Tengo un par de capítulos más escritos, sólo me falta darles una revisada, así que probablemente los esté subiendo en pocos días. Muchas gracias por todos los reviews en el capítulo anterior; había pasado tanto tiempo desde la última vez que actualicé que pensé que ya nadie recordaba esta historia.

Advertencia: (intento de) contenido sexual explícito.


[Acto 9]

Delirio

Ran se tendió en la cama de la habitación del hotel que, hasta hacía un par de horas, le pertenecía. Ahora sí la había hecho. Se había metido en un gran lío. Demonios, Sousuke no iba a dejarla escuchar el final de ello. Sus padres debían de estar retorciéndose en sus tumbas, al ver cómo su hija, la heredera en la que tanto habían confiado, había echado a perder aquello que tanto les había costado, aquella compañía que, hasta hacía tres años, era la más grande y próspera de Japón. Años de maquillar los resultados y mostrarse imponentes e invencibles ante el mundo, se habían visto destrozados cuando alguien había hackeado las bases de datos de la compañía para descubrir sus más oscuros secretos.

La herencia que sus padres le habían legado no era para nada insignificante y si a eso le sumaba el dinero que le correspondía a Makoto y Ren – y que ella por supuesto no les había dado – habría sido más que suficiente para que ella pudiera vivir el resto de sus días sin preocuparse. La misma Ran no estaba segura de en qué momento las cosas habían comenzado a torcerse. La compañía que no había estado en números rojos durante décadas de pronto se había visto incapaz de hacerle frente a sus deudas. Y es que desde hacía tiempo que las cosas debieron haberse filtrado al público, pero Ran sabía muy bien cómo hacer uso de su feminidad. Ella era una mujer atractiva y había usado su belleza para engatusar a muchos empresarios, acostándose con ellos a cambio de su colaboración financiera. No se enorgullecía de ello, pero de eso se había valido para mantener la cadena de hoteles a flote durante un par de años.

Hasta que había llegado ese sujeto. Shen Chang. Él se había encargado de destruir toda la muralla de mentiras que Ran había construido alrededor de ella misma y de su compañía. Shen sabía secretos de ella que, si llegaban a exponerse al público, arruinarían por completo su imagen. Ella no podía permitírselo jamás. Y más importante, no podía dejar que Sousuke conociera sus secretos. Pero ahora le tocaría lidiar con Sousuke y explicarle cómo era que había perdido, además de su herencia, todo el dinero que sus padres le habían dejado a Sousuke y que él había invertido en la cadena de hoteles. Estaba en un aprieto, pero esperaba que sus viejos trucos siguieran funcionando en el estúpido de su marido.

Escuchó un par de golpecitos en su puerta y, echándose encima una bata, abrió. Allí estaba su representante y mano derecha, Serizawa Nao. Ran se hizo a un lado y le hizo una seña para que pasara. Se acomodaron en un sofá. Ran se sirvió una copa de vino para ella, pero Nao rechazó la que ella le ofrecía. Se le olvidaba que Nao había sido alcohólico y que ahora no bebía ni una sola gota de alcohol. Qué sujeto más aburrido, pensaba ella.

—Ran, ¿estás segura de que este fue el mejor momento para informar de todo a la prensa? —preguntó él, mordiéndose el labio, inquieto —Tal vez debimos esperar a que hablaras con Sousuke y…

—Nada de lo que Sousuke dijera iba a hacerme cambiar de opinión, Nao. Sabes muy bien la situación en la que me encuentro. No puedo permitir que ese sujeto destape todos mis secretos, ¡me arruinaría por completo! No, este es sólo un pequeño precio que he tenido que pagar por su silencio.

—Pero Ran, Sousuke también… era dueño de parte de las acciones. No me parece justo que… —la mujer le dedicó una mirada amenazante.

—Sousuke me autorizó a manejar esas acciones como yo lo creyera más conveniente y eso es justamente lo que he hecho. Además, la compañía era mía desde un principio, así que la decisión final recaía en mí.

—Bueno, eso es cierto, —insistió Nao —pero tal vez si lo hubiésemos pensado un poco más. No sé, tal vez habríamos encontrado otro camino. Nos hemos visto en aprietos antes y hemos logrado salir adelante.

—Shen Chang es total y completamente gay. Jamás querría acostarse conmigo. Como sea, ¿viniste sólo para sermonearme?

