Este capítulo es un poco más largo de lo usual, espero que les guste. El próximo capitulo posiblemente sea el punto de vista de Craig respecto a lo que pasó en la escuela.

Y contestando a tu review, pues sí Luis, si ya de por sí un niño promedio no sabe lidiar mucho con nada, la situación empeora cuando las cosas le pasan a un niño como Tweek, que tiene la tendencia a alterarse y dificultades para frenar sus preocupaciones. Y qué hacía Craig en esos momentos quizá se revele en el próximo capítulo.

Ya continuamos con la programación habitual (?)


En una sala común del hospital, se hallaba en cama el pequeño rubio con una bata de hospital, aún sin despertar, y con un suero conectado a uno de sus brazos.

Sus padres se encontraban a su lado. La madre, con el rostro rojizo y las bolsas de sus ojos inflamadas de tanto llanto a su derecha, y el padre, con un semblante de arrepentimiento, a su izquierda respectivamente. Él en cambio, no podía seguir llorando, no luego de ver por tanto tiempo la misma escena desesperanzadora. Esa habitación blanca, reverberante y espaciosa, casi vacía, en la que no podía distraerse con nada, sino sólo simplemente ver a sus dos seres queridos más valiosos, sus dos aficionados al café, irónicamente suspendidos en el tiempo y faltos de energía, sin señales de mejoría ni nuevas noticias por parte del médico.

Ya se había hecho de tarde. Las cuatro de la tarde. Y por un error de taza, había echado a perder el primer día de quinto grado de su hijo y el equilibrio mental de su esposa.

Además, sentía que tenía prohibido abrir la boca. Ya que cada vez que intentaba decir algo, era como si su esposa tuviera un sentido extra que le indicaba justo a tiempo cuándo iba a hablar, activando automáticamente la mejor mirada acusadora que él jamás había visto en alguien.

—¿Señores Tweak? ¿Puedo pasar? ¿Señores Tweak?

La voz de la directora Victoria hizo presencia del otro lado de la puerta. No lo parecía del todo por lo exigente que era, pero fuera de su lugar de trabajo, ella era una de las mujeres más dulces del pueblo.

—Adelante. —agregó Richard lo más suavemente que podía.

Sin atreverse a entrar aún, la docente se asomó desde la puerta.

—Hola señores. Espero no estar molestando, pero no veía la hora para terminar de trabajar y venir hasta aquí a ver cómo estaba mi tan querido alumno.

—Si está preocupada de que la hagamos responsable, descuide. No la haremos cargo, no hay razón para hacerlo.

Ella reaccionó aferrándose más con sus manos a la puerta y retrocediendo un poco.

—Ooh, no no no no, no vengo por eso, lo que ocurre es que me angustia saber que Tweek esté aquí. En general durante toda mi carrera nunca pude venir a ver a mis alumnos al hospital, pero ahora que en realidad soy la co-directora... Pude lograr escapar un rato de mi rutina para ver a este jovencito tan bueno. No sé si puedan hacerse una idea de cuánto aprecio a su hijo. Digamos que su pequeño es el único amigo de verdad que he tenido dentro de esa escuela.

Era un hecho que Victoria conocía bastante los problemas de Tweek. Era muy habitual que el Sr. Mackey le pidiera ayuda con el chico desde hace años, cuando las crisis de ansiedad no lo dejaban llevar un día normal. Ellos dos eran con los que más solía pasar tiempo fuera de la soledad de su oficina. Y debido a pasar tanto tiempo con el niño, sentía cierto apego y le tenía mucha preferencia en comparación con el resto. Más aún después de que Mackey, a quien había considerado su único amigo adulto en toda la institución, hubiera traicionado su confianza y su amistad al hacer que la despidieran, Tweek había sido todo ese tiempo su único amigo real, el que le agradecía en silencio con una sonrisa cada vez que ella intervenía y lo calmaba con sus palabras de dulzura.

