TRAS BAMBALINAS
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Mini-capítulo 05. Convivencia.
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Lamento muchísimo esta larga ausencia. Cuestiones labores no me permitieron actualizar. Comienzo a hacerlo semanalmente como había prometido, por eso les adelanto este.
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Agradecimientos a: doremishine itsuko, Emily y 241L0RM3RCUR1.
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Disclaimer: Nada me pertenece, son propiedad de Sunrise.
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La convivencia con un compañero de cuarto podía llegar a ser terriblemente difícil. Anteriormente aquello no le habría importado, y menos cuando A-Drei era el ocupante de la litera de arriba. Después de todo era un soldado al igual que él, silencioso y disciplinado. Sin embargo, en la actualidad la situación había cambiado radicalmente y su nuevo compañero se estaba convirtiendo en un terrible dolor de cabeza. Observó la ropa dispersa por todo el lugar y los objetos abandonados descuidadamente en el único escritorio que compartían, una mueca de desagrado se instauró en su rostro y no se borró cuando el sujeto en cuestión apareció por la pequeña puerta de acceso.
Ya pensaría un castigo espartano ejemplar. Lo miró con la intensidad suficiente para provocar miedo en su contra parte.
-¿Qué? –le oyó preguntar al castaño aún cerca a la puerta sin atreverse a dar un paso más cerca de su posición.
No respondió con palabras, gruñó molesto y luego se limitó a acomodar su cama y esconderse bajo las mantas. No estaba de buen humor para tener una charla sobre eso.
A los pocos minutos escuchó los pasos desorganizados de Haruto pasear por la habitación. Se sorprendió cuando se detuvieron, luego alcanzó a percibir el sonido de la ropa al caer al suelo. La misma rutina de todas las noches.
-¿Estas molesto por todo el desorden? Que quisquilloso eres –la burla por su comportamiento le provocó levantarse y golpearlo por reírse de él. Pero resistió el impulso.
Esperó algún otro comentario pero no ocurrió tal cosa. Sin embargo, la repentina brisa fría en su espalda le indicó que el idiota lo había destapado e intentaba colarse con el bajo las sábanas.
-No estoy de humor para soportar tu carismática y sucia personalidad –escupió con amargura sin voltear a mirarlo.
-Y yo que pensé en recompensarte por mis defectuosas habilidades para las actividades domésticas –susurró bajito pegando su boca casi a la oreja del otro. La reacción fue inmediata, una mano se cerró con brutalidad sobre el cuello expuesto mientras que un par de ojos lo fulminaron.
-No hasta que limpies todo este maldito desor… –la palabra quedó sin terminar. L-elf había desviado la mirada amenazadora cinco centímetros debajo de su barbilla. El resto era historia. Su evidente desnudez cortó cualquier disputa que estaba teniendo lugar.
Cayeron de bruces contra el colchón. Haruto observó la expresión concentrada del peliplateado y supo entonces que cualquier reproche acerca de sus horribles hábitos había sido olvidado.
Por qué ser desorganizado era la única manera para que su psicorígido compañero decidiera participar en actividades físicas extracurriculares.
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