Capítulo 3: El peor día de todos
"La estamos esperando", diablos, analizando rápidamente su situación tenía dos opciones, una era salir de ahí e ignorar las palabras del joven y quedar en total ridículo pues todas las 30 chicas de ahí la miraban con detenimiento, o segundo atender a su llamado y obedecerle a entrar. Decidió finalmente por la segunda opción.
-Emmm, si, voy.- Dijo mientras avanzaba hacia la entrada de la otra habitación y pudo escuchar un leve "buena suerte" de parte de su amiga. Sentía que el corazón se le salía del pecho, latía fuertemente por el nerviosismo, "sí se puede, sí se puede" trataba de darse ánimo psicológico para no colapsar en cualquier momento, cruzó la puerta.
Las tareas al otro lado de la ciudad no se hacían esperar, en las calles la gente iba de un lado a otro para llegar a tiempo a sus deberes después del almuerzo y en una parte un tanto más tranquila, ubicada frente a un parque, se encontraba una casa de reposo para personas mayores, adentro las enfermeras terminaban de servirle los almuerzos a sus pacientes y se disponían a comerse los suyos.
- ¡Itadakimasu!- Pronunció una linda chica de cabellos lisos y castaños antes de empezar a alimentarse.
- Espérame Momo-chan, no empieces sin mí.- Le dijo su compañera mientras se acomodaba en frente y desempacaba su almuerzo.
- Es que tengo mucha hambre, y la verdad no podía esperar un segundo más.
- Bueno bueno, pero ya llegué, así que comencemos antes de que las últimas energías que emplearé sosteniendo la cuchara se agoten.
Dicho esto, las jóvenes enfermeras comenzaron a devorar sus platos.
-Rukia-chan.- Dijo la morena con comida en la boca.- Escuché por ahí que vendrá un nuevo médico a revisar a nuestros ancianitos.
- Bueno creo que ya era hora, el médico de oficio que siempre venía dejó de hacerlo hace como dos meses y nuestros viejitos necesitan su revisión semanal…- Terminó diciendo esto mientras se llevaba una papa a la boca.
- Así es, espero que el nuevo o la nueva que llegue se comporte a la altura.
Terminando sus ricos almuerzos ambas recogieron sus platos o empaques sucios para llevarlos a la cocina, ayudaron a recoger los platos de los ancianos que terminaban de almorzar y hacían la misma operación. Estando ya todo en su lugar se dispusieron a continuar con sus turnos, el edificio constaba de 4 pisos, en el primero estaba la recepción, el comedor, un par de baños, la sala de visitas, y un patio trasero a dónde podían salir a tomar aire fresco y sentir el cálido sol de las mañanas, jugar rondas de parqués o ajedrez en las mesitas de madera, leer libros, en fin, varias actividades que podían realizar para distraerse sin que se les perdieran de vista a las enfermeras y enfermeros. En los siguientes tres pisos se encontraban las habitaciones individuales de los ancianitos, todas similares, con una cama, un tv, una mesita de noche, un baño propio, un armario de madera, una ventana que daba vista hacia la calle, y hasta una mesita con su silla para sentarse, las únicas diferencias entre estos eran los pequeños detalles que cada huésped cambiaba a gusto propio, como retratos de familiares, objetos personales, la mesita de noche en otra posición, etc.
-Rukia-chan.- Llamó la enfermera a su compañera.- Te necesita la doctora Unohana, dice que quiere que le ayudes con unos deberes.
- En seguida voy.- Dejó la actividad que estaba haciendo y se dispuso a acatar la orden de su superior.
- Buena tarde doctora. Momo me dijo que me necesitaba.- Dijo llegando a la enfermería de primeros auxilios, una modesta habitación con camilla, elementos de medicina y el escritorio de la doctora.
