Capitulo 8
Aclaraciones: Inuyasha y sus personajes, son propiedad de Rumiko Takahashi.
El cumpleaños de Sesshomaru y el nacimiento de Ichiro.
— Buenos días Kazumi — Rin sonreía más de lo normal.
— Buenos días, y ¿A qué debemos tan buen humor? — Preguntó entrecerrando los ojos.
— Sesshomaru me regaló esto — Le mostró su celular.
Kazumi abrió los ojos sorprendida — Está realmente lindo Rin, sin duda el señor te quiere mucho.
La joven rió ante su comentario — Eso creo Kazumi, v amos a bajar a comer, morimos de hambre — Dijo de forma dramática. La mayor sólo rió ante la escena.
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Sesshomaru iba llegando a su oficina cuando lo intercepto Hakudoshi.
— Hola querido amigo, ayer te desapareciste temprano, no me digas que extrañabas mucho a Rin — Le guiñó un ojo.
El aludido lo miró por el rabillo del ojo, y entró a su oficina seguido por su amigo.
— Kagura la llamó y Rin se puso como loca — Confesó.
Hakudoshi se puso serio de golpe — Maldita, esa mujer es un fastidio.
Sesshomaru asintió — La pondré en su lugar.
— Me parece bien — Concedió.
— Me llamo Bankotsu.
— ¿Que? — Preguntó enojándose aún más.
— Me habló del bebé y de Rin.
— ¿Te amenazó? — Lo miró preocupado.
— No directamente, pero sé que debo tener cuidado.
— Es mejor que le contrates escoltas a Rin — Sugirió.
— Sí, eso pienso hacer.
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— Sabes Kazumi ayer me llamó Kagura.
En el rostro de la mayor se podía ver un marcado enojo… —Y ¿Qué quería esa mujer? — Su tono era ácido, se notaba el odio que sentía por Kagura.
— Molestarme y vaya que lo logró, por su culpa me enoje con Sesshomaru, pero por suerte todo se solucionó — Se apresuró a aclarar.
— Rin, no le hagas caso a las intrigas de esa mujer, está dolida porque el señor ya no la quiere y te prefiere a ti.
La brisa revolvió el largo cabello de la joven, se encontraban sentadas en una silla el jardín.
— La quiso mucho?— Preguntó mirando el horizonte.
— No te atormentes con eso, es parte del pasado — Aseguró.
— Sólo respóndeme, por favor — Seguía sin mirarla.
Kazumi resoplo — Sí — Miró a Rin y pudo notar su tristeza.
— ¿Sufrió mucho cuando lo engañó? — Volvió a preguntar.
— ¿Por qué insistes en preguntar esas cosas? eso es pasado, ahora tu eres su presente.
— Sólo tengo curiosidad — Fingió una sonrisa.
— Nunca lo había visto tan triste, ni siquiera cuando su madre se fue — Confesó — Bebió durante semanas.
— Ya veo — Musitó — Debo irme, recordé que tengo algo que hacer — Mintió.
Kazumi intento detenerla, pero ya se había marchado.
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Rin no podía contener su llanto, a pesar de que Sesshomaru le había dicho que la amaba y que no quería volver a tener nada con aquella mujer, ella simplemente no podía convencerse.
— Nunca me va a amar como a ella — Se dijo convencida — Tal vez todo esto lo hace solo por ti bebé, para que tú si tengas la familia que él no tuvo, por la separación de sus padres.
Lloró toda la tarde hasta quedarse dormida, no había querido ir a la habitación que compartía con Sesshomaru, se quedó en la que ella usaba antes y que ahora ocupaba todo lo comprado para su bebé.
Cuando Sesshomaru llego a la mansión, Kazumi lo detuvo.
— Buenas noches señor, necesito hablar con usted.
— Vamos a mi despacho.
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La mayor le contó la conversación que había tenido con Rin y el solo fruncía el ceño.
— ¿Dónde está?
— En su antigua habitación, ni siquiera ha bajado a cenar.
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Sesshomaru se dirigió a la habitación y abrió la puerta con cuidado, ella estaba dormida aún, se veía tan frágil. Tocó sus mejillas, sintiendo los rastros de las lágrimas y eso solo incremento su enojo.
