Y aquí está el capítulo de la ¿semana? Sí, bueno, estoy en racha, así que estoy tratando de actualizar esta historia todos los domingos. ¡Espero poder continuar así!
[Acto 16]
Voy a comerte a besos
La persona que buscaba lucía inquieta, tal y como Kisumi se la había imaginado después de su llamada telefónica para acordar la hora y sitio de la reunión. La vio mirar hacia la puerta un par de veces antes de que él entrara y cuando sus ojos se encontraron, la mujer se puso de pie y le hizo una seña con la mano. Kisumi se dirigió hacia la mesa donde su nuevo cliente lo esperaba. Se saludaron estrechándose la mano, Kisumi pidió un café y entonces ambos se sentaron.
Kisumi miró curioso a la mujer. Era cierto que Makoto y ella se parecían, sin embargo, había algo en su porte – o en su mirada, Kisumi todavía no estaba seguro – que la volvían una mujer irritante. Quizás era esa forma de mirar a todo el mundo como si fueran insectos. A Kisumi francamente le costaba creer que una mujer así pudiera sentirse insegura. La vio echarse el pelo hacia atrás, antes de tomar un sorbo de su taza y volver a mirarlo.
—Muchas gracias por reunirte conmigo, Shigino-san —dijo. Kisumi esbozó una sutil sonrisa.
—Por favor, dejemos las formalidades, Yamazaki Ran-san. Puedes llamarme Kisumi, después de todo a partir de ahora trabajaremos juntos. Tenemos que confiar el uno en el otro, ¿cierto? —la mujer asintió con la cabeza.
—En ese caso, llámame Ran, por favor. Bien, la razón por la que te llamé aquí es porque me gustaría que siguieras a mi esposo, Yamazaki Sousuke. Yo… sólo digamos que las cosas entre nosotros han estado algo… tormentosas. Estamos tratando de salvar nuestro matrimonio y durante un tiempo pensé que las cosas marchaban bien, pero… —Kisumi la miró fijamente, ella había agachado la cabeza y no parecía dispuesta a seguir hablando.
—¿Pero? Puedes hablar conmigo con toda confianza. Aunque puede que eso sea algo difícil de creer viniendo de un sujeto que acabas de conocer.
—Oh no se trata de eso. Confío en Nao y dado que eres un amigo de Nao, sé que no habrá problema. Es sólo que… cuando me pongo a pensarlo, a veces me parece que estoy actuando de forma impulsiva —suspiró —La razón por la que quiero que sigas a mi esposo es porque sospecho que me está engañando.
—Oh. Vaya. ¿Ha hecho algo que te haga pensar que te engaña?
—Esa es la cuestión. No tengo pruebas. Su ropa no huele a perfume, no trae manchas de labial en la camisa. No hay llamadas extrañas en su teléfono o correos comprometedores en su laptop. ¡Nada!
—¿Qué te ha llevado a pensar entonces que tu esposo te engaña? —Ran se mordió el labio y desvió la mirada. Lucía pensativa. Kisumi se mantuvo en silencio, esperando que ella volviera a hablar.
—Últimamente parece como si sólo le importara su trabajo. Hay noches en las que no regresa a casa y cuando regresa se va directo a la cama. Se encierra en su estudio y pasa horas ahí, ya casi no hacemos nada juntos. Además, cuando le sugerí que tener un hijo sería bueno para nosotros, la idea no pareció agradarle en lo más mínimo. Yo… ya no sé qué pensar, Kisumi. Puede que sea paranoia, pero estoy segura de que no podré quedarme tranquila hasta que lo confirme.
—Yamazaki Sousuke —empezó —29 años, actual poseedor del Premio Pritzker, el hijo menor del matrimonio Yamazaki y heredero de la familia luego de que su hermana, Yamazaki Yumiko, desapareciera misteriosamente. Actualmente trabaja para una pequeña firma de arquitectura en la ciudad. Sus hobbies son la lectura y la natación. En el pasado fue un nadador reconocido, con varios logros importantes en su palmarés; su estilo preferido era el estilo mariposa. Su color favorito es el negro. Su tipo de chica, es una chica amable y segura de sí misma. ¿Quieres que siga?
