Lamentablemente no encontré la inspiración suficiente para publicar este capítulo antes de Navidad, pero mejor tarde que nunca ¿eh? Al menos logré subirlo antes de Año Nuevo, así que digamos que es un regalito de Año Nuevo. Ah y como difícilmente podré subir algo en los pocos días que quedan de este año, quiero desearles un Feliz Año Nuevo, ¡que se la pasen bien durante las fiestas!
[Acto 7]
Kodoku Itami
Era el tercer año consecutivo que era galardonado con el Premio Pritzker y Sousuke estaba casi seguro de que esa era la razón con más peso que hacía que Ran siguiera junto a él. Como lo había prometido, ella se había encargado de convertirlo en el mejor arquitecto, habiendo opacado para entonces – por mucho – lo que había hecho Yamazaki Yumiko – a quien por ciertos motivos había dejado de referirse como su "hermana" – en tiempo récord. El Salón del Automóvil de Fráncfort era su mayor orgullo y era el motivo por el cual hacía un tiempo había tenido que comprar un apartamento en la que era la quinta ciudad más grande de Alemania. Además de ser el motivo por el cual la gente lo reconocía en la calle y de vez en cuando armaba un pequeño alboroto, pidiendo una foto o un autógrafo. Por tales razones, esa tarde había decidido ponerse unos lentes y caminaba con la cabeza agachada mientras se dirigía La Cúpula, que era el sitio donde ese año se celebraba la famosa Feria del Libro de Fráncfort.
La Cúpula era un edificio que el mismo Sousuke había diseñado, inspirado en el Reichstag en Berlín y la Casa de la Ópera de Sídney. No hacía falta decir que las calles aledañas a La Cúpula estaban colmadas de gente que se apresuraba para... bueno, realmente no sabía por qué armaban tanto alboroto. Había alcanzado a escuchar a unas chicas hablar acerca de una firma de autógrafos, pero había pasado mucho tiempo desde que se armó tal conmoción por un autor. Suponiendo que sería alguna "sensación del momento", le restó importancia y siguió esquivando a la gente hasta alcanzar el interior del recinto. Allí se encontró con el encargado de la feria y charló con él un rato, para luego despedirse y recorrer el lugar. Quizás podría encontrar algún libro interesante que llenara el vacío que sentía últimamente. Además, aunque no quisiera admitirlo, sentía curiosidad por ese nuevo autor del que todos hablaban.
Miró a su alrededor y por todas partes colgaban pancartas y afiches promocionando un libro llamado "Tú, yo y la traición". Pero lo que le llamó más la atención fue que el nombre del autor – o autora, realmente no estaba seguro – era japonés. Se hacía llamar Kodoku Itami y precisamente era el puesto donde estaban sus libros el que estaba abarrotado de gente. Si el autor era o no japonés, sólo podría comprobarlo acercándose para verlo. Dio gracias a su altura y levantó la cabeza por encima de la multitud de jovencitas emocionadas, apretando el grueso volumen de "Tú, yo y la traición" contra el pecho. Bueno, dadas las reacciones – chicas arreglándose el cabello o retocándose el maquillaje – asumió que en efecto se trataba de un hombre.
Sousuke extendió la mano para agarrar un volumen. El libro era grueso, de pasta dura y con la imagen de una rosa siendo atravesada por una espada en la portada. Lo abrió y notó que el nombre del autor estaba escrito en katakana. Llamó su atención también un cartel cerca de la mesa – rodeada de libros – que decía: "el best-seller que se ha traducido a más de quince idiomas y ha recorrido el mundo. Una joya escrita por el maestro Itami". Vio entonces al personal de la feria acomodar a la gente en fila y, al haber llegado de último, le tocó ponerse al final. En ese momento, una mujer apareció. Se trataba de una mujer que él conocía muy bien. Ella tenía sus mismos ojos y llevaba el cabello negro largo hasta los hombros. Al instante lo invadió una sensación de añoranza y aquellos dolorosos recuerdos se revolvieron en su cabeza. Yumiko. La persona que había sido su hermana ahora estaba casada con un australiano de ascendencia japonesa y había cambiado su apellido a Minami.
