Finalmente aquí está la actualización prometida. Tuve que reescribirlo todo para estar feliz con el resultado, lo que sorpresivamente no tomó tanto tiempo como había pensado. Bueno, aquí les dejo una buena dosis de drama, para no perder la costumbre.
[Acto IV]
Aliada
Aquella sensación de dolor no le era familiar. No se parecía en nada a ningún tipo de dolor que hubiese sentido antes. Era una especie de dolor punzante que, con cada pequeño movimiento lo hacía recordar el placer que había sentido esa noche. Ya habían pasado tres días desde la despedida de soltero y extraños pensamientos aún revoloteaban por su cabeza. A menudo se preguntaba qué se sentiría despertar en sus brazos, despertar a su lado, antes que él y verlo dormir. ¿Cómo se vería Sousuke dormido? Seguramente más apuesto de lo que ya era, si es que eso era posible. Aún guardaba aquella pequeña nota escrita apresuradamente, atesorándola como si fuera una carta de amor. Se sentía estúpido al albergar sentimientos por alguien que estaba prohibido, alguien que jamás podría quererlo como él deseaba ser querido.
La mañana siguiente había sido algo… complicada. No había sido sólo la opresión en su pecho al despertar en una cama completamente solo. No había sido sólo aquella nota. El hecho de que Sousuke no estuviera allí era algo de esperarse. Seguramente él pensara que aquella había sido su última aventura antes de pasar a la "vida seria". Después de todo, esas cosas solían pasar en las despedidas de soltero, ¿no? El caso había sido que sus piernas apenas podían sostenerlo cuando se levantó para buscar su ropa que, curiosamente, estaba impecablemente doblada. Dio un paso y cayó de bruces al suelo, justo en el momento en que llamaron a la puerta de la habitación. Asustado, Makoto apenas pudo alcanzar la ropa interior e intentaba echársela encima. La voz que escuchó del otro lado estuvo cerca de darle un infarto. ¿Podían acaso ponerse peor las cosas?
—Mako, ¿puedo pasar? —¿qué demonios estaba haciendo Ren ahí? —Sousuke me contó lo que pasó —ay no, ay no. ¿Cómo pudo contarle "eso" al hermano de su prometida? ¿Acaso estaba mal de la cabeza? —Pero a pesar de todo, me alegra que te la hayas pasado bien —¿eh? —Voy a entrar, ¿está bien?
Y, sin esperar respuesta, el mayor entró. Makoto miró aterrado cómo la puerta se abría lentamente. El castaño sintió que las lágrimas escapaban por sus ojos y agachó la mirada para no ver a su hermano. No podía enfrentarlo. Si Sousuke se lo había contado todo, le esperaba, como mínimo, una buena reprimenda por parte de Ren. Pero, ¿por qué Ren había dicho que "le alegraba"? Había algo raro.
—Vaya, te ves peor de lo que esperaba —dijo Ren, tendiéndole una mano para ayudarlo a levantarse. Makoto miró la mano que su hermano le ofrecía con recelo. Si se levantaba, Ren se daría cuenta de lo que había hecho. Ah no, que ya lo sabía —Vamos, arriba.
Makoto se sorprendió cuando, al levantarse, ninguna sustancia extraña se deslizó por sus muslos. Recordaba que Sousuke se había corrido dentro de él. ¿Acaso eso significaba que Sousuke se había encargado de limpiar la evidencia? Bueno, tenía que agradecerle por ello, si es que algún día era capaz de enfrentarlo. Cuando se hubo sentado en la cama, Ren lo ayudó a ponerse la ropa interior y los pantalones. Se quedaron sentados, sin decir nada, sin mirarse.
—Ren…
—Entonces Makoto —se adelantó el mayor —tienes otra personalidad cuando bebes, ¿eh? —aún sin comprender lo que su hermano estaba diciendo, Makoto lo dejó continuar —Sousuke me lo dijo. Que bebiste algunas copas y te pusiste a cantar en el karaoke, parece que todos quedaron impresionados con tu voz. Dijo que luego te subiste a una mesa —Ren parecía hacer un esfuerzo increíble por no echarse a reír —y que te caíste, por eso no debía sorprenderme si tenías dificultades para caminar. Ah y también parece que te gusta quitarte la ropa. Dijo también que le hubiese gustado llevarte a casa él mismo, pero parece que hubo algunos problemas con el trabajo y lo querían en Shanghái lo más pronto posible.
