Capítulo 5. Luna ve más allá.

Aunque era una de las Ceremonias de Selección que David no conocía de antemano, el metamorfomago no pudo evitar pensar que había sido la más aburrida de todas las que había vivido. La canción del Sombrero solo hablaba una y otra vez de unidad que, a pesar de ser un mensaje muy importante, la cuarta vez que lo escuchabas en menos de un minuto terminaba hastiando.

Lo único interesante, dejando a un lado la mano muerta de Dumbledore que levantó muchos rumores entre los alumnos, fue la noticia de que Slughorn era el nuevo profesor de Pociones y que, tras muchos años tras el puesto, Snape se hacía cargo de Defensa contra las Artes Oscuras. Murmullos de sorpresa surgieron de todas las mesas y, rápidamente, en una de ellas, se convirtieron en una ola de indignación.

Además Dumbledore anunció que había reforzado las defensas mágicas del castillo e insistió muy firmemente en que tenían que hacer caso a los profesores y a sus normas por muy restrictivas que parezcan y, sobre todo, que no merodearan por el castillo más allá de la hora permitida.

La mañana se levantó más cálida de lo que cabía esperar para el típico día de septiembre en Escocia y David había sudado descontroladamente durante la noche. Cuando salió de la ducha, se encontró con que todo el mundo había bajado a desayunar. Mirando el reloj que presidía la habitación de los chicos, el metamorfomago se dio cuenta de que se había estado duchando más tiempo del que creía y que iba a llegar bastante justo a desayunar.

Derrapando en cada curva y acordándose de toda la familia del fundador que hubiera tenido la estupenda idea de las escaleras móviles, entró en el Gran Comedor y corrió como un loco hasta aterrizar en un hueco a la derecha de Jessica que estaba enfrascada en una conversación con Neville.

— Bue... bue... buenos días. -masculló entre inspiración y espiración.

— Hola, David. -respondió Neville, alzando la cabeza ligeramente.

— Hola. -saludó Jessica, arrugando la nariz ante el rostro rojo de su novio. —¿Te has quedado dormido?

— No, por una vez, no. —respondió David, llenándose un plato con comida. —He tardado en ducharme más de lo que creía.

— La verdad es que no me sorprende. —suspiró Jessica.

— Aunque el retraso ha tenido algo positivo.

— ¿Ah, sí?

— Debo haber batido el récord de menos tiempo en ir de la sala común de Gryffindor al Gran Comedor sin usar pasadizos secretos. —declaró David con una pizca de orgullo en la voz.

— ¡Bah! -exclamó Jessica, mientras Neville se reía.

— ¿Me he perdido algo? -preguntó el metamorfomago.

—La verdad es que no. —intervino Neville.- Ron sigue comiendo como si no hubiera un mañana, a Hermione parece que le va a dar un infarto mientras espera a que venga McGonagall para hablar sobre las clases de EXTASIS y Lavender y Parvati se están poniendo al día con los cotilleos que no pudieron contarse anoche.

— Y eso que impidieron que me durmiera hasta una hora después de que subiera a la habitación. -apuntó Jessica, bostezando ligeramente.

— Mira, ahí esta McGonagall. -apuntó David, señalándola con el tenedor.

Los tres chicos vieron con distintos grados de interés como la estricta profesora de Transformaciones hablaba con la bruja de pelo eternamente revuelto y, tras un par de minutos, Hermione salió disparada del Gran Comedor en dirección desconocida. A continuación, McGonagall se acercó a Neville, indicando que era el siguiente.

— Herbología, de acuerdo. —dijo.— La profesora Sprout se alegrará de volver a verte después del extraordinario que obtuviste en su TIMO. Y tienes un supera las expectativas en Defensa Contra las Artes Oscuras, así que también puedes cursar esa asignatura. Pero el problema está en Transformaciones. Lo siento, Longbottom, pero un aceptable no basta para pasar al nivel de ÉXTASIS; no creo que pudieras seguir el ritmo de trabajo. —Neville agachó la cabeza y la profesora lo miró a través de sus gafas cuadradas.- Pero ¿por qué te interesa tanto continuar con Transformaciones? —preguntó.— Siempre me ha parecido que esa asignatura no te gusta mucho. —Neville, con cara de pena, murmuró algo parecido a "mi abuela quiere".

— ¡Bah, bah! —dijo McGonagall.— Ya va siendo hora de que tu abuela aprenda a estar orgullosa del nieto que tiene y no del que cree que merecería tener. Sobre todo, después de lo ocurrido en el ministerio. —Neville se sonrojó y parpadeó varias veces, aturdido; era la primera vez que la profesora le dedicaba un cumplido.

— ¡Un autentico Gryffindor! -exclamó David sin poder evitarlo.

— Señor Manning, regrese a su desayuno. Esto no es de su incumbencia. —le recriminó la profesora, mirándole firmemente por encima de sus gafas.

— Lo siento, Longbottom, pero no puedo aceptarte en mi clase de ÉXTASIS. —sentenció, volviéndole a mirar.— Sin embargo, veo que has obtenido un supera las expectativas en Encantamientos. ¿Por qué no haces ese ÉXTASIS?

— Mi abuela dice que es una asignatura demasiado fácil. —murmuró el chico.

