No saben cuánto significa para mí este capítulo. Cuando comencé a escribirlo estaba terminando una etapa de mi vida, pero ahora siento que ese ciclo realmente queda cerrado y que uno nuevo comienza que, si bien no es igual, es igual de importante y único a su manera. Por eso mismo este fic presentará facetas diferentes de los personajes que pueden ser muy contrastantes con el fic anterior que le dio origen, sin embargo, espero sea de su agrado esto.

Yo sé que Haruhi desespera un poco en este momento, pero es importante que veamos el por qué de sus reacciones.

¡No se olviden de dejar un review!


Renge frunció el entrecejo cuando hubo de borrar por quinta o sexta ocasión el boceto de Kei, el personaje principal de su manga original. Las chicas lo amaban porque se parecía a Fujioka-kun, pero era precisamente eso lo que en ese momento le causaba molestia a la otaku. Por más veces que intentase dibujar la escena cumbre de su historia donde la protagonista recibía la confesión amorosa de Kei, simplemente debía tirar todo a la basura.

Le gustaba observar a las personas en las cuales se basaba para sus historias mientras desarrollaba los escenarios del manga, pero Haruhi había tenido una triste expresión desde que Hikaru marchara, por lo cual su trabajo de un año estaba estancado, ¿cómo podía dibujar el amor en los ojos de Kei si Fujioka sólo tenía una fría y distante mirada?

Se llevó las manos al cabello castaño, cepillándolo con los dedos mientras aventaba harta los utensilios de trabajo y se dejaba caer en la mesita de la Tercera Sala de Música. Tomó el último manga impreso un mes atrás, en la portada Kei lucía sonriendo con un ramo de flores y ella no pudo evitar recordar que había ideado dicha imagen luego de ver a Haruhi riendo con Hikaru en el invernadero. Fue allí donde supo todo: estaban enamorados. Enamorados como unos tontos, como unos niños, un primer amor, tan dulce e inocente como sólo se tiene una vez en la vida. Pero el primer amor nunca es para siempre y cuando la separación llega… generalmente es definitiva.

La goma rodó ajena a sus pensamientos, deteniéndose al chocar con el zapato izquierdo de Kyouya. El de lentes se agachó para recogerla, caminando tranquilamente hasta donde la Administradora se encontraba. Dejó la goma en la mesa, a un lado de su rostro.

–¿Todo bien? –preguntó, aun cuando supiera que no era así.

–Kyouya-senpai, ¿cuándo cree que Haruhi vuelva a sonreír? –interrogó sin voltear a verle.

–Cuando acepte la situación en la que se encuentra –fue su sincera respuesta–. Es una persona madura, comprende la situación que atraviesa, pero en lugar de controlar sus emociones como lo había hecho hasta ahora, deja que las mismas le dominen tras la ausencia de Hikaru.

–Bueno, el amor nos hace volvernos irracionales –sonrió nostálgicamente–. Y si no corriéramos el riesgo de serlo de vez en cuando, creo que no mereceríamos estar enamorados.

Kyouya quedó callado, escuchándole. No era algo que él pudiera comprender. Números, estadísticas, pronósticos, eso sí lo entendía. Pero las emociones, los sentimientos de la gente, le parecían tan volubles e impredecibles que nunca sabía exactamente cómo conducirse delante de algunas personas y, desde que Renge se marchase del Host Club por una temporada, debía admitir que tampoco entendía su propio comportamiento cuando estaba cerca o lejos de ella.

Calculaba que pasaría un par de meses hasta que Haruhi reaccionara y viera que sólo se trataba de algo pasajero. Sin embargo, él había visto el expediente médico de Mizuki y comprendía que la azabache no tenía simplemente un apego emocional a Hikaru, ella era muy inestable… tan frágil como para lastimarse si con ello podía retener al chico a su lado. Se había callado eso porque no se suponía que estuviese enterado y también porque comprendía que no obtendría ningún beneficio al decirlo.

Sin embargo, no pudo evitar preguntarse cómo reaccionaría Haruhi si lo llegase a descubrir. Era una pregunta que esperaba no tuviera que contestar.

CASA DE LOS FUJIOKA, POR LA NOCHE –

–¿Qué haces? –preguntó tontamente la castaña con el celular en la oreja.

