Terminado Somos hermanos, es hora de retomar Terrorista. Considerando que siempre me tardo siglos actualizando, este es un gran avance, ¿no?

Antes de dejarlos con el capítulo, me gustaría tomarme un momento para agradecer a todos por sus amables comentarios en el final de Somos hermanos. No he tenido oportunidad para responder personalmente cada uno de los comentarios, pero prometo que lo haré en estos días. Así que para todos y en especial para aquellos que me dejaron su review anónimo y no puedo responderles, ¡muchísimas gracias!

Ahora sí, el capítulo.


[Acto 13]

Caminos separados

No tenía idea de cuándo se le ocurrió pensar que era una buena idea acostarse con una mujer para intentar saciar su – de por sí insaciable – apetito sexual.

La despampanante rubia que se había llevado a casa la noche anterior le dedicó una mirada de odio en cuanto terminó de vestirse. Simplemente ignoró a la ingenua súper modelo rusa que pensaba que podría obtener de él algo más que una noche de sexo. Le habían hablado maravillas de la chica, de lo experimentada que era – era cinco años mayor que él aunque no lo aparentara – y de lo mucho que disfrutaría el tenerla en su cama. La mujer era guapísima, eso no iba a negarlo, pero el sexo con ella había estado lejos de dejarlo satisfecho. Shen llegó a la triste conclusión de que, después de haber conocido a Makoto, no encontraría a otra persona que lo satisficiera como él.

Cuando la mujer finalmente se marchó, azotando la puerta principal al salir, Shen se levantó de la cama y buscó el ordenador portátil que la noche anterior había quedado olvidada en algún recoveco de la habitación. Lo encontró debajo del saco que había usado y, sin preocuparse por vestir prenda alguna, se sentó de nuevo en la cama. ¿Su misión?, comprar un boleto de avión con destino a Japón. Compró un vuelo que salía esa misma tarde y fue a ducharse.

Llevándose unas pocas prendas en la maleta, Shen abandonó su casa y tomó un taxi rumbo al aeropuerto. Cuando se subió al avión intentó dormir, pero estaba tan inquieto que terminó viendo las terribles películas que estaban disponibles en su vuelo de casi cuatro horas. Al aterrizar casi corrió hasta la parada de taxis, dándole al conductor esa dirección que se sabía de memoria aunque nunca había estado allí. El complejo de apartamentos lucía bastante decente, pero no era lo que se esperaría del laureado escritor japonés Kodoku Itami.

Cuando finalmente estuvo frente a la puerta se acomodó la chaqueta y tocó el timbre. Podía escuchar pasos apresurados desde dentro de la vivienda y de pronto empezó a sentirse inquieto. Iba a encontrarse con él después de mucho tiempo, así que no estaba seguro de cómo reaccionaría. Cuando la puerta se abrió lo recibió la imagen de un Makoto que vestía únicamente unos gastados pantalones deportivos de color azul. Para Shen no pasó desapercibido el gesto de decepción que momentáneamente se había dibujado en el rostro siempre encantador del castaño. La expresión de Makoto cambió de inmediato a una de sorpresa.

—¿No vas a invitarme a pasar? —Makoto se hizo a un lado para dejarlo pasar.

Shen siguió a Makoto hasta la sala y contempló el lugar. Sonrió al ver las flores que él mismo le había enviado, colocadas en la sala. El lugar era bastante bonito y acogedor, justo lo que se esperaría de Makoto. El castaño lo invitó a sentarse y desapareció para regresar en pocos minutos, con una camisa puesta y cargando una bandeja con lo que sin duda era té verde. Makoto se sentó en el sofá enfrente de él y lo miró, con gesto inexpresivo.

—¿Puedo saber a qué debo el honor de tu visita? —preguntó entonces el de ojos verdes. Shen bebió un sorbo de su té antes de contestar.

—Veo que te gustaron las flores. Qué bueno. Bonito lugar tienes aquí, algo pequeño, pero acogedor. Da esa sensación hogareña tan típica de ti.

