Estimada Vesania, sé que he tardado casi un año, pero aquí está tu dedicatoria de todo corazón y enviándote mis mejores deseos. Te deseo un cumpleaños muy feliz y con todo aquello que más adores de la vida.
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Capítulo 3: El diario de Hana.
Al sujetar sus cálidas manos, en aquél oscuro rincón de esa habitación, escuché sus latidos algo extraños, como distantes y al mismo tiempo los míos bombearon en mis oídos llevándome a lo más profundo de sus memorias…
Apenas Morinaga podía caminar sin ayuda, cuando comenzaron el ritual del agua. Lo tomaron en brazos y lo metieron en aquella jaula sumergiéndola en el lago sin meter su cabeza, sin embargo el temor fue demasiado, el agua helada lo hizo preguntarse del porqué de su castigo. Le repitieron constantemente que la finalidad de su vida, era el entregar su cuerpo a un ser que salvaría al mundo. Ni una mirada dulce, ni la calidez de un abrazo sincero durante toda su vida. El espantoso ritual cada año, y la terrible vida que llevó me angustiaron. Percibí desde él unas lágrimas que surcaron su rostro, todo sin necesidad de verlo, tan sólo con esa unión mágica que creó.
Un niño curioso, muy inteligente que se las ingenió para ser feliz en el pequeño entorno de su prisión, disfrutó cosas que jamás pude apreciar yo mismo, el mirar con su telescopio a los niños jugando en el otro extremo del lago, mirar los animales e incluso jugar con los insectos del huerto fueron sus hermosos recuerdos en los que sonreía y reía. Oler las flores, mirar el sol y recibir su luz cada día como cosas importantes, algo para sacarlo de sus lecturas pesadas y obligatorias con un aprendizaje forzado y aburrido. Pero él procuró siempre hacerlo con la mejor disposición, todo el tiempo atento y pensando en salvar al mundo de las cruentas guerras, de las que le hablaron en la historia mundial. Ayudar al prójimo sin conocerlo, sin vivir una vida real, ideales que fueron totalmente arraigados en su puro y limpio corazón.
Sus sueños de libertad, de conocer al príncipe encantador que lo ayudaría a salir y ser libre, sin embargo atenido a la realidad y aceptando con abnegación el destino que tendría.
Morinaga es tan dulce que sufrió mucho al saber el destino de los animales que usaban los salvajes de ese culto en sus ceremonias, intentó salvar algunos siendo descubierto y castigado sin poder salir de la mansión, pero no le importó, a todos ellos los volvió sus amigos y se propuso que pediría a ese gran Dios, que usaría su cuerpo, el salvarlos a todos y no permitir más muertes. Con todo ello comprendí una cosa importante, el por qué no quiere que lastimemos incluso a esos espantosos monstruos que habitan la ciudad.
Toda su vida sin tener un solo amigo verdadero, lo han hecho tan temeroso del contacto humano, ahora comprendo porque la lejanía y la distancia que pone entre nosotros. Esos sádicos padres que le impidieron socializar a pesar de dejarlo asistir a la escuela, me hicieron enojar demasiado.
Sin poder evitarlo comencé a llorar, mientras continué vagando por sus memorias, cuando escuché su voz:
— No tienes que llorar, no fue tan malo, también he disfrutado algunas cosas.
Abrí mis ojos y lo miré a él también con sus lágrimas recorriendo su hermoso rostro tan perfecto, nunca me fijé en él tan cerca. Nuestras manos unidas no se soltaron y nos miramos así un largo y casi eterno rato, no pude más que sentir esas emociones recorriendo mi cuerpo alborotadas por todas partes.
Su rostro se aproximó al mío, imaginé nuestros labios unirse, lo desee con todas mis fuerzas, sin embargo él se detuvo justo a centímetros, soltando mis manos y se volteó para que no pudiera ver el sonrojo en su rostro.
Mis pensamientos volvieron a su cause, por lo que traté de recobrar la cordura, ya que somos dos hombres y no puedo estar fantaseando con besarme con él, entonces le dije:
— No tenía idea, tu vida ha sido tan difícil, no era necesario que me mostraras tantas cosas Tetsuhiro.
Escuchar su nombre, le sorprendió viniendo de mis labios, ¿cómo podría decirle ahora por su apellido? Ese maldito apellido que proviene de esa gente tan nefasta que lo torturó durante toda su existencia.
— Tenías razón sempai, creo que me siento mejor ahora que lo sabes.
— Dime por mi nombre, si yo te nombro así tú también puedes hacerlo.
— Pensé que no te gusta que extraños te hablen tan familiarmente.
— Ya no eres un extraño ¿Somos amigos no?
— Creo que sí, nunca he tenido alguno, así que no se bien que hacen los amigos.
— Supongo que todo lo que hemos hecho últimamente.
De pronto, me vi a través de sus ojos, me veía tan perfecto, especial, puesto que esa sonrisa suya hablaba sobre mí. Ahora entendía algo importante, Tetsuhiro no había sonreído de esa forma, ni jamás había mirado a alguien como lo hacía conmigo. Y todo era porque yo lo quería como nadie lo había hecho antes con él, para mí no era una cosa, era casi como uno de mis hermanos. Me prometí a mí mismo en ese instante, que le devolvería un poco del amor que había sido robado de su corazón, lo sacaría de ahí para llevarlo a casa conmigo y seguro a mis hermanos no les molestaría tener un nuevo integrante, un buen amigo para apoyarnos, alguien parte de la familia.
— ¿Entonces esto es tener un amigo?
