Los personajes de Sailor Moon. No me pertenecen, son propiedad exclusiva de la grandiosa Naoko Takechi. Los demás personajes que aparezcan en esta historia, (Esos sí son invenciones mías.)

"-cursiva- "Lo que piensa un personaje.

SAILOR MOON: El FUTURO DE TOKIO DE CRISTAL

LA LEYENDA ESTELAR: LA PROMESA DE LAS ESTRELLAS

-Ya amaneció- Suspiró pesadamente Darien al ver que como a pesar de la oscuridad del lugar, algunos rayos del Sol se filtraba levemente por sus cortinas indicando la llegada de un nuevo amanecer.

Bebió algo de jugo de manzana mientras distintos pensamientos chocaban en su cabeza -Acaso Sunmi es en realidad Sailor Sun-, mirando fijamente el fondo del vaso -no eso es imposible-, sacudiendo la cabeza -pero que tal si ella… pero que estoy diciendo-, poniéndose de pie de inmediato y reprendiéndose a sí mismo por sus pensamientos, pero lo extraño era que tan solo al recordarlo aquel cumulo de sensaciones se volvían a repetir.

-No sé que estoy pensando, ella es una chica común y corriente-, Preparándose un pan tostado con mermelada y un tazón de cereal con fresas -eso no fue más que un simple sueño… un delirio de mi mente.

-Yo no diría eso- Musitó una voz entre las sombras, provocando que Darien se sobresaltara, no estaba solo, y lo pudo comprobar al vislumbraban en la oscuridad de su sala la silueta de unas personas.

-¡Quien está ahí!- Profirió Darien -Responda en este instante.

-Ju, ju, ju… Ha pasado mucho tiempo.- Contestó con una mirada traviesa en su rostro una mujer de pelo rubio-castaño, su cabello era largo y ondulado, el cual estaba atado en una cola de caballo -Bonito departamento Darien.

-¡Zoycite!- Exclamó sorprendido de ver aparecer aquella mujer en su apartamento, sin perder tiempo se transformó en Tuxedo Mask para hacerles frente.

-Siempre fuiste muy impulsivo Tuxedo Mask.- Susurró Neflyte quien se acercó a Zoycite seguido de Jedite.

-No sé cómo lograron entrar aquí, pero no permitiré que lastimen a gente inocente.- Comentó decididamente Tuxedo Mask, lanzando al instante afiladas rosas contra los antiguos sirvientes del Negaverso, sin embargo Jedite alzó su mano creando al instante una barrera que los protegió de aquel ataque.

-¡Rayos, no les hice ningún daño!- Pensó molesto, apretando fuertemente los puños aunque no lo quisiera tenía que reconocer que no era oponente para los antiguos generales del Negaverso. -No me gusta reconocerlo, pero no creo que pueda yo solo contra ellos.

-Zoycite, no debiste precipitarte.- Replicó autoritariamente una voz -No es así como debió suceder.

-Lo siento señor Malacait, pero no pude contenerme- Se disculpó Zoycite ante el joven que caminaba hasta colocarse enfrente de ellos.

-¡Malacait!- Exclamó Tuxedo Mask al reconocer al último de los generales -¡¿Así que desean vengarse?! Les advierto que no acabarán conmigo tan fácilmente, no lastimarán a Sailor Moon.- Sacando su bastón, dispuesto a contraatacarlos.

-Espere Príncipe Endymion, no somos sus enemigos- Musitó Malacait levantando una mano para evitar que los atacara -nosotros no hemos venido a pelear contra usted y mucho menos contra las Sailor Scouts.

-Entonces que- Pero las palabras quedaron al aire debido a la sorpresa que se llevó Tuxedo Mask de ver a los antiguos generales del Negaverso postrarse ante él.

-Hoy, nos reunimos al fin con nuestro verdadero amo,- Declaró Malacait con una expresión seria y determinada en su rostro -la persona más importante para nosotros y a quien protegeremos, no importa que arriesguemos nuestras vidas.

-¡De que están hablando!- Exclamó sorprendido Tuxedo Mask, que no comprendía lo que estaba sucediendo, aquellas personas que intentaron apoderarse de la Tierra hace tiempo, sus antiguos enemigos ahora se arrodillan y lo llaman amo, realmente no entendía nada.

-En nuestra vida pasada, nos llamaban los Cuatro Reyes Celestiales, mejor conocidos por el nombre de Shintennou.- Le explicó Malacait al ver el desconcierto en el rostro del protector del planeta azul -En época del Reino de la Luna, nosotros vivíamos en el Reino Dorado sirviendo y protegiendo a su alteza, el Príncipe de la Tierra.

Al escuchar aquello, los ojos de Darien se abrieron sorprendidos, acaso había escuchado bien, ellos habitaron en su reino protegiéndolo, será verdad que aquellas personas fueron ¿sus guardianes? Darien sacudió la cabeza, no podía creer lo que estaba escuchando. -Imposible… no puede ser que ustedes…

-Nosotros somos sus guardianes personales, Príncipe Endymion- Le explicó Malacait poniéndose todos los protectores de Endymion de pie -y por fin podremos cumplir con nuestro deber como debimos haberlo hecho hace tiempo.

-Ustedes fueron siervos del Negaverso, nos atacaron incontables veces,- Objetó Tuxedo Mask -piensan que voy a creer esa historia.

-Es la verdad Príncipe Endymion, tiene que creernos- Replicó Jedite, por su parte Zoycite estaba cabizbaja, le dolía que dudara de ella y de sus compañeros.

-Por favor alteza, le aseguro que no estamos mintiendo- Musitó Zoycite con inocultable tristeza en su voz caminando lentamente hacia la persona que en otra época tenía una fe ciega en ella, sin embargo Malacait extendiendo el brazo le impidió seguir adelante.

El último de los generales miró a Zoycite y movió la cabeza negativamente, comprendía perfectamente el sentir de su amada, en otra época, de los cuatro guardianes él y ella fueron alguna vez los más cercanos al príncipe Endymion. Pero era lógico que el príncipe de la Tierra desconfiara de ellos, después de todo en esta era fueron enemigos, aunque en contra de su voluntad es verdad, pero enemigos al final.

-Entiendo que no nos crea, Príncipe Endymion- Comentó Malacait dirigiéndose a donde se encontraban sus piedras guardianas -Pero permítanos despejarle sus dudas- trayendo consigo una pequeña caja. -Si toca estas piedras, entonces sabrá toda la verdad.

-No voy a caer en tu juego.- Replicó ferozmente Tuxedo Mask.

-Descuide, hemos sido purificados y con ello desapareció todo el influjo del Negaverso. -Le aseguró Malacait con una leve sonrisa -Le garantizo que no es ninguna trampa… Solamente quiero que sepa la verdad de porque nos convertimos en sus enemigos en esta era.- Extendiéndole la caja con las piedras preciosas.

Tuxedo Mask tocó aquellas piedras con cierta reticencia, cuando su mano se posó sobre ellas, estas dieron un fuerte resplandor revelándole los tiempos cuando vivía como el Príncipe de la Tierra junto aquellos que alguna vez llamó enemigos, así también la manera en cómo llegaron sus antiguos protectores a convertirse nuevamente en fieles siervos de la Reina Beryl en esta era.

-Ya veo, así que eso fue lo que pasó.- Dijo Tuxedo Mask soltando un largo suspiro y regresando nuevamente a ser Darien Chiba, a lo que ellos asintieron con la cabeza.

-Así es, nosotros también perecimos durante la batalla contra la Luna,- Habló seriamente Jedite rememorando aquellos sucesos. -Pero el cristal de plata envió nuestras almas a la Tierra futura para que renaciéramos y pudiéramos enmendar nuestro error.-

-Cuando renacimos en esta era, sabíamos que debíamos buscar a la reencarnación del príncipe de Tierra y protegerlo.- Continuó con el relato Zoycite tomada del brazo de su amado Malacait -Pero desafortunadamente la reina Beryl nos encontró antes de que pudiéramos dar con usted.-

- Y, de la misma forma que había ocurrido en nuestra vida pasada, nos alteró la memoria para que le fuéramos fieles a ella y a Metalia nuevamente.- Finalizó Neflyte con los puños cerrados, no podía ocultar su disgusto y coraje por haber permitido que lo convirtieran en una marioneta del Negaverso.

-Entiendo,- Suspiró Darien -¿y ahora?

-Ahora que hemos sido liberados de toda influencia maligna podemos cumplir con nuestro deber que es velar por usted.- Respondió categóricamente Malacait -nosotros lo protegeremos sin importar que nos cueste la vida.- Darien no sabía que decir, ya que para él era extraño, nunca creyó tener sus propios guardianes, siempre pensó que solo la Princesa de la Luna los tenía.

-Lleve estas piedras consigo y si se encuentra en peligro nosotros lo defenderos mi señor,- Pronunció Jedite entregándole en las manos sus piedras guardianas -ya que por desgracia, aun no tenemos la fuerza vital para materializarnos completamente, solo podemos tomar esta forma por un corto tiempo.

-Ya veo, pero, ¿cómo lograron escapar de su influjo?- Les preguntó Darien observando las cuatro piedras, ahora se daba cuenta que el sueño que tuvo en realidad fue un recuerdo de su vida pasada, pero… ¿entonces será verdad lo referente de Sunmi?, ¿es acaso ella la última Sailor Scout del Sistema Solar? Fue la voz de Malacait, quien totalmente ajeno a las meditaciones de Darien lo sacó de sus pensamientos.

-Cuando Metalia fue vencida por Sailor Moon nuestras almas fueron encerradas en estas cuatro piedras preciosas,- Le explicó Malacait con voz firme.

-Permanecimos dormidos hasta que llegamos a las manos de una sacerdotisa del imperio solar,- añadió Zoycite observando a Darien como si esperara alguna reacción por parte de él -fue ella quien nos purificó, despertándonos de ese largo sueño.

-¿Quieren decir del reino de Aroi?- Dijo Darien sin pensar, no entendía porque pero cuando escuchó sobre el imperio solar, sintió como si una corriente eléctrica le hubiera recorrido el cuerpo, no sabía porque había dicho aquello y aunque no comprendía la razón aquel nombre le parecía de cierta forma familiar… pero la pregunta era ¿por qué?

-Así es alteza, pero yo no recuerdo que ninguno mencionara aquel reino- Musitó Zoycite con fingida inocencia, al instante que una imperceptible sonrisa aparecía en sus labios, su querido Malacait tenía razón, el subconsciente del Príncipe de la Tierra aun recuerda lo referente al Sol y su gobernante.

-No sé porque dije eso,- Comentó Darien sacudiendo la cabeza -pero a la vez siento que lo conozco, como si ya hubiera estado en ese lugar… esto es muy confuso.- Y dirigiendo su mirada a sus protectores les preguntó si él conocía el reino de Aroi o porque se le hacía conocido.

-Príncipe Endymion no se preocupe,- murmuró Malacait intentando calmarlo -estoy seguro que poco a poco recordará todas las vivencias de su vida pasada,- Caminando hacia el buro donde tomó el reloj que horas antes le había dejado -incluso a la persona a quien le regaló esto.- Entregándole aquel extraño objeto.

-¿Un reloj de bolsillo?- Pensó contrariado Darien, pero al tomarlo entre sus manos, su mente le mostró la imagen del Príncipe Endymion junto a una joven peli rosa en medio de un campo de flores donde él le entregaba ese objeto, al instante son rodeados por una lluvia de pétalos y solamente logra escuchar una voz que susurraba siempre pensaré en ti.

-Esa joven,- Darien apenas pudo murmurar y levantando la mirada se dirigió a sus guardianes -Díganme por favor, ¿Quien es ella? ¿Por qué está apareciendo constantemente en mis sueños?

Malacait colocando su mano en el hombro de Endymion le respondió -Príncipe Endymion, nosotros no podemos revelarle eso, aunque ahora no se acuerde, créame que usted mismo la recordara, a su debido tiempo.

-Pero…-

-El señor Malacait tiene razón amo Darien-, añadió Zoycite -además, no tiene que ir a la universidad-, él al ver la hora del reloj de su buró vio que ya estaba retrasado, y el día de hoy tenía laboratorio así que tendría que correr si no quería llegar tarde, bueno al menos no muy tarde.

-¡Rayos! Llegaré tarde al instituto.- Dirigiéndose rápidamente a terminar de arreglarse, ante la mirada sonriente de sus protectores.

-Zoycite, pensé que habíamos quedado que él solo recordaría.- Murmuró Malacait abrazándola suavemente.

Zoycite alzó los ojos y los fijó en su compañero -Mi querido Malacait, no deberías molestarte, después de todo, ese reloj no llegó al buró por sí solo.- Comentó Zoycite guiñándole el ojo. Provocando que Malacait esbozara una leve sonrisa y así los cuatro protectores de Endymion regresaron con una sonrisa en los labios a sus piedras guardianas.

Por su parte, Darien se apresuraba a terminar de vestirse, tomó sus libros y guardó el reloj en el bolsillo de su pantalón y las piedras en la bolsa de su saco, salió de prisa de su departamento hacia el estacionamiento. Tomó su motocicleta y se dirigió hacia la universidad a toda velocidad.

-Nunca pensé que un día llegaría tarde al colegio como Serena-, Pensó Darien mientras conducía a toda velocidad en dirección al instituto bueno, -parece que siempre hay una primera vez.

Estacionó su motocicleta y corrió hacia el laboratorio, y tal como lo suponía la clase de biología celular ya había dado inicio, solo esperaba que el maestro Mitsutaka le permitiera el ingreso.

-Profesor…

-Llega tarde señor Chiba,- Habló Mitsutaka molesto por la interrupción -por esta vez le permitiré ingresar al aula, sin embargo eso no significa que le quitaré la falta, así que espero que no vuelva repetirse este incidente y llegue más temprano a mi clase.

-Si profesor, de- de veras lo lamento.- Cerrando la puerta y al buscar con la mirada algún lugar para sentarse se asombró que el grupo nuevamente había aislado a Sunmi, era como si tuviera la peste, incluso las sillas las habían movido para evitar todo contacto con ella, era claro que no les agradaba.

-Esto es muy infantil, no entiendo que les ha hecho para que la traten así-, Pensaba Darien mientras se dirigía a la mesa donde estaba sentada únicamente Sunmi -si tan solo se dieran la oportunidad de conocerla se llevarían una gran sorpresa.

Pero tal vez la mayor sorpresa que se llevó fue ver a Sunmi tan tranquila como si nada, sus ojos no demostraban ninguna emoción, su mirada era fría, glacial e impenetrable. Aquella mirada tan inexpresiva que siempre tiene cuando esta con los demás alumnos.

-Buenos días.- Susurró Darien con una sonrisa.

-Dirás buenas noches,- Replicó suavemente Sunmi volviendo sus ojos a Darien, cuando sus ojos se encontraron se asombró que el semblante de aquella joven era distinto al que presenció cuando llegó.

