Holaaa a todos nuevamente./ Acá les traigo un nuevo capítulo y sean pacientes que después de esto viene la zukulencia y antes de spoilearlos más le agradezco nuevamente a SuwabeKoto-chan y lau-litost por sus reviews ┗(^0^) ┓De antemano les digo que he entrado en mi etapa de estudios en la universidad así que a lo mejor me tarde un poco-mucho más en subir los siguientes caps (ㄒoㄒ), pero no se angustien que no tengo pensado abandonar la historia.
De verdad espero que más gente se anime a comentar, y si, también ustedes quienes tienen la historia agregada a favoritos, los observo desde las sombras (°‿°)
Sin mas que decir COMENCEMOS!
Capítulo 6: La zona prohibida
Volviendo a sus lugares de trabajo después de haber comido un delicioso almuerzo, en uno de los últimos pisos de aquel gran edificio las secretarias se preparaban para comenzar con su primer día laboral, eran cerca de las dos de la tarde así que aún debían trabajar tres largas horas, al llegar a su piso correspondiente ambas chicas se sentaron en sus escritorios, Matsumoto ayudaba a la peli verde a manejar la computadora pues aunque ella supiera lo básico aquellos tenían una plataforma distinta a la que conocía y le era fácil perderse, le enseñó lo más importante como la contraseña, los programas Office, el ícono de internet, entre otros… La rubia iba a retirarse cuando una de las puertas de las oficinas se abrió dando paso a una alta, bella y morena mujer.
-Hey, Mila Rose, ven, te voy a presentar con nuestra nueva compañera.- Dijo la Rubia.
- Hola, mucho gusto, soy Nelliel Tu.
- Soy Mila Rose, un placer.
- Como pueden darse cuenta chicas nosotras somos el ¡trío dinámico de súper secretarias!- Dijo Matsumoto muy divertida mientras que con su cuerpo hacía una pose extraña como de power rangers.
- Eeeeeh…- Las otras dos chicas que la miraban se limitaron a observarle con una gotica de sudor en la cabeza.
- Lo que digas Ran… Pero si no nos ponemos a trabajar seremos el trío de desempleadas así que a moverse.- Dijo seria la morena mientras tomaba asiento en su escritorio.
- Chicas, supongo que ustedes ya deben tener experiencia en esto de ser secretarias ¿verdad?- Interrogó la peli verde.
- Claro que si Nell, yo por ejemplo tengo tres años de experiencia trabajando en otra empresa y creo que Mila Rose también.
- En mi caso son cinco años de experiencia en dos empresas distintas, y por favor, llámenme solamente por uno de mis nombres.
- Lo que digas… Mila. ¿O prefieres Rose? Más bien deberíamos ponerte un apodo, yo ya soy Ran, Nelliel ya es Nell entonces tú serás…
- No necesito de apodos, que me llamen con cualquiera de mis nombres está bien.
- Hay, pero que aburrida…- Le respondió la rubia refunfuñando.
- Nell tu pareces ser muy joven, ¿Cuánto llevas de experiencia como secretaria?
- La verdad… este es mi primer empleo como secretaria.
- ¿QUÉ? Espera, ¿me estás diciendo que te aceptaron sin tener nada de experiencia en un puesto tan importante?
- Pues… Así parece, a mí también me sorprendió pero bueno, fue decisión del jefe.
- Jummm, tal vez fue porque mi jefe se lo recomendó al tuyo.
- ¿Ggio Vega?
- Sí, él me dijo muy orgulloso de sí mismo que el señor Jeagerjaques siempre confiaba en sus sugerencias y parece ser que él te sugirió a ti.
- Pero ayer habían elegido a otra chica.
- Así es, pero yo me enteré por mi propio jefe Stark, que él fue quien le sugirió a aquella chica que por lo visto le fue como perro en misa pues ni unas horas duró.
- Ya veo…- La chica de cabellos verdes se sintió algo triste al enterarse que fue gracias a otros que ella estaba sentada en aquel lugar, que la razón por la cual la habían elegido no era nada más ni nada menos que por una recomendación y porque aquella otra mujer había hecho quien sabe qué para ser despedida, de no ser por eso ella no estaría ahí, hablando con sus compañeras al respecto, creía que había sido decisión del propio Grimmjow Jeagerjaques pero no fue así…
- Bueno Nell, en todo caso si tienes alguna duda puedes preguntarnos, no está mal que alguien te una ayudita de vez en cuando.- Dijo muy amable la morena y la rubia también asintió a manera de mostrarle que estaba de acuerdo con lo que su compañera acababa de decir.
