Lovyrs, tu comentario me encantó tanto que lo tengo guardado en captura. Sería capaz hasta de imprimirlo

Pues sólo he escrito un fanfic anterior a este antes... Y lo terminé completo. Así que no veo por qué no continuaría este, no te preocupes. Me alegro mucho de que te guste así pues lo de las actualizaciones y demorar, soy universitario y a veces no puedo administrar mi tiempo pero, lo intento. También vale agregar que soy perfeccionista e investigue mucho antes de escribir xD no sé si tarde más por eso o por la uni, pero pues, no tardo gran cosa.

Bueno, sin más preámbulos, la siguiente parte.


Mientras tanto, en Tweek Bros...

Entre tanto Richard hablaba de negocios referentes a su última adquisición por su móvil, la sra. Tweak, emocionada por saber novedades al respecto, esperaba para hablar con él mientras repasaba las mesas comerciales con un paño y juntaba las tazas de los clientes que habían dejado la cafetería recientemente.

Al sonido digital de la tecla de finalizar llamada, ella no pudo sino apresurarse al mostrador para preguntar con curiosidad.

—¿Y de qué te hablaron ahora los abastecedores, querido?

Richard se frotó la frente, pensativo, intentando encontrar una forma sencilla de abordar el tema.

—Me dijeron que nos seguirían probando, que trabajar con su producto de manera apropiada no era fácil, ni promoverlo tampoco. Pero que estaban ansiosos de oír los resultados luego, para ver si somos capaces de promocionarlo y venderlo de forma efectiva.

Su esposa se quedó en una clase de laguna mental momentánea, descifrando lo que aquello podría significar.

—Es la primera vez que me hablas de esa forma tan poco detallada, amor. ¿Hay algo aquí que yo no sepa?

—Nada. —al momento de confesar eso, sacudió su cabeza y se reivindicó rápidamente.— Es decir, nada importante cielo, sabes que yo siempre te comento todo lo que hay que saber.

—Richard... —la mujer usó la típica táctica de tortura femenina, que consistía en colocar la expresión más severa y silenciosa que podía llegar a emular. Esa expresión era un recurso muy poderoso, indicaba que si no obtenía respuestas, las cosas se pondrían muy feas.

—C-cariño...

Su esposo comenzó a ponerse bastante nervioso, y se resistía a hablar cuanto podía, pero no lograba esconder la incomodidad implícita que aquella mirada le provocaba. De un segundo a otro, suspiró en un intento de darse coraje.

—Es una sorpresa cielo, cuando tengamos los resultados, voy a decirte de qué se trata.

El sentido agudo de intuición femenina en su cónyuge se reflejaba en su mirada. Se notaba en ella un semblante turbado seguido de un notorio hormigueo de mal augurio, por lo que la vio arrugar la frente y adoptar más bien una expresión de preocupación severa.

—Tomaste una taza de ese café bien cargada esta mañana. Ya deberían haber resultados. Ya debería haber visto yo los resultados.

—Amor, ¿Crees que me atrevería a tomar un café así en la mañana? ¿Un café que claman que tiene efectos altamente afrodisíacos que me pueden alterar durante las horas en las que recibimos más clientes?

Ahora tenía un peor presentimiento. Ella siempre había tenido la idea de que su esposo hacía ciertas cosas a espaldas de ella, pero nunca se atrevió a preguntarle. Aún así, tenía la ínfima esperanza de que no fuera nada turbio.

—Querido, sabes muy bien que esperarán nuestra decisión antes de que termine el día, y debemos informarles cómo vamos a promover su mercancía, o perderemos la oportunidad de hacer negocios con ellos.

—Sabes... Me equivoqué de café, ¿De acuerdo? Aún así tendremos los resultados más tarde, ¿No es así?

La señora Tweak lo razonó. Le pareció justo que él quisiera probar el café más tarde luego de que terminara la hora de comercio. No obstante, al analizar de nuevo lo que dijo primero, se detuvo unos quince segundos para procesar lo que había escuchado, hasta que pudo soltar una respuesta del calibre apropiado para la situación.

—Richard, por empezar ¿Qué tan seguro estás de que te equivocaste de taza...?

Permanecía inalterable y sonriente. Su esposo conservó la calma y dejó algo de su tensión de lado, ya que hasta hace pocos segundos estaba asustado de las consecuencias de lo que había dicho.

