Capítulo 9. No juegues con un paranoico.
McGonagall caminaba a buen paso con David pegado a sus talones. Aquella misma mañana, había sido avisada de que el metamorfomago podía recibir hoy su primera clase de control del Doppelganger. Desconocía cuál podía ser el método que iba a usar para que aprendiera a mantener la mente fría y las emociones controladas, pero estaba plenamente convencida de que no había persona más indicada para el cargo.
David no podía evitar sentirse nervioso mientras recorría el castillo en dirección al lugar donde hubiera quedado McGonagall con su futuro maestro o maestra. La verdad era que David no sabía cómo iba a afrontar esta situación. Le había explicado su necesidad a la estricta profesora de Transformaciones por dos razones: una, ella era una de las pocas personas que conocía la existencia de Érebo y dos, tenía una gran confianza en ella. Muchas personas le hubieran aconsejado que debería de haber acudido a Dumbledore; sin embargo, David era más consciente que nadie de la querencia que tenía el anciano director a meterse en su papel de maestro de marionetas cuando algo escapaba a su control. Y si había alguien dentro del castillo que era una pieza inesperada dentro del tablero mental sobre el que jugaba Dumbledore, era David. Siempre había estado alrededor de todo lo que había ocurrido con Harry y era evidente que Dumbledore sospechaba de el; al fin y al cabo, había intentando acceder a su mente mientras estaba convaleciente. Que le expulsara de allí solo podía haber incrementado sus dudas.
El metamorfomago era consciente de que Dumbledore sabía lo de sus nuevas clases pero contaba con que McGonagall no hubiera sido demasiado específica y con que el director estuviera ocupado con las clases con Harry y su búsqueda de los Horrocruxes.
—Hemos llegado, señor Manning —comentó McGonagall deteniéndose delante de una de las múltiples clases sin utilizar que llenaban el castillo. Estaban en la quinta planta, justo enfrente de la habitación donde se daba la clase de Runas Antiguas— Llame a la puerta —le indicó la profesora.
David alzó la ceja, sorprendido por esto, pero llamó a puerta con un par de golpes secos.
—Adelante —replicó una voz áspera y cortante que David identificó inmediatamente.
El metamorfomago abrió la puerta con su mano izquierda mientras giraba su muñeca derecha para hacer saltar su varita de la funda y así poder apuntar a quien estaba dentro de la habitación. Al encontrarse con una varita apuntándole entre los ojos, David mostró una sonrisa torva y miró fijamente a aquellos ojos extraños. Uno, pequeño y marrón que le miraba fijamente y otro, azul eléctrico que estaba enfocado en la profesora McGonagall.
—¡Señor Manning! ¡Moody! ¡¿Se puede saber qué están haciendo?! ¡Bajen las varitas inmediatamente! —exclamó indignada por la situación.
—¿Por qué mandó a Nymphadora Tonks a San Mungo durante una semana en su primer año como auror? —preguntó David.
La siniestra sonrisa de Moody le indicó a David que estaba complacido con su forma de actuar.
—Así que Tonks te ha contado esa historia, Manning —replicó Moody con ambos ojos mirando al metamorfomago.
—No me venga con historias y conteste —exigió David sin contemplaciones.
—Entró a mi despacho mientras estaba durmiendo y me despertó —contestó el ex-auror. McGonagall, que parecía haber despertado de la impresión de ver a ambos hombres apuntarse con las varitas, resoplo al escuchar la respuesta de Moody.
—Es correcto —confirmó David bajando la varita.
—Muy bien —dijo McGonagall intentando recuperar el mando de la situación—. Ahora que se ha terminado…
—Aún no se ha terminado nada —interrumpió Moody que aún seguía apuntando a David.
—¡Alastor, baje la varita! —restalló la profesora de Transformaciones indignada— El señor Manning no es un impostor.
—¿Esto le vale como prueba, Ojoloco? —inquirió David mientras se transformaba por segunda vez en su vida en la venerable subdirectora de Hogwarts.
El ex-auror soltó un carcajada rota al ver el rostro de indignación de Minerva y, finalmente, bajó la varita.
—Veo que Tonks no exageraba nada cuando me comentó que tenias más talento que ella como metamorfomago —David resopló con la voz severa de McGonagall al escuchar el comentario y regresó a su forma original.