— Haz Encantamientos, —decidió ella.— y ya le escribiré yo unas líneas a Augusta recordándole que, si bien ella suspendió su TIMO de esa materia, no por eso la asignatura es una bobada.

La profesora esbozó una sonrisa al ver la cara de felicidad e incredulidad de Neville. Luego dio unos golpecitos con la punta de la varita en un horario en blanco y se lo entregó con la información de sus clases. Inmediatamente después, se acercó a Jessica sin quitarle la vista de encima a David, que seguía devorando su desayuno.

— ¿Quiere que el señor Manning no este presente, señorita Quake? —preguntó McGonagall.

— No será necesario. —respondió la chica, sonriendo.— Le tengo atado en corto.

— ¡Eh! —se quejó David.

— ¡Calla! —exclamó Jessica, dándole en el hombro. Una pequeña sonrisa volvió a esbozarse en el rostro de la profesora de Transformaciones.

— Bien, señorita Quake. Encantamientos, Transformaciones, Herbología, Pociones, Defensa contra las Artes Oscuras. Todo lo necesario para seguir con tu aspiración de ser sanadora. ¿Tiene alguna duda?

— ¿Podría coger alguna asignatura más? —preguntó Jessica.

— Por supuesto. —respondió la animaga.

— ¿Podría hacer las asignaturas necesarias para ser sacadora y, además, Aritmancia?

— Claro. —McGonagall se permitió admirar a la bruja frente a ella. Salvo Hermione, que tenía muy claro que iba a seguir con todas las asignaturas que había estado dando hasta ahora, no pensaba que nadie más eligiera continuar con más asignaturas de las estrictamente necesarias.— Sin embargo, debo advertirle que puede que se encuentre sobrepasada por la carga de trabajo que esto implica.

— Podré con ello.

— ¡Uy! -exclamó David, que había parado de desayunar y miraba a su novia.— ¡Conozco esa mirada! Profesora McGonagall, no se preocupe por eso. Le aseguro que Jessica lo sacará todo.— la subdirectora miró alternativamente a ambos y, al fijarse en los ojos de la bruja, comprendió a que se debía el comentario del metamorfomago. La determinación brillaba en ellos.

— De acuerdo, señorita Quake. —dijo, mientras golpeaba con su varita en uno de los horarios en blanco y se lo entrego a Jessica que lo miró con detenimiento.— Ahora, pasemos a usted, señor Manning.

— A su servicio, profesora. —replicó separando el plato de desayuno, ya vacío, del borde de la mesa.

— Parece ser que has conseguido todo lo necesario para ser auror. Encantamientos, Transformaciones, Defensa contra las Artes Oscuras, Pociones, Herbología. Debo admitir mi sorpresa ante su Extraordinario en Pociones. Lo esperaba de la señorita Quake, pero no de usted.

— Me toco una poción fácil. —admitió David, algo avergonzado.

— Entiendo. —dijo la profesora, colocándose sus gafas sobre la parte superior del puente de su nariz.— También tengo que comentarle que estoy muy satisfecha con su uso de los encantamientos no-verbales durante los exámenes y de su capacidad para convocar un patronus.

— Sobre lo segundo, el mérito es de Harry y, en mi caso particular, también de Jessica. —replicó David.

— Si, ya fui testigo del patronus de la señorita Quake. —dijo McGonagall, recordando la peliaguda situación en la que fue testigo de aquella proeza.— Si no tiene ninguna duda más, aquí le entrego su horario.

— Nada más, profesora. —David cogió el horario y vio que tenía una hora libre, luego Defensa, recreo, otra hora libre, comida y dos horas de Pociones.

Tras ver como la profesora McGonagall se reunía con Parvati Patil, David se asomó por encima del hombro de su novia para intentar vislumbrar su horario.

—¿Qué tal tu horario? -preguntó, tras comprobar que ya lo había guardado en su mochila.

— Hora libre, Defensa como tú, recreo, Aritmancia, comida y dos horas de Pociones, otra vez como tú. —respondió Jessica de memoria.

— ¿Ya te sabes el horario? —preguntó David, asombrado.

— Solo lo de hoy. —respondió la chica de pelo broncíneo, humildemente.

— Sigues sorprendiéndome, sihaya. —confesó el metamorfomago sin disimular su admiración por su novia.

— ¿Nos vamos a la sala común?

— No tenemos nada mejor que hacer.

David y Jessica salieron del Gran Comedor, atentos a por si se encontraban con Daphne o Eve, pero sin éxito. Tras cruzar el retrato de la Dama Gorda, se encontraron con Harry que hablaba con Katie y Ron jugando con un disco colmilludo que fue repelido mediante un encantamiento escudo en cuanto se acercó a menos de dos metros de Jessica.

— Ya me imaginaba que te nombrarían capitán. Felicidades. —dijo Katie señalando la insignia que el chico llevaba en la pechera de la túnica.— ¡Avísame cuando convoques las pruebas de selección!

— No digas tonterías, —replicó Harry.— tú no necesitas pasar las pruebas. Hace cinco años que te veo jugar

— No empiezas bien. —le previno ella.— Sabes perfectamente que hay jugadores mucho mejores que yo. El nuestro no sería el primer equipo que se hunde porque su capitán se empeña en hacer jugar a los de siempre o a sus amigos...

