Dan Miller, chico del café

Llevaba tres meses en Estados Unidos.

Se había mudado poco después de la llegada de su carta con la esperanza de que las noches sin sueño desaparecieran.

Sus padres solo la habían acompañado a buscar un apartamento y muebles. No era la primera vez que se separaban por supuesto, después de todo había estado estudiando seis años en Hogwarts, desaparecido uno y después regresó para hacer un intensivo y presentar los EXTASIS. Además ella podría ir a visitarles de vez en cuando, ya que a ellos el viaje les saldría más caro. Si ella podía viajar en traslator por qué no utilizarlo.

Seattle era enorme, húmeda, nublada y fría. Le recordaba Londres sólo en eso. Cuando recién llegó a la Universidad mágica se fijó en que las personas le miraran raro. Sabían quién era ella. Una heroína de guerra. Eso le hacía sentir incomoda pero no podía hacer nada para evitarlo.

Durante las clases, por las cuales, por primera vez en su vida se sintió amenazada, nadie se le acercó a hablarle pero todos cuchicheaban a sus espaldas, Dios, ¿Cómo Harry podía soportarlo siquiera?

A la hora del almuerzo un chico asiático se le acercó. Algo en su porte le recordó a Blaise Zabini, aquél chico de color, estirado y presumido. Se sentó justo frente a ella haciendo que ella le mirara directamente.

— Hola. — Le ofreció la mano.

— Hola. —Ella la aceptó.

— Soy Saito Kido. Tu nuevo mejor amigo. —Ella se rió.

— ¿Qué? —Él se encogió de hombros.

— Mira. Eres Hermione Granger, mi padre, un escalador de posiciones sociales bastante rastrero, considera que es importante que nos llevemos bien. Te he analizado y se ve a millas que no eres buena con eso de convivir con gente o ser agradable. Eso está bien, tampoco se me da. Podrías rechazar mi oferta, pero éste no es tu país y estás sola como un perro, no sabes dónde está la plaza Batiste y por lo tanto otros lugares donde puedes conocer gente como nosotros o hacer magia sin que te metan a prisión por poner en riesgo el secreto de la magia, tampoco donde comprar los materiales o lo libros que te faltan para la clase. Yo vengo con todo eso incluyendo mi inteligente compañía. Puedes tomarlo o puedes esperar varios meses hasta que por fin o ellos o tú. —Dijo señalando a la gente que los miraba y cuchicheaba. —Se dignen a hablarse.

Ella lo miró y vio los pros y los contras. Él la quería cerca porque lo que significaba tenerla cerca, era bastante obvio que no era tan buen chico como sus antiguos amigos, pero al menos había sido sincero y la verdad es que si necesitaba saber todas esas cosas que él sabía. Así que le ofreció la mano, haciendo como que aceptaba el trato. El chico sonrió y sacó su bento, una cajita de madera envuelta en una fina seda. Ahí estaba su comida.

— ¿No comes comida de aquí?

— Soy americano de corazón pero de estómago japonés. No pueden obligarme a comer las mierdas que sirven en sus cafeterías, no lo hacía cuando cursaba la educación básica nomag, no lo pueden hacer ahora que tengo casi 18.

Ella miró su comida. No estaba tan mal, pero vamos, los británicos no tenían la mejor de las comidas.

Saito Kido, extrañamente sí se convirtió en su mejor amigo. Se sentaban juntos todos los días, hacían sus tareas hasta tarden en la biblioteca de la universidad (sin tener que recordarle que tenían que hacerlo y sin obligarlo), eran pareja en el laboratorio de pociones, comían-cenaban (porqué las tareas eran tantas que se les olvidaba comer) juntos, y después, como a las siete de la noche se iban juntos.