—Buenas tardes y bienvenidos sean todos a la firma de autógrafos de Itami-sensei —curioso le pareció que ella se dirigiera al autor de esa manera —Quiero aprovechar el momento para agradecer a los organizadores por esta oportunidad y a todos ustedes que están aquí por sensei. Sin más preámbulo, les pido que por favor recibamos con un fuerte aplauso a Kodoku Itami.
La multitud aplaudió con fuerza. Vítores y gritos no se hicieron esperar cuando el famoso autor finalmente apareció por detrás de un biombo decorado con flores de cerezo. Vaya, era más joven de lo que había imaginado. Se trataba de un muchacho alto, de cabello castaño y ojos verdes, llevaba unos lentes de montura cuadrada y una camisa con cuello alto, de color negro que se ajustaba bien a su evidentemente trabajado torso. El muchacho levantó una mano a modo de saludo y sonrió tímidamente, como si tal multitud lo intimidara. Decir que era atractivo habría sido subestimarlo. La palabra se quedaba corta para describir lo bien parecido que era. Ah, un momento. Cuando Sousuke cayó en la cuenta de quién se trataba, el libro resbaló de su mano y sus ojos se abrieron como platos. No, imposible. No podía ser. No podía tratarse de… él.
—Muchas gracias a todos por estar aquí hoy —cuando lo escuchó hablar con esa voz tan melodiosa, no le quedó la menor duda. Era él —Yo… ah, en verdad estoy nervioso, Yumiko-san —esto último lo dijo en japonés, haciendo que las chicas soltaran un gritito de emoción. Yumiko le dedicó un gesto tranquilizador, entonces el castaño respiró profundamente y siguió —Francamente aún estoy sorprendido; puede que algunos no lo sepan, pero este libro inició como un diario. En mi vida han pasado muchas cosas complicadas y cuando no era capaz de soportarlo, lo escribía todo. Casi no recuerdo cuántos cuadernos llené con enojo, frustración, alegría. Puede sonar cliché, pero nunca pensé en ser escritor, no hasta que Yumiko apareció y, por casualidad, leyó mis cuadernos. Tengo que admitir que al principio estaba molesto con ella por haberlo hecho, —el autor miró a la mujer de reojo y ambos soltaron una risita. Se notaba que él se había relajado porque su alemán sonaba más fluido —pero ahora estoy seguro de que, de no haber sido por ella, no habría podido derrotar a mis… demonios del pasado.
A Sousuke esa frase casi le sonaba cómica. Derrotar a sus demonios del pasado. Él no había sido capaz de derrotar a su demonio y ahora después de cuatro años, el demonio con cara de ángel que lo había perseguido en sueños, volvía a aparecer frente a él. Aquel demonio que lo había hecho pasar tantas noches en vela, ese demonio que jamás había podido exorcizar. El demonio del que, irremediablemente, había terminado enamorándose. Sí, por más cliché que pudiera sonar, Sousuke no había podido más que enamorarse del que fuera el hermano menor de su esposa – y decía "fuera" porque Ran también tenía su historia – total y perdidamente. Seis meses después de su boda, se había dado cuenta de que esa era su realidad. Demasiado tarde, quizás.
Tan distraído como estaba, Sousuke no se dio cuenta del momento en que la ordenada fila se había deshecho y la gente luchaba por tocar al menos la manga de la camisa del popular escritor. Frunciendo el ceño, a Sousuke no le quedó más que hacerse a un lado, recoger el libro que había dejado caer y esperar pacientemente una oportunidad para acercarse él. ¿Para qué?, realmente no estaba seguro. Podía jurar que ninguna palabra coherente saldría de su boca si lo tenía enfrente. Pero no podía simplemente irse ahora que, finalmente después de cuatro años, lo había encontrado, aunque hubiese sido por casualidad.
