DISCLAIMER: Naruto no me pertenece.

ADVERTENCIA: Muerte de personajes/ Leve OoC/ Universo alterno/Lemon.

SUMARY: "En este laberinto de la vida donde tanto domina la maldad, todo tiene su precio estipulado: el amor, el parentesco y la amistad" Anónimo; como los protagonistas de esta historia, porque a pesar de sus nombres de ficción, casi todo lo contado, está basado en la vida real.

Espero que lo disfruten.


El precio a pagar

Capítulo 2: Una única vez

Ni siquiera el creciente martilleo de sus nervios le impidió a Sakura admirar por vez primera la sofisticada arquitectura del Hotel Mangetsu. El restaurante se le había antojado un lugar casi irreal; de Cuento de Hadas. Pero estaba muy lejos de asemejarse a la majestuosidad del extenso vestíbulo con sus pisos ajedrezados, grandes mesones de mármol pulido y su alto techo combado disparando luces de colores a través de una gigante araña con prismas de cristal. Ella se hubiera quedado allí, embelesada por tanta exquisitez, si Neji, el desconocido con el que tendría sexo esa noche, no la hubiese conducido hacia el ascensor.

Sakura cerró los ojos para contener un escalofrío que el simple roce de la mano de Neji contra su espalda desnuda le causó. Sin embargo, al sentir una ola de calor subir hasta su rostro, fue consciente de que otra vez estaba ruborizada. Había pasado la mayor parte de la noche entre ataques de espasmos y rubores ridículos cada vez que él hacía o decía algo que sus anticuados nervios no podían sortear. Si seguía así, Sakura temía, no sería capaz de llegar hasta el final. Sacudió la cabeza enumerando las razones por las que estaba haciendo esto y cuando volvió a enfocar la vista ya estaban dentro del ascensor. En el juego de brillantes botones que registraban hasta el décimo quinto piso, ella vio a Neji marcar el número siete y de inmediato el aparato empezó el silencioso ascenso mientras él se recostaba sobre las molduras de roble y bronce con total desenfado. Sakura no lo estaba observando fijamente, pero al no ser capaz de dejar de mirarlo, podía captar cada uno de sus movimientos por las paredes espejadas del elevador. Él le devolvió una mirada sonreída a través de su reflejo. Sakura, maniatando el estrés en el fondo de su pecho, hizo lo mismo; la sonrisa le llevó un poco de esfuerzo, pero con suerte aparentó ser genuina.

¿Hace cuánto que haces esto? Le había preguntado él hacía apenas unos cuantos minutos. Sakura, en respuesta, se había atascado con el aire en su garganta y si él no se hubiese dado cuenta de lo mal que estaba ella llevando la situación, tal vez no habría tenido la capacidad psíquica para continuar y ahora mismo estaría de camino a casa. La idea, sin embargo, no le pareció tan mala. En otro momento de debilidad, Sakura añoró el incondicional cobijo de su madre y la compañía candorosa de su hija. Su hija. Se suponía que por ella es que estaba haciendo todo eso. Sarada era el motivo por el que, semanas atrás, Sakura había entrado clandestinamente a una página de citas por internet para ofrecer sus servicios sexuales a un precio escandaloso. Se había creado un perfil con datos falsos, por su puesto, y luego de colgar varias fotos con poses sugestivas en las que nunca llegó a mostrar el rostro, había subastado su cuerpo al mejor postor. Tuvo varias ofertas antes de aceptar la de Neji; quien, como era obvio, también debió haber usado un seudónimo y en persona era mucho más atractivo de lo que ella se había figurado y bastante más parco de lo que se había mostrado en las pocas interacciones virtuales que tuvieron antes de este encuentro.

De hecho, cuando el mozo le indicó la mesa en la que la estaban esperando y ella vio a Neji ponerse de pie, casi retrocede confundida. A pesar de que el hombre correspondía a la descripción que él le había dado las contadas veces que chatearon por la web: la de un joven alto con la corpulencia de un guerrero griego, cubierto por una brillante y nívea tez y una cascada de cabellos castaños picoteándole los hombros, Sakura estaba preparada mentalmente para encontrarse en su lugar con un viejo decrepito que sí tuviera necesidad de ofrecer dinero a cambio de placer. Su sorpresa fue en aumento cuando, a medida que se acercaba a la mesa, el incuestionable atractivo de Neji se imponía a sus estúpidas y falsas expectativas. Neji Hyuga, como se presentó unos minutos después con una áspera voz firme, era el hombre más guapo que ella había visto en años. Aunque para ser justos, ella no había estado prestando atención antes de esa noche.

