Hinata abrió los ojos a su pesar. Estaba acostada dando la cara hacia la ventana, el resplandor del sol se veía a través de las cortinas. Miró su reloj, ¡las ocho y media!, volvió la cabeza con preocupación, pero se percató de que Naruto si había despertado a tiempo para el trabajo. Sobre la almohada estaba la huella de su cabeza.

No recordaba a qué hora se había acostado Naruto, pues lo último de lo que fue consciente era de que subió sola mientras su marido se quedaba en la biblioteca. Lucy era una niña sensitiva e inteligente y no tenía la menor idea de cómo manejar la situaci6n para conservar la apariencia de una pareja feliz. Se destapo y sintió una repentina nausea. La cena de la noche previa había sido excelente y no había ingerido algo que le hiciera daño, es más, casi no había comido nada en los últimos días.

Cuando se metió en el baño, la sensación de malestar había desaparecido, dejándola un poco temblorosa y muy aliviada. Soportar una enfermedad era lo único que le faltaba en ese momento pa ra colmar de infortunio.

Lucy se servía un poco de café cuando Hina llegó a la cocina vestida con una playera y pantalones de mezclilla.

—Hola, estaba a punto de llevarte el café a la cama, Naruto me pidió que no te despertara muy temprano y que te dijese que tuvo que ir a la oficina y que regresaría alrededor de las cinco.

Calmada y agradecida, la chica se sentó a disfrutar de la aromática bebida que Lucy le ofreciese. Al fin tendría un día sin los molestos vituperios de Naruto y sin su presencia temeraria.

—Pensé en ir a montar a caballo esta mañana —le informo Lucy después que terminaron el desayuno—. Hay un establo cercano. ¿Te gustaría venir conmigo?

Afuera el sol brillaba esplendoroso sobre el cuidado jardín y el prospecto de salir era tentador.

—Me encantaría, pero no soy una amazona. De hecho, no he estado en un caballo desde que era una adolescente y además no he tenido tiempo de explorar los jardines.

—¿Qué te parece si hacemos un trato? —sugirió la niña con jovialidad—. Montamos toda la mañana, regresamos a comer y después vamos a visitar los jardines. Estos son muy extensos, además del que rodea la casa, hay un par de hectáreas con árboles y un precioso lago. A Lucy no le extraño que Genista conociera tan poco de su nueva casa. Y esta en silencio bendijo la simpatía que le mostraba la niña. Parecía más feliz esta mañana y mientras Genista levantaba los trastos sucios del desayuno y escribía una nota para la señora Meadows, Lucy subió corriendo a ponerse su equipo para montar. Hina no tenía que quitarse sus pantalones de mezclilla le aseguro Lucy cuando expresase sus dudas y había sombreros suficientes en el establo.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Hina estuviera en la campiña y casi olvidaba el deleite de caminar colina abajo por la mañana. El cielo tenía el tono azul que solo se podía ver en el mes de junio. Había roció esparcido sobre la hierba del camino.

—Humm, que rico aire, es como respirar la libertad, yo odio la escuela. Mama era muy inteligente, debió inscribirse en Cambrid ge, pero conoció a papa y dejo de estudiar. Ahora insiste en que debo terminar una carrera, parece que no puede entender que las aptitudes que ella tenía para el aprendizaje no las herede yo.

—¿Que te gustaría hacer?

Pregunto Hina a sabiendas de que se puede cambiar radicalmente de forma de pensar entre los catorce y los veinticuatro años. En una década Lucy podía lamentar el no haber concluido una carre ra. Hina había descubierto que, aunque el dinero no lo era todo, algunas muchachas de su generación encontraban sus profesiones tan estimulantes, que no las abandonaban, aunque no tuviesen necesidad de trabajar. Al recordar sus épocas de adolescente, antes que conociera a Sasuke, aparecieron en su mente las chicas solteras con una mezcla de lastima y horror. Sospechaba que las adolescentes de ahora no eran muy distintas.