- Gracias chicas.- Les respondió con una cálida sonrisa.- Bueno… entonces empecemos, ¿qué es lo primero que debo hacer?- Se dijo a sí misma en tono bajo mientras miraba los arrumes de carpetas sobre su escritorio. Vió algunos archivos y se daba cuenta que unos tenían gráficas, otros tablas con números, otros que parecían ser reportes escritos, en fin, muchas cosas diferentes que ni siquiera sabía cómo organizar, la rubia se dio cuenta de ello y fue hasta su puesto para ayudarle.
- Mira Nell, las carpetas se organizan por colores, las rojas tienen que ver con el departamento de finanzas o sea que ahí vas a encontrar puros números y tablas de valores, las verdes son las que vienen del área de publicidad y las azules son las que tienen reportes completos de los movimientos bancarios que se hacen día a día, incluyendo las acciones, los negocios, los movimientos de las otras empresas a las que estamos asociados.
- Entiendo, entonces ¿qué debo hacer con esto?
- Debes digitar todo.
- ¿TODO?
- Así es, en los programas que te mostré, toda esta información debe tener su respaldo tanto digital como físico.
- Okay… entonces empezaré de una vez.- Dijo con gesto preocupado pues evidentemente era mucho que hacer.
Las horas pasaron sin aviso, la chica había digitado hasta ahora unas tres carpetas de las rojas en Excel, era complejo pues incluía tablas, gráficas, sumas, restas, totales, un sinfín de cosas, el reloj ya marcaba las cinco en punto, hora de salir.
-Vamos Nell, ya es hora de irnos.- Le dijo su amiga rubia.
- No Rangiku, primero debo terminar esto.
- Pues, lo puedes terminar en tu casa.
- Claro, solo que en mi casa no hay computadora.
- Huy, que mal, pues bueno espero que te rinda entonces.
- Gracias Ran.
- Nos vemos mañana.
- Yo también partiré, tengo que ir a ver a mis hijos que llegan de la escuela.
- ¿Tú tienes hijos Mila?
- Claro, son lo más importante de mi vida, algún día se los presentaré.
- Que lindo, en un futuro también me gustaría ser madre, claro, con un buen marido y con un empleo estable.- Dijo la peli verde expresándole a la morena lo mucho que le agradaba la idea, la aludida solo se limitó a sonreírle.
- Bueno, que tengas linda tarde compañera.
- Igualmente.- Ambas se marcharon y la chica se había quedado sola en aquel inmenso lugar, ahora que lo pensaba no había visto salir a su jefe de la oficina ni a los otros tampoco, bueno a menos que hubiese estado tan concentrada en lo suyo que ni cuenta se dio y a lo mejor estaba totalmente sola en ese piso. Por su mente empezaron a rondar ideas locas, como de historias de fantasmas o de asesinos en serie, le daba gracia ponerse en esos juegos infantiles pero no debía distraerse ya que tenía mucho que hacer. El tiempo seguía avanzando con prisa, como si estuviese ese día en su contra, de vez en cuando iba por un café para mantenerse despierta o daba vueltas por el lugar para estirar las piernas un rato, el reloj ya marcaba las ocho de la noche en punto, tenía digitadas por lo menos unas diez carpetas rojas e iba a comenzar con las azules, seguramente seguiría derecho de no ser por un ruido que la espantó pues estaba concentrada en lo que hacía, recordó aquellas historias de terror que le aturdían de niña y al levantar la vista y no ver de dónde provenía aquel sonido el miedo comenzó a invadir sus nervios, volvió la vista a la pantalla de la computadora pero esta vez fue una voz que la sobresaltó.
- ¿Sabe que ya es muy tarde para que siga aquí?- Por poco y la chica bota el pocillo con café sobre las carpetas del susto, levantó la mirada para ver de quién se trataba.
- Señor, ehhh disculpe no me di cuenta de la hora, es que hay mucho trabajo pendiente.- Le respondió al darse cuenta que en la computadora marcaba las ocho y diez minutos de la noche.- En seguida terminaré con esta carpeta y me marcharé.- Dijo volviendo su vista a la pantalla.
- Comprenderá que no puedo dejar que se quede aquí, el último en salir del edificio siempre soy yo.- La chica no dejaba de ver la pantalla pero sentía el rostro caliente de la ¿vergüenza?, ese hombre la ponía muy mal con su sola presencia, por un lado quería terminar el trabajo y demostrar ser eficiente desde el primer día, y por otro su propio jefe le estaba diciendo de manera diplomática que quería que se largara del lugar.
- Comprenderá usted que no puedo dejar mi trabajo a medias, en cuanto termine de digitar este informe me iré de aquí.- Nell siempre tuvo la habilidad de improvisar las cosas en situaciones difíciles o de mucha presión, las palabras simplemente fluían hacia fuera de su boca sin ánimo de parecer grosera, de hecho algunas veces esta "habilidad" le había ocasionado problemas con otras personas pero ella se sentía bien de decir la verdad, ser honesta en todo momento. El joven de azul la seguía observando.
