Este es un capítulo que terminé hace varios días, pero no había encontrado el tiempo para revisarlo y compartirlo. Muchas gracias por sus hermosos comentarios en el capítulo anterior. Las cosas se calentaron un poco, ¿eh?, pues ahora se vienen momentos dramáticos, para no perder la costumbre.
[Acto 10]
Preludio a una tormenta
Despertar en una cama vacía era algo a lo que ya se había acostumbrado. No se enorgullecía de ello, pero se había acostado con varias personas que se habían interesado en él y en quienes él se había interesado. Sin embargo, sus "parejas" se habían esfumado una vez que habían tenido sexo. A excepción de una que ya había regresado para morderle el trasero y que, seguramente, pronto le causaría muchos problemas. Quizás esa había sido una de las razones por las cuales se había acostado con Sousuke. Quería olvidarse, aunque fuera temporalmente, del problema que se avecinaba. Quería disfrutar del placer que Sousuke era capaz de otorgarle, al menos una última vez, antes de que su pasado se encargara de meterse en su presente y destrozar su futuro.
Realmente, y aunque tratara de convencerse de que era un "gusto" que quería darse antes de que su vida se convirtiera en un infierno, Makoto seguía sin estar muy seguro de por qué se había acostado con Sousuke. Lo que sí sabía con seguridad era que, demonios, lo volvería a hacer. Todas las veces que Sousuke quisiera. Muy atrás había quedado su inocencia. Otra de sus razones podría atribuirse a su curiosidad. El saber qué se sentiría acostarse con él sabiendo que Sousuke no buscaba sólo su placer, sino que se había esmerado por hacerlo sentir bien. Porque Sousuke se había dedicado a complacerlo con su cuerpo, con sus labios, con sus manos. Había sentido algo parecido a la felicidad cuando Sousuke lo llenó por completo. Aunque, había algo más que le inquietaba. Al final del acto había quedado tan cansado que no estaba seguro de haber oído bien, pero le pareció haber escuchado salir de labios de Sousuke aquellas palabras que en el pasado le hubiese gustado escuchar. Palabras que ahora, francamente, no le hacían falta.
Mientras lo hacían, se había dado cuenta también de que Yumiko tenía razón cuando dijo que Sousuke no era feliz. Era cierto que sus ojos revelaban lo infeliz que era. Sin embargo, cuando sus ojos se cruzaron con los de Sousuke, la conexión había sido instantánea. Como si estar juntos fuese lo más natural del mundo. Rió sabiendo lo irónico que sonaba pensar de esa manera. Su cuerpo añoraba el calor de Sousuke a su lado, pero su corazón y su mente tenían claro en que ya no lo amaba. ¿Verdad? ¿Lo deseaba? Sí, probablemente esa era la mejor forma de describir lo que sentía por él. Sousuke era endemoniadamente guapo, exudaba un atractivo sexual innegable, así que desearlo no era algo extraño.
Mirando el reloj digital que reposaba sobre la mesita de noche, Makoto se levantó de la fría y solitaria cama, arrastrando los pies hacia el baño. En cuanto se puso de pie, las piernas le temblaron y sintió un pinchazo de dolor en las caderas. Ah, casi había olvidado que esas no eran más que las consecuencias de lo hecho la noche anterior. Entró en la ducha y podía sentir cómo se deslizaba el semen ajeno por sus muslos, junto con el agua. Clara evidencia de que lo que había pasado la noche anterior no había sido una ilusión. Se tomó su tiempo dentro de la ducha y cuando regresó a la habitación, secándose el cabello con una toalla y con otra alrededor de la cintura, vio algo que no había notado antes. Había una nota sobre la mesita de noche, junto a la botella de lubricante.
Regresaré por ti, era lo que decía la nota. Makoto se sentó en la cama y sonrió, pensando en lo interesante que sería si Sousuke en realidad volviera a buscarlo. Claro que eso no era más que una fantasía. La noche anterior jamás volvería a repetirse. A pesar de todos los problemas, Sousuke regresaría con Ran y volverían a ser la pareja perfecta de siempre.