El gesto de sorpresa en el rostro de Ran se borró casi al instante, cambiando por una sonrisa que a Kisumi le parecía algo irritante. Sin embargo, Kisumi sonrió también. Ya la tenía.
—Hablemos de dinero —dijo Ran, extendiéndole un trozo de papel y un bolígrafo —Escribe una cifra —Kisumi obedeció, dobló el papelito y se lo devolvió. Ran parecía inquieta. ¿Tal vez se le había pasado la mano? —De acuerdo. Pagaré lo que pides. Puedo darte la mitad ahora mismo y el resto cuando termines tu trabajo. ¿Qué tal suena eso?
—Trato hecho, socia —sellaron su pacto estrechándose las manos. Ran se bebió lo que quedaba de café en su taza, sacó de su bolso un sobre y se lo entregó a Kisumi —Voy a sacar toda la verdad a la luz, ya lo verás.
—Esperaré con ansias tu reporte, Kisumi —la mujer se puso de pie —Y recuerda esto, no quieres tenerme como enemiga —la sonrisa en el rostro de Kisumi se ensanchó.
—Por supuesto que no —contestó él —Nos vemos, Ran.
Cuando Ran abandonó la cafetería, Kisumi pidió otra taza de café y una rebanada de pastel de chocolate. Sacó su celular y tecleó un número. Esperó que atendieran su llamada mientras se llevaba un trozo de pastel a la boca y disfrutaba de su sabor.
—¿Puedes recibirme en unos… —miró su reloj —veinte minutos? Bien, ahí estaré.
S & M
—Makoto no sabe de lo que puede ser capaz Shen si llegara a desobedecerle. Sabes que Ren es la única familia que le queda, no quiere arriesgarse a perderlos. Además, Shen se ha enterado de que Makoto y Yumiko son buenos amigos. Yumiko está embarazada, Sousuke, Makoto teme por la vida de tu hermana y del bebé. No le quedaba otra alternativa. Dime, ¿qué habrías hecho tú en su lugar?
"Exponer sus negocios sucios no es una opción. Sabes que ese sujeto es demasiado poderoso, no hay forma de desenmascararlo. Siempre habrá alguien que le salve el trasero. Escucha, no me importa lo que sucediera entre Makoto y ese sujeto en el pasado, Makoto es mi amigo ahora y quiero ayudarlo, pero no se me ocurre otra forma de salvar a todo el mundo. Makoto ha tomado toda la responsabilidad, por el bien de las personas que ama. No puedes simplemente decirle que deje a Shen.
Me molesta, ¿sabes? No puedo soportarlo. Ese sujeto está jugando con los sentimientos de mi hermana y manipulando a uno de mis amigos. Y yo simplemente no puedo hacer nada para ayudarlos. ¿Puedes imaginarte lo frustrante que fue para mí estar en esa boda y no poder decirle a Miho la verdad? ¿O lo desagradable que fue escuchar cómo Shen tenía sexo con Makoto en la habitación de al lado? Ya no sé qué hacer, Sousuke.
Makoto… para Shen es sólo una marioneta. Algo con lo que puede satisfacerse cuando quiera y desecharlo cuando ya no lo necesite. Esa noche, después de que se acostara con él, le dijo que lo amaba, ¿puedes creerlo? Decirle que lo amaba cuando acababa de casarse con mi hermana. Ese sujeto no ama a Makoto, porque si lo amara lo hubiera dejado libre. Shen sabe que Makoto te ama, pero aun así está dispuesto a hacer lo que sea para mantenerlo alejado de ti.
Temo por ti también, Sousuke. Si ese sujeto llegara a darse cuenta de que estás viendo a Makoto, de que te estás acostando con su chico, ¿no te has puesto a pensar en eso? Temo que quiera lastimarte o lastimar a Yumiko. Estoy seguro de que él está enterado de lo que pasó entre ustedes y también ha de saber que estás intentando acercarte a ella de nuevo. Yo… no puedo soportarlo, Sousuke."
