Me regresó la inspiración, la motivación y todo lo que había perdido para continuar con esta historia (por fin). Aunque suene mal que sea yo quien lo diga, me gustó mucho cómo quedó este capítulo, especialmente la escena final.


[Acto 8]

Hogar, ¿dulce hogar?

Habían pasado dos semanas desde el día en que se había reencontrado con Makoto. Ese reencuentro había significado tanto para él que terminó retrasando su vuelo a China para irse a Múnich. Claro que pronto se había dado cuenta de lo estúpido que era perseguir a su "objeto de adoración" hasta una de las ciudades más grandes de Alemania. Es decir, Múnich era enorme y tenía miles de librerías, ¿cómo pretendía encontrarlo? Había sido una decisión estúpida de su parte y le había ganado un berrinche de Ran, – el cual había terminado apaciguando prometiéndole ese anillo Swarovski que tanto quería, así como "el mejor sexo de toda su vida" – pero no había tardado en recorrer las más grandes y famosas librerías de la ciudad. Como debió suponerlo, no había rastro de él. Ni siquiera consiguió pistas del famoso Kodoku Itami cuando preguntó a sus amigos gerentes de importantes librerías.

Finalmente, Sousuke se había dado cuenta de que, probablemente, Makoto se había escapado de él para siempre. Mientras esperaba en su asiento de Primera Clase a que el avión terminara de llenarse, lanzó un suspiro, preguntándose qué demonios pretendía. ¿Qué se suponía que iba a hacer cuando se encontrara con él? ¿Besarlo? ¿Abrazarlo como siempre había soñado? ¿Decirle que lo amaba? Ya le gustaría, pero estaba seguro de que ya era tarde para eso. La forma en que Makoto había reaccionado al verlo el otro día, le demostraba que ya no sentía nada por él. Por un momento recordó el día de su boda. Ese día en el que sus ojos casi no podían despegarse de Makoto. Ese día en el que dudó en decir el "sí, acepto" que había sellado el destino que ahora le tocaba vivir.

Sousuke cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, preguntándose si en verdad había tomado la decisión correcta al casarse con Ran. Casi le parecía que todas las maldiciones habían caído sobre él apenas al haberse casado. ¿Había sido el error más grande de su vida el casarse con Ran? El sueño lo invadió mientras pensaba en ello y cuando se despertó faltaba poco para el aterrizaje. Sousuke se incorporó en su asiento y miró distraídamente por la ventana mientras el avión se deslizaba por la pista de aterrizaje que él conocía tan bien.

Arrastrando los pies y la maleta, luego de pasar todos los controles usuales, Sousuke salió del aeropuerto y tomó un taxi. En cuestión de minutos se encontraba enfrente de su casa. Una casa que le gustaría llamar su "hogar", pero no podía. La casa era inmensa, de tres pisos y con amplísimos jardines. De estilo europeo, Sousuke la había diseñado cumpliendo con todos los caprichos de quien en aquel entonces era su prometida. Ah, podía recordar lo enamorado que estaba de esa mujer cuando pensaba en las mejores formas de diseñar la casa. Los portones eléctricos que flanqueaban la entrada se abrieron y el taxi entró. Una vez que estuvo a las puertas de la casa, puso un billete en la mano del conductor, indicándole que guardara el cambio.

Entró sin quitarse los zapatos – costumbre que había perdido desde niño al irse de Japón – y dejó la chaqueta y la maleta en la entrada. El ama de llaves se apresuró a recibirlo, saludándolo con una pronunciada inclinación de cabeza e indicándole que "la señora" estaba tomando un baño. La habitación que compartía con Ran estaba en el tercer piso, así que tomó el elevador y en cuanto llegó, entró en la habitación, quitándose los zapatos, las medias y la camisa. Podía escuchar música proveniente del baño. A Ran siempre le había gustado bañarse mientras escuchaba música clásica. Abrió la puerta y se encontró con su esposa dentro de la tina, divirtiéndose con las burbujas que las sales de baño había generado.

Ran lo miró con esos penetrantes ojos verdes que en nada se parecían a los de su Makoto. Llevaba el largo cabello recogido en un moño y cuando se puso de pie, exhibiendo sin pudor su desnudez, Sousuke supuso que esa era otra de las razones por las cuales seguía estando con ella. Ran abrió los brazos y sonrió ampliamente, diciendo:

—Bienvenido a casa, cariño —viniendo de ella, casi sonaba sarcástico. Desde que ella se había convertido en heredera y él en uno de los arquitectos más codiciados, pasaban tan poco tiempo juntos que Sousuke no entendía cómo seguían considerándose un matrimonio.