— No es por quitarle mérito tu excelente consejo, Katie; —intervino David.— pero me sorprendería que alguien volara mejor que tu, querida. —la única del trio de cazadoras que quedaba en Hogwarts no pudo evitar mirar a Jessica con gesto de arrepentimiento cuando el metamorfomago le besó la mano.— Siempre es un placer admirar tu belleza. —completó para aumentar la vergüenza de la cazadora. Una implacable colleja descendió sobre la nuca de David, cortesía de su novia.

— Siempre igual. —suspiró.— ¡Deja de molestar a Katie!

— ¡Ay! —se quejo el mago, tocándose la nuca.

— ¿Y tu qué, David? ¿Vas a presentarte a las pruebas como golpeador? —preguntó Katie, cambiando la conversación hacia un tema en el que se sentía más cómoda.

— Alguien tendrá que continuar el legado de Fred y George. —respondió, sacando pecho.— Por cierto, ¿sabes algo de nuestros gemelos favoritos? ¿Cómo les va la tienda?

— La verdad es que no he ido aún a visitarles. —admitió.

— ¿Ah, no? -se sorprendió David. —Y yo que pensaba que entre tu y Fred había algo. —por segunda vez en menos de dos minutos, la cara de Katie se puso roja como un tomate.

— ¡David! —restalló Jessica una vez más. Esta vez, la colleja resonó en toda la sala común, haciendo que los pocos alumnos que había allí, les miraran divertidos.

— ¡Jo! Esta vez si me has hecho daño.

— Bueno... será mejor que os deje. —comentó Katie, aprovechando la oportunidad para escapar.

Harry, que se había limitado a contemplar la interacción entre sus tres compañeros, se despidió de Katie y se quedo mirando como David, aún quejándose, soportaba la bronca de Jessica.

— Que chica más maja es Katie. —comentó el metamorfomago, como si nada hubiera pasado.

— Y que paciencia tiene contigo. —apuntilló Jessica.


Una hora más tarde, David y Jessica salieron de la soleada sala común y se encaminaron hacia el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, situada cuatro pisos más abajo. Encontraron a Harry, a Ron, junto a Hermione haciendo cola delante de la puerta. La chica iba cargada de pesados libros y con cara de víctima. Justo unos metros más allá, Eve y Daphne hablaban entre ellas, indiferentes a algunas miradas poco agradables por parte del sector masculino.

Era innegable tanto que Daphne era una de las chicas más bellas de Hogwarts, como que el desarrollo pectoral de Eve había sido más que notable.

— Daphne, Eve. —saludó David, educadamente.

En ese momento se abrió la puerta del aula y Snape salió al pasillo, cortando la respuesta de la primogénita de los Lestrange. Como siempre, dos cortinas de grasiento cabello negro enmarcaban el amarillento rostro del profesor. De inmediato se produjo silencio en la cola.

— Adentro. —ordenó.

La estancia ya se hallaba impregnada de la personalidad de Snape: pese a que había velas encendidas, tenía un aspecto más sombrío que de costumbre porque las cortinas estaban corridas. De las paredes colgaban unos cuadros nuevos, la mayoría de los cuales representaban sujetos que sufrían y exhibían tremendas heridas o partes del cuerpo extrañamente deformadas. Los alumnos se sentaron en silencio, contemplando aquellos misteriosos y truculentos cuadros.

— No os he dicho que saquéis vuestros libros. —dijo Snape al tiempo que cerraba la puerta y se colocaba detrás de su mesa, de cara a los alumnos; Hermione dejó caer rápidamente su ejemplar de Enfrentarse a lo indefinible en la mochila y la metió debajo de la silla.— Quiero hablar con vosotros y quiero que me prestéis la mayor atención.

Recorrió con sus negros ojos las caras de los alumnos y se detuvo en la de Harry una milésima de segundo más que en las demás.

— Si no me equivoco, hasta ahora habéis tenido cinco profesores de esta asignatura. Naturalmente, todos esos maestros habrán tenido sus propios métodos y sus propias prioridades. Teniendo en cuenta la confusión que eso os habrá creado, me sorprende que tantos de vosotros hayáis aprobado el TIMO de esta asignatura. Y aún me sorprendería más que aprobarais el ÉXTASIS, que es mucho más difícil. —Empezó a pasearse por el aula y bajó el tono de voz; David no se preocupó en seguir con cabeza su caminar y se limitó a concentrarse en lo que decía.— Las artes oscuras son numerosas, variadas, cambiantes e ilimitadas. Combatirlas es como luchar contra un monstruo de muchas cabezas al que cada vez que se le corta una, le nace otra aún más fiera e inteligente que la anterior. Estáis combatiendo algo versátil, mudable e indestructible.

David no pudo más que estar de acuerdo con eso. Snape sería un arrogante amargado pero sabía de lo que hablaba. Las artes oscuras y sus practicantes no tenían ningún reparo moral que les detuviera a la hora de cumplir sus objetivos.

