Que la racha no se me acabe por favor. Aquí está el nuevo capítulo.

[Acto 15]

Mi droga

Decir que se había sorprendido al ver a Makoto sentarse en el asiento de al lado era poco para expresar lo que sintió en ese momento. Porque ¿cuáles eran las probabilidades de encontrarse con Makoto en un avión con rumbo a Hong Kong? Por alguna extraña razón que él desconocía, el joven escritor lucía bastante nervioso. Cuando le preguntó el motivo de su viaje – siendo que no tenían ninguna gira de promoción planeada aún – Makoto balbuceó nervioso y lo único que logró entenderle fue algo que sonaba a "boda de un viejo amigo". Era mucha coincidencia que ambos se dirigieran a Hong Kong para una boda, pero Natsuya no quería parecer paranoico, así que no dijo nada e intentó disfrutar del vuelo.

Cuando se bajaron del avión, Natsuya perdió completamente de vista a Makoto. ¿Estaba huyendo de él? Nah, ¿por qué demonios tendría que huir de él? Haciendo a un lado las ideas que no lo llevaban a nada, Natsuya tomó un taxi para dirigirse al elegante hotel que habían escogido los novios para su boda. El prometido de su hermana había reservado una suite para él. El sujeto parecía buscar agradarle al hermano de su novia, pero Natsuya, aunque nunca lo había visto – ni siquiera en foto – tenía un muy mal presentimiento. Tal vez era ese instinto protector que había despertado en él al haber perdido a sus padres de niño, Miho era la única familia que le quedaba y sentía que era su deber protegerla.

Al llegar a la recepción del hotel se llevó la segunda sorpresa del día. Makoto estaba allí. ¿Qué demonios? Natsuya se acercó a él y le dio unos golpecitos en el hombro. Makoto volteó para verlo y palideció. De pronto se había puesto nervioso y parecía que iba a colapsar en cualquier momento. Natsuya cada vez se sentía más confundido. Makoto había dicho que iba a una boda. ¿Cuáles eran las probabilidades de que ambos estuvieran invitados a la misma boda? ¿Podía ser que Makoto era amigo del novio?

—¿Q-Qué e-estás haciendo a-aquí? —preguntó el escritor finalmente, mirándolo como si se tratara del peor de los demonios.

—Podría preguntarte lo mismo —contestó —Este es el hotel donde va a casarse mi hermana. ¿Qué hay de ti?

—A-Ah, p-pues… y-yo… ¡tengo que irme! —Makoto le arrancó la tarjeta de acceso de la mano a la chica de la recepción y salió corriendo. Había algo muy sospechoso en el comportamiento de Makoto y Natsuya estaba empeñado en descubrir de qué se trataba.

Cuando le entregaron su tarjeta de acceso, Natsuya siguió al botones hasta su habitación, que estaba en el penúltimo piso. Cuando abrió la puerta se encontró con la habitación más increíble que sus ojos hubiesen visto nunca. Era al menos unas dos veces más grande que su apartamento y todo se veía extremadamente caro y fino. ¡Incluso tenía su propio mini-bar! ¡Y un jacuzzi! Por un momento, Natsuya pareció un olvidar su resentimiento hacia el prometido de su hermana y, quitándose la ropa, se metió al jacuzzi, no sin antes encender el equipo de sonido y servirse una copa de champán.

A la mañana siguiente, fue la piscina, recibió el mejor masaje de su vida y comió los platillos más finos que nunca podría permitirse de no ser porque todo era gratis. De pronto no pudo evitar pensar que tal vez el sujeto no era tan malo. Miho había sufrido mucho con la muerte de sus padres y ahora se merecía toda la felicidad del mundo. Natsuya suponía que, si era por la felicidad de su hermana, podía intentar hacer a un lado sus – quizás – absurdos pensamientos negativos hacia el millonario que había capturado el corazón de Miho.

Estaba tan a gusto que se le había olvidado por completo el asunto de Makoto. No fue hasta que, al entrar a la capilla donde se efectuaría la ceremonia, lo vio sentado en una de las bancas de la iglesia, y recordó lo extraño que había estado actuando. Se deslizó en silencio por el asiento hasta acomodarse justo al lado de él. Nuevamente, cuando reparó en su presencia, Makoto estuvo a punto de sufrir un ataque cardiaco. Natsuya lo miró con una sonrisa.

—Entonces, ¿eres amigo del novio?

—A-Ah, s-sí… —Makoto ya no podía escapar de él.

—¿Qué clase de sujeto es este Chang? —preguntó —Lo único que sé de él es su apellido. A pesar de que pronto se convertirá en su esposo, Miho no lo ha llamado ni una sola vez por su nombre.

—P-Pues… él e-es… e-es… —Natsuya clavó sus ojos en él, esperando una respuesta.

Sin embargo en ese momento el novio empezó a desfilar por la larga alfombra roja. Natsuya volteó la cabeza para ver al novio desfilar al lado de una elegante dama. El novio iba vestido con un elegante traje de color negro, con una corbata roja y una rosa en el saco. Era apuesto, de eso no había duda pero… eso tenía que ser una broma. Sin darse cuenta, Natsuya se había puesto de pie. No podía ser. Eso tenía que ser una broma de muy mal gusto. Se restregó los ojos justo en el momento en que el sujeto iba pasando enfrente de él. No había duda alguna, se trataba de ese sujeto.

—Natsuya… —sintió que le halaban la manga del saco y volvió a sentarse. Sin mirar a Makoto, Natsuya, agachó la cabeza y se llevó las manos al rostro.

Justo en ese momento, se escuchó la marcha nupcial y la novia comenzó a desfilar, tomada del brazo de un hombre chino de cabello blanco y mirada amable. Se trataba del dueño de la residencia donde Miho había estado viviendo desde que se mudó a Hong Kong y que se había convertido en un padre para ella. Miho llevaba el rostro cubierto por el velo, pero Natsuya era capaz de ver sus ojos brillantes. Estaba feliz. Natsuya sintió unas terribles ganas de llorar. Apretó los puños con fuerza al ver cómo Shen Chang removía el velo para descubrir el rostro de su hermana.

Shen Chang podía ser un actor impresionante. La forma en la que miraba a su hermana, con adoración, con amor, lo enfermaba. A pesar de lo que pudiera parecer a ojos de los demás, Shen no amaba a su hermana. Miho no era más que un peón en otro de los enfermizos juegos de ese sujeto que no podía amar a nadie más que a sí mismo. O quizás al chico de ojos verdes que estaba a su lado. Cuando finalmente miró a Makoto, supo que él estaba pensando lo mismo que él. La forma en que lo miraba, era como si quisiera disculparse. Pero él no tenía la culpa. Nadie tenía la culpa, ni siquiera Miho. Ella solamente se había fijado en la persona equivocada. ¡Maldito Shen!

—Si alguien se opone a esta unión, que hable ahora o calle para siempre.

Natsuya estuvo a punto de gritar el cliché "¡yo me opongo!", pero en ese momento su hermana lo miró con una sonrisa tan hermosa como nunca había visto antes. Se mordió el labio. No pudo decir nada, pero probablemente se arrepentiría toda la vida de su silencio. Apretó los ojos para no llorar cuando los recién casados compartieron su primer beso y, tomados de las manos, desfilaban por la alfombra roja para salir de la capilla, bajo una lluvia de pétalos de rosas y granos de arroz. Natsuya ni siquiera encontró las fuerzas para aplaudir y sólo reaccionó cuando Makoto pasó a su lado y murmuró un…

—Lo siento mucho.

Natsuya arrastró los pies hasta el salón donde se celebraría la fiesta. Las mesas estaban llenas a rebosar de comida y bebida, y Natsuya lo único que quería en ese momento era ahogarse en alcohol. Su mente estaba en blanco. Ni siquiera podía encontrar el valor para ir a felicitar a su hermana. Se sentó en la barra y pidió una cerveza, esperando poder pasar desapercibido al menos por un rato.

—¡Natsu! ¡Natsu! —apretó la botella de cerveza con la mano. Trató de componer una sonrisa antes de voltearse para encarar a su hermana.

Miho lucía como una princesa, con el hermoso vestido blanco de diseñador que se ceñía perfectamente a su figura. Llevaba el cabello recogido en un moño y un maquillaje ligero que no hacía más que resaltar sus hermosos rasgos. Detrás de ella venía el hombre a quien Natsuya menos quería encontrarse.

—¡Natsu, te extrañé tanto! —exclamó la menor de los Kirishima, abrazándolo —Muchas gracias por haber venido a pesar de estar tan ocupado.

—No me perdería la boda de mi pequeña hermanita por nada del mundo —Miho se sonrojó levemente y tomó la mano de su esposo.

—Natsu, deja que te lo presente formalmente. Él es el hombre más maravilloso del mundo, que me ha concedido el honor de ser su esposa, Shen Chang. Shen —era la primera vez que Natsuya escuchaba a su hermana dirigirse a su esposo por su primer nombre —este es mi hermano, Natsuya.

—Es un placer conocerte al fin, Natsuya —dijo Shen. Maldito hipócrita, fue lo único en lo que pudo pensar Natsuya, mientras apretaba con fuerza la mano del otro.

—El placer es mío, Chang-san. Ah y muchas felicidades. A los dos.

—Oh vamos, deja las formalidades, por favor. Llámame Shen, después de todo, ahora somos familia —Natsuya tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no romperle la cara a Shen en ese mismo instante. Suerte que en ese momento Miho arrastró a su esposo a la pista de baile.

Natsuya volvió a sentarse en la barra y pidió el trago más fuerte que tuvieran. Necesitaba tranquilizarse, pero la gravedad de la situación era tal que no creía ser capaz de llamar a Sousuke calmadamente. Que Makoto estuviera ahí sólo podía significar una cosa. ¿Amigo del novio? No, no se trataba de eso. La presencia de Makoto en esa boda sólo podía significar que… había vuelto a caer. ¿Qué clase de artimaña había utilizado Shen para traerlo nuevamente a su lado?, eso era algo que no sabía, pero tratándose de Shen, de seguro lo había amenazado de alguna forma.

Necesitaba hablar con Makoto. Lo buscó por todo el salón, pero cada vez que intentaba acercarse a él, alguien lo abordaba o alguna chica lo arrastraba a la pista de baile. Nunca había sido demasiado popular, ¿entonces por qué cuando estaba ocupado todo el mundo parecía querer estar con él? De pronto cuando quiso darse cuenta la fiesta había terminado y él regresaba a su habitación, arrastrando los pies y apoyándose a las paredes. Tal vez sí se le había pasado un poco la mano con el alcohol.

El pasillo estaba algo oscuro, pero la mata de cabello castaño que pasó a su lado no pasó desapercibida. ¡Qué suerte!, así que la habitación de Makoto estaba justo al lado de la suya. Por fin podría hablar con él. Pero cuando abrió la boca para llamarlo, este ya había cerrado la puerta. Natsuya entró a su habitación y se metió en la ducha para que se le bajara el alcohol. Se cambió de ropa y se bebió una taza de café bien cargado.

Salió de la habitación dispuesto a hablar con Makoto, pero entonces… vio que Shen abría la puerta y se metía en la habitación. Natsuya ardió en furia. Acababa de casarse y ya iba a meterse en la cama de su amante, ¡increíble!, no, más bien era lo que podía esperarse de ese sujeto. Por un momento quiso odiar a Makoto, pero recordó que Makoto probablemente era quien más estaba sufriendo. Seguramente terminaría sintiéndose mal por Miho, aunque no fuera su culpa que Shen fuera el despreciable sujeto que era.

Quería regresar a su habitación, pero la luz que se filtraba por la puerta entreabierta de la habitación de Makoto lo hizo avanzar. Por primera vez en su vida, Natsuya deseó no haber sido tan curioso. Lo que acababa de escuchar… iba a matar a Shen.

S & M

Makoto se sobresaltó cuando sintió un peso extra sobre su cama. Cuando se volteó, Shen estaba encima de él. Antes de poder decir algo, los labios de Shen se apoderaron de los suyos. Su mente hizo cortocircuito, su cuerpo se negaba a escucharlo. Cuando Shen lo besaba de esa manera, no podía evitar sentir repulsión, sin embargo, su cuerpo lo traicionaba cuando aquella sensación de placer lo invadía. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas mientras Shen lo desvestía y lo hacía suyo. Makoto había dejado de luchar contra los obscenos sonidos que salían desde su garganta, entregándose al placer que el otro siempre había sabido darle.

Pensó en Sousuke. Se sentía sucio, como la peor de las escorias. Pensó en Miho, la hermana de Natsuya, que lucía tan enamorada de Shen. Sintió asco de sí mismo al disfrutar de la forma en que las estocadas del otro lo volvían loco al tocar ese punto que lo hacía subir al cielo en un instante. Terminó rodeándolo con sus brazos y dejando que el otro acabara dentro de él.

Cuando se separaron, Makoto le dio la espalda y lloró en silenció. Shen comenzó a repartir besos por su hombro y su mejilla. Makoto se cubrió el rostro con las manos, pidiéndole una y otra vez que por favor se fuera.

—Te he dado lo que querías, regresa al lado de tu esposa, por favor.

—Ya le he dado lo que quería —contestó, mientras lo acariciaba entre las nalgas —Aunque tengo que decir que fue el peor sexo que he tenido en mi vida. Es una chica linda y entusiasta, pero un verdadero desastre en la cama. Definitivamente no hay nadie como tú.

—¡¿Cómo puedes ser así?! —exclamó Makoto, incorporándose súbitamente. Shen lo miró, sorprendido —¿Cómo puedes decir esas cosas de tu esposa? ¿Por qué eres así? Esa chica… ella te ama de verdad, ¿no te sientes mal al jugar con ella de esa manera? ¿Por qué…? —la voz se le quebró, se echó la sábana encima para cubrirse el rostro.

—Makoto, eres tan noble —Shen lo abrazó, acunándolo en su pecho —Es cierto que es una buena chica, es por eso que la tomé como mi esposa. Pero un hombre tiene sus necesidades y ella no es capaz de saciarlas. Prometo que voy a tratarla como una reina, a darle todo lo que se merece, pero mi corazón es algo que jamás podré darle, por ese ya te pertenece a ti.

—Por favor, vete —dijo —Sé que no estoy en posición de pedirte nada, pero… vete. Sólo por esta vez, déjame, quiero estar solo.

—Sólo por esta vez voy a complacerte. Porque has hecho de mi noche de bodas una noche memorable —Makoto lo escuchó vestirse y cerrar la puerta tras de sí al salir —Makoto, te amo.

No lo digas, por favor, no lo digas. Makoto sabía que no era cierto. Shen no lo amaba, ya no. Quizás, sólo quizás, lo había amado en el pasado, pero Shen Chang era un hombre que ya no sabía lo que era amar. Obsesión, eso era lo que Shen sentía por él. Y esa obsesión lo había llevado a hacer cosas terribles. Pero, ¿qué podía hacer él?

S & M

A las cinco de la mañana, Makoto se había dirigido a la piscina techada para nadar un rato. No había logrado conciliar el sueño y cuando se cansó de dar vueltas en la cama, no se le ocurrió nada mejor para despejarse. Se sentía tan bien estar dentro del agua. Ni bañándose mil veces sería capaz de eliminar la suciedad que sentía luego de haberse acostado con Shen, pero el agua siempre lograba, de alguna manera, darle un poco de paz. Dio un par de vueltas más, nadando libre, hasta que su estómago empezó a exigir alimento. Se quitó los googles y la gorra y cuando levantó la mirada, la mano de Natsuya estaba extendida hacia él.

—Natsuya… —no había rastro de la acostumbrada sonrisa en el rostro del otro, pero Makoto terminó aceptando la mano para salir de la piscina.

—Toma —Natsuya le lanzó una toalla y Makoto se secó el rostro y el cabello, dándole la espalda, sin saber qué decir —Necesito hablar contigo, Makoto. No voy a dejar que huyas más.

Makoto se sentó en una de las sillas que estaban al borde de la piscina y Natsuya lo imitó. Era cierto que no podía seguir huyendo de él, después de todo se lo debía. Natsuya de una u otra forma había terminado involucrado, así que Makoto sintió que tenía que decirle la verdad, o al menos una parte.

—Shen es un viejo amigo. Lo conocí en Australia y hemos estado en contacto desde entonces, por eso me invitó a su boda.

—No mientas. ¿Amigos? Ustedes no son amigos, Makoto. Es claro que tú le temes.

—Eso no…

—Lo vi entrar a tu habitación anoche —dijo —Los escuché —los ojos de Makoto se abrieron como platos. El rostro horrorizado del otro hizo que Natsuya se sintiera mal —Makoto, ¿qué está pasando entre tú y ese sujeto? ¿Por qué estás tan asustado? —el de ojos verdes apretó los puños en un intento por dejar de temblar —Escucha, sé que no nos conocemos mucho, pero… somos amigos, ¿no? Puedes contarme lo que te está pasando, tal vez pueda ayudarte y…

—Puedo contártelo —Makoto lanzó un suspiro. Ya no podía soportarlo más. No quería involucrar a Natsuya, pero quizás ya era algo tarde para ello —Pero tienes que prometer, no, jurar que, pase lo que pase, no se lo dirás a nadie y mucho menos intentarás intervenir.

—¿Qué estás…?

—¡Júralo! —replicó el otro —Júralo por lo que más quieras.

—Lo… lo juro.

—Verás…

S & M

Sousuke se masajeó la sien y apagó la portátil. Estiró los brazos y finalmente se levantó de la silla, después de horas sentado, terminando el proyecto que le había encargado Yumiko. Aunque se tratara sólo de trabajo, Sousuke no podía evitar alegrarse con el hecho de que Yumiko poco a poco comenzara a confiar en él. Tomó el celular y lo encendió. La noche anterior había decidido apagarlo para poder trabajar en paz y terminar el proyecto. Cuando lo encendió comenzó a sonar sin parar. ¿Qué demonios? Tenía unos veinte mensajes, todos de Natsuya.

Sousuke, escucha esto es serio. En verdad necesito hablar contigo, llámame en cuanto veas este mensaje. Se trata de Makoto. Él… Shen volvió a capturarlo. Makoto ha vuelto a caer en sus manos, Sousuke, y no sé qué hacer. Demonios, me lo ha contado todo, pobre chico, no sé cómo soportó durante tanto tiempo. No se supone que se lo cuente a nadie, mucho menos a ti, pero tenemos que ayudarlo. Makoto está sufriendo, Sousuke. Como sea, necesito hablar contigo. Llámame, te lo suplico.

Sousuke maldijo en voz baja y marcó el número de Natsuya. Volvió a maldecir cuando entró la contestadora. Trató unas tres veces más, pero no pudo contactarlo y ya comenzaba a alterarse. Tenía que calmarse, no podía pensar bien cuando estaba alterado. Tenía que ir a casa de Natsuya. Maldición, ¿por qué no contestaba el teléfono? Entonces miró el reloj. Las ocho de la mañana del domingo. Natsuya debía estar dormido. Makoto. ¡Tenía que ver a Makoto!

—Sou, buenos días —la voz de Ran hizo que se sobresaltara.

—¿Qué haces despierta tan temprano?, es domingo, ve a dormir un rato más.

—Trabajaste toda la noche, ¿verdad? —dijo ella —Te extrañé, cariño —añadió ella, mientras le rodeaba la cintura con los brazos —Volvamos a la cama.

—Lo siento, pero no puedo —Ran lo miró, confundida —Tengo que ir a la oficina.

—¿Qué? ¿Por qué? Trabajaste todo el fin de semana, tienes derecho a descansar. ¿O es que ese poco de inútiles no puede hacer nada sin ti? —Sousuke frunció el ceño —Te lo había dicho antes, pero lo repito, trabajar para Yumiko no es una buena idea. Ella no…

—¡Cállate! —había alzado la voz más de lo que le hubiese gustado. Ran se echó para atrás, asustada —No te atrevas a hablar mal de ella, Ran.

Sin decir nada más, Sousuke fue a bañarse. Cuando salió de la ducha, ya vestido y listo para salir, Ran lo esperaba en la entrada con su maletín y los zapatos listos. No sabía si era porque estaba molesto, pero el cómo Ran se esforzaba por ser una buena esposa, después de todo lo que había hecho, le repugnaba.

—Que tengas un buen día, Sou —dijo, tendiéndole el maletín. Cuando Sousuke terminó de ponerse los zapatos, ella volvió a hablar —Sé que tal vez no es el mejor momento, pero… ¿has pensado en lo que te dije? —Sousuke arqueó una ceja —Creo que un niño le daría vida a nuestro hogar, cariño. Sólo… piénsalo, ¿sí?

—De acuerdo, lo pensaré —contestó, dándole un fugaz beso en los labios antes de marcharse.

S & M

Makoto se restregó los ojos un par de veces, se dio golpecitos en el rostro e incluso se pellizcó para asegurarse de que no se trataba de un sueño. Al parecer no estaba soñando pero, ¿cómo podía ser eso posible? ¿Qué estaba haciendo Sousuke ahí? Y, ¿por qué lo estaba abrazando? ¿Por qué lucía tan agobiando? Temiendo que alguien los viera, Makoto llevó a Sousuke adentro – a como pudo, porque el otro se negaba a soltarlo – y le dio acarició la espalda y el cabello, esperando que se calmara.

—Sous….

Ah. Demonios. Cómo había extrañado sus besos. Dulces, pero a la vez tan llenos de pasión. Besos que lo llenaban de felicidad, pero a la vez lo confundían. Sus brazos parecían recordar su posición habitual, alrededor del cuello ajeno para mantenerlos unidos. Makoto fue esta vez quien inició las caricias, retirando la chaqueta, para colar las manos por debajo de la camisa ajena. Sintió a Sousuke estremecerse, abandonar sus labios para darle pequeños mordisquitos en el cuello. Ah, que no se acabara por favor.

Sin embargo, Sousuke parecía haberse dado cuenta de que las cosas comenzaban a calentarse porque de pronto se detuvo y volvió a abrazarlo. Sus brazos lo rodeaban con fuerza, pero con cariño al mismo tiempo, como si quisiera atesorarlo. Después de un momento, Sousuke se separó y le tomó el rostro con ambas manos. Había dolor en sus ojos. También desesperación y… adoración. ¿Podía tener esperanza acaso?

—Makoto, perdóname por aparecer así. Perdóname por abrazarte, por besarte. Sé que no tengo ningún derecho de venir e irrumpir en tu apartamento como lo acabo de hacer. Pero no podía soportarlo más. No puedo soportar el estar lejos de ti por más tiempo. Me mudé a esta ciudad por mi trabajo, pero saber que estás tan cerca y no podía verte me estaba matando —Makoto colocó las manos sobre las de Sousuke —Sé que no tengo ningún derecho, sé que no debería pedirte esto, pero… ¿me dejarías abrazarte un rato más?

—Sousuke, te lo había dicho antes, ¿recuerdas?, puedes hacer lo que quieras conmigo. Soy tuyo, siempre lo he sido y siempre lo seré, aunque tú no lo quieras —Sousuke volvió a rodearlo con sus brazos.

—Te amo, Makoto. Te amo demasiado, tanto que no puedo contenerme —Makoto cerró los ojos, dejando que las lágrimas rodaran por sus mejillas. Estaba tan feliz que no podía contener las lágrimas —Yo… lo siento. Haber venido y soltarte algo como eso después de que te hice a un lado para regresar con Ran. Esta será la última vez. Prometo que a partir de ahora te dejaré en paz y no volveré a acercarme a ti.

—¡No quiero! —exclamó Makoto, con el rostro oculto en el cuello ajeno —No quiero que me dejes en paz, no quiero que vuelvas a alejarte de mí. Sé que tienes una vida en la que no hay espacio para mí, sé que estás casado, que Ran es la persona a quien escogiste, pero… realmente ya no importa. No importa si soy sólo tu segunda opción o si sólo me buscas cuando necesites satisfacerte. Yo te amo y si esa es la única forma en la que puedo permanecer junto a ti, lo aceptaré con gusto. Sólo… no me dejes, por favor.

"Todas esas estupideces que te solté acerca de mi futuro, de formar una familia… sólo fueron excusas. Yo sólo… intentaba convencerme de que era capaz de vivir sin ti, de dejarte ir y seguir adelante con mi vida. Pero no puedo. No hay día en que no piense en ti. Aunque intentara convencerme de lo contrario, nunca he dejado de amarte. Porque tú eres mi primer y único amor y eso no ha cambiado. Estoy seguro de que nunca seré capaz de amar a alguien como te amo a ti."

—Makoto… creo que ya te lo había dicho, también sé que no tengo el derecho de pedírtelo, pero, espérame por favor. Las razones por las cuales he vuelto con Ran, me temo que no puedo contártelas, pero te prometo que regresaré a ti y cuando lo haga estaremos juntos para siempre. Claro que si encuentras a alguien antes de que eso pase, eres libre de olvidarte de mí.

—Tonto, eso nunca va a pasar. Te esperaría toda la vida aunque no me lo pidieras.

Volvieron a besarse. Porque los labios del otro eran una droga cuya adicción ya era incurable.

S & M

Ran arrojó el teléfono al otro lado de la habitación, molesta. Era la tercera vez esa semana que Sousuke llamaba para decirle que no llegaría a casa porque un proyecto importante tenía que ser terminado. Habían pasado meses con la misma tónica. El tiempo que pasaban juntos era limitado. Sousuke llegaba a casa a seguir trabajando o, en las raras ocasiones cuando llegaba temprano, se iba a dormir sin siquiera comer. Esa maldita harpía que en el pasado se hacía llamar su hermana lo estaba exprimiendo. ¿Venganza por lo que le había hecho en el pasado?, podía ser.

Sousuke tampoco había mencionado nada acerca del asunto de tener un hijo. Siempre decía que tenía que pensarlo, que un hijo era una gran responsabilidad y que debían pensárselo muy bien. Era cierto que ella no era buena con los niños – ni siquiera le gustaban – pero un hijo de Sousuke significaba que él tendría que quedarse a su lado. Y es que Ran no quería ponerse paranoica, pero a veces no podía dejar de pensar que Sousuke la engañaba. Sus largas ausencias, la forma en que se había distanciado, no eran buenas señales y de pronto una alerta se había encendido en su cabeza.

Sousuke no podía abandonarla, ella no iba a permitirlo. Por eso había contratado a un detective privado. Necesitaba saber qué hacía Sousuke cuando no regresaba a casa. ¿En verdad estaba trabajando? ¿O se estaba viendo con alguien? Suerte que Nao le había recomendado a un buen detective. Un hombre llamado Shigino Kisumi.

S & M

El hombre que hace cualquier cosa por dinero, esa era la forma en la que solían conocer a Shigino Kisumi en la secundaria. Su cara inocente y despreocupada escondía a un gran estafador y un astuto negociante. Todos en la secundaria Sano lo querían, porque nadie deseaba convertirse en su enemigo. Natsuya era uno de los pocos privilegiados que podían considerarse sus verdaderos amigos. Kisumi era, como le gustaba describirse a él mismo, un alma libre que iba allá adonde lo llevaba el viento. Natsuya siempre había podido contar con él y estaba seguro de que no había nadie mejor para el trabajo.

Ran confiaba en Nao y le había contado acerca del comportamiento de Sousuke. El mismo Nao había sido quien sugirió investigarlo, recomendándole a un buen investigar privado luego de hablarlo con Natsuya. Así que Kisumi iba a darle un reporte falso a Ran para que se quedara tranquila y Sousuke pudiera seguir con sus planes. Natsuya no quería ver sufrir a la mujer que amaba, pero no podía traicionar a Sousuke. No más de lo que ya lo había hecho.

—¿Estás pensando que con Ran indefensa y destrozada tú tendrás tu oportunidad? —Natsuya dejó la taza de café sobre la mesa y miró a Kisumi. Era aterrador lo perceptivo que podía ser —Esa mujer no vale la pena, Natsu. ¿Acaso no ha jugado contigo lo suficiente? Ella no te ama.

—Lo sé. Sé que soy un imbécil, pero era feliz, ¿sabes?, era feliz mientras ella me usaba. Pero ahora…

—¿Odias a Sousuke? —Natsuya negó con la cabeza.

—Jamás podría odiarlo. No es su culpa. Sousuke simplemente la vio primero.

—¿Por qué te esfuerzas tanto por ayudar a Sousuke? —preguntó —¿Es porque son amigos? ¿O acaso sientes que se lo debes por haberte acostado con Ran durante tanto tiempo? ¿Sientes que traicionaste su confianza y buscas una forma de redimirte? —casi se le olvidaba el grado el psicología que tenía Kisumi.

—La verdad… no lo sé. Puede que sea un poco de todo. Es mi amigo y naturalmente quiero que sea feliz, pero también es cierto que hay noches en las que el remordimiento no me deja dormir. Por ahora sólo quiero que Sousuke sea feliz, ¿sabes? Él es feliz junto a Makoto, no puede ser feliz con nadie más. Si eventualmente Ran regresa a mí, supongo que la aceptaré con gusto.

—Por eso digo que eres un idiota —comentó Kisumi —Oh, por cierto. ¿Cómo está Nao? ¿Ya ha superado su amor imposible por ti?

—Él está… ¿qué dijiste? —Kisumi se llevó las manos a la boca al ver el gesto de confusión del otro.

—Nada. Olvídalo, no dije nada.

—Shigino Kisumi, ¿crees que serás capaz de escaparte luego de lo que acabas de decir? Explícame de qué demonios estás hablando —Kisumi se mordió el labio.

—A estas alturas se supone que ya deberías saberlo. Pensé que Nao ya se te había declarado, por eso no pensé lo que dije, pero veo que acabo de meterme en una buena bronca. Como sea, eres más idiota de lo que pensaba si no te habías dado cuenta

—¡Oye!

—Natsu, Nao ha estado enamorado de ti desde la secundaria.

—¿Q-Qué?

—Natsu, ¿cómo puedes ser tan insensible? ¡Si se notaba a leguas!