DISCLAIMER: El mundo de Harry Potter y todos sus personajes le pertenecen a J.K. Rowling. Este fic participa en el Tercer Reto Sexy Serpents del foro "El Mapa del Mortífago".

Canción: Somewhere only we know – Keane.


HISTORIAS EN CANCIONES

III. Un lugar que solo nosotros conocemos

And if you have a minute why don't we go
Talk about it somewhere
only we know
This could be the end of everything
So why don't we go
Somewhere only we know...

¡Desmaius!

La mención del hechizo aturdidor se había quedado en su memoria justo antes de que todo se tornara negro y hermosas rosas en tonalidades violeta, empezaran a florecer lenta y continuamente una tras otra, cambiando un poco el panorama de la oscuridad.

¿Acaso estaba muerta?

Era consciente de que había sido aturdida, pero aún dudaba de lo que había sucedido después. Su cerebro le jugaba demasiadas malas pasadas últimamente y por ello era difícil fiarse de aquel prodigioso que había sido su más grande orgullo en el pasado.

Tal vez no estaba muerta en realidad.

Y la suavidad bajo su cuerpo confirmaba que en cambio estaba recostada en algún lugar, aunque eso no fuera una certeza de que todo estaba bien.

¿Dónde estaba entonces?

Su cabeza pulseaba fuertemente y sus músculos parecían hechos de gelatina y aunque los párpados le pesaban, intentando impedir que abriera los ojos, su fuerza de voluntad era férrea y le decía que si habría de enfrentar un infierno lo mejor era empezar de una vez por todas, no obstante, en el aire se percibía una combinación de menta y jazmín entrelazados que en vez de turbarla, extrañamente acababan por relajarla.

Jazmín, igual que su perfume.

Lentamente sus ojos miel vieron la luz y se fijaron en el primer punto que encontraron. Una cortina escarlata con amarraderas doradas estaba entrecerrada dejando ver una tenue llovizna en el exterior y una abullonada sábana verde esmeralda que cubría la mitad de su cuerpo, dejándole entender que aún traía puesto su traje de baño y de seguro su pantalón de seda.

Se encontraba en una habitación.

Una que estaba segura, no había visto jamás.

La decoración era sencilla pero sobria, la mayoría de muebles parecían de madera de pino y había un espejo enorme que estaba ubicado a un costado de la cama. Todo cuanto podía verse allí estaba pintado en tonos verde, plata, rojo y dorado, adecuadamente combinados entre sí, que mantenían un excéntrico pero raramente adecuado equilibrio entre lo Slytherin y lo Gryffindor.

Bastante irónico, pensó.

El lugar era acogedor sin duda, pero el hecho de no saber dónde se encontraba la inquietaba demasiado hasta el punto de querer forzar su cabeza a tratar de entender un poco de todo aquello que estaba sucediéndole.

Como pudo se incorporó, sintiendo que los músculos de sus piernas y brazos se tensionaban por el esfuerzo, produciéndole leves calambres que ignoró para ponerse de pie y caminar hasta el espejo donde se descubrió a sí misma como recordaba que se veía en la mañana de sol que había dispuesto pasar con Ginny y Luna en la cabaña de verano de los Nott.

Su reflejo le devolvió una mirada contrariada y las pequeñas bolsas en sus ojos le sugirieron que tal vez llevaba bastante tiempo sumida en la inconsciencia, aun cuando para ella hubieran sido tan solo segundos los que transcurrieran. Su cabello castaño estaba enmarañado y su boca seca se veía hinchada y roja como si hubiera sido besada con pasión.

Un olor dulzón que se confundía con el de la habitación llegó hasta su nariz, inundando sus sentidos y recordándole que tenía algo de hambre. No había alcanzado a tomar su desayuno cuando fue sorprendida por lo que sea que le hubiera sucedido, lo cual le devolvió los pies a la tierra y le recordó que no se encontraba en la cabaña Nott, ni en la madriguera, ni en el número 12 de Grimmauld Place y mucho menos en la casa de sus padres.