He salido a comprar algo a una tienda cercana –escuchó la voz de Hikaru al otro lado.

–Ahhh, cierto… No puedo acostumbrarme a la diferencia horaria –se recostó en la cama, viendo el techo con Shiro echada sobre su vientre, comenzando a acariciar sus orejas–. Allá es medio día, ¿verdad?

Apenas –oyó claramente un suspiro–. Hay muchas marcas de arroz en este pasillo, ¿cómo pueden los plebeyos escoger entre tantos?

–Toma el que se vea más opaco, generalmente el blanco es tratado químicamente para tener ese tono –fue su sencilla respuesta.

Tú siempre me salvas, Haruhi, incluso encontrándote al otro lado del mundo –percibió ruido y supuso que el chico había echado una bolsa de arroz en su carrito de compras–. Ahora iré por un poco de leche y algo de miel. También compraré otras cosas que necesito para la semana… Se me figura un poco raro esto… ¿Tú cómo estás?

–Bien –sonrió sinceramente incluso si no le veía, la verdad es que sólo escuchar su voz le hacía sentirse mejor–. Con sinceridad… te extraño…

Oyó nuevamente un suspiro. Casi podía ver a Hikaru sonrojarse del otro lado de la línea.

Yo también. Cuéntame algo, ¿sí?

–Ummm… ¿cómo qué? –pensó un poco– Hoy tuvimos Economía Doméstica, quería hacer pareja con Kaoru, pero era obvio que él elegiría a Tsugumi, así que desistí de ello. Renge se unió a mí inmediatamente, nos fue mejor que al resto porque ella había aprendido a cocinar para Kyouya-senpai y yo estoy acostumbrada a las labores domésticas.

Ohhh, ¿así que hiciste postres? –casi pudo verle haciendo un mohín– No es justo… Me gustaría poder comerlos. La próxima vez tendrás que darme.

–Te haré muchos postres –aseguró risueña.

Quiero ser el único que los pruebe –confesó, haciendo que su corazón latiera más fuerte–. Y tú deberás darme de comer en la boca.

–Se vería raro… –se sonrojó sin poder evitarlo.

No me importa, quiero postres tuyos y quiero que me los des tú –fue su respuesta infantil, luego de los cual oyó unos ruidos extraños–. Rayos…

–¿Qué ocurre? –se preocupó.

He ido a pagar a la caja y me he formado en la fila… pero unas viejitas oyeron todo y se están riendo de lo que te dije… Qué pena…

Haruhi cerró los ojos y sonrió. Incluso si sólo podía escuchar su voz al otro lado del celular, realmente le hacía bien. Era imaginar por un momento que él no se hallaba lejos, que estaba en su casa y se verían al día siguiente… No… Era probarse que a pesar de la distancia, del tiempo, de las adversidades y los retos que tuvieran enfrente, ellos podrían con todo eso. No se trataba de un simple enamoramiento de preparatoria, ellos realmente se querían en la vida del otro y deseaban compartir la suya propia.

Shiro se acomodó mejor, estirando sus patitas mientras Haruhi continuaba tallando detrás de sus orejas, era muy relajante estar así con ella y subir y bajar al ritmo de su respiración. La voz de la chica le tranquilizaba por muchos motivos, quedándose dormida mientras soñaba que atrapaba una pelota que un chico azabache le lanzara, cómo extrañaba al humano que hacía tan feliz a su ama.

ACADEMIA OURAN, AL DÍA SIGUIENTE –

–Hey, Haruhi, ¿quieres comer con nosotros? –preguntó amablemente el Hitachiin menor, llegando a su lado.

–Hoy he decidido preparar mi obento, Kaoru me dijo que tú también sueles traer el tuyo, así que pensé sería divertido –explicó Tsugumi, sonriéndole.

–Oh, en realidad no suena tan mal –aceptó la invitación la castaña, levantándose de su asiento.

–¿Les parece bien si vamos a la terraza? –propuso la azabache.

–¿En serio? Me parece muy interesante, es allí donde suelen ir los ple… –el chico se calló al ver los rostros de sus acompañantes– Quiero decir… el día es muy fresco y sería idóneo.