Mientras terminaba de prepararse para ir a su trabajo en el prescolar donde trabajaba su mejor amiga, Mikoshiba Gou, el teléfono del apartamento comenzó a sonar. Contestó en cuanto vio que era Yumiko quien llamaba. Pero antes de que pudiera decir algo, Yumiko soltó:
—Estoy nominada —después de unos segundos, Makoto entendió a lo que ella se refería y exclamó:
—¡Eso es genial, Yumiko-san! Qué digo genial, ¡es increíble! ¡Sabía que lo lograrías!, apuesto que Kazuki-san está muy feliz también. Has trabajado muy duro para este momento —la mujer soltó un suspiro, antes de contestar:
—Sólo espero no ganar.
—¿Qué estás diciendo? No puedes estar hablando en serio.
—Oh sí, muy en serio —contestó —Esta es en realidad mi segunda nominación, aunque muy poca gente lo sepa —Makoto se quedó asombrado —Yamazaki Yumiko también fue nominada una vez, pero en ese tiempo no tenía la más mínima oportunidad de ganar. No me apetece que la gente se dé cuenta de la verdadera identidad de Minami Yumi. En fin, ¿qué hay de ti? ¿Ha pasado algo interesante desde que nos separamos?
Oh sí, algo muy interesante había sucedido y Makoto tuvo que morderse la lengua para no contarle acerca de su encuentro con Sousuke. Ella seguramente se decepcionaría mucho si supiera que había terminado acostándose con él y Makoto no estaba dispuesto a perturbarla cuando estaba pasando por un momento tan importante como su nominación al prestigioso Premio Pritzker. Después de un momento de silencio, Makoto volvió a hablar:
—No realmente. Se me ha ocurrido una idea para una nueva historia.
—¡Oh! Acabo de recordarlo. Hay algo más que debo decirte. Voy a ser madre.
—¿En serio? No, espera un momento, ¡¿es en serio?! ¡Oh, por todos los cielos! ¡Vas a ser madre! —exclamó emocionado, tanto que casi deja caer el teléfono —¡Muchas felicidades! Ah, sólo hay un problema. Con todo esto… dejarás de ser mi manager.
—Oh cariño, voy a extrañar trabajar contigo —dijo ella —Pero recuerda que inicialmente yo no era la persona que la editorial había escogido para estar a cargo tuyo. Te asignaron al mejor editor, pero él no pudo hacerse cargo de inmediato debido a unos problemas familiares. Sin embargo, Natsuya está de vuelta y está más que listo para trabajar contigo. De hecho hablé con él ayer y quedamos en reunirnos para hacer la presentación oficial. Por cierto, Makoto, ¿de qué se trata esta nueva idea? No me digas que vas a comenzar una nueva saga.
—Oh no, nada de esto. Esta será una historia corta. Escucha esto: la historia de un muchacho que se enamora de su tutor. ¿Qué tal suena eso?
—"Enséñame, por favor" —dijo Yumiko, con un tonito de voz meloso. Makoto rió —Es un buen nombre, ¿verdad?. Aunque me lo estoy imaginando como un manga.
—¿Kodoku Itami, escribiendo manga? Eso sí que sería revolucionario —Yumiko rió.
—Kodoku Itami es un autor revolucionario.
—Supongo que sí. Bueno, tengo que irme o llegaré tarde al trabajo. Pasaré a verte más tarde, quiero felicitar personalmente a Kazuki-san también.
Yumiko se despidió y Makoto terminó la llamada.
