Conversación en la alfombra

— ¿Y qué piensas hacer? — Le preguntó Saito acostado en su alfombra a un lado de la mesita donde reposaban botellas de cerveza de cebada y paquetes de cigarrillos.

Desde que Saito y ella se habían vuelto amigos Hermione empezó a tener muchos, muchos vicios, que incluían rock de los 70´s, fiestas de tequila (Sólo entre ellos dos), maratones de Simon Snow*, cigarrillos y las series policiacas y de hospitales, como la Ley y el orden. Vicios que sus padres ni de lejos imaginaban que tenía.

Ella fumaba pegada al marco de la ventana que daba al balcón.

— No lo sé. Tal vez seguirlo después del trabajo, averiguar cómo y dónde vive. Si estudia o algo. Shacklebolt tuvo que haberse trabajado una historia para poder implantársela en la cabeza. Tiene que haber papeles oficiales que lo tengan como ciudadano americano, no puede estar aquí así como así. Sin historial de nada.

— Que Creepy.

— ¿Se te ocurre algo mejor?

Saito hizo una mueca sugerente.

— Se me ocurren un par de cosas.

— Kido.

— Ohh vamos Granger. Es un hombre, de menos de 20 años, todavía somos adolescentes, de por si la hormona nos trae locos toda la vida. Eres guapa, con un cuerpazo. Si vas y te le plantas como diciendo, oye no te conozco pero creo que podríamos ser amigos te va a mirar con cara rara. Es más fácil si te le acercas con claras intenciones de ligue, no lo sentirá raro, es atractivo, de seguro está acostumbrado y sí le gustas, puede que platiquen bien, que queden para verse más veces. No tendrás que seguirlo como acosadora psicótica, él mismo te invitará a donde sea que viva.

Ella meditó unos segundos.

— Aunque me atreviera a hacerlo sigo siendo novia de Ron, y si intenta algo más y no quiero, no sería coherente. Además aún si yo lograra superar mi aversión hacia él, a él no le gustaría, toda la vida me trató como mierda ¿Sientes que puedo llamarle la atención? Se la pasó 6 años despreciándome. Mirándome como si fuera una cucaracha. Hablándome como si fuera nada.

— Así lo educaron, la ventaja está en que no lo recuerda y eres guapísima Mione. Por tu novio no te preocupes, está en Inglaterra y aquí nadie puede irle con el chisme.

Ella se acostó con él en la alfombra.

— No estoy segura.

— No hay puntos intermedios, o lo dejas pasar o haces algo al respecto. Lo que te diga la consciencia. ¿Pero qué es lo que quieres en vedad Mione? Él está condenado de una manera brutal pero completamente legal, y sus padres no pueden venir aquí.

— Pero puedo decirles…decirles que está bien, que está sano, que es feliz o triste. Son sus padres, no deberían haber perdido a su hijo de esa manera, no deberían tener esa incertidumbre de no saber dónde está su hijo. Creo que preferirían saberlo muerto.

— Está claro que cualquier padre desearía saberlo, pero por como hablas siento que la que necesita saberlo eres tú.

— Lo necesito, pero no sé por qué.

Saito se encogió de hombros.

— A veces pasa. —Dijo, más que nada por rellenar la conversación.

Dan miró hacia las mesas, era jueves y cómo cada jueves desde hace cuatro semanas llegaban sus clientes habituales. El chico asiático de carro deportivo increíble y la menuda chica linda de cabello rizado.

Al principio el primer día que los vio pensó que eran pareja. Luego se acercó a atenderlos. Eran amigos, no había más que ver el trato que se daban entre ellos. El chico era muy brusco, y no un brusco como el de los novios idiotas y machistas que maltratan a sus chicas, sino del tipo, eres mi amiga y te voy a tratarte como trato a cualquier chico más. Date de santos que te jale la silla.

