Ya sé que dije que subiría mis actualizaciones más a menudo. Ufff, éste es mi último año de Universidad y entre una y otra cosa no sé ni cómo me llamo. En un par de meses debo terminar mi tesis y presentarla, así que mi investigación y aplicación de la misma me consume más de lo que me gustaría. No sé exactamente cómo ha quedado este episodio, creo que podría dar para más, pero al mismo tiempo, necesitaba terminarlo de esta manera, ojalá les guste y continúen leyéndome a pesar del tiempo que tardo en pasearme por aquí. No, el resto de mis fics también siguen en proceso.
–¿Baile de Navidad? –la mirada chocolate de Haruhi se clavó en la ambarina de Hikaru.
–Así es, papá y mamá dan uno año con año, es realmente aburrido, sólo hijos de grandes familias y socios de negocios con los cuales debemos estrechar lazos –soltó con tedio, haciendo una mueca.
–¿Y quieres que yo te acompañe? No sé nada de la Empresa Hitachiin o de los accionistas con quienes se relaciona –se preocupó la castaña.
–Pero eres mi novia –se sonrojó ligeramente– y quiero presentarte a todos ellos… quiero hacerlo oficial, que vean lo maravillosa que eres y lo feliz que me haces.
–¿Estás seguro? No me gustaría avergonzarte en un evento tan importante –habló sinceramente.
–Haruhi, tú eres maravillosa y si ellos no lo ven, no quiero ni me interesa relacionarme con alguien tan idiota –le dijo seguro.
–Aunque me niegue verás la forma de que asista, ¿no? –suspiró.
–Me conoces bien –le dedicó una mirada cómplice.
–De acuerdo –se resignó.
–Yo mismo he diseñado tu vestido –sonrió juguetonamente–, le he dado todas las indicaciones a un amigo para que lo termine lo más pronto posible, estoy seguro de que te verás hermosa en él, vas a eclipsar a cualquiera.
Haruhi sonrió suavemente mientras se recargaba en él. Recostados en la suave hierba de uno de los jardines del Ouran, bajo un cerezo en flor, se permitió creer que así sería, que Hikaru y ella estaban finalmente juntos y que eso era algo que nadie podría cambiar.
Abrió los ojos cegado por la luz del sol dándole de lleno en el rostro, la limosina cruzaba en ese momento Bayswater Road, por su ventana se observaban los altos árboles que rodeaban Hyde Park, distinguiéndose a lo lejos las familias pasear felizmente ajenas a sus preocupaciones; siguieron derecho pasando por el Notting Hill Arts Club hasta doblar en Pembridge Road, donde aminoraron el paso buscando el número correcto. Hikaru se hundió más en su asiento, realmente eso no le interesaba en lo absoluto, podían vivir en el Palacio de Buckingham y ello no haría diferencia alguna.
–Es éste –escuchó decir a la azabache.
Bajaron del vehículo que Kakeru había insistido en prestarles. El chico contempló la fachada del edificio de dos plantas, era muy bonito con esas molduras hechas a mano, el color blanco le daba un estilo clásico y elegante, un olmo se encontraba a la derecha de la entrada, proveyéndoles de sombra en los días de verano, siendo realzado a su vez con el barrio en el cual se encontraban. Nada mal, considerando que comprarlo había salido en 2'050,000 libras, y eso que no era de las propiedades más costosas. Haruhi irremediablemente diría que era un desperdicio de dinero, sonrió amargamente pensando en ello.
El chofer introdujo las pocas maletas en que consistía el equipaje de los dos, consideraba que no debía llevar mucho si volvería al lado de su novia en sólo un año. Es temporal, se repetía. Se despidió del chofer de su primo y siguió a Mizuki, la cual ya estaba explorando la "sencilla" casa, abriendo puertas diversas y asomándose por las ventanas.
–¿Verdad que es bonito? –sonrió ampliamente mientras daba una vuelta completa en la estancia, su falda elevándose coquetamente, dejando al descubierto sus piernas– Le pedí a mamá que me ayudase a decorarlo pero no quiso, creo que papá le ha prohibido acercarse a mí, no está nada conforme con la decisión que tomé al ir a buscarte al Ouran, pero nada de eso me importa ya, mientras nosotros estemos juntos.