- Así es señorita Kuchiki, necesito que vaya a la farmacia y con esta orden pida los siguientes medicamentos, ya se están agotando y sabes que son indispensables para nuestros pacientes.- Dijo mientras la enfermera leía la lista, lo de siempre, calmantes, somníferos, aspirinas, desinfectante de heridas…
- En seguida voy doctora.- Y diciendo esto último dio media vuelta para salir del lugar. La farmacia se encontraba a unas cuantas calles, así que a paso acelerado fue cruzando calle por calle. "Farma Ishida" era el nombre de dicho lugar, el dueño de la cadena de farmacias y su hijo eran quienes administraban todo lo que tenía que ver con medicamentos exclusivos para su manejo en hospitales, centros médicos y entre otros, claro que también distribuían medicamentos genéricos.
- Hola Uryu.- Dijo la agitada pelinegra al cruzar la puerta.
- ¡Kuchiki!, qué bueno es verte por aquí de nuevo. Dime ¿qué necesitas?
- Lo de siempre.- Respondió mientras le entregaba un papel sellado y firmado por la misma doctora Unohana donde se encontraba la lista de fármacos.
- Mira Kuchiki, aquí tienes 50 unidades de cada fármaco.- Le dijo mientras le entregaba una caja de cartón sellada.
- Gracias Uryu, me quedaría a platicar un poco pero la doctora me está esperando. Saluda a tu padre de mi parte.
- Hasta pronto Kuchiki, claro que lo haré.
Uryu era la persona más amable y educada que jamás había conocido, y más encima muy inteligente pues ya tenía títulos de profesional, de posgrados y en estos momentos estaba por terminar una especialización, recordaba cuando Momo le decía que aceptara sus invitaciones a salir, que necesitaba conocer jóvenes y Uryu era un buen partido evidentemente, aunque para ser francos a ella no le interesaba el amor, en sus prioridades por ahora se encontraba mantener su trabajo y sobrevivir en esa gran ciudad, el amor lo consideraba un asunto infantil, hasta era capaz de dudar que ese sentimiento existiese pues a lo largo de su vida nunca nadie le había expresado siquiera una pizca de ello. Llegando de nuevo a la casa de reposo, entró dispuesta a entregarle el encargo a su jefa pero justo antes de entrar vio que su puerta estaba entre abierta, miró por el espacio que había para ver si la doctora se encontraba allí y sí, efectivamente estaba pero alguien más la acompañaba, ella no estaba acostumbrada a espiar conversaciones ajenas así que dando una media vuelta se fue retirando, aunque si no hubiese sido por las palabras que alcanzó a detectar sin querer antes de irse no hubiese roto sus propios principios morales y prestarle atención a lo que platicaban del otro lado.
-…Por supuesto Doctor Kuchiki…- Escuchó decir a su jefa.
Al cruzar la peli verde la puerta se mostró ante ella una habitación bastante amplia, mucho más de como se la había imaginado, del lado izquierdo sofás de cuero evidentemente finos con una mesita de centro que a lo mejor sería para atender visitas o cerrar negocios multimillonarios en tan cómodo lugar con vista a toda la ciudad; del lado derecho un amplio escritorio de madera al cual por supuesto prestó atención pues allí se encontraban sus anfitriones, tres hombres sentados detrás del escritorio, los observó uno por uno con detenimiento, de izquierda a derecha el primero parecía ser bastante mayor, con un semblante serio tirando a aburrido "es lógico que ya esté aburrido, ¿quién no? Todo el pinche día haciendo entrevistas sin parar debía ser agotador" dijeron sus pensamientos, su piel era trigueña, sus cabellos castaños ondulados hasta los hombros pero con unos lindos ojos azules claros que evidentemente resaltaban en contraste con su piel; el chico Vega a quien ya había visto en varias ocasiones se sentó al otro lado de la mesa así que sólo le quedaba apreciar a quien se encontraba en medio de los dos, ojalá no lo hubiese hecho…
