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Para quienes pensaban que Ran estaba embarazada, bueno, eso se responderá en este capítulo. Y en cuanto al número de capítulos, siempre hago un cálculo aproximado cuando empiezo a escribir, pero al final nunca acierto (como con Somos hermanos que originalmente iba a tener 30, lo cual no va a pasar), así que realmente no puedo decir con seguridad cuántos va a tener, lo que sí puedo asegurar es que todavía le quedan más de siete.


[Acto VI]

Se le llama 'recomenzar'

Salió corriendo y entró al baño, cerrando de un portazo. En ese momento no le importó que hubiera un par de personas más en el baño de hombres. No le importó su rostro lloroso y su desastroso aspecto, tampoco le importaba que alguien más lo viera. Sólo quería desahogarse. Llorar y llorar sin que nadie lo viera, sin que nadie lo escuchara y sin que nadie lo criticara por llorar como una niña, sólo porque la persona de la que se había enamorado nunca, jamás podría ser suya. Porque Sousuke había dicho que no iba a olvidarse de lo que había pasado aquella noche, pero él estaba más que dispuesto a usar cada fibra de su ser para sacarse del pecho esos sentimientos que tenía por su ahora cuñado. Sin embargo no podía dejar de preguntarse por qué la vida tenía que ser tan cruel con él. Nunca había podido tener aquello que quería, siempre había estado atado a lo que su familia le ordenaba.

Los sollozos lastimeros de Makoto retumbaban por las paredes del baño, pero ya no parecía quedar nadie. De igual manera poco le importaba. Ya no le importaba nada. Ni siquiera se sentía con fuerzas para ir y desearle felicidad a su hermana. Demonios, ¿cómo podía desearle felicidad a la persona que le estaba arrebatando a quien quería? No es como si Ran lo supiera – o fuese a saberlo en algún momento – pero no podía. No tenía las fuerzas ni la determinación para ir allí afuera y enfrentar a Sousuke. Quería verlo, pero al mismo tiempo sólo deseaba que desapareciera de su vida. Quizás no volver a verlo jamás sería lo mejor para él.

No sabía cuánto tiempo había pasado desde que se encerró en el pequeño cubículo, pero de nuevo se escuchaban pasos afuera. Notó que alguien caminaba hacia donde él estaba y se detenía justo enfrente de su cubículo. Frunció el ceño, ¿es que no había muchos otros cubículos vacíos? Escuchó unos golpecitos en la puerta, pero lo ignoró. Que sí, demonios, estaba ocupado. Otro golpecito. Cuando Makoto iba a quejarse, escuchó una voz del otro lado. Una voz que lo hizo sentirse aliviado.

—Makoto —el castaño abrió la puerta y se arrojó a los brazos de su mejor amigo, echándose a llorar nuevamente. Haruka tuvo que hacer malabares para no caerse por la fuerza con que Makoto lo había lanzado hacia atrás —Lo supuse. Algo pasó entre Yamazaki y tú cuando Gou y yo nos marchamos.

—Lo besé, Haru —respondió el más alto, casi sintiéndose asqueado de sí mismo —Besé a un hombre recién casado, al esposo de mi hermana, al hombre que me violó. ¡Lo besé! —exclamó entre sollozos —Y lo peor de todo es que ¡no me siento ni un poco culpable! ¡Quiero volver a besarlo, Haru! S-Soy de lo peor… N-No puedo soportarlo m-más…

Haruka hizo que Makoto se sentara sobre el piso de azulejo junto con él y le acarició la espalda mientras dejaba que el otro se desahogara. Se quedaría a su lado todo el tiempo que necesitara. Odiaba ver sufrir a su mejor amigo y probablemente lo que había escuchado – y había planeado contarle – terminaría por destrozarlo. Pero… quizás era mejor "soltar la bomba" de una sola vez. Después de todo, Haruka estaba seguro de que Makoto tenía plena consciencia de que Sousuke jamás podría estar con él. Porque, a pesar de que parecía que Sousuke quizás podría sentir algo – por mínimo que fuera – por Makoto, él había elegido a Ran. Y Haruka no iba a ser el que le diera falsas esperanzas a su amigo.

—Makoto, hay algo que necesitas saber —el castaño levantó su rostro lloroso para mirar a su amigo. Haruka lucía serio y Makoto se preocupó —Cuando venía hacia acá, escuché a Ran decir algo.

—¿De qué se trata? —preguntó.