Sujetó su pecho con una mano, agachó su rostro y se quedó quieto, pensativo.
— ¿Qué sucede?
— Sentí latir mi corazón.
— ¿Y eso que tiene de asombroso?
— Que es imposible, soy un reflejo de lo que es mi cuerpo y mi cuerpo ha perdido esa facultad junto con muchas otras. Todo lo que muestra este cuerpo es parte de mi mente. Son los recuerdos que tengo sobre ser humano. Incluso respirar es un reflejo vano de la humanidad que mi cabeza no olvida. Lo que nunca sentí fue el latido de mi corazón, hasta hace un par de segundos. ¿Lo sientes tú?
Me aproximé con curiosidad, jamás imaginé que él no tuviera un corazón latiendo, en su pecho tan cálido. Respiré profundo cuando coloqué mi mano a cierta distancia de él, pues un cosquilleo me rodeó como si esto fuera algo prohibido o malo.
— Creo que se detuvo. — Expresó poniendo sus ojos tristes.
— No sé, quizá es porque no estás acostumbrado.
Por alguna razón quería escucharlo y coloqué mi oreja justo en el lado izquierdo de su pecho. Y lo escuché. Latía rápido, casi como el mío propio que suele acelerarse al tenerlo cerca, pero no fue sólo eso, también su respiración parecía decirme algo.
— ¿Qué… sucede sempai? — Dijo titubeante y me hizo sentir tan incómodo, el momento tan largo de permanecer en esa posición, tan cerca y escuchando los latidos de su corazón que parecían tan reales.
Me separé aclarando la garganta para responder:
— Lo escuché y parece real, tan real como el mío.
— Es casi como si en mi cuerpo pudiera latir… lo siento, pero es una simple ilusión.
De pronto, una sacudida nos trajo de regreso de nuestros pensamientos. La casa comenzó a partirse por la mitad separándonos. Todo pasó tan rápido, una extraña sombra se despegó de la pared y lo arrastró impidiéndole que pudiera brincar hasta dónde yo estaba. La casa no sólo se había partido a la mitad con algunas rocas que surgieron del piso, sino que también se derrumbó el piso bajo mis pies. Me sentí caer y un dolor en mi cabeza agudo…
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Morinaga Tetsuhiro
La magia dentro de mí se desvaneció justo en el momento en que solté su mano, él se había marchado por el espejo nuevamente. Mi conciencia regresó al cuerpo con el demonio, no me quedaba más magia para ser libre de la prisión, pero en esta ocasión podía sentir una alegría tan extraña, mi mente era libre para visitar aquellos lugares de los que él me había hablado en nuestro día en el lago. Y esos días en la piscina con sus hermanos casi podía ser partícipe disfrutando las cosas que él había descrito a detalle. El azul de los mosaicos, el agua cristalina brillando ante el sol y por supuesto las risas de todos.
— Hay algo muy extraño contigo Morinaga. — Me interrumpió la voz del demonio dentro de mí.
Intenté ignorarlo y me relajé para marcharme a las fantasías con sempai.
— ¿Me dirás que sucede?
Sin duda no podía concentrarme con aquella voz susurrando en mi oreja, produciendo una severa incomodidad. Era casi como sentir los bellos de mis manos erizarse y el terror llenar cada uno de mis pensamientos. Abrí mis ojos en aquella oscuridad que me rodeaba, mientras me encuentro lejos de mi propia conciencia. Recree una de las tantas fantasías para sentirme tranquilo y torné la oscuridad en el jardín de la mansión.
— ¿Por qué te gusta la luz? El astro que brilla parece ser tu guía y te aferras a él, como si pudiera salvarte. Deberías rendirte ante mí.
La voz se cimbró por el lugar imaginario en dónde yo estaba y la luz ficticia se hizo naranja, luego roja hasta oscurecerse. Las flores del jardín se marchitaron hasta volverse un terregal. Había destrozado una confortable fantasía y me había hecho enfadar, por lo cual grité:
— No te basta con tenerme prisionero dentro de mí mismo.
— ¿Así que tengo tu atención nuevamente?
— ¡Déjame en paz! ¡No quiero hablar contigo! Permíteme ser feliz en mi imaginación.
— ¿Qué razón tendría para hacerlo? Tú eres completamente mío, me perteneces y voy a usarte cuanto quiera. Además recuerda que tú fuiste quien me encerró aquí contigo. Así que ahora dime que hay en el mundo exterior que te llena de esa paz.
— Nada que te incumba.
— ¿Tú crees que esto puede ser malo así? No tienes idea que puedo hacerlo mucho peor para ti todavía.
De inmediato la realidad se hizo extraña, el terregal donde me hallaba sentado se tornó desagradable y parecía vivo. El lugar se hizo de un color rojizo transformándose en una especie de túnel con un líquido viscoso cayendo desde todas partes. Me aterrorizó que no podía mantenerme en pie y comencé a ser succionado pues las paredes se hicieron estrechas deslizándome por el túnel, cayendo y cayendo casi infinitamente.
De pronto todo se detuvo y caí nuevamente al lugar vacío y oscuro que ya conocía. Sin importar que todo esto eran ilusiones podía sentir la desagradable y quemante humedad en mi piel, en conjunción con la sensación de asfixia.
De pronto se materializó frente a mí con mi propia figura pero sus ojos distintos de los míos en un negro brillante que me hacía lucir tan desagradable.
— ¿Ahora entiendes que me perteneces? Yo no vivo en tu cuerpo, tú vives en el mío. Así que procura ser obediente y seré amable contigo. ¿Y bien? Quiero saber en qué piensas.
