Holi holiiii, ¿cómo van chavos? ¿Ya están en vacaciones de semana santa? Yo si, pero igual nos dejaron un montón de tareas ¬¬
Acá les traigo un nuevo episodio :3 pero antes que nada, la ronda de agradecimientos:
karin-chan150301: Eeeeh bueno, acá está la continuación... :V y gracias por tu review xP
SuwabeKoto-chan: Gracias por tu review chica, y bueno acá sigue la continuación, ya se va a poner más interesante esto...
Anime love: Gracias por tu review chica, la verdad no es que la Nel se emborrachara sino que el pillo de Aizen le puso algo a su bebida :V
Igtm: Holiii, gracias nuevamente por tu review, ya se vienen cosas interesantes :3
MissRockyn: Holaaa! gracias por tu review en esta historia y en la de "Asesina", me encanta tener gente nueva comentando, de verdad espero que más se animen a hacerlo ya que me da inspiración y apoyo moral para seguir con esto xD
Al Shinomori, lau-litost: Me quedé esperando sus reviews, acaban de romper mi kokoro T-T Si la razón fue porque no apareció Rukia ya verán que más adelante lo hará... :'V pero me voy triste a seguir escribiendo :'(
Ya sin más que decir, comiencen con el cap!
Capítulo 11: Cambios
Había ruidos molestos en el ambiente, parecía que estuviesen demoliendo algún edificio, muy cerca, de hecho, bastante cerca, sonaban tan fuerte que sentía que la cabeza le estallaría en cualquier momento, hizo un gran esfuerzo por abrir los ojos, pero con el más mínimo rayo de luz que atravesó su pupila se encandelilló maldiciendo por lo bajo aquello que parecía ser un láser, ¿para qué molestarse en levantar su trasero de su cómoda cama? Y mientras se hacía esa pregunta la respuesta llegó de inmediato, claro, debía cumplir con el deber de ir a trabajar, ooooh no, ¿y la hora? ¿y el despertador? No recordaba haber escuchado ninguno, habían dos posibilidades, la primera que fuese temprano aún y por ello el despertador no había sonado o la otra que efectivamente era tarde, pero para averiguarlo debía hacer el deber de levantarse para mirar el reloj, una mano, luego la otra, apoyadas sobre el colchón y de un buen empujón logró sentarse en el borde de la cama, observaba con la cabeza gacha sus pies descalzos, luego con ambas manos cerradas como puños se restregó ambos ojos obligándolos a despertarse también.
–Demonios… me siento como un tronco…– Giró la vista hacia su izquierda buscando la mesita de noche con el reloj digital de Rukia encima, pero, no lo vio. – Mmmmm? ¿Desde hace cuánto remodelamos la habitación? No lo recuerdo…– Evidentemente seguía desubicada. – Vaya… que cortinas tan bonitas ¿Será que Rukia las cambió y se le olvidó contármelo?... – El ruido de la puerta tras de ella indicaba que alguien estaba por entrar, claro que el leve chirrido lo escuchó como si de una puerta gigantesca metálica de la era medieval se tratara, ella esperaba encontrase con su amiga al girar la cabeza hacia atrás.
– Hasta que por fin se despierta…
– ¿Ruk…? ¿Qué? AAAAAAAAH! – Fue el grito más fuerte que había dado jamás, a todo pulmón, se cubrió rápidamente con las sábanas pensando que estaba en pijama, agarró con la mano que le quedaba libre lo primero que encontró a su alcance, que afortunadamente era una almohada y la lanzó con todas sus fuerzas. – ¿QUÉ HACE USTED AQUÍ? – La almohada chocó en toda la cara de aquel hombre, agradecía que no hubiese sido un objeto macizo pues… la mujer tenía fuerza.
– Oiga, oiga, tranquilícese, está en mi casa.
– … – La peli verde quedó pasmada por un par de segundos. – ¿En – s–su– casa? ¿En su cama? – Dijo mientras contemplaba el inmenso lugar donde se encontraba, al igual que la basta cama que parecía no para dos, sino para tres personas y una mascota.
– No, esta es la habitación de huéspedes ¿Qué no se acuerda de lo que pasó anoche?
– ¿Anoche? ¿EN SU CASA? – No lo recordaba, pero de solo imaginárselo la cara se le puso cual tomate listo para preparar la salsa más roja del mundo. – N–no me diga que… u–usted y yo… Y–yo y usted…– Su imaginación trabajaba tan rápido en esos momentos que pudo recrear la historia completa desde donde recordaba el ascensor y la propuesta para ir a cenar algo juntos, y quizás se emborrachó y por ello no recordaba nada… y luego escenas eróticas que quisiera no imaginar…
– ¿De qué rayos está hablando? ¿No recuerda que fuimos a la suit de Aizen a cerrar un negocio?
– Eeeeeh– Su tono rojizo bajó a un leve rubor rosa, al parecer, según las palabras de aquel hombre, eso que ella se estaba imaginando no pasó. Bajó la mirada hacia su cuerpo y vio que traía la blusa semi abierta, la falda y las medias veladas puestas, es decir, que ropa puesta igual a cero sexo.
– Al parecer no… Pero es normal, el desgraciado ese le puso quien sabe qué a su bebida que la puso…– No supo de qué manera terminar la oración.
– Me puso… ¿Me puso qué? Hay no por favor, no me diga que tomé de más e hice el ridículo y por eso no me acuerdo de nada…– Desafortunadamente para ella el tono "tomate" volvió a sus mejillas.
– Pues…– Recordó el episodio de los ancianos en el ascensor, luego del celador al que llamó "hombrecito de jengibre" y por último y no menos importante cuando el edificio entero de apartamentos los persiguió para sacarlos a patadas de allí, imaginando que eran ladrones. – No…
– Hay no que vergüenza, de seguro hice el peor ridículo de la historia. – Se cubrió el rostro enrojecido con las sábanas.