-Es raro que llegues tarde Darien, supuse que estarías enfermo-, Musitó Sunmi mientras continuaba tomando sus apuntes -pensaba llamarte después de clases.

-¿Acaso estabas preocupada?- Quiso saber Darien, sonriendo traviesamente a Sunmi.

-Claro que no,- Respondió ella tratando de sonar seria aunque sin mucho éxito y bajando la mirada para que no percibiera el leve sonrojo que tenía en las mejillas, mientras internamente se recriminaba había hablado de más -solo que… bueno además no tengo porque darte explicaciones.

-Señorita Kusaka, señor Chiba guarden silencio,- Ordenó el profesor Mitsutaka -si quieren platicar a gusto entonces pueden salir del aula y dejar de interrumpir mi clase.

-No volverá a suceder maestro- Respondieron al unísono.

-Eso espero, por el bien de los dos- Continuando el profesor Mitsutaka con las anotaciones en el pizarrón.

-Toma- Susurró Sunmi mostrándole su cuaderno para que copiara las anotaciones que no tenía, a lo que Darien asintió con la cabeza, Sunmi no era el monstruo ni él ser de hielo que los demás creían que ella era, estaba seguro que a pesar de no demostrarlo debía dolerle el comportamiento de sus compañeros, después de todo no era de piedra para que no le doliera. Y así transcurrió el resto de la clase.

-Bien muchachos, eso sería todo por hoy.- Dijo el profesor Mitsutaka -por cierto Señorita Kusaka quiero hablar un momento con usted sobre la excelente tarea que hizo-. Ella asintió con la cabeza y se dirigió al escritorio del profesor, quien le mostraba el trabajo de investigación que había entregado.

Mientras el profesor hablaba con Sunmi, dos jóvenes de cabellera negra se acercaron a Darien, sus nombres eran Ryo Nakayama y Manabu Itakura, compañeros de clase.

-Hola Darien, dinos, ¿ya tienes con quien vas a hacer el trabajo?- Preguntó en un susurro Ryo.

-Bueno, sí.

-Oye, no hay problema si nos unimos a tu equipo.- Le consultó Manabu, El los miró a los ojos y negó lentamente con la cabeza.

-En absoluto, Sunmi y yo pensamos ir a la cafetería después de clase, si quieren ahí nos ponemos de acuerdo.- Contestó Darien apareciendo una sonrisa en su rostro, tal vez esta era la oportunidad para que pudieran conocerla mejor. Sin embargo aquello no sucedería ese día.

-¡Qué, estás con ella!- Exclamó Ryo levantando las lejas con asombro -Olvídalo, no quiero tratar en lo absoluto con la señorita sin sentimientos.

-Ni yo,- secundó Manabu -sabes Darien, sinceramente no sé cómo puedes hacer equipo con la mujer de hielo.- En ese entonces ella regresó a su lugar después de haber hablado con el profesor, sin decir media palabra tomó sus libros y salió del salón.

-Sabes, ni siquiera creo que sienta algo.- Opinó Manubu. -El profesor dice que el ser humano no puede vivir sin un corazón… pero supongo que ella es la excepción.

-Tienes razón, tal vez ni siquiera sea humana, siempre he creído que su sangre debe ser tan fría como un pez- expuso Ryo -dudo que conozca alguna clase de sentimiento.

-¡Ya basta!- Exclamó molesto Darien golpeando el escritorio con la palma de la mano -¡si no quieren conocer la gran persona que es ella es su problema!- La expresión en el rostro Darien se oscureció pero no tienen ningún derecho a hablar así de ella, no voy a permitirles ni a ustedes ni a nadie más que hable mal de Sunmi en mi presencia.- Tomó sus libros y salió del laboratorio poniendo punto final a la conversación.

Sin pensarlo se dirigió a la biblioteca donde estaba seguro encontraría a Sunmi, ya que aunque no lo demostrara o dijera, aquel lugar era su refugio, un lugar donde ella podía esconderse de los demás, sabía que la localizaría en los últimos cubículos, los más apartados y con la mirada perdida. Cuando pensó eso, sintió como una oleada de rabia recorría su cuerpo. ¿Cómo era posible que aquellos muchachos se expresaran tan insensible de ella? pero si ni siquiera la conocían ¿Por qué la juzgaban antes de tiempo?

Cuando se encaminaba hacia la biblioteca, cuál sería su sorpresa al divisar frente a él a Sunmi darle una bofetada al muchacho que estaba enfrente de ella y entrando bastante molesta a la biblioteca. Sin pensarlo dos veces se dirigió a encontrarse con ese joven, quien estaba seguro de que no era otro que Jean-Pierre.

-¿Puedo saber que buscas aquí, Jean Pierre?- Preguntó molesto Darien, no sabía porque pero no le agradaba que ese tipo estuviera rondando nuevamente a Sunmi, eso lo molestaba de sobremanera. -Porque no dejas en paz a Sunmi.

-Vaya, pero si es el niño bonito en persona.- Comentó desdeñosamente Jean Pierre. -El caballero andante de los débiles.

-Lo volveré a preguntar ¿Qué es lo que quieres con Sunmi?- Cuestionó Darien una vez más -Te dije que no te acercaras nuevamente a ella.

-Solamente le estaba dando algunos consejos,- Respondió cínicamente Jean Pierre -después de todo, tú no eres lo que ella necesita.- Apareciendo en su rostro una sonrisa al recordar la breve conversación que tuvo con Sunmi minutos antes.

-Eso a ti no te importa.

-Te equivocas niño bonito, me importa más de lo que crees,- Replicó Jean Pierre al instante que sus labios se curvaron en una sonrisa malvada -Sunmi sigue siendo asunto "mío"- En ese momento Darien lo agarro por la solapa de la camisa, sus ojos reflejaban enojo, coraje, no sabía porque pero el escuchar a ese tipo decir que Sunmi era suya lo molestaba y bastante, lo había dicho con suma posesividad.

-¿Es que vas a golpearme?- Le preguntó con ironía Jean Pierre.

-Si te vuelves acercar a ella lo haré- Lo amenazó Darien soltándolo bruscamente. -Por tu bien, más vale que no insistas en acercarte a Sunmi. - Comenzando a caminar hacia la biblioteca.

-Eres tu quien no debe entrometerse más en mi camino, niño bonito-, Le gritó Jean Pierre deteniendo el andar de Darien -tu solo preocúpate por tu novia o acaso te has olvidado de esa niña de ridículo peinado,- apareciendo en su rostro una sonrisa cínica -en cuanto a la reina de hielo, tarde o temprano regresará a ser "mía" nuevamente...puedo asegurártelo.

-Miserable-, susurró Darien molesto, su cara adquirió un semblante de furia -eso nunca sucederá me escuchas, no dejaré que Sunmi caiga en tus manos, no te voy a permitir que la lastimes-. Dirigiéndose hacia la biblioteca, sin embargo lo que no se percató fue el brillo de maldad que desprendía los ojos de Jean Pierre.

-Si piensas que me daré por vencido, estás muy equivocado principito- Pensó Jean Pierre mientras caminaba hacia su auto -Crees que permitiré que desaparezcas a la reina del hielo... ella me pertenecerá…he esperado mucho tiempo- Alejándose de aquel lugar con una sonrisa diabólica en su rostro.

Pero mientras ellos discutían, adentro de la biblioteca Sunmi observaba su reflejo en la ventana mientras ve pasar sin interés los autos. Al subir la mirada sintió como si fuera transportada a otro sitio, un lugar envuelto por neblina donde pudo ver como aparecía ante ella una joven cubriéndose el rostro con una capucha negra.

-¡Cómo te atreves!- Exclamó aquella muchacha apretando fuertemente los puños. -¡En qué diablos estas pensando!

-Yo…

-¡Todo iba a la perfección!- Bramó la joven cegada por la rabia -¡Y ahora haces esto! Golpeando el suelo con el pie.

-No lo entiendo- Balbuceo Sunmi.

-¡No te hagas la tonta! Dime porqué me detienes cuando se trata de ese tal Darien- Vociferó molesta aquella joven quien la observaba con una mezcla de enfado e indignación -¿Por qué lo haces? ¿Es que no has aprendido todavía?

-Yo…

-¡Él es como todos los demás muchachos de tu grupo!- La Increpó la joven desconocida con una mirada amenazadora -¡Tal vez pueda engañarte a ti pero yo sé lo que ese chico es en realidad!- Añadió aquella muchacha temblando de ira -¡no es más que un hipócrita, farsante y doble cara!

-¡Lo has olvidado… El ser humano es convenenciero por naturaleza, es seguro que él también te traicionará!

-Tal vez él sea diferente a los demás,- Musitó Sunmi bajando la cabeza -no sé cómo explicarlo, pero…

-Ahora entiendo, ¿Te has enamorado de él, no es así?- Le preguntó a quema ropa aquella joven.

-Yo—yo-no- Titubeaba Sunmi, no sabía qué era lo que sentía por aquel joven.

-Estoy segura que te ve a hacer mucho daño.

Sunmi sintió el corazón en un puño ¿Sería verdad lo que aquella extraña joven decía? ¿Acaso Darien le haría daño a propósito? No podía ser verdad, el no podía ser así ¿cierto?

-Está bien,- Suspiró resignada aquella joven -si crees que él es diferente le permitiré entrar-. Al escuchar aquello Sunmi levantó inmediatamente la mirada, tenía miedo, era como si de pronto todos sus temores se pudieran materializar.

-¿No es eso lo que querías?- Le preguntó burlonamente.

-Es… que

-Ya que tanto te agrada ese tipo dejaré que trate de llegar al centro del laberinto, el lugar donde está nuestro verdadero yo,- Suspiró profundamente aquella joven y añadió -pero no creas que no estaré vigilándolo.

-Tal vez Darien encuentre el camino correcto.- Musitó Sunmi en voz alta y apareciendo en su rostro una sonrisa. -Es posible que-

-Ilusa,- La interrumpió bruscamente aquella joven -pero en fin, no puedo oponerme si tú quieres dejarlo ingresar al laberinto de tu corazón.- Su frente se había contraído mientras que de sus ojos parecían que salían relámpagos -Después de todo este fue creado para protegerte del dolor. Un dolor que en esta era te causó la traición que tuviste a manos de tu supuesta "amiga"- apareciendo en su rostro una sonrisa burlona -y este se ha ido acrecentando más y más gracias a los "amigos" que has tenido a lo largo de tu vida-, Aquella joven notó como el cuerpo de Sunmi se tensó cuando escuchó esas palabras. -Veamos hasta dónde llegará este. Aunque lo más probable es que solo lo agrandará un poco más.

Ella iba a decir algo pero aquella muchacha la cayó colocando un dedo sobre sus labios. -No tienes que decirme nada, después de todo soy una parte de ti- Replicó fríamente aquella joven -y debo admitir que yo también tengo curiosidad de saber si él será capaz de llegar a conocer tu corazón, el cual he protegido fuertemente de cualquiera que quiera herirlo nuevamente.

-Pero te lo advierto, si ese joven es como sus antecesores, le sucederá lo mismo que a ellos,- aquella muchacha casi escupió esas palabras provocando que Sunmi abriera los ojos en pánico mientras aquellas palabras se clavaban en lo profundo de su alma -si muestra su doble cara, le cerraré el camino automáticamente- contrayendo sus labios para no reflejar la ira que contenía -y lo expulsaré de nuestro interior para siempre... Entendido- A lo que Sunmi asintió con la cabeza.

-Mientras yo exista, no sentirás pesar- Le aseguró con firmeza aquella joven -no olvides que soy el fruto de una decepción, esa fue la razón por la que me creaste en el pasado.- Tocando con sus manos la mejilla de Sunmi -el profundo deseo por no sentir más dolor fue el motivo de mi nacimiento- quitándose la capucha y descubriendo a una joven pelirroja idéntica a ella ataviada con un uniforme con falda de color amarillo, sus zapatos eran rojos de tira elegante con cuatro cruces en el tobillo y cuya mirada era tan fría como el de un tempano de hielo -y esa resulta ser nuevamente mi finalidad en esta nueva era y lo seguiré haciendo hasta el momento que ya no me necesites.- Despertando Sunmi de aquel trance.

Cuando Darien llegó al segundo piso de la biblioteca vislumbró a Sunmi quien se encontraba mirando hacia el campus de la universidad con la mirada pérdida, carente de humanidad mientras sus ojos parecían que reflejaban algo, pero que era, acaso frialdad, tal vez tristeza o dolor o quizás era odio e indiferencia… no podía descifrarlo, pero por alguna razón que no entendía o tal vez no quería admitir deseaba poder descubrir lo que pensaba aquella joven.

Sin embargo al acercarse, noto que su cabello era ¿rojizo?, Darien no daba crédito a lo que veía así que se frotó los ojos, creyendo que había observado mal, y al parecer así había sido porque el cabello de Sunmi seguía siendo de color aguamarina, de seguro fue su imaginación, nadie puede cambiar el color de su cabello por arte de magia.

Ajena a todo aquello Sunmi se encontraba observando su escuela. -Es obvio que él preferirá estar con ellos- Pensaba dolorosamente -¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Y si me equivoco nuevamente? pero aun así por alguna razón me duele estar lejos de Darien.

-Sunmi, fuiste muy mala ¿porque no me esperaste?- Le espetó pretendiendo estar ofendido pero sin mucho éxito.

Al escuchar su voz, Sunmi se sorprendió bastante volteándose de inmediato -¿Darien? pensé que estarías poniéndote de acuerdo con esos chicos- comentó ella con un dejo de tristeza en su voz -porque supongo que vas hacer equipo con ellos, no es así.

-¿Qué? Sunmi quedamos que haríamos el trabajo juntos, además no se deshará de mi tan fácilmente señorita.- Le respondió guiñándole un ojo.

-Darien,- Musitó ella dirigiendo su mirada nuevamente hacia la ventana -si quieres hacer el trabajo con ellos créeme que no hay problema, yo puedo-

-Tú y yo somos un equipo,- Objetó él y sin pensarlo colocó un brazo sobre su hombro, aunque él no se había percatado de aquel acto, Sunmi sintió como si un pequeño calorcito recorriera su cuerpo, derritiendo poco a poco aquella barrera de hielo inquebrantable que había levantado nuevamente para protegerse de los demás. -Que dices si regresamos al salón.

-De acuerdo- Asintió Sunmi con una leve sonrisa, porque aunque no lo quisiera admitir muy en el fondo se sentía contenta de que no trabajaría sola sino con Darien -No entiendo que esta pasándome pero me siento feliz a su lado… ¿Qué es este sentimiento?- y así ambos salieron de la biblioteca.

-Pero me temo que tendré que castigarte por no esperarme, así que la invitaré a comer señorita después de clases.- Argumentó Darien -¡Y no acepto un no como respuesta!

-¿A Eso llamas castigo, Darien Chiba?- Le preguntó Sunmi juguetonamente.

-¡Tómelo como le dé gana, señorita Kusaka!- Replicó con expresión traviesa. -Me alegra verla sonreír.

