Capítulo 8. Las estupideces se pagan.
Eve y Daphne habían sufrido, habían estado presentes y habían repartido numerosas broncas; sin embargo, nunca antes habían visto un rapapolvo tan despiadado y tan acertado como el que había recibido David a manos de Jessica. Había sido una autentica obra de arte: breve, afilada como un cuchillo y, sobre todo, con una voz escalofriantemente calmada. Daphne le había asegurado a la Gryffindor que hasta Snape la hubiera envidiado.
Había pasado una semana desde ese momento y David aún seguía absolutamente subyugado; apenas hablaba más de lo necesario y no había sido capaz ni una sola vez de mirarle a la cara a Jessica durante más de dos segundos seguidos. El enfado de Jessica había bajado varios niveles de intensidad pero aún se notaban los rescoldos de su ira en su ceño fruncido.
Por motivos obvios, las clases entre los cuatro habían sido interrumpidas hasta que la situación se calmara. Jessica, Eve y Daphne, mientras David cumplía los quince días de restricción mágica que Madam Pomfrey le había impuesto como parte de su tratamiento de recuperación, podrían haber seguido practicando entre ellas pero habían tomado la decisión de no hacerlo. La enfermera le había enviado una nota a cada profesor explicándoles que David solo tenía permitido realizar los hechizos más sencillos; esto significaba que el metamorfomago llevaba siete días de intenso estudio teórico. McGonagall, Flitwick y especialmente Snape se habían asegurado de cargarle con cuantiosos deberes para intentar paliar la ausencia de aplicación practica. Además, David tenía que pasar por la enfermería por la mañana antes de la primera clase y tras la ultima lección de la tarde para someterse a un estricto chequeo. Para finalizar el cúmulo de malas noticias, la prohibición de someter al cuerpo a cualquier tipo de esfuerzo excesivo incluía también la parte física, por lo cual tenía absolutamente vetado participar en los entrenamientos de quidditch del equipo de Gryffindor. Madam Pomfrey había sido muy gráfica en su explicación de lo que le podía ocurrir al metamorfomago si no cumplía todas sus indicaciones.
—Me asegurare de que siga sus instrucciones al pie de la letra, Madam Pomfrey —afirmó Jessica atravesando con la mirada a David que, al segundo, se había encogido como si fuera una tortuga en su caparazón.
—Buenos días, David —saludó Jessica neutralmente a su novio, mostrando claramente que aún seguía enfadada por lo que había pasado.
—Buenos días, si… Jessica —respondió David con el corazón latiéndole a toda velocidad. Había estado apunto de llamarla sihaya y, desde que había ocurrido el suceso, Jessica se lo había prohibido, argumentando que no tenía ningún derecho a hacerlo. El metamorfomago no entendía la lógica que había detrás, pero no quería empeorar la situación.
—¿Has ido ya a ver a Madam Pomfrey?
—Aún no —admitió—. Según sus instrucciones, debo desayunar antes de tomar la poción.
—Muy bien —Jessica se sentó en la mesa de Gryffindor, dejando tres asientos entre ella y David. Este gesto provocó que una leve sonrisa surgiera en el rostro del adolescente; tal y como le había dicho Neville, parecía que el numero de asientos de separación entre él y Jessica indicaba el nivel de enfado de la chica.
David se levantó de la mesa y, silenciosamente, salió del Gran Comedor para dirigirse a la enfermería. Según lo que le había dicho Madam Pomfrey, ahora que empezaba la segunda semana de tratamiento, este era menos intenso. Seguía requiriendo dos tomas al día pero la poción era menos fuerte y provocaba menos efectos secundarios. Uno de los peores era una reducción de la capacidad de atención.
Ahora que había un cambio, esperaba que mejorara su capacidad de atención. Verdaderamente lo estaba pasando mal en las clases más complejas. Transformaciones y, especialmente la exigencia de Snape en Defensa contra las Artes Oscuras, le estaban costando más de un disgusto.
—Buenos días, Madam Pomfrey —saludó David tras llamar a la puerta de la enfermería.
—Hola, David —contestó la enfermera sonriéndole—. ¿Cómo te has despertado hoy?