– Ya le dije que no, no pasó nada, simplemente se durmió y como no sabía dónde vive pues no tuve de otra que traerla aquí. – El joven seguía de pies en la puerta, pero una vez terminó la frase se dirigió hacia la ventana para abrir las cortinas. La chica levantó su rostro y bajó un poco la sábana de su cara dejando sus ojos libres para visualizar al hombre, elegante como siempre llevaba un traje de paño azul oscuro, una corbata que hacía juego con sus ojos y una camisa de cuello blanca, lo que le hizo recordar…
– ¡EL TRABAJO! Mierd… ¿Qué horas son? Ya debe ser muy tarde y debo ir a trabajar.
– Son las once de la mañana…
– ¡Demasiado tarde! Debo levantarme ya…– Se puso de pies en el suelo tan rápido que el mundo le dio tres vueltas, la cabeza le pesaba demasiado, como si en vez de cabeza cargara con un yunque en el cuello, estuvo a punto de caerse, pero su acompañante se percató de ello y pudo detenerla a tiempo antes de que llegara al suelo, la recibió de espalda, sintiendo ella por detrás el torso del hombre.
– Oiga, cálmese, sigue con resaca, así no puede ir a trabajar…– Nuevamente el incómodo rubor en sus mejillas… Como pudo, trató de estabilizarse por sí sola evitando el contacto con aquel hombre.
– N–no, como cree…
– Le diré a Giriko que le haga de desayunar… O almorzar… como sea ¿quiere algo en especial? – Le dijo interrumpiendo la segura línea de excusas que iba a sacar para salir de allí.
– Este… cualquier cosa, no se preocupe…– Desde ayer en la tarde lo último que había comido era el almuerzo y nada más, estaba a pocas horas de completarse un día entero de no comer nada, su estómago gruñó reclamando por algo de alimento, lo cual fue claramente audible para el joven, la chica se cubrió la barriga con los brazos tratando de reprochar aquel ruidito, ella soltó una risita, el hombre quien ya se encontraba en la puerta simplemente rodó los ojos entendiendo lo que quería decir y se marchó.
– Aaaaagh, ¿por qué me pasan estas cosas a mí? Creo que el universo está conspirando en mi contra, ¿qué quieres de mi universo? ¿QUÉ? – Reprochaba en voz alta la mujer, aún de pies cerca a la ventana, si no le quedaba de otra pues, qué más da, mejor se pondría a explorar el lugar en el cual se encontraba, la inmensa cama estaba contra la pared en medio de la habitación, del otro lado un televisor pantalla plana bastante grande, un armario de pared, otra puerta que conducía a otro espacio, el piso de alfombra beige, era la habitación más aburrida que había visto hasta ahora, lo hombres sí que tienen mal gusto ¿no? Y finalmente tras de ella la ventana, echó un vistazo para contemplar el panorama y vaya que sí, era muy bella la vista, de ese lado se podía observar a lo lejos la playa más cercana, y antes de ellas montañas con espesa vegetación, sin duda alguna el lugar en el que se encontraba estaba ubicado a las afueras de Tokio, lo cual indicaba que no, no estaban en la suit del edificio de la empresa. La curiosa chica se dirigió hacia la otra puerta para indagar lo que se encontraba tras ella, al entrar confirmó sus sospechas, era un baño, bueno en realidad eran como diez baños en uno, era tan espacioso que para ir del lavamanos a la ducha había que caminar un montón, ¿quién limpiaría todo eso? Pobre del que le toque, seguro que le tomaría un día entero encargarse de cada rincón, era lujoso y moderno, pero demasiado para ella, se conformaba con el que tenían en el apartamento con Rukia.
– Rukia… Maldción ¡Rukia! Ni siquiera la llamé, debe estar preocupada por no haber llegado anoche, esto parece una pesadilla de no acabar… Pero a estas horas debe estar trabajando…agh, tengo que irme de este lugar…
*Mientras tanto en la cocina*
– Señor, ¿está seguro de aquella mujer come huevos fritos con tocineta?
– Nah, pero qué más da, dijo que comería lo que fuese.
– Bueno, pregunto porque parece una mujer que cuida de su figura y…
– ¡Ya me voy! – Los interrumpió una voz detrás de ellos. La chica con el cabello hecho un nido de pájaros, lagañas en los ojos, la ropa arrugada y descalza hizo acto de presencia.
– Eeeeh, creo que retiraré lo dicho…– Continuó el mayordomo.
– ¿A dónde cree que va? – Cuestionó el peli azul, como si de un papá enojado se tratase.
– Pues, a mi casa, debo bañarme, arreglarme, desayunar o en este caso almorzar…
– ¿Qué parte de "le daré el desayuno–almuerzo aquí" no entendió?
– No, qué pena, no se moleste…
– Considérelo una compensación por lo de ayer.
– Ya está listo. – Dijo el mayordomo.
– Siéntese. – Le ordenó su jefe, bueno, aunque en esas circunstancias jefe–jefe… no mucho. Ella así lo hizo, en silencio, no sin antes contemplar la mesa rectangular de vidrio grueso con un soporte en el medio tallado en madera, a dicha mesa le cabían ocho sillas, tres a cada lado y dos en los costados, también bastante amplia para… ¿cuántos? ¿Una persona no más? Porque suponía que el mayordomo debía comer en otro lado. Ella tomó el asiento que daba al borde en una de las esquinas, el joven de ojos azules se sentó a su lado en una de las sillas que quedaba a uno de los extremos, el mayordomo sirvió.
– Acá tiene jovencita.
– Gracias, y mucho gusto, mi nombre es Neliel. – Le extendió la mano.
– Un placer señorita Neliel, Giriko Kutsuzawa a sus órdenes. – Le respondió amablemente mientras tomaba su mano y plasmaba un delicado beso en ella, bastante formal. El mayordomo admitía estar sorprendido pues ninguna de las mujeres que su amo había llevado a la casa se había molestado siquiera en saludarlo, mucho menos en presentarse con su nombre.
– Emmm, ¿y usted no va a comer nada? – Le cuestionó la chica teniendo las manos aún sobre su regazo sin haber tocado un solo bocado todavía.
– Yo desayuné hace rato, no se preocupe por eso. – Se cruzó de brazos, entrecerrando los ojos.
