Capítulo 2. Mi nuevo amigo

Morinaga Tetsuhiro.

.

Llegamos a mi casa segura, tengo ganas de que este chico se quede conmigo, pero nadie merece el destino al que yo estoy atado desde mi nacimiento. ¿En verdad soy capaz de sacrificarme por evitar que el mundo no sea invadido por esa oscuridad que ha usurpado este lugar? Por el momento creo que simplemente lucharé contra los pensamientos que me piden ser libre totalmente, ya que es una tontería, liberar este mal no me dará nada, ni a mí, ni a nadie.

Hablar sobre mí con este hombre que es tan atrayente, el cual me escucha y se asombra conmigo, me hace sentir especial. Mucho más cuando saqué el libro de los portales a otras dimensiones para ayudarlo a escapar.

Tomé su mano y mientras él habló de su casa e irrumpí en sus pensamientos mirándola de cerca, pude verla desde fuera y dentro. Una de las habitaciones de aquella casa tenía unas tablas impidiéndome entrar a mirar en su interior, dándome a entender que algo malo yacía en el interior de su corazón, algo que ocurrió justo ahí. Entonces preguntó:

— ¿Vendrás conmigo?

La pregunta sonó tan sugerente, tan libre, sin embargo no lo pensé, explicándole:

— Yo no puedo salir de este lugar, mi cuerpo está atrapado. Te lo dije y de igual forma debo usar mi poder para sacarte.

Entonces caminamos guiados por la lámpara en mis manos, hasta llegar a una pintura común de un paisaje con árboles, pasto y algunas flores. La toqué sin descolgarla de la pared, entonces hice aparecer la casa de mi invitado retratada en la pintura. Sin pensar, el chico pronunció el hechizo, justo en ese momento no se dio la vuelta para finalizar el conjuro, ya que antes de completarlo me advirtió:

— Volveré mañana, averiguaré sobre mi familia y alguna forma de sacarte de aquí.

Quise saber su nombre, pero prefiero no saberlo para no extrañar a nadie, ni atarme a ninguna cosa. Simplemente permanecí usando mi magia para conservar el portal abierto mirando su cuerpo ser absorbido como succionado por una especie de vórtice. Una vez desapareció, decidí evitar su reingreso a este peligroso mundo, no puedo permitir que alguien entre y salga a su antojo, puesto que esas cosas podrían escapar y dañar a otras personas. Cerré mis ojos conectándome con el portal, miré el otro extremo y extraje la magia del interior de aquella pintura, por lo que pude percibir mi conciencia volviendo directamente aquí. Una tristeza me invadió, de nuevo totalmente solo para la eternidad, fue tan agradable conocerlo, que me gustaría saber más, aunque debo continuar con mi misión. De pronto el cansancio me venció, aquella poderosa magia usada para abrir y cerrar el portal me dejó exhausto, atrayendo mi alma de vuelta a mi cuerpo encerrado en aquella prisión, con esa creatura consumiendo mi corazón.

La mañana siguiente, mi alma abandonó al demonio mientras descansaba con los rayos matutinos alzándose en el alba que me llamaron. De alguna forma siempre fui atraído por la hermosa luz del amanecer, todavía recuerdo que en casa preferían que yo sintiera ese placer de permanecer en compañía de la oscuridad, con algunas lámparas para iluminar levemente. A pesar de todo y no dormir bien por los cánticos tenebrosos de los rituales, algo dentro de mí me llamó cada mañana con la luz solar iluminando mis sentidos, el dorado fulgor que anhele todos los días, siempre me invitó a la libertad de la prisión. En este oscuro mundo dónde el fulgor del astro que rodea la tierra, se ve mermado con la espesa niebla, resplandece con su luz iluminando en mucho menor grado el opaco cielo, sin poder atravesar totalmente, por lo cual extraño tanto sentir el calor de esa luz en mi piel.

A pesar de todo, muchas de las veces la tristeza me invade cuando aquél demonio altera los cambios del día y la noche en esta especie de dimensión, quizás separada de la realidad. Tantas preguntas y dudas por saber del mundo y no pude preguntarle a mi sempai mientras estuvo aquí a mi lado.

Caminé nuevamente en aquella tierra de monstruos, usé mi fuerza para aparecer en la lejanía y llegar a mí casa segura donde están mis compañeros eternos, el centenar de libros que esperan ser leídos por mí.

Encendí las luces eléctricas, por lo que me percaté que cada vez tengo más poder y fuerza, ahora no sentí un gasto excesivo de magia sino fue simple. Comencé a leer, pasando algunas largas horas sentando en el cómodo sillón que traje desde el centro comercial. Me adentré en una hermosa novela, una chica conoce a un chico y tienen tantas cosas en común que se enamoran perdidamente, de pronto yo me volví uno de ellos pero el chico misterioso de cabello largo y rubio era mi pareja, el cual me besó en mí imaginación. La descripción de un beso fue de lo más pasional, recorrió cada fibra de mi ser imaginando que mis labios son tocados por él. Me avergonzó la sensación que causó por mi cuerpo, incluso obtuve una erección que no se quitó pensando en otra cosa. Recordé entonces que la primera vez que mi cuerpo le ocurrió me prohibieron tocarme, ya que limito el poder de mi mente si me centro en algo tan mundano. Decidí seguir los consejos de la familia y enfoqué mi energía buscando al gato, por lo que conseguí hallarlo de inmediato, ya que el poder se acrecentó sobremanera envolviéndome de inmediato.

Un par de días pasaron mientras yo continué mis estudios dejando las novelas para evitar desenfocar mi mente y seguí afanosamente la práctica de la magia. Procuré guiar mis pensamientos pero un gran vacío llenó mi interior, quería de vuelta a esa única persona que me ha mirado sin temor, el que me hizo sentirme un hombre, único a sus ojos y completamente solos en el mundo. Lo quiero de vuelta, como un deseo egoísta que me suplica por compartir esas experiencias nuevas.

Por la tarde caminé en una de las calles pensando en que sería bueno visitar el centro comercial para ver más cosas. Poco antes de transportarme ahí, verifiqué la soledad del lugar para evitarme una confrontación con las creaturas. En una de las habitaciones de la casa pinté un círculo con símbolos, me senté en el centro usando mi forma intangible e intenté detectar ese sentimiento de pesadez, odio, rencor, entre otros sentimientos negativos que siempre emanan de los engendros que habitan aquí. La presencia de uno me alertó, con forma simiesca de enormes manos con garras afiladas y sin pelo, rodeado de oscuridad extremadamente notoria para esta forma etérea. Me aproximé a él y sin darme cuenta, pasó a través de mi inmaterial cuerpo, llenándome con imágenes terribles, en las que ese monstruo lastimaba a una mujer hasta matarla con sus puños humanos. Me horrorizó, las palpitaciones llenaron mi cabeza haciéndome volver de inmediato a mi círculo, pues sentí el goce en aquella creatura al lastimar a esa indefensa mujer, sin ningún arrepentimiento, ni culpa alguna; todo ese ser buscando lastimar y ahora con ansias asesinas por cualquier cosa que pueda ser aniquilada.