-Está bien me rindo, aceptaré mi sanción sin replicar.- Musitó Sunmi soltando una risita que hizo que Darien sonriera aún más. No sabía que le sucedía pero cada vez más sentía esa necesidad de poder hacer sentir mejor aquella chica de mirada triste y lejana.

-Que sabía decisión.- Dijo Darien observando con detenimiento a su compañera de clase -Es la primera vez que escucho su risa, está debe ser la verdadera Sunmi.- Pensó Darien mientras se dirigían tranquilamente los dos hacia el campus.


Lo que ignoraban ellos era que desde lo alto de la biblioteca Yoko Erídano los observaba atentamente con una sonrisa en el rostro.

-Veo que solo fue una falsa alarma- Suspiró aliviada Yoko al observar como el Sol que se había ocultado tras unas densas nubes oscuras volvía a salir más brillante que nunca. -Me preocupe cuando el cielo se nubló de repente, creí que la oscuridad que habita en su corazón la había atrapado, pero me alegra saber que no es así.

-Si todo sigue así, tal vez Sailor Sun pueda regresar a su eterno letargo- Musitó Yoko complacida -Me pregunto cómo le estará yendo a nuestros otros protagonistas-. Chasqueó los dedos y al instante apareció entre sus manos una carta, la cual tenía la imagen de una mano divina surgida de las nubes, sosteniendo una bella copa grabada con una M invertida, cayendo de esta cinco chorros de agua hacia el estanque que está debajo, donde flotan lirios acuáticos y Encima de la copa desciende una paloma llevando en su pico una hostia.

-Estupendo, todo está marchando sobre ruedas, tal como debió haber sido desde un principio- Murmuró Yoko -bueno pero una ayudadita no está de más,- esbozando una sonrisa traviesa al instante que lanzaba al aire varios pétalos blancos -el resto depende de él- después movió su muñeca y desapareció la carta que tenía en sus manos -bien no tengo nada más que hacer aquí.- Retirándose de aquel lugar no sin antes darle una mirada furtiva a Sunmi quien se encontraba platicando con Darien mientras se dirigían al aula en espera de su siguiente clase.

-Las cosas serían más sencillas si tan solo Sailor Plut no fuera tan testaruda y entendiera que el final de una historia siempre es el comienzo de otra- Reflexionó Yoko suspirando profundamente.

-Es posible que los guerreros solares ni siquiera se han percatado de que ella se encuentra aquí- Pensó Yoko en el instante que se marchaba -Al parecer solo Unazuki y Andrew están en esta ciudad.


Pero que equivocada estaba Yoko, ya que esos precisos momentos en un hotel de la ciudad Unazuki se encuentra acostada después de haber hecho el amor tumultuosamente con su novio Jing Yun, el guerrero solar de la estrella Épsilon Eridani.

Aquel encuentro había sido sorpresivo, cuando ella se dirigía a la Escuela Privada de Chicas Tomás de Aquino, el mismo colegio al que asiste Rei Hino se encontró con su novio quien al verla se dirigió hacia ella devorándole su boca y haciéndola sentir la mujer más deseable del mundo.

Unazuki no quería responder a sus besos y a sus caricias, sabía que debía entrar a su instituto pero cuando vio que era incapaz de resistirse se dejo llevar por el maravilloso placer que estaba experimentando.

-Oh, Jing Yun… haces que me sea tan difícil resistirme- Murmuró ella y fue así como en lugar de terminar en el aula de un colegio acabó en la habitación de un hotel.

Jing Yun se había mostrado insaciable. Había probado, tocado y besado cada centímetro de su cuerpo, con manos expertas y boca insistente, permanecieron acostados, acariciándose hasta que el cansancio venció a su compañera.

Por su parte él se sentó en la cama y miró con indiferencia hacia donde se encontraba durmiendo su pareja, sus ojos eran una ventana por la cual se reflejaba todo el desprecio que sentía hacia su compañera.

-¡Cómo pudiste hacerlo Unazuki!- Pensó molesto Jing Yun apretando los puños y temblando de ira de pies a cabeza -Acaso no juramos que protegeríamos a la señorita Sunny aunque nos costara la vida- sintiendo una mezcla de rabia al recordar la plática que tuvo en la noche con Schneider.

En una bella residencia, lugar donde habitaban por el momento los guerreros solares Schneider, considerado por muchos como el cerebro del imperio solar debido a su inteligencia se encontraba sentado en la biblioteca tomando anotaciones del libro de astrofísica teórica que estaba leyendo en aquel momento.

-Schneider, perdona por molestarte- Dijo Jing Yun al cabo de algunos minutos de silencio -¿puedo hablar contigo un momento?

-Sucede algo malo Jing Yun.- Contestó tranquilamente su compañero cerrando el libro -Si buscas a Morio él…

-No,- Dijo rápidamente Jing Yun -es solo que… -Schneider al verlo pasear por la habitación con los brazos cruzados, supo que algo lo estaba inquietando de eso no tenía duda, pero a pesar de conocerlo hace tiempo no podría adivinar lo que lo tenía en ese estado.

Sus ojos recorrían a su compañero como si quisiera descubrir algo.- Jing Yun, ¿Que es lo que te preocupa?

-Bueno, he estado pensando en algo últimamente,- Murmuró Jing Yun al cabo de algunos instantes -tal vez estamos siendo muy injustos y duros con Andrew y Unazuki.

Schneider inmediatamente le lanzó una mirada que hizo temblar a su compañero -¡¿Estás loco?!- Exclamó con intraducible acento de odio -¿Por qué abogas ahora por ellos?, ¿Acaso piensas traicionarnos tu también?- Sintiendo en aquel momento que se le erizaban los cabellos al recordarle a sus aborrecidos compañeros.

-No es lo que piensas Schneider.- Balbuceó Jing Yun con voz temblorosa, sentía que se le erizaba el cabello al sentir la energía que desprendía el guerrero solar de la estrella de Sirio.

-¡Pues entonces aclárame las cosas!- Exclamó frenéticamente Schneider levantándose bruscamente -¡Porque según recuerdo dijiste que no por una chica ibas a traicionar a la princesa!

-¡No dijiste que si ella se unía con los enemigos del Sol... moriría por ello!- Bramó Schneider con ira -¡No fueron esas, tus exactas palabras Jing Yun!- golpeando fuertemente el escritorio con sus puños y temblando de ira de pies a cabeza.

Un profundo suspiro salió de los labios de Jing Yun -Es que estoy seguro que los selenitas les lavaron el cerebro, ellos son guerreros solares y juraron lealtad a la princesa.- Jing Yun sentía que se le helaba la sangre en el cuerpo al ver la manera en como lo miraba su compañero pero prosiguió -Estoy convencido de que por eso dijeron eso de aliarnos con ellos,- pasándose la mano por la frente -hablaré con ellos y ten por seguro que recapacitarán.

-¿Todavía crees en ellos?- Le preguntó Schneider con ligera ironía.

-Si-, Musito Jing Yun -se que Morio aun siente odio hacia ellos por lo sucedido con la princesa- soltando un suspiro sin poder contener un estremecimiento al recordar el dolor con que lloró Morio cuando regresaron y le informaron de lo que había sucedido en la Luna y de cómo no habían encontrado ningún rastro de la soberana del Sol, que el único ser humano que había era la reina del Milenio de Plata tendida en un pilar y sin ninguna vida -y créeme que lo entiendo después de Apolo, Morio era el más cercano a la princesa.

-El amor te ciega Jing Yun, que no puedes ver la verdad.- Murmuró Schneider arrugando el entrecejo -Acaso olvidas la razón por la que los dioses crearon nuestras armaduras, el motivo por el que surgieron las estrellas.

Desde tiempos mitológicos los reinos de las estrellas han relatado de generación en generación la leyenda estelar escrita en el Ragna, el libro de los dioses.

Una leyenda que muy pocos planetas conocen, donde se dice que en el principio de los tiempos la Tierra no giraba y tanto el Sol como la Luna estaban siempre visibles de día y de noche. La diosa Sunne, quien era la personificación del Sol y era mejor conocida con el nombre de "estrella del día", era hija de Mundilfari y Glaur, cada día la joven diosa se paseaba alegremente en su carroza tirada por dos corceles Arvak y Alsvid, cuya melena emitía la luz mientras la propia diosa con sus brillantes brazos desnudos proporcionaba el calor.

A pesar de estar el Sol y la Luna juntos, los mortales preferían a la Luna, quien encantaba a los enamorados y era frecuentemente protagonista de las más hermosas poesías. Aquello provocó que a la diosa Sunne la invadiera una gran tristeza al sentirse olvidada por las personas.

Un día decidió bajar a la Tierra para llorar en silencio su pena, pero en ese instante su vida cambió al encontrarse con Glen, un joven mortal, quien se enamoró perdidamente de aquella diosa y desde ese día se distinguió entre los demás mortales por venerar únicamente al Sol, siempre buscando en el firmamento a su amada, por su parte Sunne tampoco podía ocultar la pasión que la consumía por aquel joven y ese fue el comienzo de un gran romance.

Sin embargo poco duró su idilio, ya que Frey, el dios de la fertilidad y la prosperidad, quien era el orgulloso propietario de un intrépido corcel el cual cabalgaba a través del fuego y el agua también se había prendado de ella.

Frey se había aventurado en una ocasión a ascender hasta el trono de su padre, Njord, dios del mar y los vientos, desde cuyo elevado asiento podía contemplar todo el ancho mundo.

Mirando hacia el este, vio a una joven y bella doncella que entraba en una casa y al elevar su mano para asir el picaporte, su belleza radiante iluminaba el cielo y la tierra.

En ese momento Frey se enamoró tan apasionadamente de ella que surgió en él una extraña obsesión por aquella diosa, un anhelo de convertirla en su esposa, en tenerla solamente para él, pero la hermosa Sunne no le prestaba la más mínima atención, lo que despertaba la rabia y celos del dios.

Cada día observaba con furia como su amada Sunne salía a encontrarse con Glen, decidido a terminar con aquel estúpido romance utilizó su espada mágica, la cual tenía la capacidad de luchar por si sola y cuyo resplandor era tan fuertes como los de los rayos del Sol, con ella cegaba los ojos a quien mirara directamente a la diosa.

Pero ella burlaba por momentos al dios Frey y lograba reunirse con su amado, ambos amantes vivían únicamente esperando ese instante. Aquello solamente provocaba que sintiera más envidia de aquel mortal, a quien consideraba indigno de ella, hasta que un día no aguantó más y enloquecido de celos le pidió a su padre que soplara una fuerte ráfaga para que las nubes cubrieran a la razón de su obsesión y evitar con ello que algún mortal pudiera posar sus ojos en ella.

La diosa, al percatarse del nuevo impedimento se resistió a que la distanciarán más de su amado, así que trató de emitir los rayos más cálidos con la finalidad de que él pudiera saber donde estaba a pesar de las nubes. Frey, al ver que sus planes no habían resultado se tornó melancólico y distraído en extremo y comenzó a comportarse tan extrañamente que su padre se alarmó mucho por su salud.

Frey le confesó su gran amor por la diosa Sunne y también su más profunda desesperación por no poder alejarla de aquel mortal, por lo que temía que su mayor anhelo de convertirla en su esposa no fuera posible. Indignado ante la preferencia de ella por un humano sobre su hijo que era un dios, Njord, dio un fuerte soplido provocando que las nubes oscurecieran el cielo y la diosa Sunne quedara fuera del alcance de aquel mortal, aquello ya era una cuestión de honor.

¡Así no podrás verte, solo yo podré observar tu belleza! Exclamó Frey con una sonrisa burlona. ¡Eres mía! ¡Mía al fin!

¡No lograrán alejarme de él! Gritaba Sunne entristecida al perder de vista a su amor, podía escuchar a su amado llamándola, sin embargo no podía divisarlo, sin poder soportarlo más las lágrimas salieron de sus ojos, las nubes viendo la tristeza de la diosa lloraron con ella.

Pero el dios Njord y Frey sabían que las nubes no podrían estar siempre grises como en aquel momento, tarde o temprano el cielo se volvería a despejar provocando que Frey recayera en el estado de ensimismamiento ya que aquel mortal podría ver nuevamente la belleza de la diosa Sunne cuando el firmamento se despejara.

Tanta fue su rabia al pensar que en ese momento ella volvería a los brazos de aquel hombre que le pidió a Skirnir, el sirviente favorito de su padre que liberara al gran lobo Fenris, la bestia del Ragnarok, de su prisión milenaria a cambio de que lo ayudara a evitar que la diosa del Sol, la novia brillante de los cielos, se encontrara nuevamente con aquella persona.

Skirnir partió a cumplir con su embajada y le comunicó a Fenrir el objetivo de su misión y que a menos que ayudara a su señor, se vería condenado en aquella prisión por el resto de su vida. Fenrir consintió finalmente e hizo lo que aquel le pidió, le ordenó a Skoll, un fiero lobo, que persiguiera todos los días a la diosa Sunne a través de los cielos, así la diosa tendría que moverse debido al temor de que aquel animal pudiera atraparla y devorarla.

No teniendo ella más remedio que cabalgar por los cielos hacia los bosques protectores del oeste ubicados en la tierra de Buri. Ese era el único lugar donde lograba salvarse del alcance de aquel animal, al parecer había algo que impedía que avanzara hacia ella.

Sin embargo aquellas tierras eran territorios de Frey, quien aceptó darle refugio en aquel sitio alojándola en su palacio y prometiéndole mantenerla bajo su sombra protectora siempre y cuando ella correspondiera a su amor jurándole que se convertiría en su mujer.

La diosa Sunne temerosa de ser aniquilada por aquel animal aceptó, desde ese momento cada día se dirigía hasta al palacio Nyo ubicado en las profundidades del bosque para protegerse del lobo que intentaba cada día devorarla. Al llegar al recinto Frey rápidamente la aprisionaba entre sus brazos, estrechándole en su pecho al instante que en sus labios vagaba una sonrisa de felicidad inenarrable.

Sin embargo aquella felicidad no la embargaba de igual manera a Sunne quien cabizbaja y temerosa no pronunciaba ningún sonido, solo lágrimas solitarias caían por su mejilla por lo que le deparó el destino. Ya no podría reunirse nunca más con su amado, ahora ella le pertenecía aquel dios, porque de lo contrario no tendría un lugar donde escapar y era seguro que sería devorada por aquel fiero animal.

Fue así como los seres humanos dejaron de ver al Sol durante la noche y conocieron por primera vez la oscuridad.

Por su parte Frey estaba encantado con su éxito, su rostro se iluminaba por la alegría. Sunne ya no volvería a ver aquel ser humano ni a ningún otro, al fin ella era solamente suya. Y él se aseguraba que así fuera, cegaba a cualquier mortal que osara levantar la mirada y observara a la diosa por mucho tiempo mientras ella realizaba el trayecto hacia su palacio.