- Como quiera… Y ahora que recuerdo…- Dijo mientras se acercaba al escritorio de la chica, ella con todos sus esfuerzos estaba tratando de parecer lo más calmada posible sin retirar la vista de la pantalla.- Esta es su paga del primer mes.- Dijo mientras le estiraba la mano con un sobre. La chica no tuvo más remedio que mirarle y luego aceptarlo.
- Emm, gracias supongo.
- No es algo que deba agradecer, a todos los empleados se les tiene que entregar su pago en su primer día de trabajo, además…- Le hablaba mientras se dirigía a la puerta de salida.- Le vendría bien comprarse otro traje para que no tenga que verla como una fotografía todos los días.- Dicho esto abrió la puerta y salió del lugar. ¿Qué clase de comentario había sido ese?, aunque en parte tenía razón pues ella sólo contaba con el traje de paño que traía puesto y ya era algo viejo, pero claro, al gran y respetado señor no podían verle con una secretaria pobre mal vestida, mal arreglada, en fin… Ahora que recordaba ella ni siquiera se había molestado en leer en el contrato la cantidad que le iban a pagar así que acto seguido abrió el sobre para ver su contenido.
- Esto… es mucho dinero…- Sacó el monto del sobre, no contó todos los billetes pero parecía ser que eran más o menos unos sesenta mil yenes, lo que equivaldría a unos quinientos dólares norteamericanos, al parecer el puesto que ocupaba tenía el mérito de sobrepasar por mucho el salario mínimo. ¿Y ahora? Es como si acabara de salir del banco a media noche lo cual es muy mala idea considerando el barrio donde vive, en estos momentos convendría mucho tener una cuenta bancaria donde poner el dinero… Volvió a guardarlo en el sobre para continuar con sus deberes. Finalmente, media hora después había finalizado con la carpeta en la que trabajaba, ocho y cuarenta de la noche, sería una buena idea comenzar a rezar para que no le pasara nada durante el trayecto hacia su departamento, recogió sus cosas, apagó la computadora y salió del lugar, todo estaba muy calmado, las luces de las otras oficinas se encontraban apagadas, se sentía como en una auténtica película de terror, debía desechar estos pensamientos de su mente ya que dicen que entre más pienses en una cosa más será atraída hacia ti. Llamó al ascensor el cual no tardó nada en llegar, ser la única persona en el edificio tenía sus ventajas después de todo, 77, 76, 75, 74… igual de lento como siempre, contaba los minutos para por fin salir de aquel lugar, 3, 2, 1… ¡TIN! Sonó la campanita al abrirse las puertas, ya ni la recepcionista estaba, lo único que alcanzaba a divisar en aquel sitio era al celador que se encontraba haciendo guardia en la puerta de salida, temerosa fue avanzando a paso acelerado, nuevamente una voz hizo que sus reflejos le hicieran dar un brinco.
- Hasta que por fin decide irse. ¿Por qué se asusta? ¿Acaso tiene inquieta la conciencia?
- Por supuesto que no, es solo que este lugar desolado y a oscuras no es precisamente agradable y… creía que ya se había ido…- El alto y apuesto joven la observaba sentado en la sala de espera.
- Esperaba a que me fuera ¿Cómo por qué razón?- Esta vez su mirada había cambiado a una expresión fría y llena de intriga.
- Si lo que insinúa es que cree que soy una ladrona o algo por el estilo le informo que está equivocado, señor.- Esta mujer no tenía pelos en la lengua para decir las cosas, ni siquiera a su propio jefe.
- Digamos que… la confianza es algo que se gana con el tiempo señorita Oderschvank.- Esta vez el joven se había levantado del lugar dirigiéndose peligrosamente hacia donde estaba ella, era la primera vez que lo escuchaba llamarla por su apellido y en sus labios sonaba tan jodidamente bien, pronunciando cada letra a la perfección pues no era un apellido fácil de vocalizar, ante este acto la chica no pudo sostenerle la mirada así que buscó la manera más rápida de salir de esa incómoda situación.
- Que tenga buena noche señor.- Dijo mientras caminaba hacia la puerta de salida a paso apresurado.
- ¿Desea que la lleve a su casa?- La chica frenó en seco ante aquella pregunta, ¿qué pretendía ese tipo?
- No gracias, puedo irme en taxi.
- ¿A esta hora? ¿Junto con el dinero que le acabo de dar? ¿Al barrio peligroso donde vive?
- ¿Sabe usted en dónde vivo?