– Bueno… entonces comenzaré…– No sabía ni cual cubierto coger o por cual plato empezar, delante de ella estaban servidos huevos fritos con tocineta, en otro plato fruta picada, en otro, variedades de pan, un pocillo con chocolate y otro con jugo de naranja, el estómago volvió a gruñirle reclamándole por algo de lo que se encontraba sobre la mesa. Agarró una cuchara "normal" y comenzó con los huevos, reventando la yema, y maldición, como volcanes en erupción que derraman su lava, los huevos decoraron todo el plato haciendo que su boca se llenara de agua, finalmente llevó el primer pedazo a su boca y, Dios, sabía a gloria, no le importó saber que estaba siendo observada ni que se encontraba comiendo sobre una mesa lujosa en un pent–house igual de lujoso, en cuanto sus papilas gustativas sintieron ese sabor reclamaron por más y más. – MMMMMM ESTO ESTÁ DELICIOSO. – Comía tan rápido que no terminaba de masticar un bocado cuando ya se estaba metiendo otro a la boca, y lo hacía aleatoriamente con cada ingrediente en la mesa, un pedazo de fruta, un pedazo de pan, un mordisco de tocineta, jugo para pasarlo, nuevamente fruta, un pedazo de pan que arrancó con las manos para limpiar la yema de huevo que había quedado en el plato, en otras palabras, parecía como si donde Grimmjow o su mayordomo se fuesen a acercar ella los atacaría cual bestia salvaje defendiendo su territorio, los mencionados simplemente se limitaban a lanzarse miradas en silencio, como queriendo decir "wow, sí que tenía hambre" "que falta de modales" "O bueno, al parecer no le da pena". Finalmente, en menos de cinco minutos había terminado.
– Aaaaah, estuvo estupendo, muchas gracias Giriko. – Estaba a punto de ponerse de pies con los platos en mano para llevarlos a la cocina ella misma cuando el mayordomo la interrumpió.
– De nada, y no se moleste señorita yo llevo esto. – Dijo quitándole los trastes de las manos.
– Hay, no sea tan formal, soy simplemente Neliel para usted, o puede decirme Nel si gusta. – El hombre simplemente asintió y se retiró del lugar. El peli azul seguía observándola con asombro.
– Y decía que no quería comer…
– Aaah, bueno es que me daba pena…
– Claro, pero para otras cosas en cambio no tiene pena…– Dijo recordando el show de streeptes que casi le da a Aizen en la pista de baile, mientras se puso de pies, se acercó un poco hacia la mujer y con una servilleta en mano le limpió alrededor de su boca los restos de migajas de pan, ella se sonrojó levemente.
– Em, bueno, gracias por la comida, pero ya tengo que coger rumbo…
– ¿Y piensa salir descalza?
– No encontré mis zapatos.
– Se debieron haber caído en el edificio de…– Mierda.
– ¿Cuál edificio? ¿El hotel de Aizen?
– Eeeeeh SI, ese, precisamente ese…– Casi menciona el episodio de los apartamentos que era mejor ella no debía recordar.
– No importa, puedo ir descalza.
– Más bien – Dijo poniéndose delante de ella interrumpiéndole el paso. – Vaya al baño de la habitación de huéspedes y dese una ducha.
– Claro, ¿y luego con qué me visto? ¿Con alguno de sus trajes o algo así?
– Obviamente no, a menos que quisiera tomar mi lugar en la empresa. – Ella soltó una pequeña pero sincera sonrisa ante el comentario, quizá imaginándose la situación que el hombre acababa de comentar. – Después me encargaré de eso, solo vaya y haga lo que le digo.
– Pero…– Fue interrumpida al sentir el roce de algo peludo en sus piernas, miró hacia abajo. – Hola gatito. – Se agachó para tomarlo en sus manos. – Que lindo estás, pensé que no volveríamos a vernos ¿eh? – Claramente se trataba del mismo gato que se encontró aquella vez en la suit de la empresa. – Que lindo gatito ¿Cómo se llama? – Le cuestionó al dueño.
– Michiru.
– Aw, quien es uno lindo gatitu ¿Quién? – Le decía la chica al gato mientras le hacía monerías, el dueño se limitó a observarlos. Terminado esto lo dejó en el suelo.
– Tengo que hacer una llamada y usted obedezca y haga lo que le pido.
– ¿Ah sí? Yo creí que las órdenes solo se daban en la oficina, jefe.
– Pues le recuerdo que está en mi territorio así que igualmente debe obedecer.
– Ash… bueno…– Dijo haciéndole un puchero y se retiró.
– Oye tu. – Dijo dirigiéndose a su gato una vez la mujer había desaparecido de vista. – ¿Desde cuándo te dejas cargar por una desconocida eh? – Le dijo a manera de reclamo, el gato simplemente lo observó con sus grandes ojos azul celeste. Eso era una total novedad para él pues cuando llevaba a sus amantes Michiru las repudiaba, literalmente, ellas trataban de cogerlo para acariciarlo, pero antes de que sucediera salía corriendo despavorido, o si alcanzaban a agarrarlo él trataba por todos los medios de zafarse, algunas veces las logró aruñar, pero esta vez fue todo lo contrario, hasta él mismo se frotó contra sus piernas, increíblemente le había caído bien. Esa mujer era toda una cajita de sorpresas, sorpresas muy diferentes a las que le daban otro tipo de mujeres, lejos de desagradarle sus actitudes poco formales y embarazosas admitía que las veía divertidas, es decir, nunca en su vida había visto a una mujer comer con tantas ganas, bueno a excepción de las que se comían su… en fin, se refería más bien a las que comían alimentos, por mucho pedían ensalada "light" y dejaban la mitad, pero ella no dejó ni una borona, y no le importó en lo más mínimo que fuesen huevos fritos con tocineta grasosa, al parecer acostumbraba a ingerir ese tipo de cosas pero ¿cómo le hacía para no engordar y tener ese cuerpo tan… bien formado? A menos que todas esas calorías se le acumularan en lugares evidentemente voluptuosos en ella… ¿pero qué tipo de pensamientos eran esos para con su secretaria? Debía olvidar eso último e irse a hacer lo que debía, tomó su celular y marcó un número.
