MEDALLA DE PLATA
SEGUNDO LUGAR, TERCERA RONDA
Vanilla Twilight - por CcBook
Viaje emprendido.
Ubicado al norte de la ciudad de Manehattan, alejado de la cualquier ciudad cercana, se encuentra un pequeño pueblo llamado Hope's Life. Era de mañana, el sol apenas se había asomado desde el horizonte, haciendo que las estrellas que adornaban la noche desaparecieran. El frío aún se sentía, pues era otoño, la época donde las hojas se tornan marrones con una mezcla de color dorado, que caen poco a poco dejando el tronco y las ramas de los arboles totalmente expuestos, esperando a que el invierno llegue.
En una casa algo pequeña de madera oscura, techo rojo y puertas claras, se encontraba Merodī White, una unicornio adolescente, de color vainilla claro, crin corta, en capas y ondulada, de color negro con mechones púrpuras y ojos marrones empacando algunas cosas dentro de una pequeña maleta de forro negro con detalles amarillos. Se preparaba para dejar la casa en la que había pasado parte de su vida, aunque sin duda la extrañaría.
Algo más que extrañaría sería su familia, su madre y su hermana menor, a quienes no les agradaba la idea de que ella se marchara del pueblo, pero que la apoyaban totalmente.
Momentos después, Merodī bajó las escaleras para dirigirse a la sala, donde la esperaba su familia. Al llegar, ve a su madre, de nombre Sweety Hope, quien era una yegua pegaso turquesa claro, una crin rizada y marrón con unos cuantos mechones amarillos, de ojos azules, y una cutie mark en forma de nota de sol. Ella sostenía en sus brazos una Potrilla de no más de 6 meses de edad, envuelta en una manta blanca.
La yegua se le acerca con una sonrisa tranquila y serena, que era una de sus más grandes cualidades. A pesar de que su hija mayor estaba dispuesta a hacer de su vida lejos de ella, la apoyaba incondicionalmente.
Luego de una dolorosa despedida, la unicornio salió de la pequeña casa, usando una bufanda blanca para poder protegerse del fuerte viento que soplaba con intensidad. Ella tomó la maleta con su magia y se dispuso a caminar.
Después de varios minutos, llegó a la salida de Hope's Life, ella nunca había salido del pequeño pueblo, había pasado toda su vida viviendo en ese lugar, nunca había imaginado salir alguna vez, ya que tenía una vida tranquila y pacífica como cualquier otro poni de ese pueblo. La misma razón por la que había decidido salir de su rutina diaria, intentar con algo nuevo y emocionante, y qué mejor manera de empezar saliendo de su rutina diaria y emprender el viaje hacia un nuevo lugar desconocido para ella.
Miró por última vez un encino que reposaba junto a otros árboles más pequeños, todos con muy pocas hojas en sus secas ramas marrones. Verlo le provocaba un poco de nostalgia, pues en ese árbol alto y viejo, había pasado la mayor parte de sus alegrías y diversiones cuando aún era una Potrilla sin cutie mark. En ese momento, muchos recuerdos de cuando era pequeña y se columpiaba en una de las ramas más gruesas llega a su mente. De cuando se divertía jugando y riendo en compañía de su madre y su abuela ya fallecida. Nunca podría olvidar tan gratos recuerdos. Mostró una pequeña sonrisa y siguió su camino.
Un par de horas después, la unicornio vainilla se encontraba posada bajo la sombra de un árbol. El caminar por más de una hora había hecho que se cansara, por lo que se había detenido un rato para descansar y comer uno de los emparedados de zanahoria cocida que su madre le había preparado para el camino.
Ella estaba observando en un mapa algo viejo y maltratado el camino que ya había recorrido, y el que le faltaba por recorrer para llegar a una estación de trenes que tomaría en dirección a Manehattan.
– A ver... Yo estoy aquí en el bosque... Y la granja de ganado está por acá... Diablos, me tomará mucho llegar hasta ahí, llevo como dos horas caminando y aún no llego ni a la mitad de este maldito bosque.– murmuró para sí misma mientras que al mismo tiempo volvía a enrollar el desgastado mapa que su madre le había dado. Luego de eso se levanta y mira a su alrededor.