—Oh, si es así a Tweek le hará feliz saber que usted vino, y si tenemos suficiente suerte, tal vez sienta su presencia y eso le ayude a despertar. —Richard forzó una sonrisa que Victoria interpretó con empatía.

—Permiso. —la docente pasó por la puerta con un oso de peluche gigante blanco entre sus brazos y lo dejó sobre una repisa ubicada arriba de la cama.

—Es muy considerado de su parte, a Tweek de seguro le gustará, muchas gracias por pensar en nuestro hijo.

—Oh, no tienen que agradecerlo, soy yo quien debe agradecerle a ustedes poder estar aquí para él aunque sea por un rato. Espero que esto de alguna forma le levante el ánimo. —se dirigió a un rincón para tomar una silla y volvió a acercarse.— Disculpen, podría sentarme cerca de ustedes y de este lindo jovencito?

—Claro. —Helen la buscó con la mirada y suspiró volviendo a ver a Tweek, aún cabizbaja.

—Bien, me acomodaré, con permiso.

Victoria colocó la silla al lado de la Helen y tomó una de las manos de Tweek, abrigándola entre las suyas, sin saber que se quedaría un buen tiempo de ese modo, observándolo, mientras sus padres se separaban un rato para calmarse o más bien, mientras el padre hacía todo esfuerzo por calmar a la madre.

Luego de un largo lapso de tiempo, el Dr. Horatio Gouache abrió la puerta de la sala con unos papeles en la mano, y con una expresión no muy tranquilizadora en su rostro.

—Tenemos algunas novedades para comunicarles padres, y espero que puedan tomarlo de la manera más alentadora posible.

Se lo veía preocupado, aunque era visible que hizo el intento de relajar su tono y su rostro apenas terminó de decir aquello. Acto seguido, miró a la directora Victoria y agregó algo más.

—Oh hola señora, disculpe, pero me temo que va a tener que irse, sólo se le permite a los tutores estar durante los reportes de salud.

—Entiendo.—se puso de pie.— Bueno padres, muchas gracias por permitirme estar un rato aquí con su niño, espero verlo pronto en la escuela, y que todo vuelva a la normalidad. Detrás del oso hay una tarjeta dedicada, y espero que le ayude a sentirse apoyado.

Estrechó manos con ellos y con el médico, y abandonó la habitación. Con ella fuera, la tensión subió unos cuantos escalones, y más por el hecho de que Horatio comenzó a mirarlos fijamente.

—Señores Tweak, tengo buenas y malas noticias.

—Por favor, sería muy amable si nos dijera todo rápido de una vez, no podemos soportar tanto.

—De acuerdo. Hallamos que su niño estuvo al borde de sufrir un ataque al corazón, pero algo lo evitó, no sabemos qué, pero algo le dio a su cuerpo la fortaleza necesaria para impedirlo. Es muy afortunado realmente. Lo segundo es que nos encargamos de hacerle toda clase de exámenes de sangre a su hijo, y ninguno arrojaba resultados. Ninguno hasta que efectuamos el...

El hombre hizo una pausa larga antes de aclarar las cosas. Tal vez quería atenuar los efectos de la noticia, pero de ese modo sólo consiguió enfatizarlos.

—...El examen toxicológico. Lamento informarles que lo que encontramos fue que su hijo posee altos grados de cocaína combinada con cannabis en su sistema, además de otros estimulantes de origen desconocido. Los síntomas junto con el comportamiento que nos describió la señora Victoria por vía telefónica, coincide perfectamente con lo que provoca el uso de ambas drogas, más no sabemos qué otros efectos adversos puedan provocar el resto de aditivos que pudo haber consumido, así que deben estar prevenidos para una posible recaída. Pero puedo equivocarme y tal vez esté bien, se los digo para que estén preparados en caso de que tenga que volver aquí.

