Los personajes de Sailor Moon. No me pertenecen, son propiedad exclusiva de la grandiosa Naoko Takechi. Los demás personajes que aparezcan en esta historia, (Esos sí son invenciones mías.)
"-cursiva- "Lo que piensa un personaje.
SAILOR MOON: El FUTURO DE TOKIO DE CRISTAL
LAS MEMORIAS DE UNA ESTRELLA FUGAZ: EL SECRETO DE ENDO
-Neo Reina Serena es momento que regresemos al castillo,- Musitó Sailor Venus -no esté triste majestad, estoy segura que los Three Light nos protegen desde las estrellas.
-Tienes razón Venus.- Susurró la Neo Reina Serenity mientras se incorporaba y así aquellas tres personas quienes compartían la misma pena se alejaron de aquel lugar para volver al Castillo de Cristal, sin percatarse que aquellos esplendidos monumentos se resquebrajaban poco a poco, al mismo momento que las joyas de las estrellas transformadoras de las Starlights comenzaban a recuperar su antiguo brillo. ¿Qué podrá significar aquello?
Mientras tanto en el siglo XX en la preparatoria Juuban, nuestras heroínas se encuentran en este momento en una situación un poco… complicada.
-Bien chicos guarden todas sus cosas, tendremos un examen sorpresa.- Dijo el profesor entregándole a cada uno su examen correspondiente.
-¡Que!- Exclamo Mina aterrada -pero profesor, usted nunca mencionó que tendríamos hoy un examen.
-Por eso es examen sorpresa señorita Aino.- Contestó el profesor entregándole su examen tanto a ella como a Serena Tsukino, quien al leerlo se asustó de sobremanera.
-Esto no es justo, porque castigar a la diosa del amor de esta manera- Reflexionaba Mina mientras veía su examen -bueno a ver que sale.
-Pero que es esto, no entiendo absolutamente nada,- Pensó alarmada Serena al ver el examen -hay nooo, tengo hambre y no sé que responder a este tonto examen, Darien se va a molestar si sigo saliendo mal en la escuela.
Sin embargo, ella no era la única que tenía problemas, el vocalista del famoso grupo Three Light tampoco puede concentrarse, Seiya Kou no puede apartar de su mente el sueño que tuvo.
Por milésima o millonésima vez en las últimas horas, Seiya se preguntaba si aquello no había sido una ilusión, porque de lo contrario significaría que ellos tuvieron una vida pasada, que él conoció a Serena hace mucho tiempo, en una época donde existió un reino llamado Milenio de Plata.
-Pero entonces porque no lo recordamos y además porque la princesa Kakyuu nos lo ocultaría todo este tiempo,- Pensaba Seiya golpeando el lápiz repetidamente contra la mesa -porque nunca nos diría nada… acaso intentaba protegernos… pero de qué.
-¡Maldición!- Exclamó Seiya levantándose de su lugar -no entiendo nada de esto.
-Eso es porque no ha estudiado lo suficiente joven,- Cuestionó el profesor -todo lo que viene en el examen ya lo hemos visto.
-¿Eh? Ah sí, disculpe profesor.- Musitó Seiya apenado, se había olvidado completamente que estaba en pleno examen, pero por más que lo intentaba no podía concentrarse y más cuando veía a Serena, al mirarla aunque fuera de espaldas, a su mente regresaban aquellas imágenes que no se apartaban de él y era un hecho innegable que aquella jovencita de chongitos se había incrustado muy hondo en su corazón.
Aunque lo que ignoraba Seiya, era que tal vez aquel previo suceso podrían parecer algo sin importancia, pero para Serena Tsukino quien conocía muy bien aquel joven, sus alarmas se habían encendido, estaba segura que su amigo estaba preocupado por algo.
-No es normal que Seiya actué así, algo lo está preocupando.- Reflexionó Serena -Hablaré con él cuando acabe la clase… no quiero que él lleve toda esa carga, quiero que las comparta conmigo.-
La joven princesa de la Luna no entendía que estaba pasando últimamente, pero por alguna razón cada vez que pensaba o escuchaba la voz de Seiya… su corazón latía de una manera extraña, ni siquiera Darien la había hecho sentir alguna vez de esta manera, que era lo que le sucedía, no lo entendía.
Pero había algo que no podía negar y era el hecho de que Seiya comenzaba atraerle, incluso cuando otras chicas se acercaban a él pidiendo un autógrafo no podía evitar el pensar en lo afortunada que es por tenerlo a su lado, ¿Tenerlo para ella? ¿Es que se había enamorado de Seiya? ¿Pero y Darien? ¿Acaso su amor por él había quedado atrás? Esas eran preguntan que no sabría responder Serena en esos momentos.
Lo único de lo que estaba segura era de que con cada momento que pasaba con Seiya, este se adentraba más y más en su corazón, porque por más que lo intentara no podía sacarse aquel joven de la cabeza a ninguna hora del día. Aquel joven que sin que ella pudiera evitarlo comenzaba poco a poco adueñarse por completo de su corazón.
-Bueno muchachos se acabó el tiempo, entreguen sus exámenes.- Ordenó el profesor mientras recogía sus cosas del escritorio, uno a uno de los alumnos fueron dejando sus exámenes, uno de ello fue Seiya Kou, quien entregó su examen y salió del salón sin decir una palabra, sin embargo su mente era un remolino de pensamientos.
-Seiya- Musitó Serena quien viéndolo dirigirse hacia los jardines del colegio salió a buscarlo después de dejar su examen.
-No creen que sería mejor ir a buscar a Seiya y a Serena- Opinó Amy quien estaba sentada bajo un árbol tomando su almuerzo junto a los demás. -El no se veía muy bien.-
-Descuida Amy, lo que ahora necesita Seiya es despejar su mente,- Estimó Taiki -créeme, es lo mejor.- Colocando su mano en el hombro de Amy, provocando que ella se sonroje levemente.
-Así es,- Secundó Yaten cabizbajo -si fuéramos todos con él, de seguro no hablaría de lo que le está preocupando, tal vez ella pueda regresarle la tranquilidad.- Apretando fuertemente la lata que traía en las manos al tiempo que pensaba -Estúpido Seiya, porque no confías en Taiki y en mí, nosotros no solo somos tus compañeros también somos tus amigos.
Cuando de pronto a su mente llegó una imagen donde se vio hablando con Seiya quien llevaba puesto un extraño ropaje. Pero Seiya no era el único en vestir de manera extraña, él también portaba esa clase de vestimenta, se encontraba ataviado con una armadura de color amarillo la cual tenía extraños adornos en el protector del brazo derecho.
-Pues eres un tonto por pensar eso, somos tus amigos.- Le decía Yaten -Si tu saltas nosotros saltamos, si tu lloras nosotros contigo, eso es lo que hacen los verdaderos amigos.
-¡Qué rayos fue eso!- Meditó Yaten, quien aunque no entendía que había sido eso, por alguna razón sentía que eso no era una invención de su mente, aquello había sucedido… pero ¿Cuándo? y sobre todo ¿porque estaba ataviado con aquella extraña armadura?
Fue la repentina voz de Taiki quien lo trajo de vuelta a la realidad.
-¿Huh? Perdón estaba distraído,- Se disculpó Yaten por no saber de lo que estaba su amigo hablando -¿qué decías Taiki?
-Les comentaba a las chicas que todo está listo para el espectáculo que ofreceremos como muestra del regreso de Three Light.
-Sí, aunque no esperé que nuestro productor quisiera llevarlo a cabo en el Budokan. Comentó Yaten emitiendo un bufido.
-¡Que! ¡Tendrán un concierto en el Nippon Budokan!- Gritó Mina sorprendida por la noticia. Ya que aquel lugar era usado frecuentemente como lugar para grandes eventos musicales, para los artistas japoneses ese recinto era muy importante, ya que representa su importancia y honor en Japón.
-Bueno, es una manera de anunciar nuestro regreso al mundo musical,- Declaró Yaten -además el patrocinador le ha pedido a Yoko Erídano, una cantante extranjera que abra nuestro concierto.
-De seguro habrá muchas fans, si queremos tener buenos lugares será mejor que estemos ahí temprano.- Comentó Lita pensativa.
-Por eso no se preocupen,- Dijo Taiki con una leve sonrisa -Yaten se aseguró de conseguirles pases de acceso tras bambalinas, o no es así.- Ocasionando que el aludido se sonrojara.
-¿Es verdad eso Yaten?- Le Preguntó emocionada Mina acercándose demasiado con una mirada que provocara que tragara saliva y sudara frio.
-Solo lo hice porque de todas maneras me lo pedirías,- Respondió tratando de sonar indiferente aunque sin mucho éxito además-
-¿Además que Yaten?- Preguntó curiosa Mina.
-Nada,- Contestó él entre dientes y volteando la mirada, sacando en ese instante de las bolsas de su uniforme los pases que había conseguido para ellas -tengan y no los pierdan- entregándoselos rápidamente.
-¡Gracias Yaten, esto es estupendo chicas!- Exclamó contenta Mina al tiempo que aplaudía infantilmente, ignorando que mientras ella saltaba emocionada Yaten la miraba pensativo, ya que no sabía porque había solicitado esos pases con tanta vehemencia, tal vez la razón era que no quería perder de vista a Mina. Pero eso era algo que no quería aceptar del todo.
De pronto un sonido sacó a Yaten de sus meditaciones, era el celular de Mina Aino, quien de inmediato sacó su teléfono del bolsillo de su blusa y miró la pantalla llevándoselo a la oreja con un movimiento rápido al momento que una leve sonrisa aparecía en su rostro.
-¡Armand! ¡Qué sorpresa que me llamarás!- Contestó emocionada Mina, aquella llamada realmente la había sorprendido pero lo que no se percató fue de la mirada asesina que tenía en esos momentos Yaten. Taiki quien al notar aquella situación no pudo evitar que una leve sonrisa asomara a sus labios, ya que aunque Yaten tratara de negarlo era obvio que sentía algo por la antigua líder de las guerreras de la Luna.
-Supuse que estarías en descanso, espero no haber sido inoportuno- Musitó Armand desde el otro lado de la línea.
-Para nada.
-Solo quería saludarte, Mina.- Comentó Armand -saber cómo estás tú, que te parece si-
Sin embargo la comunicación terminó abruptamente debido a que Yaten le había arrebató el teléfono celular y acabó con la llamada, provocando que tanto Mina como las demás se quedaran frías por la actitud de este.
-¡Yaten por qué hiciste eso!- Lo regaño Mina.
-Que no te das cuenta que ese tipo no se ve de fiar,- Replicó Yaten molesto -Acaso eres tan inocente que no puedes verlo, te lo repito, no debes tenerla tanta confianza.
Al ver como Yaten apretaba fuertemente los puños, una idea cruzó por la mente de Mina, acaso estaba celoso, era eso en realidad. ¿Yaten acaso tu-
-Por supuesto que no,- Replicó Yaten de inmediato sin dejarle terminar la pregunta -solo que estamos en medio de una batalla, como sabes que ese tipo no es uno de nuestros enemigos.
-¡Pero de que estás hablando, eso es absurdo!,- Exclamó Mina -¡Armand es mi amigo, lo conocí cuando vivía en Inglaterra, fue él quien me regaló esta cinta!- Mostrándole la cinta que adornaba su cabello. -¡Además si realmente fuera mi enemigo hace tiempo que se hubiera enfrentado a mí!
-Bien, haya tú, solo no digas que no te lo advertí,- Pronunció Yaten golpeando con el puño el árbol -me voy al salón, hace mucho calor aquí.- Regresándose al salón de clases sumamente molesto.
Pero mientras Yaten se retiraba de ahí, el joven vocalista de aquel grupo ajeno a todo lo sucedido se encontraba recargado en un árbol, absorto en su dilema personal.
Desde que escuché aquella canción las imágenes se volvieron cada vez más frecuentes. Murmuró Seiya cerrando los ojos y de pronto no solo las imágenes de su sueños regresaron a su mente como un torbellino sino también la visión que tuvo esta mañana cuando se bañaba.
Recuerdos de una lujosa fiesta celebrada en salón cuya decoración era simplemente impresionante, siendo el color rojo el tono predominante no solo en las alfombras sino también en las cortinas. Las paredes tapizadas con rosas, los murales en los techos, la hermosa chimenea y los monumentales candiles en bronce dorado y cristal de roca de 32 luces ornamentaban aquel lugar. Pero mientras los invitados platicaban en aquel hermoso salón, el anfitrión se encontraba en una enorme biblioteca sumido completamente en sus pensamientos.