Ah. Claro. Bueno, eso explicaba por qué Ren no lo había reprendido o el por qué no le hubiese parecido raro que no pudiera caminar. También explicaba por qué de repente le había dado un ataque de risa seguro imaginando lo ridículo que debía haberse visto cuando, supuestamente, estaba borracho. Bueno, como fuera, Sousuke le había salvado el trasero. Ah y se había ido a Shanghái. Lo cual le pareció bien porque esa noche tendrían una cena con la familia Yamazaki. No sería capaz de enfrentar a Sousuke, así que se alegró cuando Ren le dijo que Sousuke llegaría hasta la noche antes de la boda.
—Ran hizo un berrinche cuando se enteró, pero bueno, no es como si hubiese sido culpa de Sousuke —terminó —Entonces, ¿nos vamos? —Ren lo ayudó a incorporarse y, escaneando la habitación para asegurarse de que no olvidaba nada, salió, apoyándose en su hermano.
—Ren —el mayor lo miró, mientras se ponía el cinturón de seguridad y ponía el auto en marcha —no se lo digas a mamá, ¿quieres? Oh y mucho menos a Ran.
—Bueno, —Ren se rascó la cabeza, nervioso —puede que ella se haya dado cuenta ya. Creo que Sousuke podría haberle mencionado algo antes de irse al aeropuerto.
Makoto se cubrió el rostro con las manos, imaginando el sermón que su hermana mayor iba a echarle esa noche en la cena. La había hecho buena, a pesar de que, teóricamente, nada de lo que pasó había sido su culpa. ¿Verdad? En fin, al menos no tendría que enfrentar a Sousuke hasta, quizás, el día de la boda.
—No te preocupes, no hay nadie en casa, así que podrás tomar un baño y descansar un rato.
Y así fue. Ren lo dejó en casa y regresó a la pastelería. En cuanto entró en la casa, Makoto se metió al baño, se quitó la ropa, tirándola en el piso antes de entrar en la tina y dejar que las sales de baño hicieran su trabajo y lo ayudaran a relajarse. Echó la cabeza hacia atrás mientras intentaba mantener lejos de su cabeza aquellos besos, aquellas caricias – si es que podía llamársele así a la forma en que Sousuke lo había tocado – y el hecho de que aquella había sido su primera vez. Jamás hubiese imaginado que su primera vez fuera con un hombre, mucho menos con un hombre comprometido con su hermana. Se sonrojó al pensar en su "primera vez", que había estado lejos de ser tierna, pero que, irónicamente, atesoraría por siempre, a pesar de saber que aquello no había significado nada para Sousuke.
No supo cuánto tiempo había pasado desde que entró en la tina, pero cuando se puso de pie para salir sintió algo deslizarse por sus muslos. Algo húmedo y caliente. Y no, no era agua. Llevó una mano a aquella zona y casi se cae de la sorpresa cuando vio el líquido blanquecido manchar sus dedos. ¿Eso era lo que él creía que era? ¡Por todos los cielos! Se metió en la ducha y abrió el agua que cayó helada sobre su cabeza. Se limpió, asustado cuando cayó en la cuenta – otra vez – de lo que había hecho. ¡Se había acostado con el prometido de su hermana! Se puso en cuclillas y se llevó las manos a la cabeza. La culpa comenzó a invadirlo otra vez.
—¿Qué voy a hacer? —se decía. Su monólogo terminó cuando su estómago reclamó alimento. Ah sí, que no había comido todavía. Suspirando, se secó y se echó una bata de baño encima. Entró en su habitación y se puso una camiseta y unos pantalones deportivos —Vamos, Makoto, tranquilízate. Él sólo estaba tratando de liberar el estrés. Sí, eso. Y probablemente también estaba ebrio —dijo, mirándose en el espejo y dándose unos golpecitos en las mejillas. Tenía que calmarse.