Las adolescentes tomaron las pequeñas cajas del almuerzo, Haruhi notó cuánta confianza se tenían mutuamente los chicos mientras conversaban de una trivialidad por los pasillos. Instintivamente no pudo evitar pensar cuán diferentes eran los mundos de ambos y si acaso estarían juntos a pesar de las adversidades, se alegraba sinceramente por el pelinaranja, por mucho tiempo había impuesto la felicidad del resto sobre la suya y ahora finalmente podía enfocarse en él.

Los murmullos malintencionados de las chicas del Ouran no tardaron en aparecer al ver a Tsugumi, la chica de intercambio del Saint Bell en compañía de Hitachiin y Fujioka, actualmente los chicos más populares de primer año. La gran mayoría eran despectivos hacia los orígenes de la azabache, pero algunos de ellos se centraban más en la gran diferencia de estilos de vida y obstáculos a librar si Kaoru y Tsugumi realmente pensaban continuar saliendo cuando ella regresase a su antigua escuela. Haruhi notó eso, preguntándose qué pensarían de ella y su noviazgo con Hikaru, si verdaderamente ellas tenían algo de razón en lo que decían. ¿Podía soportar un año con sólo llamadas en la madrugada? ¿Qué pasaría si los sentimientos de Hikaru no eran igual de fuertes que los suyos? Había tomado mucho tiempo y esfuerzo del joven heredero el finalmente decidirse a formalizar una relación a su lado, la sombra de Mizuki había sido la causante de las inseguridades de ambos y ahora cobraba más fuerza que nunca.

Reviviendo los recuerdos de Hikaru.

Atacando la confianza de Haruhi.

Incluso si él decía que la amaba, que deseaba estar a su lado, ¿cómo podría estar tranquila sabiendo que convivirían todos los días por un año? Su novio y la ex de su novio en otro país… vaya combinación ésa.

El trío finalmente llegó a la azotea, Kaoru se notaba sumamente molesto, algo que pocas veces podía verse. Azotó con fuerza la puerta mientras caminaba en círculos para calmarse.

–Tranquilo –la suave voz de Tsugumi llegó a sus oídos, la chica estaba nerviosa al verle en ese estado.

–¿Cómo puedo calmarme luego de que esas… esas… –el pelinaranja soltó un pequeño bufido mientras intentaba dominar la rabia que fluía dentro de sí.

–Yo no les hago caso, Kaoru, no voy a dejar que unas palabras mal intencionadas determinen mis futuras acciones o pongan en duda las pasadas –clavó sus ojos grises en él.

–¿Cómo puedes ser tan fuerte y dulce a la vez? –sonrió tontamente mientras le abrazaba, atrayéndola hacia él– Tsugumi, realmente te has convertido en mi Musa.

–No digas tonterías –se sonrojó, ocultando su rostro en el pecho del chico.

–¿Ves por qué te quiero? –se rió, apretándole con mayor fuerza.

–N-No delante de Haruhi –se apartó sonrojada al ser consciente de cuánto deseaba besarla.

El pelinaranja rió con su reacción, se sentía inmensamente feliz a su lado y por eso mismo no podía permitir que nada ni nadie dañara a la chica, aquella que le hizo recuperar la confianza en sí mismo sin siquiera darse cuenta de ello. Y ahora comprendía realmente cuál era la diferencia entre sus actuales sentimientos y aquellos que hace mucho tuviese por Haruhi. La castaña le hacía sentir especial, que no era sólo la contraparte de su hermano, y era esa visión la que le había atraído en un principio. Tsugumi, en cambio, nunca le relacionó directamente con Hikaru y su deseo constante de superación le hacía querer estar a su altura. Sus sentimientos por Haruhi habían sido sinceros pero egoístas, en cambio, los que tenía por su novia eran nuevos, brillantes y cálidos, deseaba ser mejor persona por ella, para ser digno de estar a su lado.

Haruhi vio esa mirada en sus ojos, una mirada que sólo compartiría con la persona a la que más amaba en el mundo. Algo en ella dolió, ardió, quemó al mismo tiempo.

–¿Estás bien, Haruhi? –Tsugumi preguntó preocupada– Últimamente te veo más pálida y decaída.

–Sí, claro –trató de ocultar la punzada de celos.

–¿Quieres que te acompañemos a la enfermería? –ofreció el chico.