La conciencia volvió a mí en medio de ese ritual detenido, las ganas asesinas recorrieron mi cuerpo como impregnado de aquella entidad. En ese instante me envolvió una asfixia cada vez más desesperante, el poco aire en mis pulmones facilitó el reflejo natural y me hizo toser algo negro que salió permitiendo entrar más aire. Tosí algunas veces más, ayudando a que un poco de materia desagradable y negra saliera quedando en el suelo con un olor insoportable, un olor a podredumbre. La respiración volvió a mí mientras un poco del sabor amargo se quedó en mi boca, de modo que me lavé los dientes varias veces hasta sentirme yo mismo.

Esa experiencia es la más asquerosa que he tenido con esas cosas, nunca alguna pasó a través de mí, sólo el muchacho de la otra vez, pero con él fue tan distinto, su luminosidad me envolvió. Contrario a la ira y los instintos asesinos de ese monstruo que me inundaron esos segundos que se mezclaron con mi forma intangible, incluso los traje directamente a este cuerpo. ¿Será posible que yo también pueda influenciar a las cosas esas?

Transporté mi mente de nuevo hasta encontrar al monstruo en el mismo oscuro pasillo, con cautela me aproximé de un lado y susurré sin tocarlo:

— Saldrás por ahí.

Evoqué la entrada con el cristal roto y observé la reacción del monstruo que se detuvo, dirigiéndose con la mirada perdida hasta el lugar que pensé.

Volví a mi cuerpo, ahora que esa área del centro comercial está segura, entonces caminé por la calle para no gastar más mi poder o no podría seguir libre. Hábilmente me oculté entre la niebla evitando ser notado, cuando me detectaron simplemente corrí hasta entrar a cualquier casa.

Varios minutos pasaron cuando logré ingresar por el cristal roto del centro comercial, lo cubrí con un panel de madera entrando al oscuro lugar, apenas iluminado con la lámpara de queroseno que dejé tiempo atrás oculta bajó unos escombros en la entrada. Puedo usar la energía eléctrica sin embargo es mejor no llamar la atención de los monstruos, por lo que encendí la débil luz y caminé por el centro comercial algo cabizbajo. La oscuridad reinaba y mis pasos silenciosos se escucharon ruidosos en aquellos pasillos desiertos. Al ver la luz reflejada me percaté que en un local venden espejos de distintos tamaños, por lo que abrí la puerta del lugar y me aproximé hasta uno de ellos que atrajo mi atención. Miré detenidamente el espejo enorme, con marco antiguo de madera labrada, pasé la mano asombrado sintiendo la textura, para luego colocar la lámpara en el piso y mirarme detenidamente.

Algo ahí aparte de mi reflejo me llamó, entonces acerqué mi mano y justo en el instante en que mis dedos tocaron el cristal, mi reflejo cambió mostrándome como si yo fuera él, con su ceño fruncido y el cabello largo rubio. De pronto la calidez de su mano salió tocando la mía hasta emerger completamente de aquél lugar. Sonreí sin poder evitarlo, escuchando sus palabras:

— Te dije que volvería, ¿cerraste el portal verdad?

— Si, este es un lugar peligroso, nadie debe adentrarse o las cosas que habitan este aquí podrían escapar.

— ¡No me importa! Sólo quiero averiguar algo, de alguna forma sé que este mundo está conectado con lo que ocurrió en mi casa.

— ¿Y que fue eso?

— No es tu problema.

— Si me dices quizá pueda ayudarte.

El rostro del chico de cabello largo se contrajo lleno de un profundo dolor que lo azoró de inmediato, sus ojos parecieron querer derramar lágrimas, conteniéndolas en lo profundo de sus pensamientos. Me dio la espalda y escuché:

— No es algo de lo que quiera hablar.

— De todas formas me gusta tenerte aquí, por lo menos un rato en lo que te mando de regreso.

— ¡Te digo que no me voy! No hasta que yo quiera y eso es todo. No me importa lo que tú creas o quieras.

En realidad no es su decisión el quedarse o no, creo que podría mandarlo por mi cuenta, no obstante, tomé un poco de aire para tranquilizarme e intentar persuadirlo usando el temor como algo infalible e inapelable a todo juicio real; además de exhortarlo utilizando a su querida familia.

— Si es así como lo quieres, te puedo dejar solo a ver cuánto duras. Nada más te advierto que si mueres no volverás a casa, tu alma le pertenecerá a él como la mía. Quizá no te importa tu vida, ¿pero y tus hermanos?

Antes de continuar sentí la energía de mi cuerpo perderse, las fuerzas me abandonaron y gemí con dolor intentando permanecer a proteger a ese chico. Casi al marcharme le dije en voz alta:

— Usaste mi energía para abrir el portal ¿Cómo?

Me doble de inmediato sintiendo como si hubiera recibido un golpe en el estómago y de inmediato comencé a desvanecerme en el aire, expresando a duras penas:

— Ten cuidado, las noches son más duras… busca un refugio. — Al pronunciar esa frase, partí sin poder contener más mi cuerpo en ese lugar.

.

Tatsumi Souichi

Aparecí en mi casa y volví a observar la pintura, ahora comprendí una cosa importante, tanto mamá como papá conocen ese lugar, seguramente podré encontrar respuestas y quizá ayudar a ese tonto chico que aunque es de mi edad, según creo, se comporta como un chiquillo.

Me recosté a dormir un poco, sin embargo mis hermanos me levantaron de inmediato a que los transportara a la escuela. Medio dormido los llevé al lugar para volver a casa a comer algo y dormir. El cansancio me hizo despertar por la tarde para traerlos de vuelta, me sentí despejado por primera vez en meses, ahora con un aliciente sobre aquél extraño lugar que ansío visitar en algunas horas. Preparamos algo para comer, luego los mandé directo a sus habitaciones a hacer sus deberes, me excusé con ellos fingiendo que saldría un rato y volvería tarde. Entré a prisa a mi habitación y dije el conjuro del cuadro con emoción:

— Te puedes alejar pero jamás escapar de tu destino, si lo ves nunca mires atrás.

Me di la vuelta pero nada ocurrió, mi habitación no se distorsionó, ni sentí absolutamente nada extraño, ni mágico. ¿Será que todo fue un sueño? Quise aferrarme a la idea de algo mágico por lo que lo intenté un par de veces sin éxito.

Por aquello que es la realidad, no puedo pensar que la magia de alguna forma es algo tangible capaz de cambiar mi destino, o localizar a mi padre. Seguramente me quedé dormido ayer e imaginé todo con aquel chico que mora en mis sueños, en un país de niebla con cosas extrañas, valiente y con esa mirada en sus ojos verdes tan atrayente, tan distinta a cualquiera que he mirado alguna vez.