— Por lo tanto, —continuó el profesor, subiendo un poco la voz.— vuestras defensas deben ser tan flexibles e ingeniosas como las artes que pretendéis anular. Estos cuadros —añadió, señalándolos mientras pasaba por delante de ellos.— ofrecen una acertada representación de los poderes de los magos tenebrosos. En éste, por ejemplo, podéis observar la maldición cruciatus; —era una bruja que gritaba de dolor.— en este otro, un hombre recibe el beso de un dementor; —era un mago con la mirada extraviada, acurrucado en el suelo y pegado a una pared.—y aquí vemos el resultado del ataque de un inferius. —era una masa ensangrentada, tirada en el suelo.

— Entonces, ¿es verdad que han visto un inferius? —preguntó Parvati Patil con voz chillona.— ¿Es verdad que los está utilizando?

— El Señor Tenebroso utilizó inferi en el pasado, —respondió Snape.— y eso significa que deberíais deducir que puede volver a servirse de ellos. Veamos... —echó a andar por el otro lado del aula hacia su mesa, y una vez más la clase entera lo observó desplazarse con su negra túnica ondeando.— ¿que es un inferius, señor Manning? —David no pudo evitar mirar fijamente al profesor, algo perturbado por la pregunta.— No se porque se sorprende, señor Manning. Me ha llegado información de que su actuación en el TIMO de esta asignatura fue notable; debería de poder responder a esta sencilla pregunta. —David se enderezó un poco más en su silla.— ¿Y bien, señor Manning?

— Un inferius es un cadáver reanimado por la magia oscura y que solo obedece las ordenes del mago o bruja que lo revivió. Al estar muertos, son unas perfectas tropas de choque en las guerras ya que no sienten dolor y si no son destruidos continuaran atacando indefinidamente. También esta comprobado que han sido usados como guardianes de lugares o objetos mágicos, ya que son eternos. Su mayor debilidad es el fuego. —David había leído bastante acerca de los inferius en el libro sobre la magia negra que había comprado en Estados Unidos hace unos años.

— Parece ser que ha estudiado algo, señor Manning. —concedió Snape, con cierta amargura en la voz.— Bien... creo que sois novatos en el uso de hechizos no verbales. ¿Alguien sabe cuál es la gran ventaja de esos hechizos?

Hermione levantó la mano con decisión. Snape se tomó su tiempo y, tras mirar a los demás para asegurarse de que no tenía alternativa, dijo con tono cortante:

— Muy bien. ¿Señorita Granger?

— Tu adversario no sabe qué clase de magia vas a realizar, y eso te proporciona una ventaja momentánea.

— Una respuesta calcada casi palabra por palabra del Libro reglamentario de hechizos, sexto curso, —repuso Snape con desdén (Malfoy, que estaba en un rincón, rió entre dientes).— pero correcta en lo esencial. Sí, quienes aprenden a hacer magia sin vociferar los conjuros cuentan con un elemento de sorpresa en el momento de lanzar un hechizo. No todos los magos pueden hacerlo, por supuesto; es una cuestión de concentración y fuerza mental, de la que algunos... —una vez más su mirada se detuvo con malicia en Harry.— carecen. Ahora —continuó Snape.— os colocaréis por parejas. Uno de vosotros intentará embrujar al otro, pero sin hablar, y el otro tratará de repeler el embrujo, también en silencio. Podéis empezar.

David no pudo evitar esbozar un breve sonrisa. Apenas había empezado a practicar algunos hechizos no verbales, pero uno de los que dominaba era el encantamiento escudo.

— Bien Jess, ¿practicamos? —preguntó David a su novia.

— ¿Te importa que practique con Eve? —pidió esta.

— ¡Qué va! —respondió, quitándole importancia con un gesto de su mano.

— Bien, Manning. —comentó Snape, demostrando una vez más su capacidad de ser absolutamente silencioso.— Me parece que se ha quedado sin pareja. Tendrá que practicar conmigo.

— Perdone, profesor. —intervino Daphne, unos metros más allá.— Yo tampoco tengo pareja. —Snape miró a la bruja como si acabara de ver al mismísimo Merlín apareciéndose frente a él.

— ¿Me está diciendo que desea hacer pareja con el señor Manning, señorita Greengrass?

— ¡Oh, claro! Me parece muy adecuado hacer pareja con alguien que ya sabe usar algunos hechizos no verbales. —respondió Daphne, sonriente.

— ¿Ah, sí? —inquirió Snape, alzando una ceja.— No tenía constancia de esa información. Si es tan amable, señor Manning, ¿podría hacer una demostración?

No le soporto. —comentó Érebo en su cabeza.

Creía que ibas a sentir cierta afinidad con él, Doppelganger. —replicó Hermione.— Eres magia oscura y el es un gran estudioso y admirador de la magia oscura.

Eso no quita de que sea un capullo. —finiquitó Érebo.

David giró la muñeca y su varita saltó de la funda a su mano. Retirando la mirada de Snape, se enfrentó a Daphne y, tras un movimiento circular, hizo aparecer un escudo azul entre él y la bruja.

— Muy bien, Manning. —dijo Snape, antes de darse la vuelta y seguir caminando por la clase en modo vigilancia.

— Hola, Daphne. —saludó David a su amiga, mientras se separaba un par de pasos de ella.

— Hola, David; por lo que veo, no has perdido un ápice de habilidad durante el verano.

— Se hace lo que se puede.