Siempre pedían lo mismo. Fumaban como camioneros, pero eran cigarros Marlboro red box ella, y mentolados él, aunque a veces los intercambiaban. Ni siquiera sabía porque le llamaba tanto la atención. Era simplemente que no parecían personas normales. Él se veía de muy buena familia, porque su actitud de "no me toques las narices", la postura y la limpieza de movimientos era distintiva. Ella más desgarbada, más como cualquier chica, pero tenía los ojos muy inteligentes.

Se preguntaba a menudo que tipo de chica inteligente era ella. A aquella cafetería llegaban mujeres muy inteligentes y con dinero, era una cafetería en un barrio comercial pequeño pero importante. Los grandes almacenes por supuesto que tenían más gente, pero en esa plaza se encontraban lugares que vendían una pieza única de cada cosa, no encontrabas otra igual en todo Seattle, lugares que vendían productos 100% naturales desde coles de Bruselas orgánicas, hasta productos de limpieza y muebles hechos de reciclaje (artesanías por las cuales la gente pagaba absurdas cantidades de dinero) y demás decoración estilo Art Deco.

Tenía un rostro dulce que no se podía quitar de la cabeza, como si lo hubiera visto antes y sus neuronas constantemente buscaban el recuerdo, pero boom, de nuevo el mareo, de nuevo la pared invisible.

Los atendió como siempre y como siempre ellos dos se estuvieron echando miradas. Tal vez a ella se le hacía atractivo. Trató de no pensar mucho en eso. Ya le habían roto el corazón, otra vez, esa misma semana.

— Hola. —Le dijo la chica acercándose por detrás. Él estaba secando los vasos de cristal que acababan de salir del lavatrastos. Pensó que ya se había ido, hace 5 minutos que le habían pagado la cuenta.

— Hola. —Contestó dándose cuenta por primera vez del curioso vestido que llevaba, era elegante, vaporoso, ligero y con estampado de flores. Si no hubiera estado en el trabajo probablemente hubiera chiflado al ver su generoso escote. Llevaba zapatos de plataforma blancos que la dejaban en una altura ideal para besarla de manera romántica.

Ella le sonrió.

— Estaba pensando…—La chica suspiró. — Vale, al grano, esto es demasiado para mi ¿Te gustaría salir conmigo…un día de estos?

— Ahh…ahhh. — Se rió nerviosamente. —Sí…claro, es sólo que...Dios. Es algo inesperdado.

Los dos sonrieron bobamente y miraron al suelo apenados.

— Tengo libre los miércoles y los sábados.

Ella le miró y se sonrojó.

— El sábado estará perfecto ¿Nos vemos aquí a las doce?

— Claro. —Respondió al momento.

— Bien.

— Bien. —Ella le sonrió y se dio la vuelta para salir del local. Pero antes de salir se regresó. —Por cierto. Mi nombre es Hermione Granger. —Y salió definitivamente del lugar.

— Bien, lo hice. —Estaba recostada en la alfombra sacando su libro de enfermedades infecciosas, Desde las plagas bíblicas, hasta el SIDA nomag. Iba en la viruela de dragón y recordó que de eso había muerto el abuelo de Draco.

¿Cómo le había hecho Abraxas Malfoy para contraerla? No dudaba que los Malfoy tuvieran mucho pasado criminal, pero no parecían de los que se enfrentaban a grandes bestias infectadas (porque a los dragones se les notaba cuando enfermaban) por dinero. Contrabando no pudo haber sido.

Saito se acostó a su lado y él leía el conde de Montecristo decidido a no terminar la tarea.

— ¿En serio? — Preguntó ella.

— Oye, te voy a ayudar a enterrar el cadáver. —Mi cabeza no puede con tanto.

Ella sabía que no era por eso, sino que sus padres le comunicaron por medio del celular que el día siguiente llegaba su prometida de Tokio, para una presentación formal antes de celebrar la fiesta de compromiso. La lectura le hacía olvidar la realidad.

Saito decía que no le importaba pero ella sabía que sí, que no quería casarse, no de esa manera y aunque faltaran un montón de años para eso, no lo quería.

Ella tomó su mano.

— No tienes que hacerlo.