Hubo un silencio sepulcral. El primero en reaccionar fue Richard. El sentimiento le ganó, por lo que de repente comenzó con sollozos fuertes e intermitentes, pero que fueron interrumpidos por un ruido seco; su esposa se había desmayado. Fue mucho peor de lo que había predicho su marido, y al parecer no pudo soportarlo. Al menos, su esposo estaba a su lado y pudo sostenerla, para colocarla inmediatamente en su silla, arrimada a la pared.

—Doctor, por favor, ¿Hay algo en lo que dejar reposando a mi esposa? No quiero que se caiga.

El médico se apresuró a sacar una camilla del clóset, en la que ayudó a Richard a colocar a la mujer. También sacó una sábana y una almohada de allí, cubriéndola con ella mientras el esposo le posicionaba bien la almohada bajo la cabeza. Apenas tuvo sus manos libres, el padre por fin se limpió las lágrimas.

—Muchas gracias, doctor. Ojalá despierte pronto. Parece que esto le afecta más a ella que a mí.

En ese mismo instante, al señor Tweak se le ocurrió una idea algo cínica, pero que no podía desperdiciar, por el bien de su esposa y de su negocio. Era el momento más oportuno para llevarla a cabo, y más ahora que su esposa no podría escucharlo.

—Lo lamento mucho. Intentaremos ayudar cuanto podamos, pero me temo que las adicciones de su hijo ya son responsabilidad de ustedes.

—Mi hijo no es un adicto, doctor. Nunca ha venido con olores extraños, no fuma, si consumiera cannabis, lo sabríamos, y más yo... Yo solía fumar marihuana. Tampoco supimos nada que tuviera que ver con cocaína. —no pudo evitar tragar saliva, pero recobró su seguridad luego de suspirar.— ¿No cree que podría ser otra cosa? ¿Algo como consumo involuntario?

—Mhm... —el médico se sentó a un lado del niño y sacó de su bolsillo un par de guantes, un bajalenguas y una linterna, que eran lo único que llevaba consigo.— Déjeme inspeccionar algo.

Se puso los guantes y no sólo inspeccionó ambas fosas nasales con detenimiento, sino también su boca, y con exactamente el mismo instrumento que había metido hace un segundo en su nariz.

—No veo rastros de cocaína o marihuana en su conducto nasal ni en su lengua o faringe, nada a pesar de que el examen indique que fue un consumo reciente, aunque puede que se las hayan administrado de una forma más sutil. Sólo puedo decir que noto aliento a café y a comida. ¿Su hijo se cepilló los dientes antes de salir? —bajó aún más su lengua con aquel instrumento de madera.

—Se cepilló los dientes, sí, antes del café. —hizo una pausa, junto con una cara fingida de sorpresa.— Oh, Podría... Podría ser que... ¿Tuviera algo que ver con la comida escolar?

—Oh, Dios Santo... —aunque ya no inspeccionaba la boca del chico, siguió bajando su lengua sin darse cuenta.— Si fuera así, sería muy grave, habrá que avisarle a las autoridades para que hagan el correcto procedimiento de investigación a la cafetería de la escuela. Tal vez por eso es que la señora Victoria vino hasta aquí, puede que esté enterada, puede ser una cómplice. Después de todo, aunque sea culpa del encargado de la cafetería, ella será la que tendrá que pagar por todo.

Richard se sintió algo mal por ella. Pero en vez de quedarse contemplando al suelo sin ánimos por la culpabilidad, decidió tomar disimuladamente la tarjeta dedicada del oso de peluche para arrugarla dentro de su puño y meterla en su bolsillo, y usó una expresión exagerada de furia para esconder sus emociones reales.

—¡Esa perra! ¡Y tiene el descaro de venir hasta aquí! ¡Que se joda, se hará cargo de lo que le hicieron a mi hijo!

—Señor, baje el tono, no estamos seguros de eso, y es mejor que le demos el beneficio de la duda, por ahora. No hay que dejar que se entere, o podría incubrirlo todo. —puso sus manos juntas y las colocó en su regazo, para adoptar una postura más seria.— Además, estoy seguro de que tampoco le gustaría despertar a su hijo con tantos gritos, no debe alterarlo.