Terminó de alistarse y salió del apartamento, rogando porque no se notara su dificultad para caminar. El prescolar donde trabajaba estaba a diez minutos a pie, así que no iba a tomarse la molestia de llamar un taxi para ir hasta ahí. Cuando llegó, Gou estaba en la entrada recibiendo a los niños. En cuanto estuvo cerca, la pelirroja levantó la mirada y lo saludó con la mano, dedicándole un gesto curioso cuando notó que casi se tropezaba. Demonios. Ahora sí que Gou no iba a dejarlo en paz hasta que le soltara toda la verdad. En cuanto los niños entraron al salón, Gou se le acercó y le dijo:
—Vas a contármelo todo a la hora del almuerzo —Makoto tragó saliva y asintió con la cabeza.
La editorial a la que Makoto pertenecía había puesto en marcha desde hacía varios años un programa para fomentar la lectura en los niños desde edades tempranas. Y dado que a Makoto le gustaban mucho los niños, él de inmediato se había apuntado en el programa como voluntario. Así es como había terminado en el prescolar dirigido por su mejor amiga y por el esposo de esta, Mikoshiba Seijuro, que era instructor de natación.
El día transcurrió con normalidad, hasta que llegó la fatídica hora del almuerzo. Makoto se reunió con Gou en el pequeño comedor. Convenientemente, Gou había llevado un bento para él también y cuando le había preguntado por qué simplemente había contestado "tuve el presentimiento de que pasaría algo que te haría olvidar el almuerzo". Durante unos minutos estuvieron comiendo en silencio, hasta que Gou dejó los palillos a un lado y lo miró fijamente con los penetrantes rubíes que tenía por ojos. Makoto suspiró e, imitando el gesto de su amiga, comenzó a hablar.
—Me encontré con Sousuke ayer cuando iba a visitar la tumba de la familia Tachibana —Gou no lucía sorprendida, su rostro más bien le decía que continuara, porque sabía que eso no era todo —Me… acosté con él —nuevamente, su amiga no lucía sorprendida. Más bien, lucía ¿decepcionada?
—Makoto…
—No te preocupes, —contestó al instante, sabiendo lo que ella quería decirle —no es algo que vaya a repetirse. Él regresará a su vida y se olvidará de que alguna vez nos reencontramos. Oh, vamos, no es como si fuera la primera vez que hago algo como esto.
—Terminaste muy lastimado cuando te involucraste con aquel sujeto, ¿cómo se llamaba?, ah sí, Chang —Makoto sintió un nudo en la garganta cuando Gou pronunció ese apellido —Makoto, ¿estás seguro de que ya no sientes nada por Sousuke?, digo, después de todo fue tu primer amor.
—No tengo nada que sentir por él, Gou —la mujer lo miró fijamente a los ojos, como queriendo confirmar si decía la verdad. Incapaz de percibir inseguridad alguna, Gou sólo suspiró y regresó a su comida.
—¿Lo sabe Haruka? —el castaño negó con la cabeza —Bien, no tiene porqué saberlo. Haría un escándalo muy a su manera si llegara a enterarse.
Sí, Haruka no tenía por qué enterarse, así como no había tenido idea de la clase de vida que Makoto había tenido cuando estuvo en Australia. Haruka no tenía por qué saber el número de personas con quienes había dormido. Tampoco tenía por qué saber el problema que se le avecinaba por haber cometido el error de relacionarse con el ahora magnate chino Shen Chang. Y de paso Gou tampoco tenía por qué saber que Shen había regresado y muy pronto intentaría colarse a la fuerza en su vida. No. Porque Makoto estaba convencido de que él sería capaz de manejar la situación. Solo.
S & M
Definitivamente Ran no se lo esperaba. Sousuke estaba plantado en su puerta, de brazos cruzados y, demonios, si los ojos mataran ya estaría bien muerta. Estaba molesto, muy molesto. Las cosas no iban a terminar bien y definitivamente de esta no podría zafarse con la excusa de "el mejor sexo de su vida". Ran dejó caer el bolso y el celular al piso alfombrado de su habitación de hotel. Sousuke entró y cerró la puerta tras de sí, mirando curioso la forma en que ella iba vestida. Llevaba un vestido negro que se ajustaba condenadamente bien a su figura, el pelo suelto y definitivamente se había puesto más perfume de lo normal.