- Claro, lo dice en su hoja de vida.- Que pregunta tan estúpida acababa de hacer.
- De todas formas no es necesario que lo haga, sé cuidarme sola.- Dicho esto, sin mirar atrás y por obra y gracia del cielo apareció un taxi el cual ella sin dudarlo tomó, la mujer se había ido. El joven veía al carro alejarse con sus manos entre los bolsillos hasta desaparecer al doblar por una esquina.
- Señor Jeagerjaques, aquí está su auto.- Le dijo un celador entregándole al tiempo las llaves del carro.
- Gracias.- Aquella mujer despertaba extrañas sensaciones en él, sensaciones de intriga pues era demasiado diferente a todas las empleadas que había tenido desde que comenzó a trabajar en la Compañía, no había mostrado el más mínimo interés en él sino que por el contrario parecía que tratase de evitarlo, actuaba nerviosa cuando se dirigía a ella pero no era un nerviosismo típico de una chica "enamorada" parecía más bien nerviosa de que fueran a descubrirle por algo, y el par de eventos en los que se asustó en el último y primer piso cada vez que le dirigía la palabra, sintió la extraña necesidad de seguirle pero solo eran conjeturas, nada en concreto aún, más bien esperaría un poco más para ver qué seguía sucediendo con aquella mujer.
Llegando por fin a casa, sana y salva, la peli verde se dirigió a la cocina para prepararse algo de comer pues desde el almuerzo con lo único que había ocupado el estómago era a base de café, se preparó un sándwich de jamón y queso con jugo de naranja y se sentó en el comedor.
-Tal vez no sea mala idea comprarme un traje nuevo, después de todo hay dinero suficiente, hasta alcanza para pagar varias rentas por adelantado.- Se dijo a sí misma mientras contaba los billetes dentro del sobre y recordando lo que de manera muy directa le había dicho su jefe.- Estoy segura que no había conocido a alguien tan arrogante como ese tipo, aunque es guapo…- Ante sus propias palabras ella misma se sonrojó.- Pero eso no le quita lo orgulloso, vanidoso, presumido, en fin…- Como si estuviese hablando con otra persona cambió de tema.- Será mejor que me vaya a dormir, mañana también me espera un arduo trabajo.- Dicho esto y habiendo acabado ya con su comida se dispuso a hacer lo que dijo, fue al baño, se lavó los dientes, se puso su pijama de camisa de botones y pantalón largo hasta los tobillos con ovejitas estampadas, se metió entre las cobijas y justo antes de poder cerrar los ojos recordó cierto librillo que debía leer, fue a buscarlo en su bolso, volvió a la cama y comenzó a ojearlo. "Normas y conductas" decía el título, la primera parte hablaba acerca de los derechos de los empleados, la segunda parte de los deberes como la puntualidad, acatar las órdenes de sus superiores, mantener intachable el nombre de la Compañía, etc. Pero hubo un punto en específico que le llamó la atención y trataba acerca de las relaciones entre empleados: "No se permite que hayan relaciones amorosas entre los mismos empleados de la empresa, de ser así serán despedidos inmediatamente sin derecho a indemnización por faltar a dicha norma." La chica recordó aquel incidente de la secretaria que despidieron antes de contratarla, ¿sería por esa razón que no la admitieron en la Compañía?, eran sólo especulaciones pero su amiga Rangiku le había dicho que muchas de las aspirantes a ese puesto eran chavas lanzadas, dispuestas a seducir al que fuese para conseguir lo que querían, en todo caso eso significaba que la cosa era seria en aquel lugar y más le valía no infligir siquiera media norma, guardó el cuadernillo en el cajón de su mesa de noche y finalmente al cerrar los ojos se rindió a los brazos de Morfeo, ese sí que había sido un día agotador.
A la mañana siguiente gracias a su despertador, se levantó a las 6 a.m. en punto, y resalta lo del despertador pues la pesadilla que frecuentaba aturdir sus sueños y por consiguiente hacerla despertar temprano no la había tenido, no le dio importancia por el contrario agradeció el no haberla soñado, giró la vista hacia la cama de su amiga y efectivamente se encontraba ahí, iba a extrañar no poder tener las pláticas matutinas de siempre con ella pues ahora tenía un trabajo en el que debía cumplir con el horario, se bañó, se vistió con el mismo traje del día anterior, se arregló y rezó hacia sus adentros para que nadie percatase que iba vestida de la misma forma que el día anterior, aunque sabía quién de seguro sí lo iba a notar… Un desayuno rápido, una lavada de dientes igualmente rápida, una despedida en silencio para su amiga dormilona y salir corriendo de aquel sitio para tomar un taxi.