No estaba nada de acuerdo con esa impresión y había sido muy insistente cuando discutía sobre este tema en concreto con su maestra. Era evidente que su metamorfomagia no estaba tan dominada por sus sentimientos y tenía la teoría de que esto se debía a la presencia de Érebo y la conexión tan fuerte con el Doppelganger; e incluso puede que, en un futuro, tuviera más capacidad para mantener durante más tiempo transformaciones más complejas; pero era muy consciente de que jamás podría conseguir el nivel de detalle en las transformaciones que alcanzaba Tonks. No sabía porqué pero carecía de esa capacidad. En una ocasión, en Grimmauld Place, Tonks se había transformado con tal precisión en Jessica que David estaba seguro que habría engañado a cualquier persona que no la conociera como él o sus padres.
—También me comentó que no estabas de acuerdo con esto.
—No le creía tan hablador, Ojoloco —replicó David haciendo surgir otra sonrisa torva en el rostro del ex-auror—. Y pensar que estábamos aquí para que me ayudara a controlar lo que vive en mi interior —añadió apuntándose con un dedo en la sien.
—Muy bien, Manning —dijo Ojoloco acercándose a él de forma depredadora—. Puede dejarlo bajo mi vigilancia, Minerva. Ya me encargo yo.
McGonagall miró alternativamente a ambos hombres, preguntándose si, tras las clases, el señor Manning odiaría o se haría amigo de Alastor. El ex-auror provocaba esa polarización en todos sus alumnos.
—Tanto Minerva como Albus —al ex-auror no se le escapó el endurecimiento del rostro del metamorfomago cuando pronunció el nombre del director— me han informado de tu situación.
—¿Dumbledore le ha informado realmente o solo le ha dicho lo que el quiere que sepas? —interrumpió sarcásticamente.
—Por lo que veo, eres uno de los pocos que se ha dado cuenta de que Albus tiene la costumbre de ser excesivamente reservado con la información —comentó Ojoloco con satisfacción.
—Le gusta mucho ser el maestro de marionetas —replicó David usando por primera vez el apodo que había decidido que mejor describía al director. Moody miró con ambos ojos centrados al metamorfomago y volvió a mostrar su sonrisa siniestra.
—Entiendo —concluyó Ojoloco—. Ya que no confías en Dumbledore cuéntame todo lo que sepas sobre el Doppelganger.
David comenzó a relatar con todo detalle la historia del Doppelganger y la relación de montaña rusa entre ellos. Según iba desarrollándose el relato, Moody comenzó a vislumbrar posibles ejercicios para el metamorfomago. Por lo que escuchaba, su trabajo iba a ser más fácil de lo que había creído en un inicio ya que el propio David, sin saber exactamente cómo o por qué lo había hecho, había dado algún paso hacia el control que debía alcanzar.
—Eso es todo —finalizó el metamorfomago, sorprendido de lo cansado que se sentía. Parecía ser que describir la relación entre eél y Érebo era psicológicamente agotador; en cierta medida, estaba desnudando una porción de si mismo.
—Muy bien.
—¿Falta de información? —Moody soltó un gruñido que David interpretó como un sí— No es que me sorprenda.
—Quiero hablar con el Doppelganger —dejó caer el auror.
—No se si él querrá hablar con usted —le avisó David—. No es que ahora mismo estemos en muy buena sintonía.
—No importa —replicó Moody sacando su varita—. Manning, voy a entrar en tu mente. Baja tus defensas.
—Parece que Dumbledore si le ha contado que nadie puede entrar en mi cabeza —Moody gruñó una vez más— De acuerdo, Ojoloco.
—¡Legeremens!
Alastor Moody se vio introducido a un extraño paisaje que, sin embargo, le hacía sentirse a gusto. Una inmensa llanura de hierba color gris se alzaba bajo un cielo nublado que, en los escasos huecos que dejaba la manta de nubes, permitía ver el sol típico del atardecer. El ex-auror se agachó y arrancó una brizna de hierba para examinarla más de cerca. Era una representación perfecta de cualquier campo de hierba como, por ejemplo, el que formaba parte de los terrenos de Hogwarts: olía igual, la rugosidad era la misma e incluso sabía igual. La coloración era el único punto discordante.