Además, su padre había ordenado a las nubes que si ella en su recorrido pretendía acercarse hacia la tierra, deberían impedirlo cubriendo el cielo en su totalidad, formando una muralla que los declinantes rayos de la diosa no lograran traspasar.

Se dice que cuando el Sol se encuentra en el oeste se pinta de anaranjado porque es el momento en que aquel dios se funde con ella, el instante mismo en que el hambre de Frey esta fuera de todo control. Solo en ese momento es posible para los humanos ver al Sol, porque esa es la evidencia del éxtasis entre aquellas dos deidades.

Mientras tanto, una profunda melancolía se adueñaba de Glen, quien creía morir de desesperación por saber que eran otras manos quienes acariciaban el cuerpo de su amada -La he perdido- pensaba abatido sintiendo como si una flecha le hubiera atravesado el corazón.

Sabía que nada podría borrar de su mente el rostro de Sunne y el hecho de no verla era lo que lo sumía en la más cruel desesperación.

Glen levantó los ojos al cielo y en muda y desesperada plegaría musitó el nombre de su amada. La diosa Frigg, diosa del cielo conmovida por la tristeza que embargaba a la diosa del Sol por no poder estar nunca más con su amado y aquel mortal a quien le arrebataron a la dueña de su corazón, envió a Hlin, una de sus tres sirvientas para darle un poco de consuelo, ya que sabía que aquel ser humano jamás podría amar a ninguna otra mujer, pues su corazón íntegramente le pertenecía al Sol.

Frente a Glen apareció Hlin quien lo envolvió en una fuerte luz, convirtiéndolo en una planta de grandes y anchas hojas verdes y fuerte tallo, en cuyo extremo lucía una flor que cual raro y bello rostro seguiría los movimientos del Sol, por y para quien viviría, ya que no le sería posible sustraerse a su constante atracción. De esa manera, podría expresar el mutuo amor que sentían y tal vez algún día podrían reunirse y hacer perpetuos sus encuentros.

De esa forma nació el girasol, quien continúa adorando al Sol, siéndole fiel y siempre siguiéndolo en su paso por la tierra, recordando con ello el intenso y bello romance que tuvo con ella.

Pero Frey, temeroso que en su ausencia, bajo la penumbra de la noche su amada fuera raptada por algún dios o intentara escapar usando el manto de la oscuridad. Así que le solicitó a Nott, la personificación de la noche que lo ayudara, pidiéndole seres que vigilaran y protegieran a su amada en el manto de la noche.

Nott roció por todo el firmamento pequeños puntos luminosos, a las que llamó estrellas, los cuales serían los fieles sirvientes de Frey, espías de mil ojos que vigilarían cada movimiento del Sol protegiéndolo con su vida de cualquiera que intente lastimarla o alejarla de él.

Frey para premiar el trabajo de aquellos luceros mando hacer varias armaduras de metal a las cuales les añadió polvo de estrellas y las dispersó en los nueve mundos en los que estaba dividido el Universo. Cada uno de ellos era conocido como un recinto, los cuales representan cada una de las regiones solares.

El polvo de estrellas era considerado símbolo del poder estelar, se trataba de un poder cósmico conectado místicamente con la estrella que representaba, se les conoció como ropaje o mantos sagrados, porque cada una de las armaduras había sido dotada con características únicas como; diseño, color, propiedades, un sistema propio de ataque y defensa, así como de habilidades especiales.

Desde entonces cada estrella tiene a su resguardo una armadura o manto sagrado, el cual servirá para proteger y custodiar a la reencarnación de la diosa Sunne. La armadura deberá ser entregada a los jóvenes que se sometieron a un duro entrenamiento. Algunos triunfarán pero otros morirán, o serán gravemente heridos y algunos preferirán mejor abandonar, ya que el convertirse en caballero estelar implica defender al Sol con su vida contra cualquiera que intente lastimarla y actuar como su escudo ante alguna amenaza, lo cual no es algo que pueda lograr una persona común y corriente, esta responsabilidad solo hombres con las fuerzas correspondientes pueden tomarla.

Aquellos que son escogidos como caballeros estelares reciben una de las 1022 armaduras diferentes, Un guerrero tiene que estar protegido por la estrella de una constelación, cada armadura asume dos configuraciones, cuando no la lleva puesta sus piezas se ensamblan para componer el símbolo de la estrella de la que deriva. Para que un aspirante pueda lograr el grado de caballero estelar, además de dominar las técnicas básicas del combate, debe aprender a canalizar la energía de su estrella protectora.

Pero existen los caballeros de más alta rango, los guerreros elegidos para servir y proteger al Sol de todos los peligros que pudieran hacer sombra en su reino, los guardianes de elite del Sol son conocidos como guerreros solares o caballeros de la corona, son los guerreros más fuertes dentro de las estrellas, ya que ellos se convertirán en los guardianes personales de la persona elegida para gobernar el Sol. Cada uno de ellos domina una técnica que encierra un poder de destrucción fuera de lo común.

Las armaduras que poseen representan el camino que traza el Sol durante su trayectoria anual, son bastantes resistentes gracias al zafiro solar, la joya protectora de los guerreros solares el cual refleja el vínculo que existe entre las estrellas y el Sol y permite invocar a la legendaria armadura, la cual envestirá únicamente si posee el zafiro, el cual es colocado en la figura del sol que está grabado en la cintura.

Se dice que las armaduras de los guerreros solares son diferentes de las demás porque relucen con un brillo dorado como un rayo del Sol y eso se debe a que desde la antigüedad han sido bañadas por este y en cada una de ellas guarda una grabación de la luz solar, se dice que uniendo sus energías son capaces de reproducir el poder del Sol.

Y a pesar del tiempo transcurrido, las estrellas continúan siendo leales a su juramento, protegiendo y custodiando al astro rey. En la actualidad los 8 guerreros se encuentran en Japón en búsqueda de su princesa y en estos momentos dos de ellos están teniendo una plática un tanto acalorada.

-No lo he hecho,- Contradijo fríamente Jing Yun -desde la antigüedad los guerreros solares existen para custodiar a la elegida… la personificación de la diosa del Sol y protegerla por toda la vida.

-Por eso mismo se que a Unazuki también le embarga la culpa y el pesar.- Dijo Jing Yun con voz perfectamente tranquila -Para todos nosotros la señorita Sunny es absoluta y te apuesto que ellos no son la excepción.

-No lo creo- Replicó Schneider con un intraducible acento de odio. -Un verdadero guerrero solar no hubiera actuado como ellos, por su error estamos ahora en esto.- Moviendo la cabeza como si quisiera arrojar de si algún mal recuerdo.

-Escucha Schneider un error lo comete cualquiera- Murmuró Jing Yun lanzando una rápida mirada a un cuadro donde se encontraba el Sol en el centro y alrededor de él 10 estrellas cada una de distinto color -aunque nos hayamos convertido en guerreros solares seguimos siendo mortales.

-Jing Yun- Dijo Schneider con un tono de voz que hizo temblar al mencionado -Vendrás mañana conmigo al laboratorio,- mirándolo con ojos llameantes -hay algo que debes ver y espero que eso te haga abrir los ojos.- Y sin decir nada más salió de la biblioteca.

Dando un fuerte suspiro, Jing Yun se dirigió al baño a ducharse, no sin antes darle una última mirada indiferente a Unazuki. Mientras el agua de la regadera recorría libremente cada rincón de su cuerpo, Jing Yun meditaba acerca de lo ocurrido aquella mañana en el laboratorio de las industrias Sun Signe.

-Quería que Lance te lo informara pero no me dejas más remedio que mostrarte la verdad sobre esos dos.- Comentó Schneider con intraducible acento de odio e ingresando al panel de control los códigos de seguridad hasta que el indicador verde parpadeó.

-Espero que esto te abra los ojos- Jaló una palanca e inmediatamente frente a él aparecieron 8 flores de distintos colores, cada una diferente entre sí a excepción de dos de ellas, las cuales eran idénticas. Sin embargo solamente 6 flores brillaban con su propia luz, las dos que eran iguales se habían marchitado tornándose de un color marrón.

-¿Te son familiares?- Le Preguntó Schneider a lo que él asintió con la cabeza -como podrás observar solamente esas dos flores se encuentran en estado marchito.

-No lo entiendo,- Musitó asombrado Jing Yun al ver aquellos capullos -¿porque están así las flores de las estrellas de Ross?- Sintiendo un fuerte estremecimiento.

-Muy simple, las flores que cada uno de nosotros creamos con nuestro qi están conectadas a las partículas de energía cósmica que libera nuestros chakrás, -Contestó Schneider -sin ella se tornarían igual que esas dos flores.

-Pero no comprendo- Dijo Jing Yun después de un breve silencio -¿porque el qi de Andrew y Unazuki no le es transmitida a sus respectivas flores?

-La razón es muy sencilla, ellos no fueron quienes realizaron esas flores.- Respondió fríamente Schneider sin quitar los ojos de aquellas plantas -La señorita Sunny, quien es la verdadera creadora de esas plantas aún no despierta,- soltando un suspiro añadió -y como comprenderás, sin las moléculas que desprende su energía espectral no pueden regresar a su estado original. Cuando la princesa despierte volverán ser tan bellas como lo eran antes.

-¡Mientes!- Gritó Jing Yun con voz imperiosa.

-Sabía que no me creerías,- Dijo Schneider con una sonrisa -era de esperarse, pero si desconfías de mis palabras acerca la gema que nos entregó su alteza a las flores de Ross y comprueba por ti mismo si te estoy mintiendo.

Jing Yun se restregó varias veces los ojos al observar como el pétalo de las flores comenzaron a recobrarse en el preciso instante que acercó el zafiro a una de sus hojas.

-¡Pero como…La hoja está recuperando su color!- Exclamó estupefacto.

-Solamente será por un breve tiempo- Replicó Schneider sentándose -nuestras gemas son receptores de ondas cósmicas, los cuales conservan un poco de la energía plasmática de su alteza,- haciéndole una señal para que se sentara también -por eso las flores, como has observado, están adquiriendo su estado original aunque solo sea por un momento.

-Eso significa que esos dos nunca…

-Así es,- Completó Schneider -ahora dime, ¿siguen siendo merecedores de que los consideremos como nuestros compañeros?- Jing Yun no contestó estaba inmóvil como una estatua de bronce.

-Como recordarás, estas flores son la promesa de lealtad más grande que le hace un guerrero de la corona solar a su majestad,- Comentó Schneider quien lo observaba con atención -un verdadero guerrero solar debe apoyar a la reina sin importar si está de acuerdo o no,- señalando con el dedo las flores que nuevamente volvían a tornarse marrones -eso que vez ahí es la prueba más tangible de que son indignos de portar esas armaduras.- Surcando su frente una profunda arruga. -¿Aun deseas abogar por ella Jing Yun?- A lo que el negó con la cabeza.

-Schneider te agradezco que me hayas mostrado esto Dijo levantándose con fiereza -me has quitado la venda de los ojos- tirando al suelo el llavero que le había regalado Unazuki y destruyéndolo con el pie.

-¡Mataré a Unazuki con mis propias manos!- Exclamó Jing Yun con rabia, sus ojos relampagueaban llenos de cólera -Ahora mismo acabaré con ella.

-No tienes porque precipitarte- Repuso Schneider resueltamente -Esperemos el momento oportuno para hacer nuestra jugada.

-¿De qué hablas?- Preguntó Jing Yun con cierta ansiedad.

-Muy pronto lo sabrás- Respondió sonriendo Schneider, -Lance y yo hemos ideado una manera de deshacernos de esos dos, pero necesitaremos tu ayuda… ¿estás dispuesto a ayudarnos?

-Cuenten conmigo… Esa zorra ha dejado de importarme- Manifestó Jing Yun casi con desprecio -Su pecado es tan grande que ni siquiera su muerte será suficiente,- saliendo de sus labios un fuerte suspiro continuó con un acento que haría temblar a cualquiera -solo dime qué debo hacer y lo haré.

-Sabía que podríamos contar contigo.- Comentó Schneider riendo dándole una palmada en la espalda -La princesa hizo un gran acierto al nombrarte Seisava.

En los tiempos que existía el Milenio de Plata, en el reino solar el Seisava o encargado estelar del norte, era el oficial de la corte imperial encargado de la armada real y asuntos militares, así como asignar a la guardia personal de la soberana. Su trabajo principalmente era el de un ministro de defensa.

-Bien ahora me marcho, debo ir a investigar mi sector.

-Espera Jing Yun,- Murmuró Schneider con voz ronca deteniéndolo en su andar -necesito que sondees antes a nuestra querida "compañera".

-Entendido,- Contestó él con sequedad tornándosele sombrío el rostro -los mantendré informado.- Sacudiendo la cabeza como queriendo olvidar aquello ya que solo el recuerdo de aquel suceso le hacía hervir la sangre.

-Ahora veo que fueron falsas tus palabras,- elevando su energía hasta el punto en que el agua que caían sobre sus hombros se volvía vapor en un instante -pero yo mismo me aseguraré que pagues por tu pecado.

Al acabar de bañarse, rápidamente comenzó a vestirse para poder irse de aquel lugar que empezaba a repugnarlo. Mientras se peinaba no pudo evitar que los recuerdos de un pasado distante saltaran a su mente.

En un amplio salón cuyas paredes parecían cubiertas con tapices rojos con hilos de oro, mesas de ébano incrustadas de nácar y bañadas de oro se encontraba la verdadera soberana del imperio solar, la princesa Sunny quien hacía poco había ascendido al trono después de una intensa lucha con el antiguo regente y la reina usurpadora. Ante ella se encontraban postrados 6 jóvenes vestidos con extrañas armaduras formando un medio círculo.

La Princesa Sunny miraba a Morio con una expresión de sorpresa en el rostro al ver en aquel salón a varias caras conocidas portar aquellas armaduras.

-Señorita Sunny, ellos son los guerreros que fueron envestidos hasta el momento con las armaduras legendarias.- Le informó Morio a la joven monarca. -Solamente restan que despierten las armaduras de la tortuga y la serpiente.

-Majestad, nosotros los guerreros solares y representantes de las estrellas cercanas le juramos nuestra lealtad incondicional a usted, a quien hemos aceptado como la verdadera soberana del imperio estelar mejor conocido como Stellar System.- Comentó con seriedad Draconis líder de aquellos guerreros, quien portaba una armadura la cual representaba la de un dragón de 2 cabezas.

-¡Gracias, amigos! Me alegra ver caras conocidas.- Musitó la joven reina sonriendo cariñosamente al reconocer a las personas que le ayudaron a derrotar al regente y en quienes tenía una confianza absoluta -Quiero informarles que sustituiré a los actuales miembros de la corte y en su lugar deseo que sean ustedes quienes me ayuden a crear el imperio solar, un reino que sea ejemplo para las demás estrellas. Los guerreros solares estaban estupefactos ante aquella revelación inesperada.

-¿Me ayudarán?

-¡Estamos con usted hasta el final!- Exclamaron al unisonó los guerreros solares.