El tiempo en la mañana se pasa más rápido de lo que uno percata, ocho en punto y ella apenas le pagaba al chofer para subir al edificio, sabiendo lo lento que era el ascensor estaba preocupada de llegar unos cuantos minutos tarde, finalmente piso 78, y el reloj ya marcaba las ocho y diez minutos, era la primera vez que detestaba aquel sonidito que hacía el ascensor al anunciar la llegada de alguien pues lo que menos quería en esos momentos era que todos los presentes se dieran cuenta de su aparición tarde.
-Miren quien llegó por fin.- Dijo un hombre moreno.- El señor Jeagerjaques está muy enojado y quiere verte en su oficina ahora mismo.- Las directas palabras del Coyote preocuparon a la mujer.
- Claro que no, no está enojado, no le hagas caso a mi jefe Nell.- Le dijo su compañera rubia.
- Buen día señor Stark, hola Rangiku que gusto verte.
- Buenos días señorita.- Respondió muy cortés aquel joven.
- Hola amiga, lo que pasa es que hace un rato que llegó el señor Grimmjow y nos saludó a todos y preguntó por ti y le dijimos que no habías llegado y dijo que cuando te viéramos te avisemos que quiere verte en su oficina.- Dijo Rangiku de manera tan apresurada que le costó respirar.- Pero no te preocupes, no estaba enojado, solo serio como siempre.
- ¿Crees que me vaya a decir algo por llegar tarde?
- Neee, o bueno la verdad no sé jejejejejeje, lo sabrás cuando entres allá.
- Entonces… mejor me apresuro.- Dicho esto la chica de verde se dispuso a entrar en la oficina de su jefe, con los puños apretados y un nudo en la garganta fue con valentía a enfrentar su destino.
- Pobre… ¿Tù crees que la echen Mila?
- No lo sè.
- Tal vez… si voy y escucho a través de la puerta… pueda enterarme de algo…- Dijo en tono bajo dirigiéndose sigilosamente hacia la puerta por la cual había cruzado su compañera.
- ¡Rangiku, no seas chismosa y ponte a trabajar más bien!- Le gritó su compañera alterada.
- Bueno, bueno, era en broma nada màs…
- Si como no.
Al entrar en la oficina el aludido efectivamente la esperaba sentado en su escritorio, observando la pantalla del computador que tenía frente.
-Buen día señor.
- Casi buenas noches ¿no?- Sabía que la iba a reprochar por su llegada tarde.
- Si, este… me disculpo por eso señor, había mucho tráfico pero no tengo excusa por mi llegada tarde.- Dijo dispuesta a afrontar el castigo que le impusiera.
- Lo pasaré por alto solo en esta ocasión ya que decidió quedarse horas extra en la noche de ayer.
- Sí señor. – Le respondió formalmente y con un tono de agradecimiento en su voz.
- Necesito que revise estos informes.- Le dijo mostrándole una carpeta, la chica se dirigió hacia él para tomarla.- Es de los movimientos bancarios de este mes, quiero que se asegure de que todos los datos coincidan con los del banco, entre los mismos papeles encontrará el número para comunicarse con ellos para confirmar las cuentas y espero esté listo para hoy mismo junto con un informe escrito suyo especificando todo el proceso.
- Como ordene.- Le respondió ella mientras miraba los papeles, luego levantó sus ojos para encontrarse con los del joven, tan vibrantes como siempre, pero decidió salir rápido de aquel lugar para que no notara lo embelesada que le hacía sentir su mirada azul, la chica hizo una reverencia antes de retirarse y finalmente se marchó.
- Chanfle… Todo este trabajo, más el que debo terminar de ayer… Bueno, la diferencia es que hoy tengo más tiempo…
- Amigaaaa, ¿Qué pasó? ¿Qué te dijo el guapo?
- Shhhh baja la voz Rangiku y no le digas así, él es el jefe y ya.
- ¿El jefe a secas?
- Si, a secas.
- Huy, a mí se me hace que te molestó que le dijera "guapo" por otra razón ehhh.
- Pff, claro que no, qué cosas dices Rangiku.
- El rojo de tus mejillas te delataaaa…
- ¿Cuál rojo? – Sin darse cuenta, la chica se había sonrojado un poco ante el comentario de su imprudente compañera, levemente pues no era lo suficiente como para sentir las mejillas arder.- Deja de decir incoherencias y más bien ponte a trabajar.
- Claro jefa, como ordene. – Le respondió en tono burlón.
