Holaaa mis pequeños y pequeñas! Sé que tardé en subir este cap. pero fue porque, es mi deber anunciarles que volví a entrar a mis estudios en la universidad, entonces sabrán que hacer un capítulo largo como este toma más tiempo que de costumbre, más encima volver a leerlo como diez veces para revisar ortografía y redacción y todo eso... xD
La historia de "Gato y medio" trataré de actualizarla lo más pronto posible (no hago promesas como siempre pero les aseguro que la continuaré)
Ahora la sección de agradecimientos:
Igtm: Jajajajajaja es bueno saber que tengo poderes psíquicos para leerles la mente a mis lectores xD jajajaja, sí, hace ratico que tenía pensado en meter a Kensei y Mashiro :3 Espero que este cap te guste también, lo de Ichigo y Rukia tendrá que esperar más porque primero estoy concentrada en desarrollar la historia de la pareja principal (◕‿◕✿) y gracias por tu review! Ah y una pregunta, ese que comenta como "Guest" eres tú también ¿cierto? Si, la canción es hermosa, y ya verás que para con Grimm en este cap. Nos veremos luego! (*-*)/
fsrm: Oooooh my God! I've never thinking that a person who doesn't speak my languaje was reading my fict! I'm so proud! \(^○^)人(^○^)/ Thanks for your review, I'm sooo happy, really, believe me you make my day xD The relationship into Ichigo and Rukia will be developing in more chapters next because I need to continue with the principal couple of the story so... xD And yeah, I know the feelin when you need to know the final of something but you don´t want that it finish! Is strange xD Thank you so much for your review and I really hope that you continue writting your opinion about each chapter, and before I go I need to know... Where are you from? xD See you later! (^▽^)/
karin-chan150301: ¿Tuviste un mal día? :( Bueno, me alegra saber que mi historia al menos le alegra la vida a mis lectores xD gracias por mencionarlo :D Si reina, eres una pervert xD pero la Nell no se lo va a dejar fácil al pequeño tsundere que es Grimmy :3 Y Grimmy pues... va a seguirle insistiendo ya lo verás... :D Gracias por tu bello review y nos veremos en un siguiente cap! ╰(◡‿◡✿╰)
aly36: Dos besos querida, solo dos hasta ahora xD Y claro, la prota tiene que ser muy afortunada para ganarse todas esas amistades, es que si ella existiera hasta tendría la mía xD Gracias por tu bello review y espero que este cap te guste también (ノ◕ヮ◕)ノ*:・゚✧
Aika Yami: Espero que no vuelvas a faltar a tus comentarios de rutina señorita... son la ley en este y el otro fict xD jajajajaja pero bueno gracias por volver a aparecer y hacer acto de presencia en este intento de fict querida, sabes que extraño tus beshos rebius cuando te ausentas (u.u) Espero que este cap te guste también y nos veremos en el siguiente, besitos! :*
SuwabeKoto-chan: Princesa hermosa! casi que no comentas óyeme... xD Yo te adoro más cariño (´・ω・`) Pero bueno volviendo a tu review, gracias por comentar querida, como siempre tu y los demás me alegran la vida con sus reviews ¿escuchaste la canción? espero que sí, es muy cursi y sentimental xD Y sí, ya sabes que nuestro Grimmy es así xD se aprovecha de sus cualidades físicas y perfectas (*-*) pero no te alarmes todavía, hay una razón especial por la cual se comporta de esa manera pero se aclarará más adelante y verás también que el personaje irá evolucionando solo esperen y verán... (°3°) Es muy coincidencial que hayan varias lectoras de este fict que les guste Kensei y Mashiro, me di cuenta que no hay muchos ficts de ellos así que podría considerarlos para un futuro fict :D Nos veremos en un siguiente cap. entonces y por fa... no te tardes en comentar, cuídate! ヽ(´▽`)ノ
Y listo mis queridos, no siendo más por ahora pueden empezar con el cap!
Capítulo 20: Déjame intentarlo
La peor forma de terminar el día para cualquier persona, sea quien sea, niño, joven, adulto o anciano, es salir estresado y con una carga pesada sobre los hombros después de una prolongada jornada laboral, más encima teniendo tantos problemas revueltos con pensamientos y sentimientos en tu cabeza, alma, espíritu, ser… Mejor dicho, todo lo tangible y no tangible que conforma a una persona. Así tal cual se sentía la secretaria de cabellos verdes impaciente por querer salir ya de su trabajo para huir de esa atmósfera pesada que se hacía sobre ella en esa oficina, en ese edificio.
No es un secreto para nadie lo que la tenía tan inquieta, después de lo sucedido esa mañana en el ascensor casi no podía concentrase en los papeles llenos de números y gráficas que se presentaban frente a sus ojos, trataba de ignorar en lo posible aquel sentimiento que surgía en su interior cada que recordaba a ese hombre, a ese estúpido engreído que la tenía mal, que de cuanto en cuanto le robaba un suspiro, un pensamiento, una que otra sonrisa también. No era tonta como para no caer en cuenta de que ese hombre le atraía, le gustaba y mucho, así como cuando en la adolescencia te desvives por tu cantante o actor favorito, pero… no… eso no… era más bien como cuando en tu curso hay un chico guapo y popular por el que te desvives y de un momento a otro, sin ningún motivo aparente este te pone cuidado, se entera de tu existencia y trata de persuadirte, bueno, no creo que a todas les pase pero ya entienden el punto ¿cierto?
La cosa era que evidentemente el joven de cabellos celestes estaba interesado en ella, bastante interesado y lo supo dejar bien en claro con ese par de besos que le robó, tanta impresión dejó en ella que inconscientemente con la yema de sus dedos trazaba un recorrido por sus labios intentando revivir el contacto de los suyos sobre los de ella, de recordar su forma, su textura, su sabor, maldición, si pudiera describir medianamente esa sensación con palabras humanas podría decir que era similar a… ¿morder una naranja? Quizás… bueno, ya saben, esa sensación de la pulpa suave sobre tus labios, desprendiendo un aroma dulce al igual que el sabor, pero era mil veces mejor porque eran cálidos y se movían al compás de la pasión, atrevido, sin pena ni pudor, y puede que suene asqueroso pero hasta su saliva, era comparable con el jugo que obtienes al exprimir con tus dientes la naranja, simplemente maravilloso. (¿Coincidencia que ambos se comparen con naranjas? No lo creo, por algo dicen que sabes cuándo te encuentras con tu "media naranja").
La cosa aquí, el conflicto de todo este rollo era precisamente los sentimientos, los jodidos sentimientos que chocaban con fuerza como dos polos opuestos contra la razón, ¿cómo explicarlo en palabras simples? Empecemos por reafirmar que Neliel es una chica difícil, cerrada ante los hombres y sus bajas pasiones, incrédula a creer cualquier sarta de frases y palabras que salieran de la boca de aquellos que intentaran conquistarla o por poco meterse entre sus bragas, tendrías que ser un tipo bastante insistente para ganarte su atención o como mínimo para encender una pequeña llama de interés en ti, exacto, en otras palabras ella no caía tan fácil en las redes de un hombre pero entonces… ¿Cuál era el caso con el Jeaggerjaques?
Pues de entrada siempre le pareció un tipo apuesto, físicamente tenía todo lo que una mujer corriente pudiera desear en un hombre, rostro de perfectas proporciones, simétrico y afilado, facciones bien marcadas como su barbilla o la nariz recta con la punta un tanto levantada, los ojos azules de mirada felina y peligrosa más el ceño siempre fruncido que le daba un carácter fuerte y seguro. Y ni que decir de su muy atlético cuerpo, con cada parte de su anatomía bien marcada en fuertes y sobresalientes músculos, en fin, para qué hablar más de lo que ya todas saben… el tipo estaba como quería.
Pero no era eso lo que le llamaba tanto la atención, digo… por supuesto que el físico siempre ayuda pero había algo más, había otra cosa que podía atraerla más que el físico del hombre y eso sin duda era su forma de ser, su personalidad, la seguridad que mostraba al hablar, su rebelde forma de conseguir lo que quiere, pero por sobre todo era el cambio que mostró al estar con ella, a solas, sin tratarse como empleada-jefe, las maneras en demostrar su preocupación por lo malo que pudiera sucederle, la paciencia que le tenía al intentar explicarle ciertas cosas, sus intentos en hacerle reír con cualquier comentario sarcástico o subido de tono, como el detalle del abrazo en el baño cuando más lo necesitaba, ¿cómo olvidar aquel gesto de su mano limpiando una lágrima de su mejilla? ¿O esa vez en la playa cuando no permitió que esos tipos se la llevaran? Era obvio que él se esforzaba por hacer ese tipo de cosas, era bastante evidente que no acostumbraba a tratar así a cualquiera porque intentaba fingirlo o disimularlo con una mueca de "fastidio" o lanzando un quejido al aire, él intentaba quitarse esa armadura frente a ella para mostrarse tal y como es, un tipo que sabe divertirse y pasarla bien, que sabe ser delicado cuando debe y agresivo cuando quiere defender sus ideas, que sabe dar detalles sin el interés de recibir algo a cambio.
Así es, ella estaba empezando a descubrir la verdadera personalidad de ese hombre, su verdadera forma de ser y le gustaba, admitía que le gustaba entonces… ¿Por qué se comportaba de esa manera con él? ¿Por qué lo rechazaba? Ni ella misma estaba segura de la respuesta pero posiblemente era gracias a temores del pasado, quizás también por el hecho de pensar en que solo quisiera pasar un buen rato con ella y nada más, el temor de pensar que él no sintiera lo mismo y terminara por desecharla como lo hacía con las demás, de solo pensar en ello se le estrujaba el corazón, sentía una horrible presión en el pecho de llegar a siquiera considerar que lo único que quería era jugar con ella y por supuesto que no lo iba a permitir, nadie nunca jamás volvería a pasar por encima de ella y sus sentimientos así que lo mejor para evitar un desastre era alejarse, tratarlo con indiferencia, ser distante con él en todos los aspectos tanto laborales como personales.
Estaba tan confundida, tan llena de sentimientos y pensamientos que ni ella misma entendía, cosas que iba acumulando en su interior y poco a poco se transformaban en estrés, quería liberarse de aquello, sacar todas esas energías fuera de su cuerpo antes de que necesitara asistencia psicológica.
- Oye Ran.
- Dime amiga.
- ¿Salimos un poco más temprano hoy? Quisiera llegar pronto al gimnasio.
- Claro, me parece perfecto. Solo espera alisto mis cosas y nos vamos.- Faltaban escasos diez minutos para las cinco de la tarde, pero no importa, a nadie le molesta que salgan un poquito más temprano de lo normal ¿no? Solo cinco minutos de diferencia mientras dejaban sus escritorios bien organizados y los computadores apagados. Y tal cual como le dijo Mila Rose al peli azul, habían salido como alma que lleva el diablo.