No iba a permitir que conociera la verdadera razón, el demonio no debería jamás conocer la existencia de sempai en este extraño plano de realidad.
— Lo siento mi señor, había olvidado las enseñanzas de mi familia. Mi alegría se debe a la creatura felina, espero que no le desagrade que yo posea esa compañía. Además tampoco soy apreciado por él y simplemente lo he perseguido por todo el lugar, incluso me ha arañado.
Me aproximé hasta el demonio que tenía un rostro de incredulidad y lo toqué mostrando los recuerdos que le había explicado.
— Sólo tenías que enseñarme y no tenías que sufrir. Por esta basura de recuerdos no valía la pena molestarte.
— Al contrario mi señor, para mí son cosas valiosas y si me disculpa continuaré recorriéndolos en mis pensamientos.
— Haz lo que quieras.
De inmediato desapareció y pude volver a recrear el jardín con el sol brillante. El cual simplemente se hizo un paisaje nocturno.
— Tampoco abuses de mi amabilidad.
Me senté en el desolado paisaje y recordé una y otra vez la calidez de esos dulces labios que habían acariciado mi boca con suavidad. Su aliento entrado en mis pulmones y cada contacto sobre mi piel que parecía tan agradable. El tiempo que siempre parecía eterno en el lugar, se hizo corto, hasta que la verdadera luz solar cubrió el valle llenando mi conciencia con la poderosa magia que me permitió salir de inmediato, fuera de la desagradable prisión.
Me había vuelto egoísta, sentí la necesidad de tenerlo para mí un tiempo, lo necesitaba, él me daba algo que nunca en toda mi vida había sentido, esa tremenda paz rodeándome. ¿Es así como se siente ser feliz? Pero no puede durar mucho, no debo arriesgarlo demasiado y que algo en este horrible lugar lo lastime. No quiero que termine, desearía que pudiera quedarse por siempre conmigo, aunque entiendo que eso jamás podrá ser y mi destino es permanecer solo.
Hice algunas actividades hasta escuchar su llamado, el poder parecía llenarme, sin embargo al sacarlo del espejo, la magia se esfumó casi completamente, requeriría mucho poder para mandarlo de vuelta y confiaba que el transcurso del día pudiera devolverme algo de vitalidad.
Es tan extraño pasear a su lado, poder tener a alguien con quien reír y cada vez que tocó mi hombro con confianza tuve muchas ganas de volver a probar sus labios con esa interrogante en ellos. Podía saberlo, con tan sólo tocar su piel casi escuché sus pensamientos que parecían confusos como los míos.
Con el pasar de los días, sus dudas tenían respuestas, algo que no pensé decir, cosas que nadie me había preguntado pues no había tenido a alguien que fuera ajeno a mi casa para hablar, de hecho nadie hablaba conmigo más que los tutores privados para darme clases. Por lo que preguntas sobre mi vida y cosas personales no habían surgido jamás hacía mí. Le conté sobre mi casa y lo enrome que es, le dije sobre mamá y papá. Las flores del jardín y todos los animales que vivían en jaulas.
Pero también escuché sobre él, más que hablar sobre mi vida. Me habló de la universidad a la que ha faltado por venir este par de días. No obstante una semana después de moverlo a través del portal, descubrí que la magia había crecido exponencialmente y por usarla sin freno. Sabía que era falible hacerlo entrar y salir más de una vez, así que le sugerí tomar sus clases con tal de que en sus ratos libres conviviéramos y me explicara más cosas de las que suele aprender ahí.
El día que intenté despejar la biblioteca central de Fukuoka, con tal de hacerla nuestra para estudiar, él me acompañó. Abrí el cielo en los alrededores y entramos a abrir las cortinas, luego las ventanas una a una, con tal de dejar entrar la luz que brilló intensamente desde fuera, ya que en ese lugar habitaban sombras que se retorcían desde las paredes y únicamente salían para sujetarte si te aproximabas a ellas.
Sempai se quedó en la parte de abajo del lugar, en dónde las habíamos ahuyentado. Entre tanto yo subí sigilosamente, a revisar que todas las criaturas se hubieran quedado en el ático del lugar y cerré. Me detuve al cerrar la puerta colocando las palmas de mis manos en la puerta y al cerrar mis ojos las conté para ver si estaban todas. En ese segundo, un grito aterrador vino de la parte de abajo, corrí sin importarme nada y lo descubrí con el felino dando vueltas en sus piernas. No pude evitar reír a todo pulmón.
— Esta alimaña me ha dado un susto de muerte. — Expresó negando con la cabeza por su error.
— Pero si es nuestro amigo gatito.
— Creí que era una de esas creaturas de sombras cuando corrió de ese estante al otro, en ese rincón oscuro.
— Bueno hasta yo me he asustado con él y con ese color sin duda parece una sombra. ¿Te parece si lo nombramos así?
— A mí me da igual, en realidad yo no vivo aquí.
— Justamente por eso, creo que deberías llevarlo a tu casa para que esté a salvo, él es una creatura viviente e inocente. Temo que un día algo pueda dañarlo.
— Pero los gatos sueltan pelo y además hay que cuidarlos.
— ¿Lo harías por mí? Estaré más tranquilo si lo llevas contigo.
— Como quieras.
Luego de eso cerramos cortinas y ventanas, tapiamos algunas y finalmente liberé el cielo que se cubrió nuevamente con la bruma, puesto que el consumo de magia comenzaba a agotarme. Respirando tranquilo nuevamente, pues el poder se gasta demasiado cada que hago algo tan llamativo. Me senté en aquella biblioteca ahora iluminada con algunas velas, ya que no podía gastar más poder en usar energía eléctrica. Nos sentamos ahí a charlar y comimos los almuerzos que Souichi trajo para ambos.
