Capítulo 3. Saliendo del barro.
David avanzó por el siempre descuidado patio delantero de la Madriguera, sin poder evitar sonreír al ver a las gallinas caminando despreocupadamente y picoteando por todas partes. Junto a Jessica, caminaban detrás de Dumbledore, que golpeo la puerta tres veces con delicadeza.
- ¿Quién es? -preguntó la voz de la señora Weasley, nerviosa.- ¡Identifíquese!
- Soy yo, Dumbledore.
- ¿Cómo se que es verdad? -insistió Molly, sin dejarse ver.
- Nunca me regalan suficientes calcetines. -respondió Dumbledore, guiñando un ojo a Jessica, que le devolvió una mirada desconcertada. El suspiro de Molly fue escuchado claramente por los tres magos que esperaban frente a su puerta.
- Lo siento, profesor. -se disculpó la bruja, abriendo la puerta.
- No se preocupe, Molly. -respondió el anciano profesor, sonriendo amablemente.- Mejor prevenir que curar.
- Hola, David; hola, Jessica. -saludó Molly, abrazando a ambos chicos.- ¿Qué tal estáis?
- Bien, señora Weasley. -respondió Jessica por ambos al ver que su novio se había quedado mirando fijamente a una persona que estaba sentada a la mesa de la cocina.
El metamorfomago se acercó a la mesa y observó el rostro de la joven bruja con cara en forma de corazón, pálida, con un desvaído pelo castaño y con un tazón entre las manos.
- Hola, Tonks. -saludó David.- ¿Cómo estás?
- Bien. -respondió alicaída, sin dejar de mirar el té que contenía el tazón.
- Maestra, no me engañes. -pidió David, sin dejar de sonreír.
- ¿Maestra? -preguntó Tonks, sorprendida por el apelativo que había usado el adolescente para referirse a ella.
- Tu me enseñaste a ser un metamorfomago; así que, técnicamente, eres mi maestra. Si lo prefieres puedo llamarte sensei. -la joven auror quiso abrir la boca para contestar a David, pero no se vio con fuerzas para ello.
- Tonks, tu no eres la única que tiene remordimientos por la muerte de Sirius. -comentó David.
- No sabes nada. -replicó bajando aún más la cabeza.
- No... ya... yo no se nada. Salvo que maté a quien te impidió acabar con Bellatrix y, que desde el día que murió Sirius, no puedo transformarme igual. -contestó David.- ¿Te suena? He tardado todo lo que llevamos de verano en controlar mínimamente mis poderes.
Tonks alzó la cabeza y miró fijamente al joven mago, sorprendida por la revelación que le acababa de hacer.
- ¡Vaya! Parece ser que a alguien se le ha olvidado que acompañamos a Harry para salvar a Sirius... aunque al final todo fuera una trampa.
- Pero... pero... pero... yo estaba luchando con Bellatrix... no tenía que haberme despistado... no tenía que haberla dejado tiempo para que pudiera ir a por Sirius. Soy una auror... me han entrenado para esto.
- ¡Basta ya, Nymphadora! -exclamó David, furioso.
El grito del metamorfomago y el uso del odiado primer nombre de la metamorfomaga llamó la atención de todos los presentes que se giraron para observar la situación que se daba en la cocina. Molly se acercó rápidamente para ver que ocurría.
- ¿Por qué le has gritado a Tonks, David? -preguntó Molly, visiblemente descontenta.
- Porque necesita reaccionar, señora Weasley. -replicó David, impertérrito.- No puede seguir así de deprimida. Ella no es la única que tiene remordimientos por la perdida de Sirius. No puede dejar que su vida se vaya por el sumidero. No voy a permitir que mi maestra se hunda en la tristeza.
Molly observó con cariño al metamorfomago y le acarició la cabeza, despeinandole ligeramente. La matriarca de los Weasley había oído hablar a sus hijos acerca de David en diferentes términos. Los gemelos admiraban su imaginación para hacer bromas; Ron había comentado algunas de las ocasiones en que el metamorfomago le había ayudado con algunas de sus tareas escolares y Ginny había remarcado lo cariñoso y educado que fue con ella durante el Baile de Navidad del cuarto año y su amor a Jessica.
- David, tanto Tonks como yo, te agradecemos tu interés por su salud; pero hay cosas que no entiendes. -comentó Molly con gesto maternal hacia la auror.