—Parece que ella y Yamazaki se marcharán pronto. A China —los ojos de Makoto se abrieron como platos —Van a vivir juntos en China luego de la luna de miel. Supongo que se debe a que es más conveniente por sus trabajos.

Makoto formó una O con su boca antes de cerrarla y comenzar a llorar en silencio. Gruesas lágrimas rodaban por las mejillas del castaño, pero ni un solo sonido escapaba de sus labios. Sus manos habían soltado la cintura de su mejor amigo y ahora limpiaban sus ojos y mejillas húmedas. De pronto decidió que había llorado suficiente. No podía ahogarse en un vaso de agua. Se puso de pie y abrió el grifo, echándose un buen poco de agua en la cara. Borró todo rastro de las lágrimas de su rostro, se dio unas palmaditas en las mejillas y se limpió el exceso de agua con una toalla de papel. Compuso una sonrisa, de esas que decían "todo está bien" y se volteó para mirar a su mejor amigo. Haruka asintió con la cabeza, entendiendo al instante lo que el otro quería decirle. Sí, nadie podría decir por su rostro que había estado llorando, porque Makoto había compuesto esa sonrisa perfecta que, aunque se sintiera endemoniadamente mal, podía engañar a cualquiera. Menos a unos pocos que lo conocían muy, pero muy bien.

—Esto es bueno para mí, Haru —dijo entonces —Si él se marcha me será mucho más fácil olvidarlo. Así, si algún día volviera a verlo, podré acercarme y estrecharle la mano con normalidad. Después de todo, a partir de ahora somos familia. Y uno no se enamora de su familia, ¿verdad?

Dicho esto, el más alto caminó al frente para salir del baño. Haruka entonces lo sujetó de la muñeca. Makoto se volteó y lo miró con gesto interrogante.

—Ven conmigo a Australia —el de ojos verdes miró a su amigo como si este se hubiese vuelto loco —Con tus notas, no será difícil que solicites un traslado a una universidad en Sídney. Terminarás tu carrera y luego serás libre de hacer lo que quieras —Makoto compuso una sonrisa melancólica.

—Mis padres jamás permitirían que haga algo como eso, Haru. Aunque aprecio tu oferta, nada me haría más feliz que vivir con mi mejor amigo, pero tengo que ser realista. Mi futuro ya ha sido decidido. Me graduaré con honores de la universidad y trabajaré para la empresa de mi familia, tal y como mi padre lo desea. No tengo permitido tener sueños propios, pero está bien, ya estoy acostumbrado.

—Piénsalo, Makoto.

El castaño no contestó. Simplemente se volteó y caminó de regreso a la fiesta. No había nada que pensar, aunque apreciaba la preocupación de Haruka. No había forma de que él se librara del destino que pesaba sobre los hombros de cualquiera que nacía en el seno de la familia Tachibana. A excepción quizás de Ren, al que faltó poco para que "exiliaran". Ah, pero si se ponía a pensarlo, ¿cuál era la diferencia entre Ren y él? ¿Por qué había logrado él oponerse a su destino y forjar el suyo propio? Claro, ya lo recordaba. Él había sabido hacerse valer. Le había demostrado a su familia que era capaz de sobrevivir, de seguir adelante por su cuenta sin usar la fama que traía consigo el apellido Tachibana. ¿Podría acaso hacerlo él también? No, qué va. Ren era muchísimo más valiente que él. Así que lo mejor que podía hacer era dejar de soñar despierto.

Haruka lo alcanzó momentos después y fueron a reunirse con Gou y Seijuro. Makoto vio de reojo cómo Sousuke conversaba con su hermana, Yumiko, que parecía molesta por algo, pero no le dio importancia. Mientras bailaba con su madre, Makoto casi podía jurar que Sousuke lo había estado mirando, pero rápidamente le restó importancia, suponiendo que sus sentimientos por él lo estaban volviendo paranoico. El resto de la fiesta, Makoto se la pasó tranquilo, charlando con sus amigos, con su familia; bailando, riendo, bebiendo. Y así la gran noche había terminado con un concierto en vivo. Se trataba del grupo preferido de Ran y había sido un regalo de Sousuke. Los esposos bailaron una última canción, dándose un beso antes de que los padres de ambos subieran al escenario para agradecer una última vez a todos los presentes. Los esposos habían sido llevados en carruaje al área del castillo donde iban a hospedarse y donde, seguramente, comenzarían con su tan anhelada luna de miel.

