Capítulo 4. Surgiendo de la crisálida.

- David, ¿puedo hablar contigo? -preguntó Harry al metamorfomago, aprovechando que le acababa de pillar saliendo del baño.

- Claro. -respondió David, algo descolocado.

El niño-que-sobrevivió llevó a su amigo a la parte trasera de la Madriguera y se quedó observando el horizonte. De repente, se dio la vuelta y le miró fijamente a los ojos. David fue incapaz de mantener la mirada de alguien. El fuego verde esmeralda de aquellos ojos era abrasador. Por primera vez, David vislumbró la llama interior que guiaba a Harry; por primera vez, entendió por que Dumbledore tenía esa eterna confianza en las habilidades del joven mago, dejando a un lado el pequeño detalle del Horrocrux en su interior. Era cierto, estaba hecho de una materia diferente. Era un líder; era alguien a la que la gente seguiría porque sabía consciente e inconscientemente que era lo correcto; era alguien a quien David ayudaría, apoyaría y seguiría sin dudar.

- Creo que se la respuesta, pero quiero confirmarla. Lo que ocurrió en la cámara del Velo, fue cosa de Érebo, ¿no? El inmenso puño negro y las mandíbulas, fueron su creación, ¿verdad?

- Si y no.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- Sin el poder y los conocimientos de Érebo, nunca hubiera sido capaz de realizar esos dos hechizos. Eso es innegable. -admitió David.

- Bueno... en realidad, creo que el del puño lo podrías dominar antes de salir de Hogwarts. -apuntó Érebo, repentinamente.

- Sin embargo, fue mi culpa que tomara el control hasta ese punto. -continuó el metamorfomago, ignorando el comentario del Doppelganger.

- ¿Qué ocurrió? -preguntó Harry.

- Simplemente, desee vengarme de Rookwood por, como yo creía, haber matado a Tonks. No se si te has dado cuenta, pero soy muy protector con la gente que me importe y, quien se atreva a hacerles daño, tendrá que enfrentarse a las consecuencias. Y... mis consecuencias... no son agradables. -contesto David, poniendo los pelos de punta al mago del pelo desordenado.

Harry no era ajeno a la venganza. Aún ardían en su interior las ganas de hacer desaparecer a Voldemort y a Bellatrix. Sin embargo, su hoguera palidecía frente a la helada ventisca que presagiaban las palabras del metamorfomago. Si David acababa de descubrir que seguiría a Harry hasta el fin del mundo; Harry confirmó que David sería la última persona que quisiera tener como enemigo.

- Creí que habían matado a Tonks; a mi primera maestra; a la persona que me había enseñado a ser quien soy; a mi guía para entender la metamorfomagia. No pude soportar la idea. Mi mente, mi sangre, mi magia clamaba venganza y Érebo se alimenta de eso. -completó David, neutralmente.

Una sombra apareció levemente en el fondo de aquellos ojos negros. Érebo se asomó, a la vista de Harry, e, inmediatamente, desapareció de nuevo en la profundidad de la mente del metamorfomago.

- ¿Cómo lo controlas? ¿Cómo lo soportas? -inquirió Harry, intentando buscar un paralelismo útil con la maldad que sentía en su interior.

- Ella. -respondió David con una voz dulce impropia de él. Aunque Harry entendió perfectamente a quien se refería el metamorfomago, las minúsculas dudas que hubiera podido albergar se disiparon al ver como la metamorfomagia de su amigo cambió el color de sus ojos a verde y azul, idénticos a los de Jessica.- Ella es mi sihaya.

- ¿Sihaya? Siempre he tenido curiosidad por la palabra, ¿qué significa?

- Proviene de un libro de un autor muggle que se llama Dune. Literalmente significa: Primavera del desierto. Pero es más profundo. Si puedes comprender lo que significa la llegada de la primavera para el desierto, entenderás lo que significa Jessica para mí. Para dejártelo claro: Si a Jessica le pasara algo, lo que le hice a Rookwood… un paseo por el bosque en comparación lo que le haría al culpable. Ese hombre o mujer desearía estar en la situación de los padres de Neville, desearía morir, pero no se lo permitiría. No. Sufriría. Sufriría hasta que yo considerara que ha sufrido tanto como yo con la perdida de Jessica y te digo que, sin Jessica, mi sufrimiento sería eterno. No me importa lo que me sucediera después. Me darían igual las posibles consecuencias.


El anden nueve y tres cuartos estaba aún más lleno de lo normal. David caminaba, empujando su carrito, intentando no golpear a nadie con él. Aunque intentaban pasar desapercibidos, se notaba la presencia de los aurores. Esa forma de caminar, de mover los ojos, de examinar lo que pasaba a su alrededor en la búsqueda de posibles peligros les hacía inconfundibles.

