TRAS BAMBALINAS
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Mini-capítulo 03. Hermanastros.
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Nuevamente otro capítulo. Lamento la demora, tenía la idea, pero ando corta de inspiración. Estoy tratando de mantenerlo actualizado continuamente, créanme, requiere un tremendo esfuerzo de mi parte. ¡Disfrútenlo!
Estoy pensando en pasarlo a Rating M.
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Aclaraciones: AU. Más adelante continuaré esta línea de tiempo, así que tomen nota de algunos detalles.
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Advertencias: Slash, algunas escenas explícitas y malas palabras. Insinuaciones perversas y cosas no aptas para menores. Quedan advertidos.
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Agradecimientos: 241L0RM3RCUR1 y la chica anónima (Eso suena un poco raro, no sé cómo más llamarte). Es un placer saber que van a ser lectoras permanentes, estoy muy agradecida. A los demás, que leen pero no dejan comentarios, también muchas gracias.
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Disclaimer: Nada me pertenece, excepto la idea de esta historia, el resto es propiedad de Sunrise.
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Eran hermanos pero no de sangre. La palabra que mejor los definía era hermanastros. Aunque su verdadera madre insistía en que las formalidades debían olvidarse y la relación debería fluir sin tantas complicaciones. Sin embargo, y a pesar que mantenía una comunicación constante con su padrastro, su nuevo hermano era caso aparte.
Desde el primer instante en que se conocieron, la rivalidad y el odio hicieron acto de presencia. No se soportaban, y se notaba en cada pequeña interacción que sostenían. Su madre les reñía por tal comportamiento, pero terminaban olvidándolo y al final, se departían insultos y mohines hirientes que hacían de la casa un campo de batalla.
Y era lógico, después de todo eran totalmente diferentes en cada aspecto. Desde su apariencia, hasta sus modales, personalidad y forma de ver el mundo. Mientras el mayor se preocupaba por un futuro prometedor, lleno de elogios y una carrera impecable, él por su parte, sólo quería terminar sus estudios y vivir una vida tranquila con su propia familia. ¿Trabajo? ¿Universidad? No había respondido a esos interrogantes aún.
Tal vez su dejadez o falta de interés hacia su propio futuro era lo que irritaba tanto a Mikhail. No paraba de criticárselo. A veces pensaba que sentía envidia, porque él lo había tenido todo, en pocas proporciones, pero lo suficiente para vivir libre de preocupaciones. En cambio, el peliplateado, a pesar de ser hijo pudiente de una familia adinerada, había tenido que ganarse su puesto como futuro sucesor y combatir la enorme presión de ser perfecto en todo. Casi podía sentir lástima por él, excepto que no lo hacía porque podría morir de manera muy prematura.
A pesar de lo aterrador qué sonaba su vida familiar… Disfrutaba de toda aquella rutina.
Porque así eran las cosas oficialmente.
Extraoficialmente, la situación daba un giro radical de trescientos sesenta grados.
Si bien no habían congeniado al principio como había mencionado, poco a poco y debido a la convivencia obligada, habían terminado compartiendo momentos íntimos, demasiado íntimos, que rayarían en incesto, si fueran verdaderos hermanos de sangre. Pero a ninguno de los dos parecía importarle. Porque aquellas situaciones se repetían una y otra vez, podía atreverse a insinuar que ellos las provocan, a propósito. Esa era la parte que más disfrutaba de todo.
Aunque no recordaba muy bien como había comenzado, estaba seguro que él había sucumbido a su propia curiosidad y a la necesidad de su hermanastro, sin embargo, no podía comprender como de un día para otro, lejos de mirarlo con odio, lo detallaba con lujuria.
En la actualidad, compartían ciertos días juntos y podían equilibrar su secreto con una vida relativamente normal. Aunque en aquellos precisos minutos, él se hallaba malhumorado. Esa semana, luego de los acostumbrados exámenes de finales de semestre, decidió que pospondría cualquier salida con sus amigos y su novia para abandonarse a los placeres de dormir hasta tarde y vaguear por toda la casa sin hacer nada. La tenía a su completa disposición. Sus padres estarían por fuera por dos semanas, mientras su hermano Mikhail, asistiría con su novia y sus amigos estirados a unas cómodas y lujosas vacaciones de verano. Hizo un mohín de fastidio recostado en el sofá de la casa. Esa era la razón de su enojo. Pero ignoró el sentimiento. Si el otro quería irse con aquella mujer y sus amigachos, que lo hiciera, a él no se le antojaba pagarle con la misma moneda.
Dejó sus libros a un lado, la tarea de verano podía esperar unos días más.
Se dispuso a librar una batalla con todos los elementos de su cuarto, porque no quería tener que vivir varias semanas entre el caos del desorden y el mal olor de la basura, que resultara en una queja directa por parte de sus malditos y chismosos vecinos. Luego de horas de aseo fructífero por toda la casa, decidió que su estómago merecía comer. Observó el fuego calentar lentamente el recipiente que contenía los alimentos. Asintió complacido. La cocina era uno de sus puntos fuertes, y al parecer los oficios del hogar, y se sintió orgulloso por eso.
