solo falta un cap mas y concluyo la historia, así podre continuar con mis otros fic.


Cuando despertó, se encontraba sola otra vez, tan sola que le parecía imposible que la noche previa hubiese estado con su marido. Sin embargo, recordaba con claridad cómo le había respondido a Naruto con todo su ser.

Ella y Lucy fueron a Londres después del desayuno. La pequeña estaba encantada con la ropa juvenil que se mostraba en los escaparates de las tiendas. Hinata la observaba indulgente, a sabiendas de que en ese momento había olvidado los problemas de sus padres. Tomaron el té en Fortnum's, después de las doce y más tarde se dirigieron al apartamento de Hinata.

—Te casaste de prisa, ¿verdad? —comento Lucy mientras Hina abría la puerta de su guardarropa—. ¡Que esplendida colección! Yo no habría dejado todo esto.

-No puedo usar muchas de estas prendas en junio —arguyo Hinata—. Pues casi es para el invierno.

En ese momento recordó cuan cerca estuvo la noche previa de confesarle su amor a Naruto. Solo ella sabía que se había delatado cada beso, en cada caricia, por fortuna Naruto lo ignoraba. Sin duda estaba acostumbrado a las mujeres que ven el sexo de la misma forma que los hombres, como un apetito que debe ser saciado en el momento que se presenta sin importar como, cuando y con quien. Para ella, en cambio, fue la culminación de todo lo que sentía.

El pastel de crema que había comido en Fort twin's ante la insistencia de Lucy le cayó mal a su estómago y en ese momento sintió un terrible malestar que la hizo recurrir a la silla más cercana.

—¿Te sientes bien, Hinata? —pregunto Lucy.

—No es nada —contesto con rapidez—. Solo un malestar estomacal, creo que debido a ese pastel de crema.

Aunque argumentaba eso, ni ella misma lo creía. Parecía imposible que lo que tanto temía, se convirtiera en realidad. Pero en el camino de regreso, lo recordaba con inusitada frecuencia a despecho de su determinación de ignorarlo. Se comportaba como una tonta, se repitió más de una vez y además, era todavía muy pronto. Sin embargo, sabía muy poco acerca de esos menesteres.

Sujeto con fuerza el volante y se dijo que la tensión de los últimos días quizá fuera la causante de esos síntomas. Se repitió una y otra vez que las crisis emocionales muchas veces tienen efectos nocivos en el organismo. No había motivo para preocuparse, ni razón para imaginar tonterías. No obstante, al llegar a la casa estaba muy tensa, Lucy le señalo un elegante BMW estacionado afuera.

—¡Visitas!, tío Naruto debe estar de regreso.

El había salido en la mañana sin decirle a Hinata la hora de su regreso y ella se preguntó pesarosa si se encontraría con la dueña de aquella voz seductora. Temblorosa, bajo del auto. Aun temía la posibilidad de que estuviera embarazada. En el momento en que llego al pórtico, tuvo la sensación de que había un extraño en casa. No era solo el olor de Opium flotando en el aire o la forma como la puerta de la biblioteca estaba abierta, era una especie de presentimiento.

—¡Querida, al fin llegas, pensé que nunca lo harías! —Hina reconoció aquella lánguida voz femenina, antes de encontrarse con la mujer.

Sus labios no pudieron contener un "Oh" como tributo a la belleza de la dama. Era una mujer de cabello rosa, alta, con la elegancia de modelo, un maravilloso vestido y un maquillaje perfecto y además varios años mayor que Hinata. Un gran diamante brillaba en su mano derecha, sus uñas estaban pintadas de un color rojo oscuro.

—¡Oh! —dejo de hablar cuando vio a Hina con desdén—. La niña recién casada imagino. Naruto realmente cometió un error esta vez. Y, por cierto, ¿dónde está el?, prometió encontrarme a las seis, se suponía que íbamos a cenar juntos.

Esa desfachatez sorprendió a Hinata. Lucy estaba parada detrás de ella y la mujer pudo ver con claridad la mirada de odio en los ojos de la jovencita.

—¿Qué haces aquí? —pregunto Lucy furiosa—. Destrozaste el matrimonio de mis padres y ahora quieres destruir el de Hinata. Pues bien, tío Naruto no te quiere de regreso, él sabe con exactitud qué clase de mujer eres. Tal vez pudiste engañarlo una vez, pero. . .