-Alteza, mientras uno de nosotros quede con vida nadie la lastimará- Dijo Draconis adelantándose -estamos prontos a dar toda nuestra sangre por usted.

-¡Nosotros la defenderemos contra todos!- Añadió Retsu con seguridad -formaremos una muralla con nuestro cuerpo para que nadie se atreva a amenazar su reino ni su felicidad.-

-Majestad,- habló Kamei con gran convicción -en lo que a mi concierna si es preciso sacrificar a un hombre por su bienestar y el del imperio, ¡yo… Kamei de Épsilon Eridani estoy dispuesto a ello!

-Gracias Kamei.

-¡Viva la Emperatriz del imperio solar!- Gritaron a coro los guerreros solares -¡Ay de quien se atreva a tocarla!

-Schneider tiene razón, nunca has merecido portar esa armadura- Musitó entre dientes mientras sentía que el odio se apoderaba de él una vez más, -tú y tu hermano son una deshonra para los guerreros solares… la elite de la armada del reino solar.- Dirigiéndose hacia donde ella se encontraba tratando de contener la mezcla de sentimientos que lo embargaban.

-Descuida Unazuki, por la relación que tuvimos yo seré tu juez y tu verdugo- susurró Jing Yun dejando una nota junto a la almohada de Unazuki –cualquier otro te haría pagar muy caro tu deslealtad y no quiero ni siquiera imaginar lo que Apolo te haría.- Saliendo de aquella habitación.

-Apolo,- Musitó Jing Yun dirigiéndose al ascensor -es una pena que tampoco hemos podido encontrarlo en este mundo,- apareciendo en su rostro una leve sonrisa -pero estoy convencido que al igual que esas guerreras, él también debió haber renacido en este mundo.

-Es posible que él también esté buscando a la señorita Sunny,- esbozando una sonrisa de medio lado -después de todo en el pasado eran hermanos.- No sabe lo acertado que está Jing Yun con respecto a Apolo, quien también trata igual que ellos de localizarla, aunque con otros propósitos muy diferentes a la de los caballeros solares.


Y mientras Jin Yun salía del hotel para dirigirse a cumplir con su misión, en el lugar más recóndito del universo otro de nuestros protagonistas contempla como van avanzando sus planes de guerra… una guerra que amenazaba con sumir en la oscuridad a toda la Vía Láctea.

En esos momentos Apolo se encontraba sentado en su trono sosteniendo en sus manos una copa de vino mientras observaba en un enorme cristal negro al planeta Tierra. ¿Cuántas veces se había parado en aquel cristal tratando de encontrarla? No lo sabía con certeza, pero de lo que estaba seguro era lo que haría cuando ella estuviera ante él.

-Con tal de tenerte Sunny soy capaz de cualquier cosa, nunca he deseado tanto a una mujer como a ti.- Esbozando una leve sonrisa -Nunca permitiré que alguien más te tenga…o eres mía y de nadie más- Pensó Apolo rompiendo su copa de vino -Porque si no eres para mi… no lo serás de nadie. -Desde que te tuve en mis brazos cuando eras pequeñas supe que habías nacido para mi… solamente para mí.

-Majestad las tropas están listas para dirigirse hacia la Vía Láctea en el momento que usted lo ordene.- Le informó Shiva con la mano en el pecho en actitud solemne.

-Excelente, ha llegado el momento de sellar el destino del universo.- Musitó Apolo mientras su semblante se adornaba con una sonrisa maligna que combinaba con la mirada gélida de su rostro. -Cualquiera que ose oponerse ya sea estrella, asteroide o cometa sufrirá la misma suerte que los planetas.

-Criaturas de las tinieblas, emerjan del abismo y diríjanse hasta los límites del Sistema Solar- Ordenó telepáticamente Apolo a sus tropas -y en mi nombre destruyan a todo aliado de la Luna, cubran el Universo con la oscuridad, que esta reine para siempre.- Soltando una risa malévola. -Traeré un nuevo orden al Universo donde solamente las estrellas existirán bajo mi mandato y el de mi reina.

-Sé que eso es por el bien de la princesa, sin embargo, me siento intranquilo… - Meditaba Shiva observando en el cristal como las tropas empezaban poco a poco a salir del castillo -¿Realmente es necesario hacer eso?

-¿Sucede algo malo comandante?-, Le preguntó maliciosamente Apolo -pareciera que no le agrado que movilizara a mis tropas.

-No es eso majestad,- Contestó Shiva bajando la mirada y aclarándose la garganta prosiguió -estoy consciente que todo peligro que amenace a la princesa Sunny debe ser destruido.- A lo que Apolo asintió con la cabeza dirigiéndose lentamente hacia su cristal.

-Así es Shiva, esta vez el resultado será otro.- Dijo Apolo de forma fría. -Tal vez tengas razón que toda esta destrucción no me dará la lealtad de todas las estrellas del Universo- añadió con un tono tétrico y amenazador -pero si su obediencia… y con eso me basta.

-Pasando otra cosa, puedo saber porque tardaste tanto en venir Shiva.- Comentó Apolo mirándolo de reojo.

-Lamento la tardanza Emperador,- se disculpo Shiva -pero no quería presentarme ante usted con el repúgnate olor de esa insoportable guerrera de la Luna.

-¿Sucumbiste ante Sailor Chi?- Le preguntó Apolo con una sonrisa irónica en los labios.

-Nada de eso,- Replicó Shiva tajante -no me interesa esa insignificante mujer, solamente tomé lo que en bandeja de plata me ofreció.

-Yo no tengo inconveniente que juegues con ella,- le informó -solo recuerda que son piezas desechables.- Apareciendo en su rostro una sonrisa maliciosa en los labios -Las Sailor Scouts muy pronto serán exterminadas y créeme… no habrá ninguna excepción.

-Descuide Emperador, no me interesa lo que le suceda a esa mujer,- Le aseguró Shiva con frialdad -acabaré con ella cuando usted lo disponga.

-Muy pronto lo haremos Shiva, eso tenlo por seguro- Dijo Apolo con una ligera sonrisa malvada en su rostro -Y esta vez no habrá nadie que las pueda revivir.

-Pero Apolo, ¿Qué pasa si la Reina Serenity aparece?- Preguntó Shiva con angustia

-¡Eso no sucederá!-. Replicó Apolo con fiereza -La reina de la luna llena está muerta.

-Pero ninguno de nuestros emisarios la encontró- Murmuró Shiva lanzando un profundo suspiro -la princesa Sunny y las otras Sailor Scouts renacieron en el tercer planeta, es posible que ella…

-¡Ella es historia!- Gritó Apolo temblando de ira siendo rodeado en aquel momento por un aura negra -escúchame bien Shiva, la Reina Serenity nunca podrá renacer.

-¿Cómo puedes estar tan seguro Apolo?

-Porque no solo le quité el brillo a su gema estelar sino que la destruí completamente,- Respondió Apolo sentándose en su trono con una sonrisa maliciosa –sabes, es una pena que no sean tan resistentes… se hizo polvo en mis manos con tan solo tocarla. Tomando una copa de vino de su mesa la bebió y con voz tranquila agregó -Como podrás ver Shiva, es imposible que ella haya reencarnado.

Y lo que decía Apolo era cierto, todas las criaturas poseen una gema estelar equivalente a su espíritu o alma, las cuales están ubicadas dentro de las semillas estelares. Las personas encargadas de la protección de un cuerpo celeste ya sea un planeta, estrellas, asteroides, etc.… tienen alojadas en su interior una gema muy especial que les otorga poderes extraordinarios para cumplir con esta misión.

Esa gema contiene el poder y la esencia de dicha guardiana. Su extracción supone la muerte del dueño, pero es posible volver a resurgir el cuerpo físico del propietario, pero si la gema es destruida o su resplandor es extinguido el alma de su poseedor morirá sin remedio.

-Majestad, ¿No deberíamos buscar a los guerreros solares para informarles? Después de todo ellos…- Pero Shiva no pudo terminar de hablar porque Apolo le había acertado un fuerte golpe que lo arrojó al piso y partiéndole el labio.

-¡Nadie más protegerá a Sunny, escuchaste!- Le Gritó Apolo fuera de sí, su voz crecía con cada palabra que salía de su boca -Los guerreros solares no son más que una bola de incompetentes- Apareciendo en su mano una bola de energía, la cual arrojó a un fino jarrón que se encontraba en aquella habitación -no la cuidaron como es debido. Y por eso, recibirán su castigo…

-¡Esta vez el único que la cuidará de ahora en adelante soy yo!- Exclamó fuertemente Apolo lanzándole una mirada aterradora a Shiva que lo hizo temblar -Espero que haya quedado entendido, comandante.

-Si majestad.- Musitó Shiva mordiéndose el labio, arrepentido de haber desatado la furia de aquella persona.

-Sabes Shiva, es una lástima que mi madre no pueda presenciar como acabo con todas sus patéticas guerreras.- Repuso Apolo con una sonrisa maliciosa en los labios.

-Pero al menos pudo vengarse de la Reina de la Luna Llena, mi señor.

-No como yo hubiera querido- Contestó Apolo sombrío, sus ojos mostraban la cólera y odio que alberga en su interior -la Reina Serenity debió haber muerto por mi propia mano- apretando los puños con rencor, el hecho de que él no hubiera acabado con la reina de la Luna Llena lo enfurecía terriblemente -y no que fue a causa del esfuerzo excesivo que le demandó hacer uso del gran poder del Cristal de Plata.

-Ya veo, ¿Así que fue ella quien selló al Negaverso, quiero decir a Metalia?- A lo que Apolo asintió con la cabeza.

-Después de la estúpida de Sibila convirtió a Sunny en una flama salí tras ella, sin embargo la perdí de vista en el cinturón de asteroides.- Repuso Apolo arrugando el entrecejo y sintiendo nacer en él un odio salvaje hacia la antigua sacerdotisa del imperio solar -En estos momentos decidí regresar a la Luna y apoderarme del cetro lunar que me pertenecía por derecho y del Legendario Cristal de Plata, la gema estelar más brillante y hermosa del Universo.

-Pero cuando me acercaba, miles de esferas salían de la Luna con dirección hacia la Tierra,- Prosiguió con un intraducible acento de odio en ellas observé que viajaban las personas que murieron en el ataque, así que supuse que Serena debía estar también.

-Pero entonces no entiendo, si las esferas fueron enviadas a la Tierra ¿porque no todas las guerreras de la Luna habitan en el tercer planeta?- Preguntó Shiva después de un breve silencio.

-Es muy sencillo, yo destruí algunas de esas esperas pero la explosión provocó que algunas se dispersaran hacia los límites del Sistema Solar- Respondió Apolo con voz imperiosa -por desgracia varias de ellas habían entrado en contacto con la atmosfera terrestre.

-¿No destruyó al resto?- Preguntó lacónicamente Shiva

-Era inútil seguir con aquella tarea, destruí gran parte de esas esferas pero en ninguna de ellas estaba Serena,- Contestó Apolo rechinando los dientes de coraje, solamente de recordar aquello le hervía la sangre y sus ojos relampagueaban llenos de cólera e ira -así que me dirigí hacia la Luna, ahí encontré recostada entre los escombros el cadáver de mi madre.

-Pero cuando los guerreros solares viajaron al Milenio de Plata solo hallaron los cuerpos de Zuen y de la reina de la Luna Llena.- Musitó Shiva extraño de que no hubiera sido detectado por la guardia solar cuando fueron a buscar a su emperatriz. -Todos lo creían muerto.

-Eso es porque escondí mi energía después de ocultarme entre los escombros, ya que sería muy sospechoso que solo yo estuviera con vida.- Murmuró Apolo con una sonrisa siniestra -Fue hasta que se marcharon esos incompetentes de la Luna que salí de mi escondite. Y en ese instante me encargué de destruir la gema estelar de la reina del Milenio de Plata- Regresando a su mente la sombra de aquel recuerdo.

-Tal vez Serena escapó de mis manos- Masculló Apolo apretando la mandíbula -pero no lo hará por mucho tiempo- concentrando su energía en su mano y dirigiéndose hacia el cuerpo inerte de la soberana del extinto Milenio de Plata -pero me temo que tú no tendrás mejor suerte… "mamá" disparándole al instante un rayo de energía al pecho de la reina Serenity del cual salió una flor, al abrirse reveló una estructura cristalina hexagonal y transparente de forma de bipirámide de color blanco, la cual envolvía a una esfera brillante muy pequeña.

-Bueno, me temo que este es el fin de nuestro lazo maternal… su majestad- Dijo Apolo burlonamente en el momento que destruía el cristal transparente, dejando únicamente aquella pequeña esfera del cual salió una perla blanca de unos 9mm, su forma era perfectamente redonda de un brillo intenso.

Tomó en sus manos aquella perla la cual poco a poco se tornó negra -¡Hasta nunca reina Serenity!- Exclamó con una sonrisa de satisfacción en el rostro y sin más la destruyó haciéndola añicos en un instante.

-La princesa Serena y todas tus malditas guerreras tendrán el mismo destino que tú…- Murmuró Apolo con una sonrisa arrogante en el rostro dirigiéndose después al centro de la Vía Láctea -permanecerán en este lugar por toda la eternidad, sin posibilidad alguna de poder renacer.- Arrojando los restos de la gema estelar de la reina Serenity al Caldero Primordial, el lugar sagrado donde se cree se han originado los planetas, las estrellas y todo lo que existe con vida en el Universo.

Este recinto se encuentra situado en la Estrella Cero de Sagitario, en el inaccesible centro de la Vía Láctea, conformando por un hermoso lago celeste, tenuemente luminoso y franqueado por un pórtico con columnas y una larga plataforma de acceso.

-Esta vez nadie podrá salvar a mi hermana Serena-. Pensó Apolo sintiendo como nuevamente la sed de venganza corría por sus venas, pero por el momento era mejor dejar atrás aquellas viejas memorias del pasado y concentrarse en su desquite.

-Nunca pensé que su odio fuera tan grande- Pensó Shiva tras soltar un suspiro.

-Pasando a otra cosa, que noticias me tienes de nuestras invitadas.- Dirigiendo su vista hacia un tablero de ajedrez que estaba muy cerca de su trono.

-El proceso con la princesa del planeta Kinmoku ha concluido.- Respondió Shiva en su tono frio y distante de siempre.

Apolo sonrió complacido sabiendo que sus planes se estaban llevando a cabo tal como lo había planeado -La princesa Kakyuu debería estar agradecida de que no tuviera el mismo destino que Sailor Kinmoku.

-¿Sailor Kinmoku?- Preguntó un poco extrañado Shiva.

-Ella era la anterior guardiana del planeta Kinmoku- Aclaró Apolo dirigiéndose hacia un pequeño estante -y hermana mayor de nuestra querida Kakyuu.- Sacando en ese momento unos extraños objetos los cuales arrojó al aire en dirección a Shiva quien los atrapó con la mano.

Se trataba de los restos de una pluma transformadora cuyo símbolo planetario era una flor dorada muy pequeña de cuatro hojas y con la forma de un trébol.