Verle allí, parada a la mitad de un piso vacío en el corazón de Londres mientras sonreía segura de que con el tiempo podría llegar a amarla como antes… verle allí le hizo sentirse irreal. No, nada de eso tenía sentido, estaban simplemente representando una tonta comedia, él no debía hallarse allí, sino en casa, con Haruhi a su lado mientras veían una película y comían palomitas a la manera plebeya, tomando café en su pequeño apartamento temeroso de que Ranka llegase y le riñera, llevándole al estudio de su madre para probarle uno de los nuevos diseños que confeccionase sólo para ella, jugando videojuegos con Kaoru a su lado… Dios, ¡no debía estar con Mizuki preguntándole de qué color deseaba pintar las paredes!
–Píntalas del que gustes… –se aflojó el nudo de la corbata mientras se dejaba caer al suelo sin importarle nada más.
–Ohhh, vamos, Hitachiin-oniisan –cruzó veloz hacia los amplios ventanales tras los cuales se filtraba la luz solar–. Deberías estar más emocionado, comenzamos una nueva vida juntos.
–Yo ya tenía una vida… –dijo en voz baja para que no le oyera, enterrando la cabeza entre sus piernas– y no te incluía a ti.
Le escuchó hablar sobre la hermosa vista del edificio, lo cercanas que estaban las más grandes cadenas comerciales, la hermosa piscina en la planta baja a la cual tenían acceso, así como las enormes habitaciones que había para cada uno. No prestó atención a ello, él sólo quería salir corriendo de allí y abordar su avión privado de regreso a Tokio, ¿qué clase de apoyo podía resultar para Mizuki si él mismo sentía que se hundía cada vez más profundo? Sacó el pequeño anillo plateado que tenía todavía en el bolsillo de su chaqueta, contemplando los pequeños destellos que despedía al ser tocado por los rayos del sol. Oh, Kakeru, ¿por qué debías jugar al héroe? ¿Por qué debías decirle lo mal que estaba la azabache? Recargó la cabeza en la fría pared del sitio, cerrando los ojos e imaginando que nada de ello era cierto, que no estaba pasando.
–Lo primero, sin lugar a dudas, es salir a buscar muebles para el hogar. Creo que eso te despejará y te subirá el ánimo, después de todo tu familia tiene un exquisito gusto para la decoración –comentó alegremente, llegando a su lado.
–Después –fue todo lo que dijo, guardando el anillo nuevamente en su sitio.
–No, Hitachiin-oniisan, ahora –le tomó del brazo, obligándole a pararse con su pequeñas fuerzas–. Dentro de poco caerá la noche y… bueno, no tenemos dónde dormir...
Kaoru siempre termina en el piso, se dijo mentalmente, será interesante saber qué se siente.
–Una señorita no debería dormir en el suelo y… bueno, necesito mi propio cuarto, no… no vamos a… dormir juntos… –dijo en un susurro, completamente sonrojada.
No, claro que no. Él estaba allí simplemente como apoyo en sus terapias. No entraba en sus planes dejar que Mizuki volviera a hacerse falsas ilusiones. Ni siquiera quería compartir apartamento con ella, pero suponía que era lo mejor después de que Kakeru le informase su reacción al verle besándose con Haruhi tras el concierto del Ouran. Sus ojos se dirigieron a las muñecas de la chica, allí donde unas débiles líneas indicaban cuán frágil era en verdad su estado mental.
–De acuerdo, vamos por los muebles –se paró finalmente.
–¡Bien! Iré por mi bolso, mi padre ha congelado todas mis cuentas, pero Hiroki-niichan me ha dado una de las que no utiliza, creo que él es el único al que todavía puedo considerar… mi familia.
Notó sus manos crisparse ante el sólo recuerdo de su hermano mayor. Imonoyama Hiroki era el último varón del clan, si bien nunca podría heredar la Compañía ni tener una sólida posición dentro de la misma que pusiera en riesgo la estabilidad de los demás, era el más cercano a la azabache y el único que había tenido gestos amables con la misma mientras crecían, para el resto de los Imonoyama ella simplemente estaba muerta, ¿cómo podía el patriarca siquiera pensar en relacionarse con una joven que, abandonando el buen apellido que ostenta, marcha a Japón en busca de un chico? ¿O se matricula en un colegio gritando a los cuatro vientos que está allí por él? ¿O deja que su ex prometido le siga? Y encima… ¿cómo cargar con una enferma mental? Porque así es como ellos le veían, como un estorbo cuyo nombre no debía volver a ligarse a ellos ni salir de sus labios. Imonoyama Mizuki estaba muerta.