Pidieron un taxi justo frente a la avenida que pasaba cerca del edificio y se fueron, el dichoso gimnasio quedaba relativamente cerca, de paso a casa de Rangiku así que la dejaron frente a este y su amiga continuó sola con el trayecto. "Boxing Club" se hacía llamar ese sitio, hace un par de años atrás que la peli verde se había unido para entrenar defensa personal, no era muy común en chicas pero claro que se permitía. El entrenador personal de ella, Kensei, un tipo mayor, bien parecido, guapo y atlético, amable y buena onda, ¿se dan cuenta? No era que Nell no conociera tipos atractivos pero es que su jefe tenía algo especial y diferente a todos los demás… Pero volviendo al entrenador de cabellos blancos, era un buen profesional en lo que hacía, siempre se comportaba serio durante los entrenamientos pero era para transmitir esa energía a sus alumnos y que tomaran con juicio sus clases, con todos era así, con todos menos con su amiga y alumna de muchos años atrás, Mashiro, la chica de cabello corto y verde. Ese par siempre se gustaron, eran demasiado evidentes por cómo se trataban, ella lo fastidiaba de las maneras más infantiles que se le vinieran a la mente y a este sujeto lo sacaba de sus casillas, podían pelear por largas horas pero al final del día siempre terminaban reconciliados. No fue sino hasta hace un par de meses en que cada uno acepó sus sentimientos con el otro y empezaron a salir, hombre, no es que fuese una chismosa pero se notaba a leguas, y bueno, también Mashiro logró mencionarle algo acerca de eso a la peli verde.
Pero volviendo al tema central del asunto, ella se encontraba en el vestidor de mujeres, cambiando su traje de oficina por su traje de entrenamiento, nada fuera de lo normal, lo de siempre, un esqueleto negro de licra bien pegado al cuerpo, una pequeña pantaloneta del mismo material y color, medias tobilleras y tennis, y por supuesto el cabello sujetado en una cola alta. Entonces ya podrán hacerse un panorama de la escena, la mujer tenía un cuerpo envidiable, así como el de esas chicas fitness que aparecen en los comerciales de televisión promocionando marcas de proteína y jugos de fibra, así tal cual.
Salió al campo de entrenamiento y lo primero que alcanzó a divisar fue a Tatsuki entrenando con Kensei, el hombre traía puestas unas manoplas de impacto, o como ella les llamaba "almohadillas de pelea", esas que se ponen en las manos y antebrazos el entrenador mientras el alumno golpea una serie sincronizada de puños y patadas, más o menos la rutina era puño izquierdo, puño derecho, esquiva golpe del entrenador, rodillazo derecho, y vuelve a comenzar. Ese tipo de cosas era para aprender a defenderte de cualquier atacante, Kensei era muy bueno enseñando maneras de hacer ganchos, llaves, como desarmar a una persona que te esté amenazando con una navaja o una pistola, como dejarlo inmóvil sin matarlo, mejor dicho, el tipo era un experto en esta área.
- Hola Kensei, hola Tatsuki.- Se detuvieron al escuchar la voz de la mujer.
- Neliel, que gusto verte por acá, te extrañamos el fin de semana.- Le dijo la peli negra quien fue a abrazarla.
- Si, ya saben, primero está el trabajo.
- Pues me parece muy bien que vengas a reponer tus clases entre semana.- Continuó el de cabellos blancos.- Hay que continuar la rutina como es debido para seguir en forma.
- Si señor entrenador, como ordene.- Le dijo mientras con su mano derecha hacía un gesto sobre su frente como saludando a un oficial del ejército, una de las tantas formas como le gustaba bromear con él.
- ¿Ya hiciste tus ejercicios de calentamiento?
- No, estaba a punto de empezar cuando los vi.
- Bien, ya conoces la rutina. Ve haciéndolo mientras termino con Tatsuki.
- Claro.- Y sin discutir, como buena alumna que era, comenzó con la sencilla rutina de saltos, estiramientos, flexiones de pecho, abdominales, todo lo que pudiese hacer para entrar en calor y no irse a lastimar después.
- Listo Tatsuki, terminamos por hoy.- Se chocaron los puños.
- Uff, necesito un buen trago de agua…- Dijo la peli negra mientras se quitaba los guantes, colocaba una toalla sobre su cuello y se secaba las gotas de sudor con ella.
- Bien señorita Neliel, es tu turno.- La aludida dejó de lado lo que estaba haciendo para acatar la orden de su entrenador, se colocó las vendas en sus nudillos y sin la necesidad de los guantes se colocó en posición para comenzar con la secuencia de puños, que de golpe en golpe se iban haciendo más intensos y conforme el entrenador le indicaba cuando y como golpear, aunque ella ya se supiera los movimientos de memoria.- Hoy estás más llena de energía que de costumbre, eso me agrada.
- Si, el estrés del trabajo…
- Ojalá vinieras estresada siempre, mejoras mucho la calidad de los golpes.
- Jejeje, tampoco exagere, no soy tan buena.
- Por favor, vencer a Tatsuki cuerpo a cuerpo no es algo que se vea todos los días y tu lograste hacerlo en aquella ocasión ¿recuerdas?
- Claro, pero solo fue suerte, ella es bastante mejor que yo en esto del box.
- Sabes que no es cierto, pero bueno, la humilde y sencilla Neliel no gusta aceptar sus cualidades físicas.
- Ya… No trate de elevar mi ego señor entrenador.
- Muy bien, otra secuencia más y… listo.
- ¿Terminamos? ¿Tan rápido?
- Yo sí, pero tú no, sigue entrenando con la señorita Arisawa…- Se quitó las manoplas para dárselas a la peli negra.- Ahorita vengo, voy a ir a saludar a alguien que hace tiempo no veía por aquí. Sigan con la rutina.- Ahora se iba en dirección al otro lado del gimnasio, ¿a quién había visto? Ni idea, pero era de poca importancia, por ahora se daría a la tarea de seguir con el entrenamiento.
- Tatsuki, sabes que es difícil para mí darte golpes siendo tu más pequeña que yo.- Le dijo con sonrisa burlona.
- No te creas que por ser más alta me intimidas lechuguita.
- Jajajaja, bueno, conste que te lo advertí.- Y en seguida comenzaron nuevamente con el entrenamiento. La chica de cabellos negros era casi que una experta en esto, llevaba muchos más años de entrenamiento que ella y había participado en varios campeonatos femeninos, sabía que su estatura no era ningún problema, antes como que sacaba ventaja de ello.
- Entonces dime lechuguita. ¿Qué te trae por estos lares entre semana? Es raro verte por aquí un martes.
- Ñah, pues, cosas del trabajo que me tenían con estrés acumulado y esta era la mejor opción de venir a liberarlo.
- Kensei puede ser un cabeza dura porque de tantos golpes que le han dado en esa cabezota como que ni piensa bien, a él lo podrás engañar fácilmente pero a mí no, te traes algo más que simple estrés de trabajo.
- Claro que no… esa es la verdad.
- Yo también soy chica y no me puedes engañar, esa mirada de preocupación no la tenías antes. De hecho creo que nunca te la había visto.
- ¿Preocupación?- ¿Es en serio? ¿Tan evidente era? Primero Matsumoto y ahora ella…
- Si, no sé… Algo así como cuando yo me lesiono una mano a pocos días de empezar un campeonato. ¿Recuerdas? Joder, esa vez sí que estaba odiando al mundo por eso.
- Jajajaja si, si, lo recuerdo muy bien. Pero yo no tengo esa expresión en mi rostro ¿o sí? Digo, que yo sepa no luzco como un simio asustado.
- Cuida tus palabras lechuguita, nadie me llama "simio asustado" y vive para contarlo.
- Jajajajaja, cálmate chiquilla, sabes que lo digo molestando aunque ahora que lo pienso… ¿Tú si me puedes decir "lechuga" pero yo no puedo ponerte sobre nombres?
- Debo cuidar mi imagen personal, ganarse el respeto de los demás en esto del box no es nada fácil sabes…
- Bueeeeno, como gustes campeona…
- Pero no me has respondido ¿por qué estás preocupada?
- Este… la verdad es que…
- ¡Neliel! – Al escuchar la voz de su entrenador detuvo la serie de golpes y ambas chicas voltearon a ver cuál era el motivo de esa sorpresiva interrupción.
- Dígame entrenador.
- ¿Quieres tener una lucha cuerpo a cuerpo?
- ¿Una lucha? Bueno… hace tiempo que no tengo una pero... Está bien. ¿Contra quién pelearé?
- Un amigo de hace tiempo, al fin se dignó aparecer después de varios años sin verlo.
- De acuerdo…
- Dile a Tatsuki que te pase los guantes y te espero en el cuadrilátero.- Okay, un inofensivo combate de vez en cuando no le hace daño a nadie, a veces es bueno aplicar lo aprendido a la realidad enfrentándose a otra persona, porque afortunadamente para ella nunca había tenido que emplear sus conocimientos de defensa personal contra algún agresor en la calle. Se alistó con unos guantes azules abrochándolos bien en sus muñecas mientras recordaba que esta iba a ser la primera vez que se enfrentaría cuerpo a cuerpo contra alguien que no fuese su amiga Tatsuki o su entrenador, tener a alguien diferente podría ser interesante, ya conocía los movimientos de los mencionados así que medir sus habilidades con un desconocido sería la mejor manera de ponerse a prueba. Terminada la tarea se fue caminando hasta el ring de pelea desde uno de los extremos donde la esperaba su entrenador, aún no veía quién sería su contrincante.
- Estoy lista.- Le decía al peli blanco.
- Bueno, aquí está…- Dijo este mientras tomaba del hombro a la peli verde.- Sé considerada con él ¿vale? Está un tanto fuera de forma…- Bien, podría intentarlo dependiendo de quién se tratara. Se sujetó de una de las cuerdas para darse impulso hacia arriba y subir, primero un pie, después el otro, y finalmente estaba sobre la plataforma… oh vaya, mira nada más a quién tienes en frente.
- ¡¿Aaaah?! ¿Qué hace usted aquí? – Maldita sea, ese hombre era la última persona sobre el planeta tierra que pensaba encontrarse en ese ring, todo el pinche día tratando de evitarlo y justo se lo viene a encontrar en su área de relajación.
- Nel… ¿Neliel? – Okay, ahora detengámonos por unos instantes para contemplar la divertidísima expresión de nuestro peli azul al ver a su secretaria ahí, frente a él, primero su cara de sorpresa, los ojos abiertos tal cuales huevos fritos y la quijada abajo, complementándolo con la forma de sus cejas, una arriba y otra abajo en modo… "¿Qué carajos es esto?" y ahora la siguiente cara, porque pasó de un segundo a otro de la expresión "sorpresivo-asombrado-confundido" a la expresión "condenada-mamacita-rica".
Oh si, yeah baby, aquella mujer de expresión seria parada con los brazos cruzados al otro lado del cuadrilátero estaba tan… tan jodidísimamente sexy que no pudo evitar darle una pervertida mirada de arriba abajo y de abajo arriba como cual perro hambriento observando un jugoso filete asado, detallando cada centímetro de su anatomía, el esqueleto negro ajustado que dejaba a sus bellas amigas más apretadas y firmes que de costumbre, el vientre bien formado con su ombliguito que se asomaba tímidamente por debajo de dicha prenda un poco levantada, la pantaloneta de licra ajustada a sus caderas y nalgas silueteando perfectamente sus curvas y ni que decir de las largas y tersas piernas, y para cerrar con broche de oro con diamantes incrustados también estaba sudando, Madre Santa, piedad por este pobre pecador pero es que… es que cada gota resbalando por su piel, cada gota cayendo entre el valle de sus senos, por la frente y sus mejillas hasta llegar a esos carnosos labios… mierda.