—Bueno, no noté nada diferente en el café matutino de hoy... De seguro estará bien, quizá ese café sólo tenga algo de bioperina, vamos, no es como si fuera a ser marihuana o alguna mierda de esas...

Como si hubieran hecho un switch en el interruptor mental de la mujer, ella iba poco a poco contrayendo sus pupilas, irreconocible.

—...¡¿ACASO TE ACABAS DE DAR CUENTA DE LO QUE LE DISTE A TU HIJO, DICK?! ¡ES EXPERIMENTAL, Y ME QUEDA CLARO QUE NI SIQUIERA TE HAN DICHO DE QUÉ ESTÁ HECHO!

—Y-ya cálmate querida, obviamente es café, con algunos aditivos pero café al fin y al cabo. El lado bueno es que no descuidamos a los clientes por el producto, y que sabremos los resultados de todas formas...

—¡¿Estás demente?! ¡NO SABES SI LE PUEDE HACER DAÑO, MALDITO HIJO DE PUTA! ¡¿Y qué pasa si se enteran en la escuela de que fue nuestra culpa?! ¡QUE PASA SI TU HIJO SE ENTERA DE QUE ES TU CULPA! ¡TE VOY A AHOGAR CON LA PUTA BOLSA DE CAFÉ EN LA BOCA SI ALGO LE PASA!

—...Nadie tiene que saberlo...¿O sí? Querida... La clientela sigue llegando... Sólo dame la razón un segundo, iremos a hablar en privado ¿De acuerdo?

La gente que atravesaba la entrada del local se quedó petrificada al presenciar sus gritos, observando en absoluto silencio. Al ver que su marido definitivamente tenía razón, y que no podía armar un escándalo en pleno horario comercial, accedió a ir con él al almacén de la cafetería para hablarlo bien.

Arregló su tono, modulando su voz con la misma calidez y suavidad de siempre.

—Bienvenidos a Tweek Bros. Queridos clientes, estaría más que feliz si ustedes me hicieran el favor de tomar asiento y esperar, y ya nosotros en unos minutos regresaremos para atenderlos.

Su sonrisa pura era tan convincente, y su expresión tan armoniosa, que los clientes se relajaron y tomaron asiento, conformes con el trato.

Richard sonrió de igual manera y tomó la mano de su esposa, dirigiéndola hasta el depósito.
Al llegar allí, la mujer cerró la puerta y le propinó una gran bofetada a su cónyuge.

—¡Eso es por no haberme dicho antes que no sabías lo que contenía ese café! ¡Si le pasa algo a nuestro único hijo te harás cargo de él! Y yo voy a encargarme de arruinarte este negocio.

—Helen, por favor, mira lo que estás diciendo... Debes aclarar tu mente. Claro que yo me haré cargo, no te preocupes.

—Y si se llegan a enterar de lo que pasó, no dudes de que te expondré cabrón, confesaré que tienes toda la culpa.

Richard suspiró resignado, y abrazó a su esposa.

—Lo siento, Helen. Debí haberte dicho antes, pero es que nunca creí que te pondrías así. Yo lo vi muy bien cuando salió, no creo que le ocurra nada, nuestro Tweek es fuerte, fuerte y decidido como su padre.

La señora Tweak sintió cierta repulsión al escucharlo y se escapó de su agarre retrocediendo un paso, aún ofendida.

—No me toques. Si eres capaz de arriesgar así la vida de nuestro hijo con toxinas que ni conoces, ya no sé de qué más seas capaz.

—¿Toxinas? ¡¿Insinúas que intoxiqué a nuestro hijo?! Me ofendes.

—¡¿Yo te ofendo?! ¡Aún es sólo un niño Dick! ¡PUEDE MORIR POR ELLO! ¡¿Y qué vamos a decir si se enteran?! ¡Que su padre es un irresponsable de mierda, eso voy a decir!

—Te pudieran culpar a ti por abolir tu responsabilidad también. Debemos procurar que no nos echen la culpa de nada, ya pensaremos en algo... —El hombre se detuvo unos segundos a pensar, frotándose la barbilla.— Ya lo tengo, diremos que los jóvenes de la manzana de enfrente seguro le dieron narcóticos.

—¡¿El café puede contener narcóticos?! Oh, Dios...