Tomó sus manos entre las suyas, intentando tranquilizarla, él sabía lo que se sentía estar solo, depender únicamente de una persona para todo. Pero Kaoru no estaba allí para él, no sabía cómo ser el responsable de los dos, cómo ayudarla a ponerse en pie. Él ni siquiera deseaba haber ido con ella, qué egoísta e inmaduro era…
–Vamos por los muebles –dijo tranquilamente.
Ella sonrió y creyó, por un instante, que él realmente deseaba quedarse a su lado, que la cuidaría y la amaría como siempre prometió, después de todo, Haruhi había sido sólo un enamoramiento pasajero.
– ACADEMIA OURAN. TOKIO, JAPÓN –
–Haruhi-kun, ¿estás bien? –Momoka se inclinó hacia ella, notando los ojos hinchados que tanto se esforzaba en ocultar.
–Haruhi-kun, ¿ha pasado algo? –Miyako colocó su mano sobre la suya, siendo consciente de las ojeras en su rostro.
–Haruhi-kun, ¿necesitas una pastilla? –Mebuki fue consciente de la palidez extrema que tenía.
–Perdonen, creo que Haruhi se está esforzando mucho para los exámenes.
La castaña abrió los ojos de la impresión cuando escuchó esa voz y luego sintió una mano recargarse en su hombro, giró el rostro hacia la derecha esperando, vana e infantilmente, verle allí. El rostro de Kaoru sonrió al resto mientras trataba de justificar torpemente el estado en el cual se encontraba la chica y, si bien agradecía tal hecho, resultaba también una puñalada en el pecho ser consciente del gran parecido físico que compartía con su hermano. Incluso si ella podía diferenciarlos, incluso si sabía de quién se trataba, incluso si era consciente de que el color de cabello no coincidía en lo absoluto… dolía…
–¿Estás bien, Tanuki? –le llamó con cariño, preocupándose por su estado de salud.
–Hikaru… –murmuró.
Fue consciente de ello, de que había cometido el mismo error que el resto del Ouran, que su mente le había jugado una mala broma. No le importó ser descortés, estar en horario de trabajo, o dejar a Kaoru con un deje de nostalgia en el rostro, simplemente se paró de la mesa y salió corriendo hasta que sintió que sus piernas se romperían, quería huir de todo y todos, escapar de ese sitio opresivo que sólo le recordaba a él, meter nuevamente aire fresco en sus pulmones antes de sofocarse por completo, alejar sus pensamientos de esa persona a la que amaba con toda el alma, ¡qué débil se sentía! Ella era Fujioka Haruhi, la chica que había sobrevivido al entrenamiento del Zuka Club, la chica que desafiara los convencionalismos al salir con un importante heredero sin importarle la opinión pública, la chica que rechazó a una de las promesas más grandes del cine, la chica que se enfrentó a la abuela de Tamaki… ¿dónde estaba ahora todo ese valor? ¿A dónde se había ido toda su seguridad anterior?
El amor era una mierda… te hacía sentir invencible y tan vulnerable al mismo tiempo…
Se dejó caer finalmente en la vieja aula abandonada de música donde se reuniera con Hikaru tantas veces, era masoquista por volver a ese sitio sabiendo que el azabache no se encontraría allí, que sólo serviría para deprimirse más de lo que ya estaba, pero quería creer por un instante que él realmente abriría y aparecería por esa puerta…
–¿Haruhi?
Alzó el rostro inundado en lágrimas, contemplando la silueta del chico en el marco de la puerta, caminó lentamente hasta llegar a su lado, repitiéndose sus pisadas como un eco claro, el adolescente se sentó a su lado, recargando la cabeza en la fría pared y soltando un pequeño suspiro.
–También lo extraño… –dijo.
Sí, porque sólo pensaba en ella, olvidándose por completo que Kaoru debía contemplar una cama vacía todas las noches, abrir el armario y notar que faltaba la mitad de la ropa, ver la guitarra abandonada por su dueño en una esquina de la habitación. De nada servía llevársela si no podía tocarla, había dicho.
–Haruhi… –le llamó en un susurro apenas– ¿Tanto te duele verme todos los días?