Las palabras de Natsuya, sus ojos llenos de temor, el temblor de sus manos, todos sus gestos se habían quedado grabados a fuego en su memoria. Era increíble que un chico al que su familia había rescatado de la esclavitud y el abuso se hubiera convertido en un ser tan perverso. Su pasado no había sido fácil, eso era algo que Sousuke tenía muy claro, quizás todo ese sufrimiento lo había dañado y ahora sólo estaba buscando la forma de vengarse del mundo, pero, ¿involucrar a personas inocentes? Eso era algo que no iba a permitir. Makoto había convertido un error al involucrarse con Shen y Sousuke no podía dejar de culparse por ello.
Porque él había lastimado a Makoto. Se había enamorado de él, pero nunca tuvo el valor de decírselo. Se había casado con su hermana y en cierta forma lo había obligado a buscar afecto en otro lugar. Shen sólo había estado en el lugar apropiado en el momento preciso. Shen había curado las heridas de Makoto y le había dado el afecto que pocas veces había recibido de su familia. Makoto probablemente había llegado a amar a Shen y este se había aprovechado de sus sentimientos para usarlo como más le convenía.
Pero las cosas no iban a quedarse así. Iba a detener a Shen Chang a cualquier costo. No le importaba a quién tuviera que utilizar. No le importaba tener que utilizar incluso a la hermana de su amigo. Sousuke sabía que Kirishima Miho había estado enamorada de él y que aún guardaba sentimientos hacia él. Por eso no le había costado trabajo hacer que aceptara ser parte de su "juego", de ese plan retorcido del que no sabía si saldría ileso.
—Vamos a detenerlo. Juntos.
Sabía que sus palabras no serían suficientes para acabar con el miedo de Natsuya, pero necesitaba que se recuperara. Estaba bien tener miedo – él también lo tenía – pero necesitaba a Natsuya para poder seguir con su plan.
Sabiendo lo arriesgado que era, Sousuke sólo deseaba pasar todo el tiempo que pudiera con Makoto. Sabía que era egoísta de su parte, pero no podía vivir sin él. Por eso esa noche procuró terminar todo su trabajo temprano y hacerle una visita. Mientras terminaba de colocar sus cosas en el maletín, su celular comenzó a sonar. Se extrañó al ver el número que brillaba en la pantalla. Código 852. Se llevó el aparato a la oreja y esperó.
—Sousuke, —era Miho —escucha, no tengo mucho tiempo, Shen está a punto de regresar. He conseguido información que puede ser importante. Al parecer uno de sus socios no está muy contento con la forma en que Shen lleva los negocios. Y es que últimamente se ha dedicado a absorber a sus socios más pequeños. El otro día estuvimos en una fiesta y escuché a un hombre hablar de lo mucho que le gustaría hundir a Shen. Su nombre es Mikoshiba Seijuro.
—¿Mikoshiba?, ese apellido me suena de algo.
—Y Mikoshiba no es el único también… Maldición, tengo que colgar. Volveré a comunicarme contigo en cuanto pueda.
Miho colgó y Sousuke se guardó el celular en el bolsillo del pantalón. Abandonó la oficina y no tardó en dirigirse hacia el apartamento de Makoto. Pensó en lo que acababa de contarle Miho. Shen era un dictador y francamente no le extrañaba que sus socios comenzaran a cansarse de él. Mikoshiba. El nombre le sonaba de algo, pero ¿por qué no podía recordarlo? Se sobresaltó en cuanto recibió un mensaje.
Sabes dónde está la llave. Cuando llegues, ven directo al baño. Has de estar cansado, así que preparé algo para que puedas relajarte. Te amo. M.