– Bueno, hola. Si soy yo. Necesito que vengas. ¿Qué? No, no para eso, necesito un favor. NO ese tipo de favores, te lo diré todo cuando estés acá. Bien, esperaré. – Colgó.
– Amo, disculpe mi intromisión, pero quisiera saber ¿Quién es esa chica?
– Mi secretaria personal. – Le respondió tajante.
– Ya veo.
– ¿Qué es lo que ves? – Cuestionó el peli azul.
– Veo que es una chica agradable, ojalá viniese más seguido por acá.
– JA, solo tuvo suerte esta vez, pero no te ilusiones de a mucho, no acostumbro a traer… gente que no es de mí mismo estatus.
– Bien, fue agradable conocerla. – Dicho esto se retiró. Giriko a pesar de ser su empleado, también era una parte importante de su círculo de relaciones, lo contrató su padre desde que él tenía dieciséis, exclusivamente para él pues le decía que debía acostumbrarse a manejar sus propios empleados y la mejor manera era hacerlo desde los que trabajaban en su propia casa, de principio el "joven amo" se comportaba déspota y grosero pero conforme pasaba el tiempo iba cogiéndole más confianza, Giriko lo aconsejaba de una u otra manera y aunque él le respondía con un "no es tu asunto" o "no es tu problema" seguido de algún insulto, de todos modos le hacía caso, podía llegar a compararlo algo así como esos mayordomos de los superhéroes de cómics americanos en los que siempre están ahí incondicionalmente para ayudarlos en lo que fuese, desde preparar una cena hasta esconder un cadáver, eso era Giriko, más confiable incluso que su propio padre.
La chica había terminado de darse el rápido duchazo, mientras se secaba el agua del cabello pensó en lo que estaba reflexionando hace un momento cuando las gotas de aquella lujosa regadera caían sobre su cuerpo, "no es tan malo ese hombre después de todo", quizás ese ceño fruncido y aquella forma de expresarse tan seria y directa eran una simple armadura, o máscara para tratar con sus empleados, digamos que de cierta manera podía entender que tener una empresa de ese tamaño a sus espaldas no debía ser trabajo fácil, si quería que todos allí lo respetasen debía tener mano dura, y cara dura, y palabras duras, todo esto que había sucedido, lo de llevarla a dormir a su propia casa, que le prepararan el desayuno, dejarle usar el baño, eran detalles que le evidenciaban que intentaba ser amable, que a pesar de todo reconocía haberse equivocado respecto a las sospechas que tenía de ella en el pasado y enmendar el error, ¿lo habría hecho antes con alguien más? Era la pregunta del millón pues no parecía estar acostumbrado a hacer lo que está haciendo con ella, muy en su interior deseaba que así fuese, no quería admitirlo, pero el hecho de pensar siquiera que era "la única" o "la primera" hacía que su estómago se revolviera en una extraña sensación de emociones, cosa que no podía explicarse a sí misma puesto que ¿qué más daba si así fuese? Ellos simplemente tenían una limitada relación de secretaria–jefe, empleada–patrón, ni siquiera eran amigos, o… podrían de pronto llegar a serlo, pero aquella estúpida e infantil fantasía de novela mexicana en la que el tipo guapo y rico se enamora de la plebeya pobretona estaba prácticamente imposible de cumplirse, ni en sus más locos sueños imaginaría que eso pudiese sucederle a ella y precisamente con él. Mejor se dejaba de ideas tontas y antes de que su imaginación volviese a hacer de las suyas se marcharía de aquel sitio.
Naturalmente volvió a vestirse con lo que traía puesto del día anterior, se sentía extraño, es como cuando te metes a una piscina o al mar y sabes que tu cabello mojado no está en lo absoluto limpio pero te lo dejas así, bueno, era lo que había. Salió de la habitación rumbo a la sala para ver si al fin podría dejarla irse de aquel lugar, y fue entonces que escuchó una voz, femenina para ser exactos, que ella recordara no había ninguna mujer antes de irse a bañar entonces… ¿de dónde había salido? Oh, sí claro, a lo mejor se trataba de la novia de su jefe, esa rubia antipática con la que se topó la otra vez, no lograba distinguir lo que se decían el uno al otro pero por el tono de sus voces parecía ser una conversación bastante amena, fluida, con risitas incluidas, en ese momento sintió una leve molestia en su estómago, quizás era que había comido demasiado y las tripas ya le estaban reclamando por ello, estaba decidida ahora sí a marcharse, no pensaba ser una molestia o una distracción que interrumpiera su tan aparente cómoda conversación, okay, si, estaba un tanto molesta, pero porque no esperó a que ella se fuera para poder disfrutar de su amor a solas. A paso decidido, se dirigió hacia la sala para despedirse, los sillones estaban acomodados uno en frente de otro, su jefe estaba de frente a ella así que pudo verla al instante, mientras que aquella mujer se encontraba de espaldas, pero no lograba verle la cabeza así que o era muy pequeña o estaba acostada sobre el sofá, daba igual en qué pose estuviera, de todos modos, no le interesaba y solo se despediría para irse de una buena vez.
– Ya me voy, hasta pronto, y gracias por todo. – Dijo la chica en tono serio, rápido y sin titubeos.
– Espere, hay alguien a quien quiero presentarle. – Estuvo a nada de decirle que no le interesaba en lo más mínimo relacionarse con sus amantes, o con su novia, o con quien fuese que estuviese sobre el sillón, volteó la cara hacia donde se encontraba la aludida y pudo saber la razón por la cual aquella mujer estaba recostada, pues estaba jugando con el gato.