Cuando hubo justo terminado de decir eso, una tos muy audible de desesperación llenó la sala, era Tweek, quien estaba ahora ahogándose con el palo de madera.

—¡Oh, por eso no lo encontraba, niño eso no se come! —Luego de hacerse el desentendido, el hombre extrajo el instrumento de su garganta, teniendo que meter la mano casi hasta el fondo de su boca.

—¡ACK! —tosió fuertemente de lado unos segundos con una mano en su pecho, hasta que pudo respirar bien.— ¡¿Q-QUÉ COMA QUÉ?! ¡GAH, QUÉ ES ESE HORRIBLE SABOR!—pasó las manos por su lengua y jadeó brevemente hasta calmarse.

—¡Oh, Tweek, hijo mío, por fin despertaste! —su padre se apresuró a abrazarlo con mucha alegría.

—¡AGH! —dando un salto de susto sobre sí mismo, golpeó y separó a su padre con ambas manos.— ¡¿EN DÓNDE ESTAMOS?! —mientras miraba alrededor, se limpió las manos inconscientemente en el rostro de su padre, quien no le dijo nada por ello.

—Estamos en el hospital Tweek, te desmayaste. La directora Victoria te encontró en su oficina.

—¿¡D-desmayarme!? ¿¡Por qué!?

—Una crisis, es todo. —miró de soslayo al doctor, quien asintió en silencio.— Cuando sepamos mejor por qué, te lo diremos.

—B-bueno. —al terminar de explorar toda la habitación con los ojos, notó la camilla.— ¡Y QUÉ LE PASA A MAMÁ! —apretó la boca de su padre y le clavó las uñas en la piel al hacerlo, en una clase de impulso nervioso.

—Mamá estará bien, sólo se asustó mucho, ya despertará.

Tweek se tomó unos segundos para reflexionar, mirando hacia sus sábanas e intentando recordar lo que había pasado.

—Sólo recuerdo que vomité. Y...

Cuando dijo eso, Richard instantáneamente se tapó la boca ya muy nauseabundo por el olor que hasta hace poco había reconocido, y no tuvo más remedio que levantarse del asiento y correr hacia el baño.

—Veo que tu padre es propenso a las náuseas también, puede que ya sea un problema de tu familia. —Gouache cubrió su boca con una mano para disimular su risa.— Bueno joven, si se siente mejor ya puede comer algo si quiere, llamaré a la enfermera Goodly para que le busque algo.

—No, gracias, e-estoy bien. S-sólo me siento raro... —agregó, bajando un poco sus párpados.— M-me duele la cabeza...

—Entonces ya te traerán una pastilla para eso, cuídate niño, cuidado con lo que te llevas a la boca.

Tweek frunció un poco el ceño con lo que el profesional acababa de decir, pero luego le dio hipo, como si aquello le afectara en algo. Se quedó mirando cómo el médico se puso de pie y se fue. Tomó aire y aguantó la respiración para extinguir su hipo. Cuando exhaló, se quedó contemplando la puerta.

—D-debí pedir café...

Cuando se habló a sí mismo, sus propias palabras le refrescaron la memoria, lo primero que le vino a la mente fue el café en el escritorio de la directora, y lo segundo fue Craig. Craig diciendo su nombre. Craig llamándolo mientras él estaba en el suelo, desalineado, entre documentos sucios y lleno de vómito.

Se quedó paralizado por unos segundos sin saber cómo reaccionar, hasta que su celular, el cual estaba en una mesa de noche al lado de la cama del hospital, emitió un sonido y se iluminó.

Al tomarlo entre sus manos, lo desbloqueó y vio incontables notificaciones de todas las redes sociales en las que estaba registrado. Todas tenían algo en común; estaban llenas de la misma foto; una foto de él, en su más lamentable estado, ese en el que Craig lo había encontrado.