Cuando todo hubo terminado, Makoto fue a su habitación. Por primera vez dio gracias por no compartir una habitación con su mejor amigo. No quería que Haru lo viera autodestruirse. ¿A qué se refería con autodestruirse? Pues… Makoto había encendido su laptop, proyectando en la pantalla una fotografía de Sousuke en traje de baño – que había robado del celular de su hermana hacía unos días – y había comenzado a desvestirse. Quitando el botón del pantalón y bajando la cremallera, Makoto introdujo su mano por dentro de la ropa interior y comenzó a tocarse. Se sentía sucio al masturbarse mientras miraba una foto y pensaba en el esposo de su hermana. Y fue cuando recordó la noche en que había tenido sexo con él que finalmente se corrió. Nunca antes se había sentido tan culpable al masturbarse, pero no había podido evitarlo. Lo necesitaba. Necesitaba eso para comenzar a olvidar. Después de un rato, Makoto cayó dormido entre restos de semen, lágrimas y sudor.

A la mañana siguiente, mientras se metía en la tina, volvió a pensar en lo que Haruka le había dicho. De pronto la idea de "escapar" a Australia sonaba condenadamente tentadora. Hey, soñar no estaba prohibido, ¿verdad? En ese momento pensó que quizás, sólo quizás, no era tan mala idea probar suerte y comentárselo a sus padres. Necesitaba alejarse de todo lo que le recordara a Sousuke o de lo contrario no sería capaz de seguir adelante. Con esa mentalidad positiva terminó su baño, se vistió y se tendió en la cama. Al día siguiente estaría de vuelta en la universidad y, probablemente, su hermana ya se hubiese marchado. Antes de eso se aseguraría de despedirse apropiadamente de ella y desearle felicidad eterna, algo que no había sido capaz de hacer la noche anterior.

S & M

Ran no había dejado de mirarlo de forma insinuante, acariciando su muslo con la mano, peligrosamente cerca de su intimidad. Sousuke le había sujetado las manos y la había mirado de forma amenazante, exigiéndole que se comportara al menos hasta que estuvieran en la habitación. La gran cantidad de alcohol que había consumido no ayudaba y Ran no era capaz de controlarse. Cómo olvidar que su ahora queridísima esposa solía "prenderse" cuando bebía. Ah, esa prometía ser una noche apasionada. Entonces finalmente llegaron y bajaron del carruaje. Para no perder la costumbre, Ran vomitó en cuanto se bajó y Sousuke tuvo que cargarla como una princesa para evitar un berrinche que molestara alguien más. La tendió en la cama con toda la delicadeza que pudo y le quitó los zapatos.

Con una agilidad impropia de una persona alcoholizada, Ran se había sentado en su regazo y había comenzado a besarle el cuello. Arrancó los botones de su saco y varios botones de la camisa en un intento por desvestirlo. Sousuke le bajó la parte superior del vestido de un tirón, deleitándose con la suavidad de su piel, mientras su lengua se encargaba de "atender" a su necesitada esposa. Ran le clavó las uñas en la espalda y comenzó a moverse de forma sugerente sobre él. Casi olvidándose de que no hacía mucho Ran había vomitado, Sousuke la haló del cabello y selló sus labios con los de ella.

Ran empujó a Sousuke sobre la cama, quitándose el vestido antes de arrojarse sobre él para tocarlo por encima del pantalón. No pasó mucho tiempo para que Sousuke sintiera también la necesidad de ser tocado. Se quitó el resto de prendas que cubrían su cuerpo y haló a Ran para que quedara debajo de él. Jugaron un rato más, hasta que el deseo fue tal que ninguno de los dos pudo resistir mucho más. Hicieron el amor en todas las posiciones imaginables. Aquello casi había sido como una clase práctica del kamasutra. A pesar de que probablemente habían pasado horas haciéndolo, Sousuke no se sintió saciado. Algo faltaba. Unos brillantes ojos verdes – que no eran los de Ran – se colaron en sus pensamientos. Miró el rostro dormido de su esposa – que había comenzado a roncar – y deseó con todas sus fuerzas no tener ojos para nadie más, a pesar de que, hipócritamente, le había dicho a Makoto que no iba a olvidarse de lo que había pasado entre ellos. Y es que estaba casi seguro de que el recuerdo de Makoto se quedaría grabado a fuego en su memoria para siempre.

Como no tenía sueño, Sousuke se levantó y fue hasta la salita, sentándose en el sofá, y encendió la televisión. El canal de espectáculos lo recibió con la noticia de "el nuevo amorío del chico consentido de Australia", según la presentadora.

