Pasó un rato desde la última actualización, pero es que prefería esperar a que terminara la temporada 20 para tal vez adoptar algunos elementos de ella, y/o cambiar otros porque vaya, de verdad estaba expectante. Igual y tienen 11 años así que tal vez no tuvo sentido, los años que pueden pasar hasta que cumplan 11 si es que lo hacen, pueden ser infinitos. Pero bueno, me dio mucha inspiración alimentarme de la temporada 20, sin duda me nutrí de cada argumento en ella. Sin más qué decir, el capítulo.
Había sido una mañana casi como las demás. Sí, como las demás. Aunque tal vez más jodida. De todos los primeros días de clases, el más jodidamente irritante y duro de todos. No sabía realmente qué es lo que le molestaba más. Si la invasión casual de sus parientes, no poder dormir bien por ellos, volver a clases sólo que un grado más miserables, o tener que convivir con la idea de que esta vez sí le importaba el hecho de que presentía que algo estaba mal. Porque algo estaba mal, y él estaba mal por eso, pero no sabía la razón específica de su malestar, que era tan ajeno a él.
Un viaje en bus en el que había estado mirando screamers con Clyde, hasta que Wendy se puso a gritar. Tener que entrar a la escuela y ver los anuncios que todos ven al ser atrapado por sus compañeras, sólo por no poder haberse escapado de entre medio de la multitud a tiempo. Caminar a su nuevo salón. Su muy ruidoso nuevo salón. Se debía a la salida que tendrían en una semana. Todos querían preguntar alguna cosa, y a él le sobraba. Y detrás suyo había más bullicio que destacaba por sobre el resto. No tardó mucho en darse cuenta quién era el del escándalo.
Para su sorpresa o su desgracia, el rubio cafeinómano había vuelto a estar en su mismo salón. Ya de por sí era un niño peculiar antes, pero hoy ni siquiera sabía si era él. Literal, pensó que era otro chico, pues no se había volteado a verlo antes, y sus alaridos eran inusualmente extraños, poco reconocibles.
Sabía que había tenido poco tacto con el menor de los Tweak al término de la cursada pasada, pero le parecía lo mejor. Era lo más indicado volver a sus vidas habituales, sin tener que fingir nada. Sobre todo porque sabía que sus tíos -quienes se estaban quedando en su casa- lo molestarían si se hacía mención alguna de su fingida pero aparente homosexualidad.
Lo malo era que este chico -autoelegido como su novio hace ya tiempo- se comportaba mucho peor que antes y cada vez que chillaba, casi no le dejaba oír ni sus propios pensamientos. La voz de Tweek repentina tenía la fuerza de mil martillazos que iban directo a la corteza cerebral de Craig. Pero el azabache estaba con demasiado sueño como para manifestar que le importaba.
[Craig]
Vuelta a clases. Normal como antes. Me gusta lo normal. No sé si es bueno que el señor Garrison vuelva, pero al menos desde que lo vi en la tele ya no me parece tan molesto. Mi papá dice que es bueno que lo tenga de maestro, al menos así tengo algo que presumir.
—Craig, ¿No te parece que Tweek está raro?
Clyde me hablaba. Yo sólo quería poner a todos en mudo, a él también. Debería existir un control remoto para eso. Para poner a todos en mudo y poder dormirme en paz.
—No sé amigo. ¿Qué le pasa?
—No me contestó cuando lo saludé, y está gritando, ¿Lo oyes?
—Ah, okay.
—¿Lo oyes? ¿Oye, no vas a hablar con él?
—No lo veo hace rato. Tal vez era así en su otro salón y no sabíamos.
—¿Vas a hacer algo?
Me quedé pensando.
—¿Qué? ¿Callarlo?
—¿Lo harías? Tal vez sólo te escuche a ti.
—No viejo. Dije que ya no hablábamos.
—¿Qué pasó?
—No te importa.
—¿Qué pasó?
Fruncí el ceño.
—No te importa.
—No me importa.
—Lo entendiste.
—Lo entendiste.
—Clyde.
—¿Clyde?
—No te hagas el tonto.
—No te hagas el tonto.
—En serio.
—¡En serio, Clyde! ¡No te hagas el tonto Clyde! ¡No te voy a deciiiir!
Le mostré el dedo medio, giré la cabeza para el otro lado y me recosté sobre mi pupitre. Luego sentí una mano en mi hombro.
—Háblale ahora o no se callará. Por favor Craig, ya no lo soporto.
—No quiero.
—¡Clyde, no quierooo!
—¡ESTÁ BIEN! ¡Ahora voy!
Me saqué su mano de encima, me levanté de mi pupitre y vigilé que todos estuvieran distraídos alrededor del maestro antes de caminar hacia Tweek.
—Hey, Tweek.