—No, bueno… ¡Ah, casi lo olvido! —exclamó el otro —El asistente de Chang llamó. Dice que necesitan reunirse con nosotros para discutir el asunto de la propiedad que está en Shanghái. También sobre la casa de playa en el Caribe. Dijo que si deseas conservarlas, tendrás que ceder un poco más de tus acciones o de lo contrario las pondrá en venta. Como son propiedad de la compañía…

—¡¿Estás bromeando, Nao?! —gritó Ran, poniéndose de pie. La copa que sostenía cayó al suelo y se despedazó —¡No puede hacerme eso! ¡Estamos hablando del sitio donde Sousuke y yo vivimos! ¿Dónde demonios vamos a vivir?

—Dijo que puede preparar una casa en Hong Kong, cerca de donde se encontrarán a partir de ahora las oficinas centrales —al ver a la iracunda mujer, Nao añadió —Sabes que el control de la compañía pasó a sus manos en cuanto firmaste y como ambas casas eran bienes de la compañía, pues, básicamente él puede hacer lo que quiera con ellas. Ahora has pasado a ser nada más que una accionista minoritaria, así que no es como si puedas quejarte demasiado.

—¡Maldita sea! —exclamó —Ese estúpido, ¡justamente ahora tenía que aparecer!

—Y una cosa más, Ran. ¿sabes que ya liberaron la lista de nominados al Premio Pritzker? —Ran no parecía muy interesada hasta que Nao soltó el resto —Sousuke no está entre ellos —los ojos de Ran se abrieron como platos —Parece que el candidato más fuerte para llevarse el premio este año es una mujer. Creo que dijeron que se llamaba Minami Yumi.

—No puedes estar hablado en serio. Sousuke es el mejor arquitecto del mundo, no hay forma de que una desconocida le quite ese premio. Nao…

—¿Qué pasa?

—Vete.

—Pero Ran, aún hay cosas que necesitamos conversar. Tenemos algunos pendientes luego de la venta de la compañía que necesitan…

—¡Lárgate, maldición! ¡Largo de aquí! —cuando Ran le arrojó un jarrón que casi lo golpea en la cabeza, Nao supo que tenía que obedecer. Cerró la puerta al tiempo que escuchaba un objeto de vidrio impactarse contra la puerta.

Ran cayó de rodillas al suelo, golpeándolo con fuerza mientras soltaba maldiciones en los cuatro idiomas que conocía. Su vida había comenzado a desmoronarse cuatro años atrás, cuando el que en aquel entonces era su hermano menor había partido a Australia para hacer su vida. A partir de eso momento, la vida de Ran se había convertido en un infierno. Había terminado vendiendo la empresa de sus padres a un asqueroso gay. Había perdido todo el respeto de la comunidad mundial como genio de los negocios. Y encima su matrimonio era un desastre. Ya no sabía qué era lo que la hacía permanecer al lado de Sousuke. Claramente ninguno de los dos estaba intentando mantener la relación con vida, preocupándose más por sus propios asuntos que por el otro.

No sabía si tendría las fuerzas para "renacer de las cenizas". Se sentía completamente desdichada. Quería que Sousuke estuviera ahí para que le hiciera olvidarlo todo con una buena noche de sexo. Después de todo con Sousuke siempre se había tratado de sexo. Ran muchas veces creía que esa era la principal razón por la que seguía con él: buen sexo y pocas preguntas. Ahora, sin embargo, Sousuke estaba en Japón. Así que a situaciones desesperadas, medidas drásticas. Tomó el celular y deslizó el dedo por su lista de contactos hasta que encontró el que buscaba.

Kirishima Natsuya.

S & M

Sousuke no tuvo que pensárselo demasiado cuando escuchó la última palabra que había abandonado los labios de Makoto. Lo tomó de la muñeca y dejó un billete sobre la mesa, su bebida derramada sobre el mantel y la bebida de Makoto a medio terminar. Cuando estuvieron fuera del café, Sousuke vio que Makoto lo miraba con una sonrisa, que no hizo más que aumentar la forma en que lo deseaba. "Guíanos", había dicho Sousuke, haciendo que la sonrisa en el rostro del otro se ensanchara, mientras se soltaba del agarre del más alto y paraba un taxi. El camino hasta el sitio donde Makoto los llevaba se le hizo eterno. Sousuke ardía con deseos de tocarlo, de besarlo, de enterrarse profundamente en su ser hasta que de su boca no saliera nada más que su nombre en forma de gemidos cargados de placer.