—Estoy de vuelta —contestó, casi sin pensarlo —¿Qué tal el baño? —una sonrisa pícara se dibujó en los labios de la mujer, que abandonó la tina para acercarse donde estaba él.

—¿Quieres acompañarme? —preguntó, pasando sus brazos húmedos alrededor del cuello de Sousuke. El hombre entonces la sujetó con fuerza por la cintura, acercándola más a su cuerpo para así poder besarla.

La forma en que sus labios y lenguas se unían producía un sonido indecente, pero a ninguno de los dos le importaba. Ran le apretó el trasero, buscando poco después el cinturón, quitándose y siguiendo rápidamente con el botón y la cremallera del pantalón. Los pantalones se deslizaron por las piernas de Sousuke y este los pateó para terminar de quitárselos cuando alcanzaron sus tobillos. Mientras las manos de Sousuke recorrían el cuerpo de Ran, ella se apresuró a quitarle la ropa interior, metiendo su mano en medio de sus cuerpos para tocarlo. Al sentir la presión sobre su miembro caliente, Sousuke mordió el labio de Ran, forzando a que se rompiera el beso. Ambos tenían la respiración entrecortada, pero se miraron con una sonrisa. Entonces Sousuke tomó a Ran en sus brazos y ambos entraron en la tina.

—Entonces, cariño, ¿estás lista para tener el mejor sexo de tu vida? —preguntó él, haciendo que Ran recostara la espalda contra su pecho. La escuchó soltar una risita.

—Estoy esperando, Sousuke. Esta será nuestra celebración de aniversario.

—Feliz aniversario, Ran —dijo Sousuke, cuando ella se volteó y ambos compartieron un ardiente beso que daría inicio, oficialmente, a "el mejor sexo de sus vidas".

S & M

Finalmente estaba de vuelta en casa. Ahora sí podía disfrutar de unas pequeñas vacaciones. Bien merecido que se tenía el dejar el nombre de Kodoku Itami guardado por un tiempo, después de la exitosa gira europea promocionando su libro "Tú, yo y la traición". Mientras subía por el ascensor hasta el décimo piso, donde se encontraba su apartamento, no pudo evitar pensar en su inesperado reencuentro con Sousuke. Aunque no le gustara admitirlo, él había sido la razón por la cual ninguna de sus relaciones duró. Había salido con varias personas – tanto mujeres como hombres – pero desafortunadamente ninguno de ellos lo había hecho sentir lo mismo que Sousuke le provocaba. Terminaba comparándolos a todos con Sousuke, incapaz de encontrar a alguien que le hiciera sentir esas "mariposas en el estómago". Después de que su último intento de relación terminara en un fracaso, Makoto había decidido no volver a enamorarse, no volver a salir con nadie siquiera. Así era como había empezado a escribir seriamente su best-seller.

Al escuchar la campanita que le anunciaba que había llegad a su piso, las puertas se abrieron y caminó por el pasillo hasta llegar a su puerta. Makoto había comprado ese apartamento con las ganancias de las ventas de sus libros para niños, escritos bajo el pseudónimo de 'Shachi'. Se encontraba en uno de los barrios en las afueras de la ciudad de Kioto, lejos del caos del centro y tenía una impresionante vista, que era lo que había terminado por convencerlo de comprarlo. Sacó la llave del bolsillo de su chaqueta y, al introducirla en la cerradura, se dio cuenta de que la puerta estaba abierta. Extrañado, el castaño entró y vio tres pares de zapatos en la entrada. Al ver unos pequeños y coquetos zapatos de color rojo, con un lacito, sonrió al darse cuenta de quiénes eran sus visitantes.

Se quitó los zapatos y dejó la maleta y el bolso en la entrada, siguiendo el olor a curry hasta la cocina. Sin embargo, justo cuando había dado un paso para entrar a la sala, unos pequeños brazos se cerraron alrededor de sus piernas. La sonrisa en el rostro de Makoto se ensanchó cuando sus ojos se encontraron con los ojos verdes de su sobrina. La pequeña exclamó, emocionada:

—¡Bienvenido a casa, tío Mako! —Makoto la levantó en sus brazos y le dio un gran abrazo.

—Estoy de vuelta, Chihiro. ¿Has sido una buena niña?