Esa tarde continué pintando a puerta cerrada la habitación, abrí la enorme ventana y le di algunas capas a todo el lugar desapareciendo los restos de aquellos terribles hechos, procuré cubrir todo rastro de problemas, desearía poder borrar esos recuerdos con la pintura. Me invadió la nostalgia, quizá yo cree esa aventura para escapar de esta detestable realidad. Debo volver al mundo y enfrentar lo que queda de esta vida tan asfixiante, si desaparezco en medio de una invención de mi imaginación ¿quién cuidará a los enanos cuando yo esté encerrado en un hospital psiquiátrico?

Al siguiente día, llevé a mis hermanos a la escuela para luego ir también a la mía, tomé mis cuadernos y partí a clases luego de esos días de ausencia por arreglar el cuarto de mamá lleno de sangre. Me siento un poco más tranquilo de abrir la puerta para que no sigan intentando ingresar a escondidas. Seguro el cuarto vacío no será algo llamativo a mis hermanitos.

Nuevamente mis pensamientos llegaron hasta ese extraño lugar, las clases son tan aburridas, pero es sencillo entender esos conocimientos con escuchar un poco las cosas que explica el profesor y entregar lo que pide; puesto que simplemente con eso acredito las materias casi sin esfuerzo, aunque mis notas no son excelentes, sin embargo sí suficientes.

Las horas libres me obligaron a volver a los absurdos pensamientos en los que imaginé una y otra vez al chico de cabello azul, del cual no recuerdo su nombre. Aquél muchacho intentando traerme de vuelta a mi mundo, conocedor de magia, portales, con poderes y tantas cosas raras; todo eso me hace pensar que fue real, quiero que sea real, porque quizá existen respuestas ahí que me traerán paz. Si todo fue verdad supongo que no quiere que yo regrese ahí, por lo que ahora me toca averiguar una forma de volver, la pregunta es ¿cómo?

Indague en las cosas de mis padres por respuestas. Primero revisé cada uno de los cuadros por alguna otra inscripción, después en los libros que saqué del lugar. Algunos eran de cuentos, otros enciclopedias y novelas clásicas; hallé uno que decía historia del ocultismo, pero que no decía nada que pueda serme de utilidad. Me enojé y arrojé uno de ellos al suelo, pensando que nadie podrá impedirme volver ahí, sé que quizás papá puede estar en ese lugar y lo voy a encontrar.

Decidí buscar al siguiente día en los libros de la biblioteca, posiblemente ahí encontraré algo que me ayude a crear un portal a ese mundo. Encontré cosas sobre la historia de la magia a través de distintas épocas, el surgimiento de la magia como una forma de controlar lo que no puede ser controlado, no obstante la biblioteca no me llevó a algún lugar en cuanto indagar alguna forma para volver.

Cuando finalmente cenamos, mi hermanito me pidió la computadora para buscar una tarea, entonces lo supe, si en la biblioteca no está la información que requiero, debo encontrar alguna forma de llegar hasta allá.

Al indagar en la red, lo primero que me apareció fue usar un espejo pues son portales a otros mundos, a pesar de ello no creo que sea tan simple, puesto que el chico me habló de los portales, por lo que recuerdo haber escuchado que debe haber una conexión con el otro sitio y conjurar un hechizo para abrirlo. Lo primero que hice fue decir en voz alta frente al espejo, el hechizo de la pintura sin obtener resultados, creo que sería absurdo volver con un conjuro de otro objeto.

La situación me frustra, mientras más días transcurren creo que mi fe se esfuma, ¿de verdad todo esto es fútil? Procuré indagar en tantas páginas electrónicas como me fue posible, todo sobre los espejos y los portales, cada día realicé los distintos rituales con velas e incluso pinté la estrella de cinco picos invertida, coloqué una vela y dije un conjuro inventado sin éxito.

Siempre escuché de mamá aquella frase que si somos lo suficientemente tenaces, incluso las cosas pueden llegar a nosotros, justo cuando ese pensamiento dio vueltas en mi cabeza di clic a una página con la leyenda de Yukiko, una vieja mujer que toda su vida quiso ver a su difunto esposo y que por extrañas causas desapareció. Se cuenta que ella lo asesinó pero él había vaciado las cuentas del banco escondiendo el dinero en algún lugar de la casa, por lo que Yukiko intentó a toda costa contactar a su difunto esposo con tal de recuperar aquella fortuna. Cubrió su casa con espejos y sus vecinos siempre escucharon sus extraños rezos hasta que al poco tiempo desapareció. Los curiosos niños que ingresaron a aquella casa abandonada contaron de boca en boca:

«La casa de la señora Yukiko está pintada de verde, si tu llegas ahí puedes mirarte en los espejos. Si la encuentras viéndote desde el otro lado de cualquiera de ellos, ten cuidado si el temor esta en tu corazón o te llevará al infierno y tomará tu lugar usurpando tu cuerpo, pues seguramente consiguió la respuesta a sus deseos.»

Todo el tiempo que quise ingresar a ese extraño pueblo, lo hice pensado en el lugar, sin embargo ahora creo que tengo que invocar al muchacho de cabello azul. Siento el presentimiento que podré entrar esta vez, cosa que me hizo avisarles a los enanos que saldría a una fiesta y que probablemente me quedaría en casa de uno de mis amigos, por lo que tendrán que ir sin mí a la escuela. Sin obtener quejas de ellos que simplemente continuaron mirando el televisor, abrí y cerré la puerta de la entrada regresando a mi habitación sigilosamente. Con la ventana cubierta por una manta y el espejo más grande de la casa recargado en una silla justo en el centro de una estrella que pinté en el suelo con sal. Me senté frente a él, encendí una pequeña vela y pronuncié un hechizo nuevo que salió de mi cabeza:

— Ven a mí ahora, alma pura que sacrificas tu luz atrapado en la oscuridad, yo te invoco.

Una sensación en mi interior me envolvió como atrayéndome al otro lado del espejo, por lo que intenté nuevamente con más ahínco. Esta vez procuré imaginarlo a él en vez de mi reflejo. Respiré profundo y concentré todos mis deseos de verlo, volviendo a repetir mis palabras con mucha más voluntad:

— Ven a mí ahora, alma pura que sacrificas tu luz atrapado en la oscuridad, yo te invoco, permíteme unirme a ti.

El espejo se volvió extraño, como si se hubiera transformado en metal líquido. Del otro lado las cosas dejaron de ser familiares y la oscuridad de mi habitación iluminada por una vela se tornó distinta, pues apareció él parado frente a mí, al mismo tiempo aproximamos nuestras manos como para tocarnos, volviendo a experimentar la sensación de asfixia y nauseas, junto con la distorsión de todo el mundo percibido, hasta salir del otro lado del espejo.