—Shen…

—Vine porque no podía dejar de pensar en ti, Makoto —contestó. Makoto rodó los ojos —Creo que no te lo había dicho antes y tal vez no me creas si te lo digo ahora, pero me enamoré de ti a primera vista. Cuando mis ojos se cruzaron con los tuyos durante la despedida de soltero de Sousuke, lo supe; supe que me había enamorado perdidamente de ti. Eres la primera persona a la que amé.

—Si todas esas tonterías fueran ciertas, no te hubieras acostado con ese sujeto. Te conozco, Shen Chang, así que has el favor de decirme a qué has venido en verdad. ¿Qué clase de trato vas a proponerme?

—¿Por qué siempre tienes que ser tan desconfiado? —Makoto soltó una risotada y apoyó la espalda en el sofá —Olvídalo, pregunta tonta.

—Has estado hostigándome desde hace tiempo. Ya me estaba preguntando cuánto tardarías en aparecer, pero no esperaba que vinieras hasta mi casa para "hacer negocios". Normalmente elegirías un lugar pomposo para nuestro reencuentro —ahora le tocó a Shen reír. Se terminó la taza de té y, mientras se servía otra, dijo:

—Esperabas que fuera Sousuke quien llamara a tu puerta, ¿verdad? —el castaño frunció levemente el ceño —Tenías la decepción pintada por toda la cara. Bueno, lamento no ser él, aunque de todos modos no creo que vuelvas a verlo aparecerse por aquí —Shen notó cómo había comenzado a captar la atención del otro —Pero dejemos ese tema para después. Hay algo que quiero pedirte e iré directo al punto. Conviértete en mi amante, Makoto.

—¿Qué?

—Voy a casarme. Puedo preferir a los hombres, pero necesito un heredero, así que no me queda más que casarme con una encantadora chica hogareña a quien no le importe lo que yo haga cuando no estoy en casa. Es ahí donde entras tú. Te convertirás en mi amante, te daré todo lo que quieras y tendrás toda la libertad que desees, la única condición es que debes estar disponible para mí, para satisfacerme cuando lo necesite. ¿Qué dices?, me parece que es una buena oferta.

—No —Shen arqueó una ceja —No quiero.

—Me parece que no has comprendido bien, Makoto. Escucha…

—No, tú escucha. Este "trato" es beneficioso sólo para ti. Obtienes lo que quieres, pero ¿acaso te has puesto a pensar en lo que yo quiero? ¿Qué hay de mis sueños? ¿No se te ha ocurrido pensar que tal vez yo quiero formar mi propia familia? —Shen negó con la cabeza y habló como si estuviera hablando con un niño pequeño.

—Makoto, Makoto, ¿a quién quieres engañar? ¿Sueños? ¿Formar tu propia familia? —hizo una pausa —Tú no tienes nada de eso. Lo único que deseas es que Sousuke te posea, que hago contigo lo que se le venga en gana. Sousuke es tu amor frustrado de la adolescencia y, dado que no puedes tenerlo, lo único que deseas es que él satisfice tus deseos sexuales siempre que sea posible. ¿Acaso me equivoco?

Makoto lo miró, indignado, con las mejillas rojas seguramente por la ira y la vergüenza, pero no dijo nada. Jamás sería capaz de luchar contra el argumento que acababa de lanzarle porque, muy en el fondo el mismo Makoto sabía que era cierto. Ante la carente respuesta del castaño, Shen continuó.

—Entonces, ¿qué dices?

—¿Es que acaso no entiendes japonés?, dijo que no voy a hacerlo. Me niego a volver a ser tu juguete. Una vez me dijiste que podías tener a quien quisieras, ¿no? Entonces, ¿por qué molestarte persiguiendo a un sujeto como yo?

—Eres la única persona que puede satisfacerme, así de simple —contestó —Durante toda mi vida he conocido a mucha gente, me he acostado con muchos y he convivido con muchos, pero tú eres el único que ha despertado algo más que lujuria en mí.