—Es suficiente Lucy —la interrumpió Hina con gentileza, consciente de que estaba a punto de explotar la pobre niña. Ahora ya sabía la identidad de la visitante, aunque ya lo había intuido. Incluso la noche pasada mientras respondía el teléfono esa idea había bullido en su mente. Así que esta era Sakura, la mujer de la cual había estado enamorado Naruto. ¿Sería ella la razón por la cual él le hiciera el amor con esa intensidad la víspera? En esta ocasión no pudo contener la náusea. Corrió al baño y devolvió el estómago añadiendo a eso la humillación de salir pálida y temblorosa.

—Que dramática —murmuro con crueldad—. ¿No sabes todavía, pequeña tonta, que Naruto aborrece el sentimentalismo?

Lucy se había marchado, a su cuarto supuso Hinata. ¿De qué podría hablar con la ex amante de su marido y que tal vez fuese su futura esposa? No era algo que se pudiese encontrar en un libro que guiara el comportamiento social.

—Sera imposible que lo retengas —continuo Sakura—. No tengo la menor duda de que él no quiere lastimarte. De hecho, si actúas con sensatez y sabiduría, podrías obtener una magnifica pensión.

—Pero sin Naruto —dijo Hinata sorprendida de su propia habilidad para aparentar calma mientras por dentro se sentía destrozada en mil pedazos.

—Sin él, por supuesto —confirmo Sakura con suavidad—. Tú no puedes conservarlo de ningún modo, eres muy ingenua. —se movió un poco revelando las perfectas curvas de su cuerpo, con la expresión casi triunfante—. Ya ves querida, comparada conmigo no pasas de ser una torpe principiante. Estoy segura de que no necesitaremos defendernos una de la otra. Naruto es un hombre apasionado y yo sé cómo hacerlo feliz como ninguna otra mujer lo haría jamás. Es verdad que fui una insensata pues una natural carencia de seguridad me cegó y no pude ver la verdad. Por fortuna ya me di cuenta de que Naruto es mi hombre, así como yo soy su mujer. Estoy segura de que se habrá divertido contigo, gozando al hacer el amor con una novata, pero nunca serás capaz de complacerlo por mucho tiempo.

Sus palabras hacían eco en los pensamientos que ella misma había tenido. Era obvio que Naruto se había confiado a Sakura, le había contado los pormenores de su matrimonio, no supo que era más difícil de soportar, si el saber que hablo de su vida íntima con Sakura o el hecho de que lo que decía esta era verdad. EI que Naruto hubiese invitado a su ex amante a casa, donde Lucy la vería, era más que elocuente. Necesitaba tanto a esa mujer que inclusive los sentimientos de Lucy eran secundarios. Dentro de ella aun había algún remanente de dignidad, un ancestral instinto que la hizo levantar la cabeza y decir orgullosa:

—Si Naruto quiere que me vaya, lo único que tiene que hacer es decírmelo. No tengo la menor intención de permanecer donde no soy bienvenida, pero mientras él no lo haga, esta es todavía mi casa y usted una intrusa. Venir aquí a sabiendas de que estaba Lucy, fue una idea de pésimo gusto en vista de que se fugó con su padre hace no mucho tiempo. Y como usted decía, no tenemos necesidad de defendernos la una de la otra, así que estoy segura de que usted entenderá si le digo que yo voy arriba a hacerle compañía a Lucy y que puede esperar a mi marido aquí sentada.

—¡Tu marido! —se mofo Sakura—. Le das mucha importancia a ese término, muy pronto no serán más que palabras vacías. ¡ Naruto es mío!

La última frase repercutió en su cerebro mientras subía de prisa por la escalera.

—Ella dijo que tío Naruto le pidió que viniese —señalo Lucy en cuanto Hina abrió la puerta—, pero no le creo, mi tío la odia.

—Estoy segura de que, si él lo hizo, fue por una buena razón —sin duda para Naruto su amor por Sakura era un motivo tan poderoso que lo anteponía a todo—. ¿Por qué no llamas a tus padres? Estoy segura de que se alegraran mucho al escucharte. No planeaban salir, ¿verdad? —Lucy negó con la cabeza y Hinata pudo ver que su sugerencia le había agradado.