Se bajaron enfrente de un bonito complejo de apartamentos, con Makoto guiándolos por el pasillo hasta el ascensor, otra espera que a Sousuke lo estaba matando. Makoto abrió la puerta y entró, con Sousuke siguiéndolo de cerca. Sousuke pudo ver una sombrilla de conejitos en la entrada. Sin darle oportunidad para admirar algo más de la entrada, Makoto lo arrastró dentro y, pegándolo contra la puerta, lo besó. Tomado por sorpresa, Sousuke tardó un momento en corresponder el beso con la misma intensidad. Las manos de Sousuke viajaron hasta las caderas ajenas, aferrándose a ellas con fuerza, tanto que Makoto estaba seguro de que le quedarían marcas a pesar de la ropa. Makoto, que poco a poco se quedaba sin fuerzas en las piernas, enterró las manos con el corto cabello del otro, empujándolo hacia el frente para poder besarlo más a gusto.

El beso se transformó en una guerra de lenguas que se buscaban para complacerse y que, poco a poco comenzaban a pelear por el control. Mientras duraba el beso, las manos de Sousuke se colaron bajo la camisa de Makoto. La piel de Makoto ardía bajo su toque, a pesar del frío que hacía afuera. Pero no conforme con el placer que le provocaba la espalda ajena, Sousuke le agarró las nalgas, empujándolo hacia adelante para que Makoto pudiera darse cuenta de lo excitado que estaba. Makoto rompió el beso, soltando un gruñido al sentir la dureza de Sousuke contra su pelvis.

—Maldición —soltó Sousuke, con la respiración entrecortada —Maldición. No tienes idea de lo que me estás haciendo, Makoto.

—Cama —susurró Makoto contra sus labios mientras, caminando en reversa con paso torpe, los guiaba a ambos hasta su habitación.

Sousuke repartió besos por el rostro, los labios y el cuello ajenos mientras se abrían paso hasta el cuarto. Makoto abrió la puerta de una patada y las luces de la habitación se encendieron automáticamente. Sousuke vio de reojo una muñeca sobre la cómoda, pero no le dio importancia y empujó a Makoto hasta la cama. Makoto cayó sobre las almohadas sin mucha delicadeza, pero poco le importó. En cambio, se incorporó para quitarle la camisa a Sousuke, relamiéndose los labios cuando su perfecto torso apareció ante sus ojos. Sousuke lo imitó y se apresuró también a arrancarle los pantalones junto con la ropa interior. Makoto no sintió vergüenza alguna al saberse completamente desnudo ante él. En cambio, lo haló del pelo para que ambos volvieran a unir sus labios en un beso fogoso.

Sin romper el beso, Sousuke apretó uno de sus pezones entre sus dedos, haciendo que Makoto soltara un gemido. Sonriendo al saberse el causante de tan adorables reacciones, Sousuke deslizó la lengua por su cuello, mordiéndole la manzana de Adán antes de bajar un poco más para capturar el otro pezón entre sus dientes. El cuerpo de Makoto volvió a estremecerse y Sousuke no soltó el rosado botón hasta que estuvo contento con lo enrojecido de la piel. Repitió el mismo ritual con el otro pezón, antes del volver a deslizar la lengua por sus abdominales de acero. Introdujo la lengua en el ombligo, bajando su mano para que este, finalmente, tocara el miembro semi-erecto y goteante del otro.

Makoto se retorció en la cama, aferrándose con tal fuerza a las sábanas que los nudillos se le pusieron blancos. Sousuke se dedicaba a estimularlo utilizando tanto sus manos como su boca. Su boca caliente se cerró alrededor de la punta, mientras una mano lo acariciaba hasta la base, cerca de los testículos, y la otra se encargaba de mantener sus caderas quietas. La habitación se llenó de gemidos, gritos e intentos de Makoto por pronunciar su nombre. Las manos de Makoto se aferraron con fuerza al cabello lacio de Sousuke, como intentando guiarlo y decirle cómo complacerlo. Pero Sousuke probó ser más fuerte que un Makoto sacudido por los espasmos de placer. El más alto introdujo más del miembro caliente e hinchado en su boca. Makoto no duró mucho más y lanzando un grito incomprensible, se derramó por completo en la boca de Sousuke.