- ¡Ah, ya! El tema de cierto lobo estúpido que rechaza a cierta metamorfomaga.
David no pudo evitar sonreír al ver ambos gestos de sorpresa. Aunque no de la forma que le hubiera gustado, el metamorfomago había conseguido sacar temporalmente a Tonks de su tristeza.
- ¿Cómo lo has sabido? -preguntó Tonks en voz baja, mientras vigilaba lo que pasaba al fondo de la habitación. Por suerte para ella, Dumbledore ya se había marchado y parecía que Jessica había subido a buscar a Harry, Ron y Hermione.
- Soy muy observador. -contestó David.- Además, yo he estado en tu situación. Sé lo que es estar enamorado de alguien. Digamos que... reconozco los síntomas. También se que Remus es demasiado cabezón y orgulloso para su propio bien.
- Ningún niño de dieciséis años debería de saber eso. Ni siquiera Bill o Charlie que siempre han sido muy inteligentes para su edad, se daban cuenta de tantas cosas. -replicó Molly, incrédula.
- Yo no soy cualquier niño, señora Weasley. -contestó David, sonriendo misteriosamente y levantándose de la silla en dirección al patio.
- ¿Cómo lo habrá sabido? ¿Le habrán ayudado los gemelos? ¿Quién le habrá comentado algo? -reflexionó Molly en voz alta, sin darse cuenta que la metamorfomaga se había marchado tras el joven mago que la había sorprendido tanto.
Tonks salió de la casa, siguiendo los pasos de su alumno en el aprendizaje de la metamorfomagia. Descubrir su existencia había cumplido una de sus grandes ilusiones. Siempre había deseado tener a alguien a quien enseñar acerca de la metamorfomagia. No solo lo había conseguido. David había superado todas sus expectativas. Era aún más talentoso que ella con sus poderes y, sin embargo, nunca había demostrado ningún tipo de arrogancia. Incluso la acababa de denominar su maestra. A pesar de todo esto, había algo que no entendía acerca de David; algo misterioso; algo que sospechaba que era importante.
- Hola, Nymphadora. -saludó el metamorfomago, cuando se sentó junto a él, al borde del estanque.
- David. -le amenazó veladamente, haciendo que su mustio pelo marrón se enrojeciera ligeramente.
- Aunque no sea la reacción más positiva para mi salud, he conseguido que muestres algún sentimiento aparte de una preocupante depresión. -comentó David como quien no quiere la cosa.
- ¿Tú qué sabes, David? -preguntó Tonks, molesta.- ¿Tú qué harías?
- Sobre el tema de Remus, no tengo ninguna posible solución... salvo darle a nuestro querido hombre lobo un buen golpe en la cabeza; sobre el tema de Sirius, te recomiendo que vivas, que sigas viviendo. No creo que Ojoloco te permita estar de este humor con todo lo que esta cayendo. Mi consejo: Vive, entrena, mejora y, cuando puedas, véngate de Bellatrix. Mándala al infierno que se merece.
- ¿Cómo lo haces? -preguntó la auror, incrédula.- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?
- No lo estoy. -reconoció David.- Salvo ponerme el pelo verde, que fue mi primera transformación, y los ojos como los de Jess, no soy capaz de mantener un cambio durante mucho tiempo. -el metamorfomago se fijó en la mirada incrédula de la auror y cerró los ojos. Se concentró en cambiar el color de su pelo al mismo tono de rosa que solía usar la metamorfomaga.
- Pues no veo que haya ningún problema. -comentó Tonks al ver como el pelo del metamorfomago cambiaba a rosa.
- ¿Tú crees? -preguntó David, sin abrir los ojos, mientras el sudor empezaba a surgir en su frente.- Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco... -la metamorfomaga vio como, según iba avanzando la cuenta atrás, el color rosa iba regresando gradualmente al marrón chocolate natural de David.- ¿Ves? Yo tampoco me he recuperado completamente, pero sigo luchando. Hay una guerra sobre nosotros y tenemos que ser fuertes. Es lo que Sirius hubiera querido.
- No lo conocías, ¿cómo puedes decir eso? -replicó Tonks.
- Lo conocí, durante poco tiempo, pero hable con él lo suficiente para poder vislumbrar levemente quien fue Sirius Black. Si había algo que definía a Sirius era su capacidad de lucha. Sirius era un luchador.