Entró en la cocina y se sirvió jugo de naranja y un par de tostadas con mermelada. Devoró su desayuno en un instante y regresó a su habitación para tener su habitual llamada vía Skype con Haru. Casi suspiró aliviando cuando la llamada se terminó sin que Haru le preguntara si le sucedía algo. Eso debía significar que estaba haciendo un buen trabajo para ocultar su culpa y su remordimiento. Y también el hecho de que Sousuke le gustaba muchísimo. Aunque probablemente el que Sousuke le gustara Haruka ya lo sabía. Pero bueno, ellos dos tenían esa extraña habilidad de "leerse la mente".
Decidiendo que estar en casa no le iba a hacer bien, Makoto echó el traje de baño y otras pocas prendas en una mochila para encaminarse al club de natación local. Después de saludar a la recepcionista y a algunos de los instructores, fue a cambiarse rápidamente y se arrojó a la piscina. Ese día sólo quería nada libremente. Sin embargo, de una u otra manera sus pensamientos siempre terminaban volviendo a la noche anterior. Casi se ahoga cuando, rememorando lo poco que su cabeza podía – o quería, tal vez – recordar, cayó en la cuenta de que se le había escapado una frase que jamás debería haber abandonado sus labios. Ah demonios, podía recordar claramente el haberle soltado un "te quiero" a Sousuke. Después de eso no tenía recuerdos por lo que lo más probable fuera que se hubiera quedado dormido. Qué idiota, ahora sí que, probablemente, no tendría oportunidad de que Sousuke lo considerara al menos como un amigo.
Flotó un rato más mientras seguía recordándose lo idiota que había sido. Pero, a pesar de saberlo, también sabía que jamás sería capaz de olvidar lo que había pasado esa noche. Tampoco sería capaz de olvidar los sentimientos que albergaba por el futuro esposo de su hermana. Sí que dolía recordar eso.
Al poco rato decidió salir del agua. Se dio una ducha rápida para quitarse el cloro del cuerpo. Se vistió y fue a la pastelería de Ren, esperando que una buena dosis de dulce lo ayudara a sentirse mejor. Charló un rato con Chigusa, que ahora lucía un hermoso anillo en el dedo, y se puso a contarle que Ren le había propuesto matrimonio la noche anterior. Ah, habría otra boda pronto, supuso. Salió de la pastelería sintiéndose mejor y, en vez de irse a casa, fue a la oficina. Aquella oficina que Ren le había regalado cuando recién empezaba a tener éxito como patissiere. Tomó el cuaderno de dibujo y el lápiz prácticamente se movió solo. Un retrato de Sousuke, ¿es que era masoquista? Bueno, dado lo que había sucedido la noche anterior, probablemente la respuesta era un sí. Rebuscó entre sus lápices de color, pero ninguno se asemejaba al místico tono que tenían los ojos de Sousuke. Justo en ese momento, un poema se formó en su cabeza. Lo escribió rápidamente en su libreta cuando su celular comenzó a sonar.
Era su madre, preguntando preocupada dónde estaba. Miró su reloj y se dio cuenta de que eran casi las cinco de la tarde. El día se le había pasado rapidísimo. Su madre le pidió entonces que regresara y tomara el auto de su padre para ir a recoger a Yumiko, la hermana mayor de Sousuke, a su hotel. Al parecer sus padres y los padres de Sousuke habían ido a jugar golf y luego de compras y ahora todos estaban en la casa. Sólo faltaba Yumiko. Así que Makoto regresó a la casa, se cambió y fue al hotel. Yumiko ya lo esperaba en la recepción del hotel cuando llegó. La saludó con una leve inclinación de cabeza y le abrió la puerta del auto. Viéndola de cerca, se dio cuenta de que Yumiko era realmente hermosa y que sus ojos eran iguales a los de Sousuke, de un enigmático tono verdeazulado, casi imposible de describir.
—Makoto-kun, —el castaño se sobresaltó y se dio cuenta de que había sido muy maleducado de su parte el quedarse mirándola durante tanto tiempo —me parece que no habíamos tenido oportunidad de conversar antes —ella continuó con la conversación, normal, al parecer no le había molestado el que se quedara mirándola —Muchas gracias por venir a recogerme. Ah, y muchas gracias por cuidar de Sousuke anoche.