Ahora sí tenía una respuesta a la pregunta que se había hecho antes de ¿cómo era que tenía ese cuerpo? Pues fácil, un cuerpo como ese solo se consigue con horas y horas de entrenamiento en el gimnasio, perfecto, maldita y sencillamente perfecto. Afortunadamente para él la costumbre de ponerse siempre, repito SIEMPRE bóxers muy apretados le había salvado la vida en más de una ocasión y esta era una de esas ocasiones porque si hubiese sido de otro modo todos los presentes incluyéndola a ella habrían notado una incómoda erección haciéndose presente bajo sus bermudas. Así es, "panterita" se había despertado con esa escena casi erótica para el hombre, majestuosa y sublime, no podía ser posible que tan solo ver eso era suficiente como para ponerlo tan duro como la roca, no se imaginaba qué trágico destino tendría él y su amigo de abajo si llegara a verla algún día completamente desnuda, es que solo imaginarla… se le hacía la piel de gallina.
Pero ya saben, se supone que están enojados el uno con el otro así que si no quería sufrir un derrame nasal debía controlarse, contar hasta diez e imaginar escenas espeluznantes para calmar la calentura, algo así como… Aaah si, como recordar a su profesora de matemáticas en grado cuarto, era tan pero tan gorda que casi no cabía al entrar por la puerta del salón para dar clases, pero no era solo el peso sino… esa asquerosa verruga con pelos y supuración ubicada en la parte superior de su labio, que se movía de arriba abajo cada que hablaba y era imposible no verla… IUUGH, asqueroso, definitivamente lo más repugnante que pudo recordar en esos momentos para apagar la llama y vaya que si tuvo efecto, al menos por el momento.
- No, ¿Qué haces tú aquí? – Decía el joven saliendo por fin de su trance.
- Esto no puede estarme pasando… ¿Qué acaso me está persiguiendo o cuál es su problema?
- ¿Persiguiendo? No te creas tan importante.
- Wow, wow, tiempo, tiempo… - Les decía ahora el entrenador sobre el ring. – Ustedes dos… ¿Ya se conocían?
- Desafortunadamente.- Contestó la peli verde.
- Ohh bueno, creo que entonces ya sé quién es "LA" causante de tu mal humor Grimmjow, jajajaja que interesante…
- ¿Qué insinúas? – Le miró rayado el peli azul.
- Que eso hará más interesante el combate, ambos desquitándose el uno con el otro, va a ser divertido.- Le contestó mientras sonreía plácidamente, como si disfrutara del escenario que estaba por armarse en ese lugar.- Bueno, pueden empezar cuando quieran.- Se dio media vuelta para bajarse de la plataforma.
- ¿Qué? ¡Kensei! – Ignoraba las palabras del hombre. – Yo no voy a pelear con ella, ni de loco, dame a alguien que sea digno de mi…- Estaba evidentemente ofuscado por toda esta situación, lamentablemente todo el estrés que había liberado hace un rato pudo volverlo a recuperar en unos cuantos segundos, de hecho creía haber acumulado más estrés del que tenía cuando llegó. Pudo haberse estado quejando por varios minutos más como cual niño caprichoso que no le dan el juguete que quiere sobre el ring, pudo haberlo hecho de no ser por un fuerte golpe que recibió en el estómago sin darse cuenta, sin haberlo visto venir, se encogió un poco hacia abajo por el dolor y el aire que expulsó involuntariamente.
- ¿Acaso cree que soy débil, señor? – Le decía la chica de cabellos verdes frente a él, con los puños listos a la altura de su rostro, un pie delante del otro y dando pequeños brincos, como retándolo.
- Ah… con que esas tenemos…- Pronunció recuperando un poco el aliento, vaya que había sido un golpe duro, no tan duro como los que daba un hombre fuerte pero si lo suficiente como para haberlo hecho doblarse. – Bien señorita Neliel, no se vaya a quejar después… - Dio unos pasos al frente también y se puso en posición, con los puños listos, fingía estar molesto pero por dentro se sentía emocionado, fue una total y agradable sorpresa encontrársela ahí en ese lugar, al menos ya no tendría que esperar entre quince y catorce horas para volver a verla en el trabajo, fue como un regalo del mismo cielo y ahora se iban a dar en la madre, o al menos eso era lo que ella quería…
- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? ¿O solo te gusta golpear cuando estoy distraído? – Trataba de provocarla.
- No se confíe señor Jeaggerjaques y ¿Podría dejar de tutearme? Es incómodo viniendo de usted.
- Ya no estamos en el trabajo.
- No me importa donde estemos, no lo haga, me molesta. - ¿Y creía que iba a obedecerla? Niña tonta, parece que aún no le quedaba claro quién manda ahí…
- Ja, yo te hablo como se me venga en gana… - Que tipo tan… USH, es que debía quitarle esa sonrisa tonta de su rostro de alguna manera ¿Qué tal con un puño en medio de la cara? Sería perfecto. La chica lanzó un golpe rápido pero este lo pudo esquivar fácilmente con un movimiento hacia atrás, vaya que tenía buenos reflejos. – Eso estuvo cerca, pero yo soy más rápido.- Le sonrió socarronamente. Ese estúpido la estaba sacando de sus casillas. Lanzó otro puño con la mano contraria pero también lo esquivó, él solo se estaba defendiendo, no tenía aparentes intensiones de golpearla.
- ¿Por qué huye señor? ¿Acaso le teme a mis golpes?
- No quisiera dañarte ese lindo rostro. – Esperen… ¿Lindo rostro? ¿Le acababa de decir que tenía un lindo rostro? ¿Le estaba dando un cumplido? Escogió el peor momento para eso. Ahora no sabía si sonrojarse o enojarse…
- Es usted un… - Funcionó, la había sacado de quicio, ahora lanzaba un puño tras otro, seguido, con la esperanza de que alguno de ellos lograra darle en una mejilla y borrarle esa expresión tonta y seductora que tenía en su cara. Le fastidiaba el hecho de que provocara tantas emociones en ella, como de desprecio revuelto con cariño. Si tenía la oportunidad de desquitarse con él lo haría sin flaquear. Logró darle un par de golpes pero este se alcanzó a proteger con los antebrazos, cubriéndose el rostro.
- Nada mal, nada mal… - Se reía. - ¿Pero qué harías si yo… - De un solo movimiento, audaz y veloz, logró esquivar otro par de golpes agachando el torso y posicionándose en un solo giro tras ella, agarrándola de gancho por ambos brazos para dejarla inmóvil, el idiota era hábil…
- ¿QUÉ CREE QUE ESTÁ HACIENDO?
- Tratando de que te quedes quieta.
- ¡Suélteme!
- ¡Hey Grimmjow! Recuerda que esto es box…
- No se preocupe entrenador…- Le interrumpió la peli verde.- Yo puedo encargarme de esto… - Al igual de rápida que el peli azul, sin que este se diera cuenta, logró pasar su pie izquierdo por detrás de la pierna izquierda del hombre y tirando con todas sus fuerzas hacia adelante para desequilibrarlo y hacerlo caer, cosa que funcionó bastante bien. Esas prácticas de defensa personal estaban dando sus frutos. Entonces podemos ver que la peli verde cayó de espaldas sobre el hombre ya que él la tenía sujeta y se la llevó consigo al suelo, pero por lo menos había logrado soltarse de su agarre. Dio un giro para quedar frente a él y… Agh… ¿cómo decir esto? Pues digamos que el hombre tenía una bellísima vista desde abajo, estaban casi que haciendo la pose sexual del misionero, solo que con ropa y que ella estaba sentada sobre su barriga no sobre su verga. Pero Dios, era magnífico, tanto que había esperado por un momento como este, de haber sabido mucho antes que todo esto podía ocurrir habría visitado el gimnasio varias semanas atrás.
¿Recuerdan a panterita? Pues sí, nuevamente se volvió a despertar, solo rogaba para que ella no se fuese a dar cuenta porque sabía que podía ser capaz de arrancársela.
Ella ahora en esa posición tenía total libertad de lanzarle puño tras otro, pero para su mala suerte el hombre se cubría con los antebrazos, no parecía querer luchar sino solo defenderse.
Pero Jesús… Tenía que quitársela ya de encima antes de que sus instintos animales le obligaran a hacer cosas poco decentes con ella porque sus ojos estaban fijos y totalmente concentrados en ver como sus senos rebotaban de un lado a otro con cada movimiento, es que de no ser por los guantes que tenía puestos se los agarraría como cual niño al que le dan su primer globo de cumpleaños, ¿es que acaso esa mujer cree que él es de palo y no siente nada? También podía apreciar el leve roce de sus redondas nalgas sobre su torso haciéndole imaginar mil y un cosas más propias de una película porno que a un gimnasio de box. ¿Qué nombre le pondría a esa película? "Amor en el cuadrilátero" sonaba bien, aunque la palabra "amor" no le gustara tanto, o más bien… "Misionero sobre el cuadrilátero" o quizás "El ring del sexo", si cualquiera, la que fuese, con tal de tener su impaciente verga dentro de ella poco le importaba el nombre que tendría su película.
Pero ya, basta de fantasear, antes de que algo indebido pudiese suceder el "inocente" hombre logró darse la vuelta para ahora quedar sobre ella, bueno, la verdad era que seguían haciendo poses sugestivas que elevaban mucho la imaginación del peli azul, genial, el mismo resultado que el anterior.
Ella quedó boca arriba mientras que su contrincante encima de ella le sujetaba los brazos con los suyos hacia los lados, dejándola inmóvil ante cualquier forma de defenderse. Mientras él se posicionaba sobre su torso cuidando de que panterita no tuviera contacto con ella (aunque se muriera de ganas por hacerlo) y por supuesto con el tórax levantado evitando de igual forma hacer contacto con sus lindos y redondos pechos, claro a menos que quisiera terminar sin bolas debía obligarse a sí mismo a conservar la distancia entre sus cuerpos.
- ¿Ahora cómo piensas defenderte, eh? – Nuevamente su sonrisa sínica de siempre.
- Suélteme…
- ¿No que muy experta en defensa personal? Podría hacer muchas cosas divertidas desde aquí arriba. – La chica logró ruborizarse.
- ¡Le digo que se me quite de encima! – Forcejeaba el agarre moviéndose de un lado a otro sin éxito alguno. Esta situación se estaba saliendo de control, verlo sobre ella… también hacía que su imaginación volara, o sea, el peli azul no era el único pervertido ahí, la chica de vez en cuando también tenía sus momentos fantasiosos, no tan burdos como los del hombre pero pervertidos al fin y al cabo.
- Bueno, creo que ya sabemos quien es el ganador del primer round. – Interfirió Kensei al ver que la peli verde estaba atrapada y su contrincante no mostraba intenciones de soltarla.
- Agh, vamos hombre, ¿que siempre tienes que interrumpir las peleas en el mejor momento? – Le respondió molesto soltando el agarre que tenía sobre la chica, ella aprovechó obviamente para tirarlo a un lado.