Él tenía un bonito auto rojo deportivo, era de una familia de dinero y muchas veces la invitaba al cine o a tomar un café. No había nada romántico, simplemente se entendían como hombre y mujer de ciencia que eran. Sus pláticas eran sobre plantas, casos clínicos y hechizos. De vez en cuando sacaban a la superficie su infancia, antes de entrar a sus respectivas escuelas de magia, cosa que para ninguno de los dos era cómodo pero al menos no se escondían cosas, no sobre la soledad que sus cerebros les había acarreado. Jamás había tenido ese nivel de entendimiento con Harry o Ron. Esto no quería decir que los dejara de extrañar pero casi no pensaba en ellos…

Saito renegaba de la actitud materialista de sus padres y de su estúpido hermano menor. Él amaba el dinero, pero no le amaba más que al saber. Le habló también de su prometida a la que no había visto desde que tenía cuatro años. Vivía en Japón y se casarían en cuanto él terminara de estudiar medimagia.

— ¿Cómo sabes si la vas a querer?

— No tengo que quererla, sólo tengo que tener hijos con ella y llevarla del brazo en eventos importantes, probablemente me dedique a tener hijos bastardos con otras mujeres a las que tampoco querré.

— ¿Eso está bien para ti?

Se encogió de hombros, un gesto común en él.

— A mi padre le funciona.

Una tarde, pasaron con el auto cerca de una cafetería de aspecto se podría decir que hasta colonial. Estaba en el extremo de una plaza bastante pequeña, no debía de haber más de 20 locales pequeños. Las mesas se extendían por el suelo de cantera y las mesas eran blancas sin mantel dejando ver el detalle de la madera. Hermione quiso probar y Saito, que la mimaba mucho en ese aspecto cedió.

Los meseros iban de blanco con zapatos negros, el delantal también era blanco y llevaban paso enérgico. Dedicaban expresiones neutras a los clientes, lo que quería decir que no fraternizaban, simplemente eran corteses. Eficientes.

Se sentaron y una mujer rubia y delgada, bastante guapa les entregó la carta y dijo que enseguida iría un mesero a atenderlos. Saito la miró con atención, en especial cuando ella se dio la vuelta. Hermione sonrió y volteó los ojos como si quisiera decir "hombres".

— Tiene como 20 años más que tú.

— A peores situaciones me he enfrentado. —Tomó el menú yendo directamente a la parte de los postres. — Hay helados flotantes. —Dijo mientras Hermione miraba a la mujer que les había dado la carta, parecía estar riendo con un empleado (Que se notaba la jerarquía). El chico estaba de espaldas pero había algo familiar en su cabello. Luego se volteó y fue hacia ellos. A Hermione casi se le para el corazón.

— ¿Y te quejas de mí? Cierra la boca Granger. Dignidad, no pueden saber que los deseas.

Hermione miró a su amigo, no podía hablar, no podía respirar.

— Dan Miller, para servirles ¿Qué van a tomar?

— Yo voy a tomar un frappe mocca, un baguette de pechuga de pavo y en media hora un helado flotante de limón sobre 7 up.

— Muy bien. — Dijo anotando. — ¿Usted señorita? —Hermione no dijo nada, lo miraba con los ojos bien abiertos, como si hubiera perdido el juicio. El mesero no se impacientó, como si ya estuviera acostumbrado a ello, pero Saito no, así que éste le golpeo con el menú en el hombro.

— Te está preguntando que qué vas a pedir.

Ella miró el menú por primera vez. El mesero sonrió invitándola a elegir. Un té chai frappe y un baguette de jamón ahumado, en media hora un helado flotante de limón sobre squirt. El mesero apuntó, repitió ambas órdenes y al ser confirmadas se marchó.

— ¿Estás bien Granger? Sé qué hace meses que no te dan pero…compostura.

— No me jodas Kido.

— Dijo pasándose la mano por la cabeza.

— ¿En verdad estás bien?

— Dame un cigarro.

Diez minutos después ya estaban comiendo. El mesero les había dicho "Que lo disfruten" pero Hermione lo seguía mirando de reojo.

— ¿Me vas a decir qué es lo que te pasa?

Ella lo miró y después agarró su mano que llevaba un bonito brazalete familiar con una serpiente cornuda, símbolo de la casa a la que asistió en Ilvermorny. Eso le recordaba mucho al propio Draco con todos sus anillos diferentes con motivos de serpiente.