Los establos estaban situados en una hondonada a poco más de un kilómetro de la casa. Cuando llegaron, encontraron que todos los caballos estaban ocupados, pero la jovial muchachita le aseguro a Hinata que, si esperaban quince minutos, el señor Lawson les conseguiría dos buenos ejemplares. Mientras esperaban Gen estaba feliz observando a un gato que rondaba por la caballeriza hasta que encontró refugio en una sombreada esquina. Lucy charlaba con la muchacha que ayudaba en los quehaceres del establo.

Hinata no se había dado cuenta de la intensa tensión que había soportado desde su obligada boda hasta que sintió un tremendo cansancio. El aire fresco aumentaba esa sensación de agotamiento. Estaba a punto de quedarse dormida cuando escucho una agra-dable voz masculina que la despertaba.

—Una belleza dormida —dijo este bromeando—. Es una lástima que se haya despertado.

Sentada en la vieja silla con la cual sería provista su montura, Hinata pudo ver al que según ella se trataba del dueño del establo. El vestía una camisa a cuadros abierta de los primeros botones, unos pantalones de mezclilla y unas viejas botas de montar. Tenía el rostro bronceado y los ojos azules. Era más joven de lo que esperaba, cuando mucho treinta años fue su cálculo.

—Soy Trevor Lawson —dijo a modo de presentación—. Belin da me dijo que le interesaba alquilar un par de caballos.

—Es verdad —acepto Hina—. La sobrina de mi marido quería montar y yo le prometí que la acompañaría, aunque no soy experta.

—¿Marido? ¿Está usted casada? —¿en realidad hablo con pesar o había sido solo su imaginación? —. Pues bien, lo único que tendrá que hacer es registrarse en la oficina y veré que puedo ha cer. Me hice cargo de este negocio desde hace poco, si bien he vivido en la región por muchos años —el hombre cojeaba al caminar—. Esta pierna me quedo así debido a un accidente en una ca rrera, tuve mucha suerte de no perderla. Claro que fue una carrera de autos no de caballos, mi doctor me recomendó montar como terapia. Me gustó tanto la equitación que compre este lugar. Nadie quiere a un corredor de coches que tiene miedo de los accidentes. A pesar de que me he recuperado casi por completo, ya perdí mi sangre fría.

A Hinata le sorprendió la confianza de este hombre a quien apenas conocía, más le sonrió comprensiva.

—¿Vive usted por aquí? —pregunto Trevor mientras caminaban hacia la oficina.

—No muy lejos —respondió Hina llenando la forma.

—¿Está usted casada con Naruto?.—inquirió Trevor al leer la solicitud.

Parecía tan sorprendido que Hinata se puso a la defensiva.

—Lo siento —se excusó el hombre casi de inmediato—. Mi intención no era incomodarla, solo que conozco a Naruto demasiado y el nunca menciono que estuviese.

—Ellos se enamoraron y se casaron con rapidez —dijo Lucy apareciendo a un lado de ellos—.! ¡Pienso que fue muy romántico! —suspiro.

"¿De verdad lo pensaba?", medito Hina, mientras ella y Lucy se dirigían por los animales. Había algo en lo que no había recapacitado, necesitaría muchísimo valor para sobrevivir después de abandonar a Naruto.

Poco antes de la hora de comer, ella y Lucy regresaron a la casa. La señora Chiyo preparo platillos fríos para ambas y mientras comían Lucy le comento a Hina que ella había fascinado a Tre vor.

—Él es igual con todas las mujeres.

—Y sospecho que Belinda está enamorada de el —agrego Lucy sorprendiendo a Hina con su percepción—. Ella lo mira de la misma forma como tío Naruto te mira a ti, como si tuviese hambre.

Hinata no se atrevió a desilusionarla. En lugar de eso le recordó su promesa de acompañarla a explorar los jardines. No tenía idea de lo que Naruto acostumbraba hacer cuando regresaba. Había un inmenso refrigerador en la cocina que estaba bien provisto, así que preparar la cena no sería un problema. Saco del congelador un poco de carne y la complemento con una ensalada con pate como platillo fuerte, después fruta fresca. Fue el menú que le pareció más apropiado para cenar.