Makoto sintió su cuerpo tensarse ante la mención de Sousuke. La forma en que ella lo miraba… ¿sabría algo? No había forma de descifrar lo que ella estaba pensando. Él nunca había sido bueno para leer a las personas. Esbozó entonces una sonrisa y balbuceó algo como un "no fue nada", mientras ponía el auto en marcha. Ninguno de los dos habló y Makoto cada vez se sentía más inquieto, sin embargo, no tenía idea de cómo empezar una conversación con ella.
—Makoto-kun, ¿te gusta Sousuke? —las mejillas de Makoto enrojecieron y su ritmo cardiaco comenzó a acelerarse. ¿Qué clase de pregunta era esa? ¿Gustar? ¿Qué "tipo" de gustar? La miró de reojo, ella lo observaba con atención, esperando pacientemente su respuesta.
—C-Creo q-que e-es un buen m-muchacho —balbuceó —A-Aunque n-no lo conozco m-m-mucho… —Yumiko esbozó una sonrisa que Makoto no supo descifrar.
—¿Quieres mucho a tu hermana Ran? —el castaño asintió con la cabeza, relajándose cuando el tema cambió.
—Ran es una buena persona, puede ser escandalosa y berrinchuda, pero se preocupa sinceramente por los demás. Es increíblemente inteligente y muy buena en su trabajo. Aunque últimamente ha estado extra fastidiosa, creo que es sólo por el estrés de la boda —la sonrisa de Yumiko se amplió cuando Makoto finalmente se volteó para mirarla mientras esperaban que el semáforo cambiara.
—Eres un buen chico, Makoto-kun, —dijo —pero Sou es un grandísimo idiota —el castaño parpadeó, confundido —Lo que sucedió anoche entre ustedes, francamente pensé que eso abriría sus ojos, pero creo que me equivoqué —los ojos de Makoto se abrieron como platos. Atrás los demás autos sonaban sus bocinas. El semáforo había cambiado pero él se había quedado inmóvil —Será mejor que arranques —obedeció de forma casi mecánica, pero sus manos temblaban y apenas eran capaces de sostener el volante. Se estacionó en un restaurante familiar cercano y miró a Yumiko, con los ojos llorosos.
—¡Lo siento mucho, Yumiko-san! ¡En verdad lo siento mucho! —exclamó, agachando la cabeza —¡Todo esto es mi culpa, así que por favor no se enfade con Sousuke… san! —Yumiko no dijo nada —Sé que no merezco su perdón, pero se lo ruego, no se lo diga a Ran, no quiero arruinar su momento más feliz.
—No voy a decir nada —Makoto suspiró, aliviado, pero todavía no era capaz de mirar a la mujer a los ojos —En verdad eres un buen chico. Siempre piensas en los demás antes que en ti mismo. Y nada de esto es tu culpa, Makoto-kun. Es culpa de mi estúpido hermano. Vamos, levanta la cabeza —sintió la mano ajena en su barbilla y cuando levantó la cabeza, Yumiko estaba sonriendo —Sousuke me lo contó. Tenía que tomar un vuelo temprano, pero pasó por mi habitación y se arrojó a mis brazos como lo hacía cuando era un niño. Me lo contó todo. Ese chico, realmente no entiendo qué es lo que le pasa. "No puedo dejar de pensar en él desde el día en que lo conocí", me dijo, "sé que está mal". ¿Puedes creerlo? A pesar de saber que estaba actuando mal…
—E-Estoy seguro d-de que sólo fue la tensión de la boda, Yumiko-san —dijo Makoto, sintiendo que algo se rompía dentro de él al decir tales cosas —S-Supongo q-que es común e-en las despedidas de soltero el querer hacer alguna locura antes de p-pasar a la vida seria. N-No d-debería darle tanta importancia. Lo que haya pasado no cambia el hecho de que Sousuke-san ama a mi hermana y va a casarse con ella.
—Makoto-kun, sé que no debería decir esto, pero no me agrada Ran —Makoto miró a la mujer, extrañado. No era raro que a la gente no le cayera bien Ran, pero viniendo de una persona que parecía llevarse tan bien con su hermana, le parecía curioso —No creo que Sousuke esté tomando la decisión correcta al casarse con Ran. Él… algo está "roto" dentro de Sou desde que él lo rechazó —Yumiko pareció darse cuenta de que había hablado demasiado, porque se cubrió la boca con las manos —Bueno, como sea, —continuó —disculpa mi sinceridad, sé que es tu hermana y no es lo correcto ya que pronto seremos familia.