Instintivamente se llevó una mano al bolsillo de los pantalones, para descubrir que no tenía su varita lo cual le heló la sangre. Estaba desprotegida pero eso no evitó que pensara que aun sin la compañía de su magia, debía hacerle frente a la situación, por lo cual haciendo uso de todas sus facultades Gryffindorianas avanzó hasta la puerta de la habitación y muy silenciosamente salió de ella.

El lugar no era demasiado grande pero si estaba lleno de objetos que contrastaban a la perfección unos con otros y eso le hizo pensar que este sería el tipo de lugar que ella misma escogería para estar tranquila y disfrutar de un buen libro y una taza de chocolate caliente.

La pequeña cabaña tenía una sala de estar con un enorme sillón de color avellana que estaba ubicado justo frente a una chimenea en la que se podía escuchar el crepitar de las llamas. Al fondo, en la cocina una figura alta que estaba de espaldas se movía con destreza, al parecer estaba cocinando porque el olor que había podido sentir desde la habitación era el de unos recién preparados pancakes.

De inmediato se tensó.

Sabía que estaría acompañada, pero el corroborarlo la hacía sentirse indefensa y eso no le gustaba.

Luego pensó en el hecho de que acercarse a aquel individuo sería peligroso pero al darse cuenta de que tal vez era la única manera de entender lo que estaba sucediendo y aún más de poder salir de allí, sus pies empezaron a moverse por sí solos.

Sin embargo, es bien sabido que jamás se está preparado para las sorpresas que depara la vida y Hermione lo comprobó al reconocer una cabellera rubia platina en aquella figura masculina que aun sin voltear a verla le dio a entender que sabía que ella estaba allí.

—¿Tienes hambre? —le preguntó con sus ojos fijos en los dos platos que estaba terminando de preparar.

—¿Malfoy? —Hermione no prestó atención a la pregunta del rubio y en cambio le dejó ver lo sorprendida y confundida que se encontraba —¿Qué haces aquí?

—Esta es mi casa —contestó con serenidad, dirigiéndole una mirada por fin.

¿Su casa? ¿Qué hacia ella en la casa de Draco Malfoy?

Y materializando su duda prosiguió —Entonces ¿Qué hago yo aquí? —frunció el ceño, aun cuando eso empeoró su jaqueca.

—Esta también es tu casa.

—¿Qué has dicho?

¿Qué había dicho?

Hermione no entendía nada de lo que estaba sucediendo y mucho menos las palabras que acababa de pronunciar Malfoy.

¿Qué esta también era su casa? Debía estar demente.

Estaba segura de que no existiría un mundo, un universo paralelo en donde algo como aquello fuera posible y aun cuando a Malfoy la situación le pareciera de lo más normal, —por lo que parecía percibir— ella no estaba dispuesta a hacer como que todo estaba bien.

—Lo que has escuchado —contestó el rubio al fin.

Y se instaló entre ellos un incómodo silencio que le sirvió a Hermione para darse cuenta de que debía empezar a pensar en la manera como saldría de allí, teniendo en cuenta que la habían desarmado. Con disimulo pudo observar que las ventanas cubiertas por cortinas similares a las de la habitación, estaban cerradas y que solamente había una puerta por la cual entrar y salir. Sus posibilidades parecían limitadas y más aun sabiendo que no tenía idea de dónde podía estar su varita.

El rubio se percató de lo que estaba haciendo Hermione y sin pensarlo dos veces se lo hizo saber. La conocía demasiado bien para darse cuenta de que estaba intentando escapar.

—¿Buscas esto? —le preguntó al fin, sacando algo del bolsillo trasero de su pantalón.

Algo que ella reconoció como su varita y aunque la miró con recelo, decidió ignorar el asunto para tratar de entender.

—¿Qué hago aquí Malfoy? —trató de ocultar la urgencia en su voz, sosteniéndole firmemente la mirada pero los ojos grises y cautelosos de Malfoy, que se mantuvieron sobre los suyos terminaron por intimidarla.

—Desayuna primero —le contestó el rubio volviendo la mirada a los dos platos que ya colocaba sobre la mesa del comedor— los pancakes están empezando a enfriarse.

—Necesito una explicación —Hermione no se movió de su lugar.