- Si, porque el round terminó, pero pueden alistarse para el siguiente…
- No va a haber un "siguiente" round. – Le contradijo ella poniéndose de pies y caminando hacia uno de los costados del cuadrilátero.
- ¿Qué? ¿Por qué no? Si la pelea apenas comienza.
- Porque no quiero y ya tengo que irme a mi casa. – Dijo segura de sus palabras saltando fuera del ring, sin detener su paso hacia los vestidores y dejando en alguna parte del suelo los guantes de box, estaba evidentemente enojada, ¿con quién? Con todos, hasta con ella misma, y no porque el peli azul le haya ganado sino porque le frustraba sentir todo lo que estaba sintiendo por él, la estúpida necesidad de tenerlo cerca, de charlar con él, de molestarse mutuamente por cualquier cosa, es que no quería seguir sintiendo eso, quería alejarse de él y de ese sentimiento, dejar todo atrás, dejarlo a él atrás…
- ¿Qué pasa Neliel? ¿Tan pronto te rendiste? – Le gritó el peli azul en un intento fallido por llamar su atención y provocarla para que volviera a la lucha pero no surgió efecto, ella lo ignoró y siguió con su camino cerrando la puerta tras ella. Definitivamente nunca iba a entender a las mujeres. Estaba entre enojada y emocionada por la pelea y de un momento a otro pasó de eso a estar seria, fría y distante nuevamente, como en la mañana. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que comportarse así con él? ¿Por qué quería confundirlo? ¿Por qué sentía la idiota necesidad nuevamente de correr tras ella y preguntarle si estaba bien, si necesitaba de algo, de un abrazo, de lo que fuera…? Es la primera mujer con la que le ocurría esto, que lo hacía sentir preocupado, inquieto, como si quisiera protegerla de todo lo que pudiese hacerle daño. Estaba… estaba empezando a sentir cosas por ella, mucho más allá del deseo, no, de hecho ya las sentía hace rato pero hasta ahora estaba empezando a considerar si admitirlas o no…
- ¿Qué le hiciste idiota? – Le reclamó Tatsuki mientras le lanzaba una toalla a la cara.
- ¡Nada! A mí no me eches la culpa yo no sé cuál es el problema con ustedes las mujeres. – Le respondió mientras salía del ring de pelea.
- ¡Ve y le pides disculpas!
- ¿QUÉ?
- Ya me oíste, ella no llegó nada bien aquí y tu vienes a empeorar las cosas.
- Oye no soy un maldito niño para que me anden diciendo lo que debo y no debo hacer.
- Ya verás Jeaggerjaques, haré que te disculpes con ella así tenga que llevarte de una oreja.
- ¿Ah sí? Me gustaría verte intentarlo. – Otra pelea iba a armarse nuevamente y fuera del cuadrilátero, el temperamento de ambos era igual de fuerte así que si tratas de acercar los polos iguales de dos imanes el resultado es explosivo, básicamente salen a volar en direcciones opuestas.
- Bueno, bueno, ya, se calman los dos… - Interfirió el entrenador. – Este no es un lugar de pelea callejera ni mucho menos, los problemas los arreglan afuera pero este establecimiento se respeta.
- Si señor… - Respondió de mala gana la peli negra.
- Tsk, como sea, me largo de aquí. Nos veremos en otra ocasión Kensei.
- Oh, vamos viejo ¿No te quedas a tomarte unas cervezas y pasar un agradable rato?
- No, ya no tengo ganas.
- Okay… Entonces en otra ocasión será… - Sabía que insistir con él cuando estaba decidido era un intento en vano. – Podríamos ir en otra ocasión Mashiro y yo, y tú vienes con Neliel ¿qué te parece? – Una propuesta tentadora, claro de no ser porque la peli verde no lo quería ver ni en pintura.
- Si, si, como quieras… - Hizo un ademán con su mano derecha para luego retirarse e irse a los vestidores de hombre. Lamentablemente para él la "terapia" de box no había funcionado para ni medio coño, ahora estaba más frustrado que cuando había llegado, odiaba profundamente que las cosas no le salieran bien, como él quería, como siempre en toda su ordenada y disciplinada vida había sido, y todo por culpa de una mujer.
Y como quien dice, cada uno pa' su casa. La peli verde por su parte se cambió de prendas lo más rápido que pudo para evitar encontrase con ese hombre otra vez, luego se daría una buena ducha en casa de Rangiku, por ahora solo quería perderse de ahí.
Anduvo en taxi por diez o quince minutos mas o menos, mirando el paisaje urbano pasar por la ventana de su puerta con el semblante serio y a la vez triste, considerando muy bien lo que iba a hacer, lo que tenía planeado hacer al día siguiente, todo la tenía muy confundida, toda esta situación le daba vueltas y vueltas en su cabeza, pero a diferencia de aquel rebelde hombre ella por lo menos estaba empezando a aceptar a sí misma lo que sentía, lo que ese idiota revolvía en ella, las mil y un mariposas que revoloteaban en sus tripas cada que le hablaba, que la miraba, que la tocaba… Pero lo triste era saber que él no sentía lo mismo, que solo la estaba tomando de juguete como a sus tantas otras amantes del pasado.
Si, estaba decidida de lo que iba a hacer, pero primero quería comentárselo a sus amigas de mayor confianza, a Rangiku y a Rukia.
- Hola chicas. – Dijo entrando a la casa mientras cerraba el cerrojo de la puerta con la llave.
- Hola amiga, que rápido llegaste hoy.
- Si Ran, el entrenamiento estuvo suave, y me sentía un poco cansada así que decidí salir más temprano de lo normal.
- Oye Nell…- Le hablaba ahora su amiga la morena.- ¿Te pasa algo? Te he notado como triste en estos días…
- Si Rukia, ya le comenté a Rangiku un poco hoy durante el trabajo, y claro que te voy a contar a ti también.
- ¿De qué se trata amiga? – Dijo preocupándose más de lo que ya estaba.
- Es… Es sobre Grimmjow, mi jefe…
Con una taza de té para cada una y galletas dulces ambas escucharon atentamente lo que la peli verde les decía, mencionó todos los detalles, de principio a fin, desde lo ocurrido en el viaje, luego en la feria seguido del beso, y lo que pasó esa misma mañana en el ascensor, pero sin mencionar su sorpresivo encuentro con él en el gimnasio. Aunque la rubia ya estaba enterada de la historia se permitió oírla de nuevo para que la peli negra quedara al tanto con las noticias, y al igual que ella en una primera ocasión quedó sorprendida por todos los eventos sucedidos entre ellos, digo, es que el condenado era guapo pero tampoco permitiría que pasaran por encima de su amiga, fuese quien fuese.
- Eso… eso está muy loco amiga… Créeme que si no fuera porque me dices que sientes algo por ese patán ahora mismo iría con Rangiku a ponerlo en su lugar.
- Gracias Rukia…
- Estoy de acuerdo, deberíamos denunciarlo por romper las reglas de su propia empresa. – Sugirió la rubia.
- ¿Qué piensas hacer entonces amiga? – Le decía la pequeña enfermera.
- Lo he estado pensando mucho, y por más vueltas y vueltas que le doy creo que es la única solución a todo esto…
- ¿Qué sería?
- Rukia… Ran… Voy a renunciar.
Supongo que todos habrán visto en algún momento de sus vidas una película de zombies ¿cierto? Esas en las que aparecen estos muertos vivientes demacrados con la poca piel que les queda más verde que rosada, con un andar lento, jorobados y sin ganas de hacer nada… Pues bueno, ahora veamos a nuestro peli azul en condiciones similares caminando (o por poco arrastrándose) hasta el baño para darse una ducha, ojeroso de no haber podido pegar el ojo en toda la noche, adolorido de la espalda por haber estado sentado frente a su computador en su escritorio haciendo documentos y revisando trabajo pendiente, de alguna forma tenía que distraer la mente para no pensar en ella.
Exacto, parecía más un muerto viviente que un ser humano lleno de júbilo y felicidad como lo debía ser alguien de su edad. Se quitó las prendas que traía puestas las cuales eran simplemente su camisa blanca de botones, la corbata desamarrada, el pantalón arrugado y las medias, ni siquiera se había cambiado su ropa del día anterior.
Entró a la ducha y con desgana soltó la llave de la regadera en la temperatura más fría que este le permitía para ver si así salía del trance zombie-humano en el que estaba, el chorro helado comenzó a caer por sobre su nuca resbalando cuesta abajo por toda su amplia espalda, así hasta llegar a sus pies y terminar en el alcantarillado, estaba acostumbrado a eso pues desde que tenía memoria lo habían educado a emplear siempre el agua fría para bañarse, le ayudaba a despertarse, a quitarse la pereza de encima y olvidarse de los problemas por unos cortos instantes. Y esa vez no fue la excepción, por supuesto que le había funcionado al menos para recobrar las fuerzas que no pudo con el sueño. Pero ni eso hacía que de sus pensamientos saliera el recuerdo de esa mujer, okay, lo admitía, estaba enfermizamente obsesionado con ella, no quería ver ni tocar y sí que menos besar a ninguna otra que no fuera su secretaria, lo tenía atrapado, el sabor de sus labios, el olor de su cabello, el tacto suave de su piel, todo lo tenía perfectamente mapeado en su mente, como un cartógrafo, y sentía que cada vez necesitaba más y más de ella, pero debía actuar rápido antes de que algún imbécil se le adelantara, aunque pensándolo bien… dado el caso en que eso llegara a suceder sería bastante fácil contratar a alguien que pudiera deshacerse de esa persona, con todo el dinero y poder que tenía era pan comido, pero no sin antes romperle personalmente la cara a quien se atreviera a acercársele.
Salió de la ducha, buscó entre el armario y cajones sus prendas para vestirse e ir al trabajo, al menos la única motivación que tenía era volver a verla otra vez, como fuese, así se presentara enojada, distante, seria, cortante… con el semblante que se le diera la gana, solo quería verla, tal vez así se le calmaría un poco esa terrible ansiedad, tan adictiva como la droga, y por supuesto que sabía el efecto de esas patillitas porque las había probado unas cuantas veces y admitía que le gustaba volar de vez en cuando, ese era su antiguo escape de la realidad, antes de que Neliel se convirtiera en su nueva droga, en su nueva obsesión.
El reloj marcaba las ocho en punto de la mañana, hora en la que se supone ya todos y cada uno de los empleados debían estar en sus respectivos puestos cumpliendo con las labores. Como era de costumbre el peli azul recordó recoger a su amigo, llegaron juntos al edificio y este pudo notar la seriedad en el semblante de su compañero, para ser honestos no se veía nada bien, estaba un poco ojeroso, a veces la mano con la que hacía los cambios en el coche le temblaba por efecto de la cafeína, no hacía comentarios sarcásticos ni intentaba pelear con él cuando comentaba cosas que sabía lo sacaban de onda.
¿Qué le pasaba? No parecía ser el mismo Grimmjow de siempre. Pero por discreción no le preguntó nada, seguramente en algún momento lo llamaría para desahogarse con él, para contarle todo lo que le atormentaba en su interior, como lo había hecho ya en veces anteriores.