—¿Vas a alguna parte? —preguntó Sousuke, dando un paso más para quedar justo enfrente de ella.
—Tengo un compromiso. ¿Podemos hablar más tarde? —espetó ella —Le dije claramente a Nao que no le diera la información de mi habitación a nadie, ¿es que ese imbécil no puede hacer nada bien?
—Oh, créeme que hacerlo hablar no fue muy difícil, Ran. Lo siento pero tu "compromiso" tendrá que esperar. Tenemos asuntos importantes que discutir. Como, por ejemplo, por qué vendiste la compañía en la que invertí todo el dinero que me dejaron mis padres —Sousuke continuó avanzando al tiempo que ella retrocedía —¿Podrías explicarme cómo es que, después de todos esos maravillosos informes, ahora me entero de que la compañía estuvo en bancarrota desde hacía tres años? ¿Eh? ¿Vas a explicarme qué demonios sucedió, esposa mía?
—No tienes idea —Ran apretó los puños y lo miró con gesto desafiante —¡No tienes idea de la inmensa responsabilidad que cayó sobre mí cuando mis padres murieron! ¡Jamás podrías saberlo! El tener que dirigir una empresa de tal magnitud y prestigio…
—Oh, ¿acaso no eras un genio para los negocios? La heredera perfecta, la súper mujer que no necesitaba la ayuda de nadie y que se encargó de desheredar a sus dos hermanos, alegando que eran un par de inútiles a quienes no necesitaba. Porque sí, Ran, eso fue exactamente lo que dijiste. ¿O es que ahora vas a decir que no lo recuerdas?
—¡Cállate! —el rostro de Ran estaba surcado de lágrimas y su cuerpo temblaba, pero eso no le había impedido darle una bofetada. O al menos intentarlo, porque Sousuke había detenido su mano justo a tiempo —¡No tienes ningún derecho a juzgarme! ¡Nunca te preocupaste por ayudarme a dirigir la compañía! —Sousuke lanzó una carcajada.
—¡Mira que eres descarada! Ahora vienes a decirme que no te ayudé. Te ofrecí mi ayuda incontables veces, puse a tu disposición a los mejores asesores de negocios, incluso consideré retirarme de mi profesión para apoyarte con las decisiones importantes. ¿Cuántas veces lo sugerí, Ran? ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas cuando me decías que un arquitecto como yo jamás podría tener talento para los negocios? Pues bien, me hice a un lado como querías, puse en tus manos la herencia de mis padres, ¡y fue así como me pagaste!
Sousuke estaba colérico y sin notarlo cada vez apretaba con más fuerza el brazo de Ran. Ella no había dejado de llorar, dedicándose a escuchar en silencio todas las quejas de Sousuke.
—¡Suéltame, me haces daño! —replicó entonces ella —¿Quién te crees que eres para venir a tratarme de esta manera? ¡Maldito salvaje!
—¡Soy tu esposo, maldición! ¡Soy tu esposo e inversionista de la compañía! ¡Tengo derecho a saber cuál es la situación real de la compañía en la cual invertí la fortuna de mis padres!
—¡Tú no tienes derecho a nada! —gritó ella, empujándolo con todas sus fuerzas. Había dejado de llorar y ahora lucía tan colérica como Sousuke —¡Piensa un momento y recuerda quién te dio la fama de la que gozas ahora!
Sousuke se echó hacia atrás súbitamente, como si estar cerca de ella lo quemara. Ran respiraba agitadamente. Sousuke no estaba muy diferente. Ran lo miró, mordiéndose el labio.
—Sousuke…
—Puede que tengas razón —dijo él de pronto —Puede que fuera en parte mi culpa. Porque dejé que lo hicieras todo por mí.
—No tuve opción, Sousuke —dijo Ran —Si hay algo que pueda hacer por ti…
—Sí, hay algo que puedes hacer por mí, ahora que lo mencionas. Puedes… dejarme en paz un tiempo.