-¡Vaya manera de disfrutar!- Dijo una voz bastante conocida para el nuevo soberano de aquel reino.
-¿Qué haces en este lugar Seiya?- Preguntó otra voz -Deberías estar en el salón disfrutando de la fiesta.- Entrando a la habitación dos jóvenes elegantemente vestidos. Seiya, monarca de la estrella de Albadah no sabía cómo plantearle a sus dos mejores amigos, los monarcas de Sagittari y Kaus Media el hecho de que había invitado a la princesa heredera del Milenio de Plata a la fiesta que se organizaba en su reino con motivo de su reciente coronación.
Pero de algo estaba seguro Seiya, aquella noche sería muy especial, de eso no había la menor duda. ¡Y vaya que lo sería! y con aquel pensamiento en la cabeza, el nuevo monarca de la estrella Albadah se dispuso a tratar con los monarcas de las estrellas vecinas a su reino un asunto un tanto difícil y no era para menos, ya que lo que debería ser un día de dicha para todas las estrellas, tal vez se podría convertir en una batalla campal y no estaba equivocado ya que sus dos amigos al escuchar la noticia se habían quedado totalmente petrificados.
Y no podía culparlos, después de todo, desde la antigüedad la Luna y las estrellas no han tenido una buena relación y se acrecentó más la distancia entre ellas desde que el rey Soma abandonó el Milenio de Plata.
-¡Porque demonios la invitaste!- Exclamó molesto el príncipe de Sagittari, quien lucía un elegante traje formado por un conjunto beige tornasolado. El saco llevaba un bolsillo en cada lado. Su camisa era blanca con un chaleco blanco de 4 botones que hacían juego con sus zapatos blancos, mientras que su corbata llevaba un estampado a rayas. -¡Es que te has vuelto loco Seiya! ¿Cómo se te ocurre…?
-Comprendo que sea inesperado Yaten- Comentó Seiya rápidamente quien lucía un traje de color marrón oscuro. Llevando una camisa blanca con un chaleco de tres botones de color naranja ocre. La corbata era oscura con estampados de puntos claros. Los zapatos eran negros con ligera punta. -Pero alguien debe dar el primer paso, para acabar con esta absurda división.
-¡Seiya reacciona por favor!- Gritó Yaten -Este no es el momento para que tu reino tenga de enemigo al Stellar System y lo sabes.
-Espero que recuerdes que tu reino es un aliado del Stellar System.- Murmuró el último príncipe del Sistema Estelar Triple quien llevaba aquel día un traje gris marengo, con chaqueta sin cruzar, combinado con una camisa blanca impoluta y una corbata de rayas azules. -O acaso has olvidado el sentir común de muchas estrellas hacia la Luna.- A lo que Seiya negó con la cabeza.
-Pero no podemos vivir con este resentimiento hacia los selenitas por siempre Taiki, es absurdo.- Dirigiéndose hacia la ventana donde se podía observar la hermosa Luna.
-Te has puesto a pensar en lo que dirán los demás dirigentes y sobretodo el Stellar System, ¡lo considerarán como una ofensa!- Espetó Yaten frunciendo el ceño. -Además, por si lo has olvidado la Emperatriz va asistir a esta celebración realizada con motivo de tu coronación.
-Por esa misma razón lo hice,- Le explicó Seiya -tal vez podamos terminar esta absurda división que existe entre la Luna y las estrellas.- Y era verdad, las relaciones entre las estrellas y el Milenio de Plata se encontraban en una situación precaria a pesar de que los eventos por lo que se originó aquella enemistad sucedieron hace miles de años.
Hace millones de años, la Luna, el más cercano vecino de la Tierra era muy valorado por el Sol y el resto de las estrellas del Sistema Solar, quienes lo consideraban como parte de su territorio y aunque nadie habitaba en aquel lugar, este se empleaba como un cruce central y tal como su nombre lo indica se utilizaba únicamente como un portal comercial y diplomático ya que este conectaba la Tierra con las estrellas.
Por mucho tiempo la Luna estuvo desolada, hasta que un día, habitantes de un lugar muy lejano aterrizaron sobre ese cuerpo celestial para residir en aquel astro y crear en él un segundo hogar. El Mileno de Plata, ese fue el nombre del nuevo reino fundado en la Luna. Sin embargo, aquello causó descontento entre las estrellas, quienes consideraron aquello como un acto de irrupción hacia lo que consideraban un templo.
Las negociaciones fallaron y las relaciones entre las estrellas y el reino de la luna se habían destrozado hasta el punto de alcanzar a iniciar una guerra, llamada la guerra Moonlight, la más mortal batalla en la historia de la Vía Láctea, el reino lunar fue apoyado por los planetas de la Vía Láctea exceptuando la Tierra, quien se convirtió en un aliado de las estrellas.
El fin de la guerra llegó cuando la Reina Arinna, antigua soberana del Sol utilizó los poderes de su joya milenaria en un intento por derrocar a las fuerzas enemigas, pero desconocía que el poder del cristal de plata, el cual poseía la Reina Sefiria, gobernante del Milenio de Plata en aquel entonces, tenía un magnifico poder y propiedades tanto curativas como destructivas.
Con la ayuda del cristal de plata, la Reina Sefiria no solo logró bloquear el ataque enemigo sino que utilizando el poder de la joya, terminó con aquella absurda batalla y evitó que más personas siguieran muriendo. Las peleas finalmente llegaron a su fin, aunque ambos lados resultaron completamente devastados.
Aquella guerra había resultado ser muy desastrosa para los dos bandos, las estrellas no solo perdieron a muchos guerreros sino también a la reina del Sol. Pero ignoraban que poco tiempo después la reina Sefiria también murió a consecuencia del esfuerzo que le había demandado el usar el gran poder del cristal dejando como su sucesora a su única hija, Serenity, quien era entonces una niña pequeña de cabellos violetas y ojos azules.
La nueva dueña del Cristal de Plata y actual soberana del Milenio de Plata, la Reina Serenity no solo era respetada y querida por todos sus súbditos por gobernar con justicia, su reinado fue caracterizado por una época dorada, marcada por la prosperidad y convivencia tranquila en la Vía Láctea.
La Reina Serenity trató varias veces de eliminar la distancia entre su reino y las estrellas ya que a pesar de que las tensiones disminuyeron y había una coexistencia pacífica entre ambos pueblos, el resentimiento hacia los selenitas ha perdurado por mucho tiempo.
Las negociaciones entre el Milenio de Plata y el recién formado Stellar System fallaron y sin más preámbulo todas las estrellas estuvieron de acuerdo en cerrar para siempre sus puertas a los selenitas y sus aliados... decisión que tomaron al saber lo ocurrido con el primogénito de la Reina Serenity por viva voz del antiguo monarca de aquel reino, el Rey Soma, quien había abandonado la Luna y solicitaba residir en el Sol junto a la embajadora Sigel, ante eso todos los representantes de las estrellas decidieron que sus reinos no tuvieran ningún contacto con el Milenio de Plata… bueno, hasta ahora.
-Con el debido respeto dudo que eso pueda suceder- Le increpó Taiki mirándolo con desaprobación. -Además, el hecho que quieras terminar con las enemistades entre ambos pueblos, no quiere decir que podamos aceptarla tan fácilmente como nuestra amiga.
Y tenía razón, muchas heridas producidas por la batalla Moonlight quedaron en sus habitantes, sobretodo el rencor y odio de la gente de las estrellas hacia la Luna, el cual permaneció en los corazones de sus habitantes por muchas generaciones, las cuales eran muy difíciles de sanar.
-Taiki, si conocieran a la Princesa de la Luna estoy seguro que tanto tú como Yaten se darían cuenta que los selenitas son en realidad buenas personas- apareciendo en su rostro una sonrisa al recordar a la Princesa de la Luna.
Desde que se conocieron cada vez que la imagen de la Princesa heredera del Milenio de Plata venía a su mente, su corazón se llenaba de algo que no podía explicar, un calorcito por todo el cuerpo, un cosquilleo incomprensible. -Si tan solo la Emperatriz y la Princesa Serena conversarán creo que las enemistades se terminarían.
-¡Es que has perdido el juicio!- Gritó Yaten exasperado -¡Debes estar demente si crees que los guerreros solares le permitirán a un selenita acercarse a la Emperatriz!
Seiya sacudió la cabeza y suspiró profundamente -Creo que ambos están exagerando.
-No lo tomes tan a la ligera Seiya- Dijo Taiki con gran seriedad -hasta ahora 6 personas han sido envestidas con las legendarias armaduras de la corona solar.
-¿Qué tiene que ver eso con el hecho de que la Emperatriz hable con la Princesa de la Luna?- Le preguntó Seiya levantando una ceja.
Taiki se aclaró la garganta antes de hablar -Seiya, los 6 guerreros solares elegidos hasta el momento provienen de las estrellas más cercanas al Sol.
-¿Y?- Preguntó Seiya sin prestarle demasiada atención al asunto.
Taiki soltó un suspiró y contesto -Es mejor que te inmiscuyas más en la política Seiya, esas personas no solo descienden de los pueblos más leales hacia la corona sino también son las estrellas que más fuerte se oponen hacia cualquier tipo de relación con los selenitas,- la mirada de Taiki se clavó en Seiya y con gran seriedad añadió -realmente dudo que dejen a la princesa de la luna aproximarse a la soberana del Sol.
-Pero lo que sucedido entre ambos pueblos fue hace mucho tiempo,- Reflexionó Seiya -no podemos vivir con ese resentimiento por siempre.
-Lo sé, sin embargo los habitantes de muchas estrellas no piensan igual que tú, Seiya.- Comentó Taiki exhalando un suspiro -¿Has olvidado lo que los pobladores del Sol y de las estrellas vecinas hicieron cuando se enteraron que la reina del Milenio de Plata visitaría a la Emperatriz?
-Como podría olvidarlo,- Musitó Seiya soltando un largo suspiro -se comportaron como si la Reina Serenity fuera el mismísimo Caos.
-Además Seiya, no solamente serán los guerreros solares quienes no permitirán que se acerque a la Emperatriz- Sentenció categóricamente Yaten -tal como lo dice Taiki, es seguro que a los demás representantes no les agradará la idea de ver a un selenita en suelo estelar y cerrarán filas con el Stellar System.
-Seiya, ¿te has puesto a pensar en las consecuencias?- Preguntó Taiki indignado -¿Qué crees que suceda si los demás embajadores se enteran, que fuiste tú quien invitó a la Princesa de la Luna a esta celebración?
-Es seguro que romperán relaciones bilaterales con tu reino- Sentenció Yaten inmediatamente -¡¿Es eso lo que quieres?
-Pero tal vez no sea una mala idea después de todo.- Musitó pensativo Taiki.
-¡¿Qué, lo dices en serio?- Exclamó Yaten sorprendido -Debes estar bromeando.
-Piénsalo detenidamente Yaten,- Contestó Taiki al mismo tiempo que colocaba su mano debajo de su barbilla -podríamos usar a la Princesa de la Luna para nuestra propia conveniencia.
-¿Qué quieres decir? -Preguntó Yaten muy intrigado.
-Bueno, entre mas llame la atención esa muchacha, el Stellar System y las demás estrellas se pondrán más a la defensiva y eso podría beneficiar a nuestros reinos,- Le explicó calmadamente Taiki -¿entiendes lo que digo?
-Ahora comprendo a lo que te refieres,- Sonrió complacido Yaten -eso beneficiaría enormemente las relaciones comerciales de nuestros reinos.
-¡Cállate Taiki! ¡No puedo creer que quieran aprovecharse de la Princesa de la Luna!- Bramó Seiya molesto golpeando la mesa con su puño -¡a caso no les da vergüenza!
-Ahora entiendo, te gusta la Princesa de la Luna- Dijo Taiki mirándolo seriamente, por su parte Yaten al escuchar aquello se había quedado estupefacto, ¿Acaso había escuchado bien? Su amigo enamorado de la futura reina de la Luna, eso no podía ser cierto, debía ser una broma de mal gusto, pero al ver el leve sonrojo en la cara de su amigo fue prueba más que suficiente para despejar sus dudas.