No tardó mucho en llegar a un estado de alteración que creció gradualmente hasta el estrés absoluto. Esto lo excedió hasta el punto de hacerlo temblar. Más aún cuando leyó varios mensajes, publicaciones y twitts hablando de él de parte de gente que ni siquiera conocía, vio que estaban haciendo toda clase de comentarios despectivos hacia él. Esa fotografía estaba iniciando una cadena de cyberbullying. Se quedó mirando hacia algún punto fijo de la habitación, como si de esa forma escaneara toda la espacialidad de las dimensiones de aquel cuarto frío y monótono que lo contenía. Había recordado mejor. Craig Tucker no estaba solo allí. Craig estaba junto a Clyde Donovan, quien era el único de los dos que portaba un smartphone en la mano. Ese podría haber sido el plan de Clyde, o de Craig. La persona quien más lo había ayudado, a quien más había aprendido a apreciar, lo quería humillado frente a todo ser humano viviente sobre la tierra. No, no podía ser, Craig no se dedica a perjudicar a la gente, se dedica a ignorarla. Pero, ¿Podría estar aprobando lo que hizo Clyde? Debía esperar a que alguno de los dos se animara a aclararle las cosas. Pero Tweek era muy malo esperando cuando estaba nervioso, y sus pensamientos no paraban de hacer que el sufrimiento escalara con cada segundo.

Él en un hospital, sintiéndose mal físicamente, su madre en una camilla, y miles, millones de personas desconocidas en todo el país, o hasta tal vez alrededor del mundo, riéndose de su más vergonzoso momento. El peor de los infortunios estaba cobrando vida poco a poco, a medida que él pensaba que no era nada más que un niño solitario e irrelevante en un hospital, confundido al extremo, quizá defraudado por la persona que más le inspiró confianza, y con una vida ahora potencialmente arruinada fuera de esas cuatro paredes.

Una vida que no sabría cómo continuaría.

Su cordura se destruyó en tantos sentidos y niveles que pronto se encontró soltando el grito de ansiedad más horrísono de toda su existencia.

Aquello provocó que ambos padres en la sala se despabilaran y se apresuraran a acercarse al niño y que, para la mala suerte de Tweek, el médico y la enfermera regresaran durante ese instante de desvarío.

—¡Oh Dios, otra vez! ¡Otra vez está sucediendo! ¡No queda otra opción, todos apártense!

Goodly dejó la bandeja con agua en la camilla y se hizo cargo de alejar a los padres, mientras Horatio sacó una jeringa enorme que inyectó en uno de los brazos de Tweek, provocando que el niño quedara completamente inconsciente de nuevo.


" ¡Mira todo lo que provocas! ¡Nunca pensé que llegaras a ser tan irresponsable!"

" Descuida Helen, ya encontraremos solución, hice unas llamadas "

" ¡¿Y qué tiene que ver eso con lo que hiciste?! "

Tweek se despertó escuchando a sus padres, no sabía cuándo se había dormido. Se talló los ojos con la parte baja de las palmas de sus manos y luego los abrió, estirando los brazos. Se sentía algo entumecido de tanto estar en cama. Sus padres estaban al pendiente de él, y cuando despertó detuvieron la conversación.

—Hola Tweek, ¿Cómo dormiste? —su madre le dedicó una sonrisa llena de serenidad.

—Bien, o mal... Más o menos... Mejor —Dio un bostezo amplio, aún semidormido.— ¿Qué hora es?

—Son casi las ocho hijo, el doctor vino recién y dijo que ya podíamos retirarte cuando despertaras. Te trajimos una muda de ropa nueva. Puedes ponértela ahora, luego camino a casa podrás pedir lo que tú quieras para comer. —Se dirigió a abrir la puerta y su esposo la siguió.— Iremos a hablar con él un rato al pasillo, espéranos aquí, ya volvemos.