Cuando salieron a pasear, primero recorrieron el jardín que rodeaba la casa, a mitad del trayecto Hinata se sintió de repente muy mareada y tuvo que sentarse junto a un árbol. El mareo fue seguido de la misma nausea que había experimentado esa mañana y se comenzó a preguntar si era posible que algo de lo que había comido le hubiese hecho daño. Lucy la miraba angustiada, después le pregunto si prefería regresar a la casa, y Hina le respondió que no.

Si se iba a encerrar en la habitación, no podría evitar pensar en Naruto e imaginar lo maravilloso que todo sería si el la cuidara. Y la amase en vez de desearla con lujuria. El recuerdo de cuando hicieron el amor, te causo un temblor de piernas. Debía hacer hasta lo imposible porque no volvieran a encontrarse en situaciones propicias. Él le dijo que se casó solo para saciar su instinto, pero eso fue antes que supiese que ella era inexperta y ahora ese deseo parecía haberse esfumado por completo y de seguro se arrepentía de haberse casado.

Mientras llegaban al lago, Hinata se convencía de que nada mas había sido por su orgullo y por la inesperada visita de Lucy, por lo que Naruto todavía no comenzaba a tramitar el divorcio. Después de todo, desde su regreso de Cumbria no la había vuelto a tocar. Lucy le señalo el lugar donde estaba una barca muy vieja, asegurada a un pequeño tablado junto a la orilla.

—Me quería subir a ella el año pasado, pero tío Naruto pensó que era peligroso. EI quiere filtrar el agua del lago para que se vuelva cristalino otra vez, dice que en el fondo hay lodo pero que no será tan difícil de remover. Una vez que el agua este limpia planea criar carpas pues se vuelven tan dóciles que es posible alimentarlas con la mano.

—Lo sé —dijo Hinata recordando unas vacaciones en Italia. Estuvo en una villa en donde tenían carpas en un estanque y ella las alimento una vez.

—¿Crees que mis padres permanezcan juntos esta vez?

—No lo sé Lucy —respondió Hina tratando de ser tan amable como pudo—. La vida no tiene ninguna garantía, aunque sé que es difícil de aceptar. Trata de pensar que se quieren lo suficiente para volver a intentarlo, los dos se están comportando de una forma muy valerosa.

—O muy tonta —sugirió Lucy—. Hinata, ¿cómo puedes saber cuándo el amor es verdadero? .

—Es algo que no te puedo explicar —la tarde estaba dándole paso a la noche y Hina sugirió que lo mejor sería regresar a casa. Estaba segura de que a Lucy le había costado mucho trabajo confiar en ella y no podía regresar sin tratar de animarla—. Primero tienes que aprender a diferenciar que es lo verdadero. Cuando nos enamoramos, pensamos que el amor durara para siempre y sin em bargo, a veces no es así. Como somos humanos estamos propensos a fallar, tal vez los dos o tal vez nada más uno. La vida y la gente no puede permanecer estática todo el tiempo, todo cambia. Una de las cosas más difíciles de aceptar es el hecho de que la felicidad no es eterna.

—¿Pero sabiendo esto como es posible que la gente se una entre sí? —la angustia reflejada en la mirada de Lucy, toco una cuerda muy sensible en el corazón de Hinata, y se preguntó a si misma: ¿Cómo es posible?

—Con mucha facilidad, no puedo encontrar las palabras para explicártelo. Entiendo cómo te sientes, cuando era más joven, no mucho más grande de lo que tú eres ahora, me sucedió algo que me hizo pensar que no sería capaz de confiar en nadie mientras viviese y mucho menos enamorarme —intentando reconfortarla, no se dio cuenta de que ya no estaban solas—. Pero sucedió y cuando amas estas deseosa de enfrentar todos los riegos del mundo. Es al go inherente a la naturaleza humana, espera y te convencerás. El amor es una mezcla que encierra todos los temores, como en tu ca so. El miedo de que algo saiga mal y la angustia a ser lastimados. Cuando yo me enamore de. . . —Hinata escuchó un ruido y se volvió. Naruto estaba apoyado en el tronco de un árbol a pocos metros de distancia. Su rostro estaba lívido.

—Tío Naruto —Lucy corrió hacia él y la mirada de amargura que ella vio en él se desvaneció de inmediato.