—Con la misma sensación de niebla mental que durante toda la última semana —Poppy Pomfrey se inclinó sobre el adolescente y empezó a realizar las pruebas de cada mañana para comprobar como se desarrollaba la recuperación y la extensión de los efectos secundarios.
—No parece que haya ningún retraso en la evolución de tu magia y la niebla mental, como tú la llamas, es algo habitual cuando se consume este poción, ¿te está costando mucho seguir las clases?
—Transformaciones y Defensa están siendo una pequeña tortura —suspiró el metamorfomago—; como no puedo hacer magia, es una especie de bucle interminable de teoría y más teoría —la enfermera dejó escapar una pequeña risa al escuchar su tono de frustración.
—Conociéndote, no me sorprende. Bien, ahora que ha pasado la primera semana, voy a cambiarte el tratamiento tal y como te expliqué.
El metamorfomago vio con interés como Madam Pomfrey sacaba dos viales: uno, contenía la poción que había estado tomando hasta ahora y el segundo, más pequeño, que estaba relleno de una poción de color amarillo pálido que parecía menos densa que la primera.
—Tómatela —le indicó la enfermera, ofreciéndole el vial. David lo descorchó y tras ojearlo desconfiadamente, tal y como hacía con todas las pociones, se lo bebió de un golpe para no tener que sufrir lo que parecía a todas luces otro sabor horrible—. ¿Cómo te encuentras? —preguntó mirándole fijamente.
—No noto ninguna diferencia —respondió David mirándose las manos.
—Estupendo —replicó la enfermera con una sonrisa satisfecha. El metamorfomago alzó una ceja, en un gesto claro de interrogación—. Esta poción actúa de forma distinta a la anterior. Aquella generaba una gran carga de magia que se extiende rápidamente por todo el sistema. Es muy potente pero tiene el inconveniente de lo que tu llamas niebla mental.
—¿Y por qué no siento nada con esta?
—Este tratamiento funciona de otra manera. Es menos potente pero va repartiendo la magia en pequeñas dosis constantes a lo largo del día. Es por esto que no tiene el efecto secundario de la niebla mental.
—¿Eso quiere decir que ya puedo hacer magia de forma normal?
—No, David. Aún no —dijo negando con la cabeza—. Lo que si que quiero que hagas es que empieces a hacer pequeñas transformaciones. Tienes que empezar a fortalecer tu metamorfomagia a través de su uso. No te esfuerces demasiado. Empieza con las transformaciones con las que estés más habituado, aquellas que hayas hecho muchas veces. Tu interruptor sería una buena primera prueba —indicó Madam Pomfrey.
David cerró los ojos y se concentró en moldear su metamorfomagia. En condiciones normales, no requeriría concentrarse tan intensamente para una transformación que dominaba tan bien; sin embargo, por primera vez desde que había descubierto su rara habilidad, se sentía inseguro. Madam Pomfrey había asegurado que no tendría que haber ningún problema, que su agotamiento mágico había sido menos severo que el que sufrió en el Departamento de Misterios. Además, una vez que se había sobrepasado mientras practicaba para sus EXTASIS, había tratado a la propia Tonks siguiendo el mismo procedimiento. David era consciente de que la enfermera tenía razón; al fin y al cabo, ella la experta en este campo. Aún así, no era capaz de quitarse de la cabeza la sensación de que algo podía salir mal. Finalmente, visualizó aquellos ojos que siempre había amado y no tardo en notar el cambio en sus iris.
—¿Está todo bien? —preguntó el metamorfomago abriendo los ojos. Madam Pomfrey se inclinó sobre él y los examino al detalle.
—Regrésalos a su estado original —pidió. David, sintiéndose un poco más seguro, se limitó a fijar en su mente la imagen y dejó que su magia actuara.
—No he notado nada especial en mis resultados —concluyó la enfermera tras realizar una serie de análisis—. ¿Tú has notado algo extraño, David?
—Creo que tardan un poco más en llevarse a cabo —admitió expresando algo que había notado desde el inicio—. ¿Eso quiere decir algo? —el gesto afirmativo de Madam Pomfrey hizo que David se preocupara.
