TRAS BAMBALINAS
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Mini-capítulo 02. Festival Escolar
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Gracias por los comentarios, siempre son bien recibidos. Aquí una nueva historia de estos dos. Seguiré escribiendo hasta que esté satisfecha, porque después del último capítulo de la serie, no he podido superarlo.
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Advertencias: malas palabras, slash y algunas escenas insinuantes entre L-elf y Haruto. Bastantes ocurrencias estúpidas.
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Agradecimientos: ¡A mis primeros lectores! (hawa-chan, 241L0RM3RCUR1 y a mi querido invitado anónimo)
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Disclaimer: Nada me pertenece, excepto la idea de esta historia, el resto es propiedad de Sunrise.
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El alboroto de los estudiantes ese día lo estaba exasperando un poco. A menos que todos hubieran olvidado que estaban en medio de una guerra, aquella situación despreocupada y llena de muestras de entusiasmo no concordaban con los anteriores estados de ánimo que habían experimentado semanas atrás. Su compañero de cuarto no parecía opinar lo mismo, por el contrario lo hostigó con sus comentarios ingenuos e idealizados sobre su pesimismo y poca confianza en otros seres humanos, hasta que decidió callarlo con un puño en la cara y marcharse de allí. Al final, decidió ocultarse del mundo exterior en la azotea del edificio más alejado de toda la escuela y planear sus siguientes movimientos contra Dorssian.
Mientras los minutos transcurrieron, y la temprana mañana se transformó en un soleado medio día, el ruido de la música y los murmullos apagados de muchas personas reunidos al otro extremo del complejo de edificios llegó a sus oídos para sacarlo de su estupor, tal vez por permanecer tantas horas recostado sobre el suelo mirando el pasar de las nubes del enorme cielo del módulo 77. De pronto los pasos de alguien acercándose capturaron su atención. Miles de opciones desfilaron por su cabeza, entre esas, dejar inconsciente a la persona que se atrevía a perturbar su tranquilidad. Sin embargo, esperó imperturbable a que la sombra del desconocido cubriera por completo su figura
-Te encontré, L-elf –la risa despreocupada del chico lo distrajo por unos instantes, antes de notar un par de dedos presionando sus mejillas, una y otra vez.
-¿¡Cuántas veces tengo que repetírtelo!? –apartó los dedos juguetones de sus mejillas y lo miró con dureza. Sus ojos violetas brillaban de ira. Los azules lo detallaban con malicia.
-Siempre tan amargado –bufó en tono infantil sin moverse un centímetro de su posición en cuclillas.
-¿Qué quieres? –espetó más sereno observando los rasgos de su contraparte.
-Una competencia –le oyó declarar, aunque no vio rastro de algo malintencionado.
-No quiero.
-¡Pero Shoko lo ha organizado! –se irguió –Le he dicho que es una tontería, y que no aceptarías, pero me ha dicho que si te niegas, tendré que revelarle tu escondite secreto y aquellas cosas que tanto quieres y que están…-una mano en su boca interrumpió cualquier información extra que pudiera divulgar.
-Espero que no le hayas dicho –el tono amenazador hizo temblar al ojiazul quién negó enérgicamente con la cabeza.
-Bien ¿Y por qué tengo que participar en un juego? –le interrogó dejándolo libre para hablar, pero aún con sosteniéndolo de un brazo si se le ocurre escapar.
-Bueno, Rukino no fue muy específica al respecto…
-¿Rukino Saki? –la sola mención de la segunda mujer le hizo marearse. Nada bueno salía cuando esas dos se unían. Meditó por unos minutos sin liberar al castaño, que misteriosamente permaneció tranquilo.
Todo era demasiado sospechoso.
Se dejó arrastrar hacia el campus principal de la escuela después de aceptar la ridícula petición. Al final, había terminado semidesnudo, con sólo un traje de baño y las dos chicas en cuestión en las mismas condiciones que ellos.
Demasiado sospechoso.
Entonces algo en su mente se iluminó.
-No pienso participar en esto –puntualizó con la misma expresión seria y de malos amigos.
-Eres un poco lento para este tipo de cosas –la voz divertida de Shoko lo irritó. A su lado, la chica de largos cabellos azules lo miró de forma maliciosa.
-¿Quién dijo que tendrás un combate contra alguna de nosotras?
Su expresión de sorpresa y de decepción por parte del castaño, eran dignas de una foto. Las dos mujeres rieron como nunca.
Aquello sólo podía significar problemas.
-¿Qué tiene de malo, no quieres intentar golpear a Haruto?
La sugerencia hecha sin ninguna malicia le provocó de repente un sentimiento de satisfacción inexplicable. Ahora era el ojiazul quién retrocedía intimidado.
-¿Eh? –el pobre chico estaba en shock.
