[Acto 12]

Separación

Makoto le había dado una tarjeta de la firma de arquitectos que estaba solicitando personal. El nombre de la persona de contacto era Minami Kazuki, un nombre que le sonaba de algo, pero que no podía recordar de dónde. Decidió dejar eso a un lado y llamó para pedir una cita. Le informaron que quien lo entrevistaría sería la directora de la firma, así que tres días después él estaba enfrente del elegante edificio de la firma. Entró y la secretaria lo hizo pasar a una pequeña sala, indicándole que la directora estaría con él en unos minutos. Sousuke se acomodó en la silla y se arregló la corbata. Justo entonces la puerta se abrió y una hermosa mujer entró. Una hermosa mujer que él conocía muy bien.

—Yumiko…

Yumiko lucía radiante, todavía conservaba el porte de elegancia que había hecho que ella se convirtiera en su modelo a seguir cuando era joven. Esa espalda que ahora se mostraba ante él era la misma espalda que había perseguido durante mucho tiempo y que lo había llevado a convertirse en arquitecto. Esa mujer que ahora estaba sentada frente a él era una mujer a quien había perdido el derecho de llamar "hermana", a quien había perdido el derecho de considerar familia siquiera.

—Yamazaki Sousuke-san —dijo ella, con rostro inexpresivo —Jamás pensé que tendría el honor de entrevistar al actual poseedor del Premier Pritzker. Soy Minami Yumiko, directora de esta firma —ella extendió la mano y Sousuke se la estrechó, sintiendo al instante unas increíbles ganas de abrazarla.

—¿Tienes que ser tan formal? —preguntó Sousuke, sin poder contenerse. Ella ni siquiera se inmutó, esbozando una pequeña sonrisa antes de responder.

—Es de cortesía hablar formalmente con las personas que se toman la molestia de visitar esta pequeña firma, más aún cuando se trata de un arquitecto tan reconocido como usted, Yamazaki-san. Ahora bien, si me lo permite, hay algo que me gustaría dejar claro antes de empezar con esta entrevista —Sousuke le hizo una seña para que continuara —Independientemente de su currículum y de la… relación que existiera entre nosotros en el pasado, usted es un candidato más y no habrá ninguna clase de trato especial. Al final del día, mi esposo y yo escogeremos al mejor candidato. ¿Está claro?

—Claro como el cristal —contestó, conservando su estoica expresión, aunque por dentro sentía que se le rompía un poco más el corazón.

Yumiko sonrió e inició la entrevista. Aunque odiaba la manera formal en la que ella se dirigía a él, Sousuke sabía que no tenía el derecho de reclamar. Ella se lo había dejado muy claro desde el momento en que entró en la sala. Simplemente tenía que aprovechar la oportunidad, hacerlo lo mejor que podía durante la entrevista y ganar el puesto. Ya no se trataba simplemente de un trabajo que necesitaba, se trataba de una oportunidad para volver a acercarse a Yumiko y, poco a poco, quizás, recuperar al menos parte de su relación. Sabía que no tenía el derecho de pedir su cariño o su reconocimiento siquiera, pero al menos quería intentarlo.

La entrevista finalizó más rápido de lo que a Sousuke le hubiese gustado. Yumiko estuvo tomando notas todo el rato, pero por su rostro no podía darse una idea de qué tan bien – o mal – le había ido. Se despidieron estrechándose las manos y Yumiko se encargó de escoltarlo hasta la recepción, donde le deseó buena suerte y un buen día.

Justo cuando iba a marcharse una voz lo detuvo.

—¿Eres Sousuke-san, el hermano de Yumi? —el aludido vio que un hombre se acercaba a él y le hacía una seña para que esperara. Lo guio a un pasillo cerca de la máquina de café y volvió a preguntarle si era el hermano de Yumiko —Ah, qué descortés, Minami Kazuki, co-director de la firma y esposo de Yumiko.

—Un placer, Minami-san —contestó Sousuke, estrechándole la mano —Yamazaki Sousuke. Y sí, lo fui alguna vez, pero ya no tengo el derecho de hacerme llamar su hermano.

—Estoy seguro de que serás el elegido, eres un prodigio y creciste junto a ella, no puede haber mejor respaldo para ella cuando tenga que dejar el trabajo —Sousuke parpadeó, confundido —Yumi está embarazada, —añadió, radiante —así que necesitará a alguien con tu experiencia para hacerse cargo de los negocios mientras toma su licencia de maternidad —de pronto escuchó que alguien lo llamaba —Ah, disculpa, tengo que volver al trabajo, que tengas un buen día, Sousuke-san.