—Fuimos a montar esta mañana —le confió la adolescente—. AI senor Lawson le fascino Hinata, no podía dejar de verla, ¿verdad Hina? —la jovencita se volvió a verla esperando su corroboración y Hina sintió que le quitaban el suelo.

—Ya te dije que yo creo que ese hombre coquetea con todas sus clientas. No estaba segura sobre qué cosa preparar para la cena, así es que elegí una ensalada y.. .

—Pueden cenar lo que gusten, tengo un compromiso y voy a salir —Naruto dio media vuelta y una vez que habían llegado a la casa subió a su dormitorio.

Hina se metió en la cocina para evitar subir a la habitación mien tras Naruto estuviese allí.

Lucy quería ver un programa de televisión y fue a su cuarto a verlo. Hina escucho la puerta de la cocina al abrirse. Naruto estaba vestido con elegancia, con un pantalón color crema y una camisa de seda azul oscuro y la chaqueta de ante en la mano. Definitivamente no era de la clase de atuendo que se suele llevar a una reunión de negocios. Los celos la invadieron al imaginar que el saldría a divertirse, tal vez a un centro nocturno o a un restaurante de moda. ¿Con quién? Su boca se contrajo en una mueca. Según las propias instrucciones de Naruto, Lucy no debía sospechar que su matrimonio distaba mucho de ser feliz. Cientos de coléricas palabras clamaron por salir de su boca, pero todo lo que pudo decir fue:

—¿Así es como esperas convencer a tu sobrina de que estamos enamorados, saliendo a divertirte y dejándonos solas?

—Ella estaría mucho más desilusionada si me quedase, porque como me siento en este momento soy capaz de ahorcarte. No me esperes despierta.

El teléfono sonó cuando el Masserati se alejaba, Hinata tomo la llamada. Una mujer de voz seductora pregunto por Naruto y cuando la chica respondió que había salido, sonrió con suavidad.

—Bien, pensé que tal vez llegaría tarde, pero veo que recuerda muy bien que no me gusta esperar.

Hinata no fue capaz de probar bocado esa noche, imaginar a Naruto a la luz de las velas cenando con la dueña de aquella voz tan sensual, la atormentaba. De seguro que ella no era una ingenua virgen, sabría con seguridad todas las formas de proporcionar placer a un hombre.

Después de la cena bailarían, quizá tan juntos, que podrían sentir las protuberancias de sus cuerpos.

—Hinata, ¿estás bien? —la voz preocupada de Lucy la regreso a la realidad.

—Si —era mentira, no tenía fuerza en las piernas y estaba a punto de llorar.

—Me disgusta que tío Naruto fuese a trabajar esta noche.

—Creo que fue inevitable. Si no te importa, Lucy, creo que me iré a acostar temprano. Por alguna razón me siento muerta de cansancio, debe ser consecuencia del paseo a caballo.

—Yo también me siento somnolienta, quiero escribirle a ma ma, y después iré directo a dormir. ¿Te ayudo a limpiar la cocina?

Había una lujosa máquina que lavaba los trastos, sin embargo, prefirieron hacerlo a mano. Hinata se reanimo un poco ante la rutinaria tarea. Lucy hablaba de la escuela mientras trabajaban y Gen comprendió que el rechazo que la pequeña sentía por la es cuela no era real. Tenía mucho interés en la literatura y en las artes.

—¿Has pensado alguna vez en ser bibliotecaria? Y con eso no quiero decir que estés siempre en una biblioteca, en la radio y la televisión con frecuencia necesitan investigadores. Si eres eficiente conseguirías un excelente trabajo.

Era algo que sin duda Lucy nunca había pensado y cuando terminaron con el tema era más tarde de lo que Hinata había imaginado. Trato de relajarse tomando un baño de agua caliente. Estaba convencida de que Naruto no dejaría a su acompañante a las diez y media para correr con su indeseada esposa. Le agrego abundante aceite de baño a la tina y trato de forzar a sus tensos músculos a relajarse. Después se cubrió con una afelpada toalla y comenzó a secar su cabello. Era obvio que la alcoba que compartía con Naruto era la principal. Tenía su baño, equipado con todo lujo y con mosaicos pintados a mano de dos colores, café y marrón. La tina era inmensa, más de lo que hubiese sido suficiente para dos personas, reflexionaba Hina antes de darse cuenta de la dirección que tomaban sus pensamientos.