- David, ¿podemos subir al tren ya? -pidió Jessica, algo estresada. Este, sabiendo perfectamente lo incómoda que se sentía su novia cuando se encontraba en medio de la marabunta de gente, le hizo una seña a su padre y, entre los dos, se abrieron camino hasta el inmenso tren rojo.

- ¿Estás ya mejor? -preguntó, girándose hacia ella y mirándola a los ojos.

- Si. -respondió, respirando más calmadamente.- Gracias, David.

- De nada, sihaya. -dijo, acariciando su mejilla.- ¿Buscamos un compartimento?

- Vale.

Jessica esperó a que David se diera la vuelta y se llevó la mano a la mejilla que acababa de acariciar. Mientras seguía sus pasos, intentó recordar todos los momentos personales que había pasado con él. Eran muchos y casi todos buenos. De repente, Jessica se dio cuenta de un detalle común a todos los momentos; siempre era David el que mostraba sus sentimientos, el que decía que la quería... En muy pocas ocasiones, recordaba haber expresado sus sentimientos hacia el mediante palabras. Sabía que a David no le importaba y estaba casi segura de que ni se había dado de este detalle. Sin embargo, se sentía muy mal. Era injusto y la hacía indigna de su amor.

- Vamos, sihaya. -le habló el metamorfomago desde el interior de uno de los compartimentos vacíos. Jessica entró en él y vio con sorpresa que el baúl y la jaula de David estaban levitando.

- ¡David! ¡No puedes hacer magia aquí! -exclamó.

- Sihaya, en el tren se puede hacer magia -le recordó David, aún agitado por el grito de su novia.- ¿Te pasa algo? -preguntó, agachándose ligeramente para mirarla a los ojos.

- Te quiero, David. - dijo Jessica en un susurro. Los ojos negros de David se iluminaron al escuchar a su sihaya decir eso. Esta, al ver aquel brillo, sonrío levemente y se abalanzo sobre él para besarle, provocando que ambos cayeran sobre uno de los asientos.

- Sihaya, ¿qué te pasa? -repitió el metamorfomago.

- Me he dado cuenta de que, en el tiempo que llevamos juntos, apenas te he dicho que te quería.

- No hace falta que lo hagas, sihaya. Se que me quieres. Lo veo cada vez me miras. Lo expresas sin palabras.

- No es lo mismo. -replicó.- Para mí, no es lo mismo. Necesitaba decírtelo.

- Bien, ya lo has hecho. -sonrió David, abrazándola.

- Te quiero. -insistió la chica, besándole una vez más.

- Yo también, sihaya.


- ¿Te has fijado? ¡Nos miran a nosotros porque vamos contigo! -comentó Neville.

- Os miran porque también estuvisteis en el ministerio. -lo corrigió Harry mientras ponía su baúl en la rejilla portaequipajes.- En El Profeta se ha hablado mucho de nuestra pequeña aventura allí. Te habrás enterado, ¿no?

- Sí, creí que a mi abuela le desagradaría tanta publicidad, -repuso Neville.- pero el caso es que está encantada. Dice que por fin empiezo a hacer honor al apellido de mi padre. ¡Mira, me ha comprado una varita nueva! -La sacó y se la mostró.- Cerezo y pelo de unicornio. -dijo con orgullo.- Creemos que fue la última que vendió Ollivander; al día siguiente desapareció. ¡Eh, Trevor, vuelve aquí! -Y se metió debajo del asiento para recuperar a su sapo, que acababa de protagonizar uno de sus frecuentes conatos de fuga.

- Trevor huyendo y Neville que nunca se acuerda del encantamiento convocador. Hay cosas que nunca cambian. -comentó David, haciendo sobresaltar a Harry, que aún estaba luchando por colocar el baúl de Neville junto al suyo.

- ¡Joder, David! ¡Que susto! Pensaba que no había nadie. -replicó el mago de la cicatriz.

- Yo los había visto. -comentó Luna mientras se colocaba unas gafas psicodélicas.

- Hola, Luna. -saludo Jessica, acercándose a ella y echando una mirada a la edición de El Quisquilloso que leía la rubia.

- Neville, cuidado con la cabeza al salir. -aviso David, al ver que Neville había atrapado a Trevor. Un ruido sordo y una grito de dolor indicaron que el golpe se había producido.

Por las ventanas del tren se veía un tiempo tan variable como lo había sido todo el verano: atravesaban bancos de fría neblina o pasaban por tramos en que brillaba un débil sol. Durante una de esas rachas luminosas, cuando el sol caía casi de pleno, Ron y Hermione llegaron por fin al compartimiento.