Mirarlo de cerca me hizo recordar tantos días sufriendo por pensar que todo fue imaginario, razón para reclamar:

— Te dije que volvería, ¿cerraste el portal verdad?

Como buen guardián sacrificado, cerró el lugar con la finalidad de no dejar salir a las creaturas que habitan aquí. No obstante cuando pretendió indagar sobre mis razones para volver, las cuales son descubrir pistas sobre papá, con tal de saber la verdad de la muerte de mamá, algo me impidió contarle mi triste historia.

— De todas formas me gusta tenerte aquí por lo menos un rato en lo que te mando de regreso. — respondió el chico ante mi negativa.

— ¡Te digo que no me voy! No hasta que yo quiera y eso es todo. No me importa lo que tú creas o quieras. — Reclamé molesto.

Procuró asustarme nuevamente con no ver nuevamente a mis hermanos a causa de no retornar jamás a mi mundo, pero en ese momento tocó su pecho y sus ojos parecieron estremecerse. Sus manos junto con todo su cuerpo se tornaron intangibles, ligeramente transparente expresando:

— Usaste mi energía para abrir el portal ¿Cómo?

Se dobló como si tuviera un dolor en el vientre, con una última advertencia:

— Ten cuidado, las noches son más duras, busca un refugio.

Como un fantasma se esfumó desvaneciéndose con su rostro triste. Tomé la lámpara de queroseno que dejó sobre el suelo y caminé con ella en ese extraño lugar con pasillos amplios y aparadores que reflejan la tenue luz que proviene de mi lámpara. Me causó un poco de calosfríos el mirar los maniquíes en una tienda de ropa, de los cuales casi sentí las miradas penetrantes y frías, aguardando por un descuido mío. Sin embargo con tal de calmar mi tensión me aproximé a los aparadores en los que nada ocurrió, las figuras totalmente inmóviles permanecieron quietas ante mi presencia.

En el final del pasillo, miré un lugar de descanso del centro comercial con bancas para sentarse y unos grandes ventanales que me permitieron mirar al exterior. Observé la débil luz que ilumina el espeso cielo, cubierto por esa fastidiosa niebla desaparecer con velocidad. La luz que iluminaba el cielo se esfumó, al tiempo que un zumbido me aturdió instantáneamente. Cubrí mis oídos intentando acallarlo pero fue tan fuerte que me provocó desesperación, sin embargo grande fue mi asombro mirar el lugar tornarse distinto, como polvo los muros cayeron ante mis ojos dejando a la vista unas rejas oxidadas. Aquella ventana desapareció revestida ahora con un muro metálico, en el centro del cual, un cuerpo despellejado yacía atado de pies y manos, sangrante como si se fundieran los colores de su propia sangre con el espantoso óxido del lugar.

Un olor asfixiante a carbón cubrió el ambiente, cuando finalmente comprendí aquella advertencia. Miré a mis pies las rejas del lugar que permiten divisar tantos pisos hacía abajo hasta perderse en un color rojo como hecho de lava ardiente que ilumina tenuemente el lugar.

Los sonidos huecos de mis pisadas sobre el metal me volvieron demasiado notorio, volví por el camino que crucé para mirar que los paneles de cristal de los negocios de la plaza comercial y todos se habían tornado en unas rejas delgadas. Me aproximé al primer negocio observando las diferencias que transformaron la realidad y miré a los maniquíes que anteriormente curioseé. El silencio cubriendo el lugar se hizo distinto, con ese ambiente enrarecido y un ligero zumbido que no ha parado y que me aturde un poco. Entonces miré al maniquí más próximo a mí, totalmente quieto pero cubierto por una espesa capa de polvo. A pesar de las diferencias en el lugar, ellos permanecieron intactos. De pronto, uno de ellos movió los ojos con un quejido extraño que provenía justo de ahí. El material plástico comenzó a caer de ellos como si su piel se desprendiera, sus ojos humanos se tornaron extraños y pude ver que la ropa que los cubre se rompió dejándolos descubiertos, con un tono de piel grisáceo. El cabello se les cayó de igual forma, dejando a la vista una creatura distinta con las extremidades largas y el cuerpo más ancho, su cabeza podía girar de manera horripilante. Con un alarido se pegaron a la reja que los separa de mi integridad y la empezaron a romper con facilidad.

Corrí aterrorizado perseguido por esas cosas que usaron la reja para correr por las paredes. Por más que hice esfuerzo, noté que sería alcanzado, por lo que me introduje en uno de los locales esperando ocultarme bajo un mostrador. Las creaturas al instante entraron con esos sonidos que producen al moverse por las paredes y el suelo.

Me escondí bajo el mostrador, inmóvil, aguardando ser descubierto por las insidiosas cosas que continuaron buscándome. Entonces lo escuché, los pesados pasos metálicos de algo enorme que irrumpió rompiendo de golpe las rejas que se encuentran en vez de los cristales. Por una esquina lo miré destrozar todo a su paso, con sus manos con garras o navajas filosas que no logré distinguir desde mi posición. Al sostener a una de las creaturas de la cabeza, lo miré destapar un jarrón y una especie de sombra oscura, salió del interior de la creatura para entrar al jarrón que tapó al instante. Mis ojos contemplaron aquella cosa que lucía aparentemente humana pero de un tamaño descomunal, encorvado para poder permanecer en ese local, con una máscara sonriente blanca como las de las obras de teatro tradicionales japonesas. Bufando debajo de ella, un aire enrarecido casi ardiente. Venía ataviado con un kimono negro y sandalias de madera. Giró la cabeza hacía mi dirección, con una mirada de color rojo brillante que me aterró, casi me hipnotiza, no obstante la voz de mi amigo de cabellera azulada en mi oreja me sacó del trance:

— ¡No te quedes ahí! ¡Corre!

Me levanté mirando al espacio vació desde donde escuché su voz y corrí por un lado de la enorme cosa saliendo del lugar. Guiado por corazonadas, mis apresurados pasos encontraron una puerta para salir a mirar la pesadilla continuar.

El lugar ahora sin niebla hecho de rejas, tal cual el interior de la plaza comercial, todo iluminado por antorchas, aunque cada una de ellas en realidad son cuerpos quemándose, dispuestos a cierta distancia uno del otro. Cada uno de ellos, sujetos de paneles de rejas a lo largo de lo que parece ser una calle. Sin caminos alternos, fui perseguido por el enorme monstruo del jarrón, que rompió fácilmente la entrada de la plaza corriendo tras de mí.

La temible oscuridad parece ocultar las demás creaturas horripilantes que habitan aquí, pues me topé casi cara a cara con una especie de simio sin pelo que intentó atacarme pero corrí a toda prisa sin saber a dónde ir. Lo más terrible ocurrió justo cuando llegué a un camino sin salida, las rejas terminaban a mis pies con oscuridad y vacío, a una caída que seguramente será mortal si me arrojo por aquí. Escuché los pasos cada vez más próximos de mis perseguidores, los divisé a algunos metros y observé al monstruo enmascarado, tomar al simio de la cabeza y destapar el jarrón sacando una cosa negra de su boca y tapándolo nuevamente para dejarlo caer inmóvil al suelo.