Entre el dormitorio y el baño estaba el vestidor, Naruto le había indicado que allí podría colgar sus cosas y ella lo hizo en la esquina. Necesitaría hacer un viaje a Londres para recoger el resto de sus pertenencias pues no tuvo tiempo de hacerlo antes, también quería recoger el auto. Su cabello caía sobre los hombros como una cascada de seda. La habitación era una mezcla de tonos durazno y café. A Hina le fascinaban las sabanas de algodón y las colchas hechas a mano. Se acostó y mientras cerraba los ojos escucho el gran reloj de la sala anunciar las once de la noche.

Hinata abrió los ojos, la habitación estaba a oscuras. Al principio no pudo reconocer el ruido que la despertase. De pronto es cucho a un búho y se sobresaltó, después se disponía a abrazar la almohada cuando vislumbro una sombra en la pared.

—¡Naruto!

—¿Quién esperabas que era? ¿Toneri o Trevor Lawson? —la chica no supo que responder—. ¿No vas a preguntarme si disfrute la velada?'

—No sabía que el interés y la preocupación de esposa estaba incluido en el trato. ¿Qué quieres que haga? ¿Preguntarte si fue satisfactorio para ti hacer el amor con otra mujer? Casarte conmigo fue pagar un alto precio so1o para satisfacer tu lujuria, sobre todo ahora que ya no me deseas.

- ¿Por qué supones eso? Algunos apetitos son alimentados con abstinencia mientras que otros florecen al ser saciados.

"Sin duda quiere decir que su deseo por mí no ha disminuido por el hecho de estar entre los brazos de otra", dedujo Hina, tratando de contener aquel creciente mareo y la náusea. "! ¡No permitiría que le hiciera el amor solo para satisfacer su necesidad!"

Se lo iba a decir, pero el temor la hizo callar mientras veía esa pasión salvaje en sus ojos. Tal vez no había sido una velada amorosa como pensó, o quizá su compañera nada más lo había entusiasmado y ella era un vehículo para desahogar sus deseos frustrados. La chica pensó que ya había experimentado todos los dolores que el ser humano enfrenta en su vida, pero ahora se daba cuenta de cuan equivocada estaba. La idea de que Naruto quería hacerle el amor solo para saciar su instinto, le parecía abominable.

—Estoy cansada Naruto. . . —no lo pudo mirar mientras le mentía, mas esperaba que surtiera el efecto deseado.

—¿Cansada? ¿No puedes inventar una mejor excusa que esa?

—Muy bien, entonces, no quiero —Hinata mintió desesperada—. Odio que me toques, desearía que me dejaras sola.

—Lo hare, pero hasta que llores y ruegues que me quede contigo. Antes que esta fría noche termine, vas a suspirar pronunciando mi nombre con pasión, con esa pasión que solo yo sé que eres capaz de experimentar.

La voz del nombre adquirió un timbre más profundo encontrando respuesta en el interior de la chica. Ella quería refutar sus palabras, pero su lengua parecía pegada en el paladar.

A la sombra provocada por la luz de la luna podía ver el perfil de Naruto, la piel bronceada de sus mejillas que se movían cuando respiraba, la estrechez de su cadera y sus poderosos muslos. Él se aproximó a Hina y esta retrocedió hasta que ya no pudo hacerlo.

Su cuerpo estaba tenso mientras esperaba que el la tocase. Naruto le tomo el rostro con las dos manos y con suavidad beso sus labios.

La chica trato de evitar la caricia moviendo la cabeza, sin em bargo, se topaba con las suaves, pero enérgicas manos de Naruto, mientras las suyas reposaban rígidas a sus lados. El dejo su boca y le beso la mejilla, ella se volvió con desesperación, dándose cuenta de su error cuando sus labios entraron en contacto con los de Naruto. Este no hizo ningún intento por apresurar el beso, tomo su tiempo hasta que al fin se alejó un poco y no hizo ningún intento por tocarla.