– Hola linda. – Se puso de pies inmediatamente, no era para nada una maleducada. Se le acercó para estirarle la mano y saludarla como debía ser. – Mucho gusto, Yoruichi Shihōin, pero puedes decirme Yoru. – Una mujer bastante guapa, de piel morena, una raza bastante difícil de encontrar en el país, alta, fornida y acuerpada, de cabellos lisos amarrados en una coleta, de mirada felina que le recordaba a alguien y ojos amarillos, vestía un traje deportivo, como un pantalón elástico negro ajustado con un esqueleto naranja que dejaba en evidencia lo bien dotada que era ¿es que acaso no hay mujer fea que conozca este hombre?
– Mucho gusto, Neliel Tu. – Le respondió el saludo, un tanto desubicada pues no entendía aún la razón de la presencia de aquella mujer en ese lugar.
– Oye Grimm, debes admitir que es bastante guapa tu secretaria ¿cómo no sabía de ella antes eh? – Dijo devolviéndole la mirada al peli azul quien se encontraba aún sentado en el sofá.
– Ahhh ¿me perdí de algo? – Cuestionó seria la peli verde, parecía estar un tanto… molesta si se quiere.
– Bueno, yo las dejo, tengo que ir a trabajar, Yoruichi se encargará de todo. – Dijo poniéndose de pies mientras se acercaba a las susodichas.
– ¿De qué se encargará? – Volvió a cuestionar la chica.
– De cosas que yo no tengo ni tiempo ni ganas de hacer. Las veré luego. – Y dicho esto salió por la puerta dejándolas solas a las dos.
– Ay, mi Grimm, ¿no te parece adorable cuando se comporta de ese modo? – Le dijo a la peli verde.
– Aaaah no sé a qué te refieras, pero… yo tengo que irme…
– No, no, no, Grimm me encargó una tarea y la vamos a ir a cumplir las dos.
– ¿Tarea? ¿Tenemos que revisar documentos o algo así?
– Jajajajaja, claro que no querida ¿qué no te lo dijo? Me pidió el favor, exclusivamente a mí, que te llevara conmigo de compras de chicas.
– ¿Qué? ¿De compras? ¿Acaso te dio una lista o algo así?
– Jajajajaja, eres bastante ocurrente chiquilla, obvio no, Grimm es hombre y por lo tanto no sabe nada de compras para mujeres. Iremos a buscarte trajes adecuados para tu trabajo, mira tus fachas, parece que trabajases en alguna oficina pobre de mala paga.
– Disculpe señorita Yoruichi pero no está entendiendo mi punto, escuche debo ir a trabajar y…
– No, no, la que no está entendiendo eres tú. Grimm te dio el día libre y me pidió el favor de que te llevara de compras ¿Ahora entiendes? ¿O te lo tengo que dibujar? Y por favor, llámame Yoruichi o simplemente Yoru, eso de "señor" y "señorita" déjalo para la oficina. – Sus palabras parecían de reproche, pero por su tono de voz y por la sonrisa en su rostro pudo determinar que lo decía con toda la amabilidad del mundo, sin querer llegar a ser grosera en ningún momento, parecía ser una buena mujer. – Mira la hora, ya va a ser la una de la tarde y nosotras seguimos aquí, vamos chica, no tenemos tiempo que perder. – Y antes de que pudiese hacer algún otro reclamo la tomó de la mano y la arrastró afuera junto con ella. – Adiós Giriko–. Dijeron ambas casi al unísono, el aludido se inclinó a manera de despedida cuando las dos cruzaron la puerta ¿Ir de compras? ¿Con una mujer que acaba de conocer? Este día no podía estar más de locos.
Cierto peli azul llegaba a su trabajo, por segunda vez ese día ya que temprano en la mañana había hecho acto de presencia para poner todo en orden, se sentó en su cómodo y amplio escritorio, alguien hizo llamado a la puerta y el joven asintió para que entrase.
– Señor Jeaggerjaques, que gusto volver a verlo por acá, ¿Qué tal estuvo su noche candente eh?
– Vega, ¿no puedes empezar el día sin mencionar alguna estupidez, ¿verdad?
– Oh pero claro que no señor, sabe que aunque le moleste siempre es mi deber preocuparme por lo que le sucede a mi mejor amigo y jefe. Y bueno dígame ¿Es buena en la cama? Quisiera saber todos los detalles a ver si me le mido yo también. – Esas palabras las decía en un tono burlón, pero parecían ir en serio, en el remoto pasado, Grimmjow y su amigo solían contarse de todo, en el sentido de que si a alguno le interesaba una chica y lograba acostarse con ella le contaría al otro cómo estuvo la prueba, con lujo de detalles para saber si valía la pena meterse con la misma también, eran como un par de bebés compartiéndose una chupeta, y en este caso quería saber si Nell era digna de ello.
– No, no pasó nada entre nosotros.
– Jajajajaja – Soltó una sonora carcajada. – Ves, te lo dije amigo, estás perdiendo el toque, ¿cómo que no pasó nada? ¿Se sentaron a jugar naipes toda la noche hasta caer rendidos del aburrimiento?
– Vega, no pasó nada porque aunque ella hubiese estado en sus cinco sentidos, no me interesa estar con ella y estoy seguro de que a ella tampoco.
– Okay, vale, de acuerdo. Ya que a ti no te interesa la bella y candente secretaria déjame confesarte que yo si estoy bastante interesado, quizás pueda tener algún chance con ella ¿no crees?
– Lo que creo es que me debes dar el reporte de hoy.
– Bueno, lo tomaré como un "Claro Vega, puedes quedártela, es toda tuya"– Dijo esto último tratando de imitar la voz de su amigo.
– …– El aludido simplemente giró los ojos de un lado a otro.
– Bueno, por lo que me dijo, el señor Aizen Sousuke viene esta tarde a firmar contrato ¿cierto?
– Así es.
– Bien, el documento del contrato ya está listo, mire, para que dé su firma y revise las cláusulas del contrato y que todo esté en orden. – Le dijo mientras que con una mano le extendía el papel.
– Bien ¿Algo más que deba saber?
– Mmmmm, pues el dólar subió tres centavos, las acciones de la compañía subieron un 0,5%, lo pequeños negocios que tenemos con otras empresas van de maravilla, todo en orden.
– Bien…
– Oh claro, excepto por un detalle... Hoy llega...