Sousuke se despidió del hombre y caminó por las calles de vuelta a casa, con una sonrisa estúpida dibujada en los labios. Yumiko estaba embarazada. Eso significaba que… iba a ser tío. ¡Por todos los cielos, iba a ser tío! Las cosas de repente comenzaban a tomar color en su vida. El esposo de Yumiko… parecía que no lo odiaba y si obtenía el trabajo podría acercarse un poco más a ella. El día había empezado bastante bien. Y lo que bien empieza…

Su celular comenzó a sonar y cuando se fijó en la pantalla notó que se trataba de un número desconocido. Dudó en contestar, pero al final terminó llevándose el aparato a la oreja. Reconocía la voz de la persona desde el otro lado de la línea. Cómo había conseguido su número era algo de lo que no tenía idea, pero poco le importaba, porque el plan que le proponía esa persona – a quien pronto comenzaría a llamar su "cómplice" – sonaba bastante tentador. Ya era el momento de tomar las riendas de su destrozada vida. Sabía que podía perder, pero lo que ganaría a cambio era suficiente para que asumiera el riesgo.

—Entonces sólo tengo que fingir que me importa e ir a esta "consejería matrimonial", ¿cierto? Bien, estoy dentro.

Confiar ciegamente no era algo a lo que estaba acostumbrado, pero después de escuchar la historia del sujeto del otro lado, Sousuke estaba seguro de algo: ambos estaban en el mismo barco. Porque ambos deseaban lo mismo: vengarse de la persona que les había destrozado la vida. Ahora el problema sería cómo decírselo a Makoto.

S & M

Necesito verte.

Esas eran las únicas dos palabras incluidas en el mensaje de texto que Sousuke le había enviado. Makoto sabía por experiencia que esas dos palabras nunca vaticinaban nada bueno. Probablemente Sousuke iba a dejarlo y no le extrañaba, después de todo él tenía una vida en la cual Makoto no estaba incluido. Había sido bueno mientras duró, así que no podía quejarse, además, ya iba siendo hora de alejarse, porque Shen estaba cerca y no quería que Sousuke se viera involucrado. Eso y pronto saldría de gira para promocionar su nuevo libro. Necesitaba un cambio de aires para poder escribir una continuación decente para "Tú, yo y la traición".

El timbre del apartamento sonó y Makoto se miró en el espejo una vez más para asegurarse de que estaba presentable. Sousuke se veía apuesto como siempre. Lo invitó a pasar y se sentaron en la sala, donde Makoto le ofreció una copa de vino. Charlaron un rato y Makoto se alegró al ver que Sousuke lucía feliz al haberse encontrado con Yumiko y enterarse de su embarazo. Le hacía mucha ilusión saber que sería tío y eso a Makoto le provocó una extraña calidez, despertando unas sensaciones que prefería enterrar bien profundo en su corazón.

—Yumiko no ha cambiado nada, sigue igual de deslumbrante —decía, emocionado como un niño —Lo siento, creo que me dejé llevar —añadió.

—No, no te preocupes —dijo Makoto —Me hace feliz verte tan feliz a ti. Me alegra haberte dado esa tarjeta, aunque después deba pagar las consecuencias —añadió, riendo —La quieres mucho, ¿verdad? —Sousuke asintió con la cabeza.

—La extraño. No te imaginas lo arrepentido que estoy de haberla tratado de la forma en que lo hice. Actué como un maldito, tanto que no me hubiera extrañado que ella me echara a patadas de su oficina. Pero ella no es así, ¿sabes?, ella sí heredó todas las cosas buenas de nuestros padres. Yo siempre fui la oveja negra.

—No digas esas cosas, Sousuke —dijo el castaño, sentándose a su lado y colocando su mano sobre el muslo ajeno —Todos cometemos errores, lo importante es darnos cuenta de ello y trabajar para enmendar esos errores. Ella está dolida, sí, pero no te odia. Yumiko-san no es capaz de odiar a nadie, mucho menos a su propio hermano. Dale tiempo y verás que todo saldrá bien al final.

—Siempre logras hacer que me sienta mejor, Makoto —contestó el mayor —Es por eso que… te aprecio tanto —oh, Sousuke apenas se había mordido la lengua a tiempo para no soltarle un "te amo". Makoto sonrió y lo besó en los labios.

—No viniste hasta aquí sólo para hablar de Yumiko-san, ¿verdad?

Sousuke rió y se arrojó sobre él hasta que lo tumbó en el sofá, colocándose encima de él. Se besaron por lo que les pareció una eternidad, hasta que terminaron cayendo sobre la alfombra nueva de la sala de Makoto, donde hicieron el amor. Para ambos el acto de esa noche sabía a despedida. Cada uno tenías sus motivos para alejarse del otro, sin saber que ambos compartían el mismo sentimiento.

Esa noche, de alguna forma llegaron hasta la cama, donde se tendieron juntos, desnudos, disfrutando de la cercanía del otro. Se besaron una y otra vez, compartiendo caricias que se quedarían grabadas a fuego en la piel. Makoto tenía la cabeza recostada sobre el pecho de Sousuke y el latir de su corazón era como una canción de cuna. Sousuke lo envolvió con sus brazos, antes de tomar una bocanada de aire para comenzar a hablar.