Sousuke vio cómo los encargados de seguridad volvían a ordenar a la gente en una sola fila, dando así inicio a la firma de autógrafos. Algunas chicas más osadas incluso aprovechaban la oportunidad para tomarse una foto mientras abrazaban al autor. Habiendo perdido de vista a Makoto detrás de la ola de personas que lo rodeaba, Sousuke se sentó en una banca un poco alejada del puesto. Abrió el libro y se puso a ojearlo. Estaba dedicado al hermano del autor – de quien no se mencionaba el nombre – de quien decía "la persona que me hizo recordar que la familia existe"; y al "demonio" que había acompañado al autor durante sus "años de agonía". Se paseó por las primeras páginas y mientras más leía, más entendía la obsesión de la gente con ese libro y su autor. La forma de escribir de Makoto era en verdad atrapante, hipnotizante, todo estaba tan detalladamente descrito que Sousuke estaba seguro de poder imaginar lo mismo en lo que Makoto estaba pensando mientras escribía.
No supo cuánto tiempo estuvo leyendo, pero cuando se dio cuenta la gente se había retirado y el autor también. Sólo quedaba Yumiko, quien se estaba encargando de poner todo en orden. Alarmado y maldiciendo su suerte, Sousuke se levantó de un brinco y se acercó – con cierto nerviosismo – a la mujer. Se aclaró la garganta y ella levantó la mirada. En sus ojos no había rastro de reconocimiento, para Yumiko en ese momento Sousuke era poco más que un desconocido. No quería admitirlo, pero dolía. Y dolía más cuando se ponía a pensar que la actitud de Yumiko era totalmente su culpa. Como no sabía qué decir, volvió a aclararse la garganta, pero Yumiko ya se estaba dando la vuelta para marcharse.
—¡Espera! —la mujer se volteó y lo miró con gesto interrogante.
—Disculpe señor, pero la sesión de autógrafos ha terminado —dijo, con perfecto alemán —Sensei es una persona muy ocupada y ahora mismo debe tomar un tren para dirigirse a Múnich. En verdad lamento que no haya tenido la oportunidad de llevarse su libro autografiado. Sin embargo, estoy segura de que disfrutará su lectura e incluso le sacará algunas lágrimas, especialmente a usted. Ahora, con su permiso.
Ella se retiró del lugar sin decir nada más. Sousuke se quedó boquiabierto, ahí inmóvil como una estatua. Maldijo entonces su suerte, había perdido una oportunidad de oro. Al final no había podido hablar con Makoto. Pero Sousuke no iba a rendirse tan fácilmente. Siendo que él mismo había diseñado La Cúpula, sabía que las personalidades reconocidas salían por una puerta trasera oculta que les daba un cierto grado de privacidad. Makoto parecía lo bastante famoso para que el staff sugiriera esa salida, por lo que agarró el libro con fuerza y atravesó la concurrida estancia hasta llegar a dicha salida. Justo cuando abría la puerta, Makoto iba a entrar a un automóvil negro.
—¡Makoto! —había gritado su nombre sin pensarlo, pero el chico se había volteado.
En sus ojos no había rastro de sorpresa cuando irises verdes se encontraron con los aguamarina. Yumiko bajó el vidrio de la ventana delantera y le hizo una seña al castaño para que se acercara. Le susurró algo al oído, él asintió con la cabeza y se acercó adonde estaba Sousuke, sacando un bolígrafo del bolsillo del pantalón. Entonces tomó el libro que Sousuke sostenía y lo abrió en la primera página. Garabateó unos caracteres antes de posar su mirada verde en Sousuke, adornando su rostro con esa sonrisa cálida tan suya. Sonrisa que hizo que se le acelerara el corazón.
—Aquí tiene —Sousuke apenas había comenzado a procesar las palabras de Makoto cuando este le estaba regresando el libro —Espero que el libro sea de su agrado. Con su permiso.