La idea le parecía ridícula y humillante, pero no era tan mala si lo ponía de esa forma. Atrapó la muñeca del inseguro castaño y lo empujó dentro de la enorme bañera, luego ingresó en ella sin prestar atención a los miles de gritos y miradas que participaban de aquella distracción.
-Sabe a pudín de chocolate –comentó un recuperado Haruto casi cubierto por completo de la masa azucarada que poco a poco se deslizaba por su piel.
Aquel comentario ingenuo sólo empeoró el fastidio del peliplateado. Y antes que pudieran anunciar la pelea entre los dos personajes masculinos más populares de la escuela, el ex soldado embistió al desubicado piloto del Valvrave. Después de varios minutos, dónde L-elf se proclamó ganador, ambos chicos se percataron que habían terminado desnudos en medio de la gelatina, el pudín y el resto de ingredientes que aquella masa pudiera contener. Algo que al parecer a ninguno de los estudiantes presentes le importó, tal vez, porque en medio de una competencia tan infantil, grandes apuestas jugaban a favor o en contra de los animadores.
Alguien grito algo, muy probablemente las patrocinadoras del evento, y el caos entre cuerpos y manos que se alzaban se fue alejando del centro del encuentro. Dejó en libertad los brazos del castaño, quién sonrió agitado en medio de aquella batalla física. El brillo de alegría en los ojos azules era muy contagioso, al igual que aquella chispa que se había prendido repentinamente a medida que se sometían uno al otro. Podía sentir debajo de su cuerpo y la comida, el cuerpo caliente, resbaloso y despierto de Haruto. Y aunque, algo así no hubiera pasado por su cabeza, la adrenalina y el constante contacto físico lo tenía totalmente excitado. Se movió un poco, tratando de desenredar sus piernas con las del moreno, y el sonido gratificante que recibió a cambio aumento su pulso arterial a mil. Podía joderlo allí mismo, de no ser porque se hallaban en un lugar público y sus compañeros kamitsuki se acercaban a ellos riéndose de su desgracia para ayudarlos a salir de aquella maldita melcocha (1).
Los minutos pasaron mientras los cuatro tomaban los refrescos fríos y observaban como la multitud se dispersaba poco a poco.
-Creo que se les va a subir las hormigas si no se bañan ahora –contempló a los dos menores con los rastros de dulce por todo el cuerpo.
-No creo que algo como sea ocurra, Inuzuka-senpai –respondió un poco alterado el castaño sintiendo repentinamente picazón por todo el cuerpo.
La risa de Yamada se hizo sonora y altamente ofensiva para L-elf que gruñó en respuesta.
-Los considero, algo como esto realmente no es de mí agrado, sin embargo, a Shoko y Saki se les ocurrió la idea luego de verlos discutir tanto –se rio el peliverde con la mirada fija en el horizonte. –Dice que los que se pelean se aman.
La sola sugerencia petrificó a uno mientras que el peliplateado no se inmutó. Los balbuceos en contra no se hicieron esperar -¡Q…qu…eé co…sas dicen! –el sonrojo era más que evidente.
-¡Pero mira lo avergonzado que estás! –esta vez Yamada abrazó por los hombros atrayéndolo más a su cuerpo para poder molestarlo.
-¡Ya basta! –intentó alejarse pero la fuerza del mayor definitivamente sobre pasaba la suya.
Duraron unos minutos más hasta que L-elf, alejado de la conversación terminó la bebida. Se acercó a Yamada quién continuaba abrazando a Haruto y le arrancó al chico, casi con demasiada violencia, los gritos de pelea se escucharon amenazadores, pero el ex soldado los ignoró. Los vieron marchar, esta vez con L-elf arrastrando a Haruto hacia la seguridad de los dormitorios.
-Por lo menos dejaron de pelear, ¿no lo crees Yamada? –con una mano en el hombro dispersó el temperamento volátil de su compañero, los dos se mantuvieron en el mismo lugar de la antigua contienda.
-Maldito celoso –refunfuño en respuesta alejándose de la pareja pegajosa. La risita de Inuzuka no se hizo esperar. –Probablemente no lo suelte hasta que haya cerrado con llave el baño.
-Bueno, fue él quien se ofreció de voluntario junto con L-elf.
-Sí, aunque no como su oponente –el rubio se rio a carcajadas de recordar la escena –Hubiera podido tomarle una foto a su expresión de genuina sorpresa.
–No creo que lo lamente ahora. Después de todo salió algo bueno de esto ¿no?
-¡Por la cara de L-elf, creo que sí! ¡Para mañana no podrá caminar!
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Aclaraciones:
(1) Melcocha o Alfandoque: es un tipo de producto azucarado hecho a base de miel o melado, que se come en muchos países de Latinoamérica. Lo que quiero expresar con esta comparación es que la masa azucarada estaba lo suficiente pegajosa, gomosa y firme como para necesitar ayudar para salir de allí.