Sousuke apuró el paso. Subió por el ascensor cuidando que nadie lo estuviera siguiendo y cuando estuvo frente a la puerta se agachó y sacó la llave de debajo de la maceta que estaba a un lado. Entró y se quitó los zapatos y la chaqueta, dejando el maletín sobre el sillón. Las luces de la sala estaban apagadas, pero un camino de velas lo guio hasta el baño. Se desanudo la corbata y la tiró al suelo junto con el cinturón. Cuando abrió la puerta del baño, un aroma a coco invadió sus fosas nasales. Las luces del baño también estaban apagadas, por lo que la estancia sólo estaba iluminada por el resplandor de las velas. Makoto estaba dentro de la tina llena de burbujas, sosteniendo una copa de champán.
—Bienvenido a casa —dijo Makoto y Sousuke pensó que definitivamente podía acostumbrarse a ello —Ven, relájate un poco.
Sousuke se quitó la ropa y se apresuró a entrar a la bañera. Makoto dejó la copa a un lado y se colocó enfrente de él para besarlo. Sousuke sintió que todas sus preocupaciones se desvanecían cuando los labios de Makoto tocaron los suyos. Los brazos de Makoto le rodearon el cuello, mientras sus manos iban a parar a la cintura ajena, acariciando la piel húmeda de su espalda. La lengua de Makoto rozó sus labios y Sousuke abrió la boca, gustoso. Le gustaba cuando Makoto tomaba el control y él sólo tenía que dejarse hacer.
Makoto se separó un momento para alcanzar una fresa cubierta de chocolate – Sousuke no había visto antes la fuente con fresas – y llevársela a la boca, lamiéndola de forma sugerente. Sus manos, que no habían dejado de acariciarlo, apretaron sus nalgas, haciendo que el castaño se sobresaltara. Volvieron a comerse a besos, al tiempo que las caricias aumentaban la temperatura del ambiente. Makoto se sentó a horcadas en su regazo, moviendo las caderas de esa forma que lo volvía loco.
Sus bocas se separaron para tomar aire. Makoto comenzó a repartir besos por sus mejillas, su cuello, su pecho. Sousuke lanzó un gruñido y echó la cabeza para atrás cuando sintió las manos de Makoto cerrarse alrededor de su miembro. Su mente hizo cortocircuito cuando sintió la húmeda estrechez de Makoto apretar deliciosamente su miembro. Makoto comenzó a moverse de arriba abajo, apoyándose en su pecho para evitar resbalarse. Sousuke abrió los ojos al tiempo que Makoto dibujaba la expresión más erótica que hubiese visto en mucho tiempo.
Sousuke lo rodeó con un brazo para pegarlo más a su cuerpo, mientras la mano que tenía libre se paseó entre sus torsos para cerrarse alrededor del miembro erguido de Makoto. El castaño gimió y se mordió el labio. Sousuke le dio un mordisco en la clavícula – uno que indudablemente dejaría marca al día siguiente – y cuando Makoto abrió la boca volvió a apoderarse de sus labios. El beso se volvió torpe y entrecortado. Sousuke empujó las caderas hacia arriba, buscando terminar.
—S-Sou… m-más…
—M-Maldición…
El grito de placer casi les desgarra la garganta. Makoto cayó rendido sobre su pecho, con la respiración igual de entrecortada que la suya. Ah, le encantaba esa placentera sensación post-orgásmica. Le encantaba tener a Makoto entre sus brazos, acariciarlo, besarlo. Poder quedarse junto a él después del sexo tan increíble que acaban de tener era una bendición. Permanecieron un rato más en el agua, bebiendo champán, comiendo fresas, compartiendo besos.
—Me encanta besarte —Makoto tenía la espalda contra el pecho de Sousuke y este le besaba los hombros, haciéndole cosquillas —Voy a comerte a besos —añadió, antes de darle un mordisquito en la oreja —Te amo, Makoto.
—Yo también te amo, Sousuke.
Salieron de la tina, se secaron y se acostaron desnudos en la cama. Sólo una sábana abrigaba sus cuerpos. Se miraron a los ojos, transmitiéndose todo el amor que las palabras no podían expresar. Sousuke estaba feliz sólo con eso. Era cierto que le encantaba hacerle el amor, pero con Makoto no se trataba sólo de sexo. Había más, mucho más. Un sentimiento tan cálido que se desbordaba de su ser.