—Bueno, no es como si fuera la primera persona que me dice que no le agrada Ran —comentó, rascándose la cabeza, nervioso.
—Probablemente pienses que tengo un serio complejo con mi hermano —dijo Yumiko, riendo —y quizás así sea. Pero no puedo evitar pensar que Sou tomó una decisión precipitada. Ahora, no me molestaría si Sou quisiera casarse con un chico adorable como tú.
Las mejillas de Makoto enrojecieron nuevamente. Las palabras de Yumiko sonaba tan bien, pero él estaba consciente de que jamás podrían convertirse en realidad. Sousuke nunca jamás sería suyo. Makoto se puso en marcha, ya había visto varios mensajes de su madre preguntándole donde estaba, así que tenía que darse prisa. Yumiko comenzó entonces a preguntarle cosas sobre él. Makoto se relajó y pronto sintió que, probablemente, así debía sentirse uno cuando hablaba con su hermana mayor. Ran y él no solían hablar mucho, salvo que se tratara de "cómo ser útil para la familia Tachibana".
La cena de aquella noche transcurrió con normalidad. Ran seguía enfurruñada porque Sousuke no volvería hasta el día antes de la boda, por lo que no lo vería hasta que se encontraran frente al altar. Los padres de Sousuke parecían haberse convertido en grandes amigos de sus padres y no paraban de hablar acerca de lo felices que estaban de convertirse en familia. El padre de Makoto sacó su mejor champán y todos brindaron por la felicidad de los novios. Makoto miró de reojo a Yumiko, sin poder olvidar sus palabras. De pronto sintió la mirada penetrante de Ren sobre él. Miró a su hermano y este le hizo una seña para que lo acompañara. Entraron en la sala de televisión y Ren cerró la puerta con seguro.
—¿Ren?
—Makoto, ¿te sientes bien? —preguntó el mayor —Desde que te recogí hoy en la mañana te noto extraño —añadió, antes de que Makoto pudiera contestar —Sabes que, sea lo que sea que te esté molestando, puedes contar conmigo, ¿verdad? —Makoto no entendía a qué venía esa conversación en ese momento. Sólo podía pensar que no estaba haciendo un buen trabajo al ocultar sus emociones.
—No es nada, en serio, Ren —contestó —Yo sólo… —por un momento cruzó por su mente la absurda idea de contarle a Ren que estaba enamorado de Sousuke, pero sabía que eso sería una grandísima estupidez, así que buscó una excusa rápido —estoy nervioso por la boda. No entiendo por qué Ran me escogió para hacer el brindis —Ren le puso una mano sobre el hombro y suspiró, casi aliviado.
—Así que se trataba de eso. ¡Qué alivio! —el castaño miró a su hermano mayor, un poco sorprendido con su reacción —Pero no tienes que preocuparte, lo harás bien, Mako. Ran te escogió porque sabe que tienes facilidad de palabra. Escribes unos poemas hermosos después de todo. No vas a creérmelo, pero por un momento pensé en una grandísima estupidez.
—¿A qué te refieres?
—No vayas a reírte. ¡Promételo! —Makoto asintió con la cabeza, extrañado al ver cómo su hermano se había sonrojado tenuemente —Verás, el otro día estaba viendo un dorama con Chigusa. Se trataba de una chica que se había enamorado del prometido de su hermana. La hermana iba a casarse y, sabes que hay un momento donde dicen "que hable ahora, o que calle para siempre", entonces la chica se levanta y le grita al casi esposo de su hermana que lo ama —¿eh? —Qué estupidez, ¿verdad?, no sé cómo se me metió en la cabeza algo así cuando te vi decaído en la cena. Claro que eso jamás pasaría, además tú no eres una chica —Makoto se vio forzado a reír, aunque le doliera en el alma.
—Ren, creo que tienes que dejar de ver esos doramas, te están llenando la cabeza de ideas absurdas —ambos hermanos se echaron a reír y regresaron al comedor, donde el padre de ambos repartía más champán. Makoto se la bebió de un trago y se excusó diciendo que tenía que levantarse temprano para sus clases al día siguiente.