―Me gustaría saber qué es lo que pasa por tu cabeza cuando te refugias en el silencio ―dijo Neji con sus diáfanos ojos grises clavados en el reflejo de Sakura sobre el espejo.

Ah. Esa era otra cosa que la había fascinado. Durante años, Sakura había visto el mundo a través de los oscuros y distantes ojos de Sasuke, pero hoy se hallada cautivada por el intenso fulgor de esos enigmáticos ojos grises que la observaban como si ella fuera la única mujer que existiera en el mundo. Desde que se posaron en ella, Sakura había detectado indómita pasión en ellos, pero ahora mismo había encontrado algo distinto; algo que aunque no fue capaz de discernir, le remitió un enérgico corrientazo; estímulo suficiente para que las neuronas de su cuerpo se crisparan en respuesta.

―Estaba pensando que eras atractivo ―le contestó su lengua sin pedirle permiso.

El corazón le golpeó las costillas al darse cuenta de lo que acababa de decir. Ella sintió que con tal cantidad de información estaba otorgando demasiado poder en un hombre distinto a Sasuke, pero Neji acababa de mostrar un grado de verdadero interés por lo que ella pudiera sentir, así que Sakura se halló poseída por el extraño impulso de complacerlo con su honestidad; sumado, por supuesto, al hecho de que en minutos debería hacerlo también con su cuerpo.

―Me refiero… ―Quiso aclarar cuando notó la picardía diluírsele en una sonrisa socarrona―. Que no eres como te había imaginado.

―¿Es en lo que piensas cada vez que estás callada? ―La observó, empedernidamente―. Entonces, debo parecerte verdaderamente atractivo.

Cualquier cosa que Sakura se hubiera planteado decir se vio interrumpida cuando las puertas del ascensor se abrieron en el sexto piso. Una pareja de ancianos esperaba en el umbral. La sexagenaria, que sostenía un cachorro poodle en sus artríticos brazos y venía ataviada con un estrafalario sombrero de plumas violetas que combinaba con su flecado conjunto morado, paseó una ominosa mirada de Neji a Sakura, deteniéndose en el vestuario de esta última con una notoria reprobación en su semblante. El decoro de Sakura la hizo querer cubrirse, pero como no tenía nada además del endemoniado vestido rojo de Ino, contuvo la vergüenza a duras penas y desvió la vista a otra parte.

―¿Subiendo o bajando? ―preguntó el anciano con un engominado acento costeño al tiempo que sacaba un reluciente reloj de bolsillo y constataba la hora.

―Subiendo ―Neji repuso en tono seco.

El anciano dio un paso atrás mientras, en otro idioma, le susurraba algo a la mujer que llevaba al podenco. Guardando el reloj de oro en la solapa de su saco beige, sonrió a la joven pareja a manera de despedida antes de que las puertas del ascensor volvieran a juntarse. Neji y Sakura hicieron el resto del camino en silencio. Cuando desembarcaron en el séptimo piso, Neji tanteó la llave de la suite en la cerradura plana y abrió la puerta con el número 214 inscrito en una placa dorada en la parte superior de la misma. Sakura se quedó en el umbral con el corazón disparado en un sordo temor. Sin embargo, cuando Neji encendió la luz, ella se vio a sí misma entrando tras de él a la habitación, otra vez como si su cuerpo hubiera tomado la decisión sin consultarle; actuando por mero reflejo.

Se trataba de un reducido cuarto, completamente embaldosado y con azulejos abovedados en el techo. Las paredes de estuco estaban adornadas por algunos cuadros abstractos de distintos pintores de la corriente y las celosías que cubrían las ventanas parecían diseñadas en un material luminiscente para evitar la entrada indeseada de luz. Había pocos muebles, entre los que destacaba un mullido sofá de dos puestos tapizado en casimir de tono ocre y un par de sillas en rededor de una pequeña mesa de nogal. En una de las esquinas se alcanzaba a ver un alto mesón de madera que contenía varias botellas de diferentes clases de licor y una pirámide de vasos de vidrio dispuestos estéticamente en esa posición para suministrar la mayor cantidad de espacio a los ocupantes de la barra. Frente al mesón descansaba un juego de butacas de palo de rosa; el resto del menaje estaba constituido por una cascada de cortinas satinadas en rededor del cuarto. Sakura sintió un golpe de placidez en el estómago. No había una cama. En ninguna parte.