—He estado pensando en mi relación con Ran —la mano de Makoto, que dibujaba círculos en el pecho del otro, se detuvo —y creo que… voy a intentarlo. Ya sabes, arreglar nuestro matrimonio. Estuve pensando en lo que me dijiste y no quiero rendirme sin haberlo intentado primero.

—¿Todavía la amas? —preguntó el castaño y notó que la voz comenzaba a quebrársele.

—No lo sé y eso es lo que me gustaría averiguar. Pero sabes, lo que llegué a sentir por ella, me niego a creer que pueda morir tan fácilmente. Yo… lo siento, Makoto. Sé que no debería hablarte sobre esto cuando acabamos de estar juntos, pero…

—No, no te preocupes, yo lo entiendo. Sé que jamás podría ocupar el lugar de Ran en tu corazón —dijo, incorporándose para sentarse en la cama —Ella es la persona de quien te enamoraste, es tu esposa. Además, yo también he estado pensando y… pues, creo que esto que tenemos no va a llevarnos a ningún lado. Ya no soy un jovencito, ¿sabes?, tengo que comenzar a pensar en mi futuro. Me encantan los niños y estuve pensado que quizás algún día me gustaría tener mi propia familia, por eso no puedo estar jugando, mucho menos entrometerme en la relación de una pareja. No me parece justo. Sé que esto fue algo que yo sugerí, pero… —Sousuke le levantó el mentón para que lo mirara.

—No sabes cómo me hubiese gustado enamorarme de ti antes que de Ran —Makoto se mordió el labio —Pero lo hecho, hecho está y no puedo cambiar el pasado. Sólo… me gustaría pedirte un último favor.

—Lo que quieras.

—Déjame hacerte el amor una última vez.

—Has lo que quieras conmigo.

S & M

Decir que estaba sorprendida cuando vio a Sousuke del otro lado de la puerta no hacía justicia. Cuando se hizo a un lado para dejarlo pasar, notó que Sousuke llevaba una pequeña maleta. Lo guio hasta la sala y le sirvió café, sentándose en el sofá enfrente de él y estudiándolo con atención. Lucía tan bien como siempre y además de eso parecía descansado, relajado, todo lo contrario a ella. Trabajar bajo las órdenes de Shen Chang era casi lo mismo que considerarse una esclava. A Ran le tocaba hacer todo el trabajo desagradable que ninguno de los empleados de Shen quería hacer. Estaba cansada y harta de todo, y podía apostar que Sousuke venía por el divorcio.

—Entonces, ¿qué tal va todo? —preguntó Sousuke, bebiendo un sorbo de café.

—He estado mejor —contestó Ran —Vivo decentemente, pero nada comparado con lo que tenía antes de… de vender la compañía —Ran levantó la mirada y vio que Sousuke tenía los ojos clavados en ella —Escucha, Sousuke, sé que sigues molesto por todo lo que pasó con la compañía y el dinero que te dejaron tus padres, pero si me das tiempo, te prometo que te lo devolveré todo. También sé que quizás no quieras volver a verme, así que firmaré los papeles del divorcio si…

—¿De qué estás hablando, Ran? —cuando Ran quiso darse cuenta, Sousuke estaba sentado a su lado, sujetando su mano —¿Acaso crees que soy un hombre que se rinde tan fácilmente? —la mujer se echó hacia atrás cuando Sousuke acercó el rostro al suyo.

—¿D-De qué estás hablando?

—Lo que digo es que —Sousuke tomó un mechón de cabello de Ran se lo colocó detrás de la oreja —he venido hasta aquí para decirte que quiero que volvamos a intentarlo. Quiero que arreglemos nuestro matrimonio. O que al menos lo intentemos. Si no funciona, al menos a ambos nos quedará la satisfacción de saber que lo intentamos. ¿No estás de acuerdo conmigo? ¿O es que quieres ponerle fin a todo lo que hemos vivido?

—¡N-No! —contestó ella, atropelladamente —E-Es sólo que… después de todo lo que sucedió, después de que te fueras diciendo que no querías verme, n-no esperaba que… bueno…

—Déjame demostrarte que voy en serio, Ran —Sousuke se acercó y depositó un húmedo beso en su cuello, haciendo que su cuerpo se estremeciera —Sólo… démonos otra oportunidad, ¿sí?

Rodeando el cuello de Sousuke con sus brazos, Ran dejó que su cuerpo expresara lo que su boca no podía. Mientras Sousuke la desvestía y se redescubrían el uno al otro, Ran simplemente pensaba en lo bien que se sentía estar en brazos de Sousuke otra vez. ¿Darse otra oportunidad?, la verdad es que la idea no le desagradaba en lo absoluto. Había una importante razón por la que Ran se había enamorado de Sousuke y esa era lo bueno que era en la cama. No sonaba mal mantener esa relación si Sousuke podía hacerla sentir así de bien cada vez que estaban juntos.

Y mientras Ran y Sousuke disfrutaban su reencuentro, Natsuya esperaba la llegada de su "amada" con una cena a la luz de las velas y una proposición que, seguramente, ella jamás llegaría a aceptar.