Aquel leve contacto hizo que despertara, algo adormilada le sonrió.
— Buenas noches Sesshomaru, ¿Como estas? — No obtuvo respuesta, se sentó en la cama y lo miró fijamente — ¿Sucede algo? — Se aventuró a preguntar.
— ¿Por qué sigues dudando de mí? — Inquirió.
Esta pregunta sorprendió a Rin, no se la esperaba, pero pronto cayó en cuenta que seguramente Kazumi le había contado lo ocurrido.
— Responde — Se estaba impacientando.
— No, no dudo, lo pregunté por curiosidad — Respondió realmente nerviosa.
— ¿Acaso me crees idiota? — Siseó.
Rin tragó con dificultad, ahora sí que lo había hecho enojar.
— Claro que no — Rompió en llanto — Tú la amabas, la amabas de verdad y planeaste una boda con ilusión y querías tu futuro con ella y... — El llanto no le permitió seguir hablando.
Sesshomaru contaba mentalmente hasta 10 para no perder la poca paciencia que le quedaba — Sin duda solo tienes quince años y no entiendes nada de la vida, piensa lo que quieras — Sonó fastidiado. Se giró para marcharse, pero unas pequeñas lo tomaron por el brazo impidiendo su avance.
— No es que dude de ti, es que te veo tan perfecto y no puedo imaginar que sientas amor por alguien como yo, eres demasiado para mí — Tenía la cabeza baja y temblaba levemente a causa del llanto.
Él se giró para quedar frente a ella — Nunca vuelvas a repetir eso, ¿Es que no entiendes que me tienes loco chiquilla tonta?.
Rin lo miró sorprendida, ¿Acaso había escuchado bien?
— Te amo — Se lanzó a sus brazos y se pegó cual garrapata.
Él esbozó una media sonrisa — ¿Acaso el castigo de anoche no fue suficiente?
Rin se sonrojó ante aquel comentario — Puedes castigarme así cuando tú quieras — Pronunció, mientras se mordía el labio inferior.
Con su dedo índice contorneo, él los labios femeninos — Me complace saberlo, ahora baja a cenar.
Ella se desinfló al instante e hizo un gracioso puchero — Pero...
Él la miró duramente, sabiendo que no daría su brazo a torcer.
— Está bien, ya voy — Aceptó resignada — Pero cenaras conmigo.
El ambarino asintió.
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Rin tenía una idea rondando en su mente, desde el día anterior.
Quería demostrarle a Sesshomaru que confiaba en él y de paso poner en su lugar a Kagura y a quien se atreviera a ofenderla. Estaba decidida a hacerlo y también a demostrarle que podía ser toda una mujer en la intimidad, esta última idea la ponía bastante nerviosa. Salió del baño con mirada decidida, ese mismo día iniciaría su cambio de actitud.
Se quedó ensimismada contemplando a Sesshomaru que estaba terminando de vestirse, ese hombre era perfecto, su rostro, su cabello, su cuerpo. Sintió un calor recorrerla al pensar en esto último. —Basta Rin — Se reprendió mentalmente.
— Sucede algo? — Preguntó a la joven, al verse observado tan insistentemente.
— ¿Eh? sí, es que quiero ir al centro comercial y quería saber si Jaken me puede llevar.
Se quedó callado por un momento, aunque a Rin le pareció un siglo.
— Está bien — Concedió al final.
— GRACIASSSS — Lo abrazó y beso, estaba feliz, sin duda a veces parecía una niña de 5 años.
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Luego del almuerzo Rin se dispuso a salir, Jaken la esperaba en la entrada.
— Nos vemos Kazumi — La abrazó.
— Cuídate mucho mi niña.
Ella asintió — No tardaré, te lo prometo.
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Había pasado toda la tarde comprando — Oh rayos, ya es muy tarde, debo volver rápido.
Se sentía satisfecha había comprado algunas cosas para su bebé y mucha ropa interior y pijamas provocativos, esa misma noche quería poner en práctica su plan de seducción. Había buscado mucha información en internet y ya tenía un par de ideas, prefirió hacerlo así, porque le daba demasiada vergüenza preguntarle sobre ese tema a Kazumi o Izayoi.