Ni siquiera sabía por qué eso la hacía sentir feliz. Si no tenía sexo con Neji esa noche, simplemente no obtendría el dinero que tanto necesitaba y ese no era un motivo de alegría. Además que siempre era posible hacerlo en el sillón. Mientras ella se debatía entre si debía o no deferir por la inexistencia de una cama, Neji encendió otra luz y corrió una ancha cortina de seda escarlata. Cuando lo hizo ella pudo advertir el resto de la habitación. No era pequeña en absoluto. Al otro lado de la cortina se alzaba una plataforma de concreto revestida con la misma baldosa y en el centro de esta, como respondiendo a las inquietudes no formuladas de Sakura, se alzaban una cama de dimensiones colosales.

Sakura tragó el nudo de su garganta al ver a Neji sacarse el saco y desanudarse la corbata tan resueltamente. Una ráfaga irracional de pánico la sacudió y ella se halló desandando el camino que había hecho hasta el momento. Reculó tropezando con una silla y allí se dejó caer, dándose cuenta de que sencillamente no tenía el valor para hacerlo. ¿Sería más fuerte el fantasma de Sasuke y su estúpido pudor que el incipiente temor por el porvenir de su hija? ¿Iban a poder más los años de sagrado luto, en los que Sakura no había mostrado ni la más mínima intención de rehacer su vida, que la posibilidad de darle a Sarada una nueva oportunidad? Se dio cuenta que tenía que elegir entre ser la esposa fiel de un hombre muerto o la madre abnegada de una niña enferma.

―¿Vienes? ―la llamó Neji, subiendo los escalones que comunicaban la estancia con la plataforma donde estaba la cama―. ¿O quieres un trago?

Ajeno totalmente a su dilema, Neji se sacó la camisa y se sentó en la cama desbordada por una mesnada de almohadones de raso, invitándola a unirse a él con una ardiente mirada llena de proporciones lujuriosas. Sakura no notó el rubor de sus mejillas ni el disparo de su pulso, porque estaba demasiado concentrada en aunar un poco de arrojo. Se levantó de la silla, pero sin haber decidido nada.

―Necesito ir al baño ―carraspeó, intentando ganar tiempo.

Neji le indicó con un gesto de la mano donde quedaba el baño y al no hallarlo en su campo de visión, Sakura entendió que estaba oculto detrás de una de las cortinas. Subió las escaleras, ahora sí, consciente de cada errático latido bajo la piel de su cuello y, a unos pocos metros de la cama, vislumbró la puerta del aseo al lado izquierdo de la plataforma; aturdidoramente cerca de Neji. Junto a la puerta, Sakura también pudo notar, una mesa de metal con ruedas, como las que se utilizan para transportar enseres quirúrgicos en los hospitales. Solo que en esta descansaba una bandeja de plata atiborrada de diversos objetos que nada tenían que ver con la medicina: un par de esposas de acero, un látigo de cuero negro, un vibrador, un envase de gel lubricante, algunas velas aromáticas, una caja de cerillos, un paquete de preservativos y un sobre de papel manila bastante abultado. Más allá de la mesa, anclado tanto a la plataforma como al techo, se encontraba un tubo de escaso grosor, que completaba el arsenal requerido para una desenfrenada faena de sexo. La mujer debió estar muy impresionada con lo que estaba viendo, porque no se dio cuenta de que Neji la tomó de la mano y tiró de ella hacía la cama hasta que se halló encajada entre sus piernas ligeramente separadas; él la rodeó con los brazos y acarició la parte de su espalda que el vestido dejaba descubierta, en un travieso recorrido hasta su cuello con una delicadeza que ella creyó imposible. Sintió la carne ponérsele de gallina a medida que él la tocaba. Neji ajustó el agarre sobre su nuca y la inclinó hacia él para besarla; fue entonces que ella reaccionó.

―En serio necesito ir al baño ―susurró en un tono más bien suplicante. Él la miró; sus hermosos ojos desconcertados y heridos a partes iguales. Entonces la soltó como si de repente su piel se hubiera convertido en hiedra venenosa.

―Ve ―le dijo, sonando más brusco de lo que pretendía.