Ese instante debió haber durado por mucho un segundo, pero ella sintió cómo una mirada eléctrica se posaba en su presencia, sus ojos se encontraron, podía describirlo como el jodido momento más inquietante que había tenido en toda su vida hasta el día de hoy, inquietante fue la primera palabra que se le vino a la mente en el instante para describirlo, sonaba tonto pero es que no hallaba otra manera de describirlo ya que su cerebro había quedado en shock, unos ojos color turquesa brillantes, puros, tan claros como el cielo mismo en un día despejado y lo describía así porque en su vida había visto ya varios chicos y chicas con ojos azules pero observándolos detenidamente eran azules con verde, o azules con manchas de diferentes tonalidades, o azules tirando a grises o violetas, pero estos, OH, estos eran los ojos más perfectos que jamás hubiese imaginado llegar a ver algún momento de su vida, eran puros, sin manchas, sin partes más oscuras que otras, sin lugar a mostrar algún otro color que no fuese ese azul y complementándose con esa mirada felina, seria, determinante, salvaje… no encontraba las palabras exactas para describirlos, además estos hacían juego con su cabello celeste, peinado hacia atrás con algunos mechones rebeldes cayendo sobre su frente, oh si, si antes dudaba ahora estaba completamente segura de que ese cabello único ya lo había visto antes, no recordaba dónde exactamente pero fue como un veloz rayo que cruzó su mente de un lado a otro despertando en lo más profundo de su subconsciente un leve recuerdo o presentimiento de conocerle de antes, seguro había sido en alguna revista o periódico pues de haber sido por la mirada, una mirada como esa en persona JAMÁS podría haberla olvidado, su piel blanca completaban el conjunto perfecto, bajó la vista hacia el suelo pues no creía poder sostenerle la mirada más allá del único segundo que dedicó para contemplarlo, se dirigió a la silla que se encontraba al otro lado del escritorio para sentarse y empezar con la tan esperada entrevista, antes de ello hizo una reverencia a modo de saludo. Los tres hombres vestían de corbata, muy elegantes claro está, pero recordó las palabras de su amiga, no podía dejarse intimidar, debía ser determinante, directa y sobre todo segura de sí misma.
-Bueno señorita Neliel, veo que usted tiene conocimientos en contabilidad.- Dijo el joven de ojos amarillos mientras leía una carpeta con la hoja de vida de la susodicha, carpeta que ella le entregó el mismo instante cuando iba entrando al despacho.
- Claro, hice mis estudios de contabilidad en la escuela Nacional Contable de Financiación y Administración de Empresas.- Respondió con tono firme.
- Evidentemente es lo que veo aquí.- Continuó dejando un poco de nerviosismo en la mujer a la cual le pareció muy tonto lo que acababa de decir pues era lógico ya que leía su hoja de vida. Dicho esto le pasó la carpeta a su compañero peli castaño.
- Bueno la verdad haremos esto muy brevemente pues nosotros ya queremos ir a almorzar.
- AAAAHHH…- Dijo el castaño con un sonoro bostezo evidenciando lo que su compañero acababa de afirmar.- Así es.- Articuló finalmente su primera palabra, el peli azul seguía en silencio, ni siquiera parecía importarle lo que estaba sucediendo pues la vista la tenía perdida hacia el infinito que se proyectaba a través de la ventana.- Así que por favor sé breve y concisa con lo que te voy a preguntar ¿para qué quieres el empleo?
Pfff, vaya pregunta, ¿para qué más sería? para tener un pasatiempo seguramente porque no había nada mejor que hacer, pues para ganar algo de dinero lógicamente, aunque siendo una pregunta tan básica y tonta no hallaba la respuesta correcta en su cabeza, se sentía como esas reinas de belleza que se jugaban la corona por una simple pregunta, que si respondía inadecuadamente además de perder la corona quedaba en el total y memorable ridículo más grande de la historia.
-Bueno yo…- Las palabras empezaban a salir de su boca por el nerviosismo sin que tuviese aún una respuesta bien formulada.- Yo sé que esta prestigiosa empresa necesita de mi.- La cara de sorpresa ante aquellas palabras se hizo evidente en los rostros de ambos sujetos a los costados, exceptuando claro al peli azul quién no había cambiado su gesto pero que su mirada pasó del infinito a la singular chica que hablaba frente a él, parecía ser que aquellas palabras inspiradas en lo que su amiga le había dicho estaba surtiendo efecto, nerviosa por la atención que estaba recibiendo continuó.- Yo necesito esto tanto como ustedes, pero escogí este lugar porque estoy segura de mis conocimientos y habilidades en el tema de la financiación y administración, no me asusta en lo más mínimo el esfuerzo que implique trabajar aquí, demostraré desde el primer momento que soy digna de estar ocupando el puesto que sea el que deba ocupar y al mismo tiempo que ustedes no se arrepientan de haberme elegido, hasta les puedo asegurar que no permitirán que me quiera ir de aquí.- Terminó, los hombres de ambos costados se lanzaron una rápida mirada como si se estuviesen hablando telepáticamente, el hombre del medio solo la miraba sin cambiar su expresión.