- Espero que no tarde en pasar el carrito de la comida. Estoy muerto de hambre.- dijo Ron, y se dejó caer al lado de Harry frotándose la barriga.- ¡Hola, Neville! ¡Hola, Luna! ¿Sabéis qué? -añadió mirando a Harry.- Malfoy no está cumpliendo con sus obligaciones de prefecto. Está sentado en su compartimiento con los otros alumnos de Slytherin. Lo hemos visto al pasar.

Harry se enderezó, interesado. No era propio de Malfoy perderse ninguna ocasión de exhibir el poder que le confería el cargo de prefecto, del que tanto había abusado durante el curso anterior.

- ¿Qué hizo cuando os vio?

- Lo de siempre. -contestó Ron, e hizo un gesto grosero con la mano imitando a Malfoy.

- Pero no es propio de él, ¿verdad? Bueno, esto sí, -repitió el ademán grosero.- pero ¿por qué no está en el pasillo intimidando a los alumnos de primero?

- No lo sé. -contestó Harry, con la mente funcionando a toda velocidad. ¿No indicaba eso que Malfoy tenía cosas más importantes en la cabeza que intimidar a los alumnos más jóvenes?

- Quizá prefería la Brigada Inquisitorial, -aventuró Hermione.- o tal vez ser prefecto le parece una tontería comparado con lo otro.

- No lo creo. -dijo Harry.- Yo diría que...

Pero antes de que expusiese su teoría, la puerta del compartimiento se abrió de nuevo y una niña de tercero entró jadeando.

- Traigo esto para Neville Longbottom y Harry Po... Potter. -dijo entrecortadamente al ver a Harry, y se ruborizó. Llevaba dos rollos de pergamino atados con una cinta violeta. Perplejos, Harry y Neville cogieron cada uno su pergamino y la niña se marchó dando traspiés.

- ¿Qué es? -preguntó Ron mientras Harry desenrollaba el mensaje.

- Una invitación.

Harry:

Me complacería mucho que vinieras al compartimiento C a comer algo conmigo. Atentamente,

Prof. H.E.F. Slughorn

- ¿Quién es el profesor Slughorn? -preguntó Neville releyendo una y otra vez su invitación, atónito.

- El nuevo profesor. Bueno, supongo que tendremos que ir, ¿no?

- Pero ¿qué querrá de mí? -inquirió Neville, nervioso, como si temiera un castigo.

- Ni idea. -contestó Harry; eso no era del todo cierto, aunque todavía no podía demostrar que sus presentimientos fueran correctos.


David vio como Harry y Neville dejaban el compartimento, sin saber muy bien que esperar de la reunión con Slughorn. Sin poder evitar sonreír, volvió su mirada hacia el resto de sus compañeros y agudizo el oído para enterarse de que estaban hablando. Parecia que el tema dominante eran los TIMOS y las dudas que habían surgido a consecuencia de los mismos. Aburrido de escuchar la extensa diatriba de Hermione acerca de las posibles carreras y las notas necesarias, David se inclinó sobre Jessica, la besó en la mejilla y la dijo al oído que se marchaba a buscar a Eve y a Daphne.

El metamorfomago avanzó por los pasillos, mirando en el interior de los diferentes compartimentos en búsqueda de las hijas de Rabastan Lestrange y Damien Greengrass, respectivamente. Mientras avanzaba, reflexionó sobre sus amistades en Hogwarts. Si no fuera por todo el asunto de remodelar la realidad, (además de estar en Ravenclaw) no habría sido difícil de prever que uno de sus amigos más cercanos sería Harry. Tal y como le había dicho Hermione hace un tiempo, eran muy similares. El era algo más alegre y, también, más oscuro que el único Potter vivo.

Lo evidente era que la gente más cercana a el eran, mayoritariamente, chicas. Dejando a un lado a Jessica, que lo era todo para él, sus dos mejores amigos eran las dos Slytherin. Sus padres y su novia le habían mostrado que, desde que era muy pequeño, había admirado y respetado a las mujeres con carácter y personalidad. Para vergüenza de David, a Tamara le encantaba, sacar algún álbum de fotos y comentarlas. Si había un nexo común en todas ellas era que siempre estaba rodeado de más mujeres que hombres.

Finalmente, se detuvo frente al compartimento de los alumnos de sexto de Slytherin. Desgraciadamente, Eve y Daphne se habían situado al fondo del mismo y, para llegar a ellas, tenía que cruzar todo el pasillo, lo que implicaba encontrarse con Malfoy y sus secuaces. Aunque el metamorfomago nunca rechazaba una buena pelea, ya fuera verbal, mágica o física; ahora no tenía el cuerpo para mucha fiesta. Suspirando y mentalizándose para cualquier cosa que pudiera ocurrir, estiró el brazo y tiró del tirador, abriendo la puerta.