-Por eso actúas así, la Luna lleva tiempo queriendo dialogar con la Emperatriz, pero las estrellas se han opuesto rotundamente a ese encuentro- Continuó Yaten levantando la voz -invitaste a la Princesa de la Luna para que pudiera hablar con la Emperatriz… te preocupa que las demás estrellas e incluso el Stellar System lastimen a esa basura lunar.
-¡Seiya abre los ojos, no te das cuenta que la Princesa Serena solo te está usando! -Exclamó Taiki indignado.
-¡Qué dijiste!- Gritó Seiya ofuscado y sin más lo agarró de la solapa de su traje.
-Solamente estoy diciendo la verdad.- Susurró Taiki sin apartar la mirada, viéndolo fijamente a los ojos de manera desafiante.
-Tranquilícense los dos.- Exclamó Yaten tratando de calmar los ánimos, entre los dos monarcas. -Seiya, Taiki solo te dice eso porque ambos estamos preocupados por ti, si continuas así muchos te abandonarán ¿acaso no te importa eso?
-¿Y ustedes?- Les preguntó a quemarropa Seiya, soltando bruscamente a Taiki. -¿De qué lado estarán? ¿O es acaso que también me darán la espalda?- Pero antes de que ellos pudieran responder un leve golpeteo en la puerta los interrumpió.
-Mi señor, un carruaje lunar está ingresando a nuestro espacio aéreo.- Le informó alarmado un guardia que vestía un uniforme en tonos rojizos, entrando detrás de él los tres generales de la Armada Real quienes eran: Kobayashi, General de infantería, Ruzafa General de Arquería y Hathor General de Caballería.
-Su majestad, movilizare inmediatamente a mis hombres,- Manifestó Ruzafa, -derribaremos inmediatamente a ese carro selenita.
-Le prohíbo que haga eso Comandante Ruzafa,- Lo reprendió severamente Seiya -La Princesa Serena es mi invitada.- Los tres generales lo miraron asombrados sin entender lo que decía, no podían dar crédito a lo que acaban de escuchar hace algunos segundos.
-Pero majestad, se ha vuelto loco.- Hablaron los tres generales al unísono. -¡Desde tiempos inmemoriales, ningún selenita ha pisado el suelo aldebahariano!
-¿¡Es que pretende que la Emperatriz se mezcle con esa repugnante selenita?- Gritó Kobayashi muy serio mirándolo fijamente.
-Alteza, eso sería un gran insulto hacia la Emperatriz,- Añadió Ruzafa frunciendo el ceño molesto por la decisión del monarca -los miembros del Stellar System se sentirán muy ofendidos, y con mucha razón si permitimos que esa mujer esté en la celebración.
-Además es seguro que muchos diplomáticos dejarán la celebración si ven a la Princesa de la Luna.- Finalizó Hathor con una honda nota trágica en la voz.
-No me importa si la Emperatriz y todos los embajadores se sienten ofendidos, -Replicó Seiya con voz fuerte y grave -la Princesa Serena es mi invitada de honor y como tal será tratada.- No podía creer que sus subordinados fueran tan poco considerados.
-¡Es que ha perdido el juicio! ¡Su padre trabajó muy duro para que Aldebarah sea aceptado como miembro del Stellar System!- Bramó Kobayashi sin poder contenerse -Y usted simplemente echará todo a la borda ¡y por esa estúpida princesa selenita!
-General Kobayashi le prohíbo que se vuelva a expresar de esa manera de la Princesa Serena.- Seiya levantó la voz imponente, logrando que guardaran el debido silencio y dirigiéndose al guardia ordenó -Yuu, en cuanto el carruaje lunar aterrice, acompaña a la Princesa Serena a la puerta norte del Palacio.
-Pretende que la princesa de nuestros más odiados enemigos ingrese al Castillo por la misma puerta que utilizará la Emperatriz….- Vociferó enojado Ruzafa. -¡Es que no sabe todo el daño que le hará al reino con estas acciones!
-Esa princesa nunca entenderá los sentimientos de las estrellas.- Comentó indignado Hathor al ver lo que su gobernante se proponía.
-Es una orden.- Ordenó Seiya interrumpiendo las protestas de sus oficiales, el guardia haciendo una reverencia se retiró de aquel sitio a realizar la encomienda que le había dado el monarca, en cuanto aquel guardia salió, el Jefe de Mayordomía entró en aquel cuarto.
-Majestad, perdone que lo moleste pero lamentablemente la Emperatriz no podrá asistir a la ceremonia por cuestiones de salud,- Comentó el joven de cabellera negra -el representante del imperio solar arribará en unos diez minutos.
-Bien puedes retirarte- Murmuró Seiya, el joven asintió y se retiró de inmediato de aquel lugar. -Y en cuanto a mis tres generales- volteando a verlos tras fruncir el ceño -o dejan sus absurdos comentarios o dimiten, ¡la decisión es suya!- dos generales se quitaron sus insignias sin vacilar y las colocaron en la mesa.
-Su alteza, ojala usted fuera como su difunto padre,- Musitó Kobayashi enojado y lanzando un suspiro decepcionado continuó -realmente estoy desilusionado de usted Príncipe Seiya.
-Se requirieron décadas para que Aldebarah fuera un reino prospero- Añadió Hathor lanzándole fuego con la mirada -pero solo bastará unas horas para que la desdicha caiga sobre nosotros, bien dicen que la Luna solo trae desgracias.
Aquel comentario no le causó ninguna gracia a Seiya, quien hizo una mueca de disgusto -Si eso es todo lo que tienen que decirme entonces pueden retirarse.- Dijo Seiya dirigiéndoles una mirada dura. -Pero es una lástima que enjuicien el hoy con el criterio de lo que paso hace tiempo.
-Majestad, Paulo Coelho dijo una vez que Podemos cometer muchos errores en nuestras vidas, menos uno: aquel que nos destruye.- Pronunció Kobayashi serio y un tanto cortante -No lo olvide- retirándose de aquel lugar después de realizar una reverencia.
Hathor sacudió la cabeza y suspiró profundamente -Príncipe Seiya, es mejor que no se meta donde no puede salir. Téngalo en mente- Se despidió el general pero luego de algunos segundos se detuvo para voltear su rostro y susurrar -solo un consejo alteza, no se meta en camisa de once varas- saliendo del salón.
-Ellos tiene razón su alteza, usted está cometiendo un grave error,- Añadió Ruzafa con una expresión fríamente amenazadora -y no olvide que el error es un arma que acaba siempre por dispararse contra el que la emplea. [Concepción Arenal(1820-1893)]
-Ahora si me disculpa, iré a recibir al representante del imperio solar.- Finalizó Ruzafa, haciendo una reverencia aunque por la expresión de su rostro se podía saber perfectamente que le molestaba el saber que la Princesa de la Luna estaría en la fiesta y salió rápidamente del salón para ir al encuentro del embajador del imperio solar, después de todo él era el único general que quedaba después de que Hathor y Kobayashi habían renunciado a su cargo.
Mirando la hora en el reloj que había en la pared murmuró -Bien si me disculpan, debo ir a recibir a mis invitados-. Saliendo de aquel lugar y dirigiéndose al salón principal donde los invitados de otros reinos lo aguardaban.
-Ese torpe no se da cuenta de su error- Bufó molesto Yaten -Aunque cuando los errores se cometen a sabiendas de que son errores, ya no son errores, son estupideces.- Ese había sido el comentario que alcanzó a escuchar de su amigo antes de dirigirse a donde se llevaría a cabo la recepción.
El silbido de un ave y el viento que sopló lo hicieron salir de su letargo, el fuerte viento hacia que su cabello revoloteara pero también trajo consigo el pétalo de una flor, la cual se depositó suavemente en su uniforme expidiendo un aroma agradable y suave.
-Pero si es el pétalo de una campanilla lunar.- Susurró Seiya tomando aquel delicado pétalo -¿Pero cómo es que conozco esta flor?- Pensó extrañado de que conociera aquella flor, en Kinmoku no existían esa clase de plantas. El planeta era conocido por las hermosas flores doradas y las flores de fuego que en el crecían, y no creía que estas habitaran en el planeta Tierra
Ensimismado en sus pensamientos acercó el pétalo a su nariz y tras oler el singular aroma de aquel diminuto pétalo, al instante a su mente llegó la imagen de él ataviado con aquella extraña armadura ocultándose en unos árboles, los cuales no estaban muy lejos del jardín de un enorme palacio donde distinguió escondida detrás de un frondoso árbol a una hermosa joven rubia con coletas y carita angelical quien se encontraba ataviada con un elegante vestido blanco.
-Tal como lo temía vino a ver a Endymion- Musitó Seiya triste al ver salir de su escondite a la causante de sus suspiros dirigirse hacia el príncipe de aquel planeta quien había salido al jardín, al parecer a tomar aire fresco. -Aunque sabe que las relaciones con la Tierra se rompieron hace mucho tiempo, ella aun así viene a este planeta.- Apretando fuertemente las flores que traía en sus manos, las cuales eran de unos 2 a 3 centímetros y su color era un blanco inmaculado, como el vestido de la princesa de la Luna.
-¡Acaso lo ama tanto como para arriesgar su vida de esta manera!- Exclamó molesto Seiya golpeando con su puño el tronco de aquel árbol. -¡Pero qué le ve a ese tipo, incluso es mucho mayor que ella!
Al salir de su escondite lo que vio lo dejó paralizado, bajo la luz de la Luna el Príncipe Endymion besaba suavemente en los labios a la Princesa Serena.
-Creo que cometí un error al venir aquí- Musitó Seiya cabizbajo posando una de sus manos sobre su pecho como tratando de impedir que su corazón siguiera latiendo, porque con cada latido nuevo que daba la herida provocada por el dolor y la pena aumentaba, estuvo así por unos minutos.
-Me voy de aquí, ya he visto demasiado- Pensó Seiya y al levantar la vista observó como unas llamaradas se perdían en el cielo alejándose rápidamente de la Tierra.
-¿La Princesa del Sol también estaba en la Tierra?- Se preguntó desconcertado pero sin darle importancia al asunto se dispuso a marcharse pero antes colocó una mano en el tronco de aquel árbol y con su energía grabó la silueta de una luna creciente y debajo de ella un extraño símbolo. Eran dos manos que rodeaban un corazón, complementando con una corona.
-Aunque digan que es más triste amar sin esperanza alguna no me importa- Susurró Seiya con voz apenas audible -yo te amaré por toda la eternidad… aunque sepa que tus besos jamás serán míos.- Dirigiéndose hacia los bosques donde se perdió en la profundidad de aquel lugar.
Fue todo lo que pudo ver Seiya, ya que el pétalo salió volando en aquel momento, su misión había sido completada, la barrera de los recuerdos de Seiya se rompía cada vez más, no faltaba mucho para que supiera quién era él realmente.
-Sé que suena una locura, pero si realmente eso sucedió,- Pensaba Seiya mientras observaba la palma de su mano -es posible que el destino me este dando otra oportunidad y tal vez el bombón y yo esta vez-
-¿Qué tienes Seiya?- Le preguntó preocupada Serena sacándolo de su meditación. -¿Hay algo que te preocupa? Sabes que puedas confiar en mí.
-No te preocupes bombón, no es nada.- Respondió Seiya, con la cabeza agachada tratando de evitar su mirada.
-¡Mentira! ¡Porque no quieres decirme lo que te pasa!- Exclamo Serena apretando fuertemente los puños -yo quiero compartir tus preocupaciones y temores- Comenzando a caer lágrimas de sus ojos al ver que Seiya no decía nada -Ya veo, lo que sucede es que no confías en mí- y cuando se iba alejar de aquel lugar unos brazos se lo impidieron.
-Como puedes pensar eso.- Murmuró Seiya -Yo tengo puesta mi fe y esperanzas en ti, nunca lo dudes mi dulce bombón.
-Pero es que cuando te veo así, me pongo triste.- Susurró con la voz entrecortada Serena al ver que Seiya no la miraba -porque creo que no puedo hacer nada para que te sientas mejor.
-¡Gracias bombón!- Dijo Seiya besándola en la mejilla -el solo escucharte decir eso es suficiente para mí para alejar todos mis demonios.