Tan sumida estaba en sus pensamientos, que tropezó con un hombre, provocando que cayeran varios paquetes al piso.
— Lo siento — Se apresuró a disculparse.
— No se preocupe, la culpa fue mía — Él le ayudo a recoger los paquetes.
— Gracias — Sonrió.
Se permitió observar al desconocido, era alto, moreno de cabello largo azulado.
— De nada señora Taisho — Imitó su gesto.
— ¿Me conoce? — Lo miró con sorpresa.
— Claro ¿quién no conocería a la bella esposa de Sesshomaru? — Oh, pero que modales los míos, no me he presentado soy Bankotsu Miyake.
Rin se congeló, aquel era el hombre con el que Kagura había engañado a Sesshomaru y era alguien muy peligroso según le había dicho su marido.
— Mucho gusto — Trató de sonar natural — Debo retirarme, permiso.
El moreno la vio alejarse y esbozó una sonrisa maquiavélica.
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La joven caminó lo más rápido que pudo hasta el auto, estaba pálida como un fantasma y su corazón palpitaba acelerado.
— ¿Le sucede algo? — Preguntó Jaken, al verla en ese estado.
— No — Negó rápidamente — Sólo estoy cansada, vámonos por favor.
— Sí señora.
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Cuando iba llegando a la mansión sonó su celular.
— Aló.
— ¿Dónde estás?
— ¿Voy llegando a la mansión y tú?
— También.
Sesshomaru estaba esperándola afuera de la mansión, con su semblante estoico de siempre, ella caminó con rapidez hasta él y lo abrazo, él la miró y supo que algo andaba mal.
— Que sucede? — Interrogó.
— Conocí a Bankotsu en el centro comercial — Susurró.
El ambarino hizo una mueca visible de desagrado — ¿Te hizo algo? — Su voz destilaba ira.
— No, sólo me dijo quién era y sabia mi nombre y que soy tu esposa, ese hombre me dio escalofríos — Confesó.
Sesshomaru la volvió a abrazar — Me aseguraré que no se vuelva a acercar a ti. Maldito Bankotsu ¿Qué es lo que pretende?.
Tomó su celular — Hakudoshi, contrata a los de la agencia de seguridad de la que me hablaste.
— ¿Seguridad? — Se asustó Rin.
— Sí, es por tú bien.
— Pero, ¿No es un poco exagerado?
— No está en discusión — Frunció el ceño.
— Está bien — Suspiró resignada.
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Rin se apresuró a terminar su cena para dirigirse a su habitación y arreglarse para la sorpresa que le tenía preparada.
Decidió usar una bata negra de escote en v que le cubría apenas sus senos y llegaba un poco mas abajo de su trasero, tenía un lindo moño rosa debajo de sus senos, se veia hermosa. Soltó su cabello y lo cepilló.
Escuchó los pasos de Sesshomaru acercándose a la habitación y cuando supo que entró se apresuró a salir con paso lento quedando frente a él a una corta distancia.
Sesshomaru quedó hecho una estatua al verla así, sentía su sangre hervir y quiso saltar sobre ella como un animal, romperle la ropa y hacércelo toda la noche, pero guardó la compostura. Rin lo miraba con picardía, se acostó en la cama y lo llamó, haciéndole un gesto con el dedo índice.
— ¿Esa niña lo estaba probocando? sonrío internamente, no sabía las consecuencias de hacerle eso a él.
Caminó rápidamente hasta ella y se posicionó sobre su cuerpo, la miró con lujuria nada disimulada y el deseo de Rin aumentó.
— Así que quieres seducirme — Le susurró al oido.
Ella asintio — ¿Lo estoy haciendo bien? — Le sonrió con inocencia.
— Me estas volviendo loco chiquilla — Confesó, antes de atacar sus labios.
Aquella noche Sesshomaru le enseño a Rin que no se proboca a Sesshomaru Taisho, sin pagar las consecuencias y él aprendió que su tierna niña podía llegar a ser una mujer muy apasionada en la cama y a él le encantaba esa idea.