Intentamos atrapar a sombra ese día, sin embargo justo antes de entrar por el portal del espejo, sombra brincó de los brazos de sempai escapando, de manera que lo llevaría con él la próxima vez.
Los subsecuentes días lo traje y lo devolví varias veces en un día, casi siempre la última de ellas me desvanecí volviendo a la prisión. A pesar de eso, día con día la fuerza dentro de mí se acrecentó y al cabo de dos semanas ya me era simple el traerlo y devolverlo sin agotarme. Gracias a mis nuevos poderes lo tuve para mí más tiempo, puesto que en cada rato de ocio sempai me convocó para traerlo a mi mundo y charlar sobre su escuela. Ahora veo que es magnífico estudiar y me gustaría poder ser su compañero de clase, aunque técnicamente lo soy.
Esa tarde en la biblioteca, preguntó aquello que yo pretendía olvidar, los horribles rituales de agua, algo que todavía me aterraba revivir. Sin embargo él me inspiró demasiada confianza, y comprendí que debía contarle, quería hacerlo a pesar de que sentía ese enorme hueco en mi pecho, cada vez que recordaba esas desagradables cosas que me habían hecho.
— Tienes razón sempai, pero tampoco podría contártelo tan fácilmente, no obstante… te abriré mi corazón para que tú lo veas todo.
Si iba a hacerlo quería sentirme a salvo y seguro de que nada pudiera ocurrirme. Sin duda el lugar propicio era la casa Tatsumi que yo tenía protegida con algunos conjuros poderosos. Nos adentramos en la habitación del padre de sempai y sujetamos nuestras manos para poder conectarnos. Estar tan próximo a él me distrae, tantas veces me ha evitado hacer magia, que intenté ignorarlo, tan cerca, con ese par de ojos miel brillando tan enternecedoramente y serio, demasiado serio confiando en mí.
Cerramos nuestros ojos y me concentré en aquellas escenas tan traumáticas de cada uno de los rituales en cada año. Lo volví a sentir nuevamente, la jaula descendiendo lentamente con mis gritos desesperados sin que nadie tuviera una poca de piedad. De pronto el agua entrando a mis pulmones y esa angustia de muerte. Me aferré a los barrotes jalando y empujando. Entonces lo vi, él estaba ahí bajo el agua conmigo y sujetaba mis manos que ya no estaban apretando los barrotes. Justo ahí parecía un ángel con sus cabellos rubios, largos y sueltos en el agua ondeando tras de él. Su mirada pacífica había desaparecido mi temor, yo no estaba más en ese lugar, ni tenía por qué sufrir por el pasado, pues él estaba ahí para sujetar mis manos, para ayudarme a superar. Abrí mi mente y oculté la parte más oscura, aquella por la cual tendría que pagar con la eternidad atrapado como castigo, de la que nadie, ni siquiera sempai podría salvarme. Sin embargo vagó entre mis memorias, las cosas buenas, las malas y finalmente una persona en todo el mundo se estremeció con mi dolor y con mi profundo vacío. ¿Acaso tenía lástima por mí o quizá era empatía?
— No tienes que llorar, no fue tan malo, también he disfrutado algunas cosas. — Le dije con tal de que no sufriera por mi causa.
Cuando abrí mis ojos, aquella conexión se sentía fuerte, palpitaba desde mi corazón y brotaba hasta mi cabeza con la urgencia azorada de besar sus labios como en las novelas de amor. Su aliento chocó una y otra vez con mi rostro y lo imaginé infinitas veces con su boca sobre la mía, pero los deseos mundanos están prohibidos para mí. Mis padres lo había dicho tantas veces que era malo, muy malo permitir a las pasiones guiar el cuerpo.
Tenía que resistirme ¿qué tal si aquel demonio se liberaba por culpa mía? Guiado por la curiosidad, aproximé mi boca a la suya y nuevamente el palpitar en mi pecho me detuvo, soltando sus manos y alejándome de esa enorme tentación que representaba su presencia.
Confortó mis pensamientos, mis dudas con sus palabras, pero sobretodo ahora tenía mi primer amigo.
Con ese profundo y casi intimidante mirar, me sentí completamente frágil, desnudo y nuevamente el palpitar de mi corazón me indico que las cosas estaban extrañas. Él no lo entendía puesto que nunca le han arrebatado su humanidad. Me pregunté si era sólo mi imaginación o este cuerpo creado con mi conciencia, tenía aquella facultad de imitar aquello y cuando lo invité a tocarme, una dulce timidez se reflejó en sus ojos. Al percatarme de ello el latido de mi pecho se detuvo:
— Creo que se detuvo. — Le comenté para que volviera a tomar distancia conmigo, sin embargo hizo algo que no esperé; recargó su cabeza en mi pecho.
Las sensaciones cálidas, brotaron interminablemente, acaloraron mis sentidos e incluso obtuve sólo un poco, cierta incomodidad entre mis piernas. No iba a apartarlo bruscamente pues sólo dios sabe, que aquello se sentía terriblemente bien.
Apenas me había salido la voz para devolvernos a la realidad y se apartó nerviosamente carraspeando.
— Lo escuché y parece real, tan real como el mío.
— Es casi como si en mi cuerpo pudiera latir… lo siento, pero es una simple ilusión.
Yo lo sabía, no soy más que un simple reflejo de una persona que ha dejado de existir.