—Tranquilo, David —afirmó poniéndole una mano en el hombro de manera afectuosa—. Solo quiere decir que tu magia no se ha recuperado del todo, pero es algo que ya sabíamos. No te preocupes por ello.
—De acuerdo —concedió el metamorfomago algo reticente—. ¿Esto significa que ya puedo volver al quidditch?
—Lo siento pero no, David. Aún no estas totalmente recuperado como para poder afrontar algo tan… —el metamorfomago hubiera jurado que en el momento de pausa había escuchado a la enfermera soltar una palabra malsonante—. Siento que te pierdas el primer partido.
—A ver si así aprendes —se escuchó una voz conocida detrás de los dos. Madam Pomfrey levantó la cabeza y David se dio la vuelta para encarar a Jessica que les miraba desde la puerta con gesto serio—. ¿Está todo bien, Madam Pomfrey?
—No te preocupes, Jessica —contestó la enfermera acercándose a ella. Desde que McGonagall le había comentado que la chica tenía la intención de estudiar medimagia, habían tenido varias charlas acerca de la profesión y todo lo que implicaba. Madam Pomfrey se había quedado impresionada por la mirada de determinación que había mostrado cuando le había respondido que estaba preparada para cualquier cosa. Ese fuego en sus ojos era la autentica señal de una verdadera medimaga; de alguien que daría hasta la última gota de su magia por curar a los enfermos y heridos; ese tipo de persona que honraría el Juramento Hipocrático.
—¿Puedo llevármelo a clase? —preguntó la adolescente.
—Si, por supuesto —respondió la enfermera—. Recuerda lo que te he dicho. Practica tu metamorfomagia poco a poco y, si te ves con fuerzas, puedes intentar algún hechizo sencillo y que no requiera mucho esfuerzo. Jessica, tú que le conoces mejor que nadie, vigílale.
David pasó la semana bajo la atenta mirada de Jessica que estaba haciendo una trabajo de seguimiento y control digno del mejor espía. Aunque visiblemente parecía frustrado por esa actitud de "mama gallina" de su novia; en realidad, estaba muy agradecido de que Jessica hubiera decidido castigarle por su estupidez manteniéndole atado en corto aunque estuviera muy enfadada, en vez de alejarse de él.
Otra de las cosas por la que David estaba muy agradecido era el cambio de tratamiento. Al fin, volvía a poder concentrarse totalmente. Además, siempre bajo la atenta vigilancia de Jessica y Madam Pomfrey, comenzaba a recuperar el total control sobre su metamorfomagia. En el segundo día del nuevo tratamiento, ya podía transformar sin mayor problema el color de los ojos y la longitud y el color del pelo; el viernes por la mañana, justo antes de ir a Herbología, ya había recuperado casi totalmente la capacidad de transformarse. La enfermera le había indicado que aún tardaría una semana en poder realizar una transformación total tras acabar el tratamiento.
El primer partido de quidditch de la temporada había llegado. Gryffindor contra Slytherin. Y David, por su maldita cabeza, no podía demostrar en el campo porqué era digno sucesor de los legendarios gemelos Weasley. Si, Fred y George eran una leyenda en Hogwarts por múltiples motivos: sus bromas, sus múltiples productos con los que saltarse clases y hacer surgir risas y, sobre todo, la frase que quedaría para los anales de la historia: "Marcarse un Weasley".
El metamorfomago había estado en algún entrenamiento y, a regañadientes, había admitido internamente que su sustituto estaba a la altura del puesto. El rotundo chichón que la había provocado a Harry durante las pruebas y la mala leche que aplicaba a cada golpeo mostraba que Jimmy Peakes era una golpeador muy a tener en cuenta.
El resto de la casa roja y dorada estaba muy preocupada por la actuación de su guardián. Todo el colegio era consciente de la facilidad con la que la confianza de Ron se hundía y, obviamente, los Slytherin se habían preparado para sacar todo el rédito posible a esa situación. Sin embargo, David estaba muy tranquilo; Hermione le había recordado mientras desayunaba que Harry iba a realizar su engaño con el Félix Felicis.
—¿Qué pasa ahí? —preguntó Jessica señalando al trio que discutía entre ellos. David sonrió ampliamente al ver el poco disimulado gesto de Harry con el que había escondido el vial de Félix Felicis.