Subieron hasta el último piso donde se encontraban sus oficinas, entraron en la sala principal donde debían estar las secretarias pero como era casi costumbre la rubia y su amiga no habían llegado aún, solo estaba la morena instalándose apenas en su escritorio. Tendría que esperar entonces para verla.
- Vega, necesito que vayas a recepción y recojas unos documentos que no deben tardar en llegar.
- Sí señor. – Hizo un gesto divertido con la mano y su típica sonrisa tonta en el rostro, pero curiosamente el peli azul no reaccionó con fastidio ante eso, de hecho ni siquiera hizo nada, siguió con su semblante serio hasta su oficina sin decir nada más, ni su típico "tché" logró escucharse, algo debía estar andando muy mal para que se comportara de esa manera. Pero mientras eran peras o eran manzanas, el joven asistente obedeció acatando la orden.
- Nell, si quieres yo le llevo tu carta de renuncia al jefe.
- No Ran… creo que debo hacerlo yo misma.
- ¿Estás segura? ¿No quieres que te acompañe por lo menos?
- No amiga, estaré bien créeme, solo… dame unos minutos a solas, tengo que meditar bien lo que voy a decirle.
- De acueeeerdo. Te dejaré sola, pero el que duda pocas ganas tiene de irse…
- Yaaa Ran, lo haré, solo necesito un momento.
- Okay, okay, te esperaré arriba entonces. No te tardes mucho.
La peli verde había llegado finalmente, estaba ahí, parada en medio del amplio espacio que conformaba el primer piso, donde entraba y salía gente, meditando por unos instantes más las palabras que le diría a ese hombre cuando lo tuviese en frente, de no ir a dudar si intentaba pedirle que se quedara, lo había hablado con sus amigas la noche anterior explicándoles que uno de los motivos menos importantes por los cuales quería irse era por la dichosa norma que prohibía las relaciones amorosas, claro que influía de cierta forma pero la verdadera razón, la que terminó por convencer a ambas mujeres de que esa decisión era la mejor fue por sus sentimientos, porque quería evitar a toda costa que esto que estaba sintiendo por su jefe creciera más y más con el paso del tiempo y el trato, estaba segura de que si llegaba a enamorarse de él sufriría mucho y sobre todo Rukia era la que mejor entendía la situación pues conocía más del pasado de Nell.
- Buenos días nuevamente Yuuki.
- ¿Cómo está señor Vega?
- Bien, gracias por preguntar. – Le sonrió. – Dime linda ¿habrá llegado un paquete con documentos para el jefe?
- No estoy segura… Déjame revisar. – Mientras la bella recepcionista daba la vuelta para buscar lo que el joven le pedía este se dedicó unos momentos para observar el panorama, todo estaba bien, todo menos cierta peli verde que se veía parada cerca de una columna casi a las puertas de la entrada, lo que no estaba bien en ella era la vestimenta, no era algo que se pusiera una secretaria para ir a trabajar. Tenía un lindo vestido rosa que colgaba en pliegues sobre sus rodillas desnudas, de escote redondo y tirantes gruesos, valetas en vez de tacones, y en sus manos sostenía lo que a esa distancia parecía ser un sobre, era una pinta casual, como para salir de campo, solo le faltaba el amplio sombrero de paja con el moño encima.
El chico se le acercó para indagar las razones.
- Señorita Neliel, buenos días.
- Eh… Ho-Hola Vega ¿Cómo estás? – Le respondió de un brinco pues estaba concentrada en lo suyo.
- Bien, gracias. Disculpa si te molesta que pregunte pero… ¿Qué haces vestida así? No creo que Grimmjow acepte eso como un traje que deba llevar su secretaria.
- Si, bueno, lo que pasa es que… - Se estaba poniendo nerviosa y eso pudo notarlo el muchacho al ver como la chica bajaba la mirada al sobre que tenía en manos y empezaba a jugar con él entre sus inquietos dedos. - ¿Podrías entregarle esto a mi jefe? – Le estiró la mano con el sobre.
- ¿Qué es?
- Es mi carta de renuncia.
- ¡¿QUÉ?! Espera un momento ¿Escuché bien? ¿Dijiste "RENUNCIA"?
- Así es, y es de carácter irrevocable.
- Pe-Pero…
- Me tengo que ir Vega.
- Pero ¿por qué? ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué tomas esta decisión?
- Es por asuntos personales, me es imposible seguir trabajando aquí. – Ahora había cambiado su rostro y su voz a un tono triste.
- Señorita Nell… Agh, demonios… No sé cómo lo tomará Grimmjow…
- Espero que bien. Ahí doy mis motivos y razones por las cuales no seguiré trabajando aquí.
- Sea lo que haya sido… Espero no haberla incomodado en algún momento señorita Nell.
- Claro que no Vega, si tú eres el que mejor me cae de todos los que trabajan acá, claro a excepción de Rangiku. – Le dijo con una sonrisa. – Con el señor Stark casi no me hablo al igual que con Mila Rose y Grimmjow… pues bueno ya sabemos cómo es él.
- Si… Lo entiendo, o al menos eso creo. – Dijo un poco sacado de onda.
- Creo que extrañaré varias cosas de este sitio.
- Pues si es tu última palabra no me queda más que desearle buena suerte señorita Nell.
- Aww, yo también te voy a extrañar Vega. – Se le acercó un poco más para darle un fuerte abrazo, que al pequeño chico casi le corta la respiración, pero igual supo devolvérselo, no con la misma intensidad pero sí con el mismo sentimiento.
- No veo quien vaya a poder reemplazarla señorita Nell, de verdad, no lo digo porque me caiga bien pero ha sido de las mejores empleadas que hemos tenido en esta empresa.
- Gracias Vega… Y no sigas así porque vas a hacerme chillar.
- Jajajaja, no, no, si el que va a chillar soy yo cuando le entregue este sobre a Grimmjow y me cuelgue de las pelotas por no haberla detenido.
- Jejejeje, entonces mejor me voy antes de que me detengan señor Vega.
- Si… Fue un placer señorita Neliel. – Hizo una venia con la mano para despedirse de ella y sin querer decirse más dio media vuelta hacia la recepción, recogiendo los documentos que le pidió a la mujer y caminó rumbo hacia el ascensor.
La peli verde se detuvo por un momento mientras veía al muchacho desaparecer tras las puertas del elevador, lo mejor era que el asistente mismo le entregara esa carta, conociendo a Grimmjow y su temperamento a lo mejor era tan capaz de amordazarla a una silla con cuerdas y cadenas antes de dejarla ir, entonces para evitar una pelea segura esa era la decisión correcta, no quería que su último recuerdo de él hubiese sido en medio de gritos e insultos.
La chica quiso darle un último vistazo a todo antes de irse, fue bueno mientras duró pero estaba decidida y nada le haría cambiar de opinión. Iba a extrañar esa elegante fuente de formas geométricas cerca a la entrada que tanto le llamaba la atención y que de alguna forma se vio tentada en ciertas ocasiones a lanzar una moneda para pedir un deseo, extrañaría a la recepcionista que todos los días la saludaba con su cálida sonrisa, extrañaría las locuras de su amiga rubia, extrañaría todo hasta al señor del aseo y las locas que la metieron en problemas alguna vez, pero por sobre cualquier otra cosa lo extrañaría a él, a su jefe, al idiota ese que lograba sacarla de quicio cuando quería pero también hacerla reír y pasarla bien cuando se lo proponía, a su expresión con el ceño fruncido fingiendo estar molesto por algo sin motivo alguno, a su sonrisa burlona, a todo… A todo aspecto de él lo iba a extrañar.
Adiós, adiós a todos y todas, adiós para siempre.
- ¿Qué puedo hacer…? ¿Qué puedo hacer…? – Ese era el peli azul cuestionándose acerca de los orígenes del universo sentado sobre su silla mirando hacia el infinito cielo, ah y claro, cuestionándose también acerca de qué haría con el asunto de su secretaria. ¿Qué otra cosa más podría hacer para convencerla? Había estado buscando en internet "formas de conquistar a una mujer", si, aunque parezca ridículo eso escribió en el buscador de Google, quizás le vendría bien un libro para Dummies, pero volviendo al buscador de Internet lo que había encontrado eran puras sugerencias de usuarios en distintos foros, cosas como "invítala a una cena romántica", "cómprale un peluche gigante", "regálale una joya", "llévale flores", pero o sea, él es Grimmjow Jeaggerjaques, él no se pone en esas tonterías cursis de telenovelas, no era su estilo, no era propio de su forma de ser, pero bueno ¿entonces qué es lo que quieres hacer chico de ojos celestes? Te dan mil y un sugerencias pero ninguna te gusta. Tenía dos opciones, hacer alguna de las cosas que le sugerían o internarse en un manicomio antes de que su locura alcanzara niveles insospechados.
¡Ya sé! Quizás en la hoja de vida de su secretaria podía encontrar información que le sirviera de algo, ¿cómo no se le había ocurrido antes? Entre sus cajones del escritorio buscó la carpeta perteneciente a ella. Esa no, esa tampoco, no, no no… Por fin, ¡eureka! Dio con los dichosos papeles. Ahora veamos qué dice de interesante… Nombre, edad, estudios, fecha de nacimiento… Bueno, los cumpleaños de ella podrían ser una buena opción de no ser porque cumplía hasta abril y apenas estaban empezando febrero, necesitaba algo que pudiera usar a la voz de ya…
¡Toc! ¡Toc! Sonó la puerta.
- Siga.- Dijo con desgana dejando la carpeta de la hoja de vida cerrada sobre su escritorio.
- Acá traigo los documentos que me pediste.
- Gracias. ¿Algo más? – Le cuestionó viendo que se quedó ahí, parado frente a su escritorio sin aparentes intenciones de dar la vuelta.
- Si… Este… - El nervioso peli negro tragó saliva con fuerza, tanta que fue audible para su jefe.
- Ya Vega, suéltalo… - Le ordenó mientras revisaba el contenido de dicho sobre.
- Lo que pasa es que… llegó… llegó este sobre para ti. – Alzó la mirada desinteresadamente.
- Déjalo por ahí, después lo leo.
- Emmm…
- ¿Y ahora qué?
- Grimmjow, es que… Creo que es mejor que leas este sobre… ahora.
- Tsk, ¿es muy urgente acaso? ¿Alguien se está muriendo o qué?
- Lo que pasa es que… Es que quien te envía este sobre es… Es la señorita Neliel… - Si Grimmjow fuera un gato tengan por seguro que en esos momentos sus caídas orejas se hubiesen levantado de golpe como cuales antenas al recibir una señal de radio y a sus ojos se les hubiesen dilatado las pupilas con solo escuchar ese nombre. Pero no, como es un ser humano lo que hizo fue mirar al chico con una expresión de sorpresa y el ceño fruncido junto con una mueca indescifrable en sus labios, algo no estaba encajando ahí.
- Dámela. – Ordenó con la mano extendida que al sentir el roce del papel sobre sus dedos casi se la arranca de las manos de la rapidez con que la cogió. Abrió el sobre tan pronto como sus temblorosos dedos se lo permitieron, sacó el contenido y empezó a leer. - ¿Qué coño es esto Vega?