Sin tener a donde escapar, supongo que mi final me espera en manos de esa cosa, por lo que me paré en la orilla de la reja esperando a caer al vacío o ser asesinado por el monstruo, aunque afortunadamente uno de los paneles laterales cayó al suelo creando una unión con otro pasillo de rejas del otro lado. Corrí por ahí y al atravesar hasta el otro lado, como por arte de magia volvió a subir aquella reja dejándome alejado de la creatura que se detuvo empujando con fuerza la reja.

Como poseso me apresuré sin mirar atrás hasta divisar la casa de Tatsumi intacta, como fuera de esta extraña realidad de rejas que no invadió ese lugar. Entré cerrando la puerta y corrí hasta esconderme en la habitación donde aparecí la primera vez. Me metí al closet y me oculté entre la ropa infantil colgada.

Al inicio sentí mucho temor de ser encontrado por cualquier monstruo de ese extraño lugar, pero al cabo de algunas horas de jugar con mi teléfono en la oscuridad, me quedé profundamente dormido, usando de almohada la ropa.

— ¡Estás a salvo!

El grito del tipo de cabello azul me asustó, pues creí que había sido encontrado por alguna creatura. Me estiré un poco y levanté mi pesado cuerpo que durmió algo incómodo en ese ropero, aunque tranquilo luego de la travesía.

El chico tomó mis manos con las suyas y me miró sonrojándose, entonces habló:

— Ya que no puedo usar mi magia contigo dime ¿qué pasó? ¿Cómo llegaste aquí? Pero primero dime tu nombre, por favor sempai quiero saber.

— El que sea de un grado superior al tuyo no me hace tu sempai. — Le dije con molestia.

— Técnicamente si, aunque si no quieres que te diga así dime tu nombre.

.

Morinaga Tetsuhiro

Mi conciencia, como todas las veces que partí a descansar a la prisión con el demonio, quedó encerrada en un lugar oscuro dentro del mismo; a pesar de ello en esta ocasión, miré desde ahí a mí alrededor con inquietud. La creatura que casi todo el tiempo permanecía callada preguntó utilizando la voz de mí cuerpo:

— Ya veo, ¿entonces hay algo que te preocupa?

— No es nada, quisiera estar lejos de ti todo el tiempo, desearía poder soñar otra vez.

— ¿Pero qué tiene de bueno eso de soñar? ¿Me mostrarás en qué piensas? Si lo haces te permitiré usar un poco de mi poder.

Decidí usar uno de los recuerdos de mi amigo felino, ya que si me regala un poco de su poder podré salir de aquí para ayudar a mi sempai, pues está por anochecer y necesito ponerlo a salvo. Puse mi rostro serio y le dije al demonio aparentando molestia:

— Está bien, ya que no tengo otra cosa que hacer, te mostraré.

Se materializó frente a mí con mi propia forma y sonrió con maldad tocando mis manos, cerré los ojos y le permití ver un par de aventuras con el felino.

— Un animal te interesa tanto, ahora entiendo, buscas compañía, alguien aparte de mí por supuesto.

— ¿Y el poder que prometiste?

— Es cierto, pero no fue algo que me interesara, así que te daré sólo esto.

Al decir eso, una corriente extraña me cubrió y fue tan débil que no pude abandonar el cuerpo del demonio. Como siempre es un tramposo manipulador.

Me coloqué en posición de flor de loto para meditar e intentar con todas mis fuerzas escapar de mi prisión, ya que quizá sea demasiado tarde salir, si espero al amanecer.

Pensé con todas mis fuerzas en el chico de cabello rubio y su tenacidad para volver a este lugar, por lo que desee con ahínco el ayudarlo y de pronto me encontré viendo a través de sus ojos la situación. Una creatura enorme, que jamás he visto antes, lo miró fijamente hipnotizándolo, le grité haciéndolo reaccionar guiándolo por el lugar hasta hacerlo salir de la plaza comercial, por supuesto que la cosa que lo persigue no cesó su busca. Percibí el aura oscura del aterrador monstruo detrás de sempai hasta que llegamos al final de camino.

En medio de una terrible angustia, usé su propio cuerpo en conjunción con el poco poder que me entregó el demonio para mover un panel de reja; de modo que lo usó para llegar a otro camino y con mis últimas fuerzas devolví aquél panel a su lugar, evitando que lo persiguiera más la creatura. Al hacerlo, de inmediato desperté en la conciencia del demonio a esperar hasta recuperar mi propia magia.

Las horas transcurrieron mientras procuré relajarme haciendo meditación. Como todas las veces que he estado aquí confinado en este extraño lugar oscuro, percibí mi poder volviendo poco a poco. Cada día que lo he usado desde que descubrí que puedo salir de esta prisión, se ha ido acrecentando desmedidamente, tengo fe en que un día conseguiré sacar a esa creatura de mi propio cuerpo y seré libre para ir al mundo; aunque son simples sueños que seguramente no se cumplirán, o si lo hacen tardaré quizá tantos años, que la humanidad se habrá destruido cuando lo consiga.

Afortunadamente he descubierto que una vez que ese demonio se apoderó de mi cuerpo y nuestras conciencias se separaron, mis pensamientos son sólo míos a pesar de compartir las emociones más básicas. De esa manera, en medio de mis reflexiones, el tiempo pasó más lentamente de lo habitual, pues muero de ganas de ir a ver si mi amigo consiguió ponerse a salvo.

Sentí el amanecer y al sol iluminar el oscuro mundo que recuperó la forma que tiene durante el día. No obstante, por haber gastado tanta magia, no me es posible salir todavía, tal vez en algunas horas más, mis fuerzas regresen completamente.

El demonio se recostó en el rincón a descansar como todas las veces que la mañana llega, a pesar de que en ocasiones ha cambiado el ciclo del día y lo torna en oscuridad, ese simple acto le consume bastante poder pues utiliza la magia oscura para cubrir el cielo y traer la pesadilla a todo Fukuoka. La conciencia de la creatura me cedió el control de mi cuerpo, con ello abrí los ojos y miré el lugar cubierto por los cristales. Aparentemente ahora que todo mi ser pertenece a este demonio, dejé de ser un simple humano, pues no siento hambre, ni sed, ni alguna preocupación o el calor del latido de mi corazón; supongo que soy un objeto inanimado que está sujeto a los caprichos de este monstruo.