Kaoru no tenía la culpa de nada, mucho menos de ser idéntico físicamente a Hikaru, no podía desquitarse con él, de eso estaba segura. Sin embargo, admitía que dolía contemplarle todos los días en el salón de clases y en el Club, incluso verle besándose con Tsugumi porque, estúpidamente, pensaba que así debía verse Hikaru besando a Mizuki (y la chica no tenía la culpa de compartir el mismo color de cabello).
Asintió suavemente, era tonto negarlo. Sí, dolía, dolía demasiado. El pelinaranja le atrajo contra sí mientras tallaba suavemente su espalda y tarareaba una vieja canción de cuna que Haruhi oyese antes, aunque no recordaba bien dónde. Kaoru estaba roto y sin embargo todavía le trataba de dar ánimos a ella, qué patética se sintió.
–¿Y si me tiño el cabello de azul brillante? –recordó como antaño, sacándole una pequeña sonrisa– O tal vez de morado fosforescente, debes admitir que impondré moda en el Ouran.
–Eso es algo que debo ver –trató de imaginarse al chico de esa forma.
–Ohhh, si un Hitachiin lo usa, indudablemente el resto querrá copiarlo –le guiñó el ojo aunque no pudiera verle–, ¿o quién crees que fue el primero en usar el corte italiano para los sacos del Ouran? Antes era un aburrido corte inglés, no nos favorecía para nada, hacía que nuestro perfil no resaltara.
–Sabes que no tengo idea de qué hablas, ¿cierto? –soltó una pequeña risa.
–Me gusta verte sonreír, Haruhi –le devolvió el gesto–. Yo sé que te duele la partida de mi hermano la semana pasada, pero todos nos preocupamos por ti, incluso la Bestia de Sangre Fría, aunque no lo admita. Si quieres un consejo: sonríe, aunque te estés muriendo por dentro, aunque tengas miedo, aunque te arrepientas, porque es así como deberás enfrentarte a la vida.
La castaña apretó con fuerza el saco del chico, aspirando su aroma… había algo extraño allí. Trató de entender dónde estaba el error en esa escena, ¿qué estaba mal?
–Recuerda que un rostro alegre siempre es mejor a uno triste –se inclinó hacia ella, susurrándole en el oído.
Fue entonces que lo entendió: no es que simplemente Kaoru se pareciera físicamente a Hikaru, o que sus actitudes concordaran a veces con las de su hermano, o que le llamase con los mismos apodos que él… sino que él estaba usando su ropa. No era algo consciente, quizás el chico sólo trataba de aferrarse más a su hermano, tratar de vivirlo en el día a día era una manera de recordarlo. El pelinaranja se estaba rompiendo, tal y como le pasaba a ella.
–Kaoru…
Tomó su rostro entre sus manos, acercándose un poco más a él hasta probar sus labios. El chico no dijo nada, quizá porque entendía la desesperación de ella, quizá porque él estaba peor de lo que todo el mundo pensaba, quizá porque ya no podía seguir sonriendo como había dicho antes… Llevó sus manos a la cintura de ella, acercándole más a sí, correspondiéndole torpemente al beso. Estaba mal, lo sabían. Ella amaba a Hikaru. Él amaba a Tsugumi. Pero eran amigos y estaban sellando un pacto: cuando caigas, estaré para ti. Era una de esas confidencias que no podían decirse con palabras, que no podrían jamás compartir con el resto, que les unía de una manera especial. Se separaron rápidamente, sin atreverse a decirle nada al otro, era un secreto que se llevarían a la tumba.
Haruhi viviendo a Hikaru a través de Kaoru…
Kaoru viviendo a Hikaru a través de Haruhi…
–Será mejor que volvamos al Ouran –le dijo, el beso se había borrado por completo de su memoria.
–Lo sé, el resto estará preocupado por los dos…
–Probablemente…
–Kaoru… ¿cómo supiste dónde estaba? –preguntó, estaba segura de que no le había seguido inmediatamente.
–Él me dijo dónde podría encontrarte por si las cosas se ponían mal… –contestó.