Un estremecimiento cimbró mi cabeza, la oscuridad parecía rodear el mundo y todo parecía sumergido en las sombras nocturnas, aunque aún faltaban algunas horas para eso. Mi palpitar resonó nuevamente y con ello un fuerte dolor que me apretó el pecho. En breves instantes el suelo tembló y me sujeté de la pared, sempai dio un par de pasos atrás golpeándose contra el muro contrario de la habitación. En una imperiosa necesidad intenté alcanzarlo pero el piso se dividió separándonos, un monstruo de sombra me sujetó de una mano y aquellas piedras atravesaron mi cuerpo haciéndome volver a la prisión. Lo último que pude ver fue a Souichi caer, pues el piso donde él se hallaba de pie, se rompió.
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Tatsumi Souichi
Mi cabeza punzaba terriblemente, pero abrí los ojos gracias a una voz que me llamó con insistencia, cada vez más claro escuché:
— Chico, despierta. Abre los ojos.
Al abrirlos me encontraba en las ruinas de la casa, un tablón justo encima de mi cabeza se había detenido contra otro y yo me había salvado. Tenía sangre que corría por mi cabeza y una mujer con una toga negra había retirado algunos escombros para sacarme.
— Tenemos que irnos, el mundo oscuro ha arribado y si no pretendes morir será mejor que me sigas.
Me sentí aturdido, no tenía idea que pensar. Él llegó a mis pensamientos y grité su nombre en aquella oscuridad sin importarme que algo nos atrapara:
— ¡Tetsuhiro! — Mi propia voz me causó una terrible molestia, mi cabeza quería estallar.
— Chico, será mejor que guardes silencio, porque la muerte acecha desde la sombras y tu pareces querer llamarla. Si quieres encontrar a Tetsuhiro, puedo llevarte hasta él.
Aquella mujer me había salvado de las ruinas y me sentí tan confundido que me levanté pesadamente.
— ¿Cómo llegaremos si estas rejas tienen caminos separados? Además están los monstruos, no sé si tenga la fuerza para defenderme de ellos, menos a usted.
Es fácil, yo te guiaré, tengo unos cuantos trucos que nos mantendrán a salvo de algunas creaturas.
Aquella mujer me tendió la mano y salí del hueco que había quedado entre los escombros, observé la roca afilada que se alzaba en medio de la casa, pero el paisaje estaba como la última vez que yo había estado de noche. Rejas por todas partes con cuerpos quemándose como una especia de antorchas. Cuando me había levantado, la mujer unió sus manos como para hacer una plegaria, las estiró y exclamó:
— Fuego Fatuo.
De pronto en medio de sus manos se había creado una luz blanca que irradiaba mucho más que una linterna.
La casa que parecía fuera de lugar con respecto del paisaje inerte de rejas oxidadas, casi como si estuviese sostenida en aquella piedra enorme. El olor desagradable de los cuerpos incandescentes me repugnó mucho más que de costumbre, contuve el vómito ante aquello y caminé escuchando únicamente nuestros pasos retumbando entre aquellas rejas.
Mi cabeza dolía y necesité sujetarla con tal de no sentir dolor. Punzaba conforme avanzamos caminando con pasos apresurados, pues seguramente la sangre bombeaba más fuerte causando esa molestia. La mujer no cesaba, caminó con seguridad, parecía saber que el camino único, nos llevaría directo a donde requeríamos. Algo que comenzó a molestarme fue que adentrarnos en las rejas, no escuché un solo ruido de aquellos animales y las rejas parecían estar dispuestas justo para nuestro trayecto. No habíamos visto alguna bifurcación, únicamente algunos caminos aledaños, separados por el vacío como aquella última vez que casi muero.
Mientras más caminamos, noté que el suelo se había vuelto de tierra a pesar de que había rejas encima y algunos árboles estaban rodeados como si estuvieran en un zoológico de árboles, ahí el camino se hizo como un laberinto. Justo en la entrada de lo que debería ser el bosque, aquellos cuerpos incinerándose desaparecían y una inscripción en la parte superior con un objeto enorme, algo como un «atrapa sueños» que parecía hecho con un aro de cerca de un metro de diámetro, yacía colgado de un arco hecho de rejas al lado de la inscripción.
La mujer parecía interesada en continuar, pues a pesar de la oscuridad que lucía como una enorme boca que podría tragarnos, ella no se preocupaba con el fuego fatuo que había convocado desde sus manos. Me detuve en la entrada al verla caminar directo al lugar:
— ¿Podría permitirme leer esta inscripción?
Sin responder salió levantando sus manos hasta las letras muy claras en un rojo carmín:
«BIENVENIDOS SON LOS SUEÑOS A LA REALIDAD»
— ¿Satisfecho? — Me preguntó y yo asentí dudoso, reflexionando sobre lo qué refería aquella inscripción.
El laberinto parecía querer tragarnos, las ramas por todas partes e incluso pasto bajo los pies incongruente con las rejas que pisábamos, los pasillos angostos y otros más amplios. Cada vuelta sentí que por mi propia cuenta terminaría perdido entre la oscuridad o el laberinto. Dimos una vuelta y el gato sombra saltó atacando el rostro de aquella mujer.
— ¡Maldito animal! ¡Aléjate! — Con un golpe, el gato cayó en sus cuatro patas y pasó entre mis piernas, caminó un par de pasos y se detuvo observándome como si me pidiera seguirlo.
Aquella mujer que la iluminaba el fuego de sus manos, parecía tener tras los rasguños del felino, una piel extraña, pues un par de bolas como tripas salieron de su mejilla y cuello. Arrojó una bola de luz que se desprendió de la que ella llevaba consigo, casi golpeando al gato.