Primero luchó por poder vivir a su manera; luchó contra las creencias de su familia. Después, luchó por su vida y por las vidas de la gente que quería, frente al mayor mago oscuro de la historia. Luchó contra una de las mayores y más viles traiciones de la historia. Luchó contra más de una década de encierro en Azkaban, bajo la incansable mirada de una de las criaturas más malignas que existen; criaturas capaces de volver absolutamente loco a las mentes más fuertes de la humanidad y escapó de allí. Consiguió lo imposible.
Tras salir de Azkaban, luchó por mantener la promesa que estoy seguro que hizo a James y a Lily; luchó por cuidar de su ahijado, del hijo de sus mejores amigos. Y cuando las cosas se pusieron muy muy feas, siguió luchando. Arriesgándose a perder su alma si era capturado de nuevo, luchó por Harry. Y pagó el máximo precio por su lucha: su vida.
David tomó aire y miró a los ojos de su maestra, su primera verdadera maestra en el mundo mágico. La miró y lo que vio allí, le hizo sonreír. Su discurso había tenido efecto en ella. Tras alguna lagrima que Tonks había sido incapaz de reprimir, David vio un brillo. Un brillo que creía que significaba que, la joven alocada que había impresionado tanto al legendario Ojoloco Moody como para acogerla bajo su ala, había regresado.
- Ahora necesita un ultimo golpe, David. -comentó Hermione.
- ¿Cómo lo hago? -preguntó David, buscando, un vez más, el consejo de la bruja en su cabeza.
- Repite lo que yo te vaya diciendo. -contestó.
- Tonks, debemos honrar a Sirius haciendo lo mismo que el hizo durante toda su vida. Luchar. Debemos seguir luchando por aquello que creemos, por aquellos a quien queremos, por nuestro futuro. -concluyó David, trasmitiendo las palabras de Hermione.
El silencio cayó sobre los dos metamorfomagos sentados a la orilla del estanque. Durante unos minutos, solo pudo escucharse el ruido del viento, las risas y los pasos acelerados de los gnomos, el cloqueo de las gallinas y alguna ocasional voz proveniente de la casa.
- Un día tienes que contarme tu historia, David. -dijo Tonks, rompiendo el silencio.- Un día tienes que explicarme como eres de capaz de hacer las cosas que haces con lo joven que eres.
- Un día te lo contare todo, maestra. -prometió David. La metamorfomaga afirmó con la cabeza, sin ser consciente de todo lo que significaba aquella promesa.
- David, ¿estás seguro? -intervino Hermione, que había vislumbrado el pensamiento que acababa de pasar por la mente del metamorfomago.
- Tengo que hacerlo. -replicó David.- Ella esta mostrando autentica confianza en mí. Es la primera persona aparte de mis padres y de Jessica que lo ha hecho. Debo recompensar esa confianza. Además... puede que le sirva de alguna forma para encarar su relación con Remus.
- Si tu crees que es lo mejor. -dijo Hermione, sin estar segura de que fuera la mejor decisión.
- ¡ÉREBO! -exclamó David, enviando su llamada hasta los rincones más ocultos de su mente.
- Se lo que quieres hacer y mi respuesta es no. -respondió el Doppelganger.
- No te voy a dejar elección. -replicó David.
- Inténtalo. -desafío Érebo.
David se introdujo en el fondo de su mente y se encontró cara a cara con su doble oscuro. Sin decir una sola palabra, David libero unas cadenas mágicas que atenazaron a Érebo. El Doppelganger sonrío burlonamente e intento liberarse de las cadenas de David. Para su sorpresa, las cadenas resistieron impertérritas. El Doppelganger analizó de que estaban formadas y se dio cuenta de que no iba a poder con ellas. Estaban hechas de pura determinación en bruto. Era un sentimiento absolutamente neutro. No era suficiente para que tuviera acceso a su magia cuando el quisiera, pero si para controlarle.
- De acuerdo. -concedió Érebo, siendo práctico.- ¿Qué quieres de mí?
- Solo que me obedezcas de vez en cuando.-reveló.- Aún no quiero tener el mismo control sobre tu magia que tenía antes de lo que ocurrió en el Ministerio. Sigo sin perdonarte.
- Me parece bien.
- Tonks.
- Dime, David.
- Quiero enseñarte algo, pero tengo que pedirte dos favores. -Tonks alzó las cejas.