Caminó hasta quedar a la sombra de la construcción, sacó su varita situándola a un par de centímetros sobre la muralla y comenzó a analizarla, intentando sentir la magia que formaba parte de ella. Lo que descubrió fue bastante extraño. La estructura de la muralla estaba formado por hebras mágicas entrelazadas de tal forma que parecían capaces de repeler cualquier tipo de intrusión. Ojoloco infiltró algo de su propia magia para ver como funcionaba la muralla ante las intrusiones y confirmó la teoría que había supuesto tras el primer análisis. La estructura de las hebras había difuminado la magia externa por toda la muralla de tal forma que cada hebra absorbía una infinitésima parte del ataque mágico y evitaba cual rotura por sobrecarga. Esta forma de dispersión hacía que cualquier tipo de ataque fuera inútil. No importaba cuán poderoso fuera. Si Moody hubiera conocido algo de mineralogía, se habría dado cuenta de que la estructura de la muralla era idéntica a la del diamante.
Sin embargo, esto no era lo extraño. Era la magia que formaba cada hebra lo que sorprendió a Moody. Como jefe de aurores era su obligación examinar la mente de cada uno de sus subordinados antes de aprobar su acceso al cuerpo y nunca había sentido una magia similar. Ojoloco desconocía que aquella magia provenía de un universo paralelo.
—¿Ha terminado de ver mi muralla, Moody? —preguntó la representación mental de David. Moody se dio la vuelta con la varita extendida, apuntando hacia donde había escuchado la voz.
—¿Qué es esto, Manning? —preguntó sin bajar la varita.
Ojoloco observó con reticencia a esta nueva versión del metamorfomago. Era idéntica al real, salvo por los ojos. Ambos eran extraños: el izquierdo, de iris verde y azul; el derecho, el más perturbador, era absolutamente negro salvo por el anillo rojo sangre del iris.
—Baje la varita, Alastor —replicó la imagen—. Estamos en mi mente y aquí nadie puede asaltarle.
—Salvo tú —apuntó el ex-auror.
—¿De qué me serviría asaltarle, Moody? —preguntó— Le necesito para dominar a Érebo. No soy estúpido.
—¿Por qué se llama Érebo?
—Baja la varita, Moody —repitió David. El ex-auror le hizo caso a regañadientes—. Gracias. Respondiendo a tu pregunta. Un Doppelganger es magia pura y, al parecer, no tiene nombre. El suyo se lo sugerí yo y lo aceptó. Según parece le gusta lo clásico —David se calló durante unos segundos—. La verdad es que tiene sentido. La memoria racial que posee un Doppelganger podría explicar su afinidad por lo antiguo.
—¿Memoria racial?
—¡Ah, cierto! Eso se me ha olvidado contárselo —respondió el metamorfomago llevándose una mirada de reproche por parte del ex-auror—. Parece ser que todo Doppelganger tiene acceso a un depósito donde están acumuladas todas las memorias de cada uno de los Doppelgangers que han existido.
—¿Y eso no era suficientemente importante? —gruñó Moody.
—Si, es posible —admitió David sin parecer preocupado.
Ojoloco se separó de la muralla, habiendo olvidado lo extraño de la magia que formaba la misma, y comenzó a caminar alrededor de ella con paso lento, examinando con detenimiento cada detalle de lo que aparecía ante sus ojos.
—¿Qué está buscando, Ojoloco?
—Al Doppelganger —David no pudo evitar reírse al comprobar lo absurdo de la situación. El gran Alastor Moody estaba buscando a un Doppelganger como si éste fuera una moneda caída en el suelo.
—Ahí no va a encontrar a Érebo —le indicó aún riéndose ligeramente. Ojoloco se dio la vuelta, asesinando con la mirada al metamorfomago.
—¿Sabes dónde está?
—Evidentemente —contestó con gesto de incredulidad ante la pregunta—. Esta es mi mente y sé donde está todo; que no pueda controlar a Érebo no quiere decir que esté fuera de mi alcance.
—¿Cómo llegamos a él?
—Al igual que el es la parte oscura de mí, su lugar de reposo se encuentra en la parte más oscura de mi mente. Hay que caminar hacia donde el atardecer se encuentra con la noche.
Sin más intercambio de palabras, ambos hombres se dirigieron dirección al final del atardecer. El absoluto silencio que les cubría a ambos mientras caminaban era una muestra clara de la importancia de aquella situación. La mente de David se adaptaba a ello.
Moody no tardó en darse cuenta de lo precisa que había sido la descripción de David acerca del lugar donde residía el Doppelganger. La noche casi era completa cuando Moody vio como el metamorfomago levantaba la mano en un gesto claro de parada. El ex-auror sacó su varita y generó tres esferas de luz que orbitaron a su alrededor, iluminando un radio de diez metros.