— ¡Quién diablos es usted! ¡No se atreva a lastimar a sombra! ¿De verdad pretende llevarme con Tetsuhiro?
— Por supuesto, no le he mentido en ninguna forma. Sé dónde se encuentra. Está justo en la mansión en medio de lago y yo soy su madre.
Sentí miedo, aquella mirada demoniaca en sus ojos que se hicieron negros, la cual me horrorizó.
— Creo que prefiero ir después, con la luz del sol.
— Eso no lo puedo permitir, alguna cosa te matará y mi deber es llevarte ahí.
En ese instante las pisadas pesadas me recordaron mi temor más grande, aquel demonio con la máscara venía por mí. Los ruidos estaban demasiado cerca, recordé ese par de ojos rojos que me hacían perderme. De inmediato irrumpió justo en medio de nosotros, rompiendo uno de los árboles y doblando las rejas. Intentó tomar a la mujer con su mano y de pronto un rasguño del gato en mi pierna me trajo a la realidad. Tenía que escapar, seguir al gato me pareció la mejor opción.
— ¡Maldición estúpido chico! ¡Regresa ahora! — Gritó aquella mujer que se encontraba luchando con el enorme monstruo de mis pesadillas.
Al alejarme un par de pasos, la completa oscuridad había hecho que chocara con el simple hecho de dar una vuelta lejos de la luz que emitía la señora. Me di un fuerte golpe contra una de las rejas en el rostro. Definitivamente esta vez no tenía una forma de escapar a mi destino y si alguna cosa me hallaba aquí, sería mi fin.
En el asfixiante silencio escuché la voz del gato frente a mí y sin ver absolutamente nada me dejé guiar por los sonidos que hacía, junto con sus garritas que rayó en piso de rejas para hacerme seguirlo. Caminé lentamente con algunas ramas que golpearon mi rostro, no obstante en ningún momento choqué contra las rejas o alguna creatura. Afortunadamente los ruidos pesados no venían tras de mí y caminé lo más rápido que pude en esa oscuridad, sostenido únicamente de las paredes y con los ruidos del gato. De pronto me había guiado a un estrecho pasillo, por el cual mi cuerpo no pasaba, aunque el gato volvió a rayar sus uñas delante de mí y poco después me propinó un leve zarpazo en los pantalones para que lo siguiera. Usando la cabeza me agaché y tocando el lugar descubrí que en la parte baja podía pasar sin problemas a una especie de túnel angosto. La suave voz del gato se escuchaba leve nuevamente y sus ronroneos retumbaron en el eco del lugar. El túnel medía cerca de un metro puesto que al salir, la tierra estaba sin rejas entre mis manos, me arrastré a gatas pues el felino caminó a mi lado, de cuando en cuando tocando mis manos con sus patitas frías y suaves.
A poca distancia toqué la corteza de un enorme árbol, no tenía idea de su tamaño a causa de la falta de luz, a pesar de ello, el gato subió sobre una madera que sobresalía del tronco y desde ahí volvió a llamarme, puesto que toqué al felino justo en ese lugar. En un instante su voz se escuchó mucho más arriba y completamente a ciegas seguí la voz del animal dando la vuelta sin soltarme del enorme tronco.
Unas cuerdas cayeron sobre mi cara que intentaba buscar alguna luz hacia donde escuché la última vez al felino. El polvo sobre aquellas telas mi hicieron sacudirme y limpiar mis ojos con mi camisa. Cuando volví a palpar la tela descubrí, que era una especie de escalera de cuerda. Unos extraños bufidos en la entrada de ese lugar me hicieron subir apresuradamente, hasta aquello que supuse era una construcción. Una vez arriba levanté la escalera para que nada pudiera seguirme, mientras sombra se restregó en mí con felicidad y yo suspiré con tranquilidad. Tenía miedo de prender la lámpara de mi celular, por lo que con la breve luz de la pantalla, divisé el diminuto lugar, aunque cubrí la mitad del aparato con tal de que no fuera notoria para alguna cosa que pudiera verla.
Observé a detalle y miré los muros cubiertos con espesas cortinas, una especie de ventana asegurada con una madera en medio de dos seguros y la única cosa que dejaría salir la luz podría ser la entrada que era un hueco cuadrado con su tapa abierta. Sin pensar dos veces sellé la entrada y coloqué el tapete que estaba dispuesto para ese propósito. Ahora si encendí la luz del celular y pude mirar mejor las cosas. Habían muñecas, muchas de ellas con distintas formas y tamaños, incluso un par hechas de trapo. Las demás tenían rostros de porcelana y brillaron con la luz, a pesar del polvo. En la otra esquina, encontré una colchoneta enrollada cubierta con una bolsa plástica, casi dispuesta para mí uso pues detrás de ella un par de mantas también cubiertas en plástico.
Con la puerta cerrada pude colocar la colchoneta y cabía perfectamente dándome espacio para mirar un baúl que parecía ser parte de la decoración, al abrirlo habían un par de linternas, y justo en el fondo, una vieja libreta con la inscripción en japonés. Esos caracteres escritos de esa forma especial que yo conocía:
«Diario de Hana»
— Mamá… — Murmuré.
Agarré aquella libreta con un viejo espiral metálico que se encontraba maltratado y doblado. Debajo de su nombre, el apellido de soltera de mamá estaba tachado con unas líneas que no me dejaron distinguir aquello. Descubrí que le faltaban cerca de la mitad de las páginas, puesto que estaban cortadas bruscamente.