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Rin abría los ojos con pereza en la enorme habitación, el viento se colaba por la ventana y removía las cortinas, ya estaba en su séptimo mes de embarazo y cada vez se cansaba con mayor facilidad, su vientre realmente era pesado, respiró con pereza
— Buenos días Ichiro — Saludó con una palmadita al hijo que reposaba en su vientre, (ya le habían confirmado que era un varón y ella no podía estar más feliz por eso).
— Rin — La llamó Kazumi entrando a su habitación — Vaya que estas muy dormilona, ya son las 9 de la mañana.
— QUEEE? — Gritó asustada — ¿Por qué me dejaste dormir tanto? y ¿Sesshomaru dónde está?
— Riin, me vas a dejar sorda — La reprendió — El señor se fue temprano y supongo no te quiso despertar.
— No es justo yo me quería despedir de él — Hizo un puchero y Kazumi rió.
— Ya lo veras en la noche — Acarició su cabeza — Ahora debes prepararte, porque la señora Izayoi y el joven Inuyasha vendrán a visitarte, me imagino que para hablar del cumpleaños del señor que es dentro de una semana.
— ¿Una semana? — Preguntó escandalizada — Yo ni siquiera lo sabía, ¿Como no se me ocurrió preguntarle? — Se cuestionó avergonzada.
— Bueno eso ya no importa — Hizo un gesto con la mano restándole importancia — Ahora date prisa porque pronto estarán aquí.
Rin asintió y se fue a bañar.
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— Hola Izayoi, Inuyasha un gusto verlos — Los abrazó.
— Hola mi querida Rin, ¿Cómo estás? veo que mi nieto está creciendo mucho — Sonrió.
— Así es, me duele horrible la espalda, ya quiero que nazca — Confesó frotándose el vientre.
— Jajaja yo tengo mucha curiosidad por conocer a mi sobrino — Agregó Inuyasha riendo — Ojalá tenga tu carácter y no el del pesado de mi hermano.
Izayoi le dio un pequeño golpe en la cabeza — Oye mamá ¿Por qué lo hiciste? — Le reprochó tocándose con la mano.
Rin rió ante tal escena, Izayoi sólo roló los ojos.
— Bien, concentrémonos en el cumpleaños de mi hijastro — Pidió — A él no le gusta celebrarlo, pero como ahora estas tú, creímos que desearías darle la sorpresa.
Rin asintió enérgicamente — Me encanta la idea, yo me encargo de convencerlo — Prometió decidida.
Sus acompañantes asintieron — Pongamos manos a la obra — Agregó Izayoi.
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Cuando llegó Sesshomaru, Rin lo estaba esperando en la habitación con una gran sonrisa, se sentía muy cansada, así que no lo espero en la sala como acostumbraba a hacerlo.
— Buenas noches — Pronunció en su tono habitual.
Rin amplio más su sonrisa — Buenas noches, tengo algo importante que decirte. Él la miró dándole a entender que tenía su atención — Sé que no te gusta celebrar tu cumpleaños, pero este año quiero que sea distinto, quiero organizarte una fiesta con la ayuda de Izayoi e Inuyasha — Pronunció emocionada.
Sesshomaru desvió la mirada y se tensó, la joven lo miraba con insistencia, esperando su reacción.
— Tú misma lo has dicho, no me gusta celebrarlo.
— Pero este año estoy contigo y pensé... — No quiso continuar.
Él la miró por el rabillo del ojo y pudo ver claramente su tristeza, como odiaba verla así, no quería decirle que odiaba su cumpleaños porque fue en esa fecha que descubrió que el matrimonio de sus padres era una farsa y que se forzaban a estar juntos sólo por él. Pero ahora es distinto, ahora estaba ella, la persona que amaba y que iba a darle un hijo.
Ni siquiera Kagura se había tomado esa molestia, sólo cenaban y luego tenian sexo.
— Rin — La llamó.
— ¿Si? — Respondió con tristeza.
— Has lo que quieras.
— ¿Enserio?, gracias Sesshomaru, te prometo que te va a gustar — No cabía en su pecho tanta alegría — Llamaré a Izayoi para contarle.