-Tienes un talento increíble como ama de casa, Haruto -la voz lo sorprendió, a la par que unos fuertes brazos lo atraparon por la espalda, casi haciendo que regara todo el contenido de la olla en el suelo y se quemara en el acto. Sin embargo, el intruso pareció ser más rápido porque lo apartó de todo antes que algún accidente pudiera ocurrirle. Se estremeció cuando un cálido beso fue depositado en su cuello. El aroma de la colonia y el aliento contra su piel lo transportaron directamente a sus más sucios pensamientos.
-Mikhail –jadeó de repente olvidando que estaba haciendo. Vio que el ojivioleta apagaba la estufa y lo arrastraba contra su cuerpo hasta el mesón central dónde estaban todos los ingredientes de su comida. Aún continuaba a sus espaldas, repartiendo besos castos por su nuca y cuello, mientras que acariciaba por todos lados. Ladeó su cabeza en busca de la boca que se mofaba de él, y la encontró dispuesta a devolverle el beso. Fueron unos minutos de contacto húmedo, caliente, muy caliente hasta que el aire se hizo necesario.
-¿Eres bastante precoz, eh? –la voz burlona se coló por su oído, y aunque podía ser motivo para que riñera por aquel comentario malintencionado, aquello sólo le provocó una reacción física más fuerte que el simple estímulo de ser tocado sobre la ropa. -¿Te gustaría que te lo hiciera aquí, verdad? ¿Sobre la mesa del comedor o contra este mesón? –las insinuaciones soeces junto con la mano que se movía rítmica y concienzudamente debajo de sus pantalones lo estaban torturando deliciosamente.
Gimió y casi se derritió sobre el otro. Era muy bueno en lo que hacía, y no le importaba dejárselo saber. Continuaron varios minutos más, hasta que finalmente se corrió entre el calor de la mano y la estrechez de su ropa.
-No he terminado –le susurró.
Sí, de eso podía estar seguro. Sólo eran los juegos previos.
Subieron al segundo piso, lejos de la posibilidad que alguien no esperado entrara por la puerta principal y una vez allí los encontrara haciendo obscenidades en la cocina. No fue difícil adivinar que terminarían en el cuarto del mayor compartiendo caricias y besos acalorados. Aquel cuarto era el mejor testigo de todas sus perversidades y encuentros.
-¿No irías a un campamento de verano con tus estirados amigos? –interrogó al peliplateado mientras dejaba que este lo desnudara. La respuesta se tardó en llegar a medida que se rozaban y aumentaban el nivel del juego. Para cuando los ojos violetas lo miraron desde lo alto, supo que le hallaría sentido a todo.
-Repentinamente me sentí mal, probablemente estoy enfermo, así que al final decliné la invitación. Tu madre insistió en que debía permanecer en cama, y gracias a que cierto inútil estaría perdiendo el tiempo por aquí a ella le pareció buena idea que fueras mi enfermera –sonrió socarronamente aplastándolo más contra el suave colchón de la cama. –Estoy esperando con ansias ver qué tipo de cuidados puedes darme, Haruto –el ronroneo fue suficiente para cambiar de roles. Lo sujetó por la cintura cambiando posiciones. De pronto se hallaba sobre el cuerpo pálido del mayor, montando a horcadas sobre las caderas de este y con algo muy despierto dentro de él. Gimió al contacto. Las manos ajenas le acariciaron desde abajo y le incitaron a moverse.
-Que conveniente –jadeó sin apartar la mirada azulino de los ojos violetas. No esperó una segunda invitación. Sabía lo que le gustaba al otro y cómo. Se movió lento al principio y luego a medida que se ponía más duro, las embestidas aumentaron de velocidad y fuerza. Permanecieron largos minutos, solo con el sonido húmedo y los jadeos entrecortados. Al final, todo fue simplemente placer. Se dejó caer sobre el otro sin importarle aplastarlo con su peso.
Estaba muy agotado.
Su respiración errática y la sensación de sueño fueron suficientes para que Mikhail lo acomodara a su lado, y lo abrazara posesivamente. Lo consintió por mucho tiempo. Casi parecía estar siendo acunado como un bebé. Estaba en el jodido paraíso.
-Así que, ¿Cuáles son los planes para estas vacaciones de verano? -le susurró sobre su piel casi a punto de caer dormido.
Una pequeña risita lo sacó de su estupor. Levantó su cabeza para mirar a su amante. Los ojos le brillaban. Un pequeño roce sobre su espalda baja le hizo temblar de anticipación.
-¿No es muy obvio? –la sonrisa prepotente de Mikhail fue suficiente para confirmar sus sospechas.
El muy descarado no lo dejaría dormir mientras se apareaban como conejos.
Tendría que pensar una excusa creíble para su malestar en cuanto sus padres regresaran. Porque sería muy sospechoso que dos chicos adolescentes, solos y con toda la casa a disposición no hicieran nada malo, y menos, si él se negaba a levantarse o repentinamente comenzaba a caminar de manera extraña.
Casi podía escuchar a su madre alarmada y sonrojada hasta las orejas, a su padre riéndose por lo hermoso de la juventud y a su hermano fingiendo ignorancia.
¡Qué chica más atrevida! No pensé que te gustara que ella te lo hiciera por atrás.
Sí, esa era la reacción esperada, porque si de algo ellos estaban seguros es que los dos gustaban enormemente de la compañía femenina. Cuán equivocados estaban.
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