El felino entró al baúl y casi apuntó con su nariz a un par de latas; aquellas decían alimento para gato y la caducidad no había expirado. El animal afortunado encontró un festín con un abrelatas al lado de aquellas. No todas eran de comida para gato, otra tenían sopas y verduras. Además de un par de botellas con agua y sopas instantáneas, y chocolates. La mala noticia para mí era la falta de fuego, así que simplemente abrí una lata para el gato y una de sopa para mí. Le serví agua de una botella en un plato diminuto que se hallaba en el piso con los caracteres tallados «koi», lo cual significa amor.
Con el estómago lleno, me recosté con el diario entre mis manos y lo abrí leyendo su contenido:
Mi amada madre me había regalado esta libreta como una tradición en mi familia a mis diez años exactamente para que fuera mí diario, cosa que yo ignoré un par de años y hasta justo ahora, a mis quince años, he decidido usarla como podrá notarse en la fecha de la esquina superior. La finalidad de ello es simple, un día alguien de mi familia tendrá que regresar aquí y este diario probablemente será la única guía para acabar con la bestia. Pero empecemos desde el inicio:
Mamá me había explicado que nuestra familia era una de las más antiguas en Fukuoka. La mía y la de los Morinaga que eran los más ricos, los fundadores del pueblo que en sus inicios parecía ser como cualquier otro. El problema radicó en que esas personas que considerábamos los salvadores tenían un oscuro secreto, les gustaban los rituales satánicos y mamá juraba que aquellas cosas eran reales. Mamá y papá trabajaban en aquel lugar como sirvientes, pues la familia de papá llegó a su servicio desde generaciones atrás. A pesar de no ser adinerados, mamá se las ingeniaba para regalarme hermosas muñecas que coleccioné con mi vida, amé a cada una de ellas como si fueran mis bellas hijas, me gustaría que pasaran a manos de alguien que supiera apreciarlas y amarlas como yo.
No se nos permitía salir del castillo más que para ir a la iglesia, en la cual teníamos esa extraña religión, sin olvidar que también podía ir a la escuela, a la cual tardaba más de media hora en llegar puesto que luego de llegar en bote a la orilla, debía caminar un largo trayecto por el bosque.
Cada domingo, cánticos extraños sobre el salvador del mundo que sonaban tan tétricos que me horrorizaba un poco recitarlos, retumbaban en las paredes de la iglesia. Todos hablaban de la purificación y de la venida de un niño que nacería concebido para ser el receptáculo del salvador. Algunas veces presenciamos rituales detestables con animales que mataban frente a nosotros. Tantas veces lloré al verlos morir y no quería permanecer más en ese culto. Sin embargo ahí fue donde lo conocí, el chico Tatsumi, hijo del herrero que también se dedicaba a vender madera para el fuego en las casas. Solía venir con su padre, a la mansión de cuando en cuando, trayendo los leños en un bote hasta la orilla. Pero cierto día en la iglesia nos escondimos con temor por el pobre borrego que le sería cortada la garganta para bañar a alguien con su sangre. Un ritual desagradable que cada uno de los miembros de la comunidad debería realizar exactamente a los dieciséis años.
Nos escondimos en un rincón bajo una de las bancas de atrás y justo ahí estábamos tan cerca que nos dimos nuestro primer beso. Es cierto que esto no refiere a mi historia de amor, sin embargo es indispensable que se sepa que ambos nos enamoramos y construimos en secreto una pequeña cabaña en el bosque sobre el árbol más antiguo, que gracias a sus enormes ramas desaparecía a la vista de cualquiera, en la cual podíamos vernos a escondidas. Lo importante de esto es que en el momento en que Soujin realizó el ritual nada fue igual, parecía cargar dentro de su corazón algo malo, a pesar de eso yo lo protegí con mi amor. Cualquiera debe saber que el arma más fuerte contra el demonio es el amor. Eso es para ti que lees esta historia, si no lo sabes, el amor es eso que sientes, que burbujea dentro de ti al estar con la persona amada y que te impulsa desesperadamente a estar a su lado y hacerla feliz. Eso entre otras cosas como la confianza y el afecto, el más dulce que puedas imaginar. ¡No lo olvides! Eso salvará tu vida.
El ritual cada vez está más cerca ya que soy un año más joven que Soujin, así que hemos decidido escapar. Mamá fue la que lo sugirió, ya que papá es un fiel ciervo de los guardianes y sacerdotes. Con la señora Morinaga como la sacerdotisa principal que ha ungido a su única hija para ser la madre del salvador y la ha casado con un noble del lugar que adoptó el apellido Morinaga.
Mamá ha tenido tanto miedo, que en sus ratos libres investigó sobre alguna forma de derrotarlos y la hay, sin embargo antes de encontrarla te deberás probar a ti mismo y liberarte de los temores. Encuentra la casa de mis abuelos maternos, la que solía usar para quedarme cuando debía llegar antes a la escuela, ahí están los hojas faltantes. En la calle de las sakuras, una casa que tiene las facultades místicas que el sacrificio de mi hermana mayor, probará si eres digno de usar el arma. Sólo alguien con un corazón que ama puede ingresar. Únicamente ahí encontrarás lo que necesitas.
Hana …
Ahí finalizaba lo escrito en ese cuaderno y tenía bastantes hojas en blanco que luego de ellas estaban los pedazos de aquellas que habían sido arrancadas por la fuerza…
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Morinaga Tetsuhiro.