Sousuke soltó finalmente el ahora flácido trozo de carne y se relamió los labios, limpiándose los restos de la esencia de Makoto. Se inclinó para volver a besarlo, haciendo que Makoto probara su sabor. Makoto sentía el cuerpo de gelatina. Acababa de tener el mejor orgasmo de su vida y Sousuke ni siquiera había estado cerca de penetrarlo. Makoto lo miró, con gesto implorante y Sousuke, queriendo molestarle un poco para hacer las cosas más interesantes, dijo:

—Dime qué es lo que quieres, Makoto —el castaño abrió la boca, como pez fuera del agua, pero no salió de ella ninguna palabra coherente —No sabré lo que quieres si no me lo dices.

—D-Dentro —balbuceó el castaño, abriendo las piernas y levantando las caderas —P-Por favor… T-Te n-necesito…

—¿Lubricante? —Makoto señaló la primera gaveta de la mesita de noche.

Adentro había una botella de lubricante con aroma a cereza y una caja de condones cerrada. Sousuke sacó la botella y uno de los condones. Se llenó los dedos del líquido pegajoso e introdujo el primero en la entrada de Makoto. Un pequeño gemido se escapó de sus labios cuando el dedo de Sousuke comenzó a internarse más dentro de él. Luego llegó el segundo y los movimientos de tijeras tenían a Makoto al borde de la locura. Cuando el tercero entró con facilidad, Sousuke lo encontró. Ese punto que hacía que Makoto se retorciera y gritara, habiendo alcanzado un placer que al parecer no era capaz de soportar.

—P-Por… f-favor… Sou… ¡ah! —Makoto volvió a gemir cuando Sousuke golpeó nuevamente ese punto que lo hacía delirar.

El mismo Sousuke sabía que no podría soportar mucho más. Después de todo, su propio miembro estaba hinchado y nada quería más que enterrarlo entre las piernas de Makoto. Entonces, acomodó una de las piernas de Makoto sobre su hombro, cubriendo su miembro con el líquido. Agarró el condón y justo cuando iba a romper el empaque, Makoto le sujetó la mano y negó con la cabeza. Sousuke sonrió complacido y se posicionó, penetrándolo lentamente. Esta vez estaba decidido a tomárselo con calma, a disfrutar la sensación de estar dentro de Makoto. Sousuke sacó la mitad de su miembro y volvió a embestirlo lentamente.

—M-Más rápido… —pidió el castaño, mordiéndose el labio.

Sousuke obedeció y se enterró con más fuerza dentro de él, tocando ese punto dentro de Makoto que lo hacía ver estrellas. Makoto se aferró a las sábanas, mientras sus gemidos aumentaban en intensidad. Sousuke cerró los ojos un momento, disfrutando de la forma en que Makoto lo apretaba dentro de sí. Sousuke cerró la mano alrededor del miembro de Makoto, estimulándolo el mismo tiempo que lo penetraba una y otra vez. Sus labios se unieron en un beso torpe y desordenado. Ambos estaban cerca. Muy cerca. Makoto le mordió el labio cuando lo sintió tan dentro y cuando al mismo tiempo Sousuke había apretado su virilidad. Sousuke sintió la sangre deslizarse por su barbilla, pero no le dio importancia. En cambio aumentó la velocidad de sus embestidas hasta que Makoto, con un gemido ahogado, se corrió entre sus pechos y en su mano. El rostro de Makoto cuando le llegó el segundo orgasmo del día era la cosa más hermosa que Sousuke había visto en su vida.

El mismo Sousuke no duró mucho más y pronto siguió a Makoto, derramándose dentro de él hasta llenarlo por completo. Ambos tenían la respiración entrecortada pero una enorme y boba sonrisa en los labios. Sousuke pegó su frente con la de Makoto antes de besarlo fugazmente y salir de él. Makoto sintió sus mejillas enrojecer cuando Sousuke dejó de llenarlo y los restos de su acto se escurrían por sus muslos. Sousuke se tendió boca arriba en la cama, preguntándose todavía si todo lo que acababa de pasar había sido real. Ni en sus sueños más locos se imaginaba que Makoto sería quien le pediría que tuvieran sexo.

Todavía le parecía un sueño, pero cuando Makoto rodó para recostarse en su pecho y pasarle una mano por la cintura, supo que era tan real como el hecho de que Ran lo había engañado. Pero ahora no quería pensar en Ran, simplemente quería quedarse ahí, en brazos del demonio que no quería exorcizar jamás. Ese demonio de ojos verdes que lo volvía loco y del que estaba perdidamente enamorado. Makoto tenía los ojos cerrados y no sabía si estaba dormido, pero Sousuke cerró sus ojos, dejando que de su boca escaparan las palabras que desde hacía tanto tiempo había querido decirle.