— Pues a ver si me enseñas como eres capaz de hacer un escudo no-verbal. —medio ordenó la Slytherin.

— Será un placer. Por cierto Daphne, ¿sabes hacer ya algún hechizo no verbal? —-David vio como Daphne apuntaba a una de las sillas y la hizo moverse en dirección a ella.

— Puedo mover cosas. —dijo, señalando la silla, mientras la devolvía a su sitio.

— Estupendo.

— Es una de las pocas cosas buenas que tienen las tradiciones en Slytherin. Te enseñan a hacer esto desde que entras.

— ¿Ya sabias mover cosas desde primero?

— En primero, no. —confesó.— Lo dominé a inicios de segundo. Eve, por ejemplo, lo controló a mediados del primer curso.

— ¡Guau! —exclamó, intentando mantener el volumen de su voz lo más bajo posible para que no les oyera Snape.

— Si... bueno... a lo que estábamos, ¿me vas a enseñar o no?

— ¿Eso no debería hacerlo Snape? —preguntó David, ladeando ligeramente la cabeza.

— Ya sabes como es él. No es que de muchas pistas. Solo ha dicho que es necesario concentración y fuerza mental.

— Si, básicamente, es eso. —confirmó el metamorfomago.— Tienes que concentrarte mucho en tu magia, sentirla y tener muy fija en la mente la imagen de lo que quieres conseguir; al menos, las primeras veces que lo hagas. Una vez adquieras experiencia, con tener claro lo que quieres conseguir, será suficiente. Ya habrás acostumbrado a tu magia a no depender de la base verbal de los hechizos.

— ¿Cómo sabes esto?

— Mientras vosotras practicabais con los muñecos, yo estudie el mecanismo de los hechizos no verbales y empecé a practicarlo. Es difícil, te lo aseguro.

Daphne cerró los ojos y suspiró ligeramente. David vio con la mandíbula de su amiga se iba tensando, su frente se llenaba de arrugas y empezaba a sudar ligeramente. La varita de la chica no paraba de hacer el movimiento circular requerido para el encantamiento escudo. Snape volvió a pasar por allí y se quedó observando el rictus de concentración de la integrante de su casa.

— Concéntrese, señorita Greengrass e inténtelo. —dijo Snape. Daphne giró su varita una vez más y una ligera sombra azul que intentaba tomar la forma del hechizo escudo surgió de la misma.

— Continúe. —apuntó Snape, alejándose de nuevo.

— Es agotador. —comentó Daphne, boqueando ligeramente para introducir más oxigeno en su organismo.— Creo que jamás me había concentrado tanto.

— Ira haciéndose más sencillo con la practica. —le animó David.

— ¡Protego! —se escuchó bruscamente sobre los susurros que se intercambiaban entre los alumnos. David y Daphne se dieron la vuelta para ver como Snape perdía el equilibrio y se golpeaba contra un pupitre. El brillante encantamiento escudo frente a Harry explicaba lo que acababa de ocurrir. La clase en pleno vio cómo Snape se incorporaba, con el entrecejo fruncido.

— ¿Te suena por casualidad que os haya mandado practicar hechizos no verbales, Potter?

— Sí. —contestó fríamente.

— Sí, "señor". —lo corrigió Snape.

— No hace falta que me llame "señor", profesor —replicó Harry impulsivamente.

Varios alumnos soltaron grititos de asombro, entre ellos Hermione. Sin embargo, Ron, Dean y Seamus, que estaban detrás de Snape, sonrieron en señal de apreciación.

— Estúpido. —escuchó David murmurar a Daphne a su lado.

— Es incapaz de reprimirse frente a Snape. Son polos del mismo signo. Se repelen inevitablemente. —añadió el metamorfomago.

— Castigado. Te espero en mi despacho el sábado después de cenar. —dictaminó Snape.— No acepto insolencias de nadie, Potter. Ni siquiera del «Elegido». Y ahora sigamos con la clase.


— Señorita Greengrass, ¿puede quedarse un momento? —anunció Snape mientras el resto recogía sus libros y se dirigía a pasar la hora del recreo. Daphne miró a Eve y a David que alzaron los hombros, tan sorprendida como ella.

— ¿Tu qué sabes de esto? —le preguntó Eve a David.

— Lo mismo que tu, Eve. —respondió.

— Tu has estado trabajando con ella en clase. —contraatacó.

— De verdad que no tengo ni idea. Es verdad que Snape nos ha vigilado muy de cerca pero no se que puede haber hecho Daphne para que tenga que llamarla. A lo mejor solo quiere decirla que no vuelva a mezclarse con un Gryffindor como yo. Ya sabes..

— No es necesario que se siente, señorita Greengrass, seré rápido. —indicó Snape, viendo como la bruja se acercaba a una de las sillas.

— ¿Qué desea, profesor? -preguntó, intentando descubrir cual era la causa de esta llamada.

— Tengo que admitir mi sorpresa al ver su avance con los hechizos no verbales, a pesar de haber elegido al señor Manning como compañero. ¿Por qué hizo esto?

— Porque David es buen profesor, aunque el no sea consciente de ello. —respondió Daphne, sinceramente. La chica se sentía muy orgullosa de su independencia y de su capacidad de tomar decisiones y no tenía intención de permitir que nadie le quitara eso... ni siquiera el jefe de su casa.