Él solo asintió. Que poder tan grande tenía esa mujer sobre él y era tan inocente que no se daba cuenta. — Rin, mí Rin — La observaba hablando feliz con Izayoi, ¿Con tan poco era feliz?, no lo podía entender.
— Listo — Tomó asiento a su lado en la cama — Mañana empezamos a organizarlo todo — Avisó — ¿No pensabas decirme lo de tu cumpleaños? — Cuestionó.
— Tenía pensado que fuésemos a cenar a un restaurante — Dijo con poco interés.
Ella negó con la cabeza — Esa fecha debe celebrarse en familia.
Él se sorprendió, ¿Ella hablando de familia siendo huérfana desde tan pequeña?
Como si le leyera los pensamientos continuó hablando — Cuando mis padres vivían, siempre celebrábamos mi cumpleaños con mis abuelos y amigos más cercanos y luego en el orfanato la señora Kykio se las arreglaba para celebrárnoslo a todos y yo me seguía sintiendo en familia.
Aquellas palabras le dolieron, él se había negado a ayudar a esos niños que tan necesitados estaban y ella se había sacrificado por ellos así había comenzado su relación.
— Quieres visitarlos? — Inquirió, tratando de mantener su porte estoico.
— Me gustaría mucho, pero luego del cumpleaños — Rió — Ichiro vamos a celebrarle la mejor fiesta a tu papá — Acarició su vientre y recibió una patadita, lo cual la hizo sonreír — Ya veo que estás de acuerdo.
El ambarino la observó en silencio — Duerme, te ves cansada.
Ella asintió y se dejó vencer por el sueño.
Él la contemplaba, mientras se hacia la promesa de no volver a hacerla sufrir, ni permitir que le hicieran daño alguno.
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Después de una semana de preparativos, llegó el día del cumpleaños de Sesshomaru. Ese día Rin no dejó que fuese a la empresa, quería consentirlo todo el día.
— Buenos días — Habló con voz melosa — Aquí te traigo tu desayuno, lo preparé yo misma, espero que te guste.
— Buenos días, gracias.
Rin dejó en la cama la mesilla con el desayuno y se acercó para besarlo —Feliz cumpleaños mi amor — Le sonrió coqueta.
Él correspondió con una minúscula sonrisa.
La joven se acercó a su mesita y saco una pequeña cajita azul — Toma, espero que te guste.
Él la tomo y la abrió, era un fino reloj — Gracias.
— ¿Te gusta? — Interrogó ansiosa.
Asintió con la cabeza.
— Qué bueno, me siento feliz por eso — Sonrió.
Él se colocó el reloj.
— Te queda muy lindo — Señaló.
Sesshomaru se levantó y la tomo entre sus brazos — Gracias, aunque también me gustaría otro tipo de regalo — Le confesó, mientras le acariciaba la espalda.
La morena sonrió — Ese regalo te lo daré después de la fiesta — Le guiñó un ojo.
Él le devolvió la sonrisa.
— Ahora tengo que irme, nos vemos en un rato — Le dio un corto beso y se fue.
— Estaré ansioso por ese regalo — Aseguró.
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Todo estaba decorado impecable, el salón adornado con el más exquisito gusto.
Rin se veía tan linda y Sesshomaru parecía un sueño. Al momento de su llegada al salón recibieron aplausos y felicitaciones de los presentes.
— Pero que guapo te ves Sesshomaru — Le sonrió Izayoi.
— Jhmp — Fue toda su respuesta.
— Feh, no le alimentes más el ego — Replicó Inuyasha.
Rin reía ante tal escena.
— Ooh, estas hermosa Rin— Izayoi juntaba las manos en forma soñadora.
Inuyasha asintió — Tienes mucha razón, se ve muy linda.
— No podría estar más de acuerdo contigo Inuyasha — Sonreía malicioso Hakudoshi.
Sesshomaru les lanzó una mirada asesina. Hakudoshi rio aún más.
— Felicidades querido amigo — Posó una mano sobre su hombro.
— Gracias, ven Rin salgamos al jardín — La tomó de la mano.
— Permiso — Sonrió ella.
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Llegaron al balcón.