El carismático y talentoso nadador japonés, que recientemente ha obtenido la nacionalidad australiana, Rin Matsuoka, ha vuelto a imponer un nuevo récord en el nado de estilo mariposa. Sin embargo, la verdadera novedad es esta: parece que finalmente alguien ha logrado domar al tiburón indomable. ¡Sí, así como lo oyen! Nuestras cámaras captaron a Rin muy cariñoso con un apuesto joven durante sus vacaciones en Fiji. Aquí podemos ver cómo están tomados de las manos e incluso se besan sin importarles que alguien pueda verlos.

Vaya. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que vio a Rin? ¿Siete años?, no estaba seguro de que había pasado más tiempo. El control remoto se le había caído de la mano. No entendía por qué pero de pronto sus manos habían comenzado a temblar y… ¿qué?, se llevó una mano a la mejilla. Eso era… ¿una lágrima? No, no y no. No podía ser. Ese trauma ya debía estar más que superado. Sonrió con amargura. Bueno, supuso que olvidar al primer amor no debía ser nada fácil, ¿eh?, más aún cuando ese primer amor le había roto el corazón tantas veces. Supuso que no podía más que alegrarse por él, aunque realmente, dada la forma en que las cosas habían terminado entre ellos, no estaba seguro de si debía importarle. Realmente no sabía cómo sentirse con la revelación de que Rin estaba saliendo con alguien.

¿Dónde había visto a ese chico? Esos ojos… ese rostro inexpresivo…

Según nuestras fuentes, el nombre de este adorable chico, japonés también, es Haruka Nanase, quien llegó a Australia con una beca deportiva de la Universidad de Sídney.

Haruka Nanase. Haruka Nanase. ¡Ah, sí! Era ese chico con rostro de piedra, el amigo de Makoto que había estado en la boda, el exhibicionista obsesionado con el agua. Sousuke no sabía si llorar o reír. ¿Cómo demonios Rin se había fijado en un mocoso como él? ¿Qué era lo que podía haberle visto? Ni siquiera era bien parecido y aunque no se había fijado bien, podía estar seguro de que su cuerpo no estaba ni la mitad de bien tonificado y definido que el de Makoto. No, era demasiado flacucho. Quizás la única virtud eran sus ojos de un azul misterioso que de pronto podían resultar… atrapantes.

Interesado de pronto y sin ganas de dormir, Sousuke encendió la computadora portátil de la habitación y tecleó "Nanase Haruka". De pronto le interesaba saber más acerca del mocoso que había conquistado a Rin. No supo por qué pero de pronto pensó algo como "qué tiene él que no tenga yo". Sí, esa era la pregunta porque, modestia aparte, él era mil veces más caliente que el tal Haruka. Bueno, tenía que agradecer el poder distraerse un poco para evitar pensar en Makoto.

S & M

Había pasado una semana desde la boda de Ran y Haruka se había marchado a Australia dejándole un gran vacío. Tal vez era porque estaba más sensible de la cuenta con todo lo que había pasado, pero casi no dejaba que su amigo se fuera. Ren tuvo que arrastrarlo de vuelta al auto o de lo contrario Haruka habría perdido su vuelo. Sin embargo Makoto finalmente había tomado una decisión. No podía seguir llorando y lamentándose, tampoco podía conformarse con el destino que tenía como un Tachibana. Por eso había dicho a sus padres que necesitaba hablarles de algo importante. Ni siquiera a Ren había querido decirle de qué se trataba.

Cuando regresaron a la casa, Makoto comenzó a temblar. Sus padres estaban sentados en la sala, bebiendo té. Pero había alguien más allí. La presencia de esa persona no entraba en sus planes. ¿Había calculado mal? No, se suponía que Ran debía estar en un avión de camino a Shanghái. ¿Qué estaba haciendo ahí? Su madre levantó la cabeza y sonrió al ver a sus hijos entrar.

—Ran, ¿qué estás haciendo aquí? —Ren se le adelantó y preguntó —Vi cuando Sousuke entraba al aeropuerto.

—Sorpresa, sorpresa —contestó ella, sonriendo —Tuvimos un problema con la tina del baño principal de nuestra nueva casa. El contratista llevó la equivocada, así que Sousuke dijo que se encargaría de que todo estuviera perfecto antes de que yo llegara. Faltaron también algunos detalles de completarse, así que le dije que no quiero llegar a una casa que luzca incompleta. Así que estaré aquí hasta el fin de semana —genial, pensó Makoto en ese momento.