—¡Sí, me he portado bien! —respondía la pequeña de cinco años, dándole un beso en la mejilla —Tío Mako, ¿me trajiste un recuerdo?

—Chihiro, vamos, deja que tío Mako descanse que apenas acaba de llegar —Makoto se volteó y Chigusa, la esposa de su hermano, salió de la cocina —Makoto, me alegra que estés de vuelta. ¿Tuviste un buen viaje?

—Sí, la gira europea fue un éxito, así que por fin podré tomarme un tiempo para descansar —contestó —Por cierto, ese agradable aroma… ¿acaso se trata de tu famoso curry? —Chigusa sonrió.

—La cena ya está lista. Ran está terminando los últimos detalles en la torta de chocolate. Vamos, a lavarse las manos los dos que ya vamos a comer.

Makoto bajó a Chihiro y la pequeña lo tomó de la mano. Ambos fueron hasta el baño y se lavaron las manos, mientras la niña comenzaba a contarle todo lo que había acontecido desde la última vez que se vieron. Cuando regresaron al comedor, la comida ya estaba servida y Ren se acercó a su hermano para envolverlo en un abrazo, diciéndole lo mucho que lo había extrañado. Makoto se sentó y comenzó a engullir su plato de curry. ¡Ah, en verdad nada podía superar a la comida casera! Hablaron de cosas triviales, comieron el postre – la famosa torta de chocolate del patissiere Hanamura Ren – y al final de la noche se sentaron todos en la sala para ver una película infantil junto con Chihiro.

Chihiro terminó quedándose dormida con la cabeza sobre el regazo de Makoto, quien se levantó para acomodarla en su cama. Chigusa fue a la cocina para terminar de recoger los platos, aun cuando Makoto insistió que no lo hiciera. Makoto y Ren se quedaron en la sala, en medio de un silencio cómodo, mientras bebían una cerveza bien fría. Entonces Ren tomó la palabra:

—Y bien, ¿sucedió algo memorable durante la gira? —el menor se quedó pensativo un momento antes de contestar.

—Descubrí algo.

—¿Oh, de qué se trata?

—Siempre pensé que era bisexual. Sabes que incluso salí con algunas chicas mientras estuve en Australia, ¿verdad? —Ren asintió con la cabeza —Pues… me di cuenta de que me gustan más los chicos que las chicas. Las mujeres europeas son muy hermosas, ¿sabes?, pero pronto me di cuenta de que a quienes mis ojos no podían dejar de seguir era a los hombres. Incluso tuve una "aventura fugaz" con un guapo alemán en Múnich —Ren frunció levemente el ceño —No te preocupes, sólo nos besamos. Ni siquiera intercambiamos números de teléfono ni nada como eso —el mayor pareció relajarse —Es… ¿un problema que sea gay?

—¿Por qué habría de tener algún problema con ello? Eres mi hermano y nada va a cambiar eso. Hemos estado juntos durante todos estos años, dándonos apoyo y eso nunca cambiará. Estuviste ahí para mí cuando Chigusa perdió a nuestro primer bebé, también cuando Ran me quitó la parte de la herencia que nos habían dejado mis padres y mi negocio casi termina destruido. ¿Por qué habría de ser un problema que mi hermanito sea gay? Aunque, sabes, en el fondo lo presentía —Makoto se quedó sorprendido.

—Bueno, supongo que tratándose de ti… siempre has podido "leerme". Como aquella vez durante la cena en la que te diste cuenta que me gustaba Sousuke, ¿recuerdas? Aun cuando dijiste que me creías que lo único que me pasaba era que estaba cansado, tú lo sabías, ¿verdad? Fue por eso que no te sorprendiste tanto cuando te conté todo lo que había sucedido entre nosotros.

—Bueno sí —contestó Ren, bebiendo un sorbo de su botella de cerveza —Eso y porque los doramas que le gustan a Chigusa están llenos de ese tipo de drama. Siempre pensé que ellos en verdad no se amaban, ¿sabes? Su amor me parecía tan… superficial. Pero resulta que ya son cuatro años de matrimonio. Quién lo diría —lo siguiente que salió de labios de Makoto, él lo había dicho casi sin pensar.

—No puedo hablar por ella, pero él definitivamente no es feliz —cuando Ren fijó sus ojos en él, Makoto se llevó ambas manos a la boca, como si hubiese pronunciado un gravísimo insulto.