— ¿En serio? ¿De verdad cree eso?

— No lo creo, lo se. Me lo ha demostrado. —se reafirmó.

— De acuerdo. La conozco lo suficiente como para saber que no es estúpida. Si es su deseo, puede seguir emparejándose con el señor Manning durante mis clases. Eso si, un solo despiste, un bajón en su rendimiento y romperé su asociación, ¿entendido?

— Perfectamente, profesor.

— Muy bien, entonces. Por cierto, cuando realice un hechizo no verbal no fuerce a su magia. Solo guíela hasta el objetivo que desee realizar. Es esencial estar concentrado pero esto no debe bloquear el flujo de magia. —le indico Snape. Daphne, impactada por lo que acababa de pasar, agradeció el consejo con voz queda y salió de la clase en dirección a la sala común de Slytherin.


Luna observaba desde un lado del patio como David se sentaba en uno de los bancos con Jessica a la derecha, sus manos entrelazadas. Frente a él, hablando con gesto serio, se encontraban Daphne Greengrass y Eve Lestrange. Uno de los temas de conversación más recurrentes en Hogwarts, especialmente entre los integrantes del desaparecido ED, era la amistad entre los dos Gryffindor y las dos Slytherin. Es cierto que no era un caso tan excepcional, había ocurrido otras veces, pero si que destacaba, sobre todo porque los cuatro formaban parte de la generación de Harry Potter y Draco Malfoy, enemigos acérrimos y perfectos exponentes de la rivalidad entre casas.

Sin embargo, este no era el motivo que impulsaba a Luna a observar con interés al metamorfomago. La realidad era que la excéntrica Ravenclaw había visto durante todas las clases en el ED una sombra en los ojos del metamorfomago. No sabía que podía ser pero estaba claro que no era una invención suya, era algo mágico que formaba parte de él y, a la vez, era algo extraño.

Luna mantuvo su atención en los cuatro, esperando su momento para hablar con el metamorfomago. Este llegó cuando acabo el recreo. Jessica, Daphne y Eve se fueron a clase de Aritmancia, dejando a David solo en el patio. La bruja se levantó del banco donde estaba sentada y se acercó al metamorfomago que acababa de abrir su mochila y estaba sacando un libro de tapas oscuras.

— Hola, David. —saludó Luna, sentándose a su lado. El metamorfomago se sobresaltó y dejó caer el libro al suelo.

— ¡Joe, Luna! ¡Qué susto! —exclamó David, mientras recogía el libro y lo guardaba de nuevo en la mochila.

— Lo siento. —respondió Luna, mirándole fijamente a los ojos. Una vez más, vio la sombra de la sombra que parecía vivir en el interior de su amigo.

— No pasa nada. —replicó.— ¿Qué tal tu verano, por cierto? ¿Alguna criatura interesante que hayas encontrado con tu padre?

— ¡Oh, no! —contestó la bruja, sonriendo levemente.— Fuimos de viaje al norte de Escocia, cerca de Inverness en busca de Snorkacks de cuerno arrugado, pero no pudimos ver ninguno. Otro año será. —añadió sonriendo.

— Seguro que lo encontráis. —le animó.

— Aunque estoy contenta.

— ¿Y eso?

— He encontrado una criatura nueva en Hogwarts. —aclaró Luna, mirando fijamente a los ojos de David.

— ¿Ah, sí? ¿Cuál es? ¿Querrías enseñármela? —David dudaba que fuera real, pero por probar no perdía nada. Además, tenía una hora libre y lo ultimo que le apetecía era ponerse ahora a hacer los deberes que les había mandado Snape.

— Creo que la conoces bastante bien. —contestó Luna, sin apartar la vista.— La llevas dentro de ti. La veo en tus ojos.

David se retiró hacia atrás, sin poder romper el contacto visual con la rubia, impactado de lo que acababa de escuchar. Luna sabía de la existencia de Érebo. ¿Cómo era posible? ¿Quién se lo habría dicho? El metamorfomago repasó la lista de la gente que conocía su secreto: dudar de Jessica no entraba en su cabeza; Dumbledore y McGonagall, imposible, ambos sabían que no podían jugar con lo que llevaba dentro; Tonks, tampoco... no conocía a Luna y tampoco tenía motivos para contárselo. Solo quedaba una persona o tres, en función de como hubiera actuado la primera: Harry, Ron y Hermione.

Sin embargo, tampoco era capaz de encontrar una razón por la que cualquiera de los tres le hubieran contado a Luna este detalle de él.

— Érebo, escóndete un poquito. —le indicó David. El Doppelganger dejó su posición en el iris y se escondió en el interior de la mente.

— No lo escondas, David. —comentó Luna, algo molesta.— Quiero conocerlo.

El metamorfomago inclinó la cabeza y miró a su alrededor, por si había alguna persona que estuviera observándoles. Como parecía que no había nadie, David se levantó del banco con Luna detrás, siguiéndole a su derecha. El metamorfomago entró en la primera clase que encontró libre y, tras dejar pasar a Luna, cerró la puerta con un conjuro y se encaró con la chica.