- Es… una carta de renuncia… - Renuncia… ¿Renuncia? ¡¿Renuncia?! ¿Acaso había escuchado bien? ¿O el exceso de cafeína en su sangre le estaba haciendo escuchar cosas? La palabra "renuncia" y "Neliel" no podían juntarse en una misma oración, no en su oficina, no en su empresa, no en esta jodida vida.
- ¡¿CÓMO MIERDA QUE UNA CARTA DE RENUNCIA?! – Con la mano derecha que era la que sostenía aquel documento hizo un puño de la ira arrugándola, acto seguido se puso de pies y con el mismo puño dio un golpe seco sobre la madera del escritorio, tan fuerte que algo se escuchó quebrarse, no sabía si la madera o los nudillos del hombre.
- Si… bueno… es que…
- ¿DÓNDE ESTÁ?
- ¿Qué?
- Neliel ¿Dónde está? ¿Dónde te dio esta carta?
- Eeee… en la recepción… cuando bajé ahí me la encontré…
- ¿Y NO HICISTE NADA PARA DETENERLA?
- Me pidió que te la entregara… eso es todo…
- ¡Maldita sea! ¡Aquí nadie sirve para un carajo! – Antes de que el asustado joven pudiese decir algo en su defensa el peli azul salió corriendo de su oficina dejando al asistente con la palabra en la punta de la lengua. Nunca antes lo había visto en ese estado, jamás en todos los años de conocerse lo había visto reaccionar de ese modo, parecía que echaba fuego por la mirada, estaba seguro que iba a salir con un ojo morado y la nariz sangrando pero gracias a su ángel de la guarda eso no sucedió. No por ahora…
Parecía que estaba corriendo una maratón, el hombre de cabellos azules salió disparado como bala hacia las escaleras de emergencia porque no tenía tiempo de ponerse a esperar el ascensor, maldita sea, a ese paso, bajando 78 pisos a pie no llegaría a tiempo para detenerla, siguió y siguió bajando, dando brincos mientras se sostenía de las barandas para apresurar el paso hasta que en uno de los pisos, el 60 para ser exactos pudo escuchar el timbre de un ascensor abriendo sus puertas, esa era su oportunidad, mandaría a la verga a cualquiera que se interpusiera en su camino, así fuese el emperador de China o el que trapeaba los pisos, eso era lo de menos es esos momentos. Abrió la puerta de emergencia y efectivamente de uno de los ascensores estaba entrando y saliendo gente, él también entró junto con un pequeño grupo de personas y se percató que se dirigían a los pisos de arriba, oh no, ni por la madre dejaría que lo devolviera de donde venía.
- Fuera todos. – Dijo a los presentes mientras sostenía el botón que mantenía las puertas abiertas, las personas allí lo miraron con extrañeza. - ¡Que salgan ahora! Necesito llegar al primer piso lo más pronto posible. – Inmediatamente todos acataron la orden del dueño de la empresa, nadie iba a quedarse cuestionándolo ni mucho menos a enfrentarlo, salieron y las puertas se cerraron. Afortunadamente el ascensor tenía la opción de cancelar los pisos marcados volviendo a oprimir los números así que los oprimió todos dejando el número 1 con la luz encendida.
El miserable aparato ese no se movía rápido, parecía que con cada piso que bajaba el marcador se hacía más y más lento, era el trayecto más desesperante de su vida, pero mientras se dignaba a llegar el hombre tomó entre sus manos la carta arrugada, la estiró y volvió a leer esas palabras escritas por la mujer que se la había enviado…
"Señor Jeaggerjaques
La presente es para informarle que he tomado la decisión de renunciar a mi puesto de secretaria en su empresa por motivos que estoy segura usted conoce mejor que nadie.
No puedo permitirme estar más laborando para usted viendo que mi condición y la suya no permite que cumplamos con las normas del establecimiento. Esto es de carácter irrevocable y espero lo pueda entender.
Cordialmente
Nelliel Tu Oderschvank"
Sintió una punzada en el pecho… no, una punzada no, más bien como si una lanza romana lo hubiese atravesado de lado a lado, dejándole un agujero que no sangraba, maldición, maldición, esto se le había salido de las manos, podría perder la razón en cualquier momento si no llegaba a verla, si no la alcanzaba para detenerla y decirle que no se fuera, que no se apartara de su lado, que haría lo que quisiera pero que no lo dejara… Estaba a pocos pasos de perder la cordura, pero si ella se iba y nunca más la volvía a ver poco le importaba si su razón tomaba un viaje a la luna sin retorno, sin ella no imaginaba un futuro de paz, sin ella no podía imaginarse nada, sería mejor que lo encerraran en un cuarto de almohadas blancas con camisa de fuerza antes de que pudiera matar a alguien de la desesperación. Comenzó a caminar de un lado a otro impaciente, se pasaba la mano por el cabello, susurraba maldiciones de tanto en tanto, sus manos temblaban descontroladamente como si de un abuelito con párkinson se tratara, quería salir ya de ese encierro antes que pudiera sufrir de un colapso cerebral o pulmonar por la agitada respiración que tenía.
Pasados unos tres o cuatro minutos el elevador por fin llegó al primer piso, los putos minutos más largos de toda su jodida existencia.
Salió corriendo sin esperar siquiera a que las puertas terminaran de abrirse por completo, empujó instintivamente a unos cuantos que iban atravesados en su camino sin decir nada, lo único que quería era salir y encontrarla a ella, salir ya y correr tras ella cual película de romance antes de que la protagonista se subiera al avión en el aeropuerto, cruzó las puertas de la entrada pero… no la vio, no pudo distinguirla entre la poca gente que pasaba por ahí pero una cabeza verde no debía ser difícil de encontrar… Sólo corrió unos cuantos pasos más hacia adelante para tener una mejor vista del panorama, miró hacia su derecha y nada, hacia su izquierda y tampoco, al frente y no, no estaba por ahí…
Mierda, mierda y mil veces mierda… Pero no se rendiría tan fácil, si tenía suerte podía alcanzarla justo sobre la avenida donde ella siempre cogía taxi para irse, sí, de seguro aún estaba por ahí. Corrió en su dirección, la derecha para ser específicos, corrió y corrió hasta llegar a la esquina donde se detuvo unos instantes para recobrar el aliento y divisar a las personas que caminaban por ahí, que por supuesto ahora eran más.
El panorama era más o menos así; el peli azul estaba en una esquina, frente a él pasaban automóviles en sentido de izquierda a derecha, era una de las avenidas de tres carriles, seguido de eso había un pequeño andén donde se ubicaban la fila de postes para alumbrar la transitada avenida en las noches, y lo siguiente era la otra avenida de tres carriles igualmente donde pasaban los carros en sentido contrario, o sea de derecha a izquierda.
Miraba con impaciencia a todos los que pasaban, señores con traje, señoras con vestido, ancianas, mujeres con niños, nada… no la veía por ningún lado, dirigió su vista hacia el otro andén que se ubicaba del otro extremo, aunque las personas se veían un poco borrosas igual las lograba diferenciar, ¿dónde… dónde podría estar? Hasta que por fin, sus pupilas casi brincan fuera de sus ojos al verla a ella, a la chica de cabellos verdes, largos y sueltos, portando un vestido rosa pálido que bailaba con el viento de los carros al pasar, la encontró, estaba haciendo movimientos con su mano para pedir un taxi, esperando a que alguno se detuviese para llevarla a su destino. La había encontrado y no la iba a dejar irse, no sin antes escuchar lo que le tenía que decir.
-¡Neliel! – Gritó desde donde estaba con todas sus fuerzas pero la chica no lo escuchó. - ¡Neeeeel! – Ahora usaba ambas manos a los costados de su boca intentando amplificar el sonido de las palabras pero seguía sin escucharlo.- Maldición… - Solo unas cuantas miserables calles lo separaban de ella, no la iba a dejar escaparse tan fácilmente, cruzaría la calle y saltaría por encima de los carros de ser necesario pues no había semáforo que los detuviera. Esperó a tener una oportunidad cuando existiera un espacio considerable entre un auto y otro del mismo carril, afortunadamente para él dejaron de pasar autos en los tres carriles al tiempo y aprovechó la ocasión corriendo hasta el andén del medio, el de los postes de luz.
- ¡Neeeeeeell! – Le volvió a gritar ahora a esa distancia más corta pero no lo escuchó gracias a un camión que pasó pitando como loco, estúpido conductor. Pero justo cuando la volvió a ver un taxi ya estaba estacionado frente a ella esperando a que subiera para llevársela. Maldita sea, tenía que hacer algo ya, llamar su atención de alguna manera… ¿pero cómo? - ¡Neeeell! ¡Espera! – Seguía gritándole pero ella no lo escuchaba, ahora tenía la mano en la palanca de la puerta para abrirla. - ¡Neeeeell! – Justo en ese momento vio la oportunidad para pasar ya que la siguiente ronda de carros se veía lo suficientemente lejos para avanzar sin problema. Pasó el primer carril y volvió a gritar.- ¡Neliel!- Finalmente, la chica de cabellos verdes pudo oír que alguien la llamaba antes de entrar al carro y levantar la vista para ver de quien se trataba, y era él, su jefe, la había alcanzado cuando ella estuvo tratando de evitarlo a toda costa.
La siguiente escena sucedió como en cámara lenta, el peli azul veía a la mujer moverse muy despacio, tanto que pudo apreciar cada expresión de su rostro, el cabello movérsele con el viento, verla pasar de hacer una cara de extrañeza y sorpresa a… A que los ojos se le abrieran como platos y se le llenaran de terror, mientras sus manos le cubrían la boca tratando de ocultar… de ocultar… ¿de ocultar qué? Quisiera haberlo podido saber antes de que todo a su alrededor se pusiera en negro, antes de que todo y todos desaparecieran instantáneamente, antes de que dejara de oír los ruidos de la calle para entrar en un silencio total, en una paz, en una calma inmediata.
-¡AAAAAAAAAAAAHHH! – Sonó el grito terrorífico de otra mujer que había contemplado toda la escena, las personas cercanas también vieron lo que sucedió, todos se reunían en ese lugar de la calle, en esa parte donde una camioneta había frenado en seco lo más rápido que pudo, pero ni aun así evitó que una tragedia sucediera, el conductor no alcanzó a evitar atropellar a aquel hombre que yacía inconsciente sobre la carretera, el hombre de cabellos celestes.
En el hospital central de Tokio el trabajo no andaba tan alborotado como en fines de semana, solo uno que otro caso en particular donde se requería de atención médica leve, dolores de estómago, lesiones no tan graves, fiebres controlables, nada fuera de la normalidad.
A esas horas de la mañana no había mucho que hacer así que aquí podemos ver a la chica de coletas fucsia junto con su compañera peli negra desinfectando una caja de instrumentos quirúrgicos, porque cuando no había nada más que hacer limpiar la sangre proveniente de las tripas de los pacientes sobre los bisturís era el mejor pasatiempo, bizarro, pero pasatiempo al fin y al cabo.
El silencio en el que estaban sumergidas solo fue interrumpido por el tarareo de una canción proveniente de la voz de la más alta, con monosílabos como "lalalala…" o "nanarara" que inmediatamente su compañera supo distinguir.