—¿Qué quieres decir? —preguntó su hermano —¿Cómo podrías saberlo? No me digas que… —Makoto se mordió el labio, sabiendo que no había forma en que Ren lo dejara escaparse de esta.

—Me encontré con él. En Fráncfort —Makoto clavó sus ojos en la botella casi vacía que tenía en las manos —La forma en que me miró… Ren, él me besó. Pero, ¿sabes qué es lo peor?, o lo mejor, la verdad no sé. Que no sentí nada más que pena. Pena porque la gente nos vio. Y, demonios, él es un hombre casado. Y todo el mundo sabe quién es su esposa. Y… y…

—¿Estás seguro, Makoto? —el aludido miró a su hermano cuando este posó una mano sobre su hombro —De que ya no sientes nada por él.

—No lo hago. No puedo sentir nada por un hombre casado, Ren. Sólo que a veces… pienso, ¿sabes?, me pongo a pensar en qué hubiera pasado si aquel día en la iglesia él no hubiera dicho "sí, acepto". Creo que…

En ese momento, el teléfono de la sala comenzó a sonar. Makoto extendió el brazo para tomar el aparato, sin siquiera fijarse en el número. Makoto se puso pálido en cuanto escuchó la voz que le llegaba del otro lado de la línea. No podía ser. ¿Por qué? ¿Por qué "él" tenía que regresar precisamente ahora?

—¿Makoto? —lo llamó Ren, preocupado —¿Qué pasa? ¿Quién era? —el castaño no respondió, en cambio se llevó ambas manos al rostro —¡Makoto, háblame! —exclamó, cuando vio que el otro dejaba caer el teléfono y se sobresaltaba al escuchar el pitido de su celular. Ran tomó el celular antes de que Makoto pudiera hacerlo y leyó el mensaje.

Regresé. Y esta vez voy a utilizar todos los medios que estén a mi alcance para que seas mío.

Ren vio el número y supo al instante de quién se trataba. Maldijo encolerizado al ver el estado en el que esa llamada había dejado a su hermano. Le quitó la cerveza de la mano, dejándola sobre la mesita de café junto a la suya, y lo abrazó, susurrándole palabras para que se calmara. "Todo va a estar bien", decía. "No podrá hacerte nada", repetía una y otra vez. El problema era que ni siquiera él mismo creía sus palabras. Porque ese sujeto tenía el poder para hacerle muchísimo daño a Makoto y a la vida que con tanto esfuerzo había logrado reconstruir.

S & M

Ambos eran lo suficientemente famosos para que los persiguieran los paparazis adonde sea que fueran. Cómo habían conseguido llegar hasta el cementerio sin que eso sucediera, era algo de lo que ninguno de los dos estaba muy seguro. Sin embargo, ahí estaban ellos, presentando sus respetos a las tumbas de sus padres que, curiosamente, estaban una al lado de la otra. Ninguno de los dos había estado en Japón desde hacía tiempo. Habían pasado siete años desde la última vez que hablaron y las cosas entre ellos, lógicamente, eran incómodas. A Sousuke no le gustaba sentirse así, pero se alegró al saber que, finalmente después de todos esos años, podía mirar a Matsuoka Rin a los ojos sin sentirse extraño. Ahora se sentía como ver a un viejo amigo, nada más.

Se miraron largo y tendido, como dos idiotas, hasta que, al mismo tiempo, como si hubieran leído la mente del otro, chocaron los puños en ese extraño saludo que ambos compartían en sus tiempos de secundaria. Rieron como dos niños y se abrazaron. ¿Por qué era que habían dejado de hablarse?, la verdad era que en ese momento ninguno de los dos lo recordaba. Sousuke, que había tenido que regresar a Japón para asistir a un congreso, había recibido un mensaje de Rin, diciéndole que se encontraran. Casi sin pensarlo, Sousuke había terminado aceptando. Y ahora estaban allí, hablando como si nada hubiera sucedido. Hasta que Rin sacó el tema, por supuesto.

—¿Lo recuerdas, Sousuke?, la razón por la cual dejamos de ser amigos.

—Supongo que fue porque yo estúpidamente te confesé mis sentimientos en nuestro último año—contestó el más alto, encogiéndose de hombros —Pero la verdad es que no lo recuerdo bien. Ah, espera, recuerdo que me rechazaste de una forma bastante desagradable. Dijiste algo como "eso es desagradable, Sousuke. Jamás podría salir con un hombre, ¡mucho menos con uno como tú!".