Los dedos de Sousuke rozaron los ajenos cuando el otro le pasaba el libro. Había sido totalmente sin querer, pero el más alto sintió una corriente eléctrica recorrerle todo el cuerpo. Como si todo pasara en cámara lenta, Sousuke vio que Makoto se volteaba para marcharse y entonces lo agarró por la muñeca y, haciendo uso de una fuerza de la que no se sabía conocedor, lo acercó a su cuerpo, pasándole la mano detrás de la cabeza en un instante y apoderándose de sus labios. Ah, aquello se sentía glorioso. Casi podía jurar que los labios de Makoto se habían movido un momento al ritmo de los suyos. Sí, justo antes de que le diera un empujón. Sousuke despertó de su ensoñación y vio las mejillas del castaño teñidas de un rojo intenso. Makoto se había llevado una mano a los labios, al tiempo que levantaba la mirada para ver a Sousuke. Makoto lucía horrorizado, escandalizado, bueno, no sabía bien cómo describir su expresión. Lo siguiente que supo era que el castaño se había subido al auto y este ahora se alejaba de La Cúpula con rapidez. ¿Qué demonios había hecho?
Sousuke se relamió los labios, saboreando el dulce momento en el que sus labios habían podido volver a probar los de Makoto. Cierto que tal vez había sido sólo un roce, pero para Sousuke significaba que tendría una sonrisa de idiota plasmada en la cara durante un buen tiempo. Volvió caminando hasta su apartamento, que se encontraba a quince minutos del sitio donde se celebraba la feria y entró a la morada, fría y solitaria, donde nadie lo esperaba. No es como si las cosas fueran muy distintas cuando Ran estaba por ahí, dado que sus ajetreadas agendas poco les permitían verse y ellos tampoco se esforzaban demasiado para hacerlo. Después de cuatro años casados, Sousuke se preguntaba cómo demonios su relación se había vuelto tan insípida, tan… carente de sentido, tan rutinaria. Ran no era una esposa amorosa ni la mujer cariñosa que había sido cuando eran novios. Él había dejado de lado los detalles con los que la había enamorado y sus conversaciones se limitaban al trabajo – cuando hablaban, dado que con ellos normalmente se trataba de sexo – o a las rabietas de Ran cuando ebria recordaba la muerte de sus padres.
Por más absurdo que pareciera, Sousuke no podía evitar preguntarse lo que sería regresar a una casa donde lo recibieran con un cálido "bienvenido a casa", un plato de comida caliente – casi había olvidado lo que era la comida casera – o un beso en la mejilla; – que no implicara nada más después – o cómo sería simplemente llevar una vida normal, con niños correteando alrededor. Cuando imaginaba con quién le gustaría vivir esa vida, la primera persona que llegaba a sus pensamientos era Makoto. Ah sí, estúpidamente ahora volvía a recordárselo. Estaba total y perdidamente enamorado de Makoto. Ni siquiera el sexo con Ran era capaz de apartar al joven castaño de sus pensamientos. Sousuke pensó que así es como debía sentirse en verdad el amor. También se preguntaba si alguna vez había amado realmente a Ran. Perdido en sus absurdos pensamientos, Sousuke no se había dado cuenta de que su teléfono estaba sonando. Miró la pantalla. Un mensaje de Ran.
¡Feliz aniversario! Lamento no poder estar ahí contigo, pero pronto nos volveremos a ver.
Ah sí. Ahora lo recordaba. Ese día era el cuarto. El tiempo había volado y antes de que se diera cuenta se había cumplido cuatro años desde el día en que había decidido unir su vida con la de Ran. "Eternamente", o al menos se suponía que así sería, pero él ya no estaba tan seguro. Sin embargo, cuando imaginaba la reacción de Ran si él le decía "quiero el divorcio", le daba una migraña terrible y prefería callar. Era una realidad que ya no la amaba, pero dado el estatus social actual de ambos no podían darse el lujo de regalarle a la prensa amarillista un escándalo tan jugoso. Además, Sousuke sabía muy bien que le debía mucho a Ran. Había pisoteado a mucha gente junto a ella – incluida su propia familia, muy a su pesar – para alcanzar el lugar donde estaba actualmente, así que no podía simplemente hacerse a un lado. Había pecados con los que debía cargar y debía hacerlo junto a Ran, sin importar que su corazón perteneciera a otra persona.