- Bueno, gracias por haber venido, puedes retirarte.- Articuló al fin el hombre mayor, así la chica se levantó de su lugar y salió de aquel sitio, suponía que los hombres ahí dentro debían debatir en quienes serían las elegidas.
A penas cerró la puerta tras de ella notó incómodas miradas posándose intrigadas sobre su persona, todas las 30 chicas esperaban ansiosas a que ella tuviese a las ganadoras dentro de un sobre, buscó con la mirada a Rangiku a lo lejos pero no la veía.
-¡Amiga!- La sorprendió apareciéndose a un costado de ella.
- Rangiku, justo a ti te buscaba.
- Dime ¿cómo te fue? ¿Ya sabes quienes seremos las elegidas? ¡Cuéntamelo todo!- La peli verde se daba cuenta de que las miradas de las demás chicas seguían sobre ella, atentas a lo que pudiera decir.
- No, aún no me han dicho nada, me dijeron que esperara aquí afuera como le han dicho a todas las demás.- Dijo en voz alta para asegurarse de que el resto la escuchara.
- Ash, que mal, y yo con esta hambre que tengo…
- Si pues… no creo que tarden mucho.
- Bueno, pero ven…- Dijo tomándola de una mano y llevándosela a un rincón para poder platicar de manera un tanto más privada.- Cuéntame ¿qué fue lo que te preguntaron? Parece ser que fuiste la chica que menos se demoró allí adentro.
- De hecho solo me hicieron una pregunta, que por qué razón quería el empleo. Fue lo único, solo hablaron el chico que nos llamaba y otro un tanto mayor, el de cabello azul no pronunció palabra alguna.
- ¿Es en serio? ¿No te preguntaron nada más?
- Sip.
- Bueno, esto sí que es una novedad, oye ¿En qué momento te recogiste el cabello?
- Ahhh, fue justo cuando entraba, tenía mucho calor por el nerviosismo.
- Mmmmm, quizá esa haya sido la razón…
- ¿La razón de qué?
- Es que mírate, jajajajajajaja, estás muy desarreglada, el maquillaje desapareció, te hiciste una coleta desorganizada, amiga creo que casi los espantas.
- Ammm y eso ¿qué tiene que ver? ¿A ti qué te preguntaron?
- Te falta conocer mucho. Pues a mí qué no me preguntaron. Que en qué barrio vivía, qué experiencia tenía siendo secretaria, si tenía pareja, cuáles eran los horarios en los que estaba acostumbrada a trabajar….
- Casi te averiguan la vida completa eh.
- Querida, a ellos lo que más les interesa es tener chicas guapas a las cuales ligarse, quizá por eso se demoraron más con todas nosotras que contigo.
- Eso quiere decir que ya ni oportunidad tengo. Pero ¿A ti si te dirigió la palabra el de cabello azul?
- No, pero estuvo muy atento de lo que decía desde que entré.
- De mí apenas supo que estaba presente.
- Es que mírate, eres muy bonita pero si no te sabes arreglar bien ¿cómo esperas que volteen a verte?
Terminado de decir esto, una puerta se escuchó abrir, era el momento de saber quiénes se quedarían a trabajar y quiénes no.
-Por supuesto señor Kuchiki, como siempre es placer verlo por aquí. – Escuchó decir a su jefa.
- Es bueno visitar viejos amigos de vez en cuando.
- Espero verlo más seguido por acá.
- Quizás, hay asuntos que requieren de mi total atención así que el tiempo libre no es muy frecuente en mí. Espero le sea de ayuda…
- Por supuesto, una ayuda de más siempre es bien recibida.
- Bueno, ahora si he de partir, tengo una cita a la cual debo asistir sin percances.