-¡Pero si es una pluma transformadora!- Exclamó sorprendido Shiva observando el objeto que tenía en sus manos el cual estaba completamente destruido, fue entonces que comprendió todo -Usted acabó con Sailor Kinmoku, ¿no es así, milord?

Apolo sonriendo con evidente satisfacción le respondió -En efecto, eso que tienes en las manos es mi trofeo de la victoria.- Observando divertido la cara de sorpresa de su subordinado, era la misma expresión que tuvo en el baile de máscaras la Reina Serenity, cuando le arrojó uno de los restos de la pluma transformadora de Sailor Kinmoku y le confesó sobre cómo había acabado con su aliada, así como quien era él realmente.

-Puedes creerlo, la muy estúpida pensó que pidiéndome perdón se libraría de su castigo,- Musitó Apolo con desprecio, sintiendo la furia crecer nuevamente en su cuerpo -Nunca olvidaré la cara que puso cuando le revelé que el bebé que ella arrojó al abismo de hielo era el mismo que se convertiría en su verdugo.

Shiva lo escuchó atentamente sin saber realmente que decir, aunque entendía su odio hacia aquella Sailor también lo asaltaba una duda y sin pensarlo dos veces le preguntó -¿Cómo supo que fue ella?

-El oráculo de Delfos me mostró mi pasado- Respondió Apolo sintiendo como el odio comenzaba a recorrer por todo su cuerpo al regresar a su mente los momentos que le había revelado el oráculo, el preciso instante que fue salvado de las garras de la muerte por el General Endo…hace mucho tiempo, aquel suceso había quedado fuertemente marcado en la mente de Apolo.

En lo alto de una colina se encontraba una Sailor Scout ataviada con su uniforme de batalla, su falda era de color verde olivo y los moños de un tono rojizo.

Aquella joven permanecía parada en la entrada del abismo de hielo con un desamparado infante, el cual estaba completamente cubierto en correas para sellar cualquier poder que pudiera tener, ya que al ser un varón, podía tener extraños poderes los cuales podrían ser perjudiciales en un momento dado.

-Por favor, perdóname por el pecado que estoy a punto de cometer.- Susurró con evidente tristeza Sailor Kinmoku. -Pero debe hacerse por el bienestar del Milenio de Plata. Y sin más lo soltó, comenzando a caer aquel infante en el peligroso abismo, pero lo que ignoraba Sailor Kinmoku era que cuando salió del castillo sigilosamente con aquel bebé en brazos, una persona escuchó el leve llanto de aquel niño y sin más la siguió.

Aquella persona había sido el General Endo, quien al ver como Sailor Kinmoku con pesar se retiraba después de haber soltado al abismo al hijo primogénito del Rey Soma, salió rápidamente de su escondite y sin pensarlo por un instante se arrojó en un santiamén al fondo de aquel lugar atrapando al bebé, para después lanzar una soga y salir de ahí con el bebe en sus brazos, logrando salvar aquel pequeño de su cruel destino.

-Pensé que Soma exageraba, pero realmente no tiene ninguna autoridad en este reino matriarcal- Murmuró Endo para sí mismo mientras sus ojos melancólicos se dirigían hacia el palacio lunar que se vislumbraba a lo lejos sintiendo una gran pena por la suerte de su mejor amigo -porque no creo que él esté de acuerdo con esto,- soltando un suspiro añadió -tal vez ni siquiera este enterado.- Quitándole con mucho cuidado las correas y arrojándolas al abismo.

-Descuida pequeño, por el momento yo me haré cargo de ti.- Dijo Endo acunando al bebe en sus brazos -Te llamarás Apolo, que significa el que aleja la muerte y da la vida.- Apareciendo en el rostro de aquel pequeñito una mueca graciosa.

-¿Te gusta, no es cierto?- Sonrió Endo feliz -Yo te entrenaré para que te conviertas en un gran caballero Apolo.- Pasándole la mano por la frente quitándole los mechones que caían por su frente -pero primero tendremos que hacer algo con esa luna creciente.

Poniendo un dedo sobre la frente del bebé recitó -Pharis de la luz, sellad por favor la verdad sobre este infante.- Y el símbolo de la luna creciente que tenía comenzó lentamente a hundirse en su piel hasta no dejar ninguna huella.

-¡Estupendo!, así nadie sospechará que eres un selenita, tal vez debería decirle a Soma que su hijo… no, lo mejor es mantener esto en secreto, al menos por el momento.- Alejándose de aquel reino con el pequeño Apolo en brazos.

Apolo sacudió la cabeza volviendo a la realidad, eso había sido lo último que le había mostrado el oráculo, pero era más que suficiente para que muchas cosas cambiaran a partir de entonces.

-Bueno dejemos de hablar del pasado y que hay sobre la Reina Dorada.- Susurró suavemente Apolo acercándose al tablero de ajedrez y tomando en sus manos un peón negro.

-En estos momentos se encuentra en el generador.- La voz de Shiva parecía quebrarse cuando pronunció aquellas palabras.

-¡Estupendo!, continúa según lo planeado Shiva.- Musitó Apolo complacido -Aprovecharemos sus puntos débiles a nuestro favor- A lo que él asintió con la cabeza y haciendo una pequeña reverencia se retiró de aquella habitación.

-Es una lástima que no pueda presenciar cómo van cayendo una a una sus guerreras… Reina Serenity… pero te lo dije el día de ese estúpido baile...madre.- Podía recordar tan claramente el día que le declaró la guerra a la Luna como si estuviera viviéndolo de nuevo, el instante en que la vida de todos dio un giro de 180 grados.

El palacio lunar estaba bellamente adornado por pilares y preciosos azulejos que representan a la Luna, rodeado por bellos jardines, en aquel majestuoso castillo se llevaba a cabo una fiesta de máscaras, a la cual asistieron todas las princesas y gente de la nobleza de los planetas del Sistema Solar.

Aquella noche, en la recepción del Palacio Lunar, la reina se encontraba en el salón de baile, el cual estaba finamente decorado de tonos plateados resaltando una gran estatua de mármol de la princesa Serena.

-El embajador del imperio solar… y hermano de la soberana del reino solar… el Archiduque Apolo Arinna.- Anunció con voz potente un heraldo.

-Sea bienvenido al Milenio de Plata, archiduque- Saludó la monarca a su invitado apareciendo en su rostro una cálida sonrisa -Espero que disfrute la velada de esta noche.

-Desde luego que lo haré su majestad- Dijo Apolo con una sonrisa hipócrita e inclinando la cabeza en señal de respeto -Estoy seguro que será una noche… inolvidable lanzando una rápida mirada a la estatua de la princesa Serena.

Después de haberse llevado la recepción, la reina Serenity se acercó a una joven rubia quien llevaba un vestido de color anaranjado.

-Sailor Venus, por favor ve a buscar a la princesa Serena, ya está algo retrasada.- A lo que ella asintió y haciendo una reverencia se dirigió a los aposentos de la heredera del Milenio de Plata, fue en aquel momento que Apolo se acercó a la soberana de la Luna.

-Majestad,- Susurró Apolo haciendo una pequeña reverencia -perdone mi atrevimiento pero hay un asunto de suma importancia que quisiera discutir con usted.

-Desde luego, vayamos aquel salón- a lo que él asintió con la cabeza y así ambos se dirigieron a una sala adyacente finamente decorado con muebles tallados en ébano, candelabros de plata y brillantes, las paredes estaban adornadas con grades frescos realizados con ocasión del nacimiento de la princesa Serena.

-Es realmente una pena que la Emperatriz Sunny este enferma.- Musitó empáticamente la Reina Serenity.

-Puede estar segura que la soberana del Sol se repondrá muy pronto- contestó Apolo con gran seriedad dirigiendo su mirada el reloj que estaba en la pared -de eso me encargare yo… no falta mucho para que Beryl encabece el ataque a la Luna.- Esbozando una disimulada sonrisa.

-Rezaré para que Sailor Sun tenga una pronta recuperación.

-¡Para que esté en condiciones de proteger este miserable reino!, ¡Para que pueda seguir siendo tu títere!- Gritó Apolo mirándola a la soberana del Milenio de Plata de una forma que asustaba la joven reina -¡Evíteme toda esa basura y saquemos las garras de una vez!

-¿Qué?

-¡Ahórrese sus malditas oraciones para algún incauto que no la conozca!- Exclamó Apolo dejando salir la irritación en su voz -porque yo sé quien realmente es usted... reina Serenity.

-No comprendo a que se refiere.- Musitó sorprendida la Reina Serenity, no entendía que estaba pasando en aquel momento.

-Cometió un grave error esta vez… Nunca debió de poner sus ojos en el imperio solar- Murmuró Apolo rechinando los dientes en creciente enojo -está muy equivocada si piensa que se apoderó de mi amada Sunny.- Mirándola con los ojos que parecían los de un loco. -Sunny me pertenece.

-¿Pero de que está hablando?- Preguntó la Reina Serenity, aquella persona ante ella había cambiado completamente, incluso su energía se sentía bastante agresiva.

-¡A que no le entregaré a quien está destinada a ser mi mujer!- Bramó Apolo que sentía hervir la sangre en sus venas -Sunny lo es todo para mí y no estoy dispuesto a renunciar a ella por una persona como usted, quien ni siquiera fue capaz de retener a su esposo.

-¡Archiduque Apolo, me ofende!- replicó la reina Serenity bastante disgustada -¡con qué derecho tiene de hablarme de esa manera!

-Y cree que me importa su opinión reina Serenity,- rugió furioso Apolo pegando un puñetazo en la mesa sintiendo su odio crecer con cada momento que permanecía ante la soberana de la Luna Llena.

-Incluso su esposo prefirió estar en el lecho de una simple diplomática a seguir a su lado reina Serenity,- Añadió con fría ironía -y puede apostar que usted jamás le hizo sentir las emociones y sensaciones que ella le hacía sentir… ¡porque usted… usted ni siquiera sirve como amante!- Recibiendo una fuerte bofetada por parte de la Reina Serenity.

-¡No tengo porqué escuchar esto!- Exclamó la Reina Serenity dirigiéndose hacia la puerta pero Apolo la detuvo sujetándole fuertemente la muñeca, incluso hiriéndola.

-¡Es la última vez que me pone una mano encima!- Bramó Apolo haciendo crujir los dientes con fuerza -y nuestra plática aun no termina… alteza.- Aventándola violentamente a una silla y arrojándole uno de los fragmentos de la pluma transformadora de Sailor Kinmoku

-¿Le son conocidos?- Le preguntó sonriendo al cabo de algunos instantes.

-Sailor Kinmoku- Pensó la Reina.

-Por su cara veo que sí… -Murmuró Apolo sonriendo con satisfacción -pero descuide muy pronto tu y todas tus patéticas guerreras se reunirán con ella... mamá- mostrándole la luna creciente que había en su frente y que había cubierto perfectamente con los mechones de su cabello.

Los ojos de la reina del Milenio de Plata se abrieron con horror -No puede ser… tu eres… mi…

-Así es,- La interrumpió Apolo con cierta brusquedad -yo soy aquel bebe que tú- apuntándole acusadoramente con el dedo -condenaste a morir. Pero como puedes ver,- añadió irónico -los dioses aun no me querían con ellos.

-¡HIJO!- Exclamó la Reina Serenity con voz ahogada tratando de acercársele con los brazos extendidos.

-No te atrevas a dar un paso más- Bramó Apolo furioso echándole a la reina Serenity una amenazadora mirada -no tienes ningún derecho a llamarme hijo, cuando fue otra mujer quien me brindó el cariño y amor que tú me negaste solamente por ser varón.- Rugió con ira -el solo saber que nací de tus entrañas, que llevo tu sangre en mis venas me da asco.

-Déjame explicarte- cayendo varias lágrimas lentamente de sus ojos -yo…

-No necesito tus explicaciones,- Objetó Apolo con intraducible acento de odio sobresaltando a la Reina Serenity -si crees que por qué me distes la vida voy a tener alguna consideración contigo estas muy equivocada,- apretando sus puños -lo único que siento por ti es repugnancia.

-Tú no eres nadie en comparación a mi única madre…Sigel,- Musitó Apoco con desdén, su voz estaba teñida con el más puro veneno -eres tan estúpida que nunca sentiste que mi padre no estaba completamente contigo,- remarcó mordaz -que estaba en otro lugar o mejor dicho… con alguien más.- La Reina Serenity se acercó estrepitosamente e intentó darle una bofetada, pero Apolo le tomó salvajemente la mano.

-Te dije que no permitiría que me pusieras una mano encima,- Murmuró en tono amenazador aventándola brutalmente hacia la pared -te duele saber que no eres mujer comparada ante ella,- añadió con voz sarcástica y una clara sonrisa de diversión en su rostro -creíste que era solo una aventura pasajera, pues, ya viste que no.

-Mi padre permaneció a su lado, porque fue únicamente con ella con quien saboreó lo que es realmente el amor,- Dijo Apolo con voz imperiosa -la quería demasiado y siempre se lo demostraba de mil maneras diferentes.

-¿A qué has venido realmente?- Le preguntó al cabo de algunos minutos de silencio.

-A tener una reunión familiar contigo y mi "querida" hermana- Contestó con una malvada sonrisa -pero sobre todo, a presenciar la caída de tu reino… "mamá"- Entrando intempestuosamente una joven de cabellera rubia la cual estaba matizada de rojo a medida que se acercaba a las puntas de su pelo, el cual era largo y ondulado. Llevaba un vestido largo de color amarillo claro.

-¿Qué sucede Sailor Galaxia?- Preguntó la Reina Serenity, su expresión se tornó preocupada al ver tan alterada a una de sus más fieles guerreras.

-¡Majestad es una emergencia!- Le informó Sailor Galaxia visiblemente angustiada -Los terrestres intentan atacarnos.- Al oír estas palabras, la Reina Serenity se estremeció dirigiéndose hacia la ventana donde alcanzó a divisar a Metalia seguida por innumerables soldados del planeta Tierra dispuestos atacar su reino.

Pero lo que para la Reina Serenity y Sailor Galaxia eran terribles noticias, la otra persona en aquella habitación tenía sentimientos muy diferentes, y prueba de ellos era el destello de alegría que había aparecido en los ojos de Apolo ante aquella noticia -Al parecer la diversión está a punto de comenzar.- Dijo finalmente antes de salir de aquel lugar.

-¡Espera!- Exclamó la Reina Serenity saliendo rápidamente de aquel sitio, pero no pudo divisarlo por ningún lado, era como si hubiera desaparecido.

-La balanza se inclinará esta vez a mi favor- Susurró en un seco tono de voz, sirviéndose un vaso de whisky, siempre que recordaba aquel suceso su rabia se hacía más grande. Esta vez actuaría con cautela, había esperado mucho tiempo por este momento y no estaba dispuesto a fallar. -Tu suerte está echada hermanita… y para tu desgracia, es mi turno de mover en este juego.