Ambas chicas viajaban en el porshe azul platinado de la morena, directo a la zona de tiendas más caras de todo Tokio, de las marcas más exclusivas tanto nacionales como internacionales, iban a tener un largo camino que recorrer ese día, durante el trayecto Nell no había querido hacer conversación con la mujer aunque ella tratase de sacarle alguna palabra de la boca sin ningún éxito, tenía una pregunta atorada en la garganta, como una espinita de pescado que no notas y te la tragas raspando todo durante el trayecto hasta el estómago, pero no sabía cómo decírselo.
– ¿Desde hace cuánto llevan mi jefe y tu juntos? – Cuestionó finalmente.
– ¿Me estás preguntando que si somos novios o amantes? – Mierda, no quería sonar tan obvia, pero ¿de qué otra manera podía preguntárselo sin que intuyera cosas que no son?
– Este… No, no es de mi incumbencia la relación que tengan la verdad. – Se retractó.
– Jajajaja, tranquila, no te preocupes, Grimm y yo solo somos buenos amigos, de hecho siempre lo hemos sido, nunca ha habido más entre nosotros dos. – ¿Debería sentirse aliviada con eso? Quien sabe, pero aquella espinita había dejado de molestarle.
– Ya veo… Pero no es que me preocupe, solo tenía curiosidad.
– Bueno, yo solo digo, a lo que me refería es que tienes el camino libre por mi parte, claro, excluyendo a las otras tantas zorras que se le acercan.
– ¿El camino libre? No, no, te equivocas…– Logró ruborizarse un poco. – No me refería a eso, yo no tengo ningún interés sentimental con mi jefe, es solo que… quería saber qué tipo de trato debía tener contigo nada más. – Le respondió mientras una gotita se asomaba por su frente y agitaba las manos con rapidez.
– Vale, vale, tranquila, en cualquier caso, puedes confiar en mí. Sabes, yo siempre vi a Grimm como un hermanito menor, te contaré, nosotros nos conocimos en la escuela secundaria, él estaba en séptimo grado y yo le llevaba dos años de diferencia, pero no te creas él perdió unos años en el colegio así que ni su cuerpo ni su mentalidad eran los de un niño de séptimo grado. En todo caso, él andaba detrás de mí como gato en celo, pero nunca le presté atención en ese sentido, en vez de eso nos fuimos haciendo amigos y más que todo cuando nuestras familias se conocieron tuvieron una buena relación, éramos como hermanos de un lado a otro, fastidiando gente aquí y allá, de los mejores recuerdos de mi infancia la verdad. – Bueno, no esperaba que le contase su historia, pero Yoruichi parecía ser una mujer que hablaba sin problema alguno de sus cosas, abierta como un libro, le parecía una mujer cada vez más agradable. – Pero eso sí, Grimm nunca ha sido de tener novia, jamás le he conocido una hasta la fecha.
– Si… bueno la verdad es que me siento algo extraña hablando de las relaciones de mi jefe, pero entonces ¿de verdad nunca ha tenido novia? O sea que la chica rubia no es nada suyo.
– Oooh ¿te refieres a Saya? Esa tipa me cae de lo peor, es toda crecidita y vanidosa, cree que tiene al mundo en sus manos al igual que cree tener a Grimm comiendo de ella, pero JA, no se ha dado cuenta que quien está comiendo de su mano es ella.
– No creía que fuese tan insistente.
– Grimm siempre ha sido de los que le gusta que las mujeres le rueguen, así que es normal para él.
– Yo creía imposible que pudiese siquiera tener a una mujer como amiga, así como tú. – "Y guapa a demás"
– Digamos que, soy del tipo de chica decidida, de una sola pieza. – Cada vez le agradaba más la conversación con esta mujer. – Yo creo que es por eso que Grimm decidió no tener algo más allá conmigo que una simple amistad, verás, en el mundo de los ricos es difícil encontrar verdaderas amistades y que sean duraderas, yo siempre lo he aconsejado cuando lo necesita, o le he dado mi apoyo en momentos difíciles y perder eso por una noche de pasión no es una opción, ni para él ni para mí. – La acompañante de la morena se iba dando cuenta cada vez más de ciertos detalles que iban completando el rompecabezas, nunca había considerado ver la situación desde esa perspectiva, estar en un mundo lleno de rostros falsos y sentimientos corruptos hace que los demás adopten una postura similar como defensa, para que no te cojan desprevenido y romperte en pedazos, desde ese momento sintió compasión, sentía que era su deber el tratar de hacerle ver a su jefe que aún puede creer en las personas, que no todos son como los que conforman su "plástico círculo social", que aún existe gente auténtica, de una sola pieza como mencionaba Yoruichi, lo había juzgado mal desde el principio y estaba decidida a enmendar ese error.
– WOOOH, ¡esta canción me encanta!– Soltó la morena a todo pulmón, subiéndole el volumen a la radio, que por cierto no era una estación japonesa ya que desde hace rato venían escuchando canciones en otros idiomas, con ritmos y mezclas diferentes a las habituales, antes de esa canción sonaba "GYAL YOU A PARTY ANIMAL" la cual había reconocido pues la escuchó quizás un par de veces en alguna discoteca, ahora estaba sonando una de la que no tenía ni idea siquiera en qué idioma la cantaba, pero por el ritmo podía intuir que se trataba de música caribeña, y estaba cantando la letra, quizás su familia provenía de algún país de América del sur.
– "Corazón, corazón, corazón…"– Empezaba la letra. – "tus ojos me están llenando solo con verlos, no necesito si no abrazarte para sentirlo y ya no tengo que esperar, para saberlo…"– Linda voz, admitía. Llegaron por fin a su destino, y la primera tienda a la que entraron fue a "Chanel", no pudo habérsele ocurrido una marca más cara.
– Yoruichi, este lugar es demasiado costoso ¿no crees que deberíamos ir a un lugar más económico?