—Parece que están discutiendo algo sobre un engaño —apuntó Neville que era el que estaba más cerca de los tres.
—Pues sea lo que sea, no le ha sentado demasiado bien a Hermione —añadió Jessica mientras seguía con la mirada el caminar de la castaña.
—Bueno, voy a acompañar a Harry y a Ron al vestuario —comunicó David, pidiendo silencioso permiso con la mirada a Jessica. Tras la confirmación de esta con la cabeza, David se levantó de la mesa y, tras pegar un grito de aviso a ambos jugadores, corrió para alcanzarlos antes de que salieran del Gran Comedor.
—Jessica, no quiero que te lo tomes mal —dijo Neville con precaución— pero, ¿no crees que David ha aprendido la lección y deberías de soltarle ya la correa?
La adolescente se giró hacia su amigo y le miró fijamente con un gesto en el rostro que el heredero de los Longbottom no supo descifrar. Neville se mantuvo en silencio, esperando la respuesta de la chica de los ojos diferentes. Muchos dentro de Gryffindor sabían que Harry era una de las razones por las que Neville había empezado a salir de su caparazón; sin embargo, no tantos eran conscientes de las múltiples conversaciones que había compartido con Jessica. El propio Neville no sabía la causa pero le resultaba muy sencillo hablar con la chica de cualquier tema: el miedo en su infancia a ser un squib, su extrema timidez, su incapacidad para enfrentarse a su abuela… incluso los temas más banales como por qué Trevor huía cada vez que tenía oportunidad.
Jessica nunca lo sabría pero Neville se había estado planteando durante el verano si ella empezaba a gustarle. Aunque sus sentimientos derivaran finalmente en aquella dirección, era muy consciente de que no había posibilidad para él; cualquiera que estuviera cerca de David y Jessica más de dos minutos se daría cuenta de que ambos eran absolutamente devotos al otro. Por eso, le sorprendía tanto que la chica se comportara así con el metamorfomago.
—¿Jessica? —preguntó Neville, incómodo por la intensa mirada de su amiga.
—Se que ya se ha dado cuenta de lo que ha hecho —comentó sin dejar de mirarle fijamente—; sin embargo, quiero que entienda… que sepa que no puede tomarme por descontado; quiero que cada vez que se le pase por su cabeza hacer algo que pueda ser tan peligroso, recuerde que compartimos sufrimiento. Le quiero, Nev y no quiero perderle.
Neville bajó la mirada, abrasado por la intensidad con la que brillaban esos ojos y el sentimiento que se translucía en el tono de voz de su amiga. Era algo asfixiante.
—Hola, David —saludó Demelza al metamorfomago. En las pruebas de selección ambos jugadores habían conectado rápidamente. Ambos veían al otro como una forma de mejorar sus habilidades. Tal y como había comentado Harry tras el primer entrenamiento, la habilidad de Demelza para evitar las bludgers era algo sobrenatural y esto hacía que el metamorfomago disfrutara inmensamente intentando alcanzarla. En algunas ocasiones, Harry había tenido que intervenir para que las cosas no se descontrolaran y alguno acabara en la enfermería debido a los cada vez más alocados retos entre ellos—. Es una pena que no puedas jugar el partido de hoy. Me apetecía ver el resultado de nuestros entrenamientos —comentó observando como Ron y Harry se ponían las túnicas escarlatas —. ¿Cómo ves a Ron? —preguntó, consciente de que la actuación de Ron dependía en gran medida del nivel de confianza en el mismo que tuviera.
—¡Oh! —exclamó David mostrando una media sonrisa misteriosa— No creo que haya ningún problema.
—¿Sabes algo? —inquirió Demelza inclinándose sobre él.
—Puede que sí, puede que no —respondió el metamorfomago introduciendo sus manos en los bolsillos de su túnica. La cazadora se quedó mirando a David, intentando encontrar una forma de sonsacarle la información que sospechaba que sabía.
—Muy bien —concedió—. Mantén tus secretos en la sombra. Ya encontrare la forma de vengarme.
—Y yo retaliaré de la forma que considere más oportuna —dejó caer el metamorfomago, continuando con la broma.