–Sólo estoy un poco cansada, me he estado desvelando hablando con Hikaru por celular –confesó ligeramente apenada.

–Ohhh, ¿así que siguen en contacto? Qué malo… A mí apenas me llama una vez a la semana –Kaoru se hizo el ofendido.

–No tanto como me gustaría –hubo de admitir.

–Bueno, supongo que tener a Mizuki todo el tiempo a su lado puede ser sofocante… dudo que ella le permita llamarte, lo hará a escondidas –pasó el brazo por el cuello de Tsugumi, pegándola más a él.

–¿Por qué Mizuki debería estar pegada a él? –esa llama tóxica comenzó a crecer– No es como si vivieran juntos…

Kaoru bajó la mirada incómodo.

–¿Lo hacen? –le miró incrédula, Hikaru no le había dicho nada de ello– ¡¿Lo hacen, Kaoru?!

–Tranquila, no es nada realmente –su voz era como un murmullo, tratando de restarle importancia al asunto–. Kakeru temía que mucho tiempo sin vigilancia repercutiría en su estado emocional.

–¡¿Y qué hay del mío?! –ambos voltearon a verla– Ya sé… ya sé lo que todo el mundo dice, que debo ser fuerte, que estoy exagerando y que un año terminará pronto. Pero incluso si llego esta noche a la casa, le mando un mensaje de Buenas noches a Hikaru y me acuesto fingiendo ser fuerte… me doy cuenta que no lo soy. No lo soy, Kaoru. Yo lo extraño demasiado, no soporto el pensar que está con su ex, ¡viviendo juntos! Sí, puedo sonar irracional e inmadura, ¿pero qué quieres que haga contra este cúmulo de sensaciones?

Se hizo el silencio entre ellos. Jamás Haruhi había mostrado esa faceta de su persona frente al resto. Estaban acostumbrados a verla como una chica fuerte e independiente de todos, pero quizá lo que le exigían era demasiado. Todo el tiempo le golpeaban con recuerdos de Hikaru y ella que, si bien le llenaban de alegría, también le causaban dolor al parecerle tan lejanos y difíciles de cumplirse ya. Tsugumi se acercó queriendo consolarla.

–Haruhi…

–¡No! –se soltó– No digas que todo va a estar bien porque sabemos que no es así. Sin importar cuánto luches contra las reglas de la sociedad, realmente no escapas de ellas. ¿Podemos sinceramente Hikaru y yo tener un romance normal? A donde sea que miro es siempre obstáculo tras obstáculo, y a pesar de seguir brincando, de desear superarlos a todos y cada uno de ellos, no puedo evitar sentirme tan desanimada… ¡reacciona, Tsugumi! ¡La vida no es como el cuento rosa que nos leían antes de dormir! ¡Tú y Kaoru no tienen futuro!

Se llevó la mano a la boca intentando retener sus palabras pero ya era demasiado tarde: el daño estaba hecho. Lo supo al alzar el rostro y contemplar las miradas de los chicos sobre ella. La de Tsugumi llena de dolor, la de Kaoru llena de decepción.

ACADEMIA OURAN, TRES HORAS DESPUÉS

El cielo se había envuelto bajo un manto color plomizo y el sol de la mañana había desaparecido por completo, Hahuhi contempló tal cambio desde la ventana del salón de clases, recordando que había dejado su paraguas en casa. Era una escena melancólica, perfecta para los sentimientos que en ese momento le embargaban.

Agudizó el oído escuchando la campana que anunciaba el cese de las clases, recogió sus cosas con prontitud y comenzó el regreso a casa sabiendo que no tenía caso ir al Host Club si Kyouya aún no levantaba el destierro sobre su persona. Se reprendió mentalmente su conducta con Kaoru, el pelinaranja no tenía culpa alguna del mal temperamento que últimamente presentaba. Se sentía hipócrita por ello cuando había sido ella quien le animase en más de una ocasión a declararse a Tsugumi y luchar por su felicidad.

Llegó a la entrada del Ouran cuando fue bloqueada en ella por una silueta masculina, al alzar el rostro se topó con el mismo chico en quien pensara, sus ojos se notaban cansados pero, al mismo tiempo, tenían una pequeña llama que jamás notase antes.