Inmediatamente, Malfoy, Crabbe y Goyle se giraron hacia él, asesinándole con la mirada. David intentó ignorarlos y comenzó a avanzar por el pasillo en dirección a sus dos amigas que aún no se habían dado cuenta de su presencia.

- ¿Cómo te atreves a entrar aquí, sangre sucia? -preguntó Malfoy, sin sorprender lo más mínimo al metamorfomago.

- Visitar a unas amigas, Malfoy. -replicó este, girándose para encarar al nuevo mortífago.

- Ya... a visitar a las traidoras a la sangre.

- ¿Ya has terminado con tus tonterías? -inquirió David, tensando los músculos por si fuera necesario actuar.- De verdad Draco, deberías cambiar tu discurso al menos una vez. Aunque tanto que hablar de que hay sangres mejores que otras, me hace plantearme una pregunta: ¿Has mirado si tu sangre es roja? ¡Oye! A lo mejor es azul o verde y por eso eres tan estúpido. -añadió irónicamente. Unos metros más allá, Daphne y sobre todo Eve no pudieron evitar sonreír al escuchar la pulla de su amigo.

Draco se llevó la mano a la cintura para sacar su varita. Sin embargo, se encontró, una vez más, con que David había sido más rápido que él y tenía la suya a la altura de su pecho.

- ¡Vaya! Estoy seguro que tu tía Bellatrix estaría muy decepcionada contigo, si se enterara de esto. -dijo David, recordando las palabras que Snape le iba a decir al rubio el día de la fiesta de Slughorn.- Tanto entrenamiento y, por enésima vez, te gana un sangre sucia. A lo mejor es que no das para más. Por cierto, dile a tus matones y a tu amiga que se estén quietecitos si no quieren que empieces tu curso en la enfermería.

- ¡Un estúpido león como tu nunca se atrevería! -exclamó Pansy, manteniendo una ligera sonrisa de suficiencia. David presionó la punta de la varita contra la nuez de Draco.

- Pansy, -dijo, mirándola mientras aumentaba la presión.- yo no soy un Gryffindor común. -Y, dejando que la voz fría de Érebo sustituyera a la suya, añadió:- Soy impredecible.

Tanto el metamorfomago como el Doppelganger no pudieron evitar disfrutar de los gestos de incomodidad de Draco al escuchar aquella voz desalmada.

- Mira, Draco. Vamos a hacer un trato. –continuó, ya con su voz normal.- Tu me dejas tranquilo y yo no te doy un pase V.I.P para visitar a la señora Pomfrey, ¿trato? ¡Ah, por cierto! Te recuerdo que tu padre está en Azkaban. Ya no puede hacer nada por ti. Ya no puedes esconderte detrás de él.

El rubio mortífago, aún mostrando a través de su rictus furioso lo que le disgustaba la situación en la que se veía, asintió ligeramente con la cabeza.

- Estupendo. -dijo David, separando la varita del cuello de Draco, pero sin bajarla.- Señor Malfoy, señor Crabbe, señor Goyle, señorita Parkinson, ha sido un placer hablar con ustedes. Si me disculpan, tengo asuntos que tratar. -a ninguno de los allí presentes se les escapó la corrosiva ironía del comentario.

- Ya te llegara tu hora, Manning. -replicó Malfoy, cuando se sentó de nuevo en su asiento.

- Tarde o temprano, a todos nos llega nuestra hora, Draco. -replicó David, sin mostrar preocupación.

Eve y Daphne vieron, con una mezcla de preocupación y asombro, como su amigo le daba la espalda a sus cuatro compañeros de casa y se acercaba a ellas con una sonrisa en el rostro.

- Buenas tardes, señoritas. -saludó David, quitándose un sombrero invisible.- ¿Se encuentran bien? ¿Cómo ha sido su verano?

- ¿Tu estás loco? -preguntó Eve, en voz baja.

- Sin duda. Pero creía que ya lo sabías.

- Lo digo en serio, David. -insistió Eve, sacando su varita. Giró la cabeza para mirar donde estaban sentados el resto e hizo un hechizo. Por la presión que el único león del compartimento sintió en los oídos, supuso que debía de ser algún encantamiento de privacidad o similar.- No se si lo sabes, pero es más que posible que Draco ya sea un mortífago.

- Ya, yo también tengo esa teoría. -admitió David.- ¿Por qué crees que he insinuado que Bellatrix estaría decepcionada con él? Pero, ¿tienes evidencias de esto?