—¿Qué?
—A partir de ahora, voy a abrirme camino con mis propias manos. No volveré a permitir que alguien más lo haga por mí. Yo… nosotros… necesitamos tiempo, Ran. Las cosas no están bien. Hace tiempo que no lo están. Puedes quedarte en Hong Kong, yo voy a regresar.
—¿Regresar? ¿Adónde?
—A un lugar al que no he vuelto en años. No me busques.
Sousuke había tenido suficiente. El simple hecho de ver el rostro de Ran lo irritaba tanto que sentía deseos de estrangularla. No estaba pensando con claridad, por lo que prefería simplemente marcharse y poner sus pensamientos en orden antes de tomar una decisión o lo que fuera. Dio media vuelta para marcharse de la habitación y entonces sintió los brazos de Ran aferrándose a su cintura.
—No te vayas, por favor —balbuceó ella, que se había puesto a llorar otra vez —Lo siento mucho. No me dejes, por favor —Sousuke se liberó bruscamente de su agarre y salió de la habitación, cerrando de un portazo —¡Sousuke!
Ran cayó de rodillas al suelo y se llevó las manos al rostro, buscando acallar sus sollozos. Su cuerpo se estremecía y le costaba respirar. No supo cuánto tiempo estuvo así, pero cuando escuchó la puerta abrirse nuevamente, luego de un par de minutos, sus ojos se iluminaron, creyendo que Sousuke había regresado. En cambio le saludó del otro lado la figura de un sujeto que ella conocía bien: cabello y ojos de color chocolate, alto y apuesto. Kirishima Natsuya.
—Natsu.
Se miraron a los ojos un momento. Natsuya cerró la puerta con seguro y se arrodilló enfrente de ella, levantándole el mentón con una mano. Sus ojos volvieron a encontrarse justo antes de que sus labios se conectaran en un beso desesperado. Ran le rodeó el cuello con los brazos, impulsándose hasta quedar sentada en su regazo. Natsuya le rodeó la cintura, sintiendo cómo el pecho de ella se pegaba al suyo. Él rompió el beso para morderle el labio e introducir su lengua al momento que ella jadeaba. Con pasos torpes se dirigieron hasta la cama, donde la ropa estorbó y los gemidos le dieron la bienvenida a la noche.
S & M
Sousuke dejó caer al piso el maletín con las pocas cosas que había recogido de la que pronto dejaría de ser su casa en China. Encendió la luz y de pronto sintió que retrocedía en el tiempo a aquellos momentos en los que llegaba a esa misma casa de la escuela y era recibido con un cálido abrazo de su hermana. Yumiko. Demonios, cómo la extrañaba. Había sido un grandísimo estúpido al hacerla a un lado, al rechazar a la única familia que le quedaba. Hacía tiempo que había dejado de estar seguro de lo que le había dicho Ran con respecto a su hermana. Incluso las pruebas que le había mostrado habían dejado de parecerle reales. Aunque quizás ya era demasiado tarde, de alguna manera tenía que reunir el valor para disculparse con ella, aunque ella no quisiera aceptar su disculpa. Claro, eso era si lograba encontrarla. Tal vez contratar un detective privado no era una idea tan descabellada después de todo.
Todo seguía como lo recordaba. La casa tradicional heredada por su familia seguía luciendo hermosa e imponente, gracias a los esfuerzos del personal de mantenimiento que atendía la casa una vez por semana. Caminó por los amplios pasillos hasta salir al jardín, donde los peces saltaban en el pequeño estanque. Se sentó sobre el piso de madera, recordando. Esa casa lo había visto crecer y era lo único que le quedaba de sus padres luego de haberse casado con Ran. Había mantenido en secreto el hecho de que la propiedad le pertenecía y ahora daba gracias por ello. Iba a quedarse en Japón por un tiempo y retomaría su trabajo como arquitecto desde su casa. Iba a comenzar de nuevo y demostrarle a Ran que podía "brillar" sin su ayuda.