Ambas mujeres comenzaron su día laboral en sus escritorios, la chica morena había salido de allí junto con Vega quizás para que lo acompañase a algún lugar, la peli verde comenzó primero con el encargo especial que le asignó su jefe, ella era hábil con los números así que con darle unas cuantas hojeadas a los documentos podía detectar cualquier incoherencia en los datos y en los totales, todo aparentaba estar en orden, aunque debía confirmar dichos resultados por teléfono con el mismo banco, lo pospondría ya que optaba por seguir con el trabajo pendiente. Las horas pasaron y se llegó el momento de ir a almorzar, la chica morena no había hecho acto de presencia aun así que ambas amigas dejaron lo que hacían en sus escritorios y se dirigieron con prontitud camino al restaurante. Era tipo buffet y encontraban gran variedad de alimentos como arroz en distintas preparaciones, al igual que la sección de carnes, también la barra de ensaladas y por último las bebidas.
-Tengo tanta hambre que me comería tres almuerzos de estos.
- Jajajajajajaja, Rangiku-chan, tu todo lo que te comes se te va directamente a las bubis y a las pompas.
- Shhhh, tu ni hables que a ti te pasa lo mismo, que no te guste demostrarlo como yo… - Dijo mientras daba una vuelta sobre sí misma. – No es mi problema.
- Lo que digas amiga. – Ambas chicas buscaron mesa para sentarse una vez terminaron de servir sus platos.
- Mira Nell, desde acá puedo decirte un poco sobre algunos empleados que conozco, o de los que he oído hablar.
- ¿A qué te refieres Rangiku?
- ¿Ves a ese tipo de allá?- Le dijo señalando hacia una mesa que quedaba justo detrás de la peli verde. – El de cabellos negros, de piel blanca que parece emo.
- Lo veo, tiene bonitos ojos.
- Es el director del departamento de ventas. Creo que su nombre es Ulquiorra.
- Ya veo…
- Esas chicas de por allá… - Dijo señalando ahora una mesa con unas tres chicas sentadas.- He odio decir que son de lo peor, que la manera en la que consiguieron sus puestos acá fue a base de trampas.
- Rangiku, ¿de dónde sacas tantos chismes eh?
- ¿Me estás diciendo chismosa?
- Pues… llevas dos días trabajando y ya parece que conoces a todos y cada uno de los empleados…
- Amiga, mis habilidades para recolectar información son innatas, he escuchado comentarios en el ascensor, en los baños, en los pasillos de los demás empleados de acá, así que estoy totalmente segura de lo que te digo.
- Bueno, espero que así sea.- Mientras aquel par de mujeres discutían, la mesa donde se encontraban las susodichas las observaban.
- Es que sólo mírenlas, tan presumidas por tener un puesto importante en este lugar.
- ¿Esas son las chicas de las que me hablabas Lolly?
- Así es Cirruci, y no me voy a detener hasta que las echen a patadas de acá. Especialmente a la peli verde.
- ¿Cuál es tu plan amiga?
- Ya sabes Menoly, sólo necesito que se distraigan un momento y actuaremos…
- Oye Ran, quisiera pedirte un favor.
- Cuéntame amiga.
- Bueno pues… es que es para ver si me acompañas a comprar un traje nuevo, ya tengo el dinero acá.
- ¡Por supuesto amiga! Ya era hora de que solicitaras mis concejos de belleza. -Dijo mientras le guiñaba un ojo y un aura de escarcha y colores se hacía presente alrededor de ella.
- Eeeem bueno pero creo que es mejor ir antes de que empiece la siguiente jornada de trabajo.
- ¡Tú lo has dicho!- Y la tomó de la mano saliendo ambas del edificio.
Las chicas recorrieron unas pocas cuadras ya que los almacenes de ropa fina se encontraban cerca de allí, revisaron por varios sitios pero ninguno vendía trajes que le sirvieran pues por sus grandes atributos le quedaban pequeños, todas esas tiendas de marca japonesa hacían ropa para planas, así que optaron por buscar tiendas de marca extranjera.
-Yaaay, pero mira qué guapa te ves en ese traje Nell.
- Si pero… es muy caro Ran…
- Aja, pero con lo que nos pagan alcanza y sobra mucho amiga.
- No lo sé… Creo que se me ve muy grande el trasero… a demás es bastante revelador para mi gusto.
- Amiga, no voy a permitir que te compres un traje de monja como el que tenías, te llevas este y punto.- La chica peli verde lucía bastante atractiva en aquel traje negro, vestía una falda que le llegaba un poco más arriba de la rodilla y tan ajustado que le marcaba generosamente el trasero, el bléiser no poseía botones por lo que debía llevarlo siempre abierto aunque este mostraba un elegante corte que le marcaba la cintura, debajo una blusa blanca de sutiles líneas verticales que también dejaba un poco al descubierto su pecho, y claro no podían faltar los tacones de diez centímetros que hacían juego con el conjunto. - Nos llevamos este traje señorita.- Le dijo la rubia a la chica de la caja.