Esperé unas pocas horas más, sintiendo todo el poder inundarme y salí aprisa de la prisión. Al proyectarme miré del otro lado a mi cuerpo caer al suelo, por lo que me transporté a mi casa segura. Enfoqué mi energía en buscarlo por los alrededores, de pronto lo miré descansando en el armario justo en una de las habitaciones de este lugar, corrí hasta despertarlo con un grito:

— ¡Estás a salvo!

Tomé sus manos cuando lo auxilié a levantarse, observando su cabello despeinado y el gesto extraño que hizo al verme. A través del contacto de nuestras manos procuré ver en sus pensamientos sin tener éxito, puesto que al mirarme en aquellos hermosos ojos miel, mis rodillas temblaron y evadí esa sensación expresando:

— Ya que no puedo usar mi magia contigo dime ¿qué pasó? ¿Cómo llegaste aquí? Pero primero dime tu nombre, por favor sempai quiero saber.

— El que sea de un grado superior al tuyo no me hace tu sempai.

— Técnicamente si, aunque si no quieres que te diga así, dime tu nombre.

Me miró bastante serio, girando su rostro al suelo y dijo:

— Mi nombre es Tatsumi Souichi ¿y tú te llamas?

— Que malo eres Souichi, ni te acuerdas de mi nombre. Me llamo Morinaga Tetsuhiro. Entonces dime cómo te salvaste, lo último que pude ver, fue cuando subí el panel de reja para que la creatura no te persiguiera.

— En primera no me digas mi nombre, no seas descortés. Respecto al monstruo, ¿tú lo conoces?

— Ese monstruo es la representación de tus propios miedos, vendrá únicamente por ti. El demonio que tiene mi cuerpo, utiliza los sentimientos más oscuros del alma humana para obtener poder. Corromper a cada humano es la finalidad o consumirlos como ganado.

— ¿Por qué no intentas escapar? Yo te veo muy sólido a pesar de que dices que esto no es tu cuerpo real, ¿no crees que si intentas salir por un portal podrías marcharte y dejar este mundo de pesadilla?

— No me has comprendido, tengo ciertas habilidades como crear este cuerpo usando mi conciencia, sin embargo no es real, mi verdadero cuerpo yace en una jaula con ese demonio utilizándome como objeto. Si salgo de aquí soy inmaterial seguramente. ¿Por cierto no tienes que volver a casa con tus hermanos?

— No te preocupes, ayer les dije que saldría a una fiesta, puedo quedarme hasta la tarde, les prometí que iría por ellos a la escuela.

— La escuela… que bonito debe ser poder ir ahí y hablar con muchas personas.

— No es la gran cosa, las personas son tan detestables.

— No creo, tú me pareces agradable.

Se avergonzó mostrando un pequeño sonrojo con mis palabras, al instante sentí una conexión mágica que proviene de él, algo especial, atrayente, ¿será que él es un ser con poderes como los míos? Pensé en enviarlo de vuelta a su mundo, sin embargo necesito un poco de compañía y ya que llegó por cuenta propia y se marchará más tarde, aprovecharé para charlar con él.

— ¿Qué buscas en este mundo de perdición? Un ser de luz como tú ¿qué requiere de esta oscuridad?

— ¿Un ser de luz?

— Tu alma es inocente, resplandece de bondad. He leído un poco sobre eso, un alma que entrega su corazón con tal de hacer feliz a otros y no envidia, ni realiza malos actos, resplandece con su propia luz.

— No soy inocente, ni bueno, a decir verdad no me importa nada, ni nadie.

Guardé silencio ante su respuesta, aunque percibí gustosamente el amor por sus hermanos que lo mantiene centrado, en un delicado equilibrio que parece un poco desestabilizado por un hecho cruel que presenció, por lo que pregunté:

— ¿Qué es eso que tanto te angustia? No te preocupes yo te ayudaré a buscar lo que necesitas, te guiaré por el lugar, conozco muy bien las calles, ya que las he recorrido durante estos últimos meses.

— Busco respuestas, en este lugar vivió mi padre, justo en esta casa, pero creo que mamá también proviene de aquí, Tatsumi Hana, aunque nunca nos mencionó su apellido de soltera.

— Eso es complicado, entonces tenemos que buscar casa por casa.

Caminamos juntos ocultándonos en medio de la calle con la espesa niebla, sentí algo de miedo perderlo. Aunque correr hasta la casa de al lado no fue un gran problema, pues atravesamos el jardín sin ver ninguna cosa que pudiera molestarnos. Al ingresar, la puerta del lugar rota nos inquietó, puesto que todo indica que algo seguramente nos espera en el interior.

Con mucha cautela recorrimos el lugar, subimos sigilosamente las escaleras para ingresar a la primera habitación de la casa, cuando entramos, unas pisadas sobre la madera se escucharon ruidosas. El temor nos invadió, entramos apresuradamente al armario juntos en silencio, mirando por las rendijas. Afuera vimos entrar a una especie de bola con patas largas y dientes muy afilados, la que prácticamente corría en sus cuatro extremidades y se colgaba de los lugares altos con facilidad. Afortunadamente a los pocos minutos rompió la ventana saliendo. Respiré nuevamente el aliento que contuve y miré a mi lado a sempai que respiró tan fuerte y próximo a mi rostro, que sentí que saldría vapor de todo mi cuerpo. Me sentí embelesado por sus ojos, en ese momento, toqué su rostro para horrorizarme de mis pensamientos tan extraños. Él se volteó de inmediato empujando la puerta del estrecho ropero, caminando lo más lejos de mí. Revisamos algunas fotografías puesto que sempai recordaba perfectamente las fotos viejas de su madre, las cuales guardó celosamente junto con las cosas importantes.

Sin conseguir nada sobre su familia, el estómago de Souichi rugió, el mío no tenía ese tipo de necesidades, ya que simplemente al volver a descansar recupero energías, aunque soy capaz de percibir las cosas como un humano común, incluso comer.

— Deberíamos ir por algo de comida, hay muchas latas que puedes comer en el centro comercial. — Sonreí esperando un gesto aprobatorio.

— Esto es horrible, estoy lleno de polvo y tú también, no podría comer nada estando así.

— Temo decirte que no hay servicios básicos, ni luz, ni gas, ni agua. Sólo está el lago. Aunque primero deberíamos entrar por las latas para no ensuciarnos, al buscarlas.

Antes de partir en la casa Tatsumi, utilicé mi forma intangible para alejar a las creaturas de los alrededores, incluso revisé el lago para mandar lejos a todos los engendros que noté cerca. Fuimos por la comida, alejados de cada creatura que ahuyenté pues se encontraban en los alrededores y tomé una sábana de la casa, junto con algo de ropa limpia, para colocarla en el pasto de manera que comiéramos tranquilamente.