Hicieron la llamada juntas, pues la pequeña insistió en que se quedase mientras hablaba con sus progenitores.

—Papa quiere que vaya a casa —le dijo a Hinata mientras colgaba el teléfono—. ¡Los dos se oyen felices!, mama parecía muy distinta, como era antes. . . antes. . .

—Tendrás que hablar con tu tío Naruto para que vean la conveniencia de ir a Francia. Cuando Lucy hablaba por teléfono había escuchado un coche estacionarse afuera y se angustio ante la confrontación que se avecinaba. Sakura de seguro ya se había encontrado con Naruto, ¿estaría en sus brazos? El niño que crecía en su vientre nunca conocería a su padre. Trato de que esa idea no la deprimiera.

Se encontraba en la habitación cuando Naruto entro en ella, tiro su chaqueta a un lado de la cama y se quitó la corbata.

—Sakura me dijo que estuviste muy desagradable con ella —la reprendió sin preámbulos—. ¿Por qué? Es una invitada en mi casa y como tal se le debe tratar.

—Mientras que yo, siendo tu esposa, no tengo derecho a nada. ¿Puedes por un momento imaginar el efecto que causo en Lucy ver aquí a esa mujer? —solo por un instante, una expresión que Hina no pudo identificar apareció en su rostro.

—No te escudes en mi sobrina —dijo cortante—. Insultaste a Sakura y me gustaría saber por qué.

—¿Insultarla? ¡Todo lo contrario! —Hinata respiro profundo y retuvo el aire en los pulmones. Cualquier cosa que argumentase seria inútil. Naruto le daba la razón a su ex amante—. Soy yo quien ha sido ofendida pues me obligaste a una relación sexual sin amor y a un matrimonio que es una burla de todos los matrimonios que existen.

Escucho que la puerta se cerraba con violencia, pero necesito algunos minutos antes de poder mirar allá mientras que las lágrimas pugnaban por salir. Estaba sola en la habitación, y algunos minutos más tarde escucho el ruido del motor de BMW y vio dos personas sentadas en el vehículo.

Lucy estuvo silenciosa durante la cena y Hina confiaba en que no los hubiese escuchado discutir. Pensó que con el tiempo la niña se daría cuenta de que un hombre y una mujer pueden encontrar la felicidad juntos si hay suficiente amor y confianza.

—¿Vas a esperar despierta a tío Naruto? —pregunto ansiosa después de la cena.

Hinata negó con la cabeza esforzándose por demostrar una tranquilidad que no sentía. No quería destruir la armoniosa relación que existía entre tío y sobrina, aunque sospechaba que Sakura pronto se aseguraría de que no hubiera tiempo más que para ella en la vida de Naruto.

Cuando se fue a la cama, se acostó sin poder conciliar el sueño. La aurora apareció y le indico que su esposo no regresaría por lo menos en esa noche. La angustia era casi insoportable. Procuro fingir alegría ante Lucy, dejando que la niña pensara que Naruto se había ido temprano y rogando por que no descubriera que el Masserati estuviese en el garaje todavía.

Se sintió mal de nuevo y ya no pudo ignorar los síntomas: llevaba en su vientre un hijo de Naruto. Una parte de ella se regocijaba, mientras que la otra, mucho más sensible anticipaba los problemas que tendría que afrontar al ser una madre sola y el posible efecto que tendría en su hijo el hecho de crecer sin padre. Era demasiado pronto aún para visitar a un médico, pero por intuición sabía que había concebido un hijo.

Lucy decidió ir a montar de nuevo, pero esta vez Hinata rechazo la proposición de que la acompañara. Habia leído alguna vez que las primeras semanas de gestación eran muy importantes para el feto y en realidad deseaba la seguridad del niño que tenía en el vientre.

Estaba sentada en el jardín, tratando de concentrarse en la lectura de un libro que saco de la biblioteca, cuando escucho pisadas sobre la grava del camino. Al principio pensó que se trataba de su marido y el corazón se le sobrecogió, pero al levantar la vista reconoció a Toneri.