—¿Habéis terminado de flirtear? —preguntó Ginny pasando un brazo por los hombros del metamorfomago.
—Yo no flirteo —replicó David frunciendo el gesto. Gin no se sorprendió por lo cortante de la respuesta. El metamorfomago no soportaba lo más mínimo que alguien dudara de su fidelidad hacia Jessica. Inmediatamente, exterminaba de raíz cualquier tipo de rumor en ese sentido.
—Si quien estuviera hablando con Demelza no fueras tú, tendría claro que estaría intentando ligar con ella —explicó la única componente restante del legendario trio de cazadoras escarlatas—; pero no, tú no flirteas con nadie —añadió con cariño.
—Bueno, os dejo, que me imagino que Harry tendrá que dar la charla del capitán —comentó David—. Demelza, Ginny, ¡machacadlos!
—Dalo por hecho —replicó Demelza chocando las manos con el metamorfomago.
David se dirigió hacia las gradas, buscando con la mirada a sus amigos. Si los partidos previos indicaban algo, el metamorfomago supuso que Eve y Daphne estarían sentadas entre sus compañeros de Slytherin. Siendo consciente de que no sería positivo ni para él, ni para ella que pasara a saludar, siguió caminando sin mirar a las gradas. Rápidamente alcanzó la zona ocupada por los aficionados de Gryffindor y se mezcló entre ellos, intentando llegar a donde estaban sentados Neville, Jessica y Hermione.
—Hola —saludó el metamorfomago.
—¿Cómo están todos en el vestuario? —preguntó Jessica.
—Yo los veo bien —respondió David, sentándose en el hueco que le habían reservado. Para su sorpresa, Jessica estaba situada en el sitio inmediatamente a su izquierda. No sabía si esto se debía a que Jessica seguía con su proceso de perdón o a que no había más asientos disponibles.
El rugido del archiconocido sombrero de león de Luna coincidió con el inicio de partido y el descubrimiento por parte de la mayoría de la grada del nuevo comentarista. Al parecer, Zacharias Smith se había hecho con el puesto, al terminar Lee Jordan su séptimo año.
—Comienza el partido. Como se puede observar, Ronald Weasley continua con su puesto de guardián a pesar de su más que mediocre actuación el año pasado. Ventajas que tiene ser el mejor amigo del capitán —David y toda la grada de Gryffindor se giraron hacia la parte de la tribuna donde estaba situado el comentarista y le atravesaron con la mirada.
Sin embargo, la zona de Slytherin recibió el comentario con sonoras carcajadas, silbidos y aplausos que parecieron envalentonar a Smith. Rápidamente, la actuación del nuevo comentarista se limitó a la crítica despiadada de ambos Weasley, haciendo bastante poco caso a lo que sucedía en el campo.
A la media hora de partido, Gryffindor ganaba sesenta a cero, Ron había hecho varias paradas espectaculares y Ginny había anotado cuatro de los seis goles; esto hizo que Smith dejara de centrarse en los Weasley y dirigiera su punto de mira hacia los dos nuevos golpeadores de los leones: Peakes y Coote.
—Como la parte distinguida y bien informada de nuestro publico sabrá —comentó con altivez, girándose hacia los Slytherin—, Peakes ha entrado en el equipo debido a la ausencia de Manning. Una estúpida ausencia, en mi opinión. ¿Qué mago con dos dedos de frente se dejaría llevar hasta caer enfermo por agotamiento mágico? —Una nueva tanda de risas y aplausos surgió de la grada verde.
—Jessica, ¿matar a Smith entraría en la categoría de exceso no aprobado por Pomfrey? —la referida, sabiendo perfectamente que era una pregunta retórica, ni siquiera se quitó los omniculares que llevaba puesto y, mucho menos, respondió.
—Otro error de Potter es la elección de Coote —continuó Smith—. No tiene la típica planta requerida para los golpeadores; suelen necesitar más musculo.
El partido se desarrollaba sin mayores problemas para Gryffindor que estaba vapuleando a Slytherin. La grada verde y plateada solo tenía cierto alivio gracias a los comentarios de Smith que, según iban avanzando los minutos, se iba convirtiendo en víctima de más planes de venganza en forma de bromas pesadas y molestias varias.