Árboles, sólo podía ver árboles en todas partes, ya estaba empezando a hartarse de ese bosque, si bien la vegetación no era mucha, ver tantas ramas con tan pocas hojas era algo que le molestaba, además del fuerte frío que comenzaba a sentirse. Se acomodó la bufanda y recogió un poco su ondulado fleco, y siguió caminando.
A pesar del frío que se sentía, la unicornio no quiso ponerse un abrigo que su madre le obligó llevar en la maleta, ya que con la caminata tan larga se acaloraría bastante, así que sólo conservaba la bufanda que una vez le dio su abuela como regalo de cumpleaños de hace 2 años.
Siguió trotando lentamente por una hora más, no faltaba mucho para que llegase el mediodía y aún no llegaba ni a la mitad del bosque, sin duda era un largo viaje, y como consecuencia las piernas y los cascos les comenzaron a doler. Pero lo que era una gran ventaja era el clima. ¿Porqué razón? Muy simple. El clima frío era ideal para el objetivo de recorrer una larga distancia a trote sin causar la deshidratación por el calor y la fuerte luz del sol.
Una vez más decidió descansar bajo un árbol. Se dejó caer al suelo, el cansancio ya era casi insoportable para la unicornio de ojos marrones. Nunca antes había caminado tanto, y obviamente no estaba acostumbrada a hacerlo. Ella sacó de entre su pequeña maleta una bolsita que contenía paletas de chocolate, toma una y le quita la envoltura antes de comenzar a comerla.
Pasaron un par de minutos cuando el tranquilo silencio fue interrumpido por un siseo cerca de la unicornio. Rápidamente volteó la cabeza detrás de ella para ver que a tan sólo unos cuántos centímetros se encontraba una serpiente de aproximadamente 120 centímetros de largo, de escamas blancas con unas cuantas más amarillas, de ojos celestes, con una cola muy parecida a un aguijón. Esta estaba enroscada y en posición de ataque. La unicornio la mira fijamente, mientras que con su magia levita una roca algo pequeña que se encontraba detrás de la serpiente. Tan rápido como pudo, se levantó y al mismo tiempo enterró con fuerza la roca en la cabeza de la serpiente, sólo quedando algo de la piedra asomada por la cabeza. La serpiente, que seguía con vida, se retorcía fuertemente en el piso, manchando con sangre las hojas que alguna vez estuvieron unidas a ese árbol. La serpiente se retorcía de dolor mientras que al mismo tiempo ella misma se picaba con su aguijón.
La unicornio miraba la escena de cerca, con una extraña mirada de satisfacción. Al poco tiempo comenzó a reír de forma divertida como si de alguna manera disfrutara ver el sufrimiento de la serpiente casi muerta frente a ella.
–Bien, bien. Ya me divertí bastante. – dice la unicornio ahora con el rostro inexpresivo de siempre. Mientras que con su magia sujeta a la agonizante serpiente y la jala de ambos extremos hasta partirla por la mitad. Y la deja caer al suelo.
Después de eso siguió caminando con total tranquilidad por el bosque. Un buen rato después, por fin había salido de este, lo cual era un gran alivio, debía ver otra cosa que no fueran sólo árboles y arbustos con pocas hojas, o de lo contrario terminaría por volverse loca. Dio un suspiro de alivio al ver una granja no muy lejos de ahí, donde había una pequeña estación de trenes.
– Genial, al fin algo bueno. – pensó mientras sacaba con su magia el mapa enrollado que tenía guardado. Lo miró con atención, ya había cruzado el bosque, sólo faltaba llegar a la estación de trenes y partir hacia Manehattan.
Iba tan concentrada observando detenidamente el viejo mapa, que fue inevitable para ella tropezar con una roca. Pudo haber caído de cara contra el suelo, pero antes de que pasara tuvo la corta oportunidad de colocar sus cascos para evitar golpearse el rostro.
Merodī se incorporó de inmediato.