–Haruhi, ¿puedo hablar contigo? –se dirigió con propiedad a ella, extrañándola.

–¿Qué sucede? –tuvo un mal presentimiento de ello.

–¿Vamos a seguir con estos roces? –clavó una fría mirada en su cuerpo– ¿Seguirás echándome en cara que no eres feliz y yo deberé medirme frente a ti para no lastimarte cuando estoy con mi novia?

–No, Kaoru, yo no…

–Lo siento –comentó suavemente, petrificándola–. Lamento mucho dañarte, pero no puedo evitarlo y no pienso refrenarme frente a ti. Eres mi amiga, Haruhi, espero puedas entender eso.

–Soy yo la que debe pedirte una disculpa –se sinceró, hubiera sido mejor que el chico le reclamara, tratar de entenderla le hacía sentirse peor, pero Kaoru siempre había sido así–. No estuvo bien lo que te dije en la azotea, me dejé llevar por un momento de celos al verte a ti y a Tsugumi tan felices juntos.

–Tsugumi también se ha incomodado por ello… –bajó el tono de voz– Haruhi, no te perdonaré si la lastimas. De la misma forma que Hikaru se preocupa por ti, yo lo hago por ella.

–Tienes razón… Dios, Kaoru, ¿qué me está pasando? –se llevó una mano a la frente, desordenando su fleco– Últimamente siento que todas mis emociones se confunden dentro de mí, que giran a un ritmo vertiginoso y me golpean constantemente…

La castaña tuvo que recargarse en la pared a un lado de ella, dejando que el frío de la misma despejara su juicio. Sin Hikaru ella realmente se sentía perdida, como si de repente le arrancasen la mitad de su alma.

–Lo sé –declaró el chico, observándole–. Me duele verte así, saber que incluso si no quiero, mi mera presencia te provoca esto. Haruhi, quiero que vuelvas a sonreír.

–Lo haré, poco a poco, sólo necesito un poco de tiempo –respondió sincera.

–O espacio… –comentó en un susurro– Ahora que termine el semestre escolar, Tsugumi regresará al Saint Bell, su anterior colegio. Creí que no me afectaría y que podríamos sobrellevarlo, pero no soy tan fuerte… con ella lejos y sin Hikaru para apoyarme, creo que me derrumbaría… He decidido marcharme con ella, solicité mi traslado a su escuela.

Las palabras del pelinaranja le tomaron por sorpresa, volteando a verle confundida. Esa misma llama que observase minutos antes se encontraba brillando en sus ojos, esa valentía de arrojarse a lo desconocido sin dudar, esa determinación para luchar por aquello que realmente deseaba, le abrumaron por completo. Kaoru realmente había cambiado mucho en los últimos meses.

–No tienes que hacer esto por mí, yo no…

–No es por ti, debo hacerlo por mí mismo, por Tsugumi –le sonrió, sonrojándose ligeramente–. Mentiría si te dijera que no tengo miedo… Lo tengo, Haruhi, realmente no sabes lo asustado que estoy, pero lo haré, quiero hacerlo, necesito hacerlo.

La castaña asintió con la cabeza, luego de lo cual le abrazó con fuerza, enterrando su rostro en su pecho mientras dejaba que las lágrimas rodaran libres por sus mejillas. Odiaba admitirlo, pero sin Kaoru tal vez todo sería más fácil.

TRES SEMANAS DESPUÉS –

Poco a poco comenzaba a caer en una rutina que, si bien no le alegraba, al menos tampoco parecía incomodarle. Los asientos de su derecha e izquierda habían estado vacíos por deseo expreso de las chicas, quienes deseaban los gemelos volvieran pronto al Ouran, sin embargo, ella había pedido les recordasen en sus acciones y no que necesitasen de un puesto vacío como si se tratasen de fantasmas. Así, las clientas del Host Club se habían turnado para ocupar las sillas de los gemelos en la última semana. Al menos de esa forma ella no se sentía completamente abandonada.

El timbre sonó anunciando el recreo, por lo cual los estudiantes comenzaron a salir rumbo al gran comedor, Renge notó lo pálida que estaba Haruhi, por lo que se despidió de sus amigas, decidiendo hacerle compañía. Jaló un pupitre cercano y sentó frente a ella mientras sacaba su caja de obento.

