Me odio… no tienen idea de cuánto me odio. Yo no quería escribir esto, yo no quería publicar esto por una simple y sencilla razón: será corta venas como no tienen idea (o al menos a mí me parece que sí). Y ni siquiera sé bien el por qué, quizá debido a que estuve en una etapa muy depresiva de mi vida cuando decidí escribir esta versión de la historia. Aclaro que esto no es un one-shot, pero no sé con seguridad la extensión del mismo porque simplemente yo tampoco comprendo si quiero hacerles el camino lo más difícil posible o ayudarles ligeramente, ¿soy masoquista? Tal vez. Además, para mí este fic es muy importante debido a que escribo sobre algo que nunca hago, ya verán el qué es cuando terminen.


–Mizuki está desecha… –le dijo el azabache.

¿Y? Ella misma se sentía lastimada, rota por dentro. Hikaru era el único chico que podía quebrar su corazón en mil pedazos y sin embargo amarlo con todos y cada uno de los mismos. Con la cabeza recargada en el hombro del adolescente se preguntó qué pasaría ahora, qué sería de los dos, si acaso existía un nosotros en su futuro. No quería preguntárselo y sin embargo todas las dudas estaban en su cabeza, dando de vueltas una y otra vez sin oportunidad de ser encerradas en el cajón más oscuro y recóndito de la misma. Sintió el brazo del azabache rodeando su espalda, atrayéndola más hacia sí, él necesitaba sentir su calor, saber que era real, que estaba a su lado en ese momento e imaginar, tontamente, que nunca se iría.

Era egoísta, lo entendía, era consciente de ello. Deseaba olvidarse de todo y todos, escapar muy lejos con la castaña a su lado y pretender que los últimos días habían sido sólo una vil mentira, una pesadilla de la que se despertaría en cualquier momento, que Mizuki era simplemente un mal recuerdo del que nunca más volvería a hablarse y que ellos dos harían su vida juntos.

Pero no era así… había pensado que podía serlo, que su lado irresponsable predominaría sobre esa pequeña vocecita que pedía hiciera lo correcto. Firmemente se aferró a ello, ¡que el mundo pensara lo que quisiera!, si Haruhi estaba a su lado no le importaba nada más. Y así fue hasta que Kakeru le llevó con ese psiquiatra.

Trastorno por dependencia emocional, le dijo.

La azabache era incapaz de amarlo realmente, se sentía atada a él porque había representado desde hace años su único contacto en el mundo exterior. De no haber sido por su padre, por los encierros constantes, las clases particulares, ese afán de meterla en una burbuja social, ella seguramente sería una chica alegre y despreocupada. Tenía todo para ello: juventud, belleza, dinero. Y de nada le servía… No sin alguien a quién aferrarse. Kakeru nunca había podido cumplir con ese papel que ella se empeñaba tanto en darle sólo a él, a pesar de que ello representase una relación mutuamente destructiva.

El hombre de gafas detrás del escritorio se levantó de su asiento, abrió un archivero buscando el expediente que le interesaba y sacó del mismo dos placas de una Tomografía realizada a la azabache, colocándolas sobre el negatoscopio de su consultorio. Hikaru caminó lentamente hasta él, centrando su atención en una pequeña mancha grisácea que el médico se empeñase en hacer resaltar: la ínsula. Apenas si escuchó lo que decía, algo sobre daño en la misma confirmado por un electroencefalograma recientemente realizado, actividad neuroeléctrica anormal, incapacidad de razonar sus emociones, imposibilidad de relacionarse socialmente, blah, blah, blah.

He hecho de todo y nada funciona… –se había sincerado el castaño– Sólo será por un año, por favor… te lo ruego… acompáñala un año a las terapias.

No había deseado ocultarle nada a Haruhi, era su novia después de todo, tuvieron que pasar por muchas cosas para poder estar juntos y justo cuando ambos creían que el horizonte se despejaba la última nube amenazaba con volverse una tormenta, quizá la más grande de todas.

–Un año… –repitió la otra.

Un año era mucho tiempo, en un año muchas cosas podían ocurrir. Cuán grande le pareció en ese momento esa simple palabra, tan larga la espera, parecía que el camino se extendía interminablemente ante sus ojos en un simple parpadeo. Haruhi se aferró con fuerza al saco del chico con ambas manos, él le abrazó apretándola contra sí, mordiendo su labio inferior sintiéndose completamente impotente en ese instante. ¿Acaso el Universo entero conspiraba para separarlos? No lo entendía, era como si una y otra vez las pistas apuntasen a que no podían ser felices al lado del otro; sintió cuando las cálidas lágrimas de la castaña comenzaron a empapar su ropa, no quería que sufriera, mucho menos por su culpa. Tomó su rostro con ambas manos, obligándole a verlo a los ojos, comenzó a besar su frente, su nariz, sus mejillas, sus labios… con suavidad, lentamente, sin prisa alguna.

–Te amo… te amo tanto…

Dejó que las palabras que por mucho tiempo había estado reteniendo finalmente salieran. Y entonces comprendió realmente por qué nunca se lo dijera en voz alta: porque entonces no podría vivir sin ella. Lo supo en ese instante, la necesitaba en su vida, hoy, mañana… eternamente. No, lo cierto es que siempre lo había sabido, era tan simple, tan claro como los ojos que en ese momento le contemplaban inundados en lágrimas.

Secó las mismas con las yemas de sus dedos y continuó besándola como no lo había hecho nunca, Haruhi le respondió torpemente, sentía que se ahogaba, que el aire no entraba adecuadamente a sus pulmones debido a todos los sentimientos que se agolpaban en su pecho.