- Iré a cambiarme Ran.
- No, no, no, tú te vas así como estás a la oficina.
- No creo que deba…
- Son siete mil yenes señorita.- Interrumpió la vendedora.
- ¡Comprado!- Le dijo mientras sacaba el dinero de la bolsa de Nell.- Listo amiga, vámonos que ya se hizo tarde.
- Ran espera, ¡No puedo correr con estos tacones tan altos!- Y salieron de la tienda como alma que lleva el diablo.
Llegando finalmente al edificio todos los hombres la observaban, permanecían impactados por el porte de aquella mujer, alta, de piernas largas y delgadas, una buena retaguardia al igual que su frente, la observada chica se sentía intimidada al percibir tantas miradas sobre ella.
-No debí hacerte caso, ¡Aquí casi todos me violan con la mirada!
- Es que estás muy guapa amiga, de eso no tengo la culpa yo.
- ¿Qué dirán nuestros jefes ahora que me vean así?
- Ajaaa, pillina, si como no, como si te importara mucho la opinión del joven Vega o del viejo Stark, a ti lo que te importa es lo que piense el señor Grimmjow ¿no es así?
- Hay CLARO QUE NO RANGIKU, me importa la opinión de todos los que me vean con ganas de violarme.- Dijo la chica sonrojada.
- Como digas…- Ambas llegaron al último piso, allí en su puesto de trabajo se encontraba Mila Rose que al percatarse de la presencia de sus compañeras volteó a mirarles para saludarlas y claro que no pasó por alto el cambio radical de la chica de ojos oliva.
- Hola amigas… Nell ¿eres tú? ¿Qué te hiciste? Te ves diferente.- Le dijo admirando de arriba abajo su figura.
- No es nada… Rangiku me ayudó a escoger un traje nuevo y pues aquí estamos.
- Pues déjame decirte que te ves muy bien.
- Gracias… - Para desgracia de la peli verde una de las puertas de las oficinas se abrió, lo cual indicaba que alguno de los jefes aparecería, la chica peli verde rogaba porque no fuera el suyo.
- ¿Por qué tanto alboroto?¿No deberían estar trabajando señoritas?
- Claro que si jefe, pero antes que nada dígame, ¿no cree usted que mi compañera Nell se ve muy bien dentro de este traje?
- Wow, vaya, si no fuese por sus cabellos verdes ni cuenta me hubiese dado de que se trataba de la misma persona.
- Jejejeje, muchas gracias señor Stark.
- Para mí no es ningún trabajo el elogiar la belleza femenina.- Dijo lanzándole una mirada pícara a la susodicha, lo que ocasionó que esta se sonrojara un poco y bajase la mirada.
- Matsumoto, necesito que me acompañes, tengo que recoger algunos informes del departamento de publicidad y te necesito presente.
- Si señor, en seguida voy.- Así lo hizo y tan pronto como dio la orden ambos sujetos desaparecieron del lugar. La peli verde se dirigió hacia su puesto para continuar con lo pendiente, respiraba una sensación de paz por la ausencia de Rangiku pues ella siempre es la que se la pasa haciendo comentarios cada que tiene la oportunidad, Nell simplemente sonrió ante este pensamiento pues le daba gracia recordar las ocurrencias de su amiga.
- Mila Rose, necesito que vengas conmigo, al parecer hay un error con los archivos que nos enviaron del área de contabilidad.
- En seguida señor.- Y finalmente la última secretaria se hallaba sola en aquel sitio, lo cual le hizo recordar lo sucedido la noche anterior, sacudió la cabeza de un lado a otro para deshacerse de dichos pensamientos y concentrarse en lo que estaba haciendo. Ella recordó la carpeta de los movimientos bancarios que debía entregar ese mismo día con un reporte escrito, miró la hora en su ordenador que marcaba las tres de la tarde, aún le quedaban dos horas de trabajo pero si debía quedarse más tiempo lo haría sin dudarlo, abrió de nuevo la carpeta pero… algo no encajaba… habían números y totales que estaba segura no vio antes, se dispuso a llamar al banco para confirmar dichos resultados pero ellos le dieron otras cifras que no concordaban, ¿qué demonios había pasado entonces? ¿Alguien había saboteado su trabajo? No, eso era imposible pues de haber sido así alguno se hubiese dado cuenta, la chica no hallaba explicación lógica, y para su mala suerte no se encontraba nadie quien le pudiese ayudar, claro salvo su propio jefe.