–¿Puedo acompañarte, Haruhi? –le miró risueña.

–Claro –sonrió débilmente.

–¿Sucede algo? Últimamente no tienes buena cara –sacó los palillos y destapó la cajita rosa conmemorativa del primer aniversario de Ukidoki Memorial.

–Creo que tengo una infección, ayer fui a comprar un desparasitante y pastillas para la gripe –se sinceró.

–No has dormido bien últimamente, tarde o temprano iba a pasarte factura –comenzó a comer un onigiri–. Será mejor que te cuides, no creo que a Hikaru le alegre verte así.

Haruhi alzó el rostro confundida, pero Renge le dirigió una sonrisa cómplice.

–¿Desde cuándo lo sabes? –no logró ocultar su sonrojo.

–Te shipeo con todos los integrantes del Host Club –dio otro mordisco a su bola de arroz–, pero desde hace meses había notado que entre tú y él había una química especial, sólo tuve que prestar mayor atención para darme cuenta que era correspondido. Y el día del Concierto lo supe: ustedes estaban saliendo, ¡kyaaa!

El gritito de emoción de la castaña le tomó por sorpresa. Si así pudiera reaccionar el resto del Ouran todo sería más sencillo. No, incluso si ellos no lo aceptaban, incluso si los adultos no lo entendían, eso no importaba. Todo sobraba cuando se trataba de sus sentimientos.

–¿No vas a comer? –miró su pupitre vacío, ni siquiera había hecho el intento de buscar su almuerzo en su mochila.

–A decir verdad no tengo hambre… últimamente he tenido muchas náuseas y dolor de pecho, y encima no puedo dormir por las noches –bajó el tono de su voz.

–¿No estarás embarazado? –dijo en broma.

Haruhi se petrificó con la sola idea. No, no, no. Era cierto que su periodo se había retrasado ese mes, pero el anterior lo había tenido, poco después de que Hikaru marchara, y ella sólo se había entregado una vez por amor. Miró fijamente a Renge.

–Sólo bromeo, sólo bromeo –se llevó un pulpo de salchicha a la boca–. Eres un hombre después de todo, no puedes estar embarazado.

–Bueno… yo…

–Sin embargo –le interrumpió–, si estuvieras embarazado eso explicaría todo, incluyendo tus cambios de humor, no es normal que andes tan sensible. Y no había querido decírtelo, pero me parece que engordaste un poquito.

Haruhi tomó su mochila y paró de inmediato, retirándose. Renge le miró preocupada.

–¡Era sólo una broma! –fue tras él, olvidando incluso su obento conmemorativo.

El castaño no le contestó, caminando apresurado por los pasillos del Ouran sin aminorar el paso ni saludar a las chicas que le dirigían una mirada. La otaku comenzó a sentirse cada vez peor, no esperaba realmente que su comentario enfadase tanto a su compañero. Haruhi bajó las escaleras a paso veloz hasta llegar a un largo pasillo por el que dobló a la derecha, entrando finalmente en un cuarto privado ante el cual no pudo seguirle la castaña. Era el consultorio de un doctor del Ouran.

La mujer escuchó pacientemente a Haruhi, ya una vez Kyouya le había pedido mantuviese en secreto el verdadero género de la chica y ésta acudía cuando se le olvidaba llevar toallas consigo o el periodo se le adelantaba, pero la preocupación que tenía en ese momento no se comparaba ni remotamente a las otras. Había estudiado el ciclo menstrual de la chica, sabiendo que no era regular, así que podría todo ser simplemente un susto, sin embargo, debían estar seguras.

–Te haré una prueba sanguínea –le sonrió–, las pruebas caseras pueden fallar a veces. Además, ésta es más fiable y si tus cálculos son correctos, ya debería aparecer la gonadotropina coriónica humana, la cual es señal inequívoca.

Haruhi asintió mientras la doctora tomaba una pequeña jeringa y una liga, ella se quitó el saco y subió la manga de la camiseta blanca.

Un pequeño piquete en el brazo y la petición de que fuera a recoger los estudios al día siguiente. Dos cosas tan pequeñas podían cambiar su vida por completo.

ACADEMIA OURAN, AL DÍA SIGUIENTE –

Leyó el papel en sus manos mientras sentía que sus manos temblaban.