A veces también se preguntaba qué sentía Ran por él. Tachibana Ran era una verdadera tormenta que arrasaba con todo con su simple presencia. Hacía un par de años para Sousuke la palabra que la definía mejor era "tifón". Ran se había encargado de arrasar con todo aquello que no tenía utilidad para ella, así que supuso que él aún era de alguna utilidad para ella, dado que lo mantenía a su lado. Tal vez no había encontrado alguien con quien el sexo fuera tan bueno. Ah, no era que estuviese pensando que su esposa se acostaba con alguien más – no podía saberlo dado que no pasaban mucho tiempo juntos y apenas hablaban – era sólo que de vez en cuando tenía pensamientos absurdos como "¿Ran me ama?" o "¿Ran me amó alguna vez?" y también el típico "¿habré tomado la decisión correcta?". Todas cosas que ya no iban al caso pero que él no podía evitar preguntarse.
Cuando escuchó el ding de microondas avisarle que su comida instantánea estaba lista, tomó la comida y se sentó en una de las sillas del comedor. Se preguntó entonces por qué demonios había cuatro sillas allí. No es como si recibiera visitas a menudo: no tenía familia y había peleado con su único amigo verdadero, a quien tenía tres años sin dirigirle la palabra. Tantas sillas a su alrededor lo hacía deprimirse. Es que pasar el aniversario completamente solo y con comida instantánea no era su idea de un matrimonio saludable. Cierto que era por trabajo, pero Sousuke estaba seguro de que, si ambos hubiesen querido, de alguna forma habría sido posible que se organizaran para cenar juntos al menos. No le tomó más de un par de minutos acabarse la cena y luego sin ánimos de hacer algo más fue a la habitación y se tendió en la cama sin siquiera encender el televisor. Vaya aniversario. Lo único bueno del día había sido el beso fugaz que había conseguido robarle a Makoto. Eso debía ser suficiente para "mantenerlo a flote" por unos años más, dado que dudaba mucho volver a encontrarse con él en un futuro cercano.
Esa noche dio vueltas en la cama, incómodo, hasta que cerca de las tres de la mañana logró conciliar un sueño poco reconfortante. Sin saberlo una lágrima resbaló por su mejilla, al tiempo que apretaba la almohada contra su pecho y susurraba un nombre. Yumiko. Oh y se le había olvidado por completo desearle un feliz aniversario a Ran. La bronca que se iba a armar después no iba a ser nada agradable.
S & M
Bla, bla, bla. Alguien hablaba, estaba consciente de ello. Quién fuera o qué estuviera diciendo, eso sí que no lo sabía. Sus pensamientos estaban en otra parte, probablemente se habían quedado en Fráncfort. Sintió que lo zarandeaban y que el lápiz que había estado sosteniendo se resbalaba entre sus dedos; podía sentir el papel que se arrugaba bajo su mano y las gafas deslizándosele por el puente de la nariz. Con todo eso lo único que se repetía en su cabeza era el repentino reencuentro de hacía dos días. Y es que aunque odiara admitirlo, ver a Sousuke lo había dejado descolocado. Casi le parecía que se veía incluso más apuesto que la última vez que se habían visto; es que bueno, considerando que habían pasado cuatro años desde esa última vez, supuso que tenía sentido. Siempre había sido del pensamiento de que Sousuke era como el vino. Entre más viejo más bueno. Y no estaba diciendo que Sousuke estuviera viejo – todavía ni siquiera llegaba a los treinta, si mal no recordaba – pero los años había hecho maravillas con él. Ah, casi podía escucharlo pronunciar su nombre, como lo había hecho ese día. Makoto. Makoto.
—¡Makoto! —el castaño pegó un brinco cuando vio el rostro de Yumiko cerquísima del suyo. Se echó para atrás tan repentinamente que casi se cae de la silla —¡Vaya, por fin reaccionas! Cinco minutos tratando de captar tu atención, ¿en qué demonios estabas pensando?