—Maldición, tu buena memoria me da escalofríos. Y eso que "no lo recuerdas bien" —dijo el pelirrojo, avergonzado —Pero sí. Eso fue lo que dije. Y nunca tuve la oportunidad… más bien, nunca tuve el valor para disculparme. En ese momento todavía pensaba que me gustaban las chicas, ¿sabes? Nunca imaginé que terminaría enamorándome de un hombre, mucho menos de uno menor que yo. Aunque, la razón por la que te contacté no fue para que volviéramos a ser los mejores amigos, ni nada como eso. Me comporté como un patán y lo admito. Por eso sentí que era tiempo para disculparme apropiadamente contigo y no sé, tal vez intentar… comenzar de nuevo.

—Que te rechace tu primer amor deja marcas imborrables, ¿sabes? —comentó, con rostro serio. Sousuke se echó a reír cuando vio el gesto abatido en el rostro del otro —Pero eso ya quedó en el pasado. ¿Qué crees, que soy un mocoso? Además, estaría bien. Eso de tratar de ser amigos de nuevo —extendió su mano para que el otro la estrechara. Rin así lo hizo, echándose a reír instantes después.

—Esto luce estúpido después de habernos saludado con nuestra vieja señal.

—Supongo que tienes razón —admitió.

—Muero de hambre, ¿me acompañas a buscar algo de comer? —preguntó Rin.

—Creo que pasaré por esta vez. Me quedaré un rato más —el pelirrojo asintió —Por cierto, ¿cuánto tiempo estarás en Japón?

—Ah, sólo dos o tres días más. Haru no paraba de decir que quería ver a su amigo Makoto, pero como queda poco para la siguiente competencia, no podemos holgazanear mucho.

—¿Makoto? ¿Tachibana Makoto?

—Creo que dijo que se llamaba Hanamura Makoto. ¿Por qué, lo conoces?

—Ah, no. Seguro que se trata de una persona diferente, no le des importancia —Rin asintió con la cabeza y se marchó mientras pensaba en las palabras de Sousuke.

Cuando Rin se marchó, Sousuke se puso en cuclillas frente a la tumba de sus padres. Cerró los ojos y oró un momento. Luego volvió a abrir sus ojos y se quedó mirando los caracteres grabados en la piedra que rezaban "Familia Yamazaki". La forma en la que había perdido a sus padres le había resultado increíble al principio. Habían muerto en un accidente de tránsito, mientras iban en el auto, junto a los padres de Ran. Habían estado asistiendo a una fiesta y de pronto al auto dejaron de funcionarle los frenos. Se habían caído por un precipicio. Todos, incluido el conductor, habían fallecido al instante. Los líderes de las dos familias más poderosas de Japón habían fallecido el mismo día. Casi sonaba como un asesinato planeado, uno de esos que se podía encontrar en los libros de suspenso. Ah, sí, había una escena familiar en "Tú, yo y la traición". Qué curioso.

Sousuke levantó la cabeza cuando escuchó que algo caía. Vio una cubeta en el suelo y… a Makoto que estaba de pie frente a él, mirándolo con gesto sorprendido. Llevaba un ramo de flores en una mano y una mochila colgándole del hombro izquierdo. Makoto lucía sorprendido de verlo ahí, pero simplemente recogió la cubeta e, inclinando ligeramente la cabeza, pasó a su lado.

—Makoto… —el aludido se detuvo tres tumbas más allá de la de sus padres. Sousuke se acercó adonde estaba él y leyó: "Familia Tachibana" en la tumba —La tumba de tus padres…

—No tengo padres —contestó, mientras limpiaba la piedra —Ellos son sólo unas personas a las que me gusta recordar con cariño.

—¿Qué estás diciendo?

—La verdad —dijo. Makoto acomodó las flores y se levantó —Con su permiso —pero antes de que Makoto pudiera marcharse, Sousuke lo sujetó de la muñeca —¿Yamazaki-san? —Sousuke odió la forma en que el castaño se dirigió a él, pero no se quejó, en cambio comenzó a arrastrarlo fuera del cementerio —Suélteme, por favor. Tengo un tren que tomar.

—Eso puede esperar. Ven conmigo —Makoto forcejeó y finalmente logró liberarse.