Con la angustia de ver a Souichi caer del suelo que se agrietó ante sus pies, entré a la oscuridad de la cabeza del demonio. Intenté volver pero me detuvo con un par de cadenas que surgieron de la nada. El lugar se tornó con una luz roja que me inquietó.
— ¿Así que cuanto tiempo planeabas ocultar que otra persona ha entrado?
— No hay tal, sólo somos tú, yo y el felino.
— Basta de esas estupideces. — De pronto se presentó ante mí con mi figura.
— No estoy mintiendo. — Expresé con seguridad, no podría comprometer la estadía de Souichi.
— Al principio te creí, no parecía que tú pudieras mentir, mucho menos a mí. Pero hace algunos momentos tu corazón latió en mi pecho. Eso es algo que sin duda sólo hace el amor y no cualquier amor, únicamente el amor que brilla por otro ser humano. Así que has logrado contaminar mi cuerpo con esas desagradables emociones, intenté arrancarlo pero parece estar sujeto a ti, por lo que creo que ahora sufrirás y padecerás mientras me ocupo de tu ¿novia?
¿Amor? ¿Yo era capaz de amar? Creo que jamás debí dejarlo entrar, algo podría pasarle, afortunadamente el demonio no puede salir de aquí.
— ¿Cómo lo harás? Estás atrapado aquí.
— Así como tú has podido salir, he logrado usar mi magia para traer a alguien de vuelta para mi servicio. Alguien que debes conocer perfectamente.
— ¡No te atrevas a hacerle nada miserable! Saldré por la mañana y lo devolveré antes de que puedas alcanzarlo.
De pronto liberé mis cadenas usando mi voluntad, nada me impediría defenderme con todas mis fuerzas. De pronto algunos picos me atravesaron inmovilizando mi cuerpo con terribles dolores. Yo no podía morir pero si podía padecer infinitamente en la cabeza del demonio.
El valor me cubrió y desaparecí aquellas estacas de madera y de pronto estaba atado a una especie de cruz con alambres puntiagudos que se encajaron en mi piel. El demonio comenzó a reír.
— No se me había ocurrido antes, pero si yo no puedo atravesar, ni destruir esta barrera purificada, voy a crear una barrera oscura que tú no podrás pasar. — Se detuvo un segundo cerrando sus ojos y luego los volvió abrir continuando: — Ahora ninguno podrá salir de aquí. Te voy a torturar hasta que mi encargo llegue y pueda ser libre para tomar el mundo. Mientras tanto padecerás hasta la eternidad.
Cosas afiladas se enterraron en mi cuerpo, las cuales intenté desaparecer, pero el demonio es tan fuerte que conforme yo intenté defenderme, surgieron más formas de torturarme. La única cosa que podía hacerme levantarme del infierno era el recuerdo de Souichi, no iba a permitir que mi mente enloqueciera si debía salvarlo.
No había nada que pudiera hacerme flaquear, soporté el dolor, el sufrimiento que se alargó por horas. Sonreí un par de veces, podía sentir la fuerza de sempai rodeándome. Si esto era el amor lo usaría con tal de salvarle la vida.
Entonces apareció hecho de sueños, asió mis manos con fuerza mientras las cadenas de mis manos desaparecieron:
— ¿Qué sucede Tetsuhiro? — Al verlo frente a mí, me pregunté si esto podía ser parte mi imaginación o una creación de la criatura para doblar mi voluntad, pero esa sensación que me dieron sus manos no era falsa.
— ¿Así que crees que puedes burlarte de mí, trayéndolo para ayudarte? Yo puedo torturarlos a ambos. — gritó el demonio.
Unas espigas con filosas espinas se enterraron en nuestra piel intentando separar nuestra unión.
— No debiste venir sempai, salga de aquí, yo soportaré esto.
Souichi no soltó mis manos, sentí su cuerpo temblar en la misma agonía que yo podía percibir. De pronto sus manos me abrazaron y aquellas espinas se fueron con el dolor.
— No te voy a dejar. ¿Así que aquí es dónde vienes todas las noches?
Una luz nos rodeó apartándonos de la terrible pesadilla que nos cubría. Una especie de garganta parecía tragarnos juntos pero nada podía tocarnos más. Me aferré a él y lloré agradecido de que por primera vez no estuviera indefenso y tenía a alguien protegiéndome.
De pronto aparecimos en otro lugar, me llevó a su casa en el sueño y escapamos de la cabeza del demonio. Fui con él a un lugar distinto, a los sueños de su corazón.
Nos encontramos en el parque acuático con su familia. Su papá, su mamá y sus hermanitos me recibieron pues me presentó como si fuera su hermano, sabía que era un sueño, pero lo disfruté increíblemente. A pesar de eso, reconocí a su padre y no le dije aquello que moraba en mi cabeza como culpabilidad, era algo que sabía terminaría con esta fantasía, la cual disfrutaría lo más que pudiera…
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ESTA HISTORIA CONTINUARÁ...
Hey saludos a todos, Esto se pone cada vez mejor, no he podido dormir bien con esta historia dando vueltas en mi cabeza. Espero que les guste esta continuación y muero por seguir con lo que viene que se podrá cada vez mejor y mucho más emocionante. Lo siguiente que espero traer finalmente es Imposible pero es verdad pues el especial de san Valentín ha consumido mis locas ideas y estoy por finalizarlo. Nos vemos y gracias por sus bellos comentarios que me alientan a seguir y hacerlo con el corazón.
Un especial agradecimiento a Gaby que siempre es una gran ayuda y además con esas bellas ilustraciones no sé qué más decirle sobre esas lindas emociones que causa en mí al verlas. Quizá que seguiré aprovechándome para las que vienen.