- ¿Qué favores?
- Primero, que no se lo cuentes a nadie y segundo, que no te asustes. ¿Podrás hacerlo?
- David, me estás asustando. -dijo Tonks, llevándose la mano hacia la funda de la varita en su cintura.- ¿Qué es lo que me quieres enseñar?
- Me acabas de decir que te gustaría que, algún día, te contara mi historia. -le recordó.- Pues quiero enseñarte parte de ella. Una parte que puede que te ayude a entender mejor a Remus.
- ¿Qué tiene que ver Remus con todo esto? -preguntó, mostrando un nivel de suspicacia ciertamente alarmante.
- Si confías en mí y aceptas lo que quiero mostrarte, puede que veas la relación. -le explicó David, intentando que su despegada disposición, convenciera a la auror. Viendo las dudas, añadió.
- Si lo deseas, puedes sacar tu varita y tienes mi permiso para usar cualquier hechizo no mortal sobre mí, si consideras que las cosas se pueden desmadrar.
- De acuerdo. -concedió Tonks, sacando su varita y apuntando a David entre los ojos.
El metamorfomago cerró los ojos, se introdujo en su mente, liberó a Érebo de sus cadenas y le permitió, bajo una estrecha vigilancia, que se asomara a sus ojos.
- Hola, Nymphadora Tonks. -saludo Érebo con su voz fría como el hielo. La metamorfomaga se sobresaltó ligeramente al escuchar a David hablando con aquel tono y viendo sus ojos de rojo sobre negro.
- David, yo también puedo hacer lo de la voz. -le recriminó.- Y lo que estás haciendo con los ojos es muy peligroso, puedes quedarte ciego.
Una pequeña y muerta risa surgió de la garganta de David, provocando que Tonks se levantara y diera dos pasos hacia atrás con la varita apuntando a la cabeza del metamorfomago y un hechizo de desmayo en la punta de la lengua.
- Te dije que no tuvieras miedo. -habló la voz de David.- Tonks, te presento a Érebo; Érebo, esta es Tonks... por cierto, te recuerdo que no le gusta nada que la llamen por su nombre de pila.
Aunque Tonks había visto y vivido cosas que haría poner pelos de punta a los más valientes y había escuchado las historias más terroríficas sobre la primera guerra y los mortífagos de boca de Ojoloco Moody y el resto de aurores veteranos, nunca jamás se había sentido tan desconcertada y asustada como en este momento.
- ¿De verdad no lo estás haciendo con tu metamorfomagia, David? -preguntó Tonks, sujetando la mano de la varita con su otra mano.
- Lo de los ojos sí, pero, aunque quisiera, no puedo quitarlo. Cada vez que Érebo sale a escena se me ponen así. -explico David.
- Nunca te he oído quejarte. -replicó Érebo.
- Cumplen su objetivo. Perturban a los demás. -resumió el metamorfomago.- La voz no depende de mi metamorfomagia. Eso es puro Érebo.
- ¿Érebo? ¿Esa cosa que habla dentro de ti tiene nombre? -preguntó Tonks, sin saber que pensar.
- ¿Por qué es eso lo que le sorprende a todo el mundo cuando me conoce? -preguntó Érebo.- No les interesa que soy, ni como es que estoy aquí, ni si puedo ser peligroso. -Si no fuera porque David sabia que Érebo era incapaz, hubiera jurado que el Doppelganger se sentía frustrado y decepcionado.
- Tonks, el nombre se lo puse yo y Érebo es un Doppelganger.
- Estás de broma, ¿verdad? -preguntó Tonks, pasando de la desconfianza a la incredulidad.- Tu no puedes tener un Doppelganger. Son solo mitos, leyendas para asustar a los críos. Es como el hombre del saco del que me hablaba mi padre pero en versión muggle.
- Las leyendas suelen tener...
- ¿Qué dicen de mi esas leyendas? -interrumpió Érebo.
- Que los Doppelganger son oscuridad que toma forma, se adhiere a un mago o bruja, se meten en él, se transforma en una copia de ese mago o bruja y le dan un poder increíble a cambio de someterse a sus oscuros y malévolos designios. -explicó Tonks, atropelladamente.
- Pues mira, para ser una leyenda, no esta nada mal, ¿verdad, Érebo? -comentó David, divertido.
- Bastante más preciso de lo que me esperaba. -reconoció el Doppelganger.