—Es mejor que desayunes primero porque…

—¡Ya basta! —la castaña había empezado a hiperventilar —¡Dije que quiero una explicación y la quiero ahora mismo! —no sabía si estaba en condiciones de exigir, pero estaba perdiendo la paciencia.

—¿Y qué harás para obtenerla? —Draco abandonó los platos sobre el comedor y le sostuvo nuevamente la mirada. El tono mordaz en su voz solo era su manera de disimular lo nervioso que se encontraba. Había planeado la manera de llevársela de la casa de su amigo Theodore pero no había previsto lo que haría con la reacción que de seguro tendría.

La respiración de la chica se aceleró mucho más y la pulsión en su cabeza se intensificó de la misma manera que había sucedido en otras ocasiones cuando tenían lugar sus ahora recurrentes ataques de ansiedad.

Su vida había cambiado y no recordaba cuando, pero ahora lo realmente importante era salir de allí y para ello lo mejor era ignorar a Malfoy y poner a trabajar su cerebro que de inmediato empezó a sopesar todas las opciones que tenía de poder escapar aun sin varita, aprovechando la ventaja de que el rubio no la había atado y no podía pretender que se quedara con él por su propia voluntad.

Entonces, luego de dejar de darle vueltas al asunto, Hermione le dio un último vistazo a Malfoy que aún no se sentaba a la mesa y corrió hasta la entrada de la cabaña sabiendo que podía ser inútil y que tan solo un movimiento de varita bastaría para que él la detuviera, no obstante, y contra todo pronóstico, logró alcanzar la puerta y la abrió, saliendo al exterior completamente ilesa.

Afuera llovía más fuerte de lo que recordaba haber visto por la ventana y las gotas de agua helada hicieron que la piel se le erizara al instante, lamentándose por no hacer tenido nada con que cubrirse.

Pero de cualquier manera ¿Dónde diablos estaba?

El clima de comienzos del día había sido prometedor para pasar un agradable rato al lado de sus amigas en la casa del novio de Luna, pero el sol que había visto en las primeras horas de la mañana había sido sustituido por una lluvia recurrente que no cesaba y que le sugería que este lugar podía estar situado en otro sitio diferente y muy lejos de Londres.

Sin mirar atrás corrió y corrió por el bosque que totalmente inundado de lluvia parecía más difícil de recorrer. Estaba desubicada y ni siquiera sabía adonde debía dirigirse, pero aun así había algo en su interior, una extraña sensación que le sugería que era posible que alguna vez hubiera pasado por ese mismo sendero, a pesar de que le pareciera imposible.


Draco sabía que algo como esto iba a pasar.

Aunque no hubiera previsto la magnitud de la reacción de Hermione, era lógico que no podía pretender que ella se quedara a su lado tranquilamente, así que luego de que corriera fuera de la casa, se dispuso a alcanzarla aun cuando la lluvia era cada vez más intensa.

¿Dónde podía estar?

Le había dado solo unos segundos de ventaja pero no podía encontrarla pues las gotas que colgaban de sus largas pestañas terminaban por nublarle la vista. Sin embargo, estaba tranquilo, sabía que Hermione no iba a perderse en el bosque porque lo conocía como la palma de su mano aun cuando no pudiera recordarlo.

Cuando por fin la halló, se encontró con que ella se había detenido frente a un árbol de gruesa corteza en la cual se había tallado un enorme corazón con una H y una D entrelazadas, que ella observaba detenidamente. El cuerpo descubierto de la chica temblaba a intervalos irregulares dejándose acariciar por el agua que caía a través de su piel como un río caudaloso.

—Lo tallamos hace algún tiempo —le dijo acercándose a ella lo menos posible.

—¿Quienes? —Hermione parecía tan hipnotizada por la imagen frente a ella, que Draco vio su oportunidad de acercarse un poco más.

—Tu y yo —contestó y ella de inmediato volteó a verlo.

—¿Acaso estás burlándote de mí? —la castaña había salido del letargo y ahora parecía enojada.

—Te estoy diciendo la verdad.

—¿Y pretendes que crea semejante mentira? —se podía ver claramente la dificultad de la chica al respirar, seguida del temblor de su cuerpo a causa del frio.

—Ven —le tomó una mano —vamos a la cabaña y allí te lo explicaré todo.