-Es una pena que no sepas que fui yo quien envió a Beryl y al resto de tus enemigos,- Susurró Apolo ensanchando su sonrisa -pero esa es la razón por la que los peones siempre avanzan primero.

-Una pieza menos Serena- Pensó para sí Apolo dibujándose en la cara una sonrisa diabólica ocultando tras de sí su rapaz objetivo mientras aventaba el peón blanco al suelo, el cual se rompió en varios pedazos y colocaba el peón negro que traía en las manos.

Esta vez nada saldría mal, tomaría el lugar que le pertenece, el corazón de la soberana del Sol sería solamente suyo… ya sea de una u otra manera.

-Y Muy pronto seguirá tu Dama jajaja.


Mientras tanto en el planeta Tierra, en una acogedora mansión el Señor Endo Hyuga se encuentra sentado en la mesa de su biblioteca apoyando su barbilla en sus manos entrelazadas mientras conversa con Yoko Erídano sobre los acontecimientos que han sucedido.

-Debo decirte que jamás me hubiera imaginado que Apolo fuera el hijo de la Reina Serenity- Dijo Yoko soltando una risita -si no fuera porque vi la luna creciente en su frente el día que Metalia atacó al Milenio de Plata, nunca lo hubiese creído.- Suspiró pesadamente y añadió -Y aunque entiendo su odio hacia la Luna, no podemos permitirle que cubra el cosmos con las tinieblas.

-No puedo creer que Apolo sea el líder del ejército de la oscuridad.- Susurró Endo ocultando la tristeza que su corazón sentía, para él, Apolo había sido como un hijo -¿Estás realmente segura que era él?

Yoko no respondió, solo asintió con la cabeza y después de un momento comentó -El amor hacia su hermana lo sedujo hace tiempo hacia las fuerzas del mal, incluso fue él quien planeó el ataque al Milenio de Plata para que Sunny dejara de ser una Sailor Scout.- Sin embargo el señor Endo no emitió comentario alguno, solamente se levantó de su escritorio y se acercó al amplio ventanal que daba al jardín de su mansión.

-A decir verdad no me extrañó que atacara la Luna, después de todo siempre quiso mucho a Sunny, todos en el reino decían que era muy sobre protector con su hermana, perdón quiero decir su media hermana- Comentó Yoko dándole un sorbo a su bebida -pero debo admitir que siempre creí que ese sentimiento hacia Sunny no era natural de un pariente.

-Eso es porque Apolo no ve a Sunny como su hermana sino como una mujer.- Respondió crípticamente Endo.

Los ojos de Yoko se entreabrieron cuando escuchó aquella declaración, no podía creer lo que había escuchado -Un momento, creo que no entendí bien- pasándose una mano por el cabello -¿Me está diciendo que Apolo se enamoró de Sunny? Es una broma ¿Verdad?- A lo que él negó con la cabeza.

-Sunny y Apolo se criaron como hermanos pero en realidad ellos no tienen ningún lazo sanguíneo que los una.

-¡Qué!- Exclamó sorprendida Yoko.

-No es tiempo de explicaciones, tenemos cosas más importantes en que preocuparnos debemos hallar una manera de ganar tiempo.

-Pues no sé como, por más que intenté la visión era la misma.- Suspiró frustrada Yoko -una copa dorada se convierte en tres ases de luz que toman la forma de una espada, un espejo y una esfera roja.

-Los talismanes de la Luna.- Susurró débilmente Endo. -Ahora entiendo.

-Pues yo no.- Objetó Yoko indignada.

-Veras Yoko, los selenitas no solamente posen la joya milenaria conocida como Cristal de Plata sino también 3 objetos sumamente valiosos- le explicó Endo tranquilamente -estos son la Espada del Espacio, el Espejo de Aguas Profundas y la Piedra de Granate.

-Sigo sin comprender, de qué nos puedes servir a nosotros esas cosas.

-No los objetos sino las personas que los poseen,- hizo una leve pausa y suspiró -hace tiempo Soma me contó que la Reina Serenity entregó los talismanes a quienes protegerían al Milenio de Plata desde la distancia,- prendió un cigarrillo y volviéndose hacia Yoko añadió -su misión sería vigilar las fronteras del Sistema Solar desde sus planetas respectivos.

-¡Las Sailor Guerreras!- Exclamó Yoko al comprender hasta ese entonces el significado de aquella visión.

-Así es, debemos informarles que el enemigo comenzará avanzar en cualquier momento,- comentó Endo -ellas serán el instrumento que nos ayudará a conseguir más tiempo- soltando una ligera bocanada de humo y recargándose en su escritorio -en cuanto a Sunmi, me temo que tendremos que apresurar el proceso.

Al escuchar aquello Yoko no pudo evitar el levantar sus cejas -Pensé que querías que despertara por su cuenta.- Replicó ella dejando de golpe su vaso en la mesa -Por esa razón no le hemos informado a sus guardianes sobre su paradero.

-Lamentablemente eso ya no es posible,- Contestó Endo suspirando profundamente -Sunmi debe recordar cuanto antes quien es, de lo contrario, estará muy vulnerable ante nuestros enemigos.

-Comprendo, tal vez sea posible que pueda recobrar los recuerdos que se encuentran dentro de ella si escuchara mi canción- Dijo Yoko con una expresión pensativa en la cara y llevándose una mano al mentón continuó -después de todo, la finalidad de mis melodías es romper la barrera de su pasado.

-Y exactamente por eso la llevaré al concierto.- Le explicó Endo mientras una pequeña sonrisa aparecía en sus labios y sus ojos oscuros ojos se enfocaban intensamente en la fotografía de sus viejos amigos quienes abrazaban a una pequeña bebita. -Entre más pronto recupere la memoria y sus poderes de su vida anterior, será lo mejor.

-¿Debo ponerme en contacto con los guerreros solares?

-Aun es muy pronto, veamos primero como evoluciona en este concierto, ten por seguro que cuando esté lista ellos mismos responderán a su llamado, por el momento solo mantente alerta por si Sunmi te requiere- le informó a la vez que le entregaba un micrófono -eso te ayudará en el concierto, amplificará las señales de tus canciones.

-Entiendo,- Musitó ella guardando aquel objeto en su bolsa de mano -me encargaré de informarle a esas Sailor Scouts sobre el ejército enemigo,- y mirando su reloj añadió -será mejor darnos prisa, Sunmi no tardará en salir de la universidad y quisiera ir a un lugar antes de ver a esas guerreras de la Luna llena, y no quiero que mi representante se enoje porque llego tarde.

-No quiero que las subestimes.- Susurró Endo con preocupación. -Así que ten mucho cuidado cuando vayas a verlas…

-Lo haré- Le aseguró Yoko -Solo espero que el oráculo tenga razón y esas guerreras nos den el tiempo que necesitamos, bueno te espero afuera.- Saliendo de aquella habitación.

-Yo también Yoko… yo también- Susurró Endo manteniéndose absorto en sus pensamientos por unos momentos hasta que escuchó las campanas del reloj las cuales lo hicieron reaccionar -Yoko tiene razón, Sunmi no tardará en salir de la universidad, debo hacer que vaya a ese concierto para que comience a despertar.- Pensó Endo mientras cerraba el ventanal

-Solo espero estar haciendo lo correcto.- Saliendo de aquella casa para dirigirse a la Universidad Tecnológica de Azabu.


Y mientras Endo Hyuga se pone en marcha, en otra parte de la ciudad Lance se encuentra platicando con la dueña de una joyería, le habían comentado que ese establecimiento era la mejor en la ciudad. Y él estaba de acuerdo con ellos, no porque fuera una tienda grande sino porque era distinguida y muy elegante. Cuando había entrado no había podido dejar de admirar las hermosas joyas que eran exhibidas en las diferentes vitrinas de la joyería.

-Descuide, los pediré hoy mismo y calculo que a más tardar en una semana los tendré listo.- Le informó la dueña del local con una sonrisa -En cuando los tenga listo me comunicaré con usted señor Drago para que pueda pasar a recogerlos.- Entregándole el recibo correspondiente. -Gracias por su compra.

-Muchas gracias por todo, señora Osaka.- Lance le agradeció con una sonrisa, retirándose de la joyería Osa-P no sin antes admirar de reojo algunas joyas que eran exhibidas en las vitrinas.

Cuando Lance salió de aquella joyería el sonido de una melodía se escuchó, sacó su teléfono celular y observó que tenía un mensaje de Keith el cual decía "Cebo localizado… espero tus instrucciones" apareciendo en su rostro una sonrisa de satisfacción.

Inmediatamente se comunicó con su camarada -Luz verde Keith- le dijo Lance mientras daba vuelta a la esquina para dirigirse al estacionamiento por su automóvil, en aquel preciso instante una estudiante de preparatoria, cuyo uniforme escolar era café con blanco y falda muy larga, venía corriendo del lado contrario, al llegar a la puerta de la joyería se detuvo de imprevisto.

-Será posible- Pensó extrañada aquella joven pelirroja de ojos verdes entrando a la joyería y dirigiéndose hacia su habitación la cual se encontraba en la parte de arriba.

-Esa aura que sentí por la entrada se parecía un poco a la de ella- Meditó aquella joven mientras se cambiaba de ropa, después se dirigió hacia una de las gavetas de su tocador de dónde sacó un pequeño cofre de plata que hacía mucho tiempo mantenía oculto, aquel cofrecito tenía un extraño símbolo en la parte de enfrente, el signo era semejante a la imagen de una llave, el cual levemente destellaba.

-El momento en que me reúna con ellas está cada vez más cerca.- Cuando de pronto escuchó pasos hacia su habitación, sin perder tiempo volvió a esconder aquel cofre cerrando de inmediato la gaveta.

-Prima que lenta eres ¿No tienes acaso hambre?- Le Preguntó extrañada una señorita. -¿O acaso piensas salir nuevamente con Kelvin?

-¡Oye, que forma de hablarle a tu prima es esa Naruru!- Replicó la pelirroja sonrojándose. -¡Y tú por lo viste fuiste nuevamente de compras!

-Es que no pude aguantar las ganas primita,- Comentó con una enorme sonrisa Naruru, quien era la sobrina de la señora Osaka, y aunque iba en la primaria su apariencia era más bien de una adolescente -sabes que me gusta mucho la moda y en Hammer Price venden de todo, incluso tienen el traje de una sola pieza de Eternal Sailor Moon.

-¡Deberías ir conmigo Molly!- Exclamó emocionada Naruru.

-Me rindo, no tienes remedio Naruru- Suspiró pesadamente Molly -Bien será mejor que bajemos a comer.- Cerrando la puerta de su habitación no sin antes darle una última mirada a su tocador -Parece que muy pronto deberé decirle adiós a mi vida normal.

Pero mientras Molly y su hermana menor se dirigen a comer, Lance se encuentra hablando por el celular en tanto espera que le traigan su automóvil.

-Descuida, no tendrás que esperar mucho, el ya se dirige hacia allá,- Comentó Lance dándole unos yenes al valet parking que le entregó su vehículo -si, el asunto en Londres estaba resuelto tal como lo imaginaba,- soltando un suspiro añadió -de acuerdo, pero no te extralimites y mantente en contacto.- Terminando con la llamada y leyendo nuevamente el breve mensaje que había recibido de Kyo por la noche. "Confirmado… Objetivo neutralizado… me dirijo hacia Grecia en estos momentos".

-No me agrada tener que utilizar esos métodos-, Pensó Lance poniéndose en marcha hacia su mansión -aunque tal vez sea la única manera de recuperarlos, es verdad, como líder de los guerreros solares debo encargarme de ese asunto de una vez por todas- comenzando a formarse en sus labios una leve sonrisa –además, siempre es conveniente tener un as bajo la manga.


Entre tanto, en el siglo XXX el cielo continua cambiando constantemente, anunciando la crónica de una torcedura en el espacio, mientras tanto en los alrededores del Palacio de Tokio de Cristal una joven de cabellera dorada sale de aquel esplendido castillo acompañada por sus inseparables guardianas Sailor Venus y Sailor Mercury y aunque el clima no era tan benigno, eso no les importaba en lo más mínimo.

Aquellas tres jóvenes se dirigían con unos hermosos ramos de flores al monumento edificado en honor de las guerreras caídas durante la batalla contra Black Moon, amigas preciadas para la reina y las guardianas de Tokio de Cristal.

Pero también por ese rumbo se encontraban tres tumbas solitarias, las cuales habían resistido los embates de la Luna de las Tinieblas, la Neo Reina Serena había ordenado poner esa lápida en memoria de las Sailor que perdieron la vida en la batalla previa al surgimiento de Tokio de Cristal, porque deseaba tener un lugar donde ella y sus amigas pudieran llorar por la persona que les había robado el corazón y que el destino le arrebató de una manera muy cruel… un sitio donde visitar y recordar todos los momentos felices que vivieron al lado del ser amado.

Cada una de las tumbas estaban alejadas entre sí, puestas de aquella manera para que pudieran platicar sin interrupciones y poder desahogar todo lo que llevaban en su interior, Sailor Venus y Sailor Mercury fueron las primeras en detenerse en aquellas lápidas, las cuales tenían incrustadas en las losetas una estrella de transformación.

La cual consistía de un micrófono inalámbrico blanco conectado a un broche de transformación; el broche tenía forma de pentágono, con una estrella de cinco puntas y tres piedras preciosas, de color rojo, azul y verde. Así es, esas eran las lápidas de las Starlights, quienes fueron asesinadas durante la batalla final que sostuvieron contra las fuerzas del mal, Sailor Moon había resultado vencedora pero el precio había sido muy alto.

La lápida de la izquierda era la tumba de Sailor Star Healer y la de la derecha de Sailor Star Maker, aunque solamente eran simbólicas, ya que lamentablemente sus cuerpos y toda su esencia había desaparecido cuando el enemigo destruyó sus gemas estelares, lo único que había quedado de las Starlights habían sido sus estrellas de transformación y los recuerdos en las personas que los conocieron y amaron.

Sailor Venus y Sailor Mercury no pudieron evitar un sollozo que salía directamente del fondo de su corazón, por su parte la Neo Reina Serena camino unos pasos más, alejándose de aquellas dos tumbas, porque delante de ellas estaba la de la persona por la que ella había ido… en aquel lugar estaba Sailor Fighter o mejor dicho Seiya Kou, un joven cantante que había robado el corazón de la princesa de la Luna o tal vez deberíamos decir de la antigua Serena Tsukino.

Al llegar a la lápida, la Neo Reina Serena quien se sentía sola y ensimismada, cayó llorando sobre la tumba de su amado, cada lágrima que corría por su rostro era prueba de todo el dolor que llevaba en su interior, por fin podía sacarse todas esas espinas que su corazón tenía al suprimir la tristeza que siempre le embargaba cada vez que pensaba en él.

En ese lugar no había nadie que no estuviera llorando, la Neo Reina Serena depositó un bello ramo de rosas rojas y musitó con voz apagada por el dolor el nombre de Seiya.

