Él estaba decidido, Hinata se dio cuenta momentos después, cuando Naruto la llevo en brazos hasta la cama. Su chaqueta resbalo dejando al descubierto la bronceada piel. Aterrorizada y fascinada al mismo tiempo, lo observaba mientras se despojaba de la corbata y de la camisa.
—Tu debería hacer esto, hay algo de erótico en el hecho de ser desvestidos.
—Tú tienes mucha practica —agrego Hinata intentando mostrarse distante. En lugar de eso sus palabras sonaron faltas de aliento y vacilantes. Tenía contraído el estómago, quería brincar de la cama y correr hacia la puerta a cualquier parte con tal de escapar de ese hombre que se desvestía junto a ella.
Una vez que se quedó solo con los calzoncillos, Naruto se colocó junto a ella, apoyo la cabeza en una mano en tanto que con la otra jugaba con los senos de Hinata. La respiración de la chica se agitaba más a cada momento. Pensó en huir, pero no quiso sufrir la humillación de ser cargada por segunda vez. Trataba de convencerse de que esta dura prueba era solo una medicina más desagradable de lo común. Ella sabía que sería menos molesto si terminaba lo antes posible, en lugar de hacerlo todo más largo. Sonrió en su interior al recordar su ilusa creencia de que sería capaz de persuadir a Naruto para que esperara. Lo sabía ahora cuando miraba al hombre recostado junto a ella.
Mientras meditaba en eso, Naruto le acariciaba el brazo. Ella podía sentir la calidez de otra piel junto a la suya y ella comenzó a cansarse de tener que aparentar indiferencia y calma.
—Eres una excelente actriz —susurro Naruto al mover los azulados cabellos hacia atrás —Casi podría creer que esta es la primera vez que estas a solas con un hombre, pero los dos sabemos que no es así.
En ese instante la chica se sentía más allá de las palabras y de todo, menos del temor que se apodero de ella cuando los labios de Naruto se aproximaron con lentitud a los suyos. Este hizo presión sobre los hombros femeninos forzándola a recostarse sobre la almohada. Al sentir que comenzaba a desanudar los tirantes de la blusa, se puso rígida. Él se apartó un poco y el busco su mirada.
—Esto es necesario Hinata y si persistes en tu tonta actitud, me vas a forzar a lastimarte. Tu sabes lo que quiero —el deseo brillaba en sus ojos —y hare que tú también lo desees.
Poso sus manos sobre los senos, acariciándolos con delicadeza sobre la delgada seda, Hina temblaba de pies a cabeza, con la boca seca. Los apasionados besos y caricias de Naruto le causaban unas emociones que la volvían una extraña consigo misma. Cuando Naruto la despojo de su indumentaria, dejando a la vista su pálida piel, ella intento zafarse, pero aprovechando la superioridad de su peso, el la obligo a acostarse y se colocó arriba de Hinata.
—Bésame —murmuro al oído—. ¡Tócame! —su frente estaba perlada de sudor, los ojos eran de un azul intenso y su expresión suplicante —Sabes lo que quiero, deja ya de atormentarme.
Las manos de la chica aun contra su deseo estaban apoyadas sobre el pecho de Naruto. No había más que piel contra piel, ambas sudorosas y cálidas. Naruto la desvistió casi completamente. La vergüenza la invadió en una oleada de calor, mientras Naruto la mantenía apartada para admirar su cuerpo, que ahora no cubría otra prenda que las diminutas bragas.
—Eres más maravillosa de lo que imagine —le susurro despacio, y entonces, casi con reverencia bajo la cabeza y toco con sus labios con toda la delicadeza posible la tierna y rosada punta de un seno y después el otro.
Una sensación ardiente que se propagaba por todo su cuerpo la invadió, seguida de una excitación tan poderosa que la chica fue incapaz de razonar. Ella suspiro al sentir la boca de Naruto por segunda vez sobre sus endurecidos pezones. El indescriptible placer la insto a abrazar a Naruto y retener su cabeza contra su gran busto.
Así que esto era el deseo, comprendió Hina sin poder creer aun las sensaciones que estaban floreciendo en su interior. Su mente parecía incapaz de controlar a su desenfrenado cuerpo. Gemía complacida ante el placer que el hombre le brindaba. Solo cuando sintió que el comenzaba a despojarla de las bragas, tuvo un instan te de conciencia, entonces aprovecho que Naruto estaba quitándose los calzoncillos, salto de la cama y se metió en el baño.
—¿ Hinata?
—Quiero darme un baño —fue la primera excusa que le vino a la mente.