—Nada importante, no te preocupes —contestó, acomodándose las gafas y recogiendo el lápiz que había tirado antes —Mi imaginación voló mientras intentaba terminar el dibujo para… Oh… —Yumiko suspiró y se masajeó la sien.
—Ahora está arruinado, tendrás que comenzar de nuevo.
Makoto se había reunido en Múnich con los representantes de una importante editorial alemana que había mostrado interés en su libro de cuentos para niños. La reunión había sido un éxito y el libro de Makoto sería publicado con la condición de que el mismo Makoto hiciera las ilustraciones. Este era un gran paso en su carrera, después de todo le encantaban los niños y escribir libros para niños lo llenaba de felicidad. Además, ese era el mismo libro que muchas editoriales australianas y japonesas había rechazado con anterioridad. Probablemente el repentino interés se debiera al nombre que se había forjado con el éxito de "Tú, yo y la traición". Antes de ponerse a pensar en tonterías, Makoto había estado terminando su ilustración de un joven príncipe. Ilustración que había quedado reducida a una arrugada bolita de papel. Suspirando, Makoto arrojó el papel ahora inservible al bote de basura y sacó un nuevo trozo de papel, dispuesto a empezar de cero.
Yumiko, que de pronto había estado mirando el atardecer desde la ventana de la habitación del hotel, se había vuelto hacia él, mirándolo con gesto acusador. Makoto decidió ignorarla y comenzar a dibujar, pero entonces ella se acercó, poniendo ambas manos sobre el escritorio. Makoto levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los de ella. Había algo extraño en aquellos ojos verdeazulados.
—Yumiko-san…
—¿En verdad estás bien, Makoto? —preguntó —Sé que te lo he preguntado los últimos dos días, pero no puedo evitar preocuparme. ¡Prácticamente se arrojó sobre ti! ¡Es un abusivo!
—Olvídate de mí. ¿Tú estás bien? —Yumiko lanzó un suspiro y se sentó en la silla enfrente de él. Ella definitivamente no estaba bien, aunque tratara de convencerse de lo contrario —Actuaste con naturalidad frente a él, pero…
—Estaré bien —contestó al instante —Es sólo que… e-era mi hermano, ¿sabes? —añadió ella, con voz temblorosa, como si intentara controlar un llanto que, seguramente, no tardaría en llegar —E-El p-pequeño que solía decir "q-quiero ser como tú". Y yo… —Yumiko se levantó, se sirvió un trago del mini bar, se lo bebió de un trago y volvió a sentarse —Como sea, eso ya no tiene importancia —tomó una gran bocanada de aire y se dio unos golpecitos en las mejillas —Él mismo fue quien dijo que ya no quería tener nada que ver conmigo. No confió en mí cuando le juré que no me había acostado con ese sujeto y mucho menos había consumido drogas. ¿Sabes qué fue lo que más me dolió? No fue perder todo lo que había logrado con mi esfuerzo, el título de "número uno" nunca fue una prioridad para mí; no, lo que más me dolió fue que él no confiara en mí, que creyera en las palabras de ella sin siquiera dejar que le explicara. Eso fue lo que me destrozó. De no haber sido por Kazuki, probablemente no estaría aquí hoy. Luego de la muerte de mis padres, Sousuke era la única familia que me quedaba, por eso sentí que lo perdía todo cuando él me dijo "olvídate que existo".
Makoto se quedó sin palabras. No sabía cómo consolar a una Yumiko que de pronto había tenido que enfrentarse a su pasado. Ella trataba de lucir tranquila, pero había sido la más afectada con la aparición de Sousuke. En cuanto a él… realmente no sabía bien cómo sentirse. Sousuke había sido su primer amor y el primer amor no iba a olvidarlo tan fácilmente, pero lo suyo siempre había sido prohibido. Había sido su culpa por enamorarse de un hombre que nunca iba a ser suyo; podía decirse que eso le servía en cierta forma de consuelo. Pero en cuanto a Yumiko… era su familia. Había sido más o menos lo mismo que había tenido que afrontar él; pero él tenía a Ren, Chigusa y Chiharu – su linda sobrina – que nunca le habían dado la espalda. Ah y no podía olvidarse de Haru, que también era como un hermano para él.