¿Qué mierda dice? ¿Habla bajo o qué? No entiendo.
—¿Tienes problemas?
Esperé a que respondiera.
—No va a responder. Tiene miedo o algo. C-creo que sería mejor si lo dejas solo. —Butters habló en su lugar.
—Le estoy hablando a él y no a ti.
—Pues no lo veo con ganas de responderte. —Butters sonrió.
Eso fue grosero, pero no quise seguir con la conversación.
—Bien.
Volví a mi pupitre pensando. Estaba tentado a hablarle ahora que Butters me dijo que no le hable. Me senté y lo miré. Le hice una señal con la mano. No le importó una mierda. Se puso de pie a caminar por ahí. Me dio igual, me dormí un rato.
Al despertar, lo vi y le escribí en una hoja en la que le pregunté si estaba bien, y se la mostré. Nada. Hice unos dibujos para comunicarle lo que quería decirle cuando se sentó y lo miré y dejé que los viera. Nada. Al carajo.
—Le hablo yo si quieres.
Clyde. Si tanto le importa, ¿Por qué no le habló él en vez de molestarme?
—Jódete.
—Bueno, le hablamos ambos.
Pero justo lo escuchamos gritar muchas cosas. Que no era gay ni culpable, y no sé qué más. Quedamos mirando. Nos arrepentimos. Clyde se puso a escuchar al maestro y yo seguí viendo a Tweek. Sí que estaba raro.
Volví a mirar al frente porque mi prima hablaba y no quería que después me delatara por no prestar atención. Y pasaron casi todos al frente a escribir.
Me aburrió el tema así que bostecé y me volví a dormir. Desperté de nuevo por un grito de Tweek. Iba a detenerlo, pero sabía que pasaría algo interesante y no dije nada.
Gritaba algo de querer saber a dónde vamos. Cuando pateó a Garrison, supe que tenía el mejor asiento de la función. Reí.
Cuando le gritó a mi prima, ya no fue tan divertido. Le dio al maestro en toda la cara con el borrador. Otra maestra lo pescó. Esto se estaba yendo de control. Si seguía, seguro lo expulsaban.
—¡Tweek, Tweek! Vamos a las montañas, ¿OK? ¡Cálmate, por favor!
Me miró por primera vez en el día. Sus ojos no decían que estaba bien. Y se lo llevaron. Carajo. Algo malo pasaba. Algo andaba mal.
—Algo anda mal.
Clyde me miró en silencio.
—Te lo dije.
—Lo sé.
—¿Qué le pasa?
—Está mal.
—¿Cómo lo sabes?
¿En serio Clyde? ¿En serio?
—Garrison no nos va a ver si nos vamos ahora, no puede abrir los ojos.
—Te sigo.
Salimos del salón, pero nos aseguramos de mantener distancia entre la maestra que llevaba a Tweek y nosotros, para que ella no se diera cuenta. Esperamos un momento a que se fuera, y cuando creímos que era seguro, nos fuimos hasta la oficina del señor Mackey, en donde pensamos que estaría, pero no estaba.
—Mierda, Tweek no está aquí.
—Claro, Craig. Garrison dijo que lo enviaría con la directora Victoria.
—¿Y por qué carajo no lo dijiste?
—¡Me olvidé!
—¿Y en dónde está ahora su oficina?
—Al lado de la de antes.
—Vamos.
Me adelanté hasta allí, pero antes de doblar por el pasillo, me crucé a la maestra de nuevo y me quedé quieto para que no mirara hacia aquí y siguiera su camino. Clyde se me adelantó caminando concentrado en su smartphone y lo seguí. Casi choca con esa mujer. Le di un codazo.
—Clyde, casi arruinas todo, deja esa cosa.
—Lo siento, es mi papá, debo responder o se enojará.
—Responde luego.
Nos detuvimos delante de la puerta de la oficina y la abrí. Nunca pensamos que nos encontraríamos eso. Tweek tirado en el piso enfermo, sucio y con los pantalones abajo.
—¡Tweeek!
Entré a la oficina y di unos pasos. Pensaba sentarlo en la silla de escritorio y acomodarle la ropa, pero no pude. Menos mal. La directora llegó en ese momento.
—¡Oh, Dios mío! ¿¡Qué le pasó a este jovencito!?
—Se desmayó. -Sólo eso dije.
Mi smartphone vibró en el bolsillo trasero de mi pantalón, pero lo ignoré.
—¡Oh Dios, voy a llamar a emergencias? ¡¿Y qué hacen ustedes aquí?! ¿¡Acaso hicieron esto!?
La mujer se apresuró a sacar su móvil y marcar un número.
—Señora, no. Lo trajeron aquí y notamos que algo andaba mal, así que vinimos por él. —Clyde respondió.