—Makoto… —el castaño lo miró con una sonrisa —quiero estar dentro de ti, siempre —las mejillas del castaño enrojecieron al instante.
—¡S-Sousuke, i-idiota! —replicó el otro —¿C-Cómo p-puedes decir esas cosas?
—No te lo tomes tan literal. Claro que me encanta estar dentro de ti, pero no era a lo que me refería. Quiero estar aquí —lo tomó en el pecho, del lado del corazón —para siempre. Quiero ser el único en tus pensamientos, el único que pueda ver este adorable sonrojo, —le pinchó la mejilla —el único a quien ames. Soy un egoísta y quiero que seas sólo mío. Mío y de nadie más.
Los ojos de Makoto comenzaron a cristalizarse y antes de que Sousuke pudiera preguntarle qué le pasaba, el castaño ya se había colocado sobre él. Las lágrimas de Makoto le mojaban el pecho, pero Sousuke de pronto se sintió incapaz de hablar. Makoto lo besó en los labios y se quedó acurrucado en su pecho.
—Quisiera que esto pudiera durar para siempre.
Sousuke se sentía de la misma manera pero no pudo decir nada. Simplemente lo rodeó con sus brazos y cerró los ojos. Quería dormir y despertar junto a Makoto, al menos esa noche. Suerte que Ran estaba de viaje en Hong Kong por trabajo.
S & M
Viernes:
El sujeto en cuestión abandona su casa para dirigirse al trabajo. Sólo toma una taza de café antes de salir. Sube a su auto y conduce todo el camino hasta la oficina. Como todos los días, saluda a la recepcionista y se acomoda en su escritorio frente al computador portátil. El co-propietario se sienta a su lado y ambos analizan varios documentos que habían quedado pendientes del día anterior. Dos horas después ambos hombres se reúnen con la dueña para comer pastel de chocolate.
Al mediodía salen de la oficina y almuerzan los tres juntos en un restaurante italiano a diez minutos en auto de la oficina. Cuando regresan a la oficina, el sujeto se ofrece a llevar a la dueña a su chequeo de rutina, por lo que ambos se dirigen al hospital. El sujeto entra al consultorio del médico con la dueña y ante la interrogante del médico, la dueña lo presenta como su hermano. Parece que lo hizo sin pensar, pero el sujeto luce feliz.
Todo va normal con el embarazo. Ambos regresan a la oficina. El co-propietario debe permanecer en la oficina terminando unos pendientes, así que el sujeto se ofrece a llevar a la dueña hasta su casa. El sujeto acompaña a la mujer hasta la puerta y ella le ofrece pasar a tomar un poco de té. Así lo hacen. Conversan durante una hora acerca del nuevo proyecto de diseño del centro comercial de la ciudad de Kioto. Durante ese tiempo la dueña comenta que quiere que el género de su bebé sea un secreto. El sujeto parece abatido y cuando la mujer le pregunta qué le pasa, él contesta que no puede evitar sentirse culpable por la forma en la que la trató en el pasado.
La mujer permanece en silencio durante unos cinco minutos. Luego extiende la mano y toma la mano del sujeto. Ella le dice que tiene que aprender a olvidarse del pasado y seguir adelante. Le dice que quizás las cosas no puedan volver a ser como antes, pero que ella no le guarda ningún rencor y que él tuvo que tener sus razones, pero que en ese momento ella no quiere escucharlas. Le dice que podrán sentarse a hablar con calma en cuanto ella haya tenido a su bebé.
El sujeto se despide de ella y regresa a su casa. Veinte minutos después su amigo, Kirishima Natsuya, toca la puerta. El sujeto lo invita a pasar y ambos se sientan en el patio, con una cerveza. El amigo le dice que está confundido. Le cuenta que recientemente descubrió que uno de sus amigos más cercanos está enamorado de él y que no sabe cómo actuar delante de él. El sujeto le pregunta cuáles son sus verdaderos sentimientos y le dice que lo mejor es que sea sincero con esa persona y no le dé falsas ilusiones. El amigo se termina la cerveza y se va.