Apenas quedó solo se dedicó a revisar una vez más las notificaciones en su celular. Cuando las surcó con la vista, las borró. No habían cesado las burlas. Y ningún mensaje personal hacia él era de apoyo. No le importaba que lo apoyaran, sólo esperaba algún mensaje de Craig. Pero no hubo nada. La emoción amarga de sentir que él no importaba lo suficiente para nadie en particular más que para sus padres, lo hizo adoptar una expresión apagada y angustiada.

Abrió las redes y cerró sesión en todas, pensando en desactivarlas. Pero en vez de eso, decidió dejar el celular en la mesa y se percató del oso de felpa detrás de él, en la repisa de arriba suyo. Se puso de pie sobre la cama y lo tomó, colocándolo a su lado para observarlo, y preguntándose quién se lo habría dejado allí. Pasó una mano por su pelaje sintético, pensando en todo y a la vez no pensando en nada en específico. El sentimiento finalmente le ganó y abrazó al oso con fuerza, para terminar llorando en silencio por encima de su hombro.

El smartphone empezó a vibrar sin parar y se iluminó a su mayor brillo, mostrando en su display que cierta persona lo llamaba. Ese chico que lo había estado ignorando toda la mañana, se acuerda de él casi al terminar el día. Dudó si atender la llamada o no, pero cuando acercó su mano al móvil, la llamada se detuvo. Llamará de nuevo, pensó. Pero esperó como por veinte minutos, con sus mejillas irritadas y sus lágrimas secas en ellas mientras unas frescas asomaban cada minuto, y el dispositivo no daba respuesta. No hacía nada.


Era ya de noche. La hora de la cena ya había pasado, y el niño ya había vuelto a su cuarto, en el que estuvo pasando casi toda la tarde mirando un frasco sobre su cama. Ese frasco estaba lleno de bolsas de silica gel. Craig los había apartado de toda mochila y ropa para usarlos en casos de emergencia. En caso de smartphone-emergencia. Así es, su smartphone había caído al agua, pero aún así lo sacó del frasco. Algo en él no aguantó el paso de las horas y prendió el celular con el gran riesgo de que pudiera no volver a encender nunca.

Él no sentía nada en particular con lo sucedido. O eso creía. Sólo se encontraba más indiferente que de costumbre y no tenía ganas de dar explicaciones por ello, de hecho no había hablado con su familia en todo el día. Simplemente estaba así y se acabó, fin del tema, no de la discusión porque por empezar no había ninguna.

Tuvo sus momentos de reflexión o más bien, de no pensar en nada en especial, porque a él le costaba reflexionar, nunca tenía nada por lo que reflexionar porque a él le daba igual todo. Pero esta vez era algo diferente. Discutía con él mismo si ponerse en contacto con Tweek o no. Le había dejado en claro hace semanas que no le simpatizaba la idea de seguir con todo eso de la relación y que sólo esperaba a que todos lo olvidaran. Y ahora tampoco se sentía culpable por eso, seguía pensando firmemente en que era lo mejor, pero eso no significaba que tuviera que actuar como si nunca hubiera conocido mejor al cafeinómano de su compañero. Aparte, tal chico no parecía tener mucho contacto con el mundo que lo rodeaba, era como si siempre estuviera en otra sintonía, en otro mundo. Craig pensaba que él en cambio al menos estaba pendiente de la gente, porque si no lo estuviera no podría sentirse irritado por ellas. Pero el rubio... Daba la sensación de que no veía a nadie, de que actuara con la electricidad de sus nervios, era como si sólo fingiera entender a todos pero lo único que en realidad pudiera ver fueran los problemas e inconvenientes de cada cosa.

Si quisiera ponerse en contacto tendría que pedirle el celular o la laptop a Ruby. Su celular estaba casi muerto, y todo el resto de sus aparatos, hasta su consola (con obvio acceso a internet, por eso la consideraba una opción), habían sido confiscados por sus padres, para que él se preocupara más por su rendimiento escolar, que por cierto era muy bajo. Pero su hermana era terriblemente egoísta y sería capaz hasta de escupirlo para evitar que su hermano volviera a acercarse a ella y a sus cosas.