Y ahora que pensaba en Ran… se veía bastante afectada cuando él ser marchó. Frustrado, Sousuke se llevó las manos al rostro, agachando la cabeza y escondiendo el rostro entre sus dedos. ¿Qué demonios iba a hacer con Ran? ¿Qué demonios iban a hacer con su relación? Desde hacía tiempo estaba claro que las cosas no estaban bien entre ellos, pero, ¿qué se suponía que debía hacer? ¿Darle otra oportunidad? No, la verdad no le apetecía pensar en eso en ese momento. Iba a tomarse las cosas con calma y tratar de decidir qué demonios hacer con ese matrimonio que desde hacía mucho había dejado de hacerlo feliz. Sin embargo, pensando objetivamente, quizás había sido en parte su culpa. Había estado tan concentrado en su carrera que no se preocupó por mantener una relación saludable, mucho menos por cuidar de ella.
También… estaba Makoto. Jamás se habría imaginado que volvería a encontrase con él, mucho menos que el mismo Makoto le pidiera que se acostaran. Sousuke no podía evitar sonreír, recordando el momento glorioso en el que habían hecho el amor. Aquel te amo le había salido tan natural. Amar a Makoto ahora le resultaba tan natural como respirar. Entonces, ¿por qué no dejaba a Ran y se quedaba con Makoto? Ja, como si eso fuese tan simple. Había hecho sufrir a Makoto y, a pesar de que se habían acostado, Sousuke dudaba que Makoto siguiera sintiendo algo por él. Deseo, tal vez. Pero nada más.
Se quedó mirando los peces nadar, como si fuese la cosa más interesante del mundo. Hasta que el timbre de su celular lo hizo sobresaltarse. Presionó el botón de contestar sin siquiera fijarse en el número y en cuanto se llevó el aparato a la oreja se arrepintió.
—Ha pasado mucho tiempo, amigo mío.
—¿Qué quieres? —soltó, cortante.
—Oh, no, no, Sousuke. ¿Es así como le hablas a tu nuevo jefe? —Sousuke frunció el ceño —Supongo que ya Ran te lo habrá dicho, pero la firma de arquitectos, sí, esa que fundaron tú y tu desaparecida hermana, es ahora de mi propiedad.
—¿Qué? —Sousuke se puso de pie súbitamente, apretando el teléfono hasta que sus dedos se pusieron blancos. Lo que le faltaba.
—Pues sí, por eso pensé en llamar, para agendar una reunión y discutir los términos de tu contrato con mi compañía —Sousuke podía imaginarse el gesto burlón que podía tener Shen en ese momento. Ah, cómo le gustaría estar frente a él y romperle la cara de un puñetazo.
—Prefiero estar desempleado antes de trabajar para un sujeto como tú —Shen lanzó un suspiro.
—Sousuke, Sousuke, no seas un mal perdedor. Sólo porque ahora yo soy quien tiene un poco más de éxito, no deberías ponerte celoso. Seré un buen jefe, ¡lo prometo!
—No voy a trabajar para ti, aún si eso significa que tengo que recomenzar. No quiero que vuelvas a llamarme, ¿escuchaste? Tal vez puedas manipular a Ran, pero no harás lo mismo conmigo —Shen se echó a reír y justo cuando Sousuke iba a colgar, el otro añadió:
—Hay una cosa más que deseo quitarte, ¿sabes? Sí, voy a quitarte a la persona que amas. Y no, no estoy hablando de tu encantadora esposa.
La llamada se colgó sin que Sousuke pudiera replicar. Colérico, arrojó el teléfono al suelo. Maldijo en voz alta, antes de dejarse caer en el suelo. Ese maldito. Sousuke maldijo el día en que se apiadó de un moribundo Shen Chang y llegó a considerarlo su compañero.
Bueno, ni el mismo Makoto entiende muy bien por qué se acostó con Sousuke. ¿Volverán a verse?