Ran chasqueó la lengua en cuanto terminó de leer el reporte. No había más que hechos inútiles en las notas de Kisumi. La vida de Sousuke estaba resultando ser más aburrida de lo que ella esperaba. Sousuke básicamente se la pasaba pegado a Yumiko o trabajando como esclavo. Había recibido un reporte todas las semanas desde hacía un par de meses, pero no había nada. El mismo Kisumi le decía que quizás eran ideas suyas, porque él se había encargado de vigilar a Sousuke de cerca las 24 horas del día y no había nada que probara que la estuviera engañando. Ran supuso entonces que tenía que aceptar la realidad. Probablemente Sousuke se había cansado de ella. ¿Había dejado de amarla? ¡No! Ella no iba a dejar que Sousuke la abandonara.
Odiaba pedirle favores a ese sujeto, pero situaciones desesperadas requerían medidas desesperadas. Así que Ran esperó pacientemente a que Shen acabara sus reuniones del día y entró en su oficina. Shen parecía sorprendido, pero la invitó a sentarse.
—Dime qué puedo hacer por ti, querida Ran.
—La droga de la que me hablaste el otro día… —Shen la miró, sorprendido.
—Oh, ¿finalmente vas a seguir mi consejo?
—La verdad es que no quería llegar a esto, pero la actitud de Sousuke me preocupa —dijo —Temo… temo que me deje —Shen arqueó una ceja —En el pasado, no me hubiese importado. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que probablemente nadie querría tener algo serio conmigo. Yo… estoy segura de que, si Sousuke me deja, me quedaré completamente sola. No tengo familia ni amigos, aparté a todos lo que alguna vez se preocuparon por mí, todo por llegar a la cima, así que supongo que ahora tengo lo que me merezco.
—¿Tienes miedo de morir sola? —Ran asintió con la cabeza —Entonces dime una cosa, Ran. Quiero que me contestes una simple pregunta. Ese será mi pago.
—¿De qué se trata?
—¿Todavía amas a Sousuke?
—Yo…
S & M
¿Ser sincero con sus sentimientos? ¿Cómo se suponía que hiciera eso si nunca lo había pensado en realidad?, es decir, conocía a Nao desde su primer año de secundaria, pero nunca lo había visto de "esa" manera. Es que, ¡Nao era hombre, por todos los cielos! Y no es que tuviera problemas con la homosexualidad – al fin y al cabo era bisexual – pero Nao era su amigo. Y no se supone que los amigos vean a sus amigos de "esa" forma. ¿Cierto? Ah, se estaba contradiciendo.
¿Qué demonios hacía enfrente del apartamento de Nao a esas horas de la noche? ¿Y por qué demonios había tocado el timbre? Iba a darse la vuelta para marcharse, pero en ese momento la puerta se abrió. Era tarde, así que era lógico que el otro estuviera en pijamas, pero, ¿por qué lo había puesto nervioso la forma en que su hombro quedaba descubierto por la camisa que definitivamente no era de su talla?
—¿Natsu? ¿Qué estás haciendo aquí a esta hora? —ah demonios, ¿por qué de repente se le antojaba pasear los dedos por ese cabello que lucía tan sedoso?
—¿Acaso no puedo visitar a mi querido amigo? —Nao arqueó una ceja.
—Es más de media noche.
—Puedo irme si… —apenas iba a voltearse cuando Nao lo sujetó de la muñeca.
—No tienes que irte.
Natsuya, que había perdido su oportunidad para escapar, entró al apartamento de Nao y se sentó en la sala, mientras el otro iba a la cocina por bebidas. Nao le sirvió un café con leche, con dos de azúcar, justo como le gustaba. Bebieron el café en silencio y entonces Natsuya se preguntó qué demonios estaba sucediendo. Nunca había tenido problemas para hablar con Nao, pero después de lo que le había dicho Kisumi, no podía ver a Nao de la misma manera. Sin embargo, el silencio lo estaba volviendo loco. ¡Tenía que decir algo!