Diciendo esto último se despidieron y el joven se acercó a la puerta para salir. Rukia se dio cuenta de ello y corrió del lado contario para esconderse tras una pared del siguiente pasillo, casi se le cae la caja de las manos de la prisa que llevaba. Cuando estuvo totalmente segura de que aquel hombre se había ido regresó al consultorio de su jefa.
-Rukia, que bueno que ya regresaste, ¿te sientes bien?- Dijo cuando la vio un poco pálida al entrar al lugar.
- Emmm, si señora es solo que la caja está pesada y me vine corriendo así que debo estar agitada por el trayecto.- Le contestó mientras ponía la caja sobre el escritorio.- Bueno, me retiro.
- Espera Kuchiki, antes necesito que me hagas otro favor.
- Claro, dígame.
- Sigue muchacho.- Dijo la doctora dirigiendo su vista hacia la puerta a la cual la enfermera también prestó atención. De allí entró un joven alto de particular cabello naranja, ojos cafés y considerable estatura.-Rukia él es…
- Ichigo Kurosaki- Dijo el joven.
- Así es, él es el nuevo médico que va a atender a nuestros ancianos así que quisiera pedirte el favor de que le enseñes el lugar, ya sabes, como a cualquier enfermero que viniese a laborar aquí.
La chica solamente asintió y se dirigió hacia la puerta sin siquiera mirar al joven quien la siguió detrás no sin antes despedirse de la doctora.
-Hey, oye, siquiera podrías tener modales y decirme tu nombre.
- No estoy de humor hoy.- La conversación que escuchó entre la doctora y ese hombre la dejó muy afligida y desconcertada.
- Oh que bien, aparte de enana, mal humorada.- Dijo para sí mismo pero con la intención de que ella pudiese escucharlo.
- ¿Qué dijiste cabeza de zanahoria?- Dijo la aludida girando su cabeza como de película de terror y una mirada diabólica.
- Nada, sólo esperaba que la doc Unohana me diera de guía a alguien… no sé… más profesional.
- ¿Insinúas que no soy profesional?- La venita de la sien se estaba haciendo presente y latía con fuerza en el rostro de la chica.
- No lo insinúo, lo afirmo, e-na-na.- Ahora sí, esa fue la gota que derramó el vaso, estaba dispuesta a plasmarle una patada en medio de toda su… ¿hermosa? cara, pero unas palabras salvaron al chico de su terrible destino.
- ¡Rukia-chan! Qué bueno que te encuentro, necesito que me ayudes con don Yamamoto, está teniendo nuevamente un ataque de tos.- Se detuvo en seco la pelinegra y en seguida siguió a la chica hacia donde se encontraba su paciente, el joven peli naranja también las siguió.
Rápidamente subieron hasta el tercer piso donde se encontraba la habitación del paciente, el anciano estaba sentado en su cama tosiendo todavía, Rukia se dirigió rápidamente hacia él con el estetoscopio en mano para escuchar sus pulmones, no escuchaba nada que estuviese obstruyéndole las vías respiratorias así que a lo mejor se trataba de resequedad en la faringe.
-¡Momo! Traéme por favor el jarabe que se encuentra sobre la mesa.- Así lo hizo rápidamente.- A ver don Yamamoto, necesito que se tome esto.- Dijo llevándole la cuchara a la boca a lo cual el anciano accedió y tomó.- Momo por favor pásame el tanque de oxígeno del señor.- Así lo hizo igualmente.- Don Yamamoto, sabe que no puede andar sin su oxígeno puesto, que tiene los pulmones delicados y el aire de este ambiente no es bueno para su salud.- Le dijo mientras le ponía el aparato respiratorio, el anciano aún no pronunciaba palabra alguna pues se estaba recuperando de la tos.- Momo, podrías por favor traer un vaso con agua.- La chica asintió y en seguida fue a traerlo.
El joven que había observado la escena admitía que estaba sorprendido por lo que acababa de ver, la rapidez y la calma con la que la mujer atendió el caso sin dudar un solo instante de lo que hacía.