-Sabes Seiya, te conformas con muy poco- Murmuró Serena apareciendo en su rostro una leve sonrisa, ser abrazada por Seiya de esa manera provocaba que su corazón latiera rápidamente ocasionándole una sensación que había olvidado hace tiempo, y aunque su mente le decía que era incorrecto, que esa clase de sentimientos solo debía palparlos con Darien, ella no lo sentía así, pero como podía explicarse aquello.
Sin embargo a quien le importa las explicaciones, cuando para tu corazón es lo correcto, cuando te percatas que tu cobijo se encuentra entre los brazos de aquel joven vocalista. ¿Pero puedes cambiar tu futuro? Aunque fuera un momento ella quería imaginar que era posible.
-Bueno eso no es del todo cierto,- Replicó Seiya con una sonrisa traviesa en sus labios -gracias bombón… por estar a mi lado.- Tras soltar un suspiro añadió -si tan solo el tiempo se detuviera para tenerte así entre mis brazos para siempre.- Besándola suavemente en el cuello provocando que el corazón de Serena se acelerara, sentía que en cualquier momento se le saldría del pecho.
-Seiya, creo que debemos ir con los chicos, tal vez estén preocupados por nosotros.- Comentó Serena perdida entre ese mar de sensaciones que Seiya había despertado en ella. A lo que él asintió con la cabeza y con desgano soltó a la joven Tsukino y se dirigieron a encontrarse con sus amigos tomados inconscientemente de las manos.
-Sabes bombón, me gustaría ver qué clase de reino construirás,- musitó Seiya pensativo -aunque me temo que cuando la amenaza haya terminado deberé regresar a Kinmoku-. Fue entonces que Serena cayó en la cuenta de aquella verdad, se había olvidado completamente que ellos se irían, pero es que cuando pensaba en el hecho de no volver a ver a Seiya el dolor en su pecho se volvía muy fuerte. ¿Qué era lo que sentía por Seiya? ¿Amistad, tal vez cariño o acaso era amor?
Pero la verdad era que Seiya a base de dulzura y amor poco a poco comenzaba a ganarse un lugar muy especial en el corazón de la princesa de la Luna, uno que hace tiempo creyó le pertenecía únicamente a cierto muchacho universitario.
Pero lo que no sospechan nuestros amigos es que mientras ellos se encaminan hacía su salón de clases, Setsuna Meio quien había sentido una leve perturbación en aquella preparatoria los había observado marcharse desde la ventana de un edificio contiguo y como sin darse cuenta se habían tomado de la mano, desconcertada por aquella acción, se pregunta si Seiya realmente estaba enamorado de Serena o solo quería interponerse en los caminos de Darien y la Princesa de la Luna, sembrando la mala hierba entre ellos.
Si ese era el caso, ella no lo permitiría, ya después le daría las gracias Serena por hacerla reaccionar o será posible que la futura Neo Reina Serenity se esté enamorando de ese joven, como sucedió en el pasado de Tokio de Cristal
-¿Pero que no es en realidad una mujer?- Pensaba contrariada Setsuna retirándose de aquel lugar. Todo eso no tenía sentido para la Sailor del Cambio, pero de algo si estaba convencida, hablaría muy seriamente con Serena, esto no podía seguir así, sería mejor terminar con esto, así tal vez pueda evitar que la Princesa de la Luna no tenga esa tristeza en el corazón como su yo del futuro.
Pero Sailor Plut no fue la única en verlos alejarse, en la parte más alta de la azotea de la preparatoria se encontraba Yoko quien se había detenido en el colegio al sentir como el brillo de una estrella cambiaba.
-Así que la energía que sentí era del Príncipe de Albadah,- Pensó alegremente Yoko al verlos reunirse con Mina y los demás -pero por lo visto, no es el único que ha comenzado a recuperar su memoria.- Observando como Yaten caminaba aprisa hacia su salón de clases, deteniéndose un momento para mirar a cierta joven rubia la cual llevaba un lazo rojo en el cabello y quien le mostraba alegremente a Serena los boletos para el concierto.
-El general Endo tenía razón, solo era cuestión de tiempo para que esos dos comenzaran admitir sus sentimientos.- Murmuró Yoko sonriendo cálidamente y mirando de soslayo a Serena y Seiya gratamente satisfecha de lo que había pasado en el jardín de aquella preparatoria -no podemos precipitar las cosas, debemos darles el tiempo para que la Princesa de la Luna y el Príncipe Endymion terminen con esa parodia, que a mi punto de vista es absurdo sostener.- Divisando a lo lejos a Sailor Plut, estaba segura que ella había visto también esa escena, -Guardiana del cambio y del tiempo, no comprendes que las cosas fingidas son como flores marchitadas, ninguna simulación puede durar largo tiempo.
-Sailor Plut porque no te quieres dar cuenta- Susurró Yoko mientras observaba como conversaban animadamente Seiya con la Princesa de la Luna -Endymion y la princesa Serena son dos corazones que están elegantemente evitando el adiós,- Soltando un largo suspiro -ella pensando en otra vida y el pensando en otro amor.
En aquel momento Yoko observó como su pulsera de cuentas de mármol blanco comenzó a brillar de forma titilante, inmediatamente cerró los ojos y entró en una profunda meditación donde visualizó lentamente una alta torre de reloj donde cada hora era marcada por una llama roja, -El reloj de fuego se ha encendido- murmuró abriendo los ojos. -El tiempo se ha vuelto nuestro enemigo…si el cristal de Sunny no recobra su brillo… grandes calamidades le sucederán al Sol.
De pronto sopló un fuerte viento glacial, helando a Yoko -Esto no me gusta nada- susurró ella y con un movimiento de su mano apareció dos naipes, al verla se sorprendió bastante, una de las cartas no solo estaba invertida sino que tenía la imagen de un rey de aspecto duro, sentado en un trono de piedra solida, sus ropas eran azules, su capa era grisácea con el forro color rojo y luciendo un gorro rojo bajo su corona, en su mano derecha tenía una espada ligeramente ladeada.
La otra carta aparecía una gran Luna llena, con un rostro femenino en su interior, que parece tener los ojos cerrados y cuya expresión es de malestar e incomodidad ya que le ladran desde el suelo un perro y un lobo. Más abajo se encuentra saliendo del lago, un cangrejo quien tiene dos pequeñas bolas azules entre sus garras. Al fondo se ven dos torres.
-Apolo- Pensó ella pasando sus manos por las cartas y al instante, a su mente llegaron imágenes del ejército de la oscuridad. -¡Maldición! Apolo ha comenzado a mover sus tropas, muy pronto llegarán hacia el Sistema Solar.- Masculló Yoko frunciendo el entrecejo -¡demonios! necesito informar de inmediato a esas guerreras.
-De lo contrario será el fin del Sol- Reflexionó Yoko sacando de su pecho un medallón de color blanco en la parte de enfrente se podía ver la imagen de un templo rodeado de montañas y de las rocas brotaban varios manantiales que formaban distintas fuentes y al reverso tenía una águila heráldica rodeada por estrellas.
-Desde tiempos inmemorables se ha dicho que el Sol tiene un lado oscuro- Pensaba Yoko mientras guardaba nuevamente su medallón -Solo espero que nunca lo conozcamos... Bueno, ahora a ver a esas odiosas guerreras.
-¡Metamorfosis!- Exclamó Yoko y una luz la envolvió y sus ropas cambiaron apareciendo su armadura la cual consistía de un peto y hombreras de color rojo carmesí, el protector del brazo derecho tenía la forma de una cobra, tenía rodilleras así como calentadores.
-Puedo sentir su energía, se encuentran en esa dirección- Musitó Yoko colocándose su antifaz y su casco y sin perder más tiempo comenzó a saltar por las azoteas de los edificios a una velocidad increíble.
Mientras tanto en la sala de una residencia Armand, uno de los guerreros solares más leales a la Princesa Sol se encuentra sentado en un sillón con cara de pocos amigos. Armand Laurent cerró su celular con enojo y un tanto molesto, después de que repentinamente su llamada fue terminada, arrojándolo lo más lejos posible del sofá.
-Debió haber sido ese sujeto otra vez,- Dijo Armand con una mirada glacial y el ceño fruncido -Ya veré como me encargo de ese tipo a su debido momento.
-Será difícil acercarme a esa guerrera con ese chico rondándola.- Susurró Armand dirigiéndose hacia el refrigerador -Aun no entiendo como pude confundirla con la Princesa.- Sirviéndose un poco de jugo de manzana.
-Realmente fui un estúpido en creer que ella sería mi Emperatriz.- Sacando de su pecho el objeto que siempre lleva consigo, un bello guardapelo de filigrana de oro con una esmeralda en el centro y alrededor cuajado de zafiros, ahí guardaba secretamente la foto de la princesa del Sol sentada en un campo de girasoles abrazando a un lobo negro -Pero resultó que Mina era en realidad una guerrera de la Luna Llena.
-Vaya estupidez la mía, confundir a la señorita Sunny con una mujer tan insignificante y vulgar- Pensó Armand dándole un sorbo a su vaso de jugo. -Debí saber a leguas que era una aliada de los selenitas. La belleza de la Emperatriz solo es comparable con el temor que inspira su enfado.
-Princesa Sunny, yo la protegeré- Musitó suavemente Armand al tiempo que besaba delicadamente casi con devoción aquel objeto.
-Debí darme cuenta antes que Mina era en verdad una Sailor Scout, pero cuando la conocí sentí una extraña energía emanar de ella, fue por eso que pensé que la había encontrado- Musitó Armand dejándose caer pesadamente en el sofá de aquella sala y deslizando el guardapelo bajo su camisa. -Por esa razón decidí hacerme su amigo y estar junto a ella lo más posible.
Apareciendo en su rostro una expresión de puro odio mientras a su mente regresaban los recuerdos de la noche que caminaba con Mina por las calles desérticas de Londres, aunque realmente las pocas personas que los veían no podían pensar que eran amigos o una pareja, ya que Armand iba mucho más adelante completamente absorto en sus propios pensamientos.
-¿Realmente esta chica será nuestra princesa?- Se preguntaba Armand en silencio mientras caminaba tranquilamente con las manos metidas en los bolsillos de sus pantalones -Nunca he visto que traiga consigo el medallón del Sol, tal vez si le muestro mi emblema pueda salir de dudas.
De pronto sintió como Mina se colgaba de su brazo cuando fingió tropezarse, aunque aquel suceso lo tomo de sorpresa también le trajo recuerdos de su vida en el Sol Aquel incidente se parecía un poco al día que conoció a la princesa del Sol quien al tropezarse fue su brazo al que se aferró en un intento por no caerse.
-Es casi como aquella vez- Pensó Armand esbozando una leve sonrisa en su rostro, observando como en el rostro de Mina aparecía una inmensa alegría.
-Tal vez ella si sea la reencarnación de la señorita Sunny- Consideró Armand mientras miraba a Mina quien se había aferrado más a su brazo cerrando los ojos y recargando su cabeza en su hombro.
-¡Demonios, solo fue una pérdida de tiempo!- Exclamó molesto Armand y totalmente frustrado arrojó el celular hacia la pared.
-Molesto por no haber encontrado a tu amiguita.- Cuestionó indignado Lance provocando que Armand se sobresaltara. -Por lo visto, todo este tiempo tú y Andrew estuvieron divirtiéndose en lugar de enfocarse en su misión- dirigiéndole una mirada reprobatoria -estoy muy decepcionado Armand, esperaba más de ti.
-No es lo que tú piensas Lance, ¡yo nunca olvidé mi encomienda!- Contestó rápidamente Armand, aunque por la mirada seria que tenía su compañero podía adivinar que no le creía completamente.
-Pues es difícil de creer eso Armand, y más cuando los hechos son otros- Comentó con voz fuerte Lance -me sorprendió mucho el saber que andabas paseándote en Londres con tu "novia", a mi punto de visto eso es olvidarse de tu deber,- recargándose sobre la pared con los brazos cruzados -¿pretendes acaso seguir los mismos pasos de Andrew Furuhata?
-¡No me compares como ese estúpido!- Exclamó Armand indignado -escúchame bien Lance, me hice novio de Katherine solamente para tratar de encontrar a nuestra princesa y si salimos juntos era para obtener alguna pista del paradero de la señorita Sunny.
-¿En serio piensas que me voy a creer esa falacia?- Le preguntó Lance con incredulidad y sin poder dejar escapar una risita burlona provocando que Armand se volviera a enfurecer.