Tenía la necesidad de estar sola unos instantes para identificarse con esa parte de su personalidad que acababa de descubrir. Las caricias de Naruto abrieron todas las puertas detrás de las cuales tenia escondidas sus necesidades de mujer.
—Nos daremos un baño juntos, pero más tarde, ahora ven aquí.
Los dedos de Naruto la rodearon por la cintura una vez que salió del baño, la miraba con tal intensidad que la hizo cambiar de color.
—Ahora tengo otras ideas en la mente —de un tirón que sorprendió a la joven, la acerco a sí.
En esta ocasión ella quedo arriba, su leve protesta se perdió cuando el la silencio con sus labios, desvaneciendo cualquier duda que pudiera existir con respecto a la intensidad de su deseo.
—Tócame Hinata, hazme el amor de la misma forma como lo haces con Toneri.
Ella tenía las manos apoyadas en el pecho de Naruto. Podía sentir los poderosos latidos del corazón motivados por el deseo, sus poderosos músculos en tensión mientras con los pulgares le acariciaba los pezones, incrementando su necesidad de una completa satisfacción. Ella nunca imagino que el apetito sexual fuera así, creciendo en espirales de excitación que, eran tan fuertes que provocaban una abundante transpiración. En ese sendero de placer Hinata olvidaba todo con excepción de las sensaciones. El cuerpo de la joven estaba en tal armonía con el de Naruto que le respondía sin titubeos. En esos instantes ella no tenía miedo, sus dedos se habían liberado y hacían atrevidas incursiones en el cuerpo masculino. Todo pensamiento racional se esfumo, solo existía el urgente clamor de su pasión. El anhelo de entregarse a Naruto la condujo hasta el punto en el cual sus muslos se separaron.
Su respiración se convirtió en sollozo, mientras sentía el primer impulso del cuerpo de Naruto contra el de ella, sus bocas se fundieron y la chica se olvidó de todo. Cortos suspiros morían bajo la presión de sus besos. Hinata lo rodeaban los brazos mientras se arqueaba instintivamente hacia él. Casi imposibilitada para soportar el creciente anhelo, hundía inconsciente las unas en la espalda de Naruto. Entonces, cuando pensaba que no resistiría esa agonía, el dolor desapareció para dar paso al placer inigualable que provoca el éxtasis cuando el la penetro. Tuvo que aceptar que no solo respondía, sino que ahora incitaba a Naruto a que le poseyese en su totalidad. A pesar de la oscuridad la joven intuyo que Naruto la observaba, el único sonido que rompía el silencio era su entrecortada respiración. La chica experimento un tardío sentimiento de vergüenza. ¿Cómo fue posible que le respondiera de ese modo? Las manos de Naruto se deslizaron a lo largo de su cuello para finalizar en su rostro. Parecía que el intentaba decir algo y la joven se volvió a mirarlo. El corazón le latía con fuerza y estaba segura de que Naruto también podía escucharlo.
—¡Dios mío! —murmuro mientras Naruto la abrazaba de nuevo y se posicionaba encima de ella. Sus protestas se perdieron en la boca de su marido cuando derribo las ultimas barreras de su inocencia.
—Relájate, Dios sabe que no pretendo lastimarte.
El empezó a moverse dentro de ella, con movimientos suaves y delicados.
Momentos más tarde se sumergía en el mismo universo de pla cer y respondía a Naruto con idéntica pasión.
—Ámame, Naruto, por favor, ámame —él le mostraba el verdadero sentido de la palabra placer. El mundo de la muchacha se matizó de nuevos colores, mientras nuevas estrellas nacían en su uni verso.
Fue hasta más tarde, cuando el placer los había dejado exhaustos y Naruto yacía junto a ella, con un brazo alrededor de su cintura, cuando fue consciente de que Naruto era la clase de hombre que siempre había deseado.
—¿En el nombre de Dios Hina, porque no me dijiste la verdad?
La chica trato de apartarse, pero él no se lo permitió. La tomo de la cabeza con las dos manos y la forzó a mirarlo.
—No sé qué quieres decir —fue una sandez decir aquello y aho ra se arrepentía.
—Sabes muy bien a que me refiero. ¿Por qué no me confesaste que eras virgen?, yo todo el tiempo. . . —se calló y Hina se sorprendió al ver su palidez —¿Por qué no me dijiste que nunca habías conocido a un hombre en la intimidad?, yo pensé que tu sabia. . .
—Todo lo que yo sabía era que me estabas amenazando.
—Y tú te entregaste a mí. ¿Esperabas castigarme? ¿Querías que me sintiera como un monstruo?