— ¿Quién te ha hablado de su existencia? —preguntó agresivamente. Luna no parecía estar intimidada por la actitud de su amigo y se limitaba a mirarle con la cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda.

— Nadie. Lo veo en tus ojos. —respondió Luna con tranquilidad.

— ¿Cómo que en mis ojos?

— Si, claro. Tus ojos son más oscuros de lo normal cuando aparece esa criatura. —explicó. David sintió como si la mirada soñadora de Luna fuera capaz de ver en el interior de su mente. No era Legeremancia, las murallas de protección que puso Hermione cuando traspasó lo que fuera que traspasara de su otra versión, debido a que no pertenecían a esa realidad, eran inexpugnables,

— ¿Cómo es posible? —preguntó David a las dos presencias en su interior.

Luna posee una cierta sensibilidad hacia cierta magia extraña o inusual. —comentó Hermione.

— ¿En serio? —preguntó David, sorprendida que la lógica y racional Hermione reconocería que Luna podía tener razón respecto a sus criaturas.

Si, se que suena increíble que yo diga eso, pero he visto tantas realidades y, en tantas de ellas, Luna me demostraba que varias de sus extrañas criaturas eran reales que no me quedó más remedio que concederle esa habilidad, aunque no haya podido explicarla. —explicó Hermione, sin poder evitar sentirse avergonzada por lo que sabía que estaría pensando su versión más joven de Luna.

— Creo que después de esta confesión, no me queda más remedio que aceptar que Luna puede vislumbrar a Érebo, ¿qué hago? ¿Se lo explico? ¿Le digo lo que eres, Doppelganger?

Yo no lo haría. —sentencio Érebo.

Yo si. —aconsejó Hermione.- Luna ya esta segura y tiene evidencias, aunque solo pueda verlas ella, de que Érebo existe.

— ¿Y por qué no te puede a ver ti, Hermione? —preguntó Érebo.

Porque yo provengo de otra realidad. No hay forma de que nadie pueda verme, a no ser que David así lo decida ya que dependo de su magia.

— ¿Cómo que dependes de mi magia? —preguntó David, que desconocía esta información.

— ¿Estás hablando con el animal, David? —preguntó Luna, acercándose a él.

El metamorfomago salió de la conversación con Hermione y Érebo y observó a Luna, que le miraba desde muy cercana con ojos de inocente interés. Si había alguien, aparte de Jessica, a la que podía confiar la existencia del Doppelganger con la seguridad de que nunca le traicionaría, sería esta chica. Además, su insistencia en la existencia de criaturas desconocidas y, en ciertos casos, imaginarias, sería la mejor protección que podría tener su secreto. Después de oírla hablar de Snorkack de cuernos arrugados, heliopatas y la Conspiración Rothfang, ¿quien la creería si comenzaba a hablar de una criatura dentro de él? Además, podría ser fundamental para los años venideros, especialmente durante la "estancia" de los Carrow en Hogwarts que alguien que iba a ser uno de los lideres de la resistencia, confiara en él.

— Bien, Luna. —dijo, intentando que su voz no reflejara su nerviosismo.- Si, tienes razón, tengo una criatura dentro de mí. —David señaló su cabeza y Luna se acercó aún más, mirando fijamente su cráneo como si pudiera entrar dentro de él.

—¿Qué es? ¿Cómo se llama? ¿Cuándo la conociste? —preguntó.

— No se que es. No me lo ha dicho. —mintió David. Podría revelarle a Luna la existencia de Érebo pero no tenía porque decirle lo que era en realidad. Si la información de que tenía un Doppelganger en su interior llegaba a quien no debía, todo se podía ir por el sumidero.

Entonces, ¿por qué se lo revelaste a Tonks? —inquirió Érebo.

David intentó buscar una respuesta racional a aquella pregunta. Sin éxito. Se lo había revelado porque había tenido la necesidad de sacar de su pozo de culpabilidad a su maestra; porque necesitaba volver a ver a aquella auror alegre y patosa. Da igual lo que ocurriera en su vida, David siempre le estaría eternamente agradecido a Tonks por haberle enseñado a entender y dominar aquella parte de su ser. Se había ganado su confianza, su respeto y su cariño.

— Solo se que se llama Érebo y que esta hecho de magia. Vive conmigo, habla conmigo, me da consejos, me enfada... no se... es como una parte de mí. —Luna afirmó levemente con la cabeza, mientras intentaba adaptar lo que le estaba contando el metamorfomago a alguna de las criaturas que ella conocía.

— ¿Cuándo le conociste?

— En segundo.

— ¿Puedo hablar con él o ella? Por cierto, ¿es chico o chica? —David no pudo evitar sonreír al ver el interés puro y sincero de su amiga.

— Es chico. —respondió el metamorfomago.- Sobre lo de hablar con él... le voy a preguntar.

— Érebo, ¿quieres hablar con Luna?

¿Hablar con alguien que puede verme? —se preguntó Érebo retóricamente.— Evidentemente que sí.

— Muy bien. Te dejare salir, pero ya sabes lo que no debes decir. —le amenazó el metamorfomago.

No soy idiota.

David cerró los ojos, se retiró a un lado y permitió que Érebo tomara el control. Luna no pudo evitar soltar un exclamación ahogada al ver aquellos ojos de rojo sobre negro.