-No es ninguna mentira, yo nunca me olvidé de mi misión- Contestó sin vacilar Armand y con un tono de convicción que no admitía replica, provocando que Lance se le quedara mirando con interés, sabía que Armand a quien siempre consideró como su mejor amigo, era uno de los más interesados en encontrar a la reencarnación de la señorita Sunny.
En el pasado Armand ostentaba el titulo de Saiyú, Jefe principal de palacio a cuyo cargo estaba el cuidado del Palacio Imperial conocido como Palacio Saica, el cual estaba ubicado en Aroi, considerado como la capital del resurgido reino solar. Así como sus bienes, relaciones y funcionamiento del mismo, siempre procuró a toda costa el bienestar de la Emperatriz del imperio solar.
No por nada era considerado uno de los caballeros más leales que tenía la princesa del Sol. Armand, Schneider y él eran conocidos por todas las estrellas como los guerreros y funcionarios más leales al servicio de la corona solar, y no se equivocaban ya que ellos tres habían hecho un voto de proteger a la princesa del Sol con su vida si fuera necesario.
Por eso lo sorprendió de sobremanera cuando Steven, le había informado que en su visita a Inglaterra había visto a Armand pasear despreocupadamente con una joven y que al parecer esa chica era su novia.
A Lance no le sorprendía que Steven hubiera ido a supervisar a los demás sirvientes de la reina, al parecer nunca olvidó quien había sido en la época del reinado de la Princesa Sunny, antiguamente Steven fue el Deshijo, administrador de la corte imperial encargado de las relaciones exteriores del imperio con las demás estrellas así como la gestión de los asuntos judiciales del reino. Muchos se referían a él como el encargado estelar del sur.
-Recuerdo que el Deshijo le mostró a la Emperatriz el regalo que le habían enviado de la estrella Becrux, eran unas raras pero hermosas flores de pétalos rojizos-rosados, las cuales poseían una forma de estrella y desprendían una suave y encantadora fragancia. -Pensó Lance recordando claramente aquel suceso -Al ver Armand que a su alteza le habían gustado de sobremanera aquellas flores, me pidió permiso para mandar traer a jardineros que tuvieran conocimiento sobre el cultivo de aquellas extrañas flores para que su majestad pudiera verlas a diario.
-Bien, entonces explícame tu proceder.- Clavando Lance su mirada en los ojos de Armand.
Armand cerró los ojos, durante un par de minutos se mantuvo en silencio, no sabía a ciencia cierta cómo tomaría Lance su actuar, Schneider, quien fungía muchas veces como el segundo al mando estaba de acuerdo con lo que había hecho pero no podía decir que Lance pensaría de igual manera, después de todo sabía que el capitán de los guerreros solares aborrecía involucrar a gente inocente.
Pero de lo que si estaba completamente seguro era de una cosa, si no le explicaba su conducta desconfiaría de él, se podía ver a simple vista en la mirada del guerrero solar a quien se le daba la reputación de "guerrero invencible", por ser el más poderoso de todos los guerreros solares.
Podría jurar que Lance tenía sus dudas sobre su lealtad a la soberana del Sol y era seguro que no lo dejaría estar cerca de la princesa, solo de pensar eso sentía un nudo en la garganta y un fuerte dolor en el pecho, así que sin pensarlo dos veces comenzó a narrarle los hechos deseando que no fuera contraproducente.
-Conocí en Inglaterra a una muchacha quien pensé que era la reencarnación de nuestra princesa,- Dijo Armand soltando un suspiro y después de hacer una pequeña pausa tomó aire y continuó hablando -pero estaba equivocado.
-Ella me presentó a Katherine quien era su mejor amiga, incluso la consideraba casi como su hermana mayor, para mi suerte esa mujer trabajaba en la policía londinense.- Le explicó tranquilamente Armand como si estuviera contando algo sin importancia -Un día fuimos los tres al parque de diversiones y aproveche la oportunidad para platicarle sobre mi búsqueda y tal como lo pensaba se ofreció ayudarme.
Lance examinó el rostro de su camarada y tras soltar un suspiro comentó irónico -Y supones que voy a creer que te hiciste novio de esa joven policía solamente para tratar de encontrar a nuestra princesa,- curveando sus labios en una mueca burlona -me crees tan estúpido como para tragarme esa patraña Armand.
-No me interesa si me crees o no Lance,- Pronunció molesto Armand enfrentándose a su camarada -sé que tal vez para ti es despreciable lo que hice pero yo no soy como tú, no me importa usar esos métodos si así encuentro a la princesa.
Lance estaba absolutamente complacido por saber que su compañero no había olvidado sus prioridades, y su determinación era prueba de ello, tal vez no estaba muy de acuerdo con su actuar pero debía aceptar que en esta era, el también estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de encontrarla.
Y aunque interiormente estaba complacido de saber que su amigo seguía siendo leal a la corona, trató de mantener su actitud fría y mirada escrutadora. Quería asegurarse de que Armand era no solo un digno guerrero solar sino también merecedor de continuar con su puesto en la corte.
-Es una gran historia sin embargo no me trago ese cuento,- Comentó Lance impasible así que dada las circunstancias he decidido relevarte de tu deber como guerrero solar hasta que demuestres merecer ser uno de los caballeros de la señorita Sunny. ¿Te quedo claro?- Sin embargo Armand no contestó absolutamente nada, se veía bastante molesto.
-Una vez que encontremos a la princesa, le pediré que te releve de tu cargo en la corte, así podrás seguir con ese estúpido romance- Dijo Lance despectivamente, de pronto sintió como una energía rodeaba completamente a Armand envistiéndolo con su respectiva armadura.
-¡Pues no pienso obedecerte Lance!- Exclamó Armand totalmente fuera de sí -¡no me importa que seas nuestro capitán o que tengas el titulo de Seijo!
-Cuando me convertí en el guerrero Solar de Barnard juré servir y proteger a la princesa a toda costa y lo pienso seguir haciendo como caballero y oficial de la corte ¡Ya sea que te parezca o no!- Sentenció Armand poniéndose de pie y enfrentándolo con el rostro desencajado por la furia y le gritó -¡Porque yo soy uno de sus guardianes!
-¿Acaso te estás revelando a mis órdenes?- Le preguntó Lance amenazante y lanzándole una mirada asesina, aunque él de antemano sabía la respuesta -Sabes bien que no puedes ganarme.- Remarcando bien cada palabra para que le quedara muy claro a su compañero.
-Lo sé, sin embargo tengo la misión de cuidar y servir a la Princesa del Sol y si para hacerlo debo enfrentarme a ti, el líder de los guerreros solares, entonces lo haré. -Aseveró Armand levantando la voz desafiante -Porque eso es por lo único que vivo ¡Vamos Lance ponte tu armadura!
-No hay necesidad de eso ahora que he escuchado lo que quería oír,- Le aseguró Lance sonriendo radiantemente, incluso la expresión en su rostro había cambiado completamente -Siento haber sido rudo contigo hace un momento pero era necesario.
-¿Qué?- Le preguntó extrañado Armand no entendía lo que estaba ocurriendo, hace unos momentos Lance quería mandarlo al paredón y ahora lo trataba como siempre lo había hecho desde que se hicieron amigos.
-El portar las míticas armaduras no nos convierte en los guerreros protectores del Sol,- Confesó Lance -lo hace el deseo de cumplir a toda costa con nuestro deber que es proteger y defender al elegido por la bestia sagrada.- Tras soltar un suspiro añadió -Lamento haberte tratado así, en realidad nunca pensé relevarte, solo quería verificar tu lealtad hacia nuestra princesa.
-¡Cómo pudiste por un instante pensar lo contrario!, yo nunca traicionaría a la señorita Sunny- Declaró Armand con convicción y seriedad -La princesa es la persona más importante para mí,- sacando nuevamente el guardapelo que tenía escondido y mirándolo con devoción añadió -ella es la razón de mi existencia.- Pero aquello no pasó desapercibido para alguien tan sagaz como Lance, quien al ver la manera en que miraba aquel objeto, todas sus dudas fueron despejadas.
-Tal como lo pensaba, está enamorado de la princesa.- Pensó Lance rememorando la devoción tan grande que siempre le tuvo el Saiyú a la gobernante del imperio solar y el brillo profundo en sus ojos cuando la miraba -pero será mejor que no olvide que es su caballero.
-Así que mis sospechas eran correctas,- Habló Lance claro y sin titubeos -tú amas a la señorita Sunny- provocando que Armand se sonrojara a más no poder -pero Armand, debes estar consciente que ella-
Inmediatamente Armand lo interrumpió sintiéndose súbitamente avergonzado y nervioso, nunca esperó que alguien se diera cuenta de los sentimientos que tenía por la princesa del Sol, -Lo sé, créeme que no espero nada, se que solo puedo amarla en secreto, pero mientras pueda estar a su lado estaré satisfecho.
-Ya veo, Armand no piensa decirle nunca a la princesa sus sentimientos, quiere conservar su amor por ella para el mismo, ha decido esconderlo durante el resto de su vida, supongo que es lo mejor.- Reflexionó Lance sintiendo un poco de pena por su compañero pero entendía que en el corazón no se manda, fue entonces que sacó su celular al escuchar un pequeño sonido, había recibido un mensaje.
Al verlo esbozó una leve sonrisa y clavando sus ojos en los de Armand le preguntó -¿Puedo saber qué le hiciste a esa joven policía? Supongo que terminaron.
-Cuando me informaste que la princesa estaba en Japón le borré la memoria -Respondió Armand con gran seriedad -todo lo referente a mí quedó en el olvido, como si nunca me hubiera conocido.
-Comprendo,- Susurró Lance mirando hacia la ventana -tal vez pronto necesite de tu habilidad oculta Armand.
-Bueno ya basta de tanta charla,- musitó Lance -tenemos trabajo que hacer.- A lo que Armand asintió con la cabeza adquiriendo un semblante serio.
-Steven ha detectado ciertas emanaciones de energía, al parecer provienen de la preparatoria Azabu- Le informó Lance -Andrew se dirige aquel lugar pero será mejor que vayas tú también a investigar, no me fío de ese bueno para nada.
-Pero Lance, ¿acaso no estaba Keith vigilando a ese traidor?- Le preguntó Armand extrañado.
-Así es, pero lo envié a la ciudad de Atenas,- Contestó Lance consultando su reloj -en estos momentos debe estar terminando con la misión que le encomendé.
-¿Lo enviaste a Grecia?- Le cuestionó Armand levantando sus cejas. -¿Para qué?
-Necesitamos remover a los hermanos Furuhata de su armadura de una vez por todas.- Anunció Lace mirando el retrato de la antigua princesa del Sol -Entre más pronto dejen de ser los guerreros solares de las estrellas de Ross será lo mejor.- Sus ojos brillaban con intenso odio.
Armand exhaló suavemente y se aventuró a preguntar -¿Y cómo piensas hacerlo?
-Unazuki no ha cambiado- Respondió Lance formándosele una leve sonrisa en el rostro.- La muy idiota se creyó el cuento de que no le devolveríamos su memoria a la princesa y que únicamente la protegeríamos desde la sombras. ¡Qué estúpida!
-Pero estoy convencido que Andrew no creyó en mis palabras, es seguro que esconderá el cristal del recuerdo y te apuesto a que intentará frustrar nuestros planes.- Puntualizó Lance con seriedad -Por eso envié a Keith por el instrumento que nos ayudará a debilitar al traidor de Andrew Furuhata y así poder deshacernos para siempre de él.
Armand levantó la ceja en un claro gesto de incredulidad -Creí que necesitábamos sus medallones para que la diadema de Sunna apareciera.
Lance solo asintió con la cabeza y musitó -En efecto los medallones que cada uno de nosotros tenemos, funcionarán solamente si están reunidos los 8 guerreros solares,- y después de un momento añadió con una leve sonrisa -por eso debemos asegurarnos que dejen de serlo.
-¿Es eso posible?- Le preguntó Armand incrédulo, estaba totalmente en shock por la noticia.
-Schneider descubrió hace poco algo muy interesante sobre los medallones que portamos- Le explicó Lance -y para que el plan tenga éxito necesitamos que ellos mismos entreguen sus piedras guardianes.
-¿Tú crees que lo harán?- Preguntó Armand con incredulidad.