—No te creo nada. ¿Por qué no puedes simplemente dejarme en paz? —Shen lanzó un suspiro y sacó algo del bolsillo de su chaqueta. Cuando lo colocó sobre la mesita de café, Makoto se dio cuenta de que se eran dos fotografías. Sus ojos se abrieron como platos y finalmente Shen pudo ver el miedo dibujado en aquellos ojos verdes que tanto le gustaban —Tú…

—Ren, Chigusa y Chihiro, —dijo —la única familia que te queda, ¿cierto? Ah, ¿y qué tenemos por acá? —la segunda era una fotografía de Yumiko —Minami Yumiko. He oído que ella es como una hermana para ti. Oh y parece que está embarazada.

El labio inferior de Makoto tembló. Ah, ahí estaba, esa expresión de terror que tanto adoraba ver en él. El castaño apretó los puños y lo miró, como si no pudiera creer lo que acababa de hacer. Shen simplemente sonrió y recogió las fotografías para volver a guardarlas.

—Sabes que no me gusta que me tachen de chantajista, pero…

—De acuerdo. Jugaré con tus reglas, pero… —Shen hizo un gesto indicándole que estaba escuchando —tengo una condición —el mayor asintió con la cabeza —Prométeme que no vas a lastimarlos. Por favor. No quiero… perder a nadie más.

—Tienes mi palabra —contestó Shen. Se quedaron en silencio durante unos minutos, en los cuales el único sonido provenía de las tazas al ser colocadas sobre la mesa. Entonces Shen volvió a tomar la palabra —Oye Makoto, hay algo que me gustaría preguntarte.

—¿De qué se trata?

—¿Aún amas a Sousuke? —su pregunta pareció tomar por sorpresa a Makoto. El castaño esbozó una tenue sonrisa.

—Aún lo amó. Patético, ¿verdad? —el castaño se quedó pensativo un momento —Ahora que lo pienso, si se trata de ser sincero, creo que realmente, por mucho que quisiera negarlo, nunca dejé de amarlo —Shen no dijo nada —Si quieres burlarte de mí, adelante. Yo también pienso que es una grandísima estupidez, pero esa es la verdad.

—Está bien si quieras seguir acostándote con él —Makoto lo miró, sorprendido —Sólo hay algo que debes saber. Puede que tengas su cuerpo, pero probablemente nunca podrás tener su corazón —al notar el gesto de confusión en el rostro del otro, Shen sacó su celular y se lo tendió —Mira.

Lo que Shen le estaba mostrando era un artículo de una revista digital china. El artículo explicaba que Sousuke y Ran habían vuelto y que habían asistido a una consejería matrimonial para tratar de salvar su matrimonio. De eso hacía varias semanas y al parecer las cosas entre ellos habían mejorado. También explicaba que la pareja había regresado a Japón y que habían vuelto a vivir juntos en la casa que había pertenecido a la familia Yamazaki.

El shock a Makoto pareció pasársele rápido, porque momentos después estaba sonriendo. La frase que le soltó el castaño sonaba tan poco sincera, con el temblor en su voz y los ojos brillantes, seguramente por las lágrimas que se negaba a derramar.

—Me alegro por él.

—Claro —Shen se puso de pie —Bueno, habiendo aclarado la situación, ha llegado la hora de marcharme. Ah, espero encontrar un hotel decente a esta hora —la mano de Makoto se cerró alrededor de su muñeca.

—Son casi las doce. Quédate —se quedó sorprendido —Sería un desperdicio que te marcharas ahora sin que te… salude apropiadamente —una sonrisa se dibujó en el rostro de Shen —Vamos a mi habitación.

Incapaz de negarse, Shen lo siguió. Makoto hizo que se sentara en la cama, mientras se desprendía de todas las prendas que cubrían el cuerpo del Adonis que lo traía loco. Makoto se acercó a Shen, quien extendió una mano para tocarlo, sin embargo, el castaño apartó la mano y negó con la cabeza, arrodillándose enfrente de él. Rápidamente desabrochó el cinturón, el botón y bajó la cremallera; le bajó la ropa interior y le dio una buena lamida a su miembro. Shen soltó un gemido, bajito, y Makoto se llevó poco a poco el trozo de carne al interior de la boca. Shen lo agarró del cabello, urgiéndolo a que aumentara la velocidad.