Miré el paisaje deprimente, cubierto con la niebla, el cual causó dentro de mí una sensación de nostalgia que me hizo usar mi magia para abrir la espesa bruma y permitirnos ver el paisaje a algunos metros a la redonda, incluso algunos rayos del sol irrumpieron. Souichi se retiró su ropa mientras yo giré mi rostro a otra parte para no ver su desnudez. De inmediato se arrojó al agua y dijo:

— Ven acá no te quedes ahí, también estás muy sucio, además mereces morirte de frío conmigo.

Lo seguí entrando a su lado al agua, yo sabía nadar, pero cuando Souichi se sumergió jalando mi pie hacia el fondo; sentí pánico y el aire salió de mis pulmones, trague bastante agua y perdí el conocimiento.

Desperté mirando de cerca su boca, sus labios sobre los míos tocando con suavidad y el calor manando de sus pulmones entrando. Me levanté como reflejo a toser el agua de mis pulmones y luego toqué mi boca recordando aquella sensación tan extraña… «¿Puede ser que eso es un beso como en los libros?»

La preocupación en sus palabras no me intimidó, pensé que por primera vez alguien se preocupó por mí, con esa hermosa sensación de algo desconocido por mí, creo que «felicidad». Además de la vergüenza que me dio tenerlo tan próximo y totalmente desnudo, al igual que yo.

Por primera vez entendí algo, tener alguien haciéndome compañía me hace sentir tan bien, como si quisiera gritar de alegría por todas partes y brincar. Compartimos las latas de comida e incluso brindamos con un poco de licor que él eligió de los aparadores. Ahora yo mismo pensé que es mala idea dejarlo marcharse, no quiero quedarme solo, me gusta escuchar su voz, sus historias de cuando fue niño, tan distintas a mis propia infancia. Quiero saber todo de él antes de volver a la oscuridad en mi prisión de por vida ¿acaso un condenado como yo no merece un poco de paz? Sólo un poco quisiera poder ser feliz, antes de continuar en este mundo que únicamente me ha concebido como un medio para un fin.

La niebla había vuelto a cubrir los alrededores que yo limpié antes de sumergirnos, puesto que al desmayarme la magia se esfumó, comimos juntos muy cerca uno del otro, hasta finalizar los alimentos y partir nuevamente con sigilo a la casa Tatsumi, de ahí continuamos algunas horas buscando en las casas. Sin embargo un sonido extraño que provino de su bolsillo me puso alerta:

— Tranquilo, es sólo mi teléfono. La alarma que indica que debo volver a mi mundo, pues mis hermanos me esperan.

Bajé mi rostro con algo de tristeza, puesto que es mi deber mandarlo de vuelta sin posibilidad de retorno.

— Ven, te mandaré por el espejo.

— Volveré mañana, te lo prometo. Sólo no pongas esa cara de tonto.

— No debes, es peligroso.

— Pero yo quiero hacerlo, además tengo que averiguar cómo sacarte de aquí.

— Eso es imposible.

— Nada es imposible, sino yo no estaría aquí. Ya verás tarado, siempre cumplo mis promesas.

Usamos un espejo de aquella casa con una vela y mi energía abriendo el portal que atravesó con facilidad.

.

Tatsumi Souichi

Nuevamente escuché su nombre «Morinaga Tetsuhiro», el cual repetí un par de veces en mi cabeza para procurar aprendérmelo. Me percaté que este chico tiene habilidades, ayer salvó mi vida de esa creatura que ¿es de verdad creación mía?

Cuando salimos a revisar las casas vecinas, con la finalidad de encontrar la casa de mamá, uno de los tantos monstruos nos hizo ocultarnos en el ropero de aquella habitación. Al verlo salir por la ventana recordé que tengo demasiado cerca al tipo de cabello azulado con su aliento rosando mi cara y sus suaves manos que tocaron mis mejillas me hicieron sentir tan frágil, dispuesto a conocer algo que jamás he tenido la oportunidad de …¿besarlo? ¡Claro que no!

Como sentí hambre, me llevó por comida enlatada, sin embargo antes de abrirlas decidimos tomar una ducha en el enorme lago de Fukuoka, hábilmente de la casa Tatsumi tomamos algunas prendas limpias que él tiene para su uso personal y luego fuimos ahí. Con su poderosa magia abrió la bruma ante mis atónitos ojos y por primera vez en meses, me sentí alegre de tener este nuevo amigo tan raro.

Desnudo me arrojé al lago que con esa helada temperatura, me hizo querer molestarlo por no avisarme. Entonces pensé en obligarlo a entrar a mi lado y jugarle bromas en el agua. Cuando entró lentamente sin lanzarse por completo al agua le grité:

— Ven aquí miedoso, te acostumbras una vez que te metes por completo.

Me sumergí y pensé arrastrarlo más adentro conmigo y jalé uno de sus pies; sin embargo de inmediato percibí su terror. El pánico que ostentó, me dio una terrible imagen de él sumergido en una jaula y un grupo de gente con togas negras diciendo un cántico extraño, mientras el tiraba de los barrotes con desesperación. El chico dejó de moverse, con angustia lo saqué inmediatamente del lago con mucho trabajo pues es más pesado que yo, lo coloqué en el suelo y metí aire a sus pulmones con mi boca, como en las clases de primeros auxilios que nos dieron antes de tomar clases de natación.

A las dos bocanadas volvió en sí y tosió un sinfín de veces mientras yo recargué mi mano sobre su espalda con preocupación. Luego que su respiración volvió a ser normal me miró de una forma tan extraña que recordé nuestra desnudez y me alejé inmediatamente a vestirme mientras pregunté:

— ¿Estás bien, chico?

— Si y me llamo Morinaga Tetsuhiro.

Recordé esas escenas tan raras de él sumergido en la jaula y temí preguntar. Quizá no tengo el derecho de saber ese tipo de cosas, ni yo le he contado sobre mamá y es algo que creo que no sé si podré decirle a alguien.

Nos sentamos a la orilla del lago sobre la sábana que trajo y ocultos en la niebla, comencé a platicarle de anécdotas divertidas conmigo en las piscinas, pues mamá y papá solían llevarnos a menudo a divertirnos los cinco. Todas esas cosas se reflejaron en sus ojos verdes como si pudiera verlas desde mis cabeza, sonrió cuando le dije que Tomoe y yo competíamos a pesar de ser de distintas edades, ya que mi hermanito es hábil en la natación, aunque mi tamaño siempre fue mi ventaja.

Mientras revisamos algunas casas de los alrededores, descubrí que es muy agradable su compañía, a diferencia de todos los que he conocido que siempre me resultaron desagradables y aburridos, él tiene esa chispa especial, además de su oscuro pasado que espero conocer, quizás podría ayudarlo a salir de aquí.

La tarde llegó de prisa entre nuestras bromas y el conocer a fondo a esas extrañas cosas que recorren la ciudad, le dije que deberíamos intentar deshacernos de ellos con armas de fuego, no obstante:

— Aquí no funcionan las armas, además ¿Qué te hace pensar que tienes el derecho de juzgarlos por ser peligrosos? Están en su mundo, el extraño aquí eres tú.