-Jing Yun puede conseguir el de Unazuki sin problemas,- Comentó Lance sonriendo peligrosamente -en cuanto al traidor de Andrew, le tengo preparado algo realmente especial,- apareciendo en su rostro un gesto enigmático.
-Comprendo,- Sonrió Armand al saber que muy posiblemente los días de los guerreros solares de las estrellas Ross estaban contados -en ese caso iré a investigar en este momento.
-Cualquier cosa que encuentres me lo informas de inmediato, ahora me marcho debo pasar a otro lugar antes de recoger a Yuen Lee en los estudios de la MBS.- Comenzando alejarse sin embargo la voz de su compañero lo hizo detenerse.
-Lance, ¿puedo hacerte una pregunta?- a lo que él asintió con la cabeza. -¿Qué te hizo decidir a convertirte en su caballero?
-El que la señorita Sunny salvara mi vida- Respondió Lance soltando un suspiro -Como recordarás el antiguo regente del Stellar System desconoció a la princesa del Sol como el verdadero gobernante de las estrellas circundantes al Sol, en ese entonces el regente y la Emperatriz usurpadora dictaminaron que cada estrella tuviera su manera de impartir justicia.- Por unos minutos se quedó en silencio, sintiendo un nudo en la garganta al recordar aquel calvario.
-Cuando rechace seguir siendo el amante de la hija de un importante noble, ella por despecho me acusó de haberla atacado,- de solo recordarlo el tono de su voz cambió se denotaba molestia -como te imaginarás no lo pensaron dos veces y me creyeron culpable.
-En Centauri la única manera de demostrar tu inocencia era liberarte por ti mismo del castigo impuesto.- Añadió observando en sus muñecas las leves marcas que habían quedado como prueba de lo que vivió -Me ataron a la tierra del cuello, así como pies y manos con cuerdas de cuero mojado ya que sabían que cuando la piel se contrajera esta me estrangularía.
-Pero la princesa Sunny quien había creído en mi inocencia me entregó sin que nadie se diera cuenta esta piedra de obsidiana- Comentó Lance mostrándole el collar formado de obsidiana dorada que llevaba siempre puesto, la piedra estaba en forma de gota montada sobre cuero con un nudo corredizo.
-Fue así como lograste romper las ataduras.- Musitó pensativo Armand -Y supongo que fuiste a verla ¿no es así?- a lo que Lance afirmó con la cabeza mientras desviaba la mirada y la clavaba en el retrato de una joven peli rosa abrazando a un lobo negro y en sus pies se encontraba un hermoso halcón.
-Y en aquel momento hice un voto de que nunca la dejaría sola,- Expresó Lance tajantemente -y aunque desconocía que ella era la elegida, aquel día juré que me convertiría en un guerrero con el poder necesario para protegerla, aun cuando eso signifique sacrificar mi vida en el proceso.
-Comprendo, pero ni con toda su artimaña el regente pudo evitar que los pueblos de las estrellas cercanas al Sol apoyaran a la soberana del reino de Aroi.- Aseguró Armand con una sonrisa -con la caída de la reina impostora, el imperio solar resurgió y fue entonces que se decidió que el primordial objetivo del Stellar System fuera proteger a la verdadera elegida, la princesa del Sol, la señorita Sunny.- A lo que Lance asintió con la cabeza.
-Pero Lance, realmente crees que podamos encontrarla antes que los aliados de los selenitas.- Le comentó preocupado Armand.
-Lo haremos Armand- Respondió categóricamente Lance -tal vez los selenitas nos arrebataron en el pasado a la persona más valiosa para nosotros, pero pase lo que pase la encontraremos, ¡eso te lo garantizo!
Mientras los guerreros solares continúan la búsqueda de su princesa, el Señor Endo Hyuga se encontraba en aquel momento en el cementerio de la ciudad, había decidido ir a visitar brevemente la tumba de dos viejos amigos, quienes lamentablemente habían muerto hace muchos años en un terrible accidente automovilístico y conversar un momento con ellos.
-Mao, Rikuto… ha pasado mucho tiempo- Musitó Endo enfrente a una lapida sencilla la cual era una torreta, en ella estaba escrito el nombre de la familia mientras que en la piedra que se encontraba enfrente de la tumba estaban grabados los nombre de los integrantes que allí moran, también se encontraba un espacio para quemar incienso y un par de jarrones para colocar las flores y decorar un poco el altar.
-Viejo amigo… espero que algún día… tú y Mao puedan perdonarme.- Depositando lentamente unas camelias blancas para después encender una vara de incienso y juntar las manos en señal de respeto. Después respiró profundamente y se dirigió a donde lo estaba esperando su chofer.
-Señor Hyuga disculpe mi atrevimiento, pero… ¿Aun no hablará con el joven maestro?- le preguntó esperanzado el chofer mientras conducía el automóvil con dirección al Instituto Tecnológico de Azabu, lugar donde Darien y Sunmi estudiaban.
-No Itsuki, pero descuida; cuando el tiempo llegue no tendremos que buscarlo- Respondió Endo mientras veía los edificios pasar uno tras otro. -El vendrá por las respuestas… después de todo tarde o temprano las cosas salen a flote.
-Comprendo lo que dice, pero si ese día no hubiera yo estado enfermo,- Rememoró con tristeza Itsuki, en su rostro se asomaba otra vez la tristeza -es posible que el joven amo no…
-Deja ya de atormentarte con el pasado Itsuki,- Lo interrumpió rápidamente Endo -tú no eres culpable de nada, viejo amigo.- El Señor Hyuga comprendía la tristeza que embargaba a su chofer cada vez que recordaba a sus antiguos jefes, y es que era difícil olvidar a unas personas como lo fueron los antiguos propietarios de la casa de campo en donde estaba viviendo ahora Endo.
-No debí haber tomado las palabras de esa persona tan a la ligera- Pensó Endo afligido, en ese momento a su mente regresó un suceso inesperado, pero que cambiaría la vida de varias personas; un recuerdo que había mantenido oculto en su memoria hace muchos años.
Endo Hyuga se encontraba hablando por celular mientras aguardaba al doctor Reichiro en la sala de espera del hospital Metropolitano Hiroo, ubicado en la ciudad de Tokio.
-Descuida llegaremos pronto,- Contestó Endo tranquilamente sin dejar de observar el reloj que se encontraba en la pared -solo tengo que firmar unos documentos para que lo den de alta,- apareciendo una sonrisa traviesa en su rostro -si… dile a tu esposa que no olvidé comprar el pastel de chocolate, si sé el que ella me encargó.- Terminando con la llamada y guardándolo en el bolsillo de su pantalón.
Fue en aquel momento que una enfermera se acercó a él para que lo acompañara al consultorio del doctor Reichiro quien le entregaría la hoja de alta, la receta y las indicaciones a seguir debido a que el paciente era un menor de edad.
Mientras se dirigía al consultorio del doctor se cruzó por el pasillo con un señor delgado, su cabello pintaban algunos mechones blancos quien le susurró de forma que solo él pudiera oírlo
-"Apresúrate… o la tortuga y al ave… la liebre los separará"- Esas habían sido las palabras que había dicho aquel señor. Endo se volteó de inmediato pero aquel hombre ya no estaba, solamente en el piso se encontraba una carta la cual tenía la imagen de una torre con tres ventanas en forma de castillo, la torre se encontraba en la cima de una montaña, alcanzada en su cumbre por un rayo que cae de las nubes.
El impacto hace que la corona se desprenda, como resultado del impacto se desprenden partículas de color azul y rojo. Dos personas caen como resultado del rayo, se trataban de un hombre con capa y una mujer quien portaba una corona.
En el reverso de la carta traía escrito -"Gotas de cristal…Son lo que llamará… A la liebre angelical…Quien una rosa entregará…"
-"Un contacto ocurrirá…y el ave roja se tendrá que alejar…pues con el dragón azul no se reunirá… por lo que sus caminos se separarán"
Sin darle mayor importancia guardó la carta en el bolsillo de su saco y entró al consultorio del Doctor Reichiro para recibir las indicaciones y realizar todos los trámites administrativos para poder llevarse al pequeño.
-Le voy a recetar estos medicamentos por si le vuelven los dolores de cabeza,- Dijo el doctor -procure que este en reposo por unos días más,- apareciendo de pronto una sonrisa en su rostro agregó -pero debo decir que su recuperación fue increíble, y estoy seguro que con el tiempo ese pequeño volverá a ser quien era antes.
-¡Gracias doctor!- Exclamó Endo estrechándole cordialmente la mano.- Le agradezco mucho por todo lo que hizo por él y tenga la certeza de que ese niño estará en buenas manos.- Después se dirigió a la habitación 212 donde se encontraba el pequeño, le llevaba unas mudas de ropa, unas cómodas ropas deportivas. Sabía que no sería fácil para el niño después de todo había quedado huérfano a muy temprana edad.
-Pero entre todos lo ayudaremos a recuperar su memoria…-Pensó Endo mientras tomaba el ascensor -pero bueno lo primero es irnos de este lugar.- Saliendo del elevador y caminando por el largo pasillo, al final del pasillo se encontraba la habitación del pequeño, apareciendo una sonrisa en su rostro, estaba seguro que el niño se pondría feliz cuando viera lo que traía, incluso había comprado algo para "ese amigo" del que le habló hace unos días.
De pronto Endo escuchó la vocecita de una niña, que provenía de la habitación del pequeño.
-Al parecer tiene compañía, pero creí que Fiore era su único amigo.- Pensó Endo un tanto extrañado, avanzó unos pasos y observó que la puerta de la habitación estaba entreabierta así que no fue difícil escuchar la conversación.
-Dentro de muy poco un amigo muy especial me abandonara… -Dijo con voz llorosa el niño -y yo… no tengo nada que regalarle.- Endo se disponía a entrar para mostrarle lo que había traído y que así ya no estuviera triste pero entonces la pequeña habló.
-Sabes, a partir de hoy Serena tendrá un hermanito, mi mama tuvo un bebe…y le traje un regalo.- Comentó la pequeña, cuando Endo escuchó el nombre de la pequeña se quedó parado como si estuviera petrificado.
-No puede ser… debe ser una coincidencia, es imposible que esa pequeña sea la reencarnación de la Princesa de la Luna- Se asomó sin ser visto y no podía dar crédito a lo que veía, en la cama de la habitación se encontraba un pequeño niño de cabello negro quien usaba una pijama azul, se notaba que había llorado, pues veía el rastro que habían dejado sus lagrimas. Y a su lado una pequeña niña rubia de unos 2 o 3 años, con un peinado bastante peculiar, su cabello estaba perfectamente peinado en dos chonguitos, sus pequeñas manitas sostenían algunas rosas rojas. Sus ojos se clavaron en aquella escena, no podía dar crédito a lo que estaba sucediendo.
La pequeña tomaba una rosa roja del ramo que traía y musitó -Toma, es para ti- obsequiándosela al pequeño con una sonrisa en su rostro.
-Gracias- Susurró el niño tomando la bella rosa que le regaló aquella niña. Fue hasta aquel momento que Endo recordó las palabras de aquel hombre, sacó la carta que había guardado en su bolsillo y la estrujó con el puño, sintiendo una rabia inmersa… alzó su rostro furioso, estaba enojado consigo mismo…ese hombre le esta previniendo sobre este acontecimiento y no lo tomó en cuenta, ¿porque tuvo que restarle importancia a esas palabras?, era la pregunta que venía a su mente.
Cerró los ojos con fuerza e intentó calmarse, y sin hacer ruido se alejó de aquel lugar. Nunca hubiera querido que las cosas fueran de esta forma y aunque le parecía una solución muy drástica no había otro remedio.
-No tenemos otra salida- Afirmó Endo en un susurro casi inaudible -Maldita sea- sacó de inmediato su teléfono celular y comenzó a marcar un número mientras esperaba que las puertas del ascensor se abrieran.
-¿Hatori?... es de suma importancia que vayas al Hospital de la Ciudad de Kioto y utilices tus habilidades… con ella…así es… me refiero a la pequeña ave bermellón.- Comentó Endo seriamente con la mirada fija en el suelo -ya sé que a ellos no les agradará, pero no hay otra opción.