— Tengo que…es por el honor de mi familia Mione. Mis padres dieron su palabra y yo tengo que cumplir. Lo contrario es deshonra para los míos y para los suyos.

Hermione se sintió triste. Se preguntó si era tan duro con todos los sangre pura. En América los magos eran muy relajados con temas como el estatus de la sangre, mientras fueras mago estaba bien, pero Saito venía de una familia japonesa muy tradicional. Para ellos el honor y las apariencias lo era todo.

— La verdadera tragedia aquí Hermione es…ya sé que dije que nadie le va a decir nada a tu novio, pero ¿Hasta dónde vas a llegar con Draco? Considerando que no te agrada mucho realmente.

Eso le puso a pensar…

— Merlín…

— No creo que Merlín ayude mucho, pero si unos tragos de tequila antes.

— E ir con aliento alcohólico.

— Usamos un hechizo refrescante y ya. Joder, Mione que por tu negatividad sólo yo soy tu amigo

Hermione miró a Saito, Saito la miró a ella y se sonrieron.

— ¿Qué haría sin ti? — Preguntó ella besando su frente.

— Morir de angustia. — Dijo el volviendo a su libro.

— Cierto. —Ella miró al techo pensando en si tres tragos serían suficientes, porque después de tres ella percibía la moral un poco diferente. No es que no hubiera besado a más chicos además de Ron, desde que había llegado a Estados Unidos había besado a muchos cuando estaba muy alcoholizada pero nunca había llegado a nada más. Saito se la llevaba cuando la veía mal o a alguien intentando propasarse con ella. Por eso hacían sus fiestas solos, mientras miraban Dexter o Hannibal.

Pero ser coqueta con Draco…Eso iba a ser difícil considerando la tirria que le tenía. Invitarle a salir ya le había costado tres horas de ensayo…

Dan miraba por el retrovisor de la camioneta de DiDi. No era lo que se decía nueva pero estaba arreglada para que fuera veloz y tenía los cristales polarizados. Al primero que vio salir fue a Maize, seguido de P.J. que caminaban muy tranquilos. Dan abrió los seguro y ellos se metieron.

— ¿Qué encontraron? — Preguntó más por curiosidad que por saber su parte del botín.

— Un montón de dinero escondido en el closet. — Le contesto el latino. Quitándose los guantes de cirujano que siempre usaban. No querían dejar huellas obviamente. Y estando todos rapados, excepto él (que para esos trabajos usaba gorra) y Wallace (Que llevaba su cabello rizado siempre trenzado y bajo un gorro) disminuían mucho la probabilidad de que fueran identificados.

— A DiDi le gustaron unas joyas para Franky y mira ahí vienen. — Dijo P.J. señalando a DiDi y a Wally que iban cargados, el negro con una pequeña pantalla y algo largo y en forma de tubo y el deslavado con unas computadoras portátiles. Llevaban además algo en la boca. A DiDi se le notaba que era un paquete de papas fritas pero Dan no distinguió bien lo de Wally hasta que no se subió a su lado en la camioneta.

— ¿Un jamón ahumado? — Se rió incrédulo mientras arrancaba la camioneta. Wallace sonrió y le mostró el paquete en forma de tubo.

— Y salami. Maize tiene queso en su casa y podemos comprar las baguettes en el camino. Nos puedes hacer unos españoles. Yo tengo los jitomates.

— Lena dijo que los usaría en la sopa de mañana. — Le reprendió mientras tranquilamente se dirigían a la avenida. Esas personas se habían ido de vacaciones y los vecinos no se habían dado cuenta así que no había habido percances. No era como esa vez que un perro les había metido un susto de muerte.

— Le compraré otros jitomates mañana.

*Simon Snow es una serie de ocho novelas y películas apócrifas escritas por la filóloga ficticia Gemma T. Lesslie, personaje creado por Rainbow Rowell en su libro Fangirl; También es el personaje principal de Carry on. Ambos libros casi parodian y/o simulan del fandom de HP.