La joven respiraba agitada a pesar de sí misma. Esperaba la ca ricia que no llego, en lugar de eso cuando todo deseo crecía al grado de superar las barreras de su autocontrol, sus labios fueron abandonados y su pasión no fue satisfecha. Los breves y atormentadores besos habían terminado y Hina no se sentía conforme.

Hinata soporto el castigo tanto como pudo, deseando no humillarse al demostrarle cuan excitada estaba. De seguro si soportaba un poco más, Naruto se aburriría con el juego y la dejaría en paz. Por desgracia, pronto tuvo que reconocer que el control de Naruto era mayor. Mientras los minutos se alargaban, su cuerpo completo le ordenaba atraer el hombre para continuar con aquel beso que había sido interrumpido con tanta crueldad.

Hina reprimió un gemido cuando él se acercó de nuevo. Tuvo que cerrar los ojos ante el repentino placer causado por la mano del hombre mientras le acariciaba los senos.

"No le respondería" se propuso angustiada. "Más valía que no lo permitiera", pero su cuerpo la traicionaba cuando recordaba lo que deseaba olvidar. Un suave suspiro se escapó de sus labios cerrados. Ella lo contuvo de inmediato, pero no antes que Naruto lo escuchase.

—No es tan fácil como creíste, ¿verdad Hinata? —cuestiono burlón—. Es difícil reprimir el deseo cuando este nos reclama satisfacción. Ahora tu sabes cómo me siento, ¿crees que lo disfruto? —pregunto furioso—. ¿Crees que haya algún hombre que goce al querer a una mujer en la forma en que yo te quiero a ti?

—Querer sin amar es degradante —Hina estaba a punto de llorar.

—¿Piensas que no lo sé? Pero eso no evita que suceda, así que mejor baja de tu nube y date cuenta de que eres un ser humano co mo cualquier otro.

La muchacha se repetía que el solo la quería humillar, que esa era una especie de venganza pues se arrepentía de desearla a ese extremo. Cuando él se inclinó hacia ella y le acaricio la espalda al tiempo que sus labios recorrían el torso femenino, la chica se encontró respondiéndole casi de inmediato. El contacto encendía fuegos que nunca pensó que pudiesen arder, revelándole que era poseedora de una sensualidad nunca imaginada. Mientras su mente sufría la agonía del castigo que Naruto le había impuesto con deliberación, su cuerpo disfrutaba con tal intensidad que lo único que deseaba era entregarse por completo a su marido.

El nombre de Naruto fue pronunciado entre suspiros y sollozos ya que la invadía una mezcla de placer y dolor. Aunque podía ver la satisfacción brillando en los ojos de Naruto como celebración de su victoria, las caricias no aminoraban y continuaban con el tormento hasta que ya no pudo soportar las restricciones que ella mis ma se impusiera y sus dedos se prendieron angustiosos sobre la piel del hombre. Su mutua pasión los arrastro hasta un lugar donde ya nada más importaba que excepto ellos dos.

—¡Por favor Naruto! —Genista murmuro sin aliento al no so portar más ese martirio.

Saladas lagrimas rodaron por sus mejillas, su orgullo ya no le importaba, todo lo que deseaba era pertenecerle a Naruto por com pleto. La piel de el tenia un sabor a sudor y sal, ella lo tocaba febril con un deseo que ya no podía ocultar. Temblando ante su intensa necesidad, le rogo que apresurase el acto final, donde los dos seres se convertirían en uno solo. Ella podía sentir la gran fuerza de su deseo y al fin el respondió a la muda plegaria de su cuerpo.

Más tarde, cuando Hina estaba a punto de dormir, el la miro con fijeza y le dijo:

—Nunca repitas que no quieres hacer el amor conmigo.

—Por favor. . .

—Tal vez debí recordar, solo como nota adicional, que eres diferente cuando te comportas como mujer y cuando quieres aparentar otra cosa. Ahora si podría ir con Toneri y gritarle de lo que se perdió.

"Nada cambio", pensaba Hina mientras silenciosas lagrimas rodaban por sus mejillas. "Había sido una tonta al suponer que algo cambiaria solo porque habían compartido algunos minutos de pla cer. Por su parte lo que le dio a Naruto fue con amor, pero el la poseyó con venganza y lujuria. Eso sería algo que ella nunca olvidaría.