Poco faltó para que Shen se viniera en la boca de Makoto. La imagen que el castaño le estaba regalando, desnudo, sentado en el suelo y con el semen deslizándose por la comisura de su boca, hizo que pronto volviera a excitarse. Sin poder aguantarse más, Shen se incorporó y halando a Makoto, lo lanzó a la cama, deshaciéndose de la ropa en un santiamén para colocarse encima de él. Ni siquiera se preocupó por prepararlo, penetrándolo de una sola estocada. El cuerpo de Makoto se estremeció por el dolor y, al mismo tiempo, el placer. Enloquecieron los dos, haciendo el amor hasta que ambos cayeron rendidos.

S & M

Cuando Makoto se despertó al día siguiente, encontró un sobre con una nota sobre la almohada. Dejó la nota de lado y revisó el contenido del sobre. Dentro había un boleto de avión y una invitación. Era la invitación para la boda de Shen con una mujer llamada Kirishima Miho. En la nota podía leerse:

Quiero verte en mi boda, en un mes. Vamos a tener una hermosa luna de miel.

Makoto dejó el sobre a un lado e intentó levantarse de la cama. Sin embargo, sus rodillas temblaron y terminó cayendo de rodillas al suelo. Le dolían horrores el trasero y las caderas. Shen se había pasado. Apoyó las manos en la cama y respiró hondo antes de levantarse. Cuando finalmente pudo incorporarse, fue hasta el baño, sujetándose de las paredes. No tenía nada de ganas de levantarse de la cama, pero en unas horas tenía una cita con su editor para hablar acerca del manuscrito de su nuevo libro, así que no tenía opción.

Cuando entró en la ducha, el agua tibia contra su piel se sintió tremendamente bien. Se quedó debajo del chorro por un rato y cuando miró hacia abajo notó que el agua se había tornado roja. Por supuesto que iba a sangrar considerando que el salvaje de su – ahora – amante lo había penetrado sin ninguna preparación previa. Chasqueó la lengua y terminó de limpiar los rastros de la actividad de la noche anterior y salió del baño, buscando qué ponerse. Miró el reloj. Tenía que encontrarse con Natsuya en una hora en su oficina, así que tenía que darse prisa, ya que la oficina de su editor se encontraba a unos veinte minutos en tren.

Kirishima Natsuya era, tal y como lo había dicho Yumiko, un editor de primer nivel. Era entusiasta y sus ideas se ajustaban perfectamente a lo que Makoto quería. Sus sugerencias hasta el momento habían demostrado ser acertadas. Sin embargo, Natsuya parecía estar de mal humor últimamente. El día anterior le había enviado un mensaje diciéndole:

Si eres serio, dejarás de llegar tarde a nuestras reuniones. Un escritor no debe hacer que su editor pierda el tiempo esperándolo. Espero que hayas corregido el terrible manuscrito que me trajiste la última vez.

No estaba seguro de qué le había sucedido, pero sí que había corregido el manuscrito. Había decidido darle un giro total a su nuevo libro, escribiendo una historia de la vida real, – una historia de su propia vida realmente – de cómo su familia le había dado la espalda en cuanto había decidido perseguir sus sueños. De hecho la llegada de Shen acababa de darle una buena idea que esperaba poder discutir con Natsuya.

Makoto terminó de prepararse y tomó el tren. Cuando se bajó en la estación, tuvo que correr para llegar a tiempo, pero finalmente logró llegar cinco minutos antes de la hora pactada. Tocó el timbre e instantes después lo recibió un irritado Natsuya. Sin siquiera saludar, su editor se hizo a un lado para que pasara. Makoto se acomodó en su lugar en la mesa, que en ese momento estaba llena de papeles. Natsuya los arrojó al suelo con un movimiento de su brazo y se sentó enfrente de Makoto.

—¿Qué tienes para mí hoy?

—Después de pensármelo, he decidido replantear el enfoque de mi nuevo trabajo —le tendió el manuscrito y Natsuya se puso a leerlo. Makoto permaneció en silencio mientras el otro leía. No había expresión alguna en su rostro, así que Makoto no podía saber si le estaba agradando.