No solo había perdido para siempre a Seiya Kou en aquella batalla, sino que el precio de aquella victoria fue muy caro… no tuvieron más alternativa que acabar con una de sus camaradas quien fue totalmente poseída por las tinieblas… Cuando ella expiró, su astro guardián comenzó apagarse lentamente, trayendo consigo el congelamiento de la Tierra y provocando que esta se sumergiera en un profundo sueño.

-Es mentira que con el tiempo todo olvidaría Sailor Plut… -Musitó la Neo Reina Serena bajando la cabeza con un suspiro -Pasa el tiempo y su recuerdo incluso es más grande, te dije que nunca podría olvidar a Seiya- sintiendo un nudo en su garganta y una voz interior que le gritaba que todo era consecuencia de no haber escuchado a su corazón… si ella y Endymion no hubieran antepuesto en aquella ocasión a Tokio de Cristal por encima de su felicidad, tal vez la historia… en estos momentos sería otra.

Regresando a su mente el momento mismo que vio morir ante sus ojos a la persona que le robó el corazón, al hombre que realmente la amaba por ser quien era, no por ser la Princesa de la Luna o por ser Sailor Moon sino por ser simplemente Serena Tsukino... a la persona que se atrevió a desafiar al destino, a quien tal vez sin saberlo se convirtió en la mayor amenaza a la fundación de Tokio de Cristal.

En la base del enemigo Sailor Moon así como sus compañeras estaban frente a Sailor Sun quien había sido poseída en su totalidad por las tinieblas, su corazón se había llenado de oscuridad convirtiéndose en un ser maligno con un solo deseo… destruir el cosmos.

-La oscuridad muy pronto cubrirá todo el Universo- Murmuró complacida Sailor Sun -y cuando eso suceda, ni siquiera ustedes patéticas Sailor Scouts podrán hacer algo -dejando escapar una risa maligna.

-¡Eso no te lo permitiremos!- Gritaron al unísono Sailor Mercury, Sailor Venus, Sailor Júpiter y Sailor Mars -¡No dejaremos que sigas con tus planes!- lanzándose atacarla reuniendo sus poderes, pero el enemigo evitó aquel ataque con suma facilidad.

-¡Estúpidas!- Bramó molesta Sailor Sun -Creen que con sus insignificantes poderes pueden vencerme a mí… al Caos. Ahora verán una prueba de la diferencia entre ustedes y yo.- Utilizando el anillo que había en su mano creó un fuerte viento negro que arrojó violentamente a las Sailor Inner hacia la pared.

-¡Chicas!- Exclamó preocupada Sailor Moon al ver a sus amigas lastimadas a causa del ataque del enemigo. -¡Por favor detente Sunmi!- Tomándola del brazo.

-Es inútil Sailor Moon, aléjate de ella, Sailor Sun se ha convertido en un demonio,- dijo Sailor Mars tratando de levantarse -jamás escuchará tus palabras.

-Se equivocan chicas, Sunmi aun está ahí.- Musitó Sailor Moon con voz muy débil -Sailor Sun debes pelear contra esa energía que te controla, tú no eres quien desea hacer el mal.- Recibiendo una fuerte bofetada por parte de Sailor Sun.

-Te ha quedado claro- Dijo burlonamente -Sailor Sun pasó a mejor vida… es historia.

-¡Muy pronto el vórtice se abrirá y nada podrá impedir que controle todo el Cosmos!- Exclamó Sailor Sun con una sonrisa maligna en su rostro -¡Yo… la Sailor de las Tinieblas, seré la dueña del Sistema Solar, no, del universo entero! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! -Soltando una leve risa diabólica y cruel.

-Te equivocas Caos- Replicó Sailor Moon ¡yo creo en Sunmi, porque estoy segura que ella sigue siendo una Sailor Scout como todas nosotras!- Aquellas palabras provocaron un leve estremecimiento en Sailor Sun por unos breves segundos.

Pero el Caos rápidamente volvió a dominar a Sailor Sun tomando el control total del cuerpo de Sailor Sun, después de todo gracias aquella Sailor podía resucitar completamente y no estaba dispuesto abandonar aquel cuerpo, ya que a decir verdad el no poseía un cuerpo propio, solamente era una enorme masa de energía negra de espacio cuatri-dimensional.

-¡Cierra la boca Sailor Moon!- Cortó colérica Sailor Sun levantando la voz -has hablado demasiado- Cambiando su traje de guerrera a un vestido completamente negro mientras sus ojos adquirían un brillo diabólico -Tu ni siquiera deberías estar en esta batalla.- Lanzándole una mirada asesina.

-Si tanto te importa este miserable planeta entonces tú y tus dichosas amigas tendrán el mismo destino que él.- Lanzándoles una descarga eléctrica, pero Sailor Maker, Sailor Healer y Sailor Fighter se pusieron enfrente de ellas con los brazos extendidos protegiéndolas con sus cuerpos de aquel ataque.

-¡Sailor Star Light!- Exclamó emocionada Sailor Moon al ver aquellas estrellas fugaces enfrente de ellas.

-Espero que no les importe que nos unamos a la fiesta.- Dijo Sailor Healer esbozando una sonrisa burlona.

-Pero al parecer no podemos dejarlas solas, chicas.- Añadió Sailor Maker mirando de soslayo a Sailor Mercury.

-Perdón por hacerte esperar Sailor Moon- Musitó con una leve sonrisa Sailor Fighter. -Pero tuvimos que atender a unos caballeros primero.

-¡ja! ¡ja! ¡ja! ¡Patéticas estrellas!- Exclamó Sailor Sun soltando una risa burlona -Creen que porque derrotaron a mis 3 espectros negros pueden hacerme algo, pero están muy equivocadas, sus poderes son insignificantes ante mí.- Formando una bola de energía que disparó sin pensarlo hacia las Starlights. Pero ellas no solo rápidamente esquivaron aquel ataque y contraatacaron.

-¡Rayo de Sailor Healer!

-¡Golpe de Sailor Fighter!

-¡Ataque de Sailor Maker!

-¡Insolentes!- Bramó Sailor Sun molesta conteniendo el ataque de las Sailor Starlights -Creen que pueden dañarme con ese nivel de poder. ¡No me subestimen!

-Ahora verás ¡Laser de Estrella Fugaz!- Gritó Sailor Fighter, las otras dos asintieron e invocaron rápidamente sus ataques -¡Infierno Estelar de Healer! , ¡Estrella de Sailor Maker!

-No me digan que este es su mejor ataque,- Comentó Sailor Sun burlonamente -solo me hace cosquillas. Unas patéticas estrellas jamás podrían vencer a la estrella central del Sistema Solar!

-Eso ya lo veremos- Declaró Sailor Star Fighter y las tres al mismo tiempo exclamaron -¡Fusión de Tempestad de las Starlights!- Los ataques principales de las Sailor Starlights se unieron en uno solo el cual chocó con el de Sailor Sun, creando una gran explosión, al disiparse, tanto las Sailor Scouts como sus aliadas observaron con asombro como un hilillo de sangre corría por la comisura del labio del enemigo.

-Esto se los voy a cobrar insectos- Vociferó Sailor Sun furiosa limpiándose el hilo de sangre que caía de su labio -¡Como se atrevieron a hacerme daño!- No le agradaba esa mirada intimidante que tenían aquellas guerreras, la había visto en todas las Sailor Scouts del Sistema Solar y eso le irritaba de sobremanera.

-¡No nos menosprecies! 3 estrellas fugaces que viajan por el universo están ardiendo- la confrontó Sailor Fighter con gran determinación empezando a emanar de su cuerpo un brillo azulado -y esta vez te mostraremos nuestro verdadero destello.- Las otras dos se asintieron comprendiendo a lo que se refería su líder, y de sus cuerpos también comenzó aparecer un resplandor que se extendía por todo su cuerpo, Sailor Healer desprendía un brillo amarillo mientras que Sailor Maker emitía un destello de color rosado.

Las Sailor Starlights usarían su último ataque... su última jugada, con tal de vencer aquella guerrera y sobre todo para proteger a las personas que aman.

No solo Sailor Fighter poseía ese brillo, en ese momento un resplandor se extendió por todo el cuerpo de las Starlights corriendo a gran velocidad hacia Sailor Sun convirtiéndose en 3 tres luces de color amarilla, azul y rosa.

-Entonces me encargaré yo misma de extinguir ese impertinente destello de una vez por todas.- Gritó Sailor Sun con voz sombría antes de desaparecer en una llamarada de fuego y dirigiéndose hacia las Starlights.

Los resplandores de las Starlights y el haz de luz roja de Sailor Sun podían verse en el firmamento, peleando y moviéndose a la velocidad de la luz. De pronto, en el cielo se observó una gran explosión que sacudió el lugar, provocando que cayeran al suelo las Starlights severamente lastimadas.

-Debo admitir que para unas patéticas estrellas como ustedes ese fue un buen truco- Dijo burlonamente Sailor Sun -Pero ya me cansé de jugar con ustedes.

-¡No te olvides de nosotras, la batalla aun no termina!- Exclamó Sailor Júpiter viendo de reojo a Sailor Mars quien asintió con la cabeza

-¡Torbellino Eléctrico De Júpiter!

-¡Saeta llameante de Marte!

Sailor Sun creó una barrera protectora haciendo que el ataque combinado de Sailor Mars y Sailor Júpiter no tuviera efecto alguno.

-Ilusas- Susurró Sailor Sun con una sonrisa arrogante en sus labios -Al parecer aún no comprenden la gran diferencia que existe entre su poder y el mío.- Lanzando su ataque el cual se precipitó directamente contra Sailor Mars y Sailor Júpiter provocando que gritaran de dolor.

-Ahora, me encargaré de la princesa de la Luna.- Anunció Sailor Sun con una sonrisa malévola clavando sus ojos llenos de odio hacia Sailor Moon.

-Eso No te lo permitiremos- Amenazó Sailor Mercury poniéndose enfrente de Sailor Moon en posición de pelea -Nosotras nos encargaremos de proteger a nuestra princesa

-Así es, tendrás que enfrentarte primero a nosotras,- Añadió Sailor Venus colocándose al lado de Sailor Mercury, cerrando filas para proteger a la princesa de la Luna.

-Entonces las mandaré al otro mundo con su querida princesa- Contestó Sailor Sun furiosa y llena de odio por la determinación que veía en sus ojos, sin perder tiempo concentró su energía en su palma y disparó su ataque preferido, "El destello de sombras" hacia las Sailor Scouts.

El destello de sombras era una técnica sumamente poderosa, consistía en la creación de muchos rayos de energía que se arremolinan y atraviesan el cuerpo del enemigo. Sin embargo no fueron ellas quienes recibieron el embate de Sailor Sun.

Las Sailor Starlights se habían interpuesto en la trayectoria del ataque impidiendo que a Sailor Moon, Mercury y Venus les ocurriera algo, siendo ellas quienes recibieron de lleno aquel golpe.

-¡Sailor Fighter!

De pronto del pecho de las Starlights aparecieron sus semillas estelares las cuales se abrieron apareciendo tres gemas, las cuales desprendían un intenso brillo, eran un ópalo blanco, una titanita amarilla y un rutilo rojo fuego.

-Que gemas más insignificantes,- Comentó burlonamente Sailor Sun -No te parece Sailor Moon- Tomando en su mano las gemas estelares de las Sailor Starlights absorbiéndoles su color y dejándolas completamente negras -no me sirven para nada,- apareciendo en su rostro una sonrisa malvada -son solo basura- destruyéndolas en mil pedazos.

-¡NOOOOOOOOOO!- Gritó Sailor Moon con lágrimas corriendo por su rostro, al ver caer al suelo los cuerpos de las Starlights.

-Ese es el destino de todo aquel que se atreva a oponerse ante mi- Dijo Sailor Sun soltado una carcajada maligna –Descuida, muy pronto te reunirás con tus amigas... "princesa"-. Mirándola sin ninguna pizca de compasión, lo único que reflejaban sus ojos era odio.

-¡Muere… Sailor Moon!- Exclamó Sailor Sun. Pero no pudo lanzar su ataque ya que alguien la había atacado, en el suelo se encontraba incrustada la rosa roja que había sido lanzada hacia ella hiriéndole el rostro. La cara de Sailor Sun comenzó a sangrar por el corte que le provocó la rosa.

-El gran Tuxedo Mask, oportuno como siempre.- Murmuró Sailor Sun con una sonrisa perversa -Parece que te subestimé Príncipe Endymion, pero créeme eso no volverá a suceder.- Desapareciendo de aquel lugar después de soltar una carcajada que helaba la sangre.

Tuxedo Mask sin voltear a verlas salió corriendo de aquel lugar para darle alcance a la que una vez fue Sailor Sun. Por su parte Sailor Moon como las Sailor Scouts corrieron hacia donde se encontraban las Starlights quienes habían perdido su transformación.

-¡Seiya, resiste! Te sacaremos de aquí y te pondrás bien.

-No… te preocupes… por mí…bombón- Sonrió Seiya alzando lentamente su mano para acariciar su mejilla. –Me…alegra… que… no… te... pasara… nada… Serena… tu… siempre… fuiste… el amor… de mi vida.- Al decir aquellas últimas palabras la mano de Seiya perdió su fuerza y cayó al suelo inerte.

Con pesar las Sailor Scouts observador como los cuerpos de Seiya, Yaten y Taiki se convertían en pequeños destellos de luces. Fue la voz de Sailor Venus quien estaba atrás de ella la que la hizo salir de aquellos tristes recuerdos del pasado.

-Neo Reina Serena es momento que regresemos al castillo,- Musitó Sailor Venus -no esté triste majestad, estoy segura que los Three Light nos protegen desde las estrellas.

-Tienes razón Venus.- Susurró la Neo Reina Serenity mientras se incorporaba y así aquellas tres personas quienes compartían la misma pena se alejaron de aquel lugar para volver al Castillo de Cristal, sin percatarse que aquellos esplendidos monumentos se resquebrajaban poco a poco, al mismo instante que las joyas de las estrellas transformadoras de las Starlights comenzaban a recuperar su antiguo brillo. ¿Qué podrá significar aquello?

NOTAS DE AUTORA: Solo me resta decir, siento mucho la demora, y para aquellos que me preguntaron si continuare las historias ¡Por supuesto que lo haré! Así me cueste una vida terminarlas lo haré... solo tengan un poco de paciencia, y es que en mi trabajo una de mis compañeras se fue de incapacidad por maternindad y a otra lamentablemente la despidieron... así que me están cargando a mi el trabajo...buuuuuaaaaaaaaaaaaaa. Pero bueno poco a poco en tiempecitos me da para escribir, pero al fin pudo salir a luz este capitulo.... es posible que retome el fic de la oscuridad del destino o publique el otro capitulo de esta historia, ya veré como me acomodo... pero bueno no se pueden quejar que está largo el capitulo.... bye bye y cuidense muchos y solo me resta agradecerles por toda su paciencia y apoyo...