Hola, Luna. —dijo Érebo con su voz fría. La bruja dio un paso atrás, incomoda por lo que transmitía este animal.

— Hola. —respondió, intentando superar la sensación de miedo que emanaba de aquellos ojos.

— No tengas miedo, Luna. —dijo la voz de David. Finalmente la curiosidad innata de la Ravenclaw superó su miedo y la inquietud al escuchar dos voces diferentes surgiendo del mismo cuerpo, recuperó el espacio que había perdido y volvió a fijar su mirada en aquellos aros sangrientos.

— ¿Qué eres? —preguntó.

Soy magia dentro de David. Soy un acompañante. —respondió Érebo evasivamente. La mirada de desconfianza de Luna indicó a ambos que se había dado cuenta de que no le estaban contando toda la verdad.

— De acuerdo, guarda tus secretos, criatura. —replicó, pasando su mano por su pelo.— Es más interesante así. Y tranquilo, no diré a nadie que existes. Además, ¿quién me creería?

— Más gente de la que tu hayas imaginado, Luna. —pensó David.

Mi nombre es Érebo —se presentó el Doppelganger.— y tu debes ser Luna Lovegood, ¿me equivoco? —la bruja sonrió y afirmó con la cabeza.— ¿Cómo eres capaz de verme?

— Te asomas a los ojos de David y haces que sus ojos negros sean aún más oscuros. —contestó.— Lo que no se es como nadie se ha dado cuenta antes.

No todos tienen tus habilidades. —comentó Érebo.

— ¿Estás siendo amable? —preguntó David mentalmente, sorprendido por el comentario.

No, solo estoy constatando una realidad. —aclaró.— Para verme, Luna tiene que tener algo dentro de ella, alguna habilidad, una especie de visión más allá de la vista normal. No soy estúpido, David. Cuando me asomo tengo mucho cuidado; no quiero acabar como mis hermanos... y supongo que tu tampoco.

— Por supuesto que no, ¿quién querría? —replicó el metamorfomago, recordando las cúpulas cristalinas que encerraban a otros Doppelganger y sus fuentes en el Departamento de Misterios.

— ¿Tu sabes de alguna criatura que no se haya descubierto aún? —soltó Luna de repente.

Saliendo de su conversación mental con su fuente, Érebo hizo un repaso del núcleo de conocimientos compartidos que poseían todos los Doppelganger y sonrío. La bruja de la casa de las águilas vio el gesto y se inclinó hacia él como si así pudiera descubrir lo que el Doppelganger sabía.

Algo se. -contestó.

— ¿Y me lo dirás?

— Érebo, no engañes a Luna. —le advirtió David, presionando mentalmente al Doppelganger— No juegues con ella.

No lo voy a hacer; pero tengo que pensar en nosotros.

— Será en ti mismo.

Pero como te dije desde que desperté dentro de ti, somos uno. Yo no puedo ir a ninguna parte sin ti y tu me llevarás siempre en tu interior. Mi supervivencia depende de la tuya y viceversa.

— Ya... lo que tu digas. —replicó David, amargamente.— ¿Qué es lo que pretendes?

Asegurarme por completo que Luna no revelará nada.

— He dicho que no la hagas daño.

Y te prometo que no lo haré. Palabra de Doppelganger.

— ¡Oh! ¡Que tranquilo me dejas! -replicó David, derramando ironía.

Si, se de alguna criatura, Luna. —anunció Érebo, sin hacer caso al ultimo comentario de su fuente.— Te lo revelaré cuando la guerra acabe, ¿de acuerdo? —la bruja rubia ladeó su cabeza con gesto pensativo y sonrío.

— De acuerdo. -replicó la chica.— Tenemos un trato. Que no se te olvide, ¿eh?

Palabra de criatura. —prometió el Doppelganger, orgulloso de sus propias habilidades negociadoras. La verdad era que entre lo sabía de Luna a través de los libros, su pertenencia a la casa de las águilas y lo que había observado mediante David, era absolutamente consciente que si la tentaba con nuevos conocimientos aceptaría el trato. Érebo se retiró al interior de la mente de David y los ojos de este volvieron a la normalidad.

— David, ¿crees qué Érebo quería hablar conmigo alguna vez más? —preguntó antes de salir de clase, sorprendiendo una vez más al metamorfomago.


Comentarios.

Hola a todos. Un nuevo capitulo. Este sexto año parece que empieza lento pero se ira acelerando poco a poco. Recordad que David no va a estar en ninguna de las reuniones de Harry con Dumbledore o en el viaje turístico por la cueva del Horrocrux. No se que os parecerá que Luna descubra la existencia de Érebo, pero me pareció muy adecuada, ya que nuestra Ravenclaw favorita ha dado muestras de una percepción superior y diferente a la de cualquier otro mago o bruja. Os adelanto que, en el proximo capitulo, aparecera algo curioso, divertido y que espero que os guste. Os comunico que se llamara: ¿Flitwick Stark? Veamos quien es capaz de adivinar cual puede ser esa novedad. :)

Agradecer, dulce placer:

- A Ryhen y Vashyuu por su review.

- A sky por su review.

Espero que os guste. Un bratzo, xotug.