Natsuya colocó el manuscrito sobre la mesa y miró a Makoto. El escritor tragó saliva. Entonces Natsuya sonrió.

—¿Qué sigue? —Makoto parpadeó un par de veces, incrédulo —¿Has pensado en lo que viene después de esto?

—Entonces… —Natsuya asintió.

—Es genial. Me gusta el nuevo enfoque que le has dado. ¡Puedes hacerlo si lo intentas! Bien, entonces, sobre el siguiente capítulo…

Estuvieron hablando acerca del nuevo trabajo durante largo rato, hasta que Natsuya se levantó para estirarse y de paso ir por unas bebidas a la cocina. Trajo un par de cervezas y brindaron por "el siguiente best-seller de Itami-sensei". Makoto entonces, al ver que Natsuya parecía estar de mejor humor, se aventuró y habló:

—Natsuya-san, ¿puedo hacerte una pregunta?

—Soy todo oídos.

—B-Bueno, t-tal vez no sea de mi incumbencia, p-pero últimamente te he notado algo… tenso —el editor golpeó la botella de cerveza contra la mesa, haciendo que el de ojos verdes se sobresaltara —¡L-Lo siento!, n-no era mi intención… S-Sólo p-pensaba que tal vez… bueno, si querías hablarlo con alguien, yo… bueno…

—Supongo que te debo una explicación, dada la forma en que te he tratado —dijo —He estado de mal humor, así que primero debería disculparme contigo por eso. Lo siento.

—¡Oh no, de verdad está bien! —se apresuró a decir.

—La verdad es que… estoy enamorado —Makoto lo miró, sorprendido —¡Oye! No tienes que lucir tan sorprendido, yo también tengo sentimientos. En fin, la cosa es que ella… es una mujer casada. Había estado teniendo muchos problemas con su esposo y todo apuntaba a que se separarían, pero… entonces ella me llamó y me dijo que estaba pensando en intentarlo de nuevo. Fue a consejería matrimonial y me dijo que lo nuestro ya no podía ser. Yo… escucha, sé que lo que hice estuvo mal, sé que acostarme con una mujer casada no fue la decisión más inteligente, pero ella… por un momento le creí cuando me dijo que me amaba.

"Y por si no fuera poco, mi hermana menor, Miho, que estudia en Hong Kong, me dijo que va a casarse, ¡en un mes! ¿Puedes creerlo?, de repente conoció a un tipo que a sus ojos es el más encantador, el más caballeroso, el hombre perfecto o no sé qué. Es un sujeto famoso por allá, con mucho dinero, así que no me da buena espina. No sé por qué siento que está jugando con ella. Sé que no debería juzgarlo sin conocerlo, pero no puedo evitar preocuparme."

Natsuya hizo una pausa para tomar un gran trago de su cerveza.

—Y esa es, Makoto, la historia de mi vida. Lamento haber desquitado mi ira contigo, pero es que tus ojos me recordaron tanto a los que ella que no soportaba mirarte. En fin, ya estoy bien. Y sé que no debería decir esto, pero no creo que su matrimonio dure demasiado. Estoy seguro de que su esposo está enamorado de alguien más. Bueno, como sea, ese soy yo divagando, no me hagas caso.

—Estoy seguro de que ella se arrepentirá de haber dejado ir a un hombre como tú, Natsuya-san.

—Oh eso puedes apostarlo. Pronto se arrepentirá de haber jugado conmigo. Bueno, no hablemos más sobre eso, vamos a celebrar que el manuscrito ha sido aprobado por mí, el gran Kirishima Natsuya.

Esa noche ambos bebieron cerveza hasta que estaban tan contentos que ninguno de los dos recordaba los malos momentos que habían pasado.

S & M

Sousuke se incorporó para sentarse en la cama, mirando de reojo a su esposa, profundamente dormida a su lado. La escena era desagradablemente hogareña, tanto que por momentos no podía evitar sentir cierta repulsión. Hubo algún momento de su vida en el que amó a Ran, sin embargo eso había sido antes de conocer a Makoto. Porque conocerlo había puesto su mundo de cabeza y lo hizo preguntarse si en verdad había amado a Ran con todas las fuerzas de su corazón, o algo así. Su confianza en ella – o fe, en realidad no estaba seguro de cómo llamarlo – había terminado por derrumbarse cuando se destapó el escándalo de la compañía.