—Solo quería proteger a Toneri —contesto Hina con voz baja —Tú me amenazaste con decide a Tayra que teníamos relaciones íntimas y no podía permitirlo.
—Pero no era cierto. ¿Deseabas que fuese el mientras hacíamos el amor?
—¿Tiene importancia? —su voz era apenas audible, ya que luchaba por contener las lágrimas que pugnaban por salir —¿Hay algo que pueda todavía importar?
—¿Lo quieres mucho?
—Él es mi amigo —le respondió sin titubeos.
No quiso mencionarle la operación de Tayra, además, lo único que deseaba era dormir y tal vez escapar a la menor oportunidad para tratar de olvidar como su cuerpo la había traicionado. Era inútil decir que no había disfrutado, Naruto la había conducido hasta las más altas cimas del placer humano y no podía dejar de reconocerlo. Trato de ignorar el disgusto de Naruto, el cual parecía aumentar a cada momento. Todo estaba mal, si había alguien que debería estar molesta era ella.
—¿Estas enfadado conmigo?
—¿Enfadado? —la miro incrédulo —¡Estoy enfadadísimo! Eres una neófita haciendo el amor, ¡eras virgen! Ahora me siento como un vil violador, creí que jugabas conmigo y te aseguro que el saber la verdad, no me reconforta.
—Podemos anular el matrimonio.
—¡No! —la negativa fue rotunda —Ya me hiciste sentir como un payaso una vez y no te daré una segunda oportunidad. Además, Toneri ama a su esposa. Estamos casados y así nos vamos a quedar.
El la miraba como si tratase de encontrar algo en su expresión.
—De veras lo siento, eres tan inocente como un niño y se te nota con facilidad. ¿Por qué actuaste así en la fiesta?
—No me gusto la forma en que me observabas.
—¿Y cómo lo hice?
—Como si pensaras. . . Como si pensaras. . .
—Como si pensara que tan grato seria el llevarte a la cama. ¿Y por eso comenzaste a coquetear?
Había algo más que eso, pero Hinata estaba muy confusa y cansada para protestar. Había sido su aire arrogante, su confiada seguridad de que ella estaba allí solo para que el llegara y la tomase, lo que la molesto.
—Yo no quería casarme contigo.
—Pero lo hiciste y por un hombre que ni siquiera era tu amante. Te advierto que no voy a permitir que el recuerdo de alguien se interponga entre nosotros. ¡Eres mi esposa!
— ¡Me lastimaste!
—Era inevitable y fue el precio que pagaste por tu estupidez. Si me hubieras dicho que nunca habías estado con un hombre. . .
—¿Que habrías hecho?
—Hay diversas maneras de iniciar el acto sexual, Hinata. Yo supuse que tu experiencia competía con la mía y te deseaba de una forma tan poderosa que no estaba dispuesto a aceptar tus evasivas y facilitarte las cosas. Veo que tienes sueño, duerme, ya hablaremos mañana.
Para su sorpresa durmió muy bien, aunque si era temprano cuando despertó. El cuerpo de la joven tuvo que soportar el brazo de Naruto durante toda la noche. Eso la confundió un poco hasta que recordó los acontecimientos de la víspera. Naruto dormía aun a su lado, parecía más joven, tenía las mejillas sonrosadas. Hinata sintió una extraña necesidad de acercarse a él y tocarlo, quería sa ber más acerca de este hombre que la había hecho mujer. Naruto se estiro y la sabana resbalo de sus hombros, Hinata se cubrió sus ojos al ver las cicatrices dejadas por sus unas. Recordó con claridad como las clavo cuando oleadas de éxtasis la invadían, se volvió arrepentida de haber actuado con tal salvajismo. Naruto entre sueños volvió a abrazarla debajo de los senos, lo que le recordó la intimidad compartida horas antes y cuanto había deseado sus caricias.
Incapaz de soportar sus pensamientos por más tiempo, se quitó el brazo de encima, se destapo y se levantó de la cama. Fue en busca de ropa interior limpia y se metió en el baño para ducharse. Su champú estaba en la maleta y regreso de puntas para no despertar a Naruto. Una vaga idea de abandonar el hotel antes que despertase cruzo por su mente. Ya no temía que hablara con Tayra. ¿Qué le diría? Él sabía muy bien que entre ella y Toneri nada había sucedido.
Sin embargo, decidió esperar hasta que hubiese borrado las huellas de la noche anterior.
Se encontraba muy ocupada dentro del baño para escuchar el sonido de los pasos atenuados por la alfombra y fue hasta que oyó el ruido de la puerta al cerrarse, cuando se dio cuenta de que no estaba sola. Dirigió la mirada hacia la puerta y miro a Naruto apoyado en ella con una pequeña toalla rodeándole la cintura.