- Nada irrefutable. -concedió Eve.- Pero le he escuchado hablar acerca de que tiene una misión en Hogwarts para demostrar su valía, que será recompensado por su lealtad... ¿Qué conclusión sacas tú de ese tipo de comentarios?

- La misma que tú. Voldemort ha vuelto y debe de estar bastante enfadado por lo que ocurrió en el Ministerio. Sobre todo con Lucius. No sería sorprenderte que mandara una misión al hijo para castigarle por los fracasos del padre. ¿Acaso a vosotras os sorprende que Draco siga sus pasos? -ambas negaron con la cabeza.- Pues ya está.

- Si has reflexionado tanto sobre ello, ¿cómo es que estas tan tranquilo? ¿Cómo es que te has atrevido a amenazarle así de frente? -preguntó Daphne, mostrando preocupación.

- Porque conozco a Draco y me conozco a mí. Puede que le hayan enseñado; pero es arrogante, no cree que nadie a quien el considera inferior pueda estar a su altura o superarle y, sobre todo, no aprende. Le he humillado varias veces desde que entré a Hogwarts y aún no ha abierto los ojos. Se cree que soy como le han enseñado que somos los Gryffindor: valientes hasta el punto de la insensatez, incapaces de trabajar en la sombra.

"Al contrario de lo que Draco piensa, tengo muy claro que nunca debo bajar la guardia, que siempre hay que estar atento a todo. Además, yo si se como soy. Se mis virtudes: inteligente, impredecible, fiel a las personas que se han ganado mi confianza… Y también mis defectos: apasionado hasta el punto de obviar las cosas más evidentes cuando defiendo mis ideas; falto de autocontrol, si alguien daña a quien quiero; algo paranoico; algo retraído en mi mismo..."

"Draco, como muchos, cree que el mundo se divide en blanco y negro; es incapaz de distinguir los matices. Se piensa que voy a ser incapaz de hacer algo que considero detestable, aunque sea la mejor forma de actuar. Se equivoca. La guerra ya está entre nosotros y si considera que, cuando sus amigos mortífagos vengan a por nosotros, voy a limitar a defenderme, está muy equivocado. Yo atacaré y puedo llegar a ser tan brutal y despiadado como cualquiera. Los mortífagos no son los únicos que conocen la oscuridad."

Daphne y Eve se miraron entre sí, realmente sorprendidas. No conocían esta cara tan seria y, como el había dicho, oscura de su amigo y maestro. Cierto era que Jess les había contado a ambas lo que había pasado con Bradley durante el Baile de Navidad de cuarto curso; pero ver esa faceta tan de cerca, era muy inquietante.

- Comprendo vuestra sorpresa. -dijo David, recuperando su sonrisa cálida y amigable.- Si, es absolutamente entendible que os sintáis así; pero esta guerra no se va a ganar con buenas palabras y hechizos de colegio. Los mortífagos no van a tener piedad de nosotros; ellos basan toda su estrategia en el miedo que provocan con las Imperdonables. Nosotros debemos ser tan crueles como ellos. No es momento de dejarnos cegar por una moral suicida.

- ¿Estás diciendo que usemos las Imperdonables? -preguntó Daphne, indignada.

- No. -replicó David, recriminándose a si mismo no haber sido más claro.- Lo que quiero decir es que no podemos seguir con la dicotomía Luz-Oscuridad. Debemos de empezar a tener en la mente hechizos no demasiado agradables: rompehuesos, degenerativos, perforadores... que lo más leve que usemos sea el Desmaius.

- ¿Tu sabes todos esos hechizos? -preguntó Eve.

- No, aún no. -admitió el metamorfomago.- Pero tengo intención de aprenderlos.

- Yo puedo enseñarte. -intervino Érebo.

- Que oportuno eres siempre, Doppelganger. -replicó David, suspirando.

- ¿Y cómo pretendes hacerlo? -inquirió Daphne.

- La sección de Artes Oscuras de la Biblioteca seguro que me ofrece muchas opciones. -David mostró una sonrisa siniestra que provocó ligeros escalofríos en ambas chicas.- Ahora que soy estudiante del EXTASIS de Defensa contra Artes Oscuras, tengo acceso a la Sección Prohibida. Y vosotras también.

- David, ¿a dónde quieres llegar? -demandó Eve, intentando sacar algo en claro.

- A que nuestro entrenamiento sigue y será más duro que nunca. -concluyó David.- Así que, ¿queréis hacerlo conmigo?

- ¿Y el ED?

- Harry ha comentado que no va a seguir con él. Dice que su objetivo era compensar la falta de educación por parte de Umbridge. Como ella ya no está, considera que no es necesario.