—Oh, bueno, les creo. ¡Pero deben volver a su salón, corran o se quedarán después de clases! O-oh, ¿Hola? Disculpe, sí, ¡Hola! Hay un niño que se ve muy grave aquí, ¡Necesitamos una ambulancia, es una urgencia! ¡Aquí en la Escuela Primaria de South Park! ¡Vengan rápido, por favor!
No nos movimos de ahí. Me acerqué a Clyde que siguió con su celular.
—¿Ya le contestaste?
Lo pensó y me respondió.
—Craig, yo, perdón. ¡Las teclas de atajo se configuran solas! Las cambio y, y se cambian solas. Son una mierda...
—¿Qué pasa ahora?
No contestó. Saqué mi celular y miré la notificación. Era una foto de Tweek como estaba ahora.
—¡Qué me envías!
—¡Fue otro atajo, carajo!
—¿Dos jodidos atajos? ¿¡La foto y el envío!?
Clyde asintió. O me tenía en una tecla rápida, o seleccionó a todos en texto masivo.
—¡Pendejo! ¡Que nadie se entere, o nos meterás en un lío!
—¡Perdón!
Me miró molesto y preocupado.
—¿Regresamos? —Dijo apenado.
—Yo no. Me quedo hasta que vengan los del hospital.
—Oh, bueno, sí. Te veo en un rato.
—Sí.
Me quedé esperando y cuando vinieron a ponerlo en una camilla me acerqué. La directora se puso frente a mí, se arrodilló y me tomó de los hombros.
—Craig, entiendo que este jovencito significa mucho para ti, pero no puedo permitir que te acerques ni que te quedes, debes volver a clases. No podría explicarle a tus padres que perdiste clases por algo como esto, no va a gustarles. Voy a llamar a los padres de Tweek y les diré que te preocupaste y que te mantengan al tanto de todo.
—No, está bien, no les diga. Me voy.
Me estaba yendo cuando un chico de sudadera negra con la capucha puesta me chocó cuando pasaba, y causó que mi iPhone cayera dentro de la cubeta de la limpieza que estaba a mi lado.
Y había estado toda la tarde pensando.
¿Quién habrá sido el maldito desgraciado que le hizo eso a su celular? ¿Y por qué estaba tan intranquilo?
Tomó un abrigo de su clóset y se lo colocó. Lo que iba a hacer no le tomaría más de quince minutos. Si no podía dormir, al menos eso calmaría un poco su conciencia. Antes de irse, le sacó la carcasa trasera a su celular, quitó la batería y volvió a meter todo en el frasco.
Tweek estaba durmiendo cuando Craig golpeó el cristal de la ventana de su habitación y lo despertó abruptamente. El estrepitoso ruido hizo que diera un gran brinco sobre su cama y se afirmara contra la pared, sentándose refugiado entre sus sábanas.
—¡C-craig! ¡¿Qué quieres?! —Preguntó sin pensarlo con el pánico del momento.
Su compañero sólo seguía golpeando el vidrio. Tweek vio el seguro de la ventana y se levantó para avanzar lentamente hacia ella. Su ventana estaba justo arriba de su escritorio, por lo que tuvo que ponerse de pie en la silla, tirar de la superficie todo lo que había y luego abrir.
—¡¿Qué haces aquí?! —Volvió a preguntar.
Craig abrió la boca y la movió, intentando articular una razón, pero no dio una.
—Aah... No lo sé.
—Nadie iría a la casa de otra persona a esta hora porque sí.
—Pues tal vez sea la primer persona que va a casas a esta hora porque sí. —Craig respondió evitativo, entrando al cuarto y sentándose a un extremo del escritorio.
La misma expresión de molestia que Craig había puesto estaba ahora sobre la cara de Tweek, mientras cerraba la ventana y se bajaba.
—¿Ah, sí? ¿Pues sabes lo que yo creo? ¡Que viniste hasta aquí para exponerme a mí, para sacarme otra de sus estúpidas fotos, y provocar que la gente se burle aún más de lo que me pasó!
—¿Crees que fue intencional y que fue mi culpa? —Su entrecejo se frunció más.— ¡Pues vete a la mierda!
Craig se bajó del escritorio.
—¡¿Qué?! ¡¿No lo fue?! —Gritaba el pequeño rubio, alejándose del niño.
—¡No! El iPhone de Clyde funciona del carajo y hace cosas solo.
—¡¿Crees que voy a creerme eso?! —Dijo todavía a la defensiva.
—Eso pensaba. Bueno, fue un gusto hablar contigo.
—¡Sí! ¡Vete tú a la mierda! ¡¿Crees que puedes venir aquí a hablarme así con todo lo que pasé?! —Se apartó las lágrimas que comenzaron a rodar por sus mejillas.— ¡No sabes lo que se siente que hasta gente que ni conoces se burle de ti!