Desde ese día, Sousuke no había querido saber nada de Ran. No obstante ahora se encontraba compartiendo una cama con ella, después de haberle hecho el amor. Jamás se hubiese imaginado que sería tan difícil desearla. Ran era una mujer atractiva, de eso no le quedaba la menor duda, pero de nuevo, después de conocer a Makoto, Sousuke no tenía ojos para nadie más. Se sentía algo culpable, pero tuvo que pensar en Makoto para besar a Ran de esa forma en la que ella estaba acostumbrada.

Se levantó de la cama y entró en la cocina. Sacó una cerveza del refrigerador y salió para sentarse en el jardín de la hermosa casa de estilo japonés que había pertenecido a su familia. El único recuerdo que le quedaba. Mientras su mirada se perdía en la brillante luna de esa noche, pensó en Makoto. ¿Volvería a verlo? De repente sintió un pinchazo de dolor al pensar en la posibilidad de no volver a verlo, de no volver a abrazarlo o besarlo. Estar con él era lo que más deseaba, pero sabía que eso no podía ser, al menos no de momento. Ahora sólo tenía que poner de su parte y "rescatar" su matrimonio. Ya después vendría su recompensa, o al menos eso esperaba.

La dichosa consejería matrimonial había sido una verdadera tortura. Cuando los pusieron a decir qué les gustaba del otro, Sousuke tuvo que rebuscar en sus recuerdos las razones por las que se había enamorado de Ran en primera instancia. Razones, por supuesto, que no tuvieran que ver con su físico. El teatrito, afortunadamente, le había salido bastante bien puesto que la consejera lucía complacida al terminar la sesión. La verdad es que Sousuke no odiaba a Ran, de verdad que no. Eso sí, no quería tener nada que ver con ella, al menos no en el sentido romántico. Sin embargo, se negaba a renunciar sin antes haberla hecho pagar.

La venganza no era buena y lo sabía, pero la arrogante Tachibana Ran – ah no, que había vuelto a ser Yamazaki Ran – necesitaba un buen escarmiento por haber hecho sufrir a tanta gente, por pisotear a tanta gente para llegar hasta la cima.

Aunque no todo era malo. Tal y como se lo había dicho Kazuki, él había resultado elegido para el trabajo en la firma de Yumiko. Había comenzado el trabajo hacía un par de semanas y las cosas marchaban bien. Tal vez era sólo su impresión – o su positivismo – pero su relación con Yumiko parecía mejorar un poquito cada día. El mismo Kazuki lo había dicho, que hacían un equipo extraordinario, y Sousuke no podía estar más de acuerdo con eso.

De repente, no supo por qué, pero se acordó de las palabras que Shen le había dicho hacía un tiempo. Dijo que iba a quitarle a la persona que amaba, así que de alguna forma se había enterado de sus sentimientos hacia Makoto. Eso podía significarle un problema; si Ran llegaba a enterarse, le armaría una buena bronca. Y no sólo eso, también tenía que pensar en Makoto. Shen era un sujeto peligroso y estaba algo obsesionado con Makoto. ¿Sería capaz de hacerle algo? ¿De forzarlo a estar con él?

Entonces se levantó de golpe del piso de madera, dejando la botella atrás, y entró en la casa. Tomó el celular que antes había dejado sobre la mesa del comedor y marcó un número.

—Lo siento, ¿te desperté? —la voz del otro lado respondió negativamente —Bien. Escucha Nao, necesito que me hagas un favor. Sí. ¿Puedes decirle a Natsuya que mantenga vigilado a Makoto?, sí, creo que podría estar en peligro. Sí, ese sujeto es quien me preocupa. Genial, te lo agradezco.

Colgó y se dirigió de vuelta a la habitación que compartía con Ran.

—Makoto, mantente alejado de Shen, por favor.