– ¿Estás loca? ¿Cómo crees? ¿Tienes idea de cuántas mujeres darían su teta izquierda por tener lo que fuese de esta marca? Serás la envidia de todas cariño, y la más contemplada por los hombres, ven déjame te enseño. – El inmenso local constaba de un edificio de tres pisos, en el primero se encontraba todo lo relacionado con perfumes y maquillaje, en el segundo lo que era ropa y accesorios y finalmente en el tercero, lencería y todos los zapatos que te pudieses imaginar, de todos los tamaños, formas y colores ¿por dónde empezar? La morena llevaba a Nel de la mano, arrastrándola como niñas en una tienda de dulces, solo que Yoruichi iba cogiendo lo que se iba encontrando en el camino, pantalones, blusas, faldas, vestidos, etc… Solo hasta llegar al final del pasillo donde estaban los vestidores, ella ya cargaba con un inmenso arrume de ropa que le dio para probarse y la chica casi se desequilibra al tomarlo en brazos por el peso. Fue poniéndose prenda por prenda, blusa rosa con falda y bléiser negro, blusa blanca sin bléiser con mini falda, blusa azul celeste con pantalón de paño apretado que le marcaba su perfecto y redondo trasero, en fin, bastantes otras cosas más que no le quedaban tan bien las iba apartando hasta finalmente tener las que se iba a llevar, pagaron la cuenta.
– Bien, ahora solo falta una cosa. – Dijo la morena con una amplia sonrisa. – Un cambio de look.
– Ahhh ¿qué?
– Así es, mira ese cabello tan descuidado y desarreglado, conozco un amigo que sabe muy bien de esto y te dejará per–fec–ta. – Esto último lo dijo recalcando cada sílaba y haciendo un guiño con el ojo. Dejaron las bolsas dentro del auto y se fueron caminando hacia una peluquería que quedaba cerca, entraron y la mujer saludó al susodicho.
– ¡Yumichika! ¿Cómo estás querido?
– ¿Yoru? Yoru, amiga, hace cuanto que no te veía, oye deberías visitarme más seguido. Dime ¿qué se te ofrece? ¿Quieres visos violetas en tu perfecto cabello lacio como siempre?
– No amigo, esta vez es para mi compañera. – Dijo esto señalando a su acompañante.
– Eh, hola…
– Mmmmm…– El hombre se le acercó un poco, como examinándola de arriba abajo, dando vueltas alrededor de ella y tocándole el cabello. – Si si, es evidente que necesitas un arreglo, querida, mira estas puntas abiertas y le falta hidratación a tu pelo, pero no se preocupen, no hay reto que no pueda solucionar.
– Bien, entonces comienza, tienes todo mi permiso. – Exclamó la morena. Como el procedimiento normal de un peluquero primero le lavó el cabello y le aplicó un tratamiento, luego frente al espejo le iba despuntando la horquilla sin afectar el largo del mismo al igual que cortó su fleco de la frente y finalmente le dio una pasada con secador para dejarlo bien liso y con forma.
– Listo querida, como una reina. – Dijo al finalizar.
– Bien Yumichika, tú siempre me sorprendes.
– Por supuesto, no podías esperar menos de mi cariño. ¿Algo más que pueda hacer?
– Sip, sólo un detalle más…
Finalizando ya con todo el ritual fashionista ambas chicas se dirigieron rumbo al edificio de la Compañía, la peli verde estaba nerviosa, incómoda pues nunca antes se había hecho tantas cosas para sí misma como ese día, ¿y si no le gustaba a nadie cómo se veía? Quizás la aprobación de su amiga Rangiku pudiera subirle un tanto el autoestima, contrario a eso sabía que lo que Yoruichi le decía era cierto, en una empresa tan importante como en la que estaba trabajando debía verse presentable, al nivel del estatus de la misma y quizá así hasta su mismo jefe podría tomarla más en serio.
–¿Aló? Hola Grimm. Si ya voy con tu sexy secretaria para allá. Querido si no comentas nada al respecto te juro que jamás volveré a hacerte un favor en la vida. Bien, allá nos vemos. – Colgó. – Bien chica, parece que darás mucho de qué hablar hoy.
– La verdad quisiera no estar tan llamativa…
– Jajajajajaja eres adorable pequeña. – Dijo sin tomarla en serio. Finalmente llegaron a su destino, entraron al edificio y pidieron el ascensor. – Estoy emocionada por ver la cara que pondrá Grimm al verte. Dios, si esto no lo hace siquiera cambiar en un mínimo la expresión de su rostro no sé qué lo hará. – La peli verde se ruborizó de solo imaginarse la situación.
En el último piso del edificio se encontraban los de siempre, las secretarias con sus respectivos jefes, trabajando después de un merecido almuerzo, la campana del ascensor sonó anunciando la llegada de alguien.
– Buen día a todos. – Dijo el hombre castaño.
– Señor Aizen, bienvenido. – Se puso de pies la secretaria morena. – Por favor siga, ¿Qué le puedo ofrecer? Tenemos café, aromáticas, agua…
– Gracias, ¿de casualidad tendrá wisky?
– Este… no, disculpe, pero de seguro el señor Grimmjow podrá ofrecerle en su oficina.
– Bien, gracias, esperaré entonces. – Giró su vista hacia donde se encontraba la otra secretaria. – ¡Rangiku! Mira nada más donde te vengo a encontrar muchacha. – La aludida estaba agachada esperando que la pantalla del computador pudiese ocultar su presencia, pero ya era evidentemente tarde.
– Aaaaah, señor Aizen, que sorpresa verle por aquí…– Respondió nerviosa la rubia. Por suerte para ella el anfitrión salió de su oficina interrumpiendo la conversación.
– Aizen. – A manera de saludo.
– Señor Jeaggerjaques. – Le respondió.
– Siga por favor. – Dijo señalándole la entrada a su oficina, el aludido iba a hacerlo de inmediato, claro de no ser porque la puerta del ascensor se abrió nuevamente anunciando la llegada de alguien más.
– ¡Ya llegó por quien lloraban! Hola, hola a todos. Señoritas… ustedes deben ser nuevas, no recuerdo haberlas visto antes.
– Agh, tenía que ser hoy, precisamente hoy…– Exclamó el peli azul con la cabeza gacha y tocándose el puente de la nariz.