—No. No sé qué pretende, pero apenas nos conocemos y…

—No mientas. Te conozco mejor de lo que te gustaría, Makoto —las mejillas del más bajo se encendieron cuando Sousuke se acercó a su oreja para susurrarle esto —Sólo será un momento, por favor. Sólo… quiero que me escuches un momento, ¿sí? Mira, hay un café cerca de aquí, te prometo que no intentaré nada.

Sin estar muy seguro de por qué, Makoto había terminado asintiendo y ambos caminaron en silencio hasta el pequeño café. Cuando se sentaron frente a frente y ordenaron sus bebidas, Sousuke notó que Makoto tenía unas pronunciadas ojeras, además de que lucía inquieto, mirando constantemente hacia la entrada del local, como si esperara por alguien. Ninguno de los dos dijo nada y Sousuke se sentía como un idiota por haber arrastrado al otro con él sin tener realmente claro qué era lo que iba a decirle. "No soy feliz con Ran", "te extraño, Makoto" o "siempre te he amado" eran frases que sonaba tentadoras, pero que no lo llevarían a nada. Después de todo, nada en Makoto le demostraba que siguiera sintiendo algo por él, por mínimo que fuera.

—Makoto… —cuando por fin se decidió a hablar, el sonido del televisor lo distrajo.

El imperio Tachibana se desmorona.

La más grande cadena de hoteles de Asia, dirigida por la heredera de la familia Tachibana, la famosa y controversial Yamazaki Ran, ha tocado fondo. Después de meses de especulación, hoy se ha confirmado la venta del 80% de las acciones de la compañía al inversionista chino, Shen Chang. De esta forma, las decisiones administrativas pasan a poder del señor Chang y su equipo. Se desconoce la razón que llevó a la señora Yamazaki a tomar la decisión de ceder la compañía de sus padres a un extranjero.

Se intentó contactar a su representante, Serizawa Nao, pero no respondió ninguna de nuestras llamadas o correos. Sabemos que la señora Yamazaki se encuentra actualmente en Hong Kong, finiquitando los detalles del que podría considerarse el negocio más importante del año.

—¿Qué demonios…?

No podía ser cierto. No podía estar pasando. ¡Imposible! Sousuke se reunía todos los meses con Serizawa Nao para revisar las finanzas y el estado general de la compañía. Y todos los malditos informes mostraban números positivos. Se había discutido incluso la posibilidad de construir un hotel en Rusia y, supuestamente, las negociaciones estaban bastante adelantadas. ¿Cómo era posible que de pronto se anunciara que la compañía había sido vendida? ¿Por qué Ran no le había dicho nada? ¿Por qué le había mentido durante todos esos años?

—Cuando estaba terminando mi primer año en Australia, —habló Makoto, sacando a Sousuke de su ensimismamiento. Makoto lucía igual o más sorprendido que él —escuché un rumor de uno de los contadores del antiguo líder de la familia Tachibana. Dijo que si las cosas continuaban de la misma manera, pronto la compañía entraría en bancarrota. Él decía que la heredera había estado haciendo negocios imposibles y que si seguía de la misma manera, pronto la compañía no sería capaz de hacerle frente a sus deudas.

—Ran nunca… ella… ¡siempre decía que todo estaba bien, maldición! —exclamó Sousuke, golpeando la mesa con los puños y provocando que su café se derramara y comenzara a manchar el mantel —Maldita sea, me mintió. Me ha engañado todos estos años. Y pensar que confíe en ella. Esta cadena de hoteles… es el sitio donde invertí casi toda la herencia de mis padres, fue como construimos el hotel que se encuentra en Fiji. Y ahora… y ahora… ¡lo perdí todo!, la herencia de Yumiko —el más alto se llevó ambas manos al rostro, buscando reprimir el grito desesperado que se alojaba en su garganta —Tengo que encargarme de esto. Necesito volar a Hong Kong ahora mismo y… —Makoto lo haló de la manga de la camisa.

—Si vas ahora, podrías hacer algo de lo que te arrepientas después —Sousuke sintió su enojo desvanecerse cuando sus ojos se posaron en el rostro de Makoto —Necesitas relajarte primero y pensar las cosas con calma.

—¿Cómo se supone que me relaje cuando he perdido todo lo que mis padres me confiaron? —replicó —Y encima la compañía fue a parar a manos de ese maldito…

—Hay una manera —el más alto lo miró, con gesto interrogante.

—No creo que pueda calmarme con na…

—Sousuke, ¿lo harías conmigo? —lo cortó el castaño.

—¿Qué?

—Sexo.