— ¿Te gusta la fiesta? — Se aventuró a preguntar.
— Sí, se nota que te esmeraste.
¿Aquello era un cumplido? Rin sonrió — Me alegro que mi fuerzo haya valido la pena.
Una voz femenina interrumpió su conversación.
— Buenas noches.
Ambos se giraron y quedaron de frente a Kagura, la joven la miraba con desprecio y Sesshomaru con profundo odio
— Pero que descortés soy, no te he felicitado Sesshomaru — Avanzó hasta él, ante la mirada curiosa de los presentes y le dio un beso en la comisura de los labios.
Sesshomaru la apartó de sí en un rápido movimiento, que casi logra tirarla al piso, ella se sorprendió.
— No me toques — Espetó furioso.
— Que poco caballeroso eres Sesshomaru — Hizo un mohín.
— MI marido no tiene por qué ser caballeroso con alguien como tú — Siseó.
— Jajaja, pero que va a saber de caballerosidad una mocosa huérfana — Escupió con acidez.
— Prefiero ser eso, antes que una zorra ofrecida.
Rin se notaba furiosa y Sesshomaru se sentía orgulloso de ver reaccionar así a su niña.
— Maldita — Kagura levantó la mano para golpearla, pero Sesshomaru se interpuso tomándola del brazo y apartándola — ¿Ahora la vas a defender? si todos sabemos que te casaste con ella para darme celos — Sonrió triunfal.
— ¿Estás segura? — Inquirió burlona la joven, mientras se acariciaba su vientre — Lárgate de aquí, no eres bienvenida, es más ni siquiera fuiste invitada.
— En eso se equivoca señora Taisho — Habló un hombre a sus espaldas — La invitación a los socios iba dirigida a ellos y sus familias y yo soy Naraku Matsudaira, padre de Kagura.
_ Ya veo — Contestó con frialdad — Entonces la próxima vez, debo ser más cuidadosa al escoger a los invitados, permiso — Se dirigió a su habitación, seguida por Sesshomaru.
Naraku hizo una notoria mueca de desagrado, mientras Kagura se fue furiosa de allí ante los comentarios y miradas de burla dirigidos a ella.
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El ambarino rompió el silencio — No sabía que tenías ese carácter. .
— ¿Te molesto? — Sonó preocupada.
— Para nada, pero te puede hacer daño por el bebé.
Rin negó — Yo estoy bien, estamos bien — Recalcó — Es que esa mujer es de lo peor, es una ofrecida, la detesto — Apretó los puños y la mandíbula. Parecía una niña haciendo un berrinche.
Sesshomaru la abrazo para que se calmara — Creo que deberías descansar — La tomó del mentón.
— Y ¿Dejarte solo con "esa"? — Escupió con veneno.
Él enarcó una ceja — ¿Aun desconfías de mí?
— No, pero estoy segura de que no perderá oportunidad para acercarse a ti y no quiero, tú eres solo mío — Declaró con resolución.
Todo aquello le parecía tan divertido a Sesshomaru, Rin parecía una pequeña fiera cuando se trataba de él — Solo tuyo — Concedió.
Lo besó con todo el deseo que tenía contenido y fue correspondida de igual forma.
El mayor se separó unos centímetros — Quiero mi regalo ya — Pidió demandante.
— ¿Pero y los invitados? — Cuestionó.
— Poco me importan.
La morena sonrió — ¿Entonces qué esperas? estoy ansiosa porque lo tomes — Se bajó el cierre del vestido lentamente, mientras Sesshomaru la veía con deseo.
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Ella se removió inquieta entre las sábanas.
— ¿Qué sucede? — Preguntó una voz monótona a su lado.
— No es nada, sólo me siento cansada y me duelen la espalda y la cintura, supongo que es normal , porque falta poco para que nazca — Pronunció encogiéndose de hombros.
Él la miró por el rabillodel ojo — ¿Quieres que me quede?
— No es necesario, estoy bien — Le sonrió.
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Ya Rin estaba en el noveno mes de su embarazo y el bebé nacería en cualquier momento, estaba tan ansiosa como asustada, quería que naciera ya para poder verlo abrazarlo, le hacía tanta ilusión pero por otro lado sentía temor por todo lo que Isayoi le había contado del parto.