— ¿Somos amigos? Y no me jodas Kido, amigos de verdad, de los que ayudan a enterrar cadáveres.

Saito frunció el ceño, era la segunda vez en la vida que ella le hablaba con groserías. La cosa era seria.

— ¿Piensas matar a alguien o solo es hipotético? Por qué todo dependería de en qué estado de putrefacción esté.

— Sólo quiero saber si puedo confiar en ti.

— Con la vida Mione. La pregunta ofende.

— Ese chico, el mesero, es el chico, el chico Malfoy.

— Oh. Ohhhh…el tipo, el tipo al que le quitaron las memorias. — Saito la miró, tratando de entender lo que estaría sintiendo. Saito lo sabía, no había secretos, sabía de la culpa, de las semanas sin dormir. De la angustia y del llanto.

— El mismo.

— Dios, Hermione.

— Exacto.

No tenía que decir mucho para que Saito le entendiera. Ahí estaba la pesadilla de Hogwarts, el niño mortifago como le llamó la prensa. El precioso hijo de Narcissa Malfoy, la mujer que hizo la diferencia en el final de la guerra y que estuvo a punto de matar a dos aurores para evitar que su hijo terminara como lo hizo.

Ignorante de su propio mundo, de su magia, de su pasado.

Sonriente y servil, con un nuevo nombre.

Dan Miller.


Bien, ahora responderé los reviews que se me había olvidado responder la vez pasada.

Noemi Cullen: Espero que te guste el siguiente este cap, gracias por dejar tu review y por tus abrazos.

Wand: Ya lo sé, la verdad es que yo tengo varios OTP, ya sabes Scorbus, Dramione, Drarry, Estoy empezando a figurarme un DracoxLuna o un HarryXLuna (pareja que claro que quedaba) pero bueno, todas estas parejas son parte de mi corazón.

Tsuruga Lia1412: Bueno, ya se han encontrado ¿Qué te parece? ¿Y que piensas de Saito? A mi me cae bien, me recuerda a mi todo impudente e insensible pero un amigo sincero. XD. ¿Y que tal lo que has visto de los amigos de Draco? En el siguiente cap los conocerás mejor, pero la verdad cuidan a Draco como a un hermano, es muy triste que todos sean productos de un tipo de vida no muy bonito. Te voy a explicar este asunto del sueño de Draco sólo porque eres la lectora más constante que deja review y todo y no sabes como me hace sentir de bonito que te des el tiempo de escribir reviews larguitos.

En cuanto al sueño, el hechizo que tiene Draco en la cabeza no es muy efectivo, ya que hurgar en la mente de los demás es sumamente delicado, Draco está viendo recuerdos reales, y bueno, de Abraxas Malfoy y en general de casi todos los Malfoy de los últimos tres o cuatro siglos solo se sabe que eran unos puristas pero que antes del estatuto del secreto eran una familia que se relacionaba con las altas esferas de los muggle, pero en realidad no era que fueran malas personas, sólo que fueron educándose así, sabemos que Abraxas murió de viruela de Dragón pero no de cómo la obtuvo. Recordemos que son más que nada empresarios y que por supuesto no son de los que se las dan de aventureros, me estoy dando libertades creativas para explicar porque los Malfoy son especialmente renuentes a los muggle con un motivo más profundo que la simple pureza de la sangre, después de todo Lucius era un hombre terrible, pero amaba a su familia, pienso que el hecho de que Abraxas se halla contagiado por proteger a unos muggles de un dragón enfermo es motivo suficiente para hacer rabiar a Lucius y que de alguna manera también hiciera a Draco odiarlos lo suficiente para no huir de los ideales de su familia aunque sabe que lo que hace está mal y que se caga de miedo con sólo pensar las cosas horribles que hacen los mortifagos, a fin de cuentas, aunque era un imbécil por sus ideales, fue criado con mucho amor. Es una lástima que ahora no recuerde nada de eso.