– ¡Primo! ¿Acaso no te da alegría verme? He vuelto para poner orden a esta empresa. – Dijo feliz aquel hombre.
– ¿Qué no pudiste perderte en la isla a la cual te fuiste a vacacionar? O mejor aún, que tu barco hubiese naufragado.
– Naaaah, es imposible que un crucero naufrague primito, aunque ya veo que no soy bien recibido acá…
– ¿Reunión familiar? – Cuestionó el castaño.
– Desagradablemente. – Respondió uno de los peli azules.
– ¿Y usted es…?
– Aizen Sousuke, mucho gusto.
– Aizen es con quien vamos a firmar contrato para lo de los hoteles, lo hablamos el otro día junto con los demás accionistas de la empresa… Oh, verdad, tu no estabas presente ese día, lástima que tu opinión no cuente en este asunto.
– Nah, no te creo, siendo nosotros dos los mayores accionistas tenemos el mismo derecho de voto. ¿O no? – La pelea estaba a punto de armarse en aquel instante, hasta el mismo Aizen se había percatado de ello y retrocedió unos cuantos pasos hacia atrás para darles algo de campo, cuando las puertas del ascensor volvieron a sonar.
– ¡Hola chicos!
– ¡Yoruichi! Tan espléndida como siempre.
– ¿Tu? ¿Qué haces acá? Pensé que estabas de vacaciones.
– Exactamente querida, estaba, pero ya no y he vuelto a retomar mi trono.
– Jajajajajajajajaja ¿tu trono? Si cariño como digas. Hola Grimm. – Dijo saludando a su amigo.
– Dinos ¿qué te trae por acá morena candente? – Cuestionó el recién llegado.
– No es de tu incumbencia, pero ya que están aquí presentes no hay de otra. – Ambas secretarias prestaban atención al espectáculo que sucedía frente a ellas, haciendo como que no se daban cuenta. – Les quiero presentar a la nueva y renovada Nelliel. – Dijo mientras con sus manos hacía una presentación tipo mago de circo, pero la aludida no apareció. – DIJE, LA NUEVA Y RENOVADA NELL… Agh por Dios, Nel, ven ya sal de tu escondite… – Dijo mientras la iba a buscar tras la pared y la halaba de un brazo.
– Pero Yoruichi san…– Ante ellos una mujer de porte elegante, vestía un traje de paño negro, falda corta un poco más arriba de la rodilla con cinturón que le ajustaba en la cintura, una blusa blanca con algunos botones desabrochados, junto con un bléiser corto tipo vaquero que apenas y le cubría los brazos, medias veladas de tono piel oscuro que hacían que se le viesen bronceadas, tacones mate negros de diez centímetros que la hacían quedar casi a la misma altura de los hombres presentes, el cabello suelto perfectamente ordenado, lacio y brillante, pero su rostro… joder, el rostro de aquella mujer si desde siempre fue bello ahora se veía perfecto, como de modelo de revista de cosméticos con mucho photoshop solo que ella se veía natural, con un poco de brillo rosa pálido en sus labios y rímel para resaltar los ojos nada más, pero se veía fantástica. La morena estaba muy atenta al ver la reacción de su amigo que para su sorpresa logró arquear una ceja y que sus rasgados ojos se abrieran más de lo normal, eso era suficiente, con eso quedaba satisfecha. Por su parte la peliverde al notar todas esas miradas masculinas sobre ella, incluyendo a Aizen y al otro desconocido hizo que sus mejillas se tornaran rosadas haciéndola ver todavía más hermosa, y tierna, lo único que tenía a la mano era su pequeña cartera que hacía juego con el conjunto la cual se la llevó a la cara para tapársela de la vergüenza.
– ¿Y qué? ¿Van a quedarse como idiotas mirándola sin decir nada? – Reclamó la morena.
– Yo desde siempre supe que la señorita Neliel se veía espléndida, pero déjeme decirle que hoy se ve especialmente magnífica. – Articuló finalmente el castaño muy seguro de sus palabras y sin titubeos, como si eso mismo se lo dijera a toda chica con la que se encontraba.
– Grimm… ¿tú no dices nada? Vamos, si fuiste tú quien me pidió el favor es imposible que no tengas nada que decir al respecto. ¿O estás tan sorprendido que te quedaste sin palabras? – Presumió la morena.
– Eeeeh, pues, es así como debe de presentarse siempre en la empresa, con buen porte. –Qué halagador, pensó su amiga.
– Con permiso señores. – Dijo el otro apartando a un lado a los susodichos. – Hola preciosa, déjame presentarme. – Tomó una mano de la peli verde. – Soy Raidon, Raidon Jeaggerjaques. Pero para ti puedo ser simplemente Rai. – Y le plasmó un beso en los nudillos. El otro peli azul al presenciar dicho acto por parte de su primo sintió cómo las tripas se le retorcieron.
– Bueno, basta de pláticas, hay un contrato que firmar. – Dijo dirigiéndose a su primo para que entrasen a cumplir con el deber.
– ¿Qué? Jajajaja no primito, yo no tengo nada que ver con ustedes y el dichoso contrato, vayan y firmen lo que se les antoje, yo me quedaré aquí platicando con esta bella dama. – Decía mientras le lanzaba una mirada pícara a la mujer.
Mierda, comenzaba a creer que eso de haber mandado a su secretaria a cambiar de look no fue una muy buena idea que digamos.
Fiiin :V
Ahora si Nell, quiero verte cual hembra femme fatale haciendo sufrir a todas las pijas en esa empresa xD muajajajaja
¿Saben cómo me imagino a Raidon? Van a decir que soy una estafadora de personajes de otras series xD pero es que no puedo imaginarlo de otra manera... busquen en google imágenes "Manigoldo de cáncer" uffff me caso pero yaaa ¿notan que tiene la misma expresión de demente que Grimm? xD Claro que no hay nadie mas candente que mi gatitu :V
Espero que les haya gustado, no olviden comentar y hasta el próximo capítulo ;* (kisses)