-Ooooh, Riruka, ¿a ti también te gusta Chappy? – Le hizo una carita de amor infinito, con los ojos grandes y brillantes y la sonrisa más kawai que había visto jamás en una mujer, siendo más propia de la de una niña de no más de un año de edad.
- Eeeeeh, claro ¿cómo lo supiste?
- Por Dios, esa canción la reconocería en cualquier lugar, así estuviese interpretada por una orquesta filarmónica, unos tarareos o los eructos de un borracho ¡Siempre ha sido mi serie favorita!
- La mía también. Me vi la saga completa de los cinco castillos del país de los dulces deseos, y también el mundo de los unicornios.
- ¡Lo sé! Es hermoso, amo a los personajes, son como lo mejor de todas las series existentes, lo veía desde que tenía seis y aún me sigue gustando.
- No sé cómo hay gente que no le gusta ese bello conejito, es la cosita más tierna de todas.
- ¡SI! Por eso tengo un peluche edición limitada de Chappy.
- ¿Sólo uno? Jajajajaja eso es para principiantes, yo tengo toda la colección que salió el verano pasado, los tengo aún dentro de sus bolsas, organizados sobre las repisas de mi habitación.
- Ash, que afortunada… Me los compraría todos si pudiera, si tuviera el dinero suficiente…
- Si quieres un día de estos vamos a mi casa y te los enseño.
- ¿En serio? ¡Sería genial! – Ambas se sonrieron mutuamente como dos niñas de pre kínder que se mostraban su nueva caja de lápices de colores. Pero fueron interrumpidas por una voz masculina.
- Enfermeras, en vez de estar hablando de Hello Kitty deberían concentrarse en su labor.
- Si… SI SEÑOR KUROSAKI.- Contestó nerviosa y sonrojada la de coletas.
- No seas bobo, no es "Hello Kitty", es un conejo que se llama Chappy y es mucho mejor que esa gata sin boca ni expresión alguna.
- ¿Qué? ¿El conejo deforme? Naaaah, no puede ser que a todas les guste ese intento fallido de caricatura.
- Oiga, debería más bien respetar los gustos de los demás.
- Bu-Bueno si al doctor no le gusta pues sus razones tendrá…
- Ay, por favor Riruka, este bobo no va a decirnos lo que puede o no puede gustarnos, eso lo decidimos nosotras con total libertad.
- Vean capitán Karakuraizer, esa si es una serie de verdad.
- Naaah, esas series sosas donde solo salen a dar puño y patada no son lo mío…
- Pero si eso es lo que te la pasas haciendo enana, ¿O no es así? – Dijo seguido de una carcajada.
- No se arriesgue doctor, tengo elementos quirúrgicos bastante peligrosos y cortantes en mis manos, no queremos que una tragedia suceda.
- Huuuy sí, pero que miedo me da.
- Los accidentes ocurren. – Le miraba con malicia.
- Pero Riruka me protegerá, ¿no es así? – Dijo ubicándose tras ella, empleándola a manera de escudo.
- Eeeeeh… - Articulaba la de coletas.
- Oh vamos, no sea ridículo, Riruka está de mi lado, ambas amamos la misma caricatura ¿No es así?
- Este… pues… - ¿Qué elegir? ¿El amor al conejito ficticio más hermoso del mundo? ¿O el amor al doctor más sexy del mundo? Diablos, nunca pensó que podría encontrarse en un dilema como ese.
- Riruka me apoya a mí. – Continuó el naranjo.
- Que no, me apoya a mí.
- ¡A mí!
- ¡A Chappy!
- Que no.
- Que sí.
- A ver, ¿tú a quien eliges Riruka? – Le cuestionó finalmente la peli negra.
- La verdad es que… creo que…
- ¡CÓDIGO ROJO! ¡Repito tenemos un código rojo en la sala de urgencias! – Sonó por los alto parlantes la voz de la recepcionista encargada de recibir y clasificar el estado de los pacientes que ingresaban, inmediatamente las dos enfermeras y el médico dejaron lo que estaban haciendo para dirigirse a donde se encontraba el paciente en peligro. Corrieron hasta el ala principal donde los enfermeros de la ambulancia transportaban sobre la camilla a un hombre inconsciente.
La única que no se sorprendió al verlo fue la de cabellos fucsia, pero Ichigo y Rukia reaccionaron diferente al ver a aquel peli azul tendido sobre la camilla, inconsciente, respirando con la ayuda de una máscara de oxígeno, con una línea de sangre resbalando por su frente.
- ¡Doctor Kurosaki! Al paciente lo chocó un automóvil, tuvo un paro respiratorio pero pudimos controlarlo, debe tener fracturas en las costillas con posible hemorragia interna y también fractura del brazo derecho.
- ¡Llévenlo a la sala de operaciones inmediatamente!
- ¡Sí señor!
- Enfermeras…- Dijo dirigiéndose a las chicas que lo acompañaban. – Preparen los instrumentos quirúrgicos y las veo en la sala de operaciones lo más pronto posible.
- ¡Si señor! – Dijeron al unísono, e inmediatamente acataron la orden mientras el doctor se iba a alistar para operar.
- ¡RUKIA!
- ¿Nell? Amiga pero ¿qué haces aquí?
- Lo vi, lo vi todo, estuve presente cuando atropellaron a Grimmjow, fue, fue… - La chica respiraba tan agitadamente que se le dificultaba articular las palabras y que estas salieran con coherencia de su boca.
- Cálmate por favor... Le diré a una de las enfermeras que te de una pastilla para los nervios pero ahora tengo que ir a asistir la operación que le harán.
- Rukia… Por favor… por favor… no vayas a dejar que se muera… - Le decía con los ojos aguados y una profunda tristeza reflejada en ellos.
- Si Nell, tú mejor que nadie sabe que el doctor Kurosaki es bueno en lo que hace, te estaremos informando de cómo salen las cosas ¿de acuerdo?
- Si… - Acto seguido la pequeña enfermera fue en busca de los elementos que le encargaron llevar y desapareció del campo de visión de su amiga, la de verde. No había tiempo que perder tratándose de la vida de un paciente.
Las horas pasaban y pasaban, parecía una espera eterna, tediosa, larga y sofocante, todo a su alrededor se observaba en negro, como si las luces se hubiesen apagado, ninguno de sus cinco sentidos le eran útiles en ese sitio, no veía, ni oía, sí que menos sentía u olía algo, estaba flotando en la completa nada, divagando por quien sabe qué dimensión desconocida, todo parecía calma, todo parecía paz.
Unas campanas se hicieron sonar finalmente a lo lejos, eran tonadas amplias, fuertes y lentas, como las que utilizan las iglesias. Uno, dos, tres, cuatro… ocho… diez… Contaba las veces que sonaban, parecían no cambiar de ritmo ni de fuerza, una y otra vez, sonando a un ritmo constante sin propósito alguno, sin aparente intención de parar, solo seguían y seguían sonando infinitamente.
Ahora era la luz que poco a poco se hacía presente, pero no era una luz enceguecedora, era tenue y delicada que dejaba ver con claridad todo aquel entorno, se veía más o menos como cuando una imagen es proyectada por un haz de luz sobre una pantalla, como en el cine mostrando la película a los espectadores. Los colores eran tenues, habían formas borrosas que aparentaban ser personas o al menos eso podía interpretar de ellas, también se alcanzaba a divisar más o menos la estructura del sitio, parecían ser muros de roca gigantes acompañados de ventanales de colores por donde se colaba la luz del sol, las campanas seguían sonando de igual forma que al principio ¿Cuántos golpes de sonido iban ya? ¿Cómo unas treinta? Quizá más.
Aquellas siluetas con forma de personas no pronunciaban palabra alguna, todos estaban en completo silencio, en completa calma. Pero entre toda esa multitud de sombras se alcanzaba a distinguir una en particular, podía verse perfectamente bien, ese cuerpo pequeño en relación a los demás, se le alcanzaba a distinguir el cabello, el color de la piel, la ropa que vestía, los zapatos que calzaba, todo menos el rostro porque lo tenía agachado, como queriendo evitar ver algo. Por la forma del cuerpo podría decirse que se trataba de un infante, un pequeño niño que no tenía intenciones de ver algo más que el suelo bajo sus pies, ¿por qué? ¿Qué le estaba pasando? ¿Acaso… estaba triste?
A continuación también se pudo notar que otra sombra un poco más alta tomaba la mano de ese niño, lo agarraba quedando a su costado izquierdo. Poco a poco aquel espectro también iba adquiriendo una forma más definida, la mano de este ser se veía más grande aparentando ser la de un adulto, con la piel blanca y uñas en sus dedos, pero más allá de eso no se podía distinguir el resto del cuerpo, era como si el foco de luz solo permitiera iluminar una parte de ese personaje.
Cincuenta, cincuenta y uno, cincuenta y dos… Continuaba el ritmo de campaneos sin cesar, sin haberse detenido por un instante, sin haber acelerado o desacelerado los intervalos de sonido, seguía siendo lo único que se escuchaba en todo el lugar, en toda esa estructura gigantesca, parece que el tiempo no existía en esa película, porque nadie movía un solo músculo, nadie pronunciaba palabra alguna, todos en sepulcral silencio. Pero no fue sino hasta que a lo lejos se empezó a escuchar una voz, pronunciando palabras inentendibles, acompañadas de un eco similar al que se escucha cuando gritas dentro de un túnel, así se escuchaba esa tenue voz que aparentemente pertenecía a la de una mujer, pero nadie en ese sitio, ni siquiera el infante prestaba atención a lo que decía esa voz, a nadie le importaba, todos estaban estáticos en la misma posición.
Sesenta, sesenta y uno, sesenta y dos… Las campanadas no se detenían, seguían con el ritmo de siempre al cual sus oídos ya se habían acostumbrado pero… esperen… había algo diferente… Parecía ser que ahora los golpes sonaban cada vez más fuertes y estruendosos, como si alguien hubiese subido el volumen, progresivamente iba aumentándose la intensidad del ruido al igual que los llamados de la voz de esa mujer, ¿en qué dirección provenía aquella dulce voz? Y digo dulce porque no eran gritos sino palabras suaves y delicadas, palabras tan tiernas que si tuvieran manos te acariciarían la cabeza como lo haría una madre. Aquella tenue voz se fue escuchando cada vez con más claridad, articulaba palabras pero no se entendía lo que decía, era algo similar a como cuando te sumerges bajo el agua y escuchas a la gente hablar pero las palabras son distorsionadas, imposibles de entender. ¿Quién estaba hablando? ¿De dónde provenía aquella fémina voz?
Sorpresivamente otro ruido se hizo presente, otro ruido diferente a las campanadas y a la voz de la mujer, el ruido era claramente un llanto, pero no el llanto de un bebé, ni de una melancólica señora y mucho menos de algún hombre mayor, no, era un llanto ahogado, reprimido, quien fuese que lo estuviese haciendo se esforzaba por evitar que alguien lo escuchase, buscó rápidamente por los alrededores pero todos seguían como estatuas en sus mismas posiciones del inicio, nadie había movido un solo músculo. ¿De dónde provenían esos llantos? Podría ser que… que viniesen de aquel infante con la cabeza gacha, pero… este tampoco se movía, ni siquiera su pequeño pecho mostraba signo alguno de respiración agitada o exagerada… solo parecía estar triste.