Ella se escabulló al baño sin más dilaciones. Una vez adentró, colapsó sobre el retrete de cerámica cromada, convertida en un ovillo de temblores y sollozos contenidos. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para seguir torturándose. Desde allí escuchó el sonido amortiguado del toque de la puerta y los pasos de Neji descendiendo a la estancia. Después un murmullo de voces se dejó oír. Sakura usó toda su fuerza de voluntad en ciernes de poder levantarse; lo hizo finalmente con la ayuda del barandal de la mampara de vidrio. Se descalzó los pies y el frío del alicatado la estremeció ligeramente mientras se dirigía a la jofaina de plata. Una vez frente a ella, evitó captar su propia imagen en el espejo, abriendo el grifo como una autómata que solo sigue órdenes impuestas, incapaz de deliberar si lo que hace es correcto o incorrecto, en tanto no transgrediera las leyes de la robótica. Escuchó el agua correr por unos segundos con el mismo proceder mecánico para después, sosteniéndose el largo cabello rosado, enjuagarse la cara; las marcas violáceas alrededor de sus ojos y el matiz céreo sobre su piel salpicada de pecas se volvieron visibles. El agua pareció sacarla del trance, y cuando lo hizo, su reflejo en el espejo la encontró tomando una decisión. Después de todo, se dijo, solo sería una única vez.

Al salir del aseo, Neji estaba otra vez sentado en la cama, pero el contenido de la mesilla de ruedas estaba cubierto con una toalla blanca; a la vista solo quedaba el abultado sobre manila. En ese momento, Sakura no fue capaz de describir el alivio que la embargó al darse cuenta que Neji no pretendía utilizar ninguno de los instrumentos de la mesilla; podría hasta decirse que recobró un poco de color.

―¿Quién era? ―preguntó ella, deteniéndose a mitad de camino cuando él se levantó de la cama con la desenvoltura de un atleta olímpico; su cabello castaño cayendo sobre sus fornidos hombros desnudos.

―El botones. Traía el servicio a la habitación.

Sakura basculó la vista por la estancia, pero no encontró lo que buscaba, así que volvió a mirar a Neji, comprendiendo que él debió haber declinado el servicio. Asintió, sombríamente y desvió el rostro, respirando tan lentamente como le era posible.

―Oye, no es necesario que continuemos con esto. ―La voz de Neji era terminante mientras señalaba la mesita de ruedas; Sakura se encontró levantando la mirada capturada por su voz o por la visión de sus abdominales marcados; ella no logró estar segura de lo que motivada su renovada atención―. Allí está tu dinero. Puedes tomarlo e irte si no quieres hacer esto.

―¿Cómo? ―inquirió ella, sorprendida.

―Solo cógelo y vete.

El pecho de Sakura efectuó un raro movimiento de apnea. Esta era su oportunidad. Solo debía ser lo suficientemente rápida como para tomar el dinero e irse antes de que Neji se arrepintiera. Obtendría los ingresos que requería sin verse obligada a hacer nada indebido; podría continuar con su vida normalmente: trabajar, seguir siendo una hija modelo y una madre ejemplar. Pero en lugar de hacer eso, ella le lanzó otra curiosa mirada inquisitiva para luego decir:

―¿De verdad dejarías que me fuera con el dinero sin que tú y yo…? ¿Ya sabes?

Neji sonrió, ladinamente, como si hallara su pregunta entretenida. Tal vez no era una oportunidad, después de todo. Quizás solo había sido una trampa.

―Bueno, siendo honesto ―Neji la miró con una ligera sugerencia de que se estaba esforzando por ser agradable a pesar de las circunstancias―. Me gustaría que reconsideraras el quedarte, porque en serio tengo muchas ganas de dormir contigo.

En respuesta, ella enrojeció hasta la raíz del pelo; sin todo ese maquillaje, su rubor era incluso más acusado sobre la tez de sus pecosos pómulos. Con los dientes, Sakura atrapó su labio inferior durante unos cuantos segundos mientras sopesaba la situación. No había llegado tan lejos para irse con las manos vacías. Neji había dicho que podía llevarse el dinero al mismo tiempo que insinuaba que lo mejor sería que se quedara. Y también estaba lo otro. La verdadera razón por la que hacer esto le estaba costando tanto: Neji era un hombre inconvenientemente apuesto. Sakura hubiera preferido tener sexo con alguien tan repulsivo que solo le generara asco en lugar del desconcertante cosquilleo de las mariposas en el vientre. Alguien a quien quisiera borrar de su vida una vez que hubiera concretado el negocio: sexo por dinero. No alguien que parecía dejar marcas en su piel cada vez que la tocaba y que la estremecía en espasmos con una simple mirada. Definitivamente, ella hubiese preferido estar en esta situación con alguien que no fuera Neji Hyuga. A pesar de que, paradójicamente, tenía un revoltoso e incongruente anhelo por él.