-Bueno, debo confesar que estoy sorprendido, en mi carrera como doctor nunca había visto a una enfermera actuar de esa manera, en esto admito que si eres una profesional pero en lo otro…
- Hay ya cállese, no quiero armar una pelea aquí dentro.- Dijo interrumpiéndolo, el hombre solo sonrió.
- Bueno entonces le diré a la doctora que su enfermera estrella no fue capaz de enseñarme el lugar.- Dijo con la intención de hacerla enojar, algo que por supuesto logró.
- Espere a que llegue mi compañera y muy gustosa le enseñaré el lugar "doctor".- Dijo con la venita pronunciada en su frente.
- Aquí tienes Rukia.- Justo después de decir esto se apareció Momo con el vaso con agua en manos, la enfermera le encargó que cuidase del anciano mientras le enseñaba el lugar al cabeza de papaya.
Fueron recorriendo todo el lugar, piso por piso, la chica ignoraba los comentarios sarcásticos del joven pues no podía armar un escándalo en los pasillos de las habitaciones de los ancianos enfermos.
-Y bueno este es el último piso ahora si me permite me tengo que retirar doctor, debo volver a mis labores.
- Entonces te llamas Rukia.
- Si.
- ¿Sólo Rukia? ¿Rukia a secas?
- Sólo Rukia para usted señor, ahora si me permite me retiro.- Dijo y en seguida se retiró de su presencia, ese hombre era extraño debía admitirlo.
- Que chica tan interesante…- Se dijo a sí mismo el peli naranja.
- Bueno, ahora mismo anunciaremos a las que elegimos para que laboren en esta empresa.- Dijo el mismo joven de siempre. Todas estaban muy atentas a las palabras que pronunciaría a continuación.- La señorita Mila Rose.- "YES", dijo sonoramente la chica dueña de ese nombre.- La señorita Yumiko Igarashi y por último…- Todas cruzaban los dedos.- Rangiku Matsumoto.
-YAAAAAAAAAAAY!- Ella sí hizo un sonoro grito.- Paseee Nel-chan ¡PASEE!- Dijo mientras la abrazaba y daba salticos al mismo tiempo.
- Ehhh, si, pasaste amiga.
- Hay, perdóname, es la emoción, no debería estar celebrando cuando tú no obtuviste el puesto…
- No, no te preocupes Rangiku, yo también, estoy feliz por ti.- Dijo con un aire de decepción pues estaba muy segura de haberlo conseguido.
- Por favor, las chicas mencionadas entren al despacho.- Así lo hicieron. Unos minutos después Nel pudo observar cómo salía Rangiku y detrás de ella la chica morena, pero la otra no salió con ellas.
- Listo Nel-chan. Te invito a comer a dónde quieras, tu solo dime y vamos para allá.
- Bueno, ya casi son las cinco de la tarde así que…
- ¡Ya sé!- Dijo interrumpiéndola.- Vamos a ese restaurante que me dijiste, esto… el de comida mexicana.
- No no no, yo ni loca me asomo por allá, que vergüenza sería presentarme cuando había quedado de ir a medio día y me presento casi seis horas después.
- ¿No que la cita era a las 3 de la tarde?
- No, era a medio día y lo olvidé por completo.- Dijo con la cabeza gacha y un aura de depresión sobre ella.
- Vamos chica, no te desanimes, la verdad es que me siento culpable por ello así que voy a compensarte.- Le trató de subir el ánimo.- Voy a decirles que es mi culpa el que no hayas llegado a tiempo, y de paso les hago una compra.
- Bueno, está bien, igual ya no tengo nada más que perder.
Durante el recorrido la chica rubia le explicó su amiga que les habían mandado llamar para darles instrucciones de lo que debían hacer para el día siguiente, la entrada al trabajo es a las 7 a.m. en punto, deben llevar su propio portafolio para cargar papeles y documentos el resto de cosas se las proveerán en sus respectivos escritorios, la hora del almuerzo es de medio día hasta la 1 p.m., pueden almorzar en el restaurante de la empresa o salir a buscar almuerzo en cualquier otro restaurante siempre y cuando cumplan con el horario establecido, cada tarde antes de marcharse debían entregar un informe completo de todo lo hecho en el día, la hora de la salida es a las 5 p.m., no sonaba tan difícil pero igual le deseaba a su amiga que le fuera muy bien en su nuevo empleo.