-Descuida ella no te asesinará…-Menciono Endo dibujándose una pequeña sonrisa en su rostro -yo hablaré con ellos antes… estoy seguro que entenderán- Dicho esto acabó con la llamada y volvió a marcar a alguien.
-Señorita Kagome, comuníquese de inmediato a Tetsuya Corporation,- Declaró Endo contundentemente. -Me interesa comprar uno de sus departamentos de la ciudad de Jubangai.
-Estoy revisando la página de la Empresa y están vacantes los departamentos tipo loft del edificio Azabu, señor.- Dijo una voz del otro lado de la línea -Cuentan con 3 recamaras, 2 baños, un roof garden, terraza y 2 estacionamientos. ¿Le gustaría ese, señor? O ¿Desea que busque otras opciones?
-No, ese estaría perfecto,- Respondió Endo curvando ligeramente los labios -que le envíen también imágenes del departamento,- pasándose la mano por debajo del cabello agregó -averígüeme también si el Instituto Moto-Azabu tiene internado a nivel primaria y me deja toda la información en mi escritorio, calculo que estaré ahí en unas dos hora.- Terminando con la llamada.
-Sé que no les agradará esto, pero no tenemos otra opción-, Pensó Endo soltando un segundo suspiro -es la única manera de evitarle el dolor de su pérdida.- Dirigiéndose al consultorio del Dr. Reichiro caminaba con lentitud y con su mente perdida en sus cavilaciones, porque sabía que tal vez sería el último día en que vería aquel niño.
-Pero al menos sus caminos se volvieron a cruzar.- Dijo Itsuki sacándolo de sus pensamientos más dolorosos -es posible que lo que un día los separó, sea lo que los vuelva a unir.
-Eso espero Itsuki… eso espero.
Y mientras Endo continua con su camino hacia el Instituto Tecnológico de Azabu, en la preparatoria Juuban una de nuestras heroínas había salido temprano de su club, Serena Tsukino miembro del Club de Dibujo manga se encontraba en aquel momento en la cafetería tomando un refresco mientras aguardaba a sus amigas a que salieran de sus tareas extracurriculares.
En eso volteó su vista y no pudo evitar observar al fondo de aquel pasillo a una pareja quien se besaba como si fuera a ser su último beso en su vida.
-Siempre me había imaginado que cuando tuviera un novio seriamos quizás como aquella pareja de enamorados… -Musitó Serena esbozando una son risa triste -sin embargo la realidad es muy distinta… se que el carácter de Darien es un tanto frio…pero me quiere- tocando suavemente el anillo en forma de corazón que le había entregado en el Aeropuerto -pero hay momentos en los que no puedo evitar preguntarme si continua enamorado de mí.
Sin poder evitarlo a su mente regresó el recuerdo de aquella vez que Darien y ella fueron al bosque después de haberse despedido de la Princesa Kakyuu y de las Starlights. ¡Había fantaseado sobre tantas cosas que pudieran ocurrir durante aquel momento! Sin embargo, durante todo el trayecto él no había musitado ni una sola palabra incluso cuando llegaron a una parte del bosque donde se podía observar mejor las luces multicolores de la ciudad brillando en el horizonte, no había hecho ningún comentario.
Aquel ambiente no se sentía como el de una pareja de enamorados, pensó que le haría alguna pregunta sobre Seiya Kou, al menos por simple curiosidad, pero Darien no había hablado para nada desde que salieron de la preparatoria, tal vez la razón era que no creyera importante el asunto, después de todo no había posibilidad de volver a verlo, tal vez era mucha la confianza que le tenía su novio, pero no dicen que el amor y los celos son compañeros, o quizás la razón era que… ya no estaba enamorado de ella, movió la cabeza no queriendo pensar eso.
Así que fue ella nuevamente, quien tuvo que iniciar la plática, últimamente aquello ya comenzaba hacerse una costumbre. –Darien- Susurró Serena, quebrando la voz, necesitaba urgentemente quitarse aquellos miedos, aquella duda que empezaba a formarse en su cabeza. Será verdad lo que algunos decían, que donde hay celos hay amor, tal vez era cierto después de todo tu pareja es un tesoro y tienes que cuidarlo con celo, claro, sin confundir con celos asfixiantes.
-Dime- Dijo él con voz seria y fría y con la mirada perdida en algún lugar.
-¿De verdad me quieres mucho?- Preguntó Serena entonces provocando que Darien se pusiera tenso. Era una pregunta que ella odiaba hacer, pero después de la partida de Seiya necesitaba sentirse segura del amor de su amado príncipe.
-Sí- Respondió Darien cortante como un látigo. Nuevamente el silencio se apoderó de aquel lugar, aunque este no duró mucho.
-¿De verdad?- Dijo Serena, aferrándose a su brazo, su voz sonaba triste, esperaba un poco más de emoción en aquella afirmación, aquello solo había logrado acrecentar las dudas de su corazón.
-Sí- Contestó él moviendo afirmativamente la cabeza.
-¿Cómo cuanto?- Volvió a preguntar nuevamente Serena mirando a Darien, al tiempo que su rostro adquiría un leve tono rojizo.
Darien la miró con extrañeza. -¿Porque me preguntas eso ahora?- Trató de sonreír pero solo había logrado una mueca fingida.
-Dime, ¿cómo cuanto?- Preguntó nuevamente Serena.
-Bien te lo diré,- haciendo una pequeña pausa para tomar aire respondió -mi amor por ti es más grande que el universo.- Serena al escuchar aquellas palabras se alegró de sobre manera, buscó su mirada y se perdió en sus ojos. Después de unos minutos su novio capturó sus labios en un beso superficial, era un simple roce que no tenía nada de intenso, que no logró traspasar la barrera de la realidad y hacerla soñar en lo más maravilloso.
Había escuchado muchas veces decir que un beso es aquel hormigueo que te invade de felicidad, pero el beso que le daba Darien no le transmitía aquellos sentimientos… entonces… ¿Qué es un beso si no te lo dan con sentimiento?
No queriendo pensar la respuesta los labios de Serena acariciaron los de él ávidamente tratando de transmitirle todo el amor que ella sentía por él.
Cuando sus labios se separaron Darien comentó sin ninguna emoción -Vamos, será mejor irnos, se está haciendo tarde.- Al parecer aquel beso no lo afectó en lo más mínimo como ella pensaba que lo haría, esperaba ciertamente que aquella acción fuera lo que desencadenara la pasión que guardaba su novio, pero al parecer estaba equivocada.
-Además, la batalla contra Sailor Galaxia fue muy dura para ti Serena- pasándose una mano por el cabello en un ademán muy propio de él -lo mejor será que reposes.- Añadió con voz calmada mientras la miraba con sus fulgurantes ojos – Aunque me temo que no podre verte mañana, debo ir a la facultad para ver lo de la beca- mostrándose esperanzado con poder recuperarla y así poder continuar con sus planes de irse a estudiar al extranjero como lo tenía previsto antes de que Sailor Galaxia atacara el avión donde viajaba y lograra derrotarlo, apoderándose en aquel momento de su semilla estelar.
Sacudió la cabeza a ambos lados queriendo olvidar los malos recuerdos. Ahora en lo único en lo debía pensar era en la posibilidad de que la facultad le mantuviera aquella beca por la lucho tanto para obtenerla, sin notar que la alegría desapareció del rostro de Serena, sus ojos fueron perdiendo su brillo y apagándose lentamente cuando escuchó aquello.
-Eso quiere decir… que... ¿Nos volveremos a separar?- Preguntó Serena con tristeza en el alma. Serena observó a Darien caminar lentamente hacia un barandal que tenía aquel lugar. -Lo siento, Es que acabamos de reunirnos, y pensé que…
-Serena,- Aclaró Darien bajando la mirada -que la batalla contra Sailor Galaxia haya terminado no significa que mis planes los haya cambiado.- Él no quería herirla con aquel comentario pero estaba siendo sincero.
-¿Y si estudiaras aquí?- Preguntó Serena esperanzada dirigiéndose hacia donde él estaba .La universidad de aquí es también muy buena, además…así no estaríamos tan distanciados.. Darien no dijo nada, a decir verdad Serena sabía que su novio nunca había sido bueno para esas cosas, pero últimamente había notado que le costaba trabajo expresar sus sentimientos, simplemente cuando estaba con ella parecía que no sabía cómo hacerlo.
-Sé que estarías muy ocupado y de que no podríamos vernos tan seguido,- Susurró Serena y abrazándole por la espalda recargando su cabeza en la espalda de Darien, al tocarlo y sin poder evitarlo cristalinas gotas comenzaron a salir lentamente -pero al menos estarías cerca de mí.
-Pero…si debes irte…volveré a despedirte en el aeropuerto…con una sonrisa en el rostro.- Añadió Serena entre sollozos e intentando inútilmente contener las lágrimas
Él permaneció callado y tomo la mano de su novia entrelazando sus dedos entre los de ella -Serena, no puedo asegurarte nada- volteándose para mirarla con una sonrisa artificial -aunque es muy probable que tenga que estudiar aquí.- Desviando la mirada hacia el horizonte.
Y así los dos se retiraron de aquel lugar nuevamente sin decir alguna palabra, dirigiéndose a la casa de Serena en el más profundo silencio, mientras ella esperaba que si Darien había cambiado sus planes fuera por ella…para estar juntos como una pareja de enamorados, para tener el noviazgo que siempre deseó.
-Darien, ¿Qué sucede?- Le preguntó extrañada al ver que él no se bajaba del automóvil cuando llegaron a su casa.
-Serena me temo que tendrás que disculparme con tus padres, pero estoy muerto de cansancio- contestó él sin el menor entusiasmo encendiendo su auto. -Además como te comenté mañana debo levantarme muy temprano, hay muchas cosas que debo hacer.
Serena suspiró tristemente -pensé que cenarías con nosotros. Ahora que al fin estamos en paz,- vaciló un poco antes de seguir, -creí que podríamos tener una relación como todas las parejas.
-Otro día será… te lo prometo…pero ahorita tengo unas ganas locas de meterme en mi cama... El día ha sido muy duro... Estoy cansado- bostezando. -¿Tú no?- A lo que ella simplemente asintió con la cabeza.
-Muy bien. Nos vemos- dijo Darien esbozando una ligera sonrisa, besándola en la mejilla y marchándose de ahí. Serena se limitó a verlo como se alejaba -A veces no me gusta esa actitud fría de Darien- -pero tal vez el tenga razón, debo recuperarme completamente.
-Pero a partir de mañana mi tarea será encargarme de derretir a ese cubito de hielo.- Esbozando una sonrisa y sacando la llave de su casa del bolsillo de su falda -Porque dudo que sea un hombre que no sienta pasión alguna- casi como reflejo abrió el buzón para revisar su correspondencia, pero lo único que encontró dentro fue una carta
La carta estaba invertida y tenía un Sol enorme, sereno y grave. Parece mirar con ternura paternal a la pequeña que cabalga en el jardín de debajo, enviándole toda la energía vital que solo el Sol es capaz de transmitir. En el jardín se observa un muro grisáceo con cuatro girasoles, parecía como si dichas flores no miraran al sol, sino a la niña alegre, la cual se encuentra desnuda montada sobre un caballo blanco, empuñando un estandarte rojo. Sin darle mayor importancia entro a su casa, después de todo si Darien se quedaba en el país sería una gran oportunidad para explorar lo que sentía por ella. Ya no quería conformarse solo con las migajas de cariño que Darien le entregaba de vez en cuando.
Fue la voz de un mesero quien la sacó de sus pensamientos, -señorita, le dejo la carta de nuestros postres,- Comentó aquel mesero de ojos azul oscuro y cabello grisáceo hasta la cintura.
-Gracias…pero… -Serena ya no pudo decir nada pues el mesero en un instante había desaparecido, soltando un suspiro y cuando abrió el menú, de este se cayó una carta con la imagen de una mujer quien estaba sentada sobre un cubo y con sus ojos vendados. A sus espaldas se ve un lago de aguas rizadas en tensa calma y en el cielo hay una luna creciente, aquella mujer sostiene dos espadas que inclina en direcciones opuestas, la mano derecha apunta a la izquierda, la de la mano izquierda apunta a la derecha. En el gesto, sus brazos se cruzan justamente a la altura de su corazón.
En la parte de atrás tenía escrito "El fénix y el dragón se han reencontrado y tal vez compenetrando…cuando el Long y el Feng se equilibren el Tao resplandecerá como una perla".