Sakura hubiera podido pasar toda la noche elucubrando para decantarse por una de sus únicas dos opciones, pero Neji se volvió aprovechar de su descuido y la zarandeó del brazo. Ella chocó contra su pecho desnudo; tan formidablemente trabajado como el de un soldado helénico. Su corazón se precipitó en un latido doloroso cuando él la rodeó, pegando su cuerpo al de ella. A pesar de la doble capa de tela, Sakura registró la férrea dureza de la virilidad de Neji en su espalda baja.

―¿Quieres o no hacer esto, Jade? ―le preguntó él; la voz ronca contra su oído.

Y la liberó.

Él la estaba dejando elegir. Ella tenía la última palabra. Neji se desplomó sobre la cama esperando el veredicto. Fue entonces que Sakura se acercó instintivamente; el movimiento sintiéndose como si no fuera por su propia voluntad de nuevo. Se detuvo enfrente de él, a escasos centímetros, y mirándolo a los ojos acunó la mejilla del hombre en su mano en un gesto casi distraído de absoluta devoción. Eso pareció ser suficiente aliciente para Neji, quien destrozando cualquier mecanismo de autocontrol, la atrajo hacía sí en un acto de mezquina posesión mientras sus labios le rozaban el cuello; incluso ese ligero toque envió escalofríos por todo el cuerpo de Sakura. Los labios de Neji descendieron por su clavícula y se detuvieron en sus senos todavía cubiertos. A pesar de hallarse vestida, ella podía sentir sus labios afiebrados quemándole a través de la fina capa de tela. Sakura soltó un leve jadeo de desconcierto cuando las manos de Neji fueron por el cierre de su vestido y, bajándolo hasta su zona sacra, tiraron de él hasta que este cayó al piso, dejándola con la pobre protección de un beibidor de encaje negro. Si Sakura hubiera querido protestar, resultó que tenía la boca muy ocupada con los labios de Neji estrellándose contra los de ella como para hacerlo.

A partir de allí, todo sucedió muy rápido.

Poseída por la mortal necesidad de tocarlo, Sakura comenzó a tantear sus marcados bíceps y sus manos juguetearon en las finas muescas de su clavícula para luego proceder a dibujar caricias en los planos lisos de su dorso. El aliento de Neji se atascó en su garganta cuando los dedos de Sakura rozaron la hebilla de su correa; todos los músculos entumecidos. Ella también absorbía aire erráticamente. Conseguir respirar se había convertido para ellos en un lujo en lugar de una prioridad de naturaleza impostergable.

―Pensé que nunca lo pedirías. ―dijo Neji; la inflexión, sin duda, gutural.

―Neji. ―Sakura se paralizó al tiempo que él advertía el inusitado cambio en su expresión; más abierta de lo que no había sido nunca; no obstante, llena de incertidumbre. Esperó por unos segundos a que ella continuara―. No creo… Debo advertirte que puede que no sea buena en esto.

Neji la atravesó con una entretenida mirada de lujuria e incredulidad.

―Eso es imposible ―sentenció con ese tono categórico tan suyo que era capaz de convencer a un astrónomo de que la luna era de queso y luego le devoró los labios con un frenético beso.