- Entiendo... -respondió Daphne, dubitativa.

- En fin, ¿os apuntáis?

- Por supuesto. -afirmó Eve.

A pesar de no saber Legeremancia, David supo inmediatamente en que estaba pensando Eve. Su venganza. Deseaba matar a su padre. El metamorfomago se permitió sonreír internamente. Gente como ella era lo que hacía falta para ganar esta guerra. Sin miedo. Sin misericordia. Fuego con fuego.

- ¿Y tú, Daphne? -preguntó David, sin saber cual iba a ser la respuesta de su otra amiga.

- No estoy muy segura. -admitió la chica, dubitativa.- No se si estaré a la altura, no se si podre realizar esos hechizos tan desagradables, no se si estoy preparada...

- Nadie está preparado para una guerra. -aclaró David.- Ni siquiera yo, que hablo como si supiera lo que es una guerra, estoy preparado.

- Lo que yo me preguntaría sería: ¿Quiero sobrevivir? ¿Qué quiero hacer cuando llegue el momento? ¿Huir o luchar por lo que creo? ¿Quiero tener la oportunidad de ser un depredador o seré una presa asustada? -intervino Eve, mostrando un nuevo fuego en sus ojos.

Daphne miró a su amiga como si fuera la primera que se encontraba con ella. David se permitió sonreír al escuchar la pasión con la que hablaba. Si alguien dudaba por qué el patronus de Eve era una mamba negra; estas ultimas palabras disipaban todas las dudas.

- ¿Puedo pensármelo? -pidió Daphne, aún con la duda.

- Por supuesto. -respondió David, sonriente.- Ahora cambiemos de tema y pasemos a lo verdaderamente importante. -ambas chicas se miraron entre sí, incapaces de entender que podía ser más importante que lo acababan de hablar.- ¿Qué habéis hecho este verano?

El metamorfomago no pudo evitar sonreír a carcajadas al ver las caras de sorpresa de sus dos amigas. Justo después, sintió dos débiles hechizos irritantes en el pecho.

- Perdón, chicas. -se disculpo rápidamente para evitar probar una versión más potente.

- Así me gusta. -replicó Eve sonriente.

Mientras Daphne explicaba como su hermana había conseguido por enésima vez sacarla de sus casillas, se escuchó como la puerta del compartimento se habría bruscamente. Los tres chicos se giraron justo para observar como Zabini, que todavía aferraba el tirador de la puerta, trastabilló de lado y fue a parar al regazo de Gregory Goyle.

David no pudo evitar sonreír ligeramente al ver unos pies y unos tobillos que aparecían de la nada, se movían en dirección a la rejilla portaequipajes y desaparecían.

- Harry haciendo de espía, ¿verdad, Hermione? -preguntó a la presencia en su interior.

- Si. -confirmó.- Aunque no fue su actuación más memorable. -añadió. Si David hubiera estado dentro de su mente, habría visto el rostro soñador de la mujer, mientras rememoraba todas sus aventuras con sus dos amigos.

- ¡Vaya dos! -exclamó Daphne, mientras observaba con divertido interés como Zabini y Goyle seguían gruñéndose entre sí, como perros luchando por un trozo de carne.

- Bueno chicas, me tengo que ir, que está anocheciendo y no debe de quedar mucho para llegar a Hogwarts. -ambas miraron por la venta y afirmaron con la cabeza.- Además, me imagino que preferiríais cambiaros sin la presencia de un chico -el metamorfomago se calló un momento y, con una sonrisa pícara, añadió.- Aunque tengo que admitir que sería una visión cuanto menos interesante.

- ¡David! -exclamaron indignadas.

- Tranquilas. -replicó David, suavemente.- Valoro demasiado mi vida como para arriesgarme.

- Así que nos temes, ¿eh, David? -preguntó Eve, mirándole con intensidad.

- A vosotras, no; temo a Jessica. -respondió, antes de salirse de la campana generada por el hechizo de privacidad.


David regreso rápidamente a su compartimento y, tras darle un nuevo beso a Jessica, se vistió rápidamente para poder regresar cuanto antes a las cercanías del compartimento de los Slytherin. No iba a permitir que Draco y Snape humillaran a Harry, por muy justificada que estuviera la actuación del rubio. Asomándose ligeramente por la ventana de la puerta, comprobó que Draco, Pansy y los demás seguían ahí. Tras una breve búsqueda, encontró, a unos quince metros del ocupado por las serpientes, un compartimento vacío. Tras cerrarlo mediante un hechizo y bajar la cortina casi hasta el final para evitar posibles visitas inoportunas sin perder visibilidad del pasillo, se sentó junto a la puerta y se armó de paciencia. Tocaba esperar.