—¿intentas borrar las huellas de mis caricias? Sera inútil, he oído decir que el recuerdo del primer amante es algo que la mujer conserva durante toda su vida.
—Solo quiero darme un baño —la toalla estaba fuera de su alcance y deseo con desesperación tener el valor de cubrirse con la cortina y salir por ella.
Naruto estudiaba su cuerpo con desfachatez y la forzó a recordar como la había tocado la noche previa.
—Así que te quieres sentir limpia antes de dejarme. ¿Era eso lo que planeabas? Estamos juntos Hinata, y ya te he dicho que nadie me hace tonto dos veces, no quiero que la gente diga que mi esposa me abandono después de la primera noche de vida conyugal. Si me abandonas le diré a Tayra que tú y Toneri tenían relaciones amorosas. Yo ya sé que no es verdad, pero es obvio que ella no, de otra forma no habrías accedido a casarte conmigo. No sé por qué estás tan ansiosa por proteger su matrimonio, pero si el miedo de destruirlo es lo que te mantiene a mi lado, entonces esa será mi arma.
—¡No podemos vivir juntos! —Hinata estaba anonadada.
—¿Por qué no? ¿Porque te robe la virginidad? Si eso es lo que te molesta y sospecho que así es, tal vez ahora sea el momento más apropiado para demostrarte que no siempre hay dolor.
Se quitó la toalla antes que Hina pudiese reaccionar. La espuma con la cual se había enjabonado se adhirió al cuerpo de él, mientras la abrazaba. En lugar de cargarla y sacarla de allí, comenzó acariciarla con suaves movimientos en la espalda, masajeando los tensos músculos hasta que estos se relajaron aun contra su voluntad. Sus dedos se posaron en la cintura por un momento, antes de descender y explorar las suaves caderas. Los nervios de su abdo men temblaron a modo de protesta, como queriendo desmentir el poder de esas incitantes manos. Pero la sensación que ella recordara de la noche previa comenzaba a invadirla. Los dedos de Naruto recorrieron su espalda haciéndola temblar con una mezcla de temor y placer.
—Veo que eres una de esas chicas a las que no les gusta bañarse desnudas, todos los hombres les agrada ser los primeros en la vida de una mujer, tanto en verlas como en tocarlas, contigo conseguí las dos cosas, ¿no es verdad?
La chica quería negarlo, pero los besos que recibía a lo largo del cuello la hacían ver mariposas. Naruto se detuvo en sus orejas para rozar la parte más sensitiva con sus labios. Sin poderlo resistir, bajo la mirada y se percató de que cuando Naruto tomaba el sol, lo hacía desnudo.
—Sé que quieres tocarme —sus palabras la aterraban—. No debes avergonzarte, es lógico que quieras dar placer cuando lo recibes. Tu piel sabe a durazno.
Le dio algunos mordiscos con delicadeza mientras sus manos se deslizaban hacia abajo de su cadera para atraerla hacia él. La muchacha levanto una mano para empujarlo, pero resbalo en el pecho enjabonado de Naruto. El impacto de su musculoso cuerpo bajo la palma, fue devastador.
—¿Hinata?
Levanto la vista, al tiempo que Naruto acercaba sus labios a los de ella. Solo que esta vez no había fuerza en ellos, sino que eran una atormentadora caricia que la hacía olvidar que este hombre solo merecía su odio. Deseaba con fervor prolongar el beso y aumentar la presión de los labios para revivir lo ocurrido la noche pasada.
Una pequeña mueca de frustración se dibujó en su rostro cuan do los labios de Naruto se retiraron. Ella lo sujeto por la nuca y le inclino la cabeza hasta que los labios se unieron de nuevo, Hinata se estremecía al contacto de la mano masculina sobre sus hombros. Cuando la beso con una pasión tal que parecía que quisiera extraer toda la dulzura de su boca, inconscientemente ella inicio un recorrido sensual por el cuerpo masculino, llegando incluso a zonas erógenas.
—Veo que has aprendido mucho, pero yo vine aquí a darme un baño, no a hacer el amor —dio media vuelta para buscar el jabón y ella se sintió frustrada.
No entendía lo que le sucedía, debió agradecer que él no quisiese continuar. Dudo por un momento, pero su costumbre de enfrentar la realidad la obligo a reconocer la verdad: le molesto que Naruto no continuara el juego amoroso. Se movió con cuidado y escucho a Naruto que le preguntaba.