Él mismo se desabrochó la correa y se levantó para deshacerse del resto de su vestimenta. Aprovechó la oportunidad para intercambiar las tornas y alzando a Sakura en vilo la depositó en la cama; su rosado cabello desparramándose sobre los grandes y mullidos almohadones. Se lanzó sobre ella esparciendo húmedos besos por todo su cuerpo y desprendiéndose en el proceso de la poca ropa que todavía la cubría. Puso especial atención en la delicadeza de sus muslos al deshacerse del liguero, no pudiendo evitar maravillarse con semejante panorama. Cuando estuvo completamente desnuda, Neji se detuvo y le propinó otra mirada de apreciación. Pero había algo más en sus ojos cuando la vieron. Era la clase de brillo perturbador que tenían las bestias hambrientas ante la visión de su presa. Neji se lamió los labios y condujo su boca hasta la entrepierna de Sakura; ella soltó un resuello ante el roce de la lengua de Neji contra el interior de sus muslos y casi se quiebra en gemidos cuando su boca empezó a succionar más hacia al centro. Mientras tanto, el duro agarre de su mano le amasaba los senos con tal vehemencia que sus pezones se hallaban erizados en protesta o deleite; ella no estaba capacitada para discernir entre una cosa u otra en ese preciso momento. Un instante después, él se detuvo para volver a mirarla como si ella fuera una suerte de ensoñación; una criatura mitológica. Alguien irreal. Ella le devolvió la misma mirada de incredulidad y el brusco bombeo de sangre que expulsó su corazón cuando él la embistió decididamente, le reafirmó que Neji sí era de este mundo. De carne y hueso. Sakura vio su rostro contorsionándose por la fruición: bello y maravillosamente esculpido. Y quiso decirle algo acorde al momento, pero aparte de tener las neuronas adormecidas, sus cuerdas vocales también parecían inutilizadas por el placer. Así que, en medio de silbantes y entrecortadas respiraciones, solo lo besó.

Primero lo besó en la boca, luego en su cuello, donde la manzana de Adán saltaba descontrolada y finalmente descendió por el labrado pecho para reincidir en su boca y morderle los labios con una temeridad recién descubierta en ella. Un viso de asombro imperó en el semblante de Neji durante la fracción de segundo que tardó en transformarse en la más natural de las satisfacciones. El beso se había vuelto violento y desordenado de un momento a otro, haciendo a Sakura jadear sonoramente, atravesada por el placer de ser nuevamente amada por un hombre. Neji continuó rubricando cada centímetro de su piel con sus labios al tiempo que aumentaba el ritmo de las embestidas. Las manos agarrotadas de ella rastreaban su cuerpo tirante como una forma de fundirse en él mientras la boca de Neji seguía explorando el suyo, como si buscara inmortalizarse en ella. Rodaron por la cama como dos amantes consumados en un enredado abrazo hasta que ella quedó encima, a horcajadas sobre él, y en esa nueva posición impuso la cadencia que su necesitado cuerpo le exigía. Había tal arrebato en el disfrute de Sakura mientras que con la espalda arqueada se mordía los labios y tal enajenación en el talante de Neji cuando la sostenía por las caderas, que el mundo pudo haber estallado en mil pedazos y ellos ni se hubieran dado por enterados.

Tres años habían pasado desde la última vez que un hombre había tomado a Sakura de la forma en la que lo estaba haciendo Neji ahora y a pesar de tener las facultades mentales ralentizadas por la inminencia del orgasmo, Sakura trató de recordarse por qué estaba haciendo esto. Su cerebro estaba a punto de componer el nombre de su hija cuando todo su cuerpo sufrió un espasmo; visiblemente afectado por la delectación. Y cuando el orgasmo la atrapó, ella jadeó el nombre de Neji y cayó rendida en su sudoroso pecho.

Allí se quedó dormida.


¡Hola!

Qué dicha poder saludarlos tan pronto... Les traje este capi con mucho entusiasmo, porque los dos próximos capítulos son mis favoritos y la verdad ya quiero publicarlos, así que comenten que les parece este para apurarme a traerles los demás... No, no es chantaje. Sí, sé que lo parece, pero solo quiero conocer sus opiniones y hablando de eso: ¡Muchas gracias por sus reviews, me ha hecho muy feliz saber que les ha gustado mi trabajo! Y bueno, este fic (como todos los que diseño) está estructurado para ser corto y ya está escrito hasta el quinto capítulo y aunque ahorita -por razones de fuerzas mayor- estoy medio alejada de la escritura, prometo ponerme a trabajar y traerles una historia digna de los mejores y más perspicaces lectores... A ese respecto, debo mencionar que algunas de sus teorías no están tan alejadas de la realidad, así como hay otras que aunque no son del todo descabellada (me hubiese gustado tocar esos puntos que señalan, pero está es una historia en apariencia simple) no tienen nada que ver con tla rama argumentativa del fic. En fin, espero que les haya gustado. ¡Saludos!

Próximo capítulo: Tras la pista.

¡Feliz existencia!