—Entonces —se aclaró la garganta —¿cómo van las cosas con Ran?
—¿No crees que eso es algo que yo debería preguntarte a ti? —genial, Nao lucía molesto. Gran tema de conversación había elegido.
—Bueno, eres su asistente. Y ambos sabemos que Ran no es exactamente un encanto. Supongo que ha de estar dándote problemas, como siempre.
—Estoy pensando en renunciar.
—¿Qué?
—Creo que dejaré de ser su asistente. No puedo seguir trabajando para ella.
—¿Qué, por qué? —Nao clavó la mirada en su café negro.
—Simplemente… no puedo. Yo… decidí ayudar a Sousuke porque me sentía culpable al haberle ocultado la infidelidad de Ran. En un principio sentía que si lo ayudaba de alguna forma podría expiar mi pecado, pero ahora no se trata sólo de eso. Quiero ayudar a Sousuke porque sé que él todavía tiene oportunidad de ser feliz junto a la persona que ama. Hace tiempo juré que ayudaría a Sousuke a derrotar a Shen, aún a costa de mi vida.
—Nao, ¿qué demonios estás diciendo? Esto no se trata de…
—No puedo seguir sirviendo a dos dioses, ¿entiendes? Ran seguirá confiando en mí, así que no tienes que preocuparte porque Kisumi sea descubierto. Además, Ran no sabe que Sousuke y yo somos amigos. Yo… cuando todo esto se acabe, pienso decirle la verdad a Sousuke. Sé que probablemente no me lo perdone, pero voy a decirle que Ran estuvo acostándose conmigo mientras estuvo casada con él.
—¡No puedes hacer eso! —Natsuya dejó la taza sobre la mesita y se colocó enfrente de Nao, sujetándolo por los hombros —¡Tú no tienes nada que ver en esto! ¡Fui yo quien se acostó con Ran! ¡Tú no tienes por qué pagar por el pecado que yo cometí!
—Está bien si Sousuke me odia sólo a mí, no tiene por qué odiarnos a los dos.
—¿Por qué intentas protegerme, Nao? —Natsuya lo sujetó del mentón para que lo mirara. Nao tenía los ojos llorosos —Dime por qué. ¿Por qué quieres cargar con esto tú solo?
—No hay una razón —volteó el rostro para no mirar a Natsuya —Quítate de encima, Natsu —Natsuya estaba casi sentado en su regazo, pero no iba a moverse hasta que Nao respondiera su pregunta.
—Nao, —Natsuya le quitó la taza de las manos y lo empujó hasta que quedó acostado en el suelo. Natsuya sujetó las muñecas de Nao con sus manos para que no pudiera forcejear —dime qué es lo que te pasa. Te conozco bien y sé que algo anda mal contigo. ¿Abandonar a Ran? ¿Mentirle a Sousuke? ¿Por qué?
—N-No me hagas esto, p-por favor… —Natsuya se sintió culpable cuando las mejillas de Nao comenzaron a mojarse con lágrimas —Vete, p-por favor…
—No voy a irme hasta que me digas qué te pasa —Nao cerró los ojos mientras las lágrimas seguían deslizándose por sus mejillas —Nao, somos amigos, sabes que puedes confiar en mí. Sea lo que sea que te esté pasando, si puedo ayudarte…
—No puedes —balbuceó —No puedes ayudarme porque todo esto es tu culpa, Natsuya —el aludido parpadeó, confundido —Porque estoy enamorado… de ti. Maldita sea… lo he estado desde hace tiempo. Siempre has sido sólo tú, pero…
Natsuya selló los labios de Nao con un beso. No sabía bien qué demonios estaba haciendo, pero besar a Nao se sentía condenadamente bien. Nao no tardó el corresponderle. Aquello era algo de lo que probablemente ambos terminarían arrepintiéndose, pero en ese momento ninguno de los dos podía – ni quería – pensar con claridad.