—¿Adónde vas? Ayer te dije que nos bañaríamos juntos y eso es lo que vamos a hacer.
—Yo no quiero.
—De cualquier modo, te vas a quedar.
El comenzó a enjabonarse y ella lo miro atolondrada, su lengua estaba húmeda pero sus labios secos mientras observaba la fabulosa anatomía varonil.
—Ahora trata tu —puso las manos de ella sobre su cuerpo y observo la expresión de asombro de Hina -Si te ayuda, cierra los ojos y trata de recordar que yo también soy humano. Lo estabas haciendo muy bien hace un momento.
Hinata se decía que era un fastidio enjabonar a Naruto. De súbito empezó a experimentar un peculiar placer; cada caricia la acompañaba con un beso, cada uno era más intenso.
Cuando él la llevo a la cama, sentía una dolorosa necesidad de prolongar al máximo el acto sexual. Todas sus inhibiciones se desvanecieron y respondió a las caricias de Naruto, con el mismo ardor. El dolor de la noche previa estaba olvidado.
—Dilo Hinata —ordeno Naruto mientras la chica se arqueaba sobre el demostrando así su creciente deseo—. Dime que me necesitas.
—Te necesito.
Se besaron con pasión y Hinata se perdió en el universo de placer que floreció en su interior. En esta ocasión no hubo dolor, sino un aumento gradual de excitación. La chica no dejaba de musitar el nombre de su esposo mientras se unían sus cuerpos en un mutuo abandono.
—Nunca trates de insinuar que no somos sexualmente compa tibles —comento Naruto ya relajado —Tu tal vez ames a Toneri, pero yo soy el único que puede llevarte hasta el punto de que no te importe nada, excepto la completa posesión.
Hinata estuvo a punto de confesarle que ella no amaba a Toneri, pero un sexto sentido la previno. Lo que sentía por Naruto era solo deseo, no podía ser nada más. Sin embargo, le resultaba inconcebible que fuera capaz de responderle así a un hombre que no ama ba. ¿Amor?, ¿por Naruto? Eso era ridículo, ¿o no?
Una voz en su interior la interrogaba. ¿Era posible que su miedo y agresividad del inicio se debieran a un primitivo instinto de auto conservación? ¿Había presentido que de alguna forma ese hombre sería un peligro para su tranquilidad sentimental? ¿Se trataría de un acto defensivo producto de su experiencia con Sasuke?
No era posible que ella amase a Naruto, en ese momento escucho la misma voz que le preguntaba. ¿Y por qué no? No podía ser ver dad, se negaba a aceptarlo, era deseo y nada más. Cerro los ojos y se durmió casi de inmediato. Soño con Naruto y cuando despertó, lo encontró sentado junto a la ventana leyendo el periódico.
—¿Sueles lloras mientras duermes?
—No lo sé.
El la miro de una forma tan furiosa que la chica sintió miedo. El hecho de que ella estuviese desnuda y solo cubierta por las sabanas la ponían en desventaja pues él ya estaba vestido.
—Por el amor de Dios, no me veas así. Sueña con Toneri si así lo deseas, pero te prevengo que, si llego a imaginar que piensas en el mientras estas entre mis brazos, me divertiré contigo como un hombre que compra una mujer por una noche. Voy a caminar un poco, pero estaré de regreso a la hora de comer y recuerda, este matrimonio durara mientras yo quiera.
En cuanto él se marchó, Hinata lloro como no lo había hecho desde la muerte de sus padres. No por Toneri, sino por ella pues había soñado con Naruto. En el sueño era ella quien quería hacer el amor y él le daba la espalda, diciéndole con burla que amor era la última cosa que el sentiría por ella.
A solas encaraba la verdad: se había enamorado de Naruto Namikaze. Un escalofrió la recorrió, lo mejor que podía ocurrir era que se cansara de ella antes que se diera cuenta de que lo amaba. El desprecio con el que la trataría era algo que Hinata no podría soportar. '
"Compatibilidad sexual", así era corno él lo había llamado, pero ella sabía que la forma en la cual le respondiese a Naruto correspondía a la de una mujer enamorada. ¡Ella lo amaba!, si se lo hubiese dicho antes que se casaran, pero ahora era demasiado tarde. El la había tenido que desposar pues la deseaba, si bien estaba convencido de que le pertenecía a otro hombre. Por primera vez lamento su falta de experiencia. De otro modo ella podría retener su interés e incluso lograr que él nunca se aburriese de ella. Esto era falso, se dijo apesadumbrada. El deseo no era una base sólida para un matrimonio, algún día este menguaría y la dejaría vacía y con el corazón destrozado.