—Como dijiste que necesitabas hablarnos de algo importante, me pareció lo más conveniente que Ran estuviera presente también —comentó la señora Tachibana. Makoto de pronto sintió que quería golpear a su madre. Y de paso golpear a Ran por ser tan entrometida —Entonces, ¿de qué se trata cariño? —Makoto se quedó inmóvil y Ren tuvo que darle un empujoncito para que se sentara en el sofá enfrente de sus padres.

—Anda, Mako, cuéntanos de qué se trata —añadió su padre. De pronto Makoto había perdido todo el valor que había logrado acumular en días pasados. La presencia de Ran no podía ser buena para él. Sin embargo ya no había marcha atrás. Makoto respiró profundamente antes de hablar.

—Mamá, papá, me gustaría pedir un traslado a la Universidad de Sídney —lo dijo todo tan rápido que los señores Tachibana tuvieron que pedirle que lo repitiera —Quiero ir a Australia y terminar mi carrera en la Universidad de Sídney —después de un momento de silencio donde sus padres se miraron, Ren lo miró asombrado y Ran soltó un bufido, la señora Tachibana tomó la palabra:

—¿Alguna razón importante por la cual quieras abandonar la universidad de primer nivel en la que estudias ahora para marcharte? ¿Acaso no estás conforme con el nivel de la educación? Sabes que si hay algo que te molesta, podemos hablar con el decano y…

—No, no. No se trata de eso, mamá —contestó —Solamente me gustaría… expandir mis horizontes. Me gustaría dejar de depender tanto de ustedes y ver si soy capaz de valerme por mi cuenta.

—No hay necesidad de eso —espetó Ran, cruzándose de brazos —No necesitas "aprender a valerte por ti mismo", tú no eres como los otros chicos, Makoto. No eres como Haru. Tú tienes una buena vida garantizada, así que sólo es cuestión de que te centres en tus estudios. Ya estás en una universidad de primer nivel, así que no hace falta que hagas a nuestros padres perder el tiempo tramitando un traslado —Makoto agachó la cabeza, porque sabía que no había forma de que pudiera ganar contra el argumento de su hermana. Pero entonces…

—Yo creo que es una gran idea —ese era Ren —En el futuro Makoto seguramente se convertirá en gerente de una de las ramas de la compañía, así que pienso que esta sería una experiencia enriquecedora para él. Ran, tú sabes que Makoto es un muchacho introvertido. Yo creo que le hace falta relacionarse con gente nueva para que vaya forjando su carácter y adquiera seguridad para el momento en que le toque estar al frente como un líder —Makoto miró a su hermano, agradecido. Ran no dijo nada —Claro que esta es sólo mi opinión, pero no creo que sea tan difícil conseguir ese traslado. Makoto es un excelente estudiante, además me parece que el decano de la Universidad de Sídney es un viejo amigo tuyo, ¿no, papá?

—Ah, sí, el viejo Spence. De hecho estuvo en la boda de Ran y ¡ah!, ahora que lo mencionas, me comentó que se quedaría un par de semanas más en Japón —dijo el señor Tachibana —Podríamos invitarlo a cenar y hablar sobre ello. Estoy seguro de que le encantará conocerte, Makoto —el castaño no pudo evitar sonreír. Ren le guiñó un ojo y señaló a Ran, que lucía molesta.

—¿Tienes algo que decir, Ran? —preguntó la madre.

—Sí. Me parece que sé cuál es la verdadera razón por la cual Makoto quiere marcharse —contestó, bebiendo un sorbo de té —Estoy segura de que Haru le metió ideas raras en la cabeza. Ya lo había hecho antes, ¿recuerdan?, cuando lo convenció para que se inscribiera en un club de natación —Makoto frunció el ceño e iba a replicar, pero Ren lo detuvo negando con la cabeza —Si mal no recuerdo, Haru está viviendo en Sídney. Si dejamos que Makoto se vaya, se olvidará de sus estudios y se dedicará a perder el tiempo.

—No lo creo —intervino el padre —Makoto no es así, tú que eres su hermana deberías conocerlo mejor. Makoto siempre ha sido obediente y ha seguido al pie de la letra todo lo que le pedimos. Es un estudiante excelente y estoy seguro de que lo será adonde sea que vaya. Además, estoy de acuerdo con Ren, Makoto necesita volverse más fuerte para estar al frente de la compañía.