—Te amo, Makoto.

S & M

Cuando recibió la carta casi no podía creerlo. Francamente pensaba que se trataba de una broma. Recordaba que la carta se había deslizado de entre sus dedos y que las piernas le habían fallado. Kazuki la había encontrado de rodillas en el piso, temblando y con lágrimas en los ojos. Preocupado, le había preguntado qué le pasaba y ella, entre sollozos, había señalado el trozo de papel que estaba tirado en el piso. Kazuki volteó sus ojos verdes hacia ella y la envolvió en el efusivo abrazo, besándola en el rostro, incapaz de pronunciar palabra alguna pero demostrando lo orgulloso que estaba de ella. Había sido nominada al Premio Pritzker.

Todavía se acostaba todas las noches junto a su esposo, preguntándose si todo aquello era real. Después de quedarse sin trabajo, sin familia, sin dinero, Yumiko pensaba que no había esperanza para ella. Por eso se había ido a Australia, donde comenzó a trabajar en la oficina de arquitectura de un viejo colega como dibujante. Los primeros meses habían sido duros. Estar lejos de casa la había deprimido, sus padres habían muerto y su único hermano le había dicho "tú estás muerta para mí". Sentía que no le quedaba nada, que vivía por inercia. Entonces había conocido a Kazuki. Minami Kazuki, australiano de ascendencia japonesa, a quien había conocido durante un seminario de emprendedores en Melbourne. A partir de ese momento, su vida se había tornado de un color distinto. Su vida había comenzado a tener sentido nuevamente.

La vida que había arruinado el absurdo rumor de que ella, para formar una alianza con una importante firma alemana de arquitectos, se había acostado con el presidente y además había consumido drogas en una fiesta. Ella seguía esperando que alguien le mostrara las supuestas fotos que probaban su "desliz". Yumiko todavía no conocía la identidad de la persona que había difundido ese terrible rumor y francamente poco le importaba. Tenía una ligerísima idea de quién podía tratarse pero no hacía tiempo que había dejado de pensar en eso. Tenía cosas más importantes por las cuales preocuparse. Como la noticia que acababa de darle su médico: estaba embarazada.

Yumiko se acarició el vientre plano de dos semanas mientras terminaba un plano, pensando en la forma en que le daría la noticia a Kazuki. Kazuki era ingeniero civil y ambos habían iniciado una pequeña firma de arquitectura cuando regresaron de Australia para instalarse en Japón. La pequeña firma había comenzado a crecer, formándose un nombre dentro de la nación nipona. El edificio que con gran esfuerzo habían comprado, había sido rediseñado completamente a gusto de ambos, inspirado en las formas de naturaleza. Yumiko escuchó la campanilla de la entrada y poco después apareció Kazuki, cargando una bolsa con comida tailandesa. La besó en la frente y se acomodó en su silla, revisando los papeles que su secretaria había dejado sobre su escritorio.

—¿Pasa algo, cariño? —preguntó Yumiko, sin apartar la mirada de su computadora, con una pequeña sonrisa en sus labios —Ah sí, temprano dejaron un papel sobre tu escritorio. Dijeron que era importante.

—¿E-Es en serio? —preguntó él, boquiabierto. Yumiko finalmente lo miró a los ojos y asintió con la cabeza. Kazuki se levantó con tal ímpetu que terminó tirando la silla al suelo. Cuando Yumiko se dio cuenta, su esposo la tenía envuelta en un apretado abrazo. Yumiko sintió lágrimas mojarle el cuello.

—Kazu… vamos a ser padres —se miraron a los ojos, como los dos enamorados que eran.

—Te amo, Yumiko. No te imaginas cuánto. Es la mejor noticia que me has dado desde tu nominación. Oh rayos, ¿crees que sea un niño o una niña? ¿Le gustará dibujar? ¿O acaso preferirá los deportes?

Yumiko lo haló de la camisa y estampó sus labios contra los de él, callándolo. Una nueva luz llegaría pronto para darle más luz a sus vidas. Aun en medio de su felicidad y quizás casi sin quererlo, Yumiko esperaba que un poco de felicidad llegara a la vida de su herm… del hijo de la familia Yamazaki. Y es que muy en el fondo Yumiko sabía que no todo era culpa de él. Simplemente se había enamorado de la persona equivocada y se había dado cuenta de ello demasiado tarde.