—Estás sensible, cálmate. —Suspiró.— Bien, bien. Lo siento. Pero valora que me esforcé en venir hasta aquí y lo único que se te ocurre es acusarme.
Craig se dio la vuelta, intentando subirse a la silla giratoria para ponerse de pie sobre ella. Tweek lo pensó unos segundos, y se relajó un poco.
—Espera. Supongamos que te creo. ¿Entonces por qué estás aquí? —Repuso el rubio.
Craig ya estaba de pie, pero se sentó para hablar a su nivel.
—Quería saber si estabas mejor. —Se sinceró.
Tweek se veía muy confundido.
—¿Por qué no me buscaste antes?
—¿Antes cuándo?
—En clases, o durante todo el día. —Intentó ponerse menos tenso.
—Lo intenté durante clases y no respondías.
—¡No lo hiciste!
—Lo hice, Tweek. Pero Butters no me dejó seguir intentándolo.
—¿Y luego por qué no?
—Un idiota me chocó y mi celular cayó al agua. Se arruinó. Esto me pasa por no tener aún el iPhone 7.
Tweek se quedó callado.
—Bueno, parece que estás bien, así que me voy. -Craig volvió a pararse en la silla.
—Tengo mareos aún, y veo un poco borroso. Pero no me preocupa. —Se cruzó de brazos y se clavó las uñas en un brazo.— Lo que me preocupa es lo que dirán de mí ahora. ¡Quedé como un estúpido, mi vida está arruinada! —Suspiró cabizbajo y estresado, atrapando su cabello con su puño.— Dejaré la escuela.
Craig se sentó en el escritorio.
—¿Qué tu qué?
—Me escuchaste. Ya no quiero ir a la escuela. No quiero volver ahí jamás. Seguiré el negocio de la familia.
Craig alisó la expresión en su rostro. Es verdad, tenían un negocio y no tenía que estudiar mucho realmente para eso. Empezaba a envidiarlo bastante. A pesar de ello, sintió que debía decirle lo que era correcto y no su opinión personal.
—Pero Tweek, es tu deber. No fue un trol el responsable. Pasarás de moda y ya no hablarán más de ti.
—¿Y qué? Si estuvieras en mi lugar, dirías algo como "a quien mierda le importa, yo me quedaré en el negocio familiar y ya". ¿Por qué te importa tanto?
Al parecer, Craig era más predecible de lo que él mismo creía.
—Está bien, sí Tweek, no debería importarme, como sea, me largo. —Abrió la ventana nuevamente.
El rubio intentó calmarse, aunque tenía la cara roja de la ansiedad.
—No voy a volver a la escuela. —Craig rodó los ojos mientras se daba la vuelta para escucharlo, y Tweek frunció los músculos de su cara a la vez por unos segundos.— Pero... Si de verdad te importa lo que me pase... —Relajó el rostro.— ¿Podrías ayudarme a hacer que la gente se olvide de lo que pasó?
Craig hizo una mueca de lado.
—Es lo que venía a decirte.
El cafeinómano se limpió los ojos con la manga de su pijama.
—¿Vienes aquí a la una de la mañana a decirme que me vas a ayudar? ¿Te escapas de tu casa y cruzas la ciudad sólo para decirme eso?
—Pero si vives a la vuelta de mi casa.
—Lo-lo siento. Debí escuchar...
—Ya no importa, te ayudaré y ya. —Se subió al borde exterior de la ventana.
—Craig. ¿Por qué quieres ayudarme? —Dijo con remordimiento.
El azabache volvió a mirarlo.
—Creo que siento que es mi deber arreglar esto. No lo sé, ¿Sí? Adiós. —Giró su cabeza hacia el frente y saltó hacia afuera.
Ahora se sentía más confundido que antes. Sabía que a Craig no solía importarle nada más que divertirse, encerrarse en sus cosas y la monotonía. No era la clase de chico al que se le ocurrían riesgos o ideas espontáneas para llevar a cabo, sólo seguía las del resto si quería. Se apresuró hasta la abertura entre los postigos y sacó la cabeza hacia afuera para localizar a Craig en la distancia.
—¡Craig! —Gritó de la forma más suave que le salió.
El niño del chullo azul se giró y vio hacia su dirección.
—¡Gracias! —Dijo Tweek con una sonrisa, sin importar su estado desgastado y su falta de energía vital.
Craig simplemente levantó su pulgar y se lo enseño de frente a varios metros de él, el tiempo suficiente como para que Tweek lo viera bien, y siguió su camino.
El rubio por su parte, tenía la misma sensación que a la mañana. La sensación de que necesitaba de Craig, y su capricho por fin se había cumplido. Tal vez se estaba volviendo loco, pero todo cuadraba en ese momento.