La mujer no resistió más y comenzó a sollozar fuertemente sin consuelo, tomándose el rostro con ambas manos. Estaba realmente decepcionada de su marido, y preocupada por la salud de su hijo.

—No, amor.. Er... Simplemente fue lo primero que se me ocurrió... Creo que a ti te vendría mejor reposar un rato. Quédate aquí y te traeré una silla.


[Tweek]

—Bien niños, como sabemos que la directora Victoria está demasiado jodida con el papeleo, quiero imaginar, ahora me avisa un inconveniente por un mensaje de texto... Porque claro, no iba a tomarse la molestia de venir hasta aquí. En ese SMS me deja en claro que yo me tengo que encargar de resolver sus dudas. Y le dije que ese era el papel del señor Mackey pero el susodicho está fuera encargándose del equipo y los costos de todo. A ver ¿Alguien aquí tiene una duda?

Me esfuerzo por levantar la mano más alto que el resto, pero el lugar que elegí junto a Butters nos bloqueaba la vista. Era ideal para él, que huía de los problemas, pero no para mí. Ya intenté preguntarle, no dará detalles, me quiere de su lado, quiere mi ayuda. ¡¿PERO JUSTO ME LA PIDE A MÍ?!

Suspiro e intento calmarme. Butters no tiene la culpa. Garrison mira hacia mí, pero luego le presta atención a los que están al frente de la clase.

—¿Sí, Rebecca?

—¿Habrá suficiente supervisación para que nos mantengan vigilados a todos? Suena peligroso y no quiero que ni a mí ni a mis amigas nos pase algo.

—Sí Rebecca. Para variar, adivino que voy a supervisarlos yo, y no me pagarán nada extra por ello. ¿Hay muchas dudas aquí? Levanten la mano todos los que tengan una.

Fue como al principio de la clase. Todos con muchas preguntas. Creo que esto les emociona. ¡Gah, maldita suerte!

—Oh, OK grupo, anoten todas sus dudas en la pizarra. Voy a ver si algún maestro ya se libró de las preguntas y desea ayudarme con las de ustedes. Luego iré a hablar con la directora. Si no vuelvo en un rato, no me esperen, que me despidieron.

Y con un resoplido, se dio la vuelta y se fue. ¡¿CUÁNTO MÁS TENGO QUE ESPERAR?!

Inhalo y exhalo profundo, intento relajarme. ¡Yo ya no era así, Jesús! ¡A la mierda con esto!

¡Todos escribieron sus dudas y parece que competían en ver quien escribía más grande su pregunta! ¡Carajo ni espacio me dejaron! Cuando tuve la tiza, sólo había una esquina pequeña en la pizarra sin escribir. Quise apurarme a escribir bien claro y fuerte mis putas dudas, ¡Pero Dios!

—Bien Tweek, dame la tiza.

Veo cómo el maestro llega, tironea de la tiza y me la saca de las manos. ¡YA ESTOY HARTO!

—Ya no más preguntas. A la salida contesto las del resto, si aún las tienen. Bien, cuando llegue Bertha empezaremos ya con la primera que es de-

—¡¿QUÉ CARAJO LE PASA A TODO EL MUNDO HOY?! ¿ALGUIEN ME DICE? ¿NO ME VEN?—Exploto.

—Tweek, no te jales el cabello, no grites y por favor, vuelve a tu asiento.

—¡NO! ¡Sólo respóndanme!

Tomo el borrador y cierro un ojo, apuntando hacia mis compañeros.

—¡Oye, basta! ¡Tweek, dame eso, coño!

Cuando Garrison intenta sacarme el borrador de las manos, no lo dejo. No me dejaría más en todo ese día. Me obligó a patearle la rodilla.

—¡Agh, Tweek, madre santa qué chingados te pasa!

Ver a Garrison mal me hacía creer que la justicia existía.

—Bien. ¡¿Alguien me va a decir a dónde vamos?!

—¡Tweek, primero suelta eso!—la pelirroja me habló.

—¡Suelta tú qué haremos!

—¡Tweek, mis lentes!—me hablaba de nuevo el maestro, que buscaba de rodillas en el piso.

—¿Tus lentes? ¡¿Estos?!

Le doy con el borrador empolvado en los ojos. Escucho su grito. Y otro grito de mujer desde la puerta.

—¡HERBERT! ¡¿QUÉ TE PASÓ?!