Reflexioné sus palabras hasta que sonó mi alarma para volver por mis hermanos a la escuela. Nos despedimos con la promesa de volver por él y por mis respuestas.

Usando nuevamente un espejo, colocó su mano en una orilla del mismo, tomó la mía con su otra mano y sin soltarme me hizo pasar a través de él. El paso a mi dimensión es distinto cuando él me hace regresar, todo es más simple y no siento temor ni nauseas al volver a casa, como sí él pudiera evitarme las molestias con ese gran poder que posee.

Al arribar a casa, me llevé el auto y llegué por los enanos, nos marchamos todos juntos por las compras de la casa preparando la cena, posteriormente hicimos los quehaceres de la casa. Terminamos por la noche agotados todos, directamente a dormir plácidamente en nuestras camas, hasta que el despertador sonó avisando de los deberes del siguiente día.

Transporté a los pequeños a la escuela retornado apresuradamente con tal de ir al mundo extraño, me paré frente al espejo y recité el hechizo esta vez con su nombre completo:

— Ven a mí ahora, Morinaga Tetsuhiro, alma pura que sacrificas tu luz atrapado en la oscuridad, yo te invoco, permíteme unirme a ti.

Al pronunciar esas palabras lo vi aparecer tras mi espejo y con una tímida sonrisa colocó su mano en un ademán de cortesía para sujetarme con delicadeza. Respondí aproximando mi mano y volvimos a tocarnos.

Al entrar lo miré algo cansado, no lucía como si se fuera a marchar, pero tampoco se mostró lleno de energía.

— ¿Te sucede algo?

— No es nada malo, lo que pasa es que gasto mucha energía al abrir el portal, si uso demasiada tendré que volver a mi prisión a recuperarme, además necesito también devolverte. Así que debemos ser cuidadosos pues no puedo usar magia para salvarnos si algo nos ataca o no podré devolverte hasta mañana.

Asentí con un poco de preocupación, sin embargo tomamos un par de barretas metálicas de la herramienta de la casa para defendernos en caso de que nos persiguieran; aunque él prefiere no herir a las creaturas, yo quisiera acabar con todas y cada una de ellas.

Así transcurrió nuestro día, revisamos una infinidad de casas, caminamos y nos escondimos muchas veces. Me descubrí varias veces sintiendo cosas raras cada que sus gestos voltearon a mí con esa sonrisa boba que me alegra, aunque no lo demuestro. Preguntó sobre la vida común, las cosas normales que he hecho y le fui platicando algunas, sus suspiros me demuestran que ha vivido tan pocas cosas. Cada vez que por accidente le sujeté el hombro como solía hacer con papá, su mirada se estremece con un poco de temor y ese «algo» que no se explicar, lo que yo mismo siento al tocarlo. Quería preguntar por esas imágenes de él sumergido en una jaula pero me abstuve nuevamente.

Estos días en su compañía no he podido dejar de cuestionarme sobre su vida a lo que él responde que no es nada importante, sólo que vivió aislado en la enorme mansión que está en medio del lago.

Conforme pasan los días de la semana, he notado que sus poderes se acrecientan y ya no se le complica el abrir el portal, pues ahora me obligó a ir a la escuela y en las horas libres lo convoco en cualquier espejo para acompañarnos mutuamente durante mis recesos o las horas de comida. También hemos descubierto que el felino le agrada mi compañía, nos ha dado varios sustos por las casas, corriendo como una pequeña sombra, por lo que lo nombramos así: «sombra». Se ha vuelto amigo nuestro y nos acompaña frecuentemente por ese mundo de oscuridad.

Se ha comportado tan interesado en la escuela y las cosas que yo aprendo, que estudiamos juntos, ya no sólo recorremos lentamente las casas, sino que estudiamos bastantes horas del día, uno al lado del otro. Sentí tanta confianza de platicar ese día en la biblioteca de Fukuoka, que pregunté aquello que me ha molestado:

— Morinaga, tengo una duda.

— Dime sempai ¿Qué sucede?

— La vez que casi te ahogas en el lago, al sacarte de ahí pude ver unas imágenes que me aterran. Tengo que saber ¿Alguien te torturaba metiéndote en una jaula al agua?

Sus ojos avispados miraron al suelo con tristeza, casi podía percibir sus emociones tan afligidas en su tierno y dulce corazón.

— No es algo de lo que quiera hablar, me hace sentir tan mal al pensarlo.

— Cuando mis hermanos y yo nos quedamos huérfanos, me obligaron a asistir a sesiones con un psicólogo para permitirme tener la custodia de mis hermanos. Sabes algo… ese tipo tenía razón cuando dijo que si no hablamos de eso que nos hirió, continúa lastimándonos. No sé si me tengas la suficiente confianza pero me gustaría saber, o podrías hacer lo que yo hice, ya que yo no pude expresarlo con palabras, el doctor me hizo escribir mis sentimientos. Te aseguro que a pesar de no decirlo me sentí mucho mejor.

Sus ojos tristes volvieron a los míos respondiendo:

— Tienes razón sempai, pero tampoco podría contártelo tan fácilmente, no obstante… te abriré mi corazón para que tú lo veas todo.

Partimos a la casa Tatsumi subiendo al cuarto de papá, una vez ahí, con la poca iluminación del lugar a través de las rendijas, se aproximó a mi hasta que me recline contra la pared, noté su estatura que me rebasa, su cuerpo recargado ligeramente contra el mío, su aliento y su mirada tan perspicaz.

— Levanta las manos Souichi. — Me ordenó con amabilidad.

Al levantarlas con las palmas hacía él, posó las suyas entrelazando nuestros dedos. Mi corazón latió con fuerza, la intimidad del momento se volvió profunda, me sentí desnudo ante él.

— Cierra los ojos y respira profundo.

Al hacerlo entré en sus recuerdos…

.

.

.

Primero les comento rápidamente, muchas gracias a todos los que siguen las historias, y que tienen favoritas, como saben soy una persona indecisa, sin embargo puedo escribir cualquiera que vayan eligiendo, por lo cual la votación funciona de esta manera. Pueden poner su voto en los reviews de esta historia yo los revisaré, se puede elegir más de una con la finalidad de darle énfasis a las favoritas; de igual forma abriré un post en facebook para la votación que contará igual en cualquiera. La votación termina en cuanto actualice la últma historia que es de mis propios personajes: "Los lugares de mi corazón". Sólo entonces contaré votos y subiré los resultados:

1 Uke por la fuerza... del amor.

2 La respuesta.

3 No puedo separarme de ti.

4 Competencia de amor.

5 Deseos del corazón: Recuerdos de nuestras vidas juntos.

6 Consejos prácticos para amar un tsundere.

7 Un héroe para mí.

8 Imposible pero es verdad.

9 El interminable viaje.

10 La silenciosa Fukuoka.