Suspiró e hizo lo que pensó que sería lo correcto, llamar a Tweek para ver cómo estaba, muy a pesar de que su celular quizá no lo aguantaría. Lo buscó en sus contactos y se quedó mirando un rato antes de animarse a pulsar el botón digital de llamada. Dejó que sonara el máximo de tiempo y la casilla de mensajes la interrumpió, lo supo porque la grabación que Tweek apartó para la casilla era muy clara.

" Llamaste a Tweek, y no está o no puede contestar, sólo lo escuchas hablando err... Como si no fuera él, pero esto está, um, grabado. ¿Dejas un mensaje? "

Decidió que al menos dejaría un mensaje de voz. Pensaba qué decir mientras esperaba el tono, pero no lo llegó a escuchar pues antes de que este apareciera, el celular se apagó.

No sabía si habría valido la pena, pero era probable que su dispositivo le hubiera dicho adiós a esta altura. De todas formas volvió a desarmarlo y a aspirarlo con una aspiradora de gadgets, y a ubicar la tapa, el teléfono y la batería por separado dentro del frasco con silica gel, enroscando la tapa con cuidado. Esperaba que el celular se secara pronto. Soportó el impulso de querer sacarlo antes de tiempo, y se quedó viendo a través del vidrio por un largo rato. Se cansó de ello, por lo que buscó debajo de su cama un ejemplar del cómic de Doctor Strange y se quedó leyendo, para que la espera no fuera tan tediosa. Cuando se le ocurrió darse la vuelta para mirar a su reloj despertador, ya eran las diez de la noche. Las diez y no estaba durmiendo.

Decidió apagar las luces ya que prefería no ser interrumpido con los golpes a la puerta de su dormitorio por parte de sus padres. Intentó quedarse dormido con el cómic a su lado, pero por más que cerrara los ojos, Morfeo no lo visitaba. Puto Morfeo.

Tenía que contemplar opciones, y la más rápida era terminar de leer el cómic. Cuando lo terminó, se quedó leyendo los créditos. Luego de leer los créditos, miró con detenimiento la tapa. Después de ver la tapa, se quedó recorriendo cada página con los ojos, deteniéndose en cada detalle. Doctor Strange no era extraño. Bueno, no para Craig, que se sentía muy identificado con él. Le gustaría ser un hechicero como Strange, si no creyera que ser un hechicero fuera cosa de maricas. Tras ver a Cartman haciendo de hechicero varias veces, no tenía dudas de que sus sospechas eran ciertas.

Miró a la jaula de Stripe y suspiró. Ya la había cubierto y el roedor dormía, dormía todo lo que Craig no podía. Intentó dormir por una hora más, sin éxito. Ya eran las doce y media de la noche. Siguió intentando y era la una de la madrugada. De pronto recordó que tenía un smartphone viejo de repuesto, así que buscó el móvil y su cargador portátil, le colocó la batería, lo enchufó al cargador y lo encendió. Pero luego se dio cuenta de que ya no podría llamar a Tweek o los padres del mismo se enterarían y lo regañarían, sin mencionar que lo delatarían y no tenía ganas de que sus padres lo cuestionaran por haberlo llamado justo a él. Decidió mandarle mensajes, pero el menor no estaba conectado en ninguna aplicación de mensajería. Y ese celular no tenía saldo. Así que optó por las redes sociales, y se encontró con lo que temía. Sí, el asunto se había viralizado. Y no tenía por qué responsabilizarse por eso, era culpa de la torpeza de Clyde.

Pero... ¿Tweek habrá visto todo eso? ¿Estará sintiéndose mal? No estaba demás asegurarse de eso, ¿Verdad? ¿Qué haría?

Caminó hasta su clóset y buscó entre su ropa.