—¡Tweek, a la dirección mierda! ¡Bertha te explico luego, llévalo hasta allá y vuelve a ayudarme por favor!

Me resisto a que me lleve, intento sacarme de encima a la maestra. Me sacudo desesperado.

—¡Tweek, Tweek! ¿Vamos a las montañas, OK? ¡Cálmate, por favor!

Escucho la voz de Craig y me detengo. La vista se me estaba nublando, y todo empezaba a verse lento. Palpitaciones. Escuchaba poco. Sólo quejidos de Garrison, pero no podía girar la cabeza. Me siento débil. Me quitan el borrador y me llevan a rastras a la dirección, en la que me dejan a la fuerza y cierran la puerta.

No hay nadie ahí. La señorita Victoria debe estar ocupada. Me cuesta respirar. Tranquilidad. Nervios. Silencio. ¡NERVIOS!

¡QUÉ MIERDA ACABO DE HACER POR DIOS!

Temblaba. Respiración cortada.

¡MIERDA, MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA! ¡JESUCRISTO!

— ¡¿Y a-ahora qué?! ¡ENCERRADO, CONDENADO! ¡CARAJO, QUÉ HAGO AHORA! ¡¿Por qué no me di cuenta de lo que hacía?!

Me siento agitado. No puedo ver nada bien. Pierdo mi equilibrio.

Me sostengo del escritorio para no caer y me detengo a pensar.

Estaba tan, pero TAN FURIOSO EN ESE MOMENTO. Como si, v-viejo, como si me hubiera comido un oso, un oso m-muy, pero MUY enojado. Uno sanguinario, uno comepersonas. ¡AGH! Pero ya, arrepentirme, ni se diga.

Sacudo mi cabeza, intentando no pensar que es mi culpa. Me cuesta mucho.

—Garrison, e-ese hijo de puta se lo merecía.

Me quedo en blanco. Mareos, y una palpitación fuerte que siento hasta mis oídos. No puedo controlar los ojos. Sigo pensando. Esto es grave... ¡ESTO ES GRAVE, LO QUE HICE ES GRAVE!

—A-ahora.. ¿Q-qué diablos en el mundo voy a hacer? ¡¿QUÉ VOY A HACER?! ¡NO PUEDO HUÍR, NO PUEDO ESCONDERME! ¡AARGH ME VAN A MATAR! ¡VAN A MATARME TANTO!

Respiración agitada. Tirito. Necesito algo. Veo apenas una taza de café caliente en el escritorio y lo tomo como una señal. La agarro intentando controlar mis temblores pero al tomarla, tiro todos los papeles del escritorio. No creo que sean gran cosa. Van a parar justo a donde voy cayendo lentamente sin energías. Contra la pared frente a la puerta.

¡Dios! ¡¿Q-qué me pasa?! N-no me queda más que estar aquí contra la pared, a-aterrado, hasta que regrese la directora.

Tomo un sorbo de café y sin quererlo, sentía algo extraño en mi cuerpo. El café estaba caliente. Y yo también.

¡Q-QUÉ DIA DE MIERDA! De mierda, de mierda de mierda...

Palpitaciones, agitaciones, se sentían peor.

M-mi corazón, y mi cuerpo, e-están tan alterados.. ¿QUÉ CARAJOS ES ESTO? M-me siento.. R-raro... D-demasiada.. ¡DEMASIADA PRESIÓN! ¡AAARGHH!

Presión y mareos. Vomito a mi lado, donde hay un cubo de basura.

—Necesito café. Café, el café me calma. Café de la directora, no lo extrañará, café... Delicioso café...

Suspiro. Toso. Suavizo la garganta. Calor. Demasiado calor. Desprendo mi camisa y sigo tomando sorbos. No siento mi cuerpo. Algo anda mal. Toco, toco mi cuerpo, lo sigo teniendo. Sólo siento cosquillas. Sigo con las cosquillas. Muchas cosquillas... Cosquillas, en mi pantalón...

Hmm... Mis manos... Q-qué hago, e-esto es muy raro... Se siente raro... Y b-bien... U-uugh...

Mis manos se iban hacia mi... ¡QUÉ HAGO!

Siento un dolor terrible. Un espasmo violento. Me vomito encima. Veo más borroso. Siento que me voy.

Lo último que veo por la puerta es a Craig gritando mi nombre, y a Clyde.