Finalmente llegaron al restaurante, el reloj marcaba las 6 p.m. hora perfecta para cenar algo, entraron y eligieron mesa para sentarse, en seguida las atendió un joven que la peli verde reconoció al instante.
-Buenas tardes chicas, bienvenidas al mejor restaurante de comida mexicana de Japón ¿qué desean ordenar?- Dijo mientras les pasaba la carta, el joven pareció no reconocer a la mujer.
- Gracias, a mí deme un burrito de carne molida bien picante con una cerveza por favor.
- Por supuesto, ¿y para la señorita?- Dijo dirigiéndose a Nel quien se estaba tapando la cara con la carta.
- Eeeeh bueno me gustaría probar esto de aquí.- Dijo señalando unas quesadillas.- Con limonada natural por favor.
- Hey, tu eres la chica de ayer ¿cierto?- Le preguntó el joven con una sonrisa amable en su rostro.
- Emmm, esto, sí, soy yo…- Dijo apenada.
- En seguida les traigo sus órdenes señoritas, supongo que también vienes para saber del trabajo ¿cierto?
- Bueno, sí, digo no, es decir, no sé si ya me acepten por haber faltado…
- ¡Eso fue mi culpa!- Interrumpió su acompañante, la atención del chico ahora estaba en la rubia.- Fue por mi culpa que llegara tarde a la cita de hoy así que si el jefe quiere pelear con alguien, ese alguien soy yo.
- No se preocupen señoritas, mi jefe es muy tranquilo y de seguro entenderá, traeré sus órdenes y le comunicaré al chef que ya estás aquí por el empleo.- Se retiró.
- Hay Rangiku, que pena me da toda esta situación…
- No hay nada que temer, el chico parece ser sincero y tampoco es que te vayan a matar por algo así, no te angusties, todo saldrá bien.
A los pasados 6 minutos las comidas de las chicas llegaban a su mesa, esta vez era una chica quien traía los platos, comieron a gusto, la comida estaba deliciosa y algo picante, no lo suficiente como para hacerlas arder en llamas claro está. Al terminar, Keigo se dirigió hacia su mesa, retiró los platos, la oji azul pagó la cuenta y el joven les dijo que esperasen un momento que el jefe vendría a atenderlas. Esperaban ansiosas pues no sabían cual podría llegar a ser la reacción del susodicho.
-Buena noche señoritas.- Dijo el alto y robusto moreno al hacerse presente en la mesa de las chicas.
- Señor quiero ofrecerle una disculpa personalmente, por culpa mía mi compañera no pudo asistir a tiempo a la cita de hoy y espero pueda tener un chance de que le den empleo en este maravilloso restaurante, por cierto, la comida estaba deliciosa.- Terminó la rubia con un guiño, le robó las palabras a su compañera.
- Verá señor Yasutora, es que hoy acompañé a mi amiga a su entrevista de trabajo y aproveché para probar suerte allí pero no me fue muy bien y estoy en serio arrepentida de llegar tarde.
-…- El moreno quedó en silencio por algunos segundos.- Bueno, más vale tarde que nunca ¿no creen?- Una luz de esperanza se iluminó en el rostro de la chica.- Hagamos esto, ahora estoy muy ocupado como pueden darse cuenta, así que déjame tu hoja de vida y yo te llamaré.
- ¡Por supuesto!- Dijo con una sonrisa de oreja a oreja, buscó en su bolso pero recordó que la carpeta se la habían quedado los de la empresa esa, aunque por suerte tenía una copia de la hoja de presentación en la que estaba su foto, datos básicos, y un pequeño resumen de lo que había sido su vida de estudios y laboral, se la entregó.
- Muy bien, con esto me podré comunicar contigo, ahora debo retirarme, que pasen una linda noche.- Diciendo esto se levantó de la silla dispuesto a irse de nuevo a sus labores.
- Igualmente.- Dijeron las chicas al unísono.
- Que tipo más amable, que suerte tienes amiga.
- Si, bueno supongo que ni recordaba la reunión que debíamos haber tenido hoy.