Exámenes de laboratorio

Paciente: Fujioka Haruhi

Niveles en sangre de:

Se brincó todo lo relacionado a la hemoglobina, glucosa y demás, sus ojos inmediatamente buscaron lo que más le preocupaba. Y allí estaba.

Niveles séricos de hCG: 48 300 mlU/mL

Sus manos temblaron al ver esos números. Un torbellino de recuerdos llegó a su mente en una fracción de segundo, inundándola. Recuerdos de su padre, de Hikaru, del Host Club, de su madre acunándola por las noches mientras le cantaba para dormir.

–La concentración nos habla de seis a siete semanas de embarazo, lo cual corresponde con tus cálculos –le avisó la doctora.

–Pero, tuve mi periodo –una parte de ella aún no podía creer que eso fuera cierto.

–A veces se rompen unos pequeños vasitos sanguíneos mientras se crea la implantación del óvulo ya fecundado –le avisó–. Ahora, Haruhi, es mi deber dar un seguimiento y cuidados adecuados a tu estado. Primero quiero revisarte de manera general, también voy a darte vitaminas y minerales para prevenir la anemia, y ácido fólico para el cierre del tubo neural, es necesario que lo tomes en el primer trimestre. Luego ajustaremos tu dieta y controlaremos tu presión, esto es importante debido a tu corta edad, necesito que entiendas que tienes un embarazo de alto riesgo, tu cuerpo no está preparado para ello.

Estaba asustada. Más que asustadas. Petrificada. Quería tanto gritar y saltar desde un acantilado para poder sacar todo lo que tenía dentro de sí y, sin embargo, sus manos bajaron hasta su vientre, acariciándolo: dentro de ella había una personita que era mitad ella y mitad la persona que amaba.

Cuando finalmente la doctora terminó su extenso interrogatorio acerca de su estilo de vida y le dio una cantidad enorme de suplementos y vitaminas, lo primero que hizo la castaña fue buscar su celular, necesitaba decirle a Hikaru, él tenía derecho. No habían estado en contacto la última semana debido a que era semana de exámenes y ella había estado más concentrada en mantener el promedio de su beca (además de que eso le distraía de autoflagelarse con imágenes de Mizuki y Hikaru viviendo juntos como una pareja feliz).

La voz de una mujer le contestó.

"Lo sentimos, este número ha sido cambiado".

–¿Qué? –miró incrédula el móvil.

"Lo sentimos, este número ha sido cambiado".

"ha sido cambiado".

"ha sido cambiado".

"ha sido cambiado".

"ha sido cambiado…"

–¿Ocurre algo? –le miró la mujer.

–No, nada –intentó sonreír–. Creo que hay una falla con la red inhalámbrica, ¿eso es todo, doctora?

–Sí, puedes retirarte –le habló con respeto.

Cuando la castaña cerró la puerta tras de sí la mirada de la mujer se tornó más dura. Tomó la hoja con los resultados de laboratorio y colocó en el fax que tenía en su consultorio, mandándola por el mismo. Varias manzanas de allí, en una oficina en el centro de Tokio, era recibida. Una boca se torció en señal de desaprobación.


WOW, realmente es mucho tiempo desde la última vez que me pasé por este fic, pero no lo tengo abandonado, simplemente la inspiración no llegaba y han pasado muchas cosas que me han hecho replantearme algunos aspectos de mi vida como ya les dije. Espero les haya gustado, recuerden que ésta es la continuación alterna de "The Host's girlfriend", así que los personajes presentados al final de éste, pueden variar de una u otra manera. ¡No se olviden de dejar un review!

Haruhi realmente no se arrepiente de lo que hizo con Hikaru, finalmente sabe que hay consecuencias, ¿pero cómo podría sentirse culpable por demostrarle su amor a su persona especial de una forma más madura?

Sé que ha sido un poco desesperante verla así en estos capítulos, pero ahora tiene un motivo para no dejarse derrotar.

Por cierto, ya que muchas han comentado cuánto les gustaron los ¿Sabías qué... de mi fic pasado, me preguntaba si debía retomarlos, ya que por el momento no tengo muchas curiosidades qué agregar de esta historia, pero sí del fic precursor.