Se levantó con dificultad luego de que Sesshomaru se fuera, decidió tomar un baño para relajarse, se estaba secando con delicadeza el cabello, cuando sintió un líquido tibio escurrir por sus muslos. Sintió temor al instante, sabía lo que eso significaba por las explicaciones de Izayoi, se había roto la fuente y pronto su bebé nacería. La idea la alarmó, se cubrió con la bata de baño y tomó el teléfono para llamar a Kazumi.
— Dime Rin.
— Kazumi sube por favor, creo que rompí fuente — Pronunció con una voz visiblemente alterada.
La mayor se llevó una mano a la boca para acallar el grito de sorpresa — Enseguida subo — Casi corrió hasta llegar a la habitación, la encontró caminando de un lado para otro — Rin tienes que calmarte — Pidió dulcemente, mientras la tomaba de las manos.
— No puedo, estoy tan asustada.
— Es normal mi niña porque eres primeriza — La consoló suavemente — ¿Te duele por aquí? — Se señaló la parte baja del vientre.
Rin asintió — Y también la espalda.
— Le diré a Jaken que prepare el auto, vamos tienes que vestirte.
La joven asintió.
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Para cuando llegaron al hospital ya las contracciones de Rin habían aumentado y le apretaba fuertemente la mano a Kazumi, cada vez que una la atacaba.
La mayor llamó a Sesshomaru y este no tardó mucho en llegar al hospita, estaba nervioso, pero no lo demostraba.
Izayoi, Inuyasha y Hakudoshi también se encontraban allí.
Sesshomaru vio una cara conocida acercarse a él, era el doctor que había atendido el embarazo de Rin.
— Felicidades señor Taisho, acaba de nacer su hijo, es un niño muy sano y fuerte.
— Gracias, ¿Cómo está Rin?
— Bien, aunque cansada, es una jovencita muy valiente a pesar de su edad y de ser primeriza — Sonrió — Ya la estamos trasladando a una habitación, le avisaré cuando este allí.
Sesshomaru asintió — Y ¿El bebé dónde está?
— En los cuneros, se lo llevaremos a la habitación de la señora cuando esté lista.
El ambarino volvió a agradecer y el doctor se retiró.
— Ni en estos momentos dejas de ser un tempano de hielo — Dijo burlón Inuyasha, Hakudoshi asintió.
— Déjalo en paz Inuyasha — Le reprendió Izayoi.
Sesshomaru no le hagas caso, muchas felicidades — Lo abrazó y sonrió con sinceridad.
— Nunca lo hago — Pronunció impasible — Te lo agradezco.
— Feh — Exclamó Inuyasha — felicidades idiota.
Sesshomaru solo asintió.
— Felicidades amigo — Hakudoshi puso la mano sobre su hombro.
— Gracias.
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— Puede pasar señor Taisho.
El ambarino abrió la puerta y contempló la imagen más hermosa que había visto en su vida.
Rin sostenía contra su regazo a un pequeño montoncito de sábanas, donde dormía tranquilamente el pequeño Ishiro. Sintió tantas emociones en su interior y por primera vez en muchísimo tiempo se permitió sonreír con sinceridad.
De más está decir que Rin quedo embobada con esa sonrisa, era tan dulce y cálida.
Él se acercó y le dio un beso en la frente — Cómo te sientes?
— Algo cansada y adolorida pero bien — Sonrió — Mira — Extendió hasta sus brazos el pequeño bultito — Es idéntico a ti, es hermoso — Susurró.
Sesshomaru lo contempló ensimismado. Era tan blanco que parecía de algodón, sus cabellos plateado apenas visibles y los hermosos ojos dorados que tanto amaba Rin de su padre.
— Lo es — Le confirmo él, mientras acariciaba la mejilla de su hijo con tanta delicadeza como si temiera romperlo.
Tocaron la puerta.
— ¿Podemos pasar? — Se aventuró Izayoi.
Sesshomaru asintió y todos entraron, entre exclamaciones de felicidad con regalos para el recién nacido.