—¿No esta Naruto? —pregunto e hizo un gesto de disgusto cuando ella negó con la cabeza—. Me llamo ayer por la noche y me pidió que trajera estos papeles aquí. Me dijo que era muy urgente.

—No tengo idea de donde pueda estar —admitió Hinata—. ¿Podrás quedarte a comer conmigo o tienes que regresar?

—Creo que puedo hacer un esfuerzo y comer con una mujer tan hermosa —bromeo—. Te noto un poco pálida, ¿está todo bien?

—¿Puedes imaginar alguna razón para lo contrario? Vamos adentro, preparare algo y me podrás contar todo sobre Tayra.

—Se siente muy bien, mucho mejor de lo que los doctores pensaron al principio. Por fortuna su reacción fue más valerosa de lo que pude imaginar. Nunca soñé que tuviese un carácter tan fuerte. Hubo un tiempo en el que supuse que se daría por vencida y moriría, pero está peleando con todo lo que tiene.

—Me alegro mucho Toneri. En realidad, ella tiene mucho por que luchar, un marido, un hijo. . .

—¿Qué ocurre? Detecto cierta. . . ¿infelicidad? Perdona que me entrometa Hina, pero para ser sincero me sorprendió mucho que te casaras con Naruto de esa forma tan repentina. No me interpretes mal, no me asombra que él se haya enamorado de ti, pero tú nunca has actuado de un modo tan precipitado. Tal vez creas que soy un anticuado, pero te aseguro que no he olvidado el poder de la atracción sexual y la devastación que puede causar si se confunde con el amor.

—No hay ningún error Toneri, el problema fue que no me di cuenta de cuanto lo amaba hasta que fue demasiado tarde.!Oh Toneri! —una vez salida la primera lagrima ya no se pudo contener. El la abrazo paternal para consolarla.

—¿Que sucede? ¿Quieres hablar de ello?

—Naruto no me ama —el alivio que experimento fue momentáneo—. Nunca me amo, el solo me deseaba —ella trato de explicarle todo entre sollozos, en tanto que Toneri escuchaba con paciencia—. Y ahora que recupero a Sakura ya no me necesita para nada.

—De veras lo lamento, Hina —dijo Toneri cuando ella termino la historia—, y me gustaría hacer algo para ayudarlos.

—Ya lo has hecho escuchándome.

—Ten presente que el amor hacia otra persona, enriquece nuestro espíritu. Tal vez lo resintamos, quizá luchemos contra él, pero nuestras vidas serian miserables si no lo conociéramos. El amor es algo muy especial Hinata.

—Lo sé.

—Mis disculpas por interrumpir tan tierna escena. Si hubiera imaginado que tenían un encuentro secreto en mi cocina, habría llamado a la puerta. Todavía no he estado casado el tiempo suficiente para conocer las sutilezas inherentes. A mi nueva situación, así que tendrán que disculpar mi descuido. ¿Trajiste los papeles?

Naruto ignoro a Hinata, se había afeitado y vestía diferente a la noche previa. Su amor por el la instaba a correr a su lado para que la estrechase entre sus brazos. Pero el la miraba con furia lo que le indicaba que sus sentimientos no eran recíprocos. Estuvo a punto de decirle que su acusación era ridícula después de que había pasado la noche con Sakura, pero fue incapaz de ello.

—Voy a mi habitación —dijo Hina. Se volvió a ver a Toneri y agrego—: recordare tus palabras, ¡dile a Tayra que siga luchando!

.

.

Estaba sentada junto a la ventana observando los jardines, cuando Naruto irrumpió en la habitación, el tomo de los hombros y la forzó a verlo.

—¡Descarada! ¿Cómo osaste divertir a tu amante en mi casa? ¿Usaron esta cama?

La chica no fue capaz de protestar.

—¿Qué ocurre? ¿Que hice?

—¡Tú eres mi esposa! —grito iracundo—. Eso es lo que pasa y Toneri es uno de mis empleados. Dime, ¿Lo hiciste para que me encelara o para castigarme por lo de la otra noche?

"Si pudiese escapar de ese poderoso cuerpo para evitar que la lastimara", pero eso era imposible. Las manos de Naruto la quemaban y ella sintió una febril necesidad de tocarlo, de sentirlo temblar contra ella como cuando le hacia el amor.

—Dos pueden jugar el mismo juego —declaro Naruto, cortante.