- ¿Más preciso? ¿Cuánto hay de verdad en las historias, David? -preguntó Tonks, acercándose con la varita dispuesta para actuar.
- No somos oscuridad echa forma que nos adherimos a un mago o bruja, nos metemos en el y nos transformamos en una copia de ese mago o bruja. -explicó Érebo.- En realidad, somos la parte oscura de un mago. La propia magia que posee ese mago hace que esa parte oscura surja en la forma de un Doppelganger. Al igual que la metamorfomagia puede activarse mediante un interruptor, el surgimiento de uno de nosotros dentro de un mago o bruja depende una situación en concreto.
- ¿Qué situación?
- Depende del mago en concreto. Es absolutamente propio a cada persona.
- ¿Cuál fue en tu caso, David?
- ¿Recuerdas los rumores que surgieron hace tres años sobre gente petrificada en Hogwarts? -Tonks afirmó con la cabeza.- Pues una de las personas que fue petrificada fue Jessica. Cuando la profesora McGonagall me lo comunicó, me sentí culpable de que eso hubiera pasado.
- Pero, ¿cómo podías ser culpable? -preguntó la auror, desconcertada.
- En este caso, no lo era. Además, no hace falta que ese sentimiento de culpabilidad tenga base lógica o no; con que el mago o bruja lo sienta real, es suficiente.
- ¿Quién sabe esto? -preguntó Tonks, con la varita ya bajada, pero aún no guardada en su funda.
- Jessica, por supuesto. Dumbledore y McGonagall que lo descubrieron el mismo día que surgió y... ¡ah! Harry también lo descubrió aquel día. Así que supongo que Ron y Hermione lo sabrán también... aunque puedo estar bastante seguro tanto de que Ron no se acuerda como de que Hermione si se acuerda.
- ¿Y no te preocupa? -preguntó Tonks.
- No mucho. -reconoció David.- Ninguno de ellos sabe que significa eso. Por ejemplo, estoy tranquilo con que Harry no se irá la lengua. El conoce bastante bien lo que significa tener algo considerado oscuro en el interior.
- Así que es cierto que sabe hablar pársel. -comentó Tonks.- Por una vez, Skeeter dijo la verdad.
- ¿Eso es un problema?
- Para mí, no. -respondió la auror, inmediatamente.- Pero ya sabes como es la sociedad mágica. Cualquier cosa que pueda relacionarse a Quien-tu-sabes, ya es considerada oscura, sin analizar más allá. ¿Sabías qué, hasta hace pocos años, ser metamorfomago también era considerado algo relacionado con la magia oscura?
- ¿Y eso? -preguntó David, siempre interesado en saber más cosas sobre la metamorfomagia.
- Uno de los más grandes magos oscuros de la historia, Barnabás Deverill, era un metamorfomago.
- ¿Barnabás Deverill? -intervino Hermione.- ¿Uno de los magos que tuvo posesión de la Varita de Sauco? Vaya... no sabia eso.
- ¿De verdad? -inquirió David.- Aún me sigue sorprendido la estupidez general del mundo mágico. ¿No será que la magia va eliminando neuronas? -la metamorfomaga se echó a reír al venirle a la mente ciertas personas en el ministerio que demostrarían la suposición del adolescente.
- Lo desconozco, David. -admitió aún riéndose.- Aunque no me sorprendería demasiado.
- ¿Qué te parezco, Nymphadora? -interrumpió Érebo.- ¿Toleras mi existencia?
- David, ¿eres capaz de controlarlo? -preguntó Tonks, apuntando una vez más al metamorfomago con la varita. El joven mago miró a su maestra y volvió a guardar a Érebo en las profundidades de su mente. La auror comprobó como los ojos de rojo sobre negro de David regresaban a su color negro natural.
- ¿Te parece suficiente? -preguntó David con su voz normal.
- ¿Qué ha pasado con los ojos?
- Cuando Érebo está presente, su magia influye en la mía y transforma mis ojos; cuando no esta presente, esa influencia deja de existir y mis ojos vuelven a su estado normal. -explico el metamorfomago.- Maestra...
- No me llames así, David. -se quejo Tonks.
- Maestra, -insistió el adolescente, remarcando claramente la palabra.- si alguna vez tienes dudas de si Érebo esta o no, mira a mis ojos. Si son normales, no está.
