte. Ni hoy, ni mañana. No lo haré.

Un viento fuerte sopló y Sakura se encogió en sí misma, el cabello s revolvió frente a sus ojos y el frío le provocó escalofríos. Naruto descendió la mirada al suelo, escondiendo sus ojos bajo su flequillo, Sakura se quedó inmóvil, con el corazón en la mano y las expectativas temblando sobre su piel.

—Yo… lo lamento, Sakura… —su voz sonó tenue, como una ráfaga más. Sakura sintió que todo se detuvo. El mundo entero paró en ése instante.

—¿Q-qué?

Estaba a punto de llorar, sentía ésa incomodidad en los ojos que le ardían, no quería verse débil. Sin embargo, el abrazo fue tan súbito e inesperado que la desconcertó en demasía.

—¡Estaba bromeando, Sakurita!

Se paralizó completamente pasmada. Si existía alguien en el mundo que haría una broma en un momento como ése, definitivamente era Naruto. Los colores se le subieron al rostro y su inevitable reacción fue asestarle un duro y merecido golpe en el hombro.

Las cosas cambiaban lentamente, pero a la vez, nada parecía hacerlo realmente.


Sasuke estornudó y acto seguido, dejó escapar un cansado suspiro. ¿Cuánto tiempo había pasado ya? No estaba seguro, pero los minutos ardían en su espalda provocándole calambres y una frustración que aumentaba a medida que el frío crecía. Se dejó caer sobre una roca, encorvándose sobre sus rodillas y tomando aire agotado. Había recorrido toda la zona y no había rastro alguno de la pulsera. Jugó un poco con las gafas entre sus manos, luego de un rato forzando la vista en el campo, sus ojos comenzaron a incomodarle. Afortunadamente la sensación ya había pasado y ahora se tomaba un respiro para luego continuar su búsqueda.

Honestamente, ¿por qué se tomaba la molestia de hacer algo así? Podría haber estado junto al resto de los alumnos, terminando el recorrido y tomando apuntes sin preocuparse por nada más, pero allí estaba, enfocado en aquello que estaba seguro no tenía ningún sentido. ¿Cuántas posibilidades había de que encontrara la bendita pulsera? Era pequeña y había mucha maleza por todas partes. Estaba arrepentido de haberse dejado vencer tan fácilmente por Ino, pero en el momento en el que la imagen de sus curiosos ojos celestes bañados en lágrimas asaltaba su mente, sentía que era su deber detenerla, hacer que deje de llorar. Y no dejaba de preguntarse por qué le pasaba a aquello, por qué no podía simplemente pasar de todo el asunto como años atrás habría hecho sin molestia alguna. Pero algo se revolvía en su interior y las manos le temblaban porque sentía la urgencia de limpiarle las lágrimas con los dedos, y aquello, además de confundirlo, le molestaba en sobremanera. Le frustraba, le irritaba y le ponía de los nervios.

Se pasó una mano por el cabello, despeinándolo. El ceño fruncido y la mirada de fastidio no se alejaban de su expresión y resolvió que lo mejor era acabar con todo ello antes de que perdiera la cabeza. Se incorporó, decidido a encaminarse hacia el final del recorrido, encontrar a Ino y decirle que todo había sino una pérdida de tiempo y energías. Sin embargo, en cuanto volteó, un resplandor llamó su atención. Fue súbito, fugaz. Pero alcanzó a verlo y rápidamente se dirigió hacia él.

—¡Sasuke!

Por supuesto el tropiezo no logró interrumpir su trote. Ino se recompuso con velocidad pretendiendo que nada había sucedido y continuó corriendo. Juntando toda la energía que le quedaba y el fresco aire en sus pulmones, exclamó el nombre de Uchiha y luego todo sucedió demasiado rápido. El cabello despeinado, su cuerpo acuclillado, el pantalón repleto de césped y tierra, la bufanda desarreglada y el vaho escapándose de sus labios fríos, pero principalmente, aquella mirada que horas atrás le había dedicado, ésa que podía decirle mil cosas sin pronunciar palabra alguna, ésa que hacía promesas y las cumplía; todo ello conformaba al Sasuke que acababa de llamar, agitada y sintiéndose culpable por haberle dejado solo tanto tiempo.

Ino colocó las manos sobre las rodillas, recuperando el aliento mientras Sasuke se incorporaba y se acercaba a ella, con la pulsera en las manos y los ojos negros vibrando un sentimiento que le taladró el corazón.

—Lamento la tardanza, apenas pude escaparme del recorrido. Naruto y Sakura hicieron un buen trabajo dándote tiempo, no sé dónde se han ido, la verdad. Quise venir antes pero el Profesor insistió en que debías estar bien en manos de Naruto. En serio, lo lamento. Corrí todo el trayecto hasta aquí y-

—Ya cállate —Sasuke rodó lo ojos, para luego extenderle la pulsera—. Ten más cuidado de ahora en más.

El joven comenzó alejarse en dirección al edificio central, probablemente demasiado cansado como para finalizar el recorrido y con una única idea en la cabeza, la de disfrutar un café caliente. Ino apretó la pulsera entre sus dedos, mientras en su piel cosquilleaba el frío que el contacto con las manos de Sasuke le había dejado y le observaba caminar. No tardó mucho en correr hacia él, apresurada en seguirle el paso.

Tenía razón, todo estaba bien.