Unos seis minutos después, según su reloj, David vio por debajo de la cortina como los alumnos de Slytherin salían de su compartimento como si participaran en una procesión. Goyle, abriéndose camino a empujones entre una riada de alumnos más jóvenes, Zabini, Crabbe y, finalmente tras unos segundos de espera, Pansy.

- Ya solo te queda esperar a que salga Malfoy. -le recordó Hermione.

David afirmó con la cabeza, sin poder evitar sonreír al pensar en lo que diría la gente si le vieran afirmando con la cabeza a alguien que vivía en su cabeza... eso sin contar lo que pensarían de él, si revelara la existencia de Hermione. Carcajeándose de su propia reflexión, comprobó con cierto alivio que Malfoy salía del compartimento con una sonrisa de satisfacción en su rostro anguloso. Era momento de actuar.

Asomando la cabeza por el pasillo, comprobó que Malfoy había desaparecido por el pasillo; a continuación y silbando despreocupadamente, abrió la puerta del compartimento de los Slytherin y entró en el mismo. El metamorfomago se puso de rodillas y examinó el suelo frente a él, intentando vislumbrar el lugar donde podía haber caído Harry. Esfuerzo inútil. Por lo que parecía, la capa invisible del joven mago hacía honor a su leyenda como tercera de las Reliquias de la Muerte.

David comenzó a caminar por el pasillo lentamente hasta que se topó con un obstáculo invisible. Agachándose una vez más, aferró la tela invisible y tiró de ella, revelando el cuerpo rígido, paralizado y ensangrentado del niño-que-sobrevivió.

- Buenas tardes, Harry. -saludó David, sonriente.- ¡Finite! -exclamó, iluminando al Gryffindor con un resplandor rojizo.

El único Potter superviviente se reclinó limpiándose la sangre de su rostro con la manga de su camiseta, sin poder evitar un quejido de dolor.

- Gracias, tío. -dijo Harry, tocándose con precaución la nariz.

- No hay de que. -replicó David, ofreciéndole el brazo para que se levantara.- La próxima vez que quieras espiar a alguien, hazlo bien.

- ¿Como..

- Ahora no. -le interrumpió el metamorfomago.- Primero, tenemos que bajar del tren antes de que perdamos los carruajes. Andando.

Harry, aún medio desconcertado por todo lo que acababa de pasar, se limitó a seguir al metamorfomago hasta su compartimento, donde vio aparecer un elfo doméstico conocido para los dos.

- ¿Dobby? -preguntó Harry.

- ¡Harry Potter ha venido a ver a Dobby! -exclamó el pequeño elfo, abrazándose a la pierna como si le fuera la vida en ello.

- Hola, Dobby. -respondió Harry, acariciando su cabeza.- ¿Qué haces aquí?

- Dobby se encarga de llevar las pertenencias del gran Harry Potter a la torre de Gryffindor. -dijo, apuntando al baúl de Harry con uno de sus dedos huesudos.- ¿Estoy haciendo algo mal? -Harry oliéndose lo que iba a suceder, agarró de los hombros al elfo doméstico.- No estas haciendo nada mal, Dobby; solo quiero coger una túnica.

Sin perder un segundo, Harry abrió su baúl, guardó su capa invisible y se vistió con una de las túnicas de la escuela.

- Gracias, Dobby. -los ojos del elfo se iluminaron y con un chasquido de sus dedos hizo desaparecer el equipaje de Harry.

- Es un honor para Dobby. -dijo, antes de desaparecerse.

- Vámonos, David.

- A sus ordenes, mi capitán. -replicó el metamorfomago, burlonamente.

Ambos magos bajaron del tren y corrieron todo lo rápido que les permitieron sus piernas para alcanzar uno de los últimos carruajes. Abriendo la puerta con un golpe seco, David y Harry entraron al carruaje, ya ocupado por varios alumnos. David le echo un vistazo a los escudos de sus túnicas y vio que había dos Ravenclaw y tres Hufflepuff; por su edad, era más que posible que estuvieran en segundo o tercero.

- Lo siento. -se disculpó Harry, cuando pudo recuperar el aliento.

- Tu eres... Harry Potter. -dijo uno de los Ravenclaw en un susurro.

- ¿Qué? ¡Ah, ya! Si, soy yo. Como decía, sentimos haber entrado tan bruscamente en vuestro carruaje. Creíamos que lo íbamos a perder. -dijo Harry, intentando normalizar la situación.

- Aquí lo único que se ha perdido es tu pulmón, Potter. -comentó David, sonriente.- Creo que te lo has dejado a mitad de la carrera.