- Pienso igual, pero bueno ya casi es seguro que estarás trabajando aquí a más tardar para mañana.- Dijo muy segura de sus palabras.
Al salir a la calle tomaron un taxi el cual primero fue a dejar a Nel a su departamento y que por supuesto ella misma pagó, después el taxi se iría con su nueva amiga a su destino, ya tenía el contacto con ella guardado en su celular, era una mujer muy alegre, divertida, descomplicada, inteligente y sobre todo amable, agradecía mucho al destino habérsela encontrado en aquel lugar.
Entró al departamento con las llaves de Rukia, se preparó para ir a dormir y mientras lo hacía encendió la tv, estaban presentando una película de terror, "The Ring" para ser más exactos en su versión japonesa, no era como si le tuviese miedo a ese tipo de películas así que se recostó en su cama, bien arropada, y veía la película mientras se iba quedando profunda, mientras poco a poco caía en los brazos de Morfeo y todo se tornaba oscuro.
Oscuridad, viento, lluvia, se vio a ella misma correr y correr en medio de la noche más tormentosa de la historia, sentía que algo la perseguía, no estaba segura de qué pero no se quedaría a averiguarlo, de repente una piedra que sus ojos no alcanzaron a divisar, un tropezón, un golpe duro en la cabeza y el silencio reinó, al abrir los ojos logró divisar el más bello cielo azul que jamás había visto antes, de un azul celeste tan brillante que apenas sus ojos podían soportar tal resplandor, un fuerte ruido la sacó de sus sueños. La chica se levantó de la cama de golpe, se frotó un poco los ojos y miró el reloj, 6:30 a.m., al levantarse se percató de que aquel ruido provenía de la puerta de la entrada y supuso rápidamente de quien se trataba, se puso su bata, fue hasta la puerta y efectivamente allí estaba su compañera con un semblante agotador, se saludaron apenas abrió la puerta, la chica se quitó los zapatos y se echó sobre lo primero que encontró a su paso, el sofá de la sala, Nel como buena amiga buscó una manta para arroparla mientras caía en un profundo sueño.
La de cabellos verdes fue a la cocina a prepararse un café acompañado de galletas con chips de chocolate mientras leía el periódico, recordó el sueño que tuvo, jamás le había pasado algo como eso, que lo tuviese dos noches seguidas, seguramente se había sugestionado por la película de terror, aunque repasando bien los hechos se percató de que ahora había una variable más, el cielo azul el cual no recordaba haber visto en ninguna de las otras tantas anteriores ocasiones, pasaron más o menos unos 30 minutos cuando el sitófono sonó, la chica atendió al llamado, era el celador informándole que tenía nueva correspondencia a lo que la mujer asintió y dijo que iría de una vez para recogerlo ya que… era extraño que llamaran para informarle de eso porque nunca antes lo habían hecho y aparentemente debía ser algo tan importante como para que fuese digno de ser anunciado. Bajó las escaleras en pantuflas hasta llegar a la recepción, allí el celador le entregó varios sobres, agradeció y se devolvió a su departamento, al entrar notó que su compañera seguía echada en el sofá durmiendo plácidamente, intentó hacer el menor ruido posible, volvió al lugar en el que estaba sentada, leyó una por una las cartas de la correspondencia, recibo del agua, recibo de la luz, propaganda, cupones de descuentos, y finalmente un sobre que decía "oferta de empleo, restaurante de comida mexicana", sus ojos se llenaron de felicidad, no lo podía creer, POR FIN sabría si le habían otorgado la oportunidad de trabajar, estaba totalmente dispuesta a abrir el sobre de una vez por todas si no fuese porque otro sobre que venía detrás de este se le había caído de las manos y había terminado en el suelo, la chica lo levantó y lo leyó pues le pareció un sobre muy llamativo, los ojos de la chica se abrieron de sorpresa hasta donde más no pudo, el corazón le dio un brusco salto por la impresión, esto debía ser una broma de muy mal gusto pues en letras cursivas y doradas decía literalmente:
"Señor(a)
Neliel Tu Oderschvank
Carta solicitud empleo
Jagger Company"