Ninguno supo en qué momento los besos ya no fueron suficientes, Hikaru sólo comprendía que deseaba cada vez más de ella, de la castaña tímida y decidida, de la chica asustada y valiente, de la adolescente firme y dudosa. Todo eso era ella al mismo tiempo, le hacía querer comportarse como un adulto por primera vez en su vida y por ello mismo sabía que un hombre haría lo correcto, no lo más fácil.

Incluso si a ninguno le gustaba…

Metió sus manos por debajo de su ropa, tocando su tersa piel, preguntándose si acaso volvería a repetirse. Su boca se dirigió a su cuello mientras su mente se perdía en mil y un recuerdos, en todos ellos teniéndola siempre presente. Poco a poco las capas de tela quedaron regadas en el piso mientras que ellos se mostraban como realmente eran, no a un nivel físico o carnal, sino a uno mucho más maduro e importante que no sabían bien definir y que, sin embargo, no había necesidad alguna de hacerlo.

Se hundió en ella con cuidado. Sabía que era su primer amor, su primer hombre… y deseaba ser el único. Porque entendía que sin importar nada ninguno de los dos podría sentir lo mismo con nadie más, era descubrir de pronto que toda su vida habían estado incompletos y que la única forma de ser llenados, de sentirse plenos, era con el otro.

Con él dentro de ella.

Con ella a su alrededor.

Sentir el calor de su cuerpo, su aliento en su oído, oír su corazón palpitar con la misma velocidad e intensidad que el propio. El acto se reveló como una sensación mística que los dos descubrían por primera vez, tímida, inexpertamente… era dulce, placentero. Y juntos alcanzaron el Cielo, tocándolo con las yemas de los dedos, dejándose ir por completo. Haruhi se aferró a él con fuerza, queriendo fundirse allí mismo y volverse uno. Hikaru sintió que el cuerpo bajo él temblaba, acunándolo suavemente entre sus brazos, quitó unos mechones de cabello de su frente perlada de sudor y volvió a besarla en los labios.

¿Qué había de malo en quererse?, se preguntaron al mismo tiempo.

AEROPUERTO DE LA CIUDAD DE TOKIO, UNA SEMANA DESPUÉS –

Mizuki sonreía ampliamente, usaba un vestido Via Tredici en tonos claros y un pequeño sombrero blanco, vagamente le escuchó hablar del clima de Londres en esa época del año, recordándole llevar su abrigo más grueso o ir ambos de compras apenas aterrizaran. Él asintió a todo lo que decía mientras sus pensamientos volaban muy lejos de allí, ni siquiera importaba el ruido constante del aeropuerto o el movimiento de los cientos de pasajeros que iban y venían a uno y otro lado; tomó las escaleras eléctricas que le llevarían a un avión que no deseaba abordar, que le separarían irremediablemente de la única chica a la que amaba. Volteó por reflejo, no esperaba que el Host Club estuviera allí y francamente así era mejor, ya se había despedido de su hermano la noche anterior. Había sido difícil abrir los ojos y no verlo a su lado, ni en la cama ni en el suelo. Seguramente se había despertado temprano y salido sin hacer ruido alguno antes de marcharse al Ouran porque no podía aceptar la decisión que tomara, incluso si sabía que era lo correcto.

Pero el dolor sentido en ese momento no se comparó ni remotamente con la punzada en el pecho que se instaló cuando sus ojos descubrieron, al pie de las escaleras, a Haruhi. Su uniforme estaba desarreglado, su cabello caía en desorden, su rostro se hallaba ligeramente sonrojado y su respiración era irregular, indudablemente había corrido para llegar a tiempo, para verle una última vez.

Fue como si el tiempo se detuviera para ambos, las personas a su alrededor desaparecieron, los ruidos se perdieron en el infinito, sólo ellos dos mirándose a los ojos mientras las escaleras continuaban moviéndose lentamente, sintiendo que su corazón marchaba o quedaba con el otro. El contacto se perdió cuando Mizuki se aferró a su brazo izquierdo con fuerza, mirando molesta a la castaña y recordándole con tal hecho que Hikaru le había elegido sobre ella, incluso si no había sido por los motivos correctos. Haruhi ni parpadeó, simplemente se negaba a aceptar que eso estaba pasando, su cuerpo no reaccionó de ninguna forma hasta que alguien tomó su mano derecha, apretándola suavemente entre la suya.

Era Tamaki. El rubio no podía dejarla ir en su estado, por lo cual le había acompañado hasta el aeropuerto, brindándole su apoyo de esa pequeña pero significativa forma. Haruhi devolvió el apretón por instinto, necesitaba aferrarse a algo antes de caer en el abismo que se abría ante ella. Hikaru no pudo soportarlo más, dio media vuelta negándose a continuar contemplando cómo sus destinos se separaban y, con un nudo en la garganta, caminó dispuesto a abordar el avión.

Esa fue la última vez que lo vio…


¿Ya saben de qué les hablaba antes? Pues sí, es un lemmon sin ser lemmon porque yo simplemente me niego a escribir porno, no entiendo por qué hay ciertas personas que sólo escriben de ello para aumentar el número de visitas de sus fics, dejando la historia principal de lado.

Tengo escrito otro capítulo, pero quiero alargarlo porque considero que es muy corto, así que no puedo asegurar cuándo traigo el otro, pero espero (ahora sí) actualizar cada semana. Y si se preguntan en qué rated debería ser clasificado les diré que yo estoy igual porque no sé si escribiré cosas más fuertes.