[Acto 17]

Esto no me puede estar pasando a mí

Después de casarse con Shen, Miho se había convertido en Chang Jia Li. Su nombre venía a significar algo así como "buena y hermosa", según había mencionado su esposo. Según él, era el nombre perfecto para una mujer tan "pura" como ella. Francamente, Miho sabía que se estaba comportando como una gran hipócrita y a veces le asustaba pensar que su esposo pudiera percatarse de su verdadera naturaleza. Su amor por Shen era una farsa. Es cierto que, desde la primera vez que lo vio, se había sentido atraída hacia él, pero eso no significaba que lo amara. Shen era el primer hombre que lograba hacerla sentir algo parecido a mariposas en el estómago.

Durante mucho tiempo, Miho había estado enamorada de Sousuke. Lo había conocido en la universidad, cuando le había tocado llevar algunos cursos en Shanghái. Lo suyo había sido amor a primera vista, había quedado hechizada por él al instante. Claro que por ese entonces Sousuke ya estaba saliendo con la hermosa e inteligente heredera de la familia Tachibana. Ran era todo lo que cualquier hombre podía desear en una mujer, así que Miho estaba consciente de que nunca tendría oportunidad con Sousuke.

Había sido feliz teniéndolo como amigo, pero desde que se casó con Ran no habían vuelto a hablar. Por eso se había extrañado cuando Sousuke la llamó para hacerle una proposición. Quería que espiara a su esposo. Miho supo dos cosas al instante: la primera, que Sousuke siempre había estado al tanto de sus sentimientos, y la segunda, que él sabía que ella aún conservaba sentimientos hacia él. Sus sentimientos no tenían nada romántico, ya no. Era más bien un capricho, un deseo reprimido. Miho podía masturbarse pensando en Sousuke un día y olvidarse por completo de él durante toda una semana. Era bastante extraño y lo sabía, ni siquiera podía pensar en Sousuke como un amigo, pero no le había costado nada aceptar su proposición.

Ahora, lo que sentía por Shen, ¿cómo podía definirlo? Shen era atractivo, millonario y, a pesar de que ella sabía que él no la amaba, atento. Le había dado todo lo que pedía e incluso aquello que ella no había pedido. La trataba como una reina, pero Miho sabía que su esposo no la deseaba. Para ella estaba claro que, cuando se acostaban, Shen se imaginaba a otra persona. Recordaba bien cómo una noche, mientras tenían sexo, Shen había cerrado los ojos y dibujado un nombre con sus labios. "Makoto", había leído en sus labios, mientras él se corría dentro de ella.

Makoto. El hermano menor de Ran. El chico de quien Sousuke se había enamorado. Quizás lo más lógico hubiese sido que lo odiara por "meterse" en su camino, pero Miho estaba consciente de que jamