Listo el nuevo capítulo. ¡Disfruten!
[Acto 14]
Momento de tomar decisiones
Natsuya chasqueó la lengua y volvió a guardar el teléfono. Había tenido suficiente. Si Makoto no iba a contestarle, él mismo iría a sacarlo de su apartamento. Se subió al auto y condujo hasta la casa de su, en ese momento, no tan estimado autor. Kodoku Itami finalmente había salido de su anonimato, así que lo que correspondía era que el aclamado escritor se presentara en la fiesta anual de la editorial. Natsuya estaba seguro de habérselo dicho la última vez que se reunieron para hablar de su nuevo trabajo. Entonces, ¿por qué demonios no estaba respondiendo su celular?
Cuando llegó al complejo de apartamentos donde vivía el castaño, Natsuya se bajó del auto y cerró la puerta con mucha más fuerza de la que le hubiese gustado. Cuando llegó al piso, olvidándose del timbre, azotó la puerta con el puño. Escuchó que algo se rompía dentro del apartamento, antes de que los pasos apresurados del dueño del lugar se escucharan desde el otro lado. Se cruzó de brazos y esperó pacientemente a que Makoto le abriera la puerta.
El aspecto del castaño era terrible. Tenía unas enormes ojeras bajo los ojos, que lucían apagados y cansados tras las gafas, la camiseta vieja que llevaba estaba manchada de tinta y tenía el cabello desordenado, como si se acabara de levantar de la cama. Makoto parpadeó un par de veces, como para enfocar la mirada y le dedicó una sonrisa cansada. Sin decir nada, Natsuya entró en el apartamento. La sala estaba llena de bolas de papel, lápices y plumas. La portátil de Makoto yacía sobre la mesita de café y la alfombra exhibía unas horribles manchas de tinta que seguramente no saldrían con facilidad.
Antes de que Natsuya pudiera decir algo, Makoto se había escabullido hasta la cocina para servirle algo de beber. Natsuya apartó algunos pergaminos del sofá y se acomodó, mirando de reojo las ilustraciones que yacían esparcidas por el piso. Recogió una de ellas; Makoto siempre había sido bueno para dibujar, pero aquello era increíble, casi parecía ¿un manga? Ese fue el momento que Makoto escogió para regresar a la sala, tomando a Natsuya desprevenido. El editor intentó ocultar la evidencia, pero ya era demasiado tarde. Makoto lo miró horrorizado, colocando los dos vasos de té helado sobre la mesa.
—Puedo explicarlo. Creo.
—Makoto…
—¡Lo siento, Natsuya-san! —exclamó el castaño, arrodillándose y agachando la cabeza —E-Es sólo que las ideas no dejaban de fluir y sentí la imperiosa necesidad de…
—Oye, oye, no pasa nada, relájate —lo interrumpió —Esto… es bueno. No soy editor de manga, pero tus ilustraciones son geniales y la historia, a pesar de ser tan cliché, va bien contigo. Sólo espero que no hayas descuidado el manuscrito —Makoto le tendió un sobre —Oh, genial.
Dentro del sobre estaba el manuscrito terminado, una semana antes de lo que Natsuya se lo había pedido. El editor le dio un vistazo rápido, sonriendo antes de colocar los papeles cuidadosamente dentro del sobre. Había hecho un gran trabajo. Pero… un momento. Makoto trabajaba hasta la tarde en la escuela y de vez en cuando daba lecciones de natación. ¿En qué momento había hecho todo eso? Natsuya frunció el ceño y se arrodilló al lado de Makoto.
—Ma-ko-to —el de ojos verdes se mordió el labio, luciendo culpable —¿Te importaría decirme cuántas horas has dormido esta semana?
—¿L-Las… suficientes? —Natsuya no apartó su vista del castaño ni por un momento —Unas cinco horas ¿tal vez? —lo miró, horrorizado —E-Estoy bien, en serio. Quería dormir más anoche, pero Ren me pidió que le hiciera el favor de cuidar a Chihiro unas horas y, bueno…
—Como siempre, eres incapaz de decir que no —Natsuya lanzó un suspiro —En fin, ya no podemos hacer nada. Supongo que bien podría revisar el manuscrito, ya que estoy aquí —se volvió a acomodar en el sofá dispuesto a revisar el escrito, pero entonces recordó por qué estaba ahí en primer lugar —¡Un momento!
Volvió a dejar el sobre encima de la mesa y se puso de pie, señalando a Makoto con su dedo índice.
—¡Makoto! —el aludido se sobresaltó y por poco escupe el té sobre su portátil —¿Recuerdas qué día es hoy? —Makoto parpadeó, confundido.
—¿Sábado?
—¡Sí! ¡No! ¡Digo sí! —se revolvió el cabello —¡Hoy es "ese" día! —Makoto lo miró, confundido. Parecía que en verdad no sabía de qué le estaba hablando —¡La fiesta!
—¿Fiesta? ¡Oh! —el castaño lo miró, apenado.
—Parece que por fin lo recordaste. ¿Sabes acaso qué hora es? —Makoto volteó la cabeza para fijarse en el reloj de la pared —¡Es hora de que vayas a prepararte! —forzó a Makoto a ponerse de pie y lo arrastró hasta el baño. Cuando estuvo dentro, cerró la puerta —¡Date un buen baño mientras busco algo genial que puedas usar!
Natsuya entró en la habitación de Makoto, que lucía impecable como cada vez que iba. Abrió las puertas del armario de par en par y comenzó a rebuscar entre los trajes que tenía el castaño. Sacó el traje, revolvió las camisas hasta encontrar una que le gustara y luego eligió una corbata. Traje negro, camisa azul rey y corbata azul oscuro. Mientras se agachaba para buscar unos zapatos que hicieran juego, se abrió la puerta de la habitación. Makoto llevaba una toalla alrededor de la cintura y se secaba el cabello con otra toalla. Por un momento, Natsuya fue capaz de apartar los ojos del cuerpo del otro. Demonios.
—¿Natsuya-san?
—Maldición, si no siguiera enamorado de esa mujer, serías totalmente mi tipo.
—¿Eh? No sabía que eras…
—¿Bisexual? Sí, lo descubrí cuando estaba en secundaria. Pero eso no importa ahora, vamos vístete.
—Natsuya-san, tu ropa… —el editor le echó un vistazo a su atuendo y chasqueó la lengua. Había salido tan apurado que no le había prestado atención a la forma en que iba vestido. Definitivamente no podía llegar a esa fiesta con zapatos deportivos y jeans.
—Escucha Makoto, voy a ir a mi apartamento para tomar una ducha rápida y cambiarme de ropa. Estaré aquí en media hora, ¿escuchaste? Media hora. No quiero que te pongas a trabajar, prepárate y espérame tranquilo en la sala, ¿sí? Ah, toma esto —sacó un frasquito del bolsillo del pantalón —Corrector de ojeras. Póntelo. Tienes que lucir genial hoy —Makoto rodó los ojos —Oh y recuerda…
—Sí, sí, anda. Me portaré bien, lo prometo.
Natsuya le dedicó una última mirada inquisidora a Makoto antes de cerrar la puerta de la habitación y finalmente abandonar el apartamento.
S & M
Tal y como había prometido, treinta minutos después Natsuya estaba tocando el timbre de su apartamento. Makoto acababa de terminar de acomodarse en cabello, peinándolo hacia atrás, en un intento por lucir más elegante. Se había aplicado corrector, su rostro definitivamente lucía mejor. Natsuya se acomodó la corbata negra, a juego con el traje del mismo color y la camisa blanca, y precedió la marcha. Makoto se colocó las gafas y tomó las llaves del apartamento antes de seguirlo.
Makoto se acomodó en el asiento del copiloto y en cuanto Natsuya arrancó sintió unas terribles ganas de cerrar los ojos. No se había dado cuenta hasta ese momento de lo cansado que estaba. Se cubrió la boca con la mano, intentando ocultar un bostezo. Natsuya lo miró de reojo y encendió el radio, buscando la emisora con la música más escandalosa para ayudarlo a mantenerse despierto. Condujeron unos veinte minutos hasta un lujoso hotel que anteriormente había sido propiedad de los Tachibana.
Atravesaron la alfombra roja hasta la sala hermosamente decorada donde se celebraría la fiesta. Makoto era consciente de que autores y editores por igual se volteaban para mirarlo y susurrar. Él simplemente siguió a Natsuya y lo imitó cuando este tomó una copa de champán. El director de la editorial subió al escenario e inició con los actos protocolarios, antes de preceder el brindis. La gente comenzó a dispersarse, algunos conversaban, otros bailaban. Natsuya lo sujetó del brazo y lo guio por la sala, con un gesto de orgullo que no había visto antes en él.
—Yazaki-san —el anciano a quien Natsuya acababa de dirigirse no era otro más que Yazaki Shota, reconocido autor nacido en Nagoya, que había ganado innumerables premios y cuyos libros se encontraban siempre entre los más vendidos —Qué agradable es saludarlo, espero que esté disfrutando de la fiesta.
—Ciertamente, ciertamente, Kirishima-kun. Oh, ¿a quién has traído contigo hoy? —preguntó al reparar finalmente en Makoto —¿Es acaso uno de los prometedores autores en ascenso? —la sonrisa en el rostro de Natsuya se ensanchó.
—Yazaki-san, permítame presentarle al laureado escritor japonés quien recientemente completó su exitosa gira por Europa, Kodoku Itami-sensei.
Al escuchar las palabras de Natsuya no sólo Yazaki se sorprendió. Las personas que estaban cerca voltearon para mirarlos y algunos otros curiosos se acercaron para mirarlo más de cerca.
—¿Este joven es Itami-sensei? —Makoto inclinó la cabeza de forma respetuosa y se presentó:
—Es un placer conocerlo, Yazaki-sensei, soy un gran admirador de sus obras —el castaño extendió la mano y Yazaki, saliendo de su ensimismamiento, se apresuró a corresponder el gesto. Mientras él se enfrascaba en una conversación con Yazaki, Natsuya había desaparecido y la gente a su alrededor había comenzado a murmurar.
—¡Increíble! ¿El hijo menor de los Tachibana es el famoso Kodoku Itami?
—¿Cómo era que se llamaba?
—¡Es Makoto!
—¿Makoto? ¿Tachibana Makoto? ¿Ese muchacho callado que siempre era opacado por su hermana mayor?
—¡Vaya, esto sí que no me lo esperaba!
Agobiado con los comentarios a su alrededor, todos los cuales estaban relacionados con la familia Tachibana, Makoto se excusó un momento, alegando que necesitaba ir al baño. Educadamente apartó a la gente que le cerraba el paso y sintiendo las piernas débiles, caminó hasta el baño del otro lado de la sala. Cuando entró apoyó las manos sobre el lavabo. Se miró en el espejo y al ver su figura borrosa, abrió el grifo, echándose agua en la cara y restregándose los ojos. Era extraño, de repente se sentía mareado y un poco débil. Se dio unas palmaditas en la cara, repitiéndose que todo estaba bien.
Se secó la cara y se acomodó el traje antes de salir. Sin embargo, apenas había puesto un pie fuera del baño cuando un grupito de mujeres lo rodearon y comenzaron a hablar todas al mismo tiempo, aturdiéndolo. Escuchó otro comentario acerca de los Tachibana y justo cuando iba a responder…
—¿Tachibana? Creo que se equivocan, estimadas damas —Makoto nunca se había sentido tan feliz de ver a Natsuya —Este caballero se llama Hanamura Makoto, mejor conocido como Kodoku Itami, así que, dado que nos encontramos en un ambiente profesional, agradecería si pudieran referirse a él como "Itami-sensei" —las mujeres asintieron con la cabeza —Ahora, si me disculpan, voy a tomar prestado al sensei por un momento. Sensei, vamos por allá, los bocadillos se ven bastante buenos.
Makoto siguió una Natsuya hasta una mesa apartada donde se exhibía toda clase de sushi.
—Gracias por eso.
—Ni lo menciones, fue mi culpa de todos modos —contestó, apenado —Lamento haberte dejado solo, me pareció que era una buena oportunidad para que charlaras con los otros autores y conocieras a los editores.
—Hace tiempo que debuté pero estando aquí me siento como un novato —admitió —Todas las personas que están aquí son autores con una gran trayectoria, autores cuyos trabajos he seguido desde niño, creo que no puedo dejar de sentirme intimidado.
—Oye —Natsuya le colocó una mano sobre el hombro —tú eres un escritor. Uno de los más talentosos de la época, si me permites agregar. Y no lo digo sólo porque sea tu editor, lo digo porque los logros que has alcanzado respaldan mis palabras. Así que levanta la cabeza y camina con dignidad. No esperaba que la gente comenzara a acosarte de esa forma, pero olvídate de eso y disfruta la fiesta, ¿sí?
Makoto asintió con la cabeza y se sirvió un par de piezas de sushi. Cuando intentó llevarse un trozo a la boca, notó que las manos le temblaban. Decidió no darle mucha importancia y tomó una copa de vino de uno de los meseros que iba pasando en ese momento. Bebió un trago y sintió que los mareos empeoraban. Sin embargo, una vez más decidió ignorarlo, regresando su atención a la conversación que estaba teniendo con Natsuya en ese momento.
El problema era que las cosas sólo empeoraron. Cada vez se sentía peor, le daba vueltas la cabeza, su vista estaba borrosa y sus piernas parecía que pronto dejarían de ser capaces de soportar su beso. Dejó la copa sobre la mesa y tomó un poco más de comida, pensando en lo poco que había comido en días anteriores. Estaba cansado, eso era todo. Si lo ignoraba seguramente pronto se le pasaría.
Makoto podía ver la boca de Natsuya moverse, pero no alcanzaba a comprender lo que estaba diciendo. La voz de Natsuya se fue escuchando cada vez más lejana, hasta que todo se apagó a su alrededor.
S & M
Ah, qué comodidad. La cama estaba cálida, la almohada era suave. Hacía tiempo que no se sentía tan descansado. No recordaba en qué momento había regresado a su casa, pero eso no le importaba en ese momento. Sólo quería quedarse acostado un rato más, antes de ponerse a trabajar en el planeamiento para su clase del lunes. Quiso darse vuelta, pero cuando movió el brazo sintió un pinchazo. Abrió un ojo y luego el otro, después miró a su alrededor. Una habitación desconocida. Si incorporó y vio que Natsuya estaba sentado en una silla cerca de la cama, todavía llevaba el traje, pero se había quitado el saco y la corbata y se había arremangado. Estaba dormido.
Un momento, ¿dónde estaba? Se sentó completamente y volvió a mirar a su alrededor. Una habitación de hospital. ¿Qué estaba haciendo ahí? Lo último que recordaba era estar en la fiesta, charlando con Natsuya y después… todo se había vuelto negro. ¿Y qué eran todas esas flores? Makoto estuvo a punto de ponerse de pie, pero en ese momento una enfermera entró.
—¡Hanamura-san, no debe levantarse todavía! —la enfermera lo obligó a recostarse otra vez —El doctor vendrá pronto para hacerle un chequeo y determinará si puede marcharse o si debe quedarse en observación una noche más —el castaño miró a la mujer, confundido —En un momento le traeré su comida —y se fue.
En ese momento, Natsuya comenzó a moverse. Lo vio abrir los ojos y estirar los brazos, moviendo la cabeza de un lado al otro, seguramente dolorido dada la incómoda posición en la que había estado durmiendo.
—¿Makoto?
—Ah, ¿buenos días? —Natsuya se arrojó sobre él y le rodeó la cintura con los brazos —Natsuya-san…
—Gracias al cielo, no sabes lo preocupado que estaba —empezó —De pronto te desmayaste enfrente mío y no despertabas. No sabía qué hacer. Una de las editoras llamó una ambulancia y te trajimos aquí, pero demonios, eres un imprudente —Natsuya se separó de él y lo encaró —Desnutrición y agotamiento extremo. Es lo que te ganas por trabajar hasta morir.
—L-Lo siento, Natsuya-san —agachó la cabeza —Por culpa de mis descuidos tuviste que abandonar la fiesta y aparte de eso, tuviste que dormir en ese sofá tan incómodo. Además, he hecho el ridículo, ¿cierto?, lo siento también por eso.
—No eres el primero a quien le pasa y tampoco serás el último —dijo Natsuya —Así que no te preocupes por cosas innecesarias. Además, soy yo quien debería disculparse, sabía que estabas exhausto, pero aun así te arrastré hasta la fiesta. Tendría que haber dejado que descansaras todo el fin de semana. Lo siento, Makoto.
—No te preocupes por eso, Natsuya-san. Prometo que no volveré a descuidar mi salud. En verdad disculpa todas las molestias.
—Tonto, para eso están los amigos.
—¿A-Amigos? —preguntó Makoto, sorprendido —¿Nosotros? —Natsuya arqueó una ceja.
—Sí, amigos, nosotros. ¿Por qué, tienes algún problema con eso? —el de ojos verdes negó con la cabeza —Sé que no nos conocemos mucho, pero eres una de esas pocas personas a las que siento que puedo considerar un amigo —Makoto le dedicó una amplia sonrisa —Ahora, acuéstate, —puso la mano sobre su pecho y lo hizo acostarse de nuevo —tienes que descansar.
—Natsuya-san, sobre lo que me pasó…
—Deja el "san". Y no te preocupes, no le he dicho a nadie. Tendría que haber contactado a tu hermano, pero supuse que no querrías preocuparlo. Sin embargo, esta será la única vez, si vuelve a suceder algo como esto, ten por seguro que se lo contaré todo a Ren, ¿entendido? —asintió con la cabeza —Siento como si estuviera hablando con un niño —el escritor rió —Como sea, hay algo más que tengo que decirte, Makoto.
—¿De qué se trata?
—Quizás no estés en condiciones de oírlo, pero es importante que te lo diga ahora —Natsuya se sentó a la orilla de la cama, cruzado de brazos —Escucha Makoto, creo que ha llegado el momento de que tomes una decisión.
—¿De qué estás hablando?
—Tu carrera como escritor o tu carrera como maestro. Tienes que escoger una de las dos o no podrás soportarlo. Seguir como hasta ahora va a matarte, entre más fama adquieras, tus compromisos irán en aumento. Firmas de autógrafos, giras, entrevistas, colaboraciones. Y no me mires así —añadió cuando vio la tristeza dibujada en los ojos del otro —Ser escritor es algo que escogiste por ti mismo. Si quieres renunciar, eres libre de hacerlo. Sé que no es una decisión que puedas tomar en este momento, pero piénsalo, por favor.
—Natsuya…
En ese momento, el celular de Natsuya comenzó a sonar. Disculpándose un momento, Natsuya abandonó la habitación. Justo en ese momento, Makoto no pudo evitar pensar en lo mucho que le hubiera gustado despertar y encontrar a Sousuke a su lado. Cielos, era tan estúpido. Sousuke se había ido para siempre, ¿por qué no podía simplemente aceptarlo?
S & M
—¿Quieres calmarte?, te estoy diciendo que está bien, es sólo anemia —replicó Natsuya —El doctor ha dicho que necesita alimentarse bien, tomar sus suplementos vitamínicos y descansar, no va a morir. Ah, demonios, deja de gritar —alejó el celular de su oreja —¿Te calmaste? Bien —volvió a acercar el aparato —Te llamé porque me dijiste que querías mantenerte al tanto, pero de haber sabido que reaccionarías así, no te hubiera dicho nada.
—Lo siento, estoy algo… alterado —contestó la voz de Sousuke del otro lado.
—¿Problemas en el paraíso? —bromeó. Sousuke lanzó un suspiro.
—Ran… ha dicho que quiere que tengamos un hijo —Natsuya apretó el teléfono hasta que sus nudillos se pusieron blancos. No estaba seguro de cómo sentirse en ese momento, podía jurar que había escuchado cómo su corazón agrietado terminaba de romperse.
—¿Y cuál es el problema? Están casados, es lo más natural, ¿no?
—Natsuya —el tono severo de Sousuke hizo que el castaño suspirara también.
—Cierto, estás enamorado de Makoto. Si quieres escuchar mi opinión sincera, eres un grandísimo idiota, Sousuke. O un masoquista, no sé. El punto es que no entiendo en qué demonios estás pensando. Makoto está loco por ti, sólo un ciego no podría verlo. Te ama, lo amas, no sé por qué te empeñas en atarte a un matrimonio que no te hace feliz.
—Las cosas no son tan simples, Natsuya. Tengo que recuperar lo que pertenecía a mis padres y a mi hermana, no puedo separarme de Ran hasta que lo haya logrado. Además… —hizo una breve pausa —sabes que Chang jamás me dejará el camino libre. Debo ser cuidadoso o quién sabe de lo que será capaz.
—Supongo que tienes razón. Pero Sousuke, ¿no te sientes mal al usar a Ran de esa manera? —Sousuke soltó una risotada.
—Creo que deberías preguntarle a ella si no se sintió mal al engañarme debajo de mis narices o al despilfarrar el dinero de mi familia. ¿Qué tal preguntarle si no se sintió mal al pisotear los sueños de sus hermanos? ¿Preguntas si me siento mal? La verdad es que no. Sé que lo que estoy haciendo está mal y está bien si el karma me lo devuelve todo al final, pero esto es algo que debo hacer o de lo contrario no podré vivir tranquilo. No espero que lo entiendas y si quieres dejarlo no te detendré.
—Dije que estaría en esto hasta el final, ¿no? Planeo cumplir mi promesa, además no voy a dejar que Shen le ponga un dedo encima a Makoto.
—Natsuya…
—No te preocupes, no voy a quitártelo. Como sea, tú, Nao y yo estamos juntos en esto, como siempre.
—Los Tres Mosqueteros —los dos se echaron a reír —Entonces te veré pronto. Ah, Natsuya, ¿puedes darle un mensaje a Makoto?
—¿De qué se trata esta vez? —Sousuke se quedó en silencio —¿Sousuke?
—Ah, olvídalo, no es importante.
—¿Estás seguro?
—Tengo que irme —y colgó.
Natsuya guardó el teléfono y volvió a entrar en el hospital. Estar al lado de Makoto, protegerlo, era lo mínimo que podía hacer por Sousuke después de la forma en que lo había traicionado. Era cierto que Sousuke no amaba a Ran, pero acostarse con la esposa de su amigo no había sido la más brillante de sus ideas. Natsuya no estaba preparado para ver el rostro de decepción de su amigo si este llegaba a darse cuenta de que se había estado acostando con Ran durante años.