Hermione tiró de su agarre y se soltó —¡No!

—Te vas a enfermar —el rubio volvió a tomarla de la mano y ella repitió la operación.

—¡No me toques! —su voz tembló de rabia y de frio —¡No me moveré de aquí hasta que me expliques qué diablos hago contigo en este lugar!

—Está bien —se rindió —te lo explicaré todo, pero quiero pedirte que trates de calmarte o te hará más daño.

—¡Tú no eres nadie para decirme lo que debo hacer o lo que no! —lo miró desafiante —habla.

El rubio bajó su mirada un momento para luego posar sus ojos grises sobre ella, que con gesto impaciente esperaba una explicación.

—Tu y yo estamos enamorados —comenzó

—¿Qué?

—O lo estábamos hasta que sucedió el incidente.

Hermione no podía creer lo que estaba oyendo pero decidió que no entraría en detalles respecto de aquello que le sonaba absurdo y se centraría en lo realmente importante.

—¿De qué incidente hablas? —lo miró con desconfianza.

Draco había temido tener que hablar de aquello pero no tenía más remedio que hacerlo, total, ese había sido siempre su cometido.

—De tu incidente con Bellatrix.

—¿Bellatrix Lestrange?—la castaña estaba más confundida aún —¿Tu tía?

—Si —para Draco era difícil contar aquel episodio pero debía aprovechar la oportunidad de hablar con Hermione, una que le habían negado sus amigos al querer protegerla de lo inevitable.

—¿Qué tengo que ver con tu tía? —Hermione forzaba a su cabeza a entender lo que estaba escuchando.

—En alguna ocasión tú y yo decidimos pasar tiempo juntos y nos fuimos de viaje a Suramérica —hizo una pausa para ver la reacción de la castaña pero decidió proseguir al ver que lo miraba con desconcierto —mis padres no sabían de lo nuestro porque tú me pediste tiempo para buscar la mejor manera de contarles, sin embargo, mi tía sospechaba algo y decidió seguirnos.

Hermione permanecía en silencio, tratando de encajar cada palabra que salía de la boca del rubio.

—Ella siempre ha sido una prejuiciosa, aún más que mis padres y al ver que efectivamente sus sospechas eran ciertas y que tú habías sido mi elección, aprovechó un momento en que te dejé sola para meterse en nuestra habitación y torturarte.

El corazón de Hermione empezó a latir con fuerza al tiempo que sus piernas se aflojaron notablemente.

—Cuando llegué, estabas retorciéndote en el piso por el cruciatus que acababa de lanzarte, mientras tu nariz empezaba a sangrar y aunque le lancé un hechizo potente, escapó, —Draco se fijó en la expresión de Hermione que pasaba de la incredulidad al temor —luego de eso estuviste interna en San Mungo por tres semanas.

—Mientes —contestó ella muy bajo.

—Desde entonces, Potter y Weasley me han impedido verte, aun cuando intenté por todos los medios acceder a ti.

—¡Mientes! —gritó la castaña sintiendo como el pecho se le oprimía, empezando a ahogarla igual que todas las veces que se sentía ansiosa. Malfoy debía estar mintiendo porque de otra forma ¿Cómo era posible que no recordara nada de eso?

—¡Todo fue mi culpa Hermione, pero yo te amo y no me resignare a perderte jamás! —la voz del rubio denotaba urgencia y aun cuando moría por abrazarla decidió mantenerse a distancia de ella.

La cabeza de la castaña amenazaba con estallar ante todo lo que acababa de revelarle Malfoy, su antiguo y acérrimo enemigo que como un cordero asustado la miraba esperando una respuesta.

—¡Mientes! —volvió a gritarle justo antes de caer de rodillas sobre la hierba empapada sosteniendo su cabeza con ambas manos.

—¡Es la verdad! —gritó el rubio —Y no sabes lo culpable que me siento de que esa loca te haya dañado de esta manera.

—¡Cállate, cállate, cállate! —repitió antes de que un pitido se instalara en sus oídos, volviéndose cada vez más fuerte hasta terminar por sumirla en una oscuridad momentánea que empezó a llenarse de imágenes que como ráfaga la aturdieron sobreponiéndose una a la otra.