–Ya veo…
Salieron de allí sin agregar nada más, no necesitaban entorpecer el momento con palabras vanas. Kaoru metió las manos en los bolsillos, no necesitaba más contacto innecesario con la castaña. Haruhi no levantó la mirada del suelo, tenía que ordenar sus pensamientos y actuar como todos los días, se repitió, debía hacer caso de las palabras del pelinaranja y sonreír aunque estuviera destrozada por dentro. Pronto llegaron a la Tercera Sala de Música, las puertas estaban abiertas y en las mismas se encontraban Tamaki, Honey y Mori, esperando por ellos. Al verles, inmediatamente corrieron a su alcance.
–¿Estás bien, hija? –le miró detenidamente Tamaki– Si necesitas retirarte, te llevaré a casa, he llamado al chofer para que tenga lista la limosina.
–No, no es necesa…
–Haru-chan, Haru-chan, ¿cómo te sientes? ¿Quieres pastel? Te guardé la última rebanada de pastel de Mont Blanc con una fresa encima… siempre como este sabor cuando tengo un mal día –el pequeño rubio le enseñó un plato con una hermosa rebanada de pastel adornado con una fresa y una rosa de chocolate blanco.
–Ten –Mori le entregó una bolsita roja con un amuleto dentro, había escuchado decir a Katara que se llevaba a los malos espíritus.
–Muchas gracias, realmente no tienen que preocuparse por mí, ya me siento mejor, puedo volver al trabajo.
–No, no puedes –Kyouya salió en ese momento de la Tercera Sala de Música–. Tu pequeña salida ha sido observada por todas nuestras clientas, las cuales se preocuparon por ti.
–Bueno, iré a disculparme de inmediato –le dijo como si fuera lo más obvio, tomando el pomo de la puerta.
–No lo entiendes, Haruhi –le detuvo del brazo–. El Host Club fue creado para brindar diversión a las chicas, para hacerles olvidar un mal día en casa, la escuela o la Empresa; ahora todas ellas sólo pueden pensar en ti, les has devuelto al mundo real, has roto con la fantasía que el resto de nosotros creamos para ellas, no te has tomado en serio tu trabajo.
–¡Claro que lo hago! –se enfadó con las acusaciones de Kyouya, él no sabía por lo que estaba pasando en ese momento.
–No, Haruhi, no has podido separar tu vida personal del Club. Mira a Kaoru, él sonrió a todas incluso si ya no tenía un papel que representar frente al resto –sus palabras taladraron a la castaña–, en cambio tú te has autocompadecido de tu situación. Todos nosotros tenemos problemas en este momento: Mori debe enfrentarse a la matriarca Kanuzuki si quiere seguir viendo a su novia, Honey debe enfrentarse a una posible rama secundaria que amenaza con quitarle el poder a la familia principal, Tamaki presenta un problema empresarial en la compañía que equivale a miles de dólares de pérdidas… y sin embargo vienen y se olvidan de ello.
Sonríe, aunque te estés muriendo por dentro…
–Y tú sólo puedes llorar porque tu novio te pide lo esperes un año.
aunque tengas miedo, aunque te arrepientas…
–A partir de ahora, estás expulsada del Host Club.
El de lentes dio media vuelta, entrando en la Tercera Sala de Música y cerrando las puertas tras de él. El resto de los Hosts se quedó en silencio, sabían que Kyouya sólo trataba de hacer lo mejor para el Club, pero sus palabras habían sido muy frías, no sabían cómo lo tomaría Haruhi. Tamaki se acercó a ella para abrazarla y transmitirle un poco de seguridad, pero la chica simplemente dio media vuelta y sonrió a todos.
–Bueno, ya que no tengo actividades extra por la tarde, ¿alguien quiere ir por un helado?
porque es así como deberás enfrentarte a la vida.
– APARTAMENTO DE LOS FUJIOKA, DOS HORAS DESPUÉS –
Cerró la puerta tras de sí mientras suspiraba suavemente, tal vez no debía haber pedido el tercer helado, pero simplemente quería ahogarse en la dulzura del postre mientras sus sentimientos quedaban relegados en una cajita al fondo de su corazón. Aventó la mochila al primer lugar libre que encontró y caminó a la cocina dispuesta a hacer un poco de té, sobre la mesa de la misma encontró una caja de tamaño considerable, estaba envuelta en papel blanco con flores rosas y tenía un enorme moño dorado en la parte superior, junto a la misma se hallaba una sencilla hoja con letra de su padre.