Un grupo de señoritas pasaba por donde estaba ella sentada comentando -¿Estás segura Satomi?- Preguntó una muchacha a su amiga, la cual movió la cabeza afirmativamente, lo que provocó que el resto de las muchachas gritaran entusiasmadas.
-¡Apurémonos chicas o no podremos ver al guapísimo de Seiya!- Exclamó emocionada Satomi dirigiéndose apresuradamente a donde estaba el equipo de futbol americano.
Serena no le agradó escuchar aquellos comentarios, sintiendo que algo le oprimía el pecho, serían ¿celos? ¿Qué era lo que sentía por Seiya? ¿Era amistad, tal vez compañerismo? ¿Y si fuera realmente amor? No estaba segura, ella jamás había dudado de que Darien estuviera enamorado de ella…pero ahora no estaba segura de si aún la amara y ella por su parte nunca había dudado de su amor hacia Darien…pero ahora no estaba tan segura. Después de todo ¿Qué es un beso si no te lo dan con sentimiento? Tal vez la demostración de que ya no hay amor.
Llamó a una de las meseras para pedir la cuenta y entregarle al mesero la carta que estaba en el menú de postres, pero ninguna parecía conocer aquel extraño mesero, extrañada por aquello guardó la carta en su mochila, pagó la cuenta e inconscientemente fue a donde se habían dirigido aquellas muchachas.
Sin sospechar que aquel extraño mesero se encontraba oculto en uno de los arboles observando como ella se retiraba apresuradamente de aquel lugar, apareciendo una leve sonrisa en su rostro.
-Espíritus astrales del zodiaco muéstrenme el horóscopo de hoy de la dama a quien sirvo- Apareciendo una esfera blanca enfrente de él la cual se podía ver la constelación de Cáncer la cual se fue desapareciendo –al parecer no tengo de que preocuparme, sin embargo no me agrada esa cortina que se acerca a Cáncer.
-Guiado por las trayectorias del Sol, la Luna y los planetas…Praesepe…espíritu de la constelación de Cáncer revélame lo que ocurrirá- la cual le mostró un león rojo rugir terriblemente.
-Comprendo, no será necesario prevenir a la sacerdotisa- Musitó aquel joven rodeando el árbol y apareciendo con un atuendo diferente -aunque pensándolo bien… creo que si puedes ser de utilidad, Nicolás Kumada- Apareciendo una sonrisa burlona en su rostro -veamos si aun recuerdas lo que te enseñaron.
Tronó los dedos apareciendo un ópalo en la palma de su mano después recitó -magnam leshem vertet opum vim- formándose en el aire una carta completamente en blanco -vayan con Amón… diríjanse al Templo Hikawa.- Desapareciendo el ópalo y la carta en un instante.
-Bien, ahora solo podemos ver cómo termina esto.- Dicho esto aquel joven misterioso desapareció dando uno gran salto hacia la reja de la preparatoria
Y mientras en la Tierra nuestros protagonistas continúan con sus actividades normales, y nuevos personajes aparecen, Apolo en ese mismo instante se encuentra junto con Shiva y Sailor Phi en el jardín estelar, el cual ha sido creado con la ayuda de las gemas estelares que ha obtenido.
Apolo sonrió complacido de ver el jardín que habían creado las Star Gardeners, era un jardín grande y bello, rodeado por suave hierba verde, y sobre ella brotaban hermosas flores semejantes a estrellas.
-Este jardín es digno de una Emperatriz, no lo crees comandante Shiva- Dijo Apolo mientras algunos mechones de cabello caían ligeramente sobre su frente.
Shiva asintió levemente con la cabeza -es seguro que a la señorita Sunny le gustará el hermoso jardín que le ha construido, su majestad.
-Sí,- Comentó Apolo formándose una media sonrisa en la comisura de los labios -sin embargo ella será la flor más bella de este jardín.- Apolo ni siquiera intentó reprimir la sensación de excitación creciendo en su interior, al contrario se dejó llevar por ella.
Pero lo que Shiva ni Apolo se habían percatado es que no todos los ahí presentes estaban de acuerdo con aquello, Sailor Phi quien vestía un mini vestido verde con aperturas lateras y con un broche al frente en forma de un circulo con una línea vertical en el centro, esbozaba una sonrisa forzada pero no había dicho palabra alguna estaba muy celosa, pero tampoco era lo suficientemente estúpida como para dar algún comentario después de todo ella conocía la absoluta crueldad de Apolo cuando de la princesa del Sol se trataba.
-Ya lo veremos- Pensó irritada Sailor Phi mientras apretaba fuertemente su cetro tratando de contener sus celos -el señor Apolo es mío.
-Ahora váyanse, deseo estar solo.- Ordenó Apolo con aquella mirada fría en sus ojos que hacía que la gente lo pensara dos veces antes de replicarle, los dos hicieron una ligera reverencia a su jefe quien continuaba observando el jardín y en silencio salieron rápidamente de aquel lugar.
En el momento en que salieron, se encontraron con Némesis quien estaba recargada en la pared, con ojos amenazadores y gélida mirada.
-¡Sailor Phi, tenemos que hablar!- Exclamó furiosa Némesis, sus ojos desprendían un brillo de odio.
-No creo que tengamos mucho de qué hablar Némesis- Respondió secamente Sailor Phi, -además hay cosas que requieren mi atención- comenzando a caminar hacia el subterráneo pero fue detenida por Némesis quien la tomó del brazo izquierdo haciendo que volteara a verla.
-Solo te voy a advertir algo… -Dijo Némesis levantando la voz y dirigiéndole una mirada asesina a Sailor Phi -aléjate del señor Apolo, Sailor Phi.
-Y si no deseo hacerlo,- Replicó Sailor Phi apareciendo en su rostro una sonrisa irónica -acaso tú vas a obligarme…Sailor de Cuarta.
-El señor Apolo nunca será tuyo, maldita zorra- Aseguró ella con el ceño fruncido -Él desea a una auténtica mujer... no a una basura.
-Ahora entiendo porque estaba ávido de sexo, tú no pudiste complacerlo al menos no como yo lo hice.- Por su parte Shiva solo era un mero espectador en aquella escena, apareciendo una sonrisa burlona en el rostro, -si supieran lo que piensa él de ellas- Pensó divertido regresando a su mente las palabras de Apolo cuando esperaban a Sailor Phi para que los tres se dirigieran al jardín estelar.
-Una vez que cumplan con su cometido las eliminaremos, tan simple como eso Shiva- Había comentado Apolo mientras se servía un trago de whiskey en un vaso estilo antiguo con cubos de hielo -Némesis y Sailor Phi no son más que dos piezas de ajedrez bailando en el tablero- Sorbiendo un poco de su whiskey. -Por mientras jugaré un rato más con esas dos.
-Tal vez ni siquiera tengamos que eliminarlas Shiva- Había dicho Apolo con una pizca de humor en su voz -ellas mismas se destruirán mutuamente.- Sus ojos reflejaban una confianza casi como la de un depredador con su presa.
-Parece que tenía razón- Pensó Shiva dándose la vuelta con una enorme sonrisa en los labios caminó hacia el centro de entrenamiento.
Shiva sabía por los últimos informes que había recibido que muy pronto llegarían al cinturón de Kuiper, los límites del Sistema Solar y estaba seguro que el paso por aquel lugar no sería tan sencillo como los dos reinos que destruyeron recientemente, después de todo aquellos planetas al parecer siempre estaban en guerra, pero la llegada del ejercito de la oscuridad dio fin al conflicto, pues Apolo simplemente ordenó destruir ambos mundos, así era como aquel joven estaba ganando el control absoluto del Cosmos, pues eliminaba a alguien sin importar cuán débil era.
Pero el escenario siguiente no se visualizaba tan fácil, no sería sencillo ganarles a los quaoarianas, ya que ellos conocían mejor el terreno en que se enfrentarían y eso sería una ventaja para ellos…lo mejor era estar preparado.
Muy pronto las fuerzas de la oscuridad se tendrían que enfrentar con la guardiana del planeta Quaoar, la última defensa de la zona exterior del Sistema Solar, Shiva estaba convencido que aquella guerrera trataría de evitar su avance a cualquier costo, si lograban derribar la última defensa del cinturón de Kuiper podrían aproximarse al Sistema Solar.
Pero para eso deben acabar con las tropas quaoarianas, cuyos soldados estaban muy bien entrenados para trabajar en equipo, y bajo las órdenes de Sailor Quaoar, serían unos oponentes duros de derrotar, no por nada se habían ganado el título de ser la mejor defensa del Cinturón Kuiper.
-Pero por el bien de la Emperatriz, No hay más opción que eliminar a quien sea que se ponga en nuestro camino.- Pensó Shiva entrando a la sala de entrenamiento, mientras tanto Sailor Phi continua teniendo una acalorada platica con Némesis.
Furiosa Némesis exclamó llena de odio -¡Como te atreves!- levantando la mano para darle una bofetada, pero Sailor Phi tomó su muñeca.
-no creas que te tengo miedo, si buscas problemas créeme que los tendrás- amenazó con unos ojos que desprendían solamente un sentimiento... odio. -Pero por tu bien no intentes medirte contra mí- soltándole la mano bruscamente agregó -porque lo lamentarás- comenzando a caminar.
Pero antes de abandonar el lugar murmuró con ironía -es mejor que aprecies el tiempo que pasaste con el señor Apolo...- empujándola fuertemente -porque dudo que vuelva a repetirse.
-Maldita zorra, eso no pasará nunca- Respondió Némesis con una de sus sonrisas de superioridad -Y sabes porque…porque Apolo será mío.
-¡Eso lo veremos!- Rió Sailor Phi malévolamente dirigiéndose con paso rápido hacia su habitación. -Esa estúpida no se percató que al empujarla le esparcí un poco de esta sustancia- colocándose el pequeño broche en su vestido apareciendo una sonrisa burlona en su rostro -cree que me ganará, pero esa tonta ignora que tengo un as bajo la manga.
-¡Qué maravilloso plan he tramado! No solo me desharé de Sailor Sun y de Loki al mismo tiempo sino también de la zorra de Némesis… y sin esas dos en el camino… -Pensó complacida - el señor Apolo será completamente mío- ingresando a su habitación.
Mientras tanto en el tercer planeta, Loki se encuentra en su escondite preparándose para un nuevo ataque.
-No necesito la ayuda de esas Star Gardeners,- Musitó Loki apretando fuertemente los puños -yo mismo encontraré a la Princesa del Sol,- cruzándose de brazos -y entonces todos se inclinarán ante mí -liberando una burla carcajada.
-Los seres humanos se rigen por el movimiento de las estrellas, incluida la escurridiza princesa del Sol -apareciendo ante él un mapa astral –en cuarenta y ocho horas su estrella regente estará completamente alineada en el maligno ángulo que se forma entre el planeta Neptuno y Marte, y cuando eso suceda será el momento en que Sailor Sun estará completamente a mi merced- Observando su mapa astral con una sonrisa de satisfacción pues el astro rey empezaba alinearse lentamente con el planeta rojo y el octavo planeta. -¡Muy pronto Sailor Sun estará en mi poder!
-Guiadas por la trayectoria del Sol y los planetas, las estrellas me dirán lo que saben,- Musitó con una voz glacial mirando con detenimiento como la imagen representativa de un cangrejo aparecía en su mapa estelar -las estrellas de la constelación de Cáncer han recibido parte de su brillo.
-Altarf, muéstrame un camino hacia el astro rey- Saliendo un rayo de energía de una de las estrellas de la constelación de cáncer hacia el cristal negro que tenía en sus manos Loki -ahora cristal de la muerte enséñame a la victima de Cáncer- apareciendo en el techo la imagen de nada más y nada menos que de… Serena Tsukino -Esa joven será la llave hacia la princesa del Sol,- soltando una risa malvada que se escuchó por todo el lugar.
NOTAS DE AUTORA! FELIZ 2011, PERDON, PERDON, PERDON, PERDON, PERDON... por la tardanza pero es que no había tenido mucho tiempo en escribir y no quería subir un capitulo chiquito... muchas gracias a todos por su paciencia y sus animos. Gracias por leer estas locuras y por todos sus comentarios, creanme que son un gran aliciente para seguir con esta historia a pesar de todo el trabajo que tengo en mi trabajo.