- De acuerdo. -concedió Tonks, tras unos segundos de silencio valorativo.- Confiaré en ti. Además, si llevas casi cuatro años con él y no ha pasado nada, no tengo porque tener dudas de tu capacidad para mantenerlo bajo control.
- ¿Qué vas a hacer con lo de Remus? -preguntó David, redirigiendo la conversación lejos de él. Tonks frunció el ceño y apretó los labios firmemente, mostrando su negativa a responder a aquella pregunta.- Si lo deseas puedo darle un buen golpe en la cabeza, a ver si así se da cuenta de lo feliz que seria contigo.
- ¿Tu crees qué me quiere? -preguntó Tonks, incapaz de mantener su silencio al escuchar al metamorfomago.
- La verdad es que os visto poco tiempo juntos. -admitió.- Pero si yo fuera él, le daría una oportunidad a una relación contigo. Eres guapa, estás muy bien aún sin transformaciones, eres divertida, poderosa y capaz de darle una patada en el culo a cualquiera que te toque las narices... o te llame Nymphadora.
- Eso ultimo también te incluye a ti, David. -replicó la auror, señalándole con el dedo. El metamorfomago intentó mantener un gesto serio, pero no pudo evitar reírse a carcajadas; arrastrando, unos segundos después, a la auror.
- Bien, Tonks. ¿Estás conmigo? ¿Honrarás la memoria de Sirius, continuando con tu vida, luchando por lo que crees y por aquellos que quieres? -preguntó David, ofreciendo su mano.
- Si, lo haré. -respondió la auror con toda la firmeza que creía poseer, estrechando la mano del metamorfomago.- Lo haremos los dos. No solo por Sirius o por los demás. Los dos únicos metamorfomagos de los últimos setenta años no podemos permitirnos deshonrar esta habilidad, hundiéndonos en la tristeza. -David afirmó con la cabeza, sonriente.- Superaremos este y todos los obstáculos. ¡Que se prepare el mundo! ¡Seguimos aquí! ¡Estamos vivos y seguimos dando guerra!
- ¡Así se habla, joder! -exclamó David, llevado por la emoción impregnada en las palabras de Tonks.
Comentarios.
Hola a todos. Espero que estéis bien. Como veis este capitulo es Tonks-centrico. A mi siempre me ha parecido que tanto Tonks como Fleur son dos de los personajes mas infrautilizados por JK. Por ello, aquí va un pequeño homenaje a nuestra metamorfomaga favorita.
Muchos os preguntareis el porque David le revela a Tonks la existencia de Erebo sin verse forzado a ello. Lo que teneis que entender de David es que valora mucho la confianza que tengan los demás en el y se siente obligado a devolverla. Esto se muestra en como empieza la relación entre David y Daphne. David ve lo que hace Daphne, como supera la enemistad Gryffindor-Slytherin para hablar con el y esto le lleva a confiar en ella e introducirla en su grupo.
Al igual que David devuelve confianza con confianza; también devuelve desconfianza con desconfianza. Ejemplo claro: Dumbledore y sus manipulaciones. Por eso, David no confía en el y tomo la decisión de mandarle cartas a Harry el verano del quinto año.
Obviamente, hay excepciones. En el caso de David, su excepción es Jessica.
Veamos a ver a quien agradecemos hoy:
- A lagrimas de fenix por poner en favoritos todos mis fics de Harry Potter. Y cuando digo todos, es todos. XDDDD También por ponerme a mi entre sus favoritos.
- A ayumiku 24 por poner en favoritos "La sombra de Harry. Año 1" y a mi.
- A Gema Talerico por poner en favoritos y por su review en "Un nuevo reencuentro".
- A kari-saku por poner en favoritos "Gemelos perdidos".
- A FollyBlack por poner en favoritos "Un nuevo reencuentro".
- A drumsnuff por poner en favoritos "Un nuevo reencuentro".
- A Astrid G por poner en favoritos "Gemelos perdidos", "Tormenta en Shell Cottage", "Nuevas ilusiones" y "Magia involuntaria merodeadora".
- A Guest por su review del capitulo 1.
- A sky por su review del capitulo 1.
- A Fechu Callejera por su review de los capítulos 1 y 2.
- A Ryhen y Vaishyuu por su review del capitulo anterior.
Espero que os guste el nuevo capitulo. Un bratzo, xotug.