Así había sido el día después de su primera vez. Caótico, lleno de emociones y sentimientos encontrados. Tres días después, sus pensamientos seguían vagando entre Sousuke, Ran y las palabras de Yumiko. Se exprimía el cerebro tratando de entender qué había querido decir Yumiko con el "algo está roto en Sou desde que él lo rechazó". ¿Quién podía ser él? ¿Sousuke se había enamorado de un chico antes de hacerse novio de su hermana? ¿Quién en su sano juicio podía rechazar a un hombre como Sousuke? Estaba claro que él no podría, ni en un millón de años.
Miró el reloj que reposaba sobre su mesita de noche. Eran las once de la noche del día antes de la boda. Tenía que olvidarlo. Todo lo que tenía que ver con Sousuke. Después de la boda pasarían a ser familia. Faltaba poco para que Sousuke comenzara a llamarlo "cuñado". Lo mejor que podía hacer esa recoger los pedazos de su corazón roto, remendarlo y poner su mejor sonrisa cuando diera el discurso durante el brindis. Bueno, esa era la idea, pero no creía que masturbarse mientras pensaba en Sousuke fuera a ser de mucha ayuda si esperaba poder remendar su corazón. Ah sí, esa era la tercera noche que lo hacía. Darse placer con su propia mano era patético, más cuando pensaba en alguien que estaba tan lejos de su alcance. Lo sabía y aun así no podía evitarlo.
Tuve que morderse el labio para no gritar su nombre mientras alcanzaba el clímax. Se sentía tan patético, con la mano manchada de semen y una foto de Sousuke en su celular. Era tan estúpido. Un estúpido enamorado. Vaya, la frase hasta sonaba como de telenovela barata. Se sentó en la cama y se limpió, justo había acabado cuando alguien llamó a la puerta de su habitación. Arrojó la servilleta machada en el basurero y se arregló los pantalones, levantándose para abrir la puerta. Sus ojos se abrieron como platos al ver a la persona que estaba en su puerta. Haruka sonrió y en cuanto sus ojos se encontraron con los de Makoto el más alto se arrojó a sus brazos, abrazándolo con fuerza mientras comenzaba a llorar.
Haru cerró la puerta y los guio a ambos hasta la cama. Makoto seguía aferrado a la cintura de su mejor amigo, escondiendo su rostro en el cuello ajeno, mientras se desahogaba. Haruka simplemente le acarició el cabello, permaneciendo en silencio mientras esperaba a que Makoto se tranquilizara. Cuando finalmente Makoto se separó de Haru, su cuerpo temblaba y sus mejillas estaban humedecidas. Haru le limpió los rastros de lágrimas y le sonrió.
—¡Haru-chan, te extrañé! —exclamó el más alto, estrujando al de ojos azules en un abrazo del cual se separó para reprocharle —Dijiste que tu vuelo llegaba en la mañana, ¿qué haces aquí?
—Ya deja el "chan", Makoto. Quería sorprenderte, supongo. Y parece que llegué en el momento adecuado, ¿verdad? —sintiéndose ligeramente avergonzado, Makoto asintió con la cabeza —Makoto, te gusta, ¿verdad?, te gusta Yamazaki —el castaño se mordió el labio, asintiendo otra vez con la cabeza.
—Soy un caso perdido, ¿verdad?, siempre termino enamorándome de la persona equivocada —Haruka no contestó, en cambio volvió a abrazar al más alto. Era su forma silenciosa de darle apoyo.
—No está mal. Yamazaki. Es… apuesto —Makoto se separó de él y rió.
—"Apuesto" se queda corto, Haru. Él es… —Haruka lo miró con el ceño fruncido —¡Ah, es cierto!, dijiste que había algo importante que querías contarme —el más bajo desvió la mirada y Makoto pudo ver un leve sonrojo en sus mejillas —¿Haru? —el otro no dijo nada —¡No me digas que…! —Haruka asintió con la cabeza —¿En serio! ¡Eso es genial! ¿Desde cuándo? ¿Cómo fue? Ah, muy importante, ¿cómo se llama? ¡Quiero saber todos los detalles! —los dos amigos se miraron por un minuto. Makoto sonrió, complacido, y Haru soltó un nombre:
—Matsuoka Rin.