- Pero no puedo pedirle ayuda a él, sería como si no supiera qué hacer con mi trabajo...- Se dijo a sí misma en voz baja.- Pero si no soluciono esto de seguro que sí me corren… ¿qué hago?- Dijo con melancolía, después de meditarlo y esperar varios minutos a que alguien apareciera milagrosamente tras el ascensor para rescatarla decidió consultarlo con su jefe.- Bueno, no me queda de otra…- Se dirigió hacia la puerta y con un par de golpes en ella llamó para pedir permiso de entrar, nadie contestó del otro lado.- Señor, necesito consultarle una cosa…- Dijo mientras se decidió en abrir la puerta y entrar pero… no había nadie… aquel sitio estaba tan desolado como el resto del piso.- Y ahora ¿qué hago?- La chica recordó haberle visto entrar a la oficina por otra puerta la vez anterior, quizás allí podría encontrarle.
Dicha puerta se encontraba en la mera esquina de la oficina, se dirigió hasta ella para abrirla pero justo al tocar la perilla un mal presentimiento la detuvo diciéndole que no lo hiciera, lo pensó durante unos instantes pero su determinación acabó triunfando sobre sus miedos y la abrió, pudo observar la presencia de unas escaleras en línea recta, mientras sus ojos se acoplaban a la poca luz logró divisar al final de estas una entrada de la cual provenía un fuerte resplandor, ya no era momento de arrepentirse, subir las escaleras era lo siguiente si quería saber qué se encontraba al final de ellas, para ser francos el niño interior que todos llevamos dentro hizo repentina aparición en aquella joven, lo veía como el juego de las escondidas en el que si te sorprenden perderás algo más que el mismo "juego", justo llegando a la cima la intensa luz le cegó la vista por unos instantes, mientras aquel sitio iba haciéndose visible pudo contemplar varios objetos que parecían ser muebles, avanzó tres pasos y una vez acostumbrada a la luz divisó mejor su alrededor, sin duda alguna se trataba del apartamento más grande que había visto jamás, empezando por la estructura que se dividía en dos niveles, en el primer nivel distinguía una enorme sala con por lo menos cinco sofás bastante largos excesivamente separados unos de los otros, más al fondo una cocina que aparentaba ser de amplias proporciones igualmente, en las paredes cuadros también enormes de pintores abstractos, el segundo nivel parecían ser las habitaciones, la chica quedó inmóvil ante su asombro pero acto seguido, saliendo de sus fantasías recordó que le habían hablado de una zona prohibida a la cual podía acceder única y exclusivamente su dueño, había entrado en la cueva del lobo, no sabía si su curiosidad por explorar era más fuerte que su miedo por ser descubierta, ya se encontraba allí no había marcha atrás, a lo mejor cámaras de seguridad ya tenían registro de su presencia y pensó que si la despedían por lo menos quedaría con la satisfacción de decir que se atrevió a hacerlo, a paso lento y silencioso recorrió el lugar, pudo percatarse de que también había un balcón con una increíble vista a toda la ciudad, dispuesta a ir en esa dirección un extraño sonido atrajo su atención pero al dar vuelta no encontró nada, acto seguido el roce de algo en su desnuda pierna (si, desnuda porque no usaba medias veladas) la sobresaltó y le obligó a ver hacia abajo, era un gato, el blanco y peludo felino se estaba frotando contra ella, "no sabía que al señor pudiesen gustarle los animales", se agachó para darle unas caricias, después se marchó. Volviendo la mirada hacia el balcón observó algo nuevo, una piscina, "es el lugar más increíble que he visto hasta ahora, mira que tener tu propia piscina, en un penthouse así de grande con todos los lujos inimaginables debe ser lo mejor de la vida", ya que estaba allí ¿por qué no echarle un rápido vistazo a toda la ciudad desde dicho balcón?, ni corta ni perezosa abrió la puerta de cristal que conducía hacia la intemperie, corrió hasta el borde y no más ver hacia abajo le causó mareo y vértigo pero estaba tan alto que alcanzaba a divisarse a lo lejos la costa, las personas ni se veían, los carros parecían pequeños puntos de colores en movimiento, podía incluso ubicar los centros comerciales, los parques, ¡hasta creía poder ver su propia casa!, maravillada por todo lo que observaba olvidó por completo su misión en aquel lugar y algo, de una manera no tan agradable se lo haría recordar… le bastó con dar media vuelta para retirarse y casi chocar con una pared, pero claro que no se trataba de ninguna pared sino de cierto hombre que andaba buscando hace rato, tal fue el impacto que las pupilas se le encogieron, subió la mirada para encontrarse con aquellos hermosos ojos turquesa que tenían una expresión seria, el instante que empleó para observarlo fue no más de un segundo y finalmente caer en cuenta de que aquel hombre se encontraba desnudo, estaba literalmente jodida.
Esta historia continuará :D