—Makoto, ¿todavía sientes algo por él? —el castaño se sobresaltó cuando sintió la mano de Yumiko posarse sobre la suya. Ah, esa era una pregunta interesante para la que él no tenía una respuesta clara. Si se ponía a pensar en lo que había sentido cuando lo besó… bueno, no había tenido suficiente tiempo para sentir algo siquiera. No podía negar que le seguía atrayendo, pero de ahí a decir que lo… amaba… así como antes…
—No lo sé —se fue con la única respuesta que conocía —Durante mucho tiempo estuve pensando en cómo sentirme si es que volvía a verlo, pero han pasado cuatro años y esos sentimientos estuvieron enterrados en el fondo de mi corazón. Lo único que puedo decir es que no me siento como antes. Quiero pensar que es porque he madurado, pero creo que se debe más al hecho de la distancia y a que he sabido ser realista, he tratado de olvidarme de aquello que es prohibido.
—Él… no es feliz —Makoto parpadeó, confundido —Me lo dicen sus ojos. Hay dolor y tristeza en esos ojos. Lo sé porque durante muchos años estuve junto a él, lo vi sufrir por amor, lo vi ilusionarse y lo vi también cometer el más grande error de su vida. Pero no hay nada que nosotros podamos hacer, ¿cierto?
—Yumiko-san, ¿sabes por qué decidí escribir bajo el pseudónimo de "Kodoku Itami"? —sin esperar a que ella respondiera, Makoto continuó —Cuando comencé en esto lo había perdido todo: mi familia, ni nombre, el lugar al que podía regresar. No tenía nada más que mi "soledad" y mi "dolor". Mi intención nunca fue convertirme en escritor, pero al tomar la oportunidad y verme ante la necesidad de un nombre, fue lo primero que me vino a la mente, porque expresaba al yo de ese tiempo. Pero…
—¿Pero?
—Lo he estado pensado desde hace algún tiempo y en verdad me gustaría darle a esta historia un final feliz. Tal vez está de más decirlo, pero sabes que "Tú, yo y la traición" viene a ser algo así como la historia de mi vida —Yumiko asintió con la cabeza —Entonces pensaba que todos merecemos ser felices, incluso el protagonista de una novela dramática. Eso no es sólo lo que el "gran autor" Itami-sensei desea, sino también lo que "Makoto" desea.
—Entonces, sensei, ¿ha pensado ya cómo terminará la historia? —Makoto sonrió, nostálgico.
—Ni Kodoku Itami ni Makoto tienen idea de cómo ser realmente felices en este momento. Yumiko-san, ¿qué es lo que te hace feliz?
—¿Qué me hace feliz?, déjame ver. Mis momentos más felices son cuando estoy junto a Kazuki. El sólo tomarnos de las manos y caminar por la playa, esos pequeños momentos me llenan de gran felicidad. Por supuesto que también soy feliz a tu lado, viendo tu crecimiento y cómo has madurado y superado todas las dificultades. Pero Makoto, ¿quiere decir entonces que no eres feliz ahora?
—Oh, lo soy, claro que lo soy. Pienso que la felicidad se manifiesta de distintas formas, sólo que yo no me podido disfrutar de lo que a mí me gusta llamar "la felicidad plena". No estoy muy seguro de cómo explicarlo, sólo sé que es algo que te golpea de pronto y entonces… Ah, perdón, estoy diciendo muchas tonterías —añadió, nervioso. Yumiko sin embargo negó con la cabeza.
—Creo que puedo entender lo que quieres decir. Y creo que es fantástico que tanto Makoto como Itami-sensei estén en busca de ese final feliz definitivo. Yo te estaré apoyando —agregó finalmente, poniendo una mano sobre el hombro del castaño.
Antes de despedirme por este año me gustaría dar las gracias. Mil gracias por el apoyo durante todo el año, por soportar mi extrema lentitud al actualizar y por seguir de cerca mis historias en este fandom al que le he tomado tanto cariño.