Un par de aros rojos surgieron unos dos metros más allá del limite de la zona iluminada y se acercaron lentamente. Ojoloco apuntó su varita hacia el espacio entre los dos aros iluminados con una maldición preparada para ser disparada.
—Buenas tardes, David —saludó el Doppelganger a su fuente.
Moody observó con detenimiento lo que acababa de entrar en la zona de luz, situándose frente al metamorfomago. Era imposible negar que aquella figura humana completamente negra era idéntica a David. Otro misterio que se reveló fue la procedencia del ojo perturbador de la imagen mental del metamorfomago y que significaban ambos ojos. Eran un equilibrio. El rojo representaba al Doppelganger y el verde-azul a Jessica. El ying y el yang. Luz y oscuridad.
—Hola, Érebo —respondió el metamorfomago, atento a la posible reacción del Doppelganger hacia la nueva presencia junto a él.
—Y usted no necesita presentación. —comentó Érebo acercándose a Moody. En cuanto el Doppelganger dio un paso hacia el ex-auror, las luces se acercaron y rotaron a pocos centímetros de Moody, creando claramente una barrera separadora. Érebo levantó una ceja y siguió con la vista los giros de las esferas, sin saber que podía pasar si intentaba cruzar aquella línea— Con razón te llaman Ojoloco —espetó.
—Érebo, ¿verdad? —el Doppelganger afirmó ligeramente y dio un paso atrás ampliando la zona de separación entre ellos— Hay que reconocer que eres un fenómeno interesante. Apenas hay información sobre vosotros. Solo he podido confirmar por mi cuenta que sois reales.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Érebo.
—¡Por favor! ¡No me trates como a un estúpido, Doppelganger! A no ser que David me haya engañado, sé que eres consciente de todo lo que ocurre en la vida de tu fuente.
—Muy bien —sonrió el Doppelganger complacido por el cariz de la situación—. Serás consciente de que no voy a permitirlo.
—Prueba a detenerme —le retó Moody mirándole fijamente.
El Doppelganger cerró una de sus manos en un puño y las sombras comenzaron a arremolinarse alrededor del mismo. Moody observó con tranquilidad todo el proceso sin mover un solo músculo, incluso, para sorpresa de David, hizo desaparecer las luces que le rodeaban.
—Ojoloco, creo que no sabe lo que significa…
—¡Silencio, Manning! —restalló Moody sin dejar de observar a la oscura entidad que mostraba una sonrisa de suficiencia— ¡No hagas nada a no ser que te lo ordene! —la contundencia de la orden golpeó a David como si le hubieran dado un martillazo en la cabeza
—Eres un arrogante, Ojoloco —comentó Érebo—. Podrías haberme detenido; podrías haberle pedido ayuda a David; pero ahora ya es tarde y sufrirás por tu inconsciencia.
Las sombras se extendieron en cientos de hebras que avanzaron hacia el ex-auror con la firme intención de devorarlo. Sin embargo, cuando todo parecía que iba a ser tragado por la oscuridad, las hebras pasaron alrededor de él, esquivando su forma.
—¿Qué está pasando? —masculló Érebo entre dientes, incrementando la cantidad de oscuridad descargada a través de las hebras.
David observó incrédulo como la oscuridad seguía avanzando hacia el ex-auror pero esquivándole cuando iban a contactar con él. El metamorfomago no tardó en darse cuenta que Érebo no podía mantener este ritmo de descarga de poder tanto tiempo y se concentró en la única energía que sabía que podía amarrar al Doppelganger: su amor por Jessica.
—¡He dicho que no hagas nada! —restalló la voz de Moody— ¡Petrificus totalus! —David notó como su cuerpo se petrificaba y caía al suelo como una pesada tabla de madera.
Moody regresó su varita a su funda en la muñeca y volvió a mirar a Érebo que seguía descargando oscuridad.
—¿Puedes terminar ya? —dijo Moody con voz de molestia—. Tengo que empezar las clases con tu fuente —las hebras dejaron de surgir del puño del Doppelganger y murieron.
Érebo cayó de rodillas al suelo, jadeando ostensiblemente. Nunca había usado tanta magia de una sola vez. ¿Cómo era posible que no le hubiera afectado al loco ex-auror? ¿Qué podría ser eso que le había protegido? Érebo no había visto ninguna barrera o escudo mágico; en realidad, Moody solo había utilizado su varita para petrificar a David.
—¿Cómo? —preguntó entrecortadamente.