Básicamente, Haruka había empezado a salir con un chico. Se trataba de un nadador veterano que era parte del mismo equipo de natación que Haru. Era su senpai, le llevaba seis años y habían comenzado a salir apenas hacía una semana. Haru se le había declarado en una piscina cubierta de pétalos de Sakura y el chico se había puesto a llorar. Era japonés también, pero había vivido en Australia desde que terminó la preparatoria y ahora era un nadador reconocido. Makoto se dio cuenta de que Rin era alguien que podía entender perfectamente a Haru, a pesar de no tener la "telepatía" que ellos compartían al haber estado juntos desde niños. En medio del caos que era su mente, Makoto no podía más que sentirse feliz por su mejor amigo.
S & M
El gran día había llegado. El castillo de estilo europeo que había sido alquilado para el evento estaba hermosamente decorado. Los asientos en la capilla estaban llenos. El novio lucía apuesto con su traje entero de color gris y esperaba tranquilamente la llegada de la novia. Se escuchó la marcha nupcial de Mozart – porque Ran estaba completamente obsesionada con "Las bodas de Fígaro" – y la novia comenzó a desfilar por la larguísima alfombra roja que conducía al altar. Lucía hermosa con su vestido blanco entallado y el larguísimo velo que caía como una cascada. Sousuke tomó la mano de Ran y la ceremonia dio comienzo.
Makoto se encontró a sí mismo sonriendo mientras contemplaba el desarrollo de la ceremonia. El rostro lleno de felicidad de su hermana hacía que se le dibujara una sonrisa en los labios, a pesar de que sentía que su corazón se quebraba una y otra vez. Si se ponía a pensarlo bien, era tonto que se sintiera desdichado. Su hermana era una gran mujer, Sousuke jamás iba a cambiarla por una noche de pasión con él, mucho menos si el alcohol había estado involucrado. Ran iba a casarse con Sousuke, así es como debía ser. Sousuke le había dado el anillo a su hermana, le había pedido matrimonio porque la amaba. Así de simple.
Finalmente la ceremonia había llegado a la parte que, a ojos de Makoto, era la más importante. El sacerdote acababa de hacer la "gran pregunta". Pero, un momento, ¿por qué de repente todo el mundo murmuraba? Makoto miró a su alrededor, extrañado. Haruka, que estaba a su lado, señaló al frente con la cabeza. Sousuke se había quedado callado, como estuviera en shock, mientras Ran lo miraba, preocupada.
—¿Sousuke-san? —dijo entonces el anciano sacerdote. El aludido se sobresaltó, miró a la novia un momento y luego al sacerdote —Parece que está algo nervioso. Es normal, así que no se preocupe. Voy a repetir la pregunta: ¿Sousuke, acepta a Ran como su legítima esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, todos los días de su vida?
Por un momento Makoto sintió los ojos de Sousuke clavados en los suyos. Después de todo estaba sentado al frente al ser familiar directo de la novia. Nervioso, vio cómo Sousuke posaba sus ojos en Ran, con un gesto que no supo leer. Sousuke abrió la boca y sintió la mano de Haruka cerrarse alrededor de la suya. Sintió una suave presión en su mano, y entonces Sousuke finalmente contestó:
—Sí, acepto.
¿Qué era ese sonido? Ah sí, era el sonido del corazón de Makoto, rompiéndose por enésima vez en miles de pedazos. Eran las ilusiones de Makoto escapándose de entre sus manos. Sus absurdas esperanzas burlándose de su estupidez e ingenuidad. Eran los vítores y aplausos de todos los asistentes cuando los esposos compartieron su primer beso. Era la tonada que Ran había elegido para el momento en que caminara junto a Sousuke por la alfombra roja, mientras les arrojaban granos de arroz y pétalos de rosas. Eran las risas alegres de la feliz pareja. Y, finalmente, era el sonido de una puerta que se cerraba para siempre para Makoto.
El nuevo capítulo podría estar listo antes de lo que se imaginan. Después de todo, ando "encendida" con esta historia. Había tantas cosas más que quería poner, pero ya me habría quedado demasiado largo. Bueno, espero que les haya gustado tanto como a mí.