Entonces, le acaricio la espalda mientras le bajaba el cierre y la figura femenina quedo cubierta tan solo por unas minúsculas bragas y un sostén de encaje. Tembló mientras él le desabrochaba el seguro con manos cada vez más impacientes. El sostén cayo dejando libres a los senos.

—¿Te vio Toneri así? —pregunto furioso—. ¿Te toco así?

Sus manos la quemaban donde quiera que la colocara. Parecía poseer una fuerza primitiva que nada podía contener. Su dignidad le impedía responder a este acto de venganza. E incluso mientras la obligaba a acostarse en la cama, aprovechando su superioridad física, ella pensaba en la forma de evitarlo. La traición de su cuerpo le pesaba en el alma y era dolorosa.

No había manera de observar la mirada triunfal de Naruto mientras acariciaba sus senos y ella sentía como sus pezones se endurecían ante el contacto de aquellas hábiles manos. El la observaba con dureza y crueldad.

Esta vez no murmuro su nombre, ni trato de prolongar sus caricias. En lo más profundo de ella se sentía muy molesta. Naruto la había usado como si se tratase de un juguete y observaba sus reacciones como un enfermo. Su amor se rebeló y se impuso a sus deseos.

Esta no era la forma como quería que se desarrollara su último encuentro. Ella quiso recordar como hacían el amor con un fuego que los consumiese a los dos, una tremenda necesidad de unirse como ocurriera antes y no este calculado intento de humillarla enseñándole que él era el amo de ella.

—Ya te habían complacido, ¿verdad? —inquirió Naruto con desprecio—. Ya habrá otras veces en que tu no vengas de los brazos de tus amantes.

—¡Vete al infierno! —le grito odiándolo por un breve momento.

—Si me voy, me asegurare de que tu vaya conmigo. No te voy a denigrar —vaticino, salvaje—, seré mucho más sutil y hábil que eso.

—Demuéstraselo a Sakura —le grito con amargura—. Tú y ella son de la misma calaña y si hay algo que agradezco es no ser como ustedes.

Lo escucho marcharse mientras estaba todavía en la planta alta. Se fue sin verla siquiera.

—"Se va con Sakura", pensó desesperada e imagino que nada mas había ido a decide que se marchase cuanto antes. En el futuro, Sakura lo excitaría al máximo y después se negaría a satisfacerlo, Hina estaba segura de que a esa mujer le gustaban esas tácticas. Entonces Naruto la usaría como sustituto, un medio de descargar su apetito sexual sin sentir lastima ni amor.

Se estremeció y tembló con una mezcla de temor y nausea. No podía permitir que eso ocurriera, pero si se quedaba no habría manera de evitarlo. Ella aun amaba a Naruto y no importaba que decisiones había tomado a solas, en cuanto lo veía toda su entereza se esfumaba. Por esto decidió desaparecer, aunque su traicionero cuerpo anhelara las caricias.

A Lucy le dijo que iba a Londres. El rostro de la niña se tornó triste cuando Hina le explico que no la podía llevar. Como autómata guardo sus cosas y acomodo la maleta en el portaequipaje de su Mercedes. En un impulso se volvió a abrazar a Lucy antes de subir al coche. Más tarde llamaría a la jovencita desde Londres para explicarle que no pensaba regresar, seria difícil, pero no tanto como hacerlo cara a cara.

La carretera secundaria estaba casi vacía, pero Hinata se concentró en el camino como siempre lo hacía. Más tarde reflexionaba en que su ángel guardián de verdad la cuidaba con esmero. Al empalmar con la autopista. Naruto era lo único que ocupaba su mente.

Hinata vio al niño al mismo tiempo que al camión. Tuvo solo una fracción de segundo para decidir entre la seguridad del infante o la suya. En realidad, no había duda alguna. Escucho como el camión protestaba con la bocina al tiempo que rechinaban las llantas. Sintió el impacto, se golpeó la cabeza y escucho el terrorífico ruido de metales retorcidos, los gritos y después. . . lo único que rompía el silencio era el agudo llanto de un niño. No su bebe gracias a Dios, agradeció aturdida mientras luchaba contra la oscuridad que la invadía, pero por primera vez en su vida, perdió la conciencia.