"No llores"
Finalmente, finalmente aquella voz femenina se escuchaba con total claridad y se entendían a la perfección las palabras que salían de su boca. Pero seguía sin verse el rostro de aquella mujer, de hecho parecía provenir de la misma nada, porque lo que decía se escuchaba en todas partes como un eco.
"No llores mi pequeño"
¿Qué? ¿Pequeño? ¿A qué se refería con eso? ¿Acaso… acaso le hablaba al único infante allí presente? ¿Al que seguía inmóvil con la cabeza baja?
"Estoy aquí contigo…"
¿Estaba aquí? ¿Pero dónde? No se veía a nadie por ningún lado, no se sabía el origen de esa cálida voz, de esa voz tan bella, dulce, como la de una madre.
"Siempre estaré aquí… Grimmjow"
De un momento a otro una luz blanca y enceguecedora hizo presencia sobre todo el panorama, borrando todo a su paso, las sombras, las paredes, las campanadas, el niño, la voz de la mujer…
Con cierta dificultad trataba de abrir sus pesados párpados, todo era confuso, todo se veía blanco, todo se veía borroso, como en la mismísima nada de nuevo, la leve diferencia era que ahora sentía, tenía el sentido del tacto por lo que pudo percatarse que tenía una cabeza la cual podía mover de lado a lado para ver si lograba distinguir algo pero nada, todo era igual.
"Grimmjow"
Escuchó que alguien le llamaba… Oh, esperen… ¿ese era su nombre? Si, al parecer recordaba que tenía un nombre y aquella voz femenina lo llamaba… pero… no era la misma voz de antes, eso era evidente para sus oídos, ¿oídos? Muy bien, al parecer empezaba a recobrar sus sentidos poco a poco, cerró los ojos nuevamente pero volvió a la oscuridad y no, no quería estar en penumbras de nuevo, no quería volver a esa soledad perturbante. Con otro pequeño esfuerzo más volvió a abrir los ojos, esta vez lograba distinguir manchas entre todo ese espacio blanco, y al parecer de una de esas manchas era que provenía esa voz que se le hacía familiar, pero su retina no lograba enfocar a esa persona, no la podía distinguir…
- Grimmjow… - Aquella chica de cabellos verdes estaba sentada al lado de la camilla del hombre quien con dificultad trataba de abrir sus bellos ojos celestes, estaba volviendo en sí.- Hey, Grimmjow ¿Me escuchas?
- Mmm… - Apenas si logró emitir un leve quejido, y poco a poco las manchas borrosas fueron haciéndose más nítidas, más enfocadas, hasta que lo primero que vio por fin fue el rostro de esa mujer, y claro que la reconocía, por supuesto que sabía quién era, ese hermoso rostro de finas y delicadas facciones, con piel tersa como la porcelana de mejillas y labios sonrosados… jamás podría olvidar ese rostro, ni en un millón de años, ni en un millón de vidas, joder… se veía más hermosa que de costumbre, como que la luz blanca que la rodeaba le resaltaban todas sus bellas facciones, podría quedarse horas o días contemplándola como a un cuadro renacentista de Venus, pero infinitas veces más bella.
- Hey… ¿cómo te sientes? – Le cuestionó al darse cuenta de que la miraba y estaba consciente de ello.
- Es… - La voz salía débil y forzada. - ¿Estoy en el cielo? – Ella sonrío.
- Afortunadamente no. Estas vivo y sobre el planeta tierra.
- …- Él simplemente parpadeaba lento, con dificultad, pero no le quitaba la mirada de encima.
- ¿Cómo te sientes? – Le volvió a preguntar.
- Nada… no… no siento nada…
- Debe ser por la anestesia pero poco a poco empezarás a sentir tu cuerpo.
- ¿Anestesia?
- Si…
- Pero qué… no entiendo… ¿Dónde estoy? ¿Qué fue lo que sucedió?
- Sufriste un accidente…- Sus ojos se abrieron con una expresión de extrañeza. – Y estás en una habitación en el hospital central. – Ahora ella con una de sus manos le retiró delicadamente uno de los mechones que caían sobre su frente para que no le fuese a molestar un ojo.
- ¿Accidente? No… no lo recuerdo…
- No te preocupes, es normal. Poco a poco irás también recuperando la memoria, te diste duro en la cabeza sabes… - Ahora que ella lo mencionaba podía sentir en su frente unas vendas atadas, no se había percatado de ello antes.
- Diablos… ¿Cuánto tiempo llevo así?
- Un día. Solamente un día. – El joven peli azul poco a poco podía distinguir los objetos a su alrededor, el techo blanco, las cortinas igual blancas, a lo lejos unos sofás, un televisor en la pared… bueno, por lo menos le habían pagado una habitación decente. Ya que estaba más consciente intentó mover su cuerpo, joder, le pesaba mucho, como si cargara un elefante encima.
- ¡AGH! – El quejido salió de su boca cuando un horrible calambre subió por su mano y todo el brazo derecho.
- Hey, hey, no te muevas, te puedes lastimar más… - Le decía ella tratando de detener sus movimientos posicionando sus manos sobre su pecho desnudo.
- Nell, dime… ¿Qué fue lo que pasó exactamente? – La chica desvió la mirada, no quería tener que volver a recordar esa espantosa escena.
- Cruzaste la avenida como loco, no te diste cuenta de que una camioneta venía a toda velocidad y… pues te atropelló…
- Maldición… No logro recordarlo…
- Trata de no esforzarte ¿sí? Llamaré a una de las enfermeras para decirle que volviste a estar consciente… - Se iba a poner de pies pero una mano sobre su brazo la detuvo. Instintivamente el peli azul reaccionó, bueno al menos ya podía mover un brazo, el izquierdo para ser exactos.
- Espera… No… No te vayas… - La chica apretó sus labios en una mueca de tristeza, le había oído decir esas mismas palabras varias veces cuando se encontraba inconsciente, "no te vayas… no te vayas… Nell" decía. Por eso ella misma se quedó ahí, cuidándolo desde que salió del quirófano y lo trasladaron a esa habitación, toda esa noche se quedó acompañándolo, velando por su seguridad y su recuperación, las primeras 24 horas son cruciales para cualquier paciente en estado grave, dicen que si pasa la noche es muy probable de que se salve y eso lo había logrado.
- No te preocupes, no me voy a ir… - Le sonrió mientras le agarraba la mano con la suya. – Es solo un momento para que venga el doctor y te revise…
- No… - Le interrumpió.- No me refiero a eso… - La chica lo miró extrañada ¿a qué se refería entonces? Lo dejó continuar. – No… no quiero que te vayas… no quiero que renuncies… - Fue como en un veloz destello que el peli azul pudo recordar todo lo sucedido antes del accidente, la carta de renuncia que le entregó Vega, cuando salió corriendo a buscarla, cuando la encontró en la calle pidiendo un taxi y como ya todos saben pues… después de eso nada… todo en negro. A la chica se le estrujó el corazón al oír esas palabras, quiso evitar el tema a toda costa pero evidentemente él lo recordaba a la perfección, agachó la mirada.
- Grimmjow… Yo… Entiende que no puedo…
- Por favor… Joder solo… Haré lo que me pidas, lo que quieras, un aumento de sueldo, un mejor puesto, despido a cualquiera que te moleste, lo que sea…
- No es eso, sabes que no es nada de eso…
- Dime, dime entonces qué quieres, qué necesitas…
- Es que entre nosotros no puede haber nada.
- ¿Por qué?
- Tu sabes que las normas lo prohíben…- Fue la primera excusa que se le vino a la mente, la más obvia, rápida y fácil, aunque no fuera ese el único motivo ni el más importante. – Disculpa, tengo que ir a informarle al doctor de tu estado.
- Nell, espera. – La volvió a detener con el agarre en su brazo. - ¿Qué pasaría entonces si ese contrato no existiera?
- ¿Eh? ¿A qué te refieres?
- Si ese contrato no existiera entre los dos ¿no habría ningún impedimento entonces?
- Grimmjow, yo…
- Déjame… Déjame proponerte algo. – La chica resignada escuchó atentamente a sus palabras. No imaginaba qué cosa se le podría ocurrir pero a esas alturas nada la convencería de volver a trabajar en esa empresa. – Te haré un nuevo contrato.
- Agh, Grimmjow eso no va a ser posible porque de igual forma…
- Pero no es un contrato para que trabajes en la empresa. - ¿Qué? ¿Había escuchado bien eso último? ¿A qué tipo de contrato se refería entonces?
- ¿De qué hablas?
- Tú también eres enfermera ¿No es así? – Dijo recordando los datos escritos en su hoja de vida, gracias al cielo o gracias a la presión su memoria estaba volviendo bastante rápido, esta jugada no podía fallarle y sacaría provecho de su situación.
- Si… - Le respondió un tanto nerviosa.
- Entonces te propongo que ya no trabajes como secretaria sino como mi enfermera.
- Grimmjow… No sé…
- Sé que después de esto tendré que contratar de todos modos a alguien que me ayude con las cosas que no pueda hacer solo.
- Quizás otra enfermera de acá…
- Nell, mírame… - Ella trataba de no verle a los ojos pues se sentía estúpidamente nerviosa, pero haría un leve esfuerzo para hacerlo, su mirada triste se encontró con la seria de él. – Sólo… sólo déjame intentarlo, joder… solo quiero una oportunidad, y si en el tiempo que tarde en recuperarme no logro convencerte entonces te daré tu libertad pero no puedo darme por vencido sin intentarlo. – Hasta ese momento esas eran las palabras más tiernas que había oído salir de su boca, ¿en verdad le afectaba tanto su ausencia? ¿En verdad estaba pidiéndole un chance de ganarse su confianza? ¿En verdad podría confiar en él y en sus promesas?
- Yo…
- No me des una respuesta ahora, piénsalo y después me dices qué decisión tomaste…- Eso sí que era raro, ver a Grimmjow paciente no era cosa de todos los días pero aunque él se muriera de ganas porque le dijera que sí al son de ya debía mostrar calma, bien dicen que el que demuestra el hambre no come.
Entonces esperaría, esperaría a que ella decidiera, esperaría a que aceptara su propuesta.
CHAN CHAN CHAAAAN! Final del capítulo
¿Que tal les pareció mis queridos y queridas?
Ya era hora de que el Grimmy sufriera un poco ¿no lo creen? xD
Creo que esta historia se me va para largo, ya vamos 20 capítulos y todavía tengo muchas ideas, no sabría decirles hasta qué capítulo llegará, quizás 40 o 50?
No estoy segura, hagan sus apuestas! ╰(◡‿◡✿╰)
Por ahora les puedo adelantar que se conocerán cosas del pasado de nuestros queridos protagonistas :V
Desde el próximo cap empezarán las cosas cursis y sentimentales, espero hacerlos llorar mucho! MUAJAJAJAJA ಥ_ಥ
Y no siendo más por ahora nos leeremos en el siguiente cap.
BYE BYE ヽ(^◇^*)/