—Papá… ¡Mamá, di algo! —replicó la mayor de los Tachibana —Tú eres una mujer sensata, no puedes estar de acuerdo con esta locura —Makoto no podía creer que su hermana fuera tan insistente. ¿Por qué se oponía tanto a la idea? ¿Acaso no tenía ella su vida perfecta ya? ¿Por qué no podía dejarlo en paz? —Piénselo un momento, ¿qué pasa si Makoto decide revelarse y no regresar?

—Ah sí, es posible —intervino Ren —Ya puedo imaginarlo. Estás en Europa, entras a una librería y de pronto te encuentras con una multitud alrededor del autor más popular del momento. Y ¡sorpresa!, cuando te acercas te das cuenta de que se trata de Makoto —Ran se quedó boquiabierta —Vamos, Ran, ¡como si eso fuera suceder!, incluso si así fuera, yo no me opondría, pero ese no es el punto. El punto es que tienes que aprender a dejar de meterte donde no te llaman, hermanita.

—¡Meterme donde…! ¡Sucede que me importa porque Makoto es mi hermano! —exclamó Ran, poniéndose de pie para enfrentar a su hermano gemelo —¿Acaso no entiendes que el futuro de la compañía depende de él?

—No, Ran, ahí te equivocas —la interrumpió Ren —El futuro de la compañía depende de ti, la brillante heredera, la señora Yamazaki Ran. Tú misma has dicho que ninguno de nosotros está a tu altura, que nosotros jamás seríamos capaces de suceder a nuestros padres al frente de la compañía. Entonces, ¿qué tienes que perder?, al contrario podrías ganar mucho si Makoto llega a estar a tu altura, ¿no crees? —Ran entonces se quedó sin argumentos para refutar. Makoto estaba sorprendido por la forma en que Ren había intercedido por él. Ran volvió a sentarse.

—Ran, entiendo tu preocupación, pero estoy segura de que podemos confiar en Makoto. Lo hemos criado bien; es un buen chico, pero él tiene que aprender a valerse por su cuenta, tú no puedes ser su modelo a seguir toda la vida. Podrías ser un poquito más sincera y decir que no quieres que vaya porque vas a extrañarlo —aunque Makoto sabía que esa era la última razón por la que Ran se opondría.

—Muy bien, si ustedes están de acuerdo con esta locura, no hay nada que pueda hacer —dijo finalmente —Pero si las cosas resultan mal, después no vengan a llorarme y decirme "ah, tenías razón". Makoto, —la mujer le dedicó un gesto severo —puedes olvidarte de que tienes una familia si alguna vez llegas a desviarte del camino y nos traicionas. Si eso pasa, olvidaré que tengo un hermano llamado Makoto.

—¡Ran, has el favor de comportarte! —la regañó el padre —Estás paranoica, no sé qué te pasa. Makoto, —el padre miró al menor de sus hijos —vamos a hacer todo lo posible para que el traslado se dé lo más rápido posible. Sólo prométeme que te cuidarás y continuarás estudiando.

—Sí, papá. Muchas gracias. A los tres —dijo, mirando a sus padres y a su hermano. Ran se levantó y salió de la casa, dando un portazo. Mientras sus padres entraban en la cocina y se preguntaban qué demonios sucedía con su hija mayor, Ren le dio unos golpecitos en la espalda a su hermano menor.

—Por poco y no lo logramos. Pero tengo que admitir que me sorprendiste, si me hubieras dicho algo antes, podría haber planeado algo mejor.

—Has hecho suficiente, en verdad te lo agradezco, Ren. De no haber sido por ti, papá y mamá habrían cedido ante los argumentos de Ran.

—Hice lo que creí correcto. Tú eres como yo, Mako, no estás hecho para encerrarte en un aburrido trabajo de oficina. Creo que tienes un gran futuro como escritor, así que no temas "desviarte del camino" si así lo quieres. No te preocupes por lo que dijo Ran, tú siempre serás Makoto, mi hermanito menor. Siempre seremos familia —levantó el meñique —Yubikiri genman.

Lo que Makoto no sabía era que en el futuro esa promesa sería la que me permitiría mantener la esperanza cuando su propia familia se volviera en contra de él. Porque aunque no fuera digno del apellido Tachibana, Ren siempre sería su hermano. Cuatro años pasarían después de ese día, el día que cambiaría la vida de Makoto para siempre. Y es que en cuatro años pueden pasar muchas cosas. Cosas buenas y cosas malas. Una tarde, en una librería en Frankfurt, en encuentro imprevisto cambiaría la vida de tres personas, protagonistas de un drama digno de una telenovela. Porque una noche, durante una fiesta de compromiso, un terrorista se había infiltrado sin que nadie lo supiera.