Miró rápidamente a todas partes para asegurarse de que nadie la vio, suspiró de alivio al no ver a nadie por ahí. Hubiera sido muy vergonzoso, tropezar con una piedra no es muy común.
Volvió a tomar su pequeña maleta amarilla y siguió caminando hasta llegar a la granja. Era como se la esperaba, había un granero, de madera oscura y unos cuantos detalles en blanco. Merodī comenzaba a acercarse cuando de repente alguien se le acerca por detrás y la derriba para luego abrazarla con fuerza.
– ¡Merodī! ¿En serio eres tú?
– ¿Jelani? –Dijo Merodī sorprendida al ver encima de ella a un pegaso de color canela, crin larga y lacia de color rosa claro y de ojos azul marino. Su cutie mark era una pluma blanca a un lado de una letra A.
Jelani era su primo, uno de los pocos a los que ella realmente quería. Él había vivido en Hope's Life desde que nació, pero por cuestiones personales había tenido qué mudarse a la granja de sus abuelos desde hace ya 6 años. Lo que para Merodī fue algo muy triste, pues ellos eran muy unidos. Y después nunca más volvieron a verse.
– ¿Jelani? ¿Eres tú?
– ¿Tú que crees? –dice él abrazándola con fuerza, a lo que Merodī le corresponde de la misma manera.
– ¿Qué estás haciendo aquí? Estás muy lejos de tu casa. –dice Jelani separándose de Merodī, para luego ayudarla a levantarse.
Merodī le contó la razón del porqué había decidido salir de Hope's Life. A dónde quería ir y por supuesto, lo que quería hacer desde que era una Potrilla. Jelani observaba a Merodī hablar con una voz llena de emoción, y una sonrisa que muy pocos tenían el privilegio de ver. Él comprendía las razones que su gran amiga de infancia tenía para salir del pueblo. Pues en él no siempre se podía conseguiría un buen trabajo y una vida estable.
Pues a pesar de ser un pueblo algo grande, las posibilidades de tener un buen empleo no eran muchas, la mayoría de los trabajos que se podrían conseguir en Hope's Life eran como en tiendas, albañilería o trabajo de campo. Sin embargo, pocos eran los ponis que no tenían qué trabajar, pues a algunas familias se les enviaba efectivo por correo de parte de familiares que trabajaban en la ciudad, y que obviamente tenían mejor empleo, y por ende, mejor paga. Tal era el caso de la familia de Merodī, pues ella tenía un hermano mayor, quien trabajaba en Manehattan como abogado.
Justamente por esa razón Merodī quería ir a la ciudad, a pesar de su edad, quería independizarse, demostrarle a su madre que ella sola podía salir adelante sin ayuda, y poder lograr su objetivo, el cual era formar parte de una banda de rock. Ese ha sido su sueño desde que era tan sólo una potrilla. Cantar es algo que realmente le fascinaba, además de escribir canciones.
– Entiendo. ¿Pero estás segura de que puedes llegar tú sola hasta Manehattan? No es que no puestas hacerlo, pero es muy peligroso. –dice Jelani con un gesto de preocupación.
–Claro que estoy segura. No te preocupes. –Dice la unicornio mientras mira a Jelani con una sonrisa mientras lo sujeta de un casco.
– Quisiera poder acompañarte, pero estoy a cargo del campo de cultivo. No puedo darme el lujo de dejarlo.– dice Jelani con una pequeña sonrisa, pero al mismo tiempo, con cierta tristeza.
– Descuida, Jelani. Estaré bien. –Afirma Merodī mientras ponía su casco en el hombro del pegaso.
– ¿Lo prometes?
– Lo prometo. –La unicornio le da un fuerte abrazo, en el que expresaba todo el cariño que sentía hacia Jelani. Cálido y totalmente puro.
Ambos primos se despidieron nuevamente, y Merodī continuó su camino tranquilamente.
CALIFICACIONES:
GRAMÁTICA: 9/10
ORTOGRAFÍA: 8,2/10
ARGUMENTO: 8,3/10
TOTAL: 25,5/30