Haruhi,
En la mañana ha venido un hombre muy elegantemente vestido, ha traído esto para ti, asegurándome que ya sabías de qué se trataba, ¡qué mala por no contarle nada a papá! Cuando regrese del trabajo tendrás que decirme, me he aguantado las ganas de abrirla antes que tú y ahora todo el día sólo pensaré en ello.
Dejé comida en la nevera, no debes hacer más por hoy, sólo caliéntala.
Otou-san
Miró el corazón con que había firmado su nombre, indudablemente su padre era muy amable y considerado con ella. Sabía que no tenía ánimos de cocinar y que era capaz de quedarse en cama toda la tarde mientras veía televisión con Shiro y abrazaba a Tuan Tuan. Colocó la tetera en la estufa y, mientras esperaba que el agua hirviera, decidió abrir la caja. La cachorrita llegó en ese momento.
–¿Qué crees que sea? –le preguntó.
Shiro ladró suavemente e inclinó la cabeza a la derecha, ella no tenía idea de qué le hablaba, sólo quería comer y luego ir a jugar con Hikaru, esperaba que su dueña pudiese llevarla como todas las tardes o que, en su defecto, él viniera al departamento como algunas otras, no entendía por qué ya no sabía nada de él.
La castaña quitó la cinta con cuidado y retiró la tapa. Allí estaba el vestido más hermoso que jamás había imaginado. Era de color dorado con un corpiño bordado a mano en complicados diseños, realzados con algunas cuentas a lo largo del mismo, la falda caía suavemente en tres capas vaporosas a diferentes alturas; como complemento encontró un par de alitas doradas hechas de suave tela transparente y un par de zapatos a juego que, si bien eran hermosos y estaban adornados con algunas piedras preciosas en las correas, no dejaban de ser sencillos.
Adentro encontró otra carta pequeña, leyéndola aunque estaba casi segura de que no necesitaba ya una explicación al vestido.
Buonasera, cara signorina Fujioka:
Imagino que Mr. Hitachiin ya le habrá comunicado que enviaría su vestido para la cena de Navidad lo más pronto posible, he invertido los últimos dos meses sólo a este pedido, su novio tiene un gusto exquisito y me ha honrado ampliamente al encomendar dicha labor a mi persona sobre el resto de los diseñadores. Será un gran orgullo realizar juntos más trabajos a futuro, espero podamos tomarnos un par de fotos en el evento, recuerde que la publicidad lo es todo. Asimismo, le pedí a una amiga que realizara los zapatos a juego, ha colocado sólo algunos diamantes pequeños considerando que su gusto es más sencillo que el resto de nuestros clientes, pero su belleza natural es lo que más resalta en esta sociedad.
Quiero de antemano felicitarla, si bien no es oficial, soy consciente de que esta cena celebrará también su entrada en la familia Hitachiin. No es un secreto que sólo un hombre enamorado se tomaría tantas molestias para ello.
Mis mejores deseos,
Pietro
Las lágrimas rodaron como no lo habían hecho nunca antes en los últimos días. De modo que ésa era la sorpresa de Hikaru, el chico sabía que su presentación en la cena era más que simplemente un acompañamiento, era avisarles al resto de las familias importantes que ellos planeaban unirse a futuro. Oh, Dios, sintió como si todas las emociones volvieran a ella a una velocidad vertiginosa, subiendo de improviso a su boca. Corrió al baño justo a tiempo de regresar todo el helado de chocolate que comiera minutos antes con los Hosts mientras que Shiro corría tras ella y se dejaba caer a un lado del inodoro, contemplándola en silencio.
–No pasa nada –le dijo mientras acariciaba por detrás de la oreja–. Es sólo temporal, Hikaru volverá el próximo año e iremos a la siguiente fiesta.
Pero aunque intentaba sonreír, algo dentro de ella le decía que ésas eran palabras vacías, que Hikaru se alejaba cada vez más. La segunda arcada se presentó y ella volvió a vomitar.
Ya saben, me gustan los pequeños detalles, así que me puse a investigar sobre Londres, creo que ese sitio es un poquito caro para vivir y de hecho las casas que se han vendido recientemente rondan dichas cifras, pero no sé qué les parezca a ustedes. En fin, no sé cuándo traigo el tercer capítulo, pero advierto que tendrá un impacto fuerte en Haruhi, Kaoru y Tsugumi. No se olviden de dejarme su pequeño review, ¿sí? ¡Nos seguimos leyendo!