Cuando el resto de los estudiantes llegaron al edificio central, se encontraron con la Presidente del Consejo, dos rubios discutiendo y un Sasuke demasiado concentrado en su lectura, sentados en una de las mesas de la cafetería, tomando café y submarinos de chocolate caliente. Lo primero que hizo el Profesor fue asegurarse de que Uchiha estuviera bien, y luego de un par de excusas improvisadas, todos continuaron como si nada hubiera pasado. Se les permitió a los demás alumnos tomar algo caliente y luego, tuvieron una rápida charla con guías de Satoland. Para poco después del mediodía los alumnos ya volvían a la escuela en los colectivos. Las chicas volvieron a sentarse juntas, Sakura por poco y se lanzó sobre una desprevenida Ino y le contó entre susurros todo lo que había sucedido. Ino no podía estar más contenta por su amiga y desde el fondo de su corazón deseaba que fueran infinitamente felices. Sabía el tipo de persona que era Naruto, y conocía el interior de Sakura; aquellos dos no merecían más que cosas buenas y positivas. Mientras Haruno le contaba sobre el cosquilleo en su estómago, y la sensación de no poder borrar la sonrisa, comenzó a sentir algo así como un deja-vú. Sentía que todo lo que su amiga le describía, cada pensamiento, ella lo había vivido recientemente. Y durante algunos escasos segundos, se preguntó si acaso su corazón estaba tomando el mismo rumbo que el de Sakura, pero hacia alguien más…

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el autobús se detuvo. Se sorprendió al notar que ya estaban en la escuela y se dispuso a bajar todavía un poco atontada. Para la alegría de la mayoría, ni bien llegaron al salón, les anunciaron que recogieran sus cosas y se marcharan a sus casas, la jornada de clases acababa pero las actividades de los clubes continuaban normales, así que a los que les tocaba les convenía quedarse, para no hacer un doble viaje desde sus casas hasta la escuela. Ino no tenía club ésa tarde, así que se acercó a Sasuke con las intenciones de volver a casa, sin embargo, él le comentó que estaba participando en un proyecto con el club de música clásica y debía quedarse a ensayar. Ino le restó importancia y emprendió su camino a casa, a pesar de que la idea de caminar sola no le agradaba demasiado. Simplemente era mucho más divertido volver conversando con alguien. O pudo evitar sentirse un poco solitaria, pensaba poder compensar a Sasuke por todo lo que le había hecho pasar ésa mañana, pero al arecer quedaría para otro día.

La temperatura se había estancado en alrededor de diez grados, la noche definitivamente estaría helada. Ino se encogió en sus abrigos, de repente recordando las tardes nubladas y húmedas de Londres. Le gustaba más Sapporo, sí, hacía frío, pero el día estaba claro, con pocas nubes en el cielo. Contempló las hojas caídas mientras avanzaba y las ventizcas le revolvieron el cabello indiscriminadamente. No le molestaba, era como sentir al otoño extendiéndose sobre su piel. Inhaló con fuerza, disfrutando el aroma a ésa estación que en su opinión, parecía encajar a la perfección con el panorama frente a sus ojos, la calle vacía y las ramas de los árboles despojadas del verde que les daba vida. Le resultó un poco triste, pero intentó mantener los ánimos elevados, a pesar de todo.

De repente, y a medida que caminaba a paso lento, divisó una figura que pronto se volvió conocida. El cabello rojizo y alto, con las manos en los bolsillos, caminaba de manera pacífica, sin prisa. Ino forzó la vista, preguntándose si realmente era él y se acercó a medio trote.

—¡Sasori! —intentó llamarlo. Si estaba equivocada, definitivamente pasaría una gran vergüenza.

Para su suerte, el aludido respondió correctamente y volteó a verle. Ellale saludó con una sonrisa y apuró el paso para llegar a su lado.

—Qué coincidencia —rió animadamente y Sasori negó con suavidad.

—De hecho, estaba yendo hacia tu casa.

Aquello la tomó por sorpresa.

—¿En serio? ¿Para qué? —su sempai debería estar en la escuela—. ¿Te has saltado las clases?

—Sí —Ino ahogó una risa ante su sinceridad—. Es que tenía que hablar contigo.

La miró a los ojos e Ino se sintió estremecer. A pesar de sus esfuerzos, nunca acabaría de entender ésa mirada.

—Te acompañaré a tu casa.

—Claro —asintió enternecida por el acto de amabilidad—. ¿Qué pasa?

Hubo un corto silencio, pero Ino fue capaz de adivinar que no se debía a nerviosismo, Sasori parecía más bien buscar las palabras indicadas.

—¿Recuerdas de lo que hablamos aquella tarde?

Ino asintió, no necesitaba hacer memoria. Estaba fresco en su mente.

—Prometiste que recorrerías el camino a mi lado.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo y el corazón golpeó contra su pecho con fuerza, Ino hizo un esfuerzo inhumando para calmarse, sin conseguirlo. Nunca hubiese esperado que él le dijera algo así.

—En el momento en el que me abrazaste, comprendí que no estaba solo —su voz era trémula, casi inalterable, y poseía una paz en ella que Ino intentó capturar—. Dijiste que estarías conmigo.

—Sasori, yo-

—He abierto los ojos, Ino.


Continuará…

Cantidad de palabras: 3675.


Para los que querían una mayor participación de Sasori, ahora comienza. Bueno, este resultó un capítulo más corto de lo que esperaba pero abarqué todo lo que buscaba. Esta es casi como otra introducción, puedo decirles que finalmente lo que venían esperando va a pasar, en los próximos capítulos. De verdad estoy emocionada por escribirlos, la espera no será en vano, va a ponerse intenso, se los prometo (?)
Así que, me gustaría saber sus conjeturas. Respecto a lo que comienza a sentir Sasuke, las palabras de Sasori, Naruto y Sakura, el tema de Kiba y Hinata... Todo. ¡Me hacen muy feliz sus comentarios!

Lamento la tardanza. Gracias por leer y espero que les haya gustado.

Saludos.