Allí estaba ella, en la habitación de un hotel en una isla Colombiana, esperando por Draco que había ido a conseguir algo para aplicarle en la piel que le ardía debido a la insolación, cuando una mujer de arremolinado cabello y ojos penetrantemente negros la abordó.

¡Al fin solas asquerosa impura! la bruja la miraba fijamente paseando la lengua por sus afilados y sucios dientes.

¿Qué haces aquí? —preguntó la castaña sorprendida, llevándose una mano al bolsillo para percibir que su varita no estaba.

Vengo a enseñarte modales —la bruja sacó su varita y le apuntó directamente a Hermione que aun desarmada no se mostró amedrentada —y a hacerte entender tu grave error al haberte involucrado con un sangre pura como Draco.

De inmediato y antes de darle tiempo de pensar, Bellatrix conjuró un cruciatus que terminó por arrojar a Hermione en el suelo y hacer que se retorciera desesperada.

El dolor era insoportable, igual que si le rasgaran las entrañas al tiempo que millones de agujas se le clavaban en el cuerpo, haciendo que lo único que lograra percibir además del dolor fuera la risa maquiavélica de la bruja que disfrutaba con cada gemido de la chica mientras ella solo deseaba morir.

Fueron tan solo minutos, pero para Hermione fue ver pasar su vida en cámara lenta. Ni siquiera pudo distinguir cuantos hechizos le lanzó luego de ese, pero lo que sí pudo notar fue su mirada triunfal al apuntarle con la varita una última vez.

Me aseguraré de que no vuelvas a acercarte a Draco, sangre sucia ¡Avada K…

¡Septumsempra! —la voz de Draco y su posición de combate frente a Bellatrix fue lo último que vio antes de desmayarse.

Ahora entendía.

Entendía la razón de sus terrores nocturnos y de los ataques de ansiedad que no la abandonaban.

Las tres semanas en San Mungo estuvieron cargadas de réplicas de la tortura, en las cuales sus amigos no permitieron que Draco se le acercara porque decían que él tenía la culpa de haberla puesto en peligro de muerte y luego de eso no hubo nada más.

¿Cómo pudo olvidarlo?

Ahí sobre la hierba mojada aun de rodillas lloró y no solo por lo que tuvo que padecer sino también por haber olvidado cuanto adoraba a ese rubio engreído que la había hecho amar de verdad por primera vez y que incluso días antes de viajar a Suramérica le había pedido que fuera su esposa.

—¿Cómo es que lo olvide? —dijo aun sin levantar el rostro pero Draco ya estaba a su lado tratando de darle calor.

—Los medimagos dijeron que lo mejor era obliviarte para que no sufrieras réplicas de la tortura —la voz del rubio era condescendiente igual que su rostro que empapado por la lluvia parecía lloroso.

Hermione lo miró y aun cansada como se sentía, levantó una de sus manos que temblaba y la posó sobre el rostro pálido de Malfoy mientras débilmente le sonrió.

—¿Por qué no vamos a hablar de esto a un lugar que solo nosotros conocemos? —le dijo antes de desvanecerse en sus brazos.


Una mano le acariciaba suavemente el cabello mientras la respiración acompasada, hacía relajar la suya como tantas veces en el pasado.

Al abrir los ojos pudo ver que de nuevo se encontraba en la cama de sábanas verdes pero esta vez pudo reconocerla y recordar que ese era el lugar secreto de ambos, en el que habían pasado tantos momentos maravillosos y llenos de amor y el cual habían decorado con los colores de las que fueran sus casas en Hogwarts.

Sonriendo acarició las facciones afiladas de Draco que con ahínco pasaba los dedos por sus rizos castaños.

—Un lugar que solo nosotros conocemos —le dijo el rubio devolviéndole la sonrisa.

—Un buen lugar para volver a empezar —le contestó antes de atraerlo hacia ella para besarlo con la pasión que ahora recordaba siempre había sentido por el que fuera el amor de su vida y quien sería en un futuro no muy lejano su esposo.

Su esposo, por encima de cualquier obstáculo.


¡Como amo escribir Dramiones!