—Serás oscuridad pura, serás poderoso, pero eres un adolescente… como él —Érebo no necesitó el gesto del ex-auror para saber que se refería a David—. Eres impulsivo, cabezón, arrogante, crees que lo sabes todo y que el resto del mundo está equivocado. No sabes utilizar todo tu poder, no sabes manejarlo y, sobre todo, no sabes como enfrentarte a alguien que ya conoce lo que es la oscuridad. Yo ya he oído el canto de sirena de la magia oscura, me he asomado al precipicio y he resistido. La magia oscura es mi herramienta. Yo la domino y no ella a mí. Regresa a la sombra, Doppelganger. Regresa y no me molestes más. No te entrometas en mis asuntos o me aseguraré de encerrarte de tal forma que suplicaras a David ser su esclavo para que te libere de mi prisión.
Alastor Moody dio la espalda al Doppelganger y, con un giro de varita, despetrificó al metamorfomago que no era capaz de creer lo que acababa de presenciar. Se había enfrentado a todo el poder de Érebo y lo había derrotado sin levantar un dedo.
—¿Cómo…
—Ahora no —exclamó autoritariamente—. Salgamos de aquí.
David, solo medio despierto del asombro, hizo un gesto con la mano y creó un portal luminoso a través del cual se podía ver la clase donde estaban.
—¡Espera un momento, Moody! —exclamó el Doppelganger. El ex-auror se dio la vuelta con la varita preparada.
—¿Qué demonios pasa, Doppelganger? —gruñó— ¿Es qué acaso quieres que cumpla mi amenaza?
—Tu has tenido un Doppelganger propio, ¿verdad? Por eso te has resistido a mí.
Sin mediar palabra, unas cadenas grises surgieron la varita de Moody y clavaron al Doppelganger al suelo, estirado como si fuera hacer ángeles de nieve y sin poder moverse ni un centímetro. Parecía que la gravedad se hubiera elevado cien veces de golpe.
—Solo te lo repetiré una vez más, Doppelganger —susurró amenazante—. No te metas en mis asuntos. Me da igual lo que hagas el resto del tiempo; sin embargo, ni se te ocurra estar presente cuando le esté dando clases a David, ni intentes examinar su mente para aprender lo que le estoy enseñando, ¿lo he dejado absolutamente claro?
—Responde a mi pregunta —ordenó Érebo. David vio con cierta inquietud como Moody miraba una ultima vez al Doppelganger y, antes de desaparecer por el portal, sonreía maliciosamente.
David abrió los ojos y controló llevándose los brazos al estomago un amago de arcada; además, el dolor de cabeza le torturaba. Por lo visto, incluso la Legeremancia más leve provocaba efectos secundarios aunque el receptor del análisis mental no opusiera resistencia. El metamorfomago agradecía que sus barreras mentales fueran impenetrables; no se podía imaginar el dolor que provocaría un ataque mental exitoso que superara sus defensas.
—Ya te acostumbrarás —comentó Moody. El ojo bueno le miraba fijamente, mientras el mágico giraba a toda velocidad analizando sus alrededores—. Te lo aseguro.
—¿Quiere decir qué me aplicará Legeremancia? —preguntó David abiertamente reticente a la idea.
—No hay otra manera de comprobar tus progresos. ¿Algún problema?
—Si no hay alternativa —concedió el metamorfomago, intentando mostrar aceptación en vez de la preocupación que sentía por la futura invasión continuada de su mente.
El metamorfomago era consciente de que Moody no podía entrar en el interior de su Santuario y tenía la firme creencia de que el ex-auror no intentaría nada raro. Sin embargo, no podía quitarse de la cabeza la sensación de que algo podía salir mal; que Moody podría descubrir algo que no debería. Al fin y al cabo, la estructura y el funcionamiento de la mente era uno de los grandes misterios que quedaban por resolver, tanto en el mundo muggle como en el mágico.
—Por suerte, la situación no esta tan mal como creía. He podido comprobar que Érebo no esta tan descontrolado como me habíais hecho creer. No se si consciente o inconscientemente, ya has dado pasos para controlarlo.
—¿Cuál es el plan? ¿Cómo lo hacemos?
—Ahora mismo eso no es lo importante —replicó Moody, cuyo ojo mágico no dejaba de girar, pendiente de todo y todos los que pudieran acercarse a donde ellos estaban—. No, lo que tienes que tener en mente es el objetivo. Tu objetivo es dominar tus emociones.
—¿Así es cómo lo has hecho dentro? —preguntó David señalándose la cabeza.