- ¡Bah! -replicó el mago de la cicatriz.

- Perdone, señor Potter. -intervino uno de los Hufflepuff con cierta timidez.- Pero tiene la cara manchada de sangre.

- ¡Se me olvidaba! -exclamó David, llevándose una mano a la frente.- A ver, Harry mírame que te voy a apañar lo de la nariz. -el niño-que-sobrevivió se inclinó hacia atrás y negó con la cabeza.- No te voy a hacer nada, desconfiado. Además, he aprendido de Jessica y ya sabes como es ella con los hechizos curativos. Ni Snape es tan duro. -Harry no pudo evitar sonreír al recordar como David se encogía y perdía todo su aura de seguridad, mientras Jessica le enseñaba algún hechizo de curación.

- De acuerdo. -concedió Harry.- Seguro que no puedes ser peor que Lockhart.

- ¿Me estás comparando con ese inútil? -inquirió David, haciéndose el indignado.- Señor Potter, que sepa que ha mancillado mi honor; si no estuviéramos frente a tan distinguida audiencia, le retaría a un duelo. -los cuatro jóvenes se miraron entre sí, sin saber si lo que acababan de escuchar iba en serio.

- Tranquilos. David es así. -comentó Harry.

- David Manning a su servicio. -apuntó el metamorfomago, quitándose un sombrero imaginario.- Caballeros, ¿serían tan amables de encender sus varitas y así aportar algo de luz a tan oscuro transporte? -cuatro susurrados lumos se escucharon y el mismo número de brillantes luces iluminaron el carruaje.- Muchas gracias. -David se giró y apuntó su varita a la nariz de Harry.

- ¿De verdad sabes lo qué estas haciendo? -preguntó Harry, inquieto.- Puedo esperar a llegar al castillo y ver a la señora Pomfrey.

- No se si sabias que ir por ahí con la nariz rota, no es considerado saludable en ninguna de las culturas que conozca. -David no puedo evitar reírse ante el gesto de extrañeza de su amigo.- Cuando te aplique el hechizo, notaras un intenso calor seguido de un intenso frío; tu no te muevas. ¡Episkeyo!

Y tal como le había explicado David, Harry sintió un intenso calor, seguido inmediatamente por un intenso frío.

- ¡Ya está! ¡Cómo nueva! - el mago de los ojos verdes se palpó la nariz, confirmando la aseveración del metamorfomago.

- Gracias, David. -dijo Harry.

- No me las des a mí. -dijo este, acomodándose en el asiento.- Dáselas a Jessica. Como ya te he dicho, fue ella quien me enseño. Por cierto, límpiate la cara que la tienes llena de sangre seca.

- ¡Tergeo! -exclamó Harry, eliminando los restos sanguíneos de su rostro.

- ¡Ah! ¡Ya estamos llegando! ¡Otro año en Hogwarts! A ver que suceso extraño ocurre en esta ocasión, ¿verdad, Harry?


Comentarios.

Hola a todos. Ya ha pasado cierto tiempo desde el ultimo capitulo. Espero que no haya sido una espera muy larga.

Antes de los respectivos comentarios sobre el capitulo, quiero pediros un favor. Es bastante sencillo. Me gustaría que en vuestros reviews, criticarais lo que no os gusta de mi historia, las cosas que cambiaríais o como lo escribiríais vosotros. Os lo pido, porque no me creo que todo sea tan perfecto. Gracias de antemano.

Finalmente, he llevado a David al punto donde quería (dentro de las limitaciones que tiene debido a su misión). Este es el verdadero David. Como habéis podido comprobar, David no es un mago de la "luz" al uso; si se pudiera definir con un color seria un gris con mas negro que blanco. Ya deje caer ciertas pistas de esto cuando describí como es la mente del metamorfomago. Aviso, preparaos para un David brutal en las batallas. No se va a cortar ni un pelo... incluso hasta un punto... ya lo descubriréis en los dos años que quedan.

Ahora pasemos a los agradecimientos.

- A lukita por su review en "Gemelos perdidos".

- A LauraNSPJHP por poner en favoritos el primer y el segundo año de este fic.

- A resplandorrosa626 por poner en favoritos "Gemelos perdidos" y por el review en el fic.

- A Readerfic por seguir y poner en favoritos los seis años de este fic.

- A mtsdh99 por seguirme a mi y a este año del fic.

- A Arana Tokashi por seguir este año del fic.

- A Fechu Callejera por su review del capitulo anterior.

- A sky por su review del capitulo anterior.

- A niobe por su review del capitulo anterior.

- A Griffin por su review en "Gemelos perdidos".

Espero que os guste a todos el nuevo capitulo. Un bratzo, xotug.