Finalmente, y tras una dura pelea entre Harper y Harry, el invicto buscador de Gryffindor atrapó la snitch dándole la victoria a Gryffindor. Medio estadio estalló en vítores y aplausos y, cuando todo el equipo rojo y dorado parecía dirigirse hacia un punto en el aire cerca de la grada de su casa para celebrar la victoria juntos, Ginny pareció haberse olvidado de frenar y se estampó estrepitosamente contra el estrado del comentarista, el cual quedó sepultado bajó los listones del mismo.
—Eso no entra en la categoría de exceso no aprobado, David —comentó Jessica con sorna cuando pudo parar de reírse.
La fiesta de celebración de la victoria estaba en pleno apogeo cuando David, Jessica y los dos nuevos golpeadores regresaron de saquear las cocinas de Hogwarts. Las decenas de cervezas de mantequilla y aperitivos variados que surgieron de los bolsillos de los cuatro chicos fueron recibidas con una ovación casi tan atronadora como la que había recibido Harry al atrapar la snitch.
—¿Vosotros que opináis? —preguntó Ginny a Jessica y David cuando se acercaron a ella, ofreciéndole una cerveza.
—¿Opinamos de qué? —replicó Jessica sin saber a que se refería su amiga.
—Allí —Ginny señaló hacia un rincón algo menos iluminado de la sala común. Jessica y David miraron en aquella dirección y lo que vieron les llenó de una mezcla de sorpresa y cierto grima.
Ron y Lavender Brown se abrazaban y besaban con mucha pasión y, según palabras de Jessica, una carencia grave de técnica. David, que sabía perfectamente la causa de esto, no pudo sonreír internamente al recordar como todo iba a estallar en poco tiempo.
—¿No te parece que Ron es un inmenso hipócrita? —le preguntó Jessica.
David iba a contestar que solo era algo puntual debido a la emoción de la victoria pero las miradas de Jessica y Ginny le hicieron tragarse su opinión y contestar rápidamente de forma afirmativa.
—Espero que Hermione no lo vea —comentó Jessica, consciente de lo que sentía su compañera de dormitorio por el pelirrojo.
—Tarde —dijo Ginny tras beber un largo trago de cerveza de mantequilla—. Lo ha visto y la cosa no ha terminado muy bien para Ron, ¿veis esos cortes en las manos?
—No —respondió David entrecerrando los ojos para intentar enfocar mejor.
—Yo sí. Son finos y parece que recientes —añadió Jessica que se había sacado los omniculares del bolsillo de su túnica para poder ver mejor— ¿Cómo se los ha hecho?
—No lo sé —admitió Ginny—. Pero he visto a Hermione huir; a los dos minutos a Ron y Lavender saliendo en la misma dirección; hace nada Harry ha regresado del mismo sitio y se ha ido zumbando al dormitorio con cara de pena y, finalmente, Ron ha vuelto con esas heridas.
—Si, es de suponer que Hermione haya sido la causante de las mismas —finalizó Jessica.
—Espero que este nivel de besuqueo descontrolado no dure mucho tiempo —suspiró Ginny mirando de soslayo a su hermano sin poder evitar poner una mueca de desagrado; de repente, el gesto de rostro cambio a uno de ligera preocupación.
—¿Qué ocurre, Ginny? —preguntó David.
—Cuándo Dean y yo nos besamos, ¿también somos así?
Comentarios.
Hola a todos. Por lo que parece, llevo un tiempo actualizando al ritmo de un capitulo al mes. Me parece que no es un tiempo excesivo pero es cierto que suelo actualizar a mayor ritmo. Como ya he dicho otras veces, dependerá mucho de cuanto tiempo pueda mantener a mi musa atada. XDDD
Este capitulo no tiene mayor importancia en la historia y se podría definir como capitulo de enlace entre el anterior y el siguiente donde ya descubriré quien será el nuevo/a profesor/a de David.
La verdad no tengo mucho mas que decir y como esta vez no hay nadie a quien agradecer, me despido.
Espero que os guste el capitulo. Un bratzo, xotug.