—Sí —respondió el ex-auror.
—¿Tu también tienes un Doppelganger? —soltó el metamorfomago.
—Veo que tu también te has creído eso —replicó Moody mostrando una sonrisa de satisfacción o eso creía David. Era difícil saber si tus suposiciones sobre el tipo de sonrisa del ex-auror eran correctas, cuando estas parecían todas iguales por culpa de las cicatrices—. Sí, se nota que Érebo es igual que tú. Ambos sois aún muy inocentes —el ojo mágico dejó de rodar y se centró en el metamorfomago—. Escúchame atentamente, Manning. Tu oscuridad no es la única que existe. Todo el mundo tiene su parte. La tuya es la más evidente y la más peligrosa. Sin embargo, que sea tan evidente hace que pueda ser más fácilmente controlable.
—¿Más fácil?
—Si, más fácil. La relación entre vosotros dos se basa en los sentimientos. Cuanto menos control tengas sobre ti mismo, mayor dominio tendrá Érebo. Eso es lo que vas a aprender. Te voy a enseñar a dominar tus emociones y tus pasiones. Al final del entrenamiento podrás elegir cuándo y en qué grado dejarás que fluyan.
—Si los domina, ¿por qué siempre parece enfadado, Ojoloco?
—Buena pregunta —respondió Moody satisfecho—. Si, es cierto que puedo dominar los sentimientos pero es un estado mental que requiere una concentración suprema y que agota mucho; no es algo que pueda ser mantenido constantemente. Siempre parezco enfadado porque es la mejor forma de mantenerse alerta —explicó.
David no pudo evitar sonreír. Alastor Moody sería un excelente auror y tenía pinta de ser un profesor duro pero con el que podías aprender muchas cosas; pero se había ganado la fama de excéntrico, paranoico y el apodo "Ojoloco" a pulso.
—No vamos a empezar hoy con el entrenamiento. Después de la Legeremancia, no debes de tener mucha capacidad de concentración para ello. Sin embargo, si puedes ir avanzando con tu cuenta. El primer paso es conseguir el denominado "nivel ausente". En este nivel, no piensas y te dejas llevar por lo que ocurra a tu alrededor. Cuando perfecciones este estado, serás una tabula rasa donde estarás abierto a todo tu entorno sin concentrarte en nada en concreto. ¿Alguna pregunta?
El metamorfomago tardó en procesar que era su turno de hablar. Lo que acaba de salir de la boca de Moody era tan impropio de él. Sonaba demasiado etéreo para alguien que tenía la fama de ser tan tosco y brutal. Un gruñido que si formaba parte de la imagen clásica del ex-auror despertó a David de su asombro.
—¿Cómo se consigue eso?
—Meditación. Cada noche, antes de irte a dormir, debes meditar hasta que no pienses en nada.
—¿Algún consejo, señor?
—No me llames señor ni profesor. Moody u Ojoloco es suficiente. —replicó volviendo a su estado gruñón—. Controla tu respiración mientras estés meditando. Inspira por la nariz y espira por la boca a intervalos regulares. Intenta que sea una acción automática, que no tengas que pensar para ponerla en marcha, ¿entendido?
Comentarios.
Hola a todos. Aquí vemos quién va a ser el nuevo profesor de David. No se que os parecerá la elección de Moody pero yo creo que no hay persona mejor para ello. Tiene experiencia de sobra frente a todo el espectro de magia oscura y conoce a David y sus circunstancias dentro de las limitaciones de conocimiento que tienen Dumbledore y McGonagall sobre el metamorfomago. Pasemos a agradecimientos y a responder un review de un invitado.
Respuesta a Luis Miguel: Lo primero, gracias por el review y, como ya has visto, has acertado en tu suposición. :)
- A karlyta tonks por seguir y poner en favoritos este fic.
- A Ryhen y Vaishyuu por su review del capitulo 7. Se me paso ponerlo en el capitulo anterior. Lo siento, chicos.
- A LauraNSPJHP por poner en favoritos "777.777 galeones".
- A BoaSanAmorsito por poner en favoritos "Hartazgo".
- A sheinapotter por seguir y poner en favoritos "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad".
- A The DarckAngel por poner en favoritos "Los Invisibles".
- A Asyria Dragneel por seguir y poner en favoritos "Los invisibles".
- A Lunnym por seguir y poner en favoritos "Los Invisibles".
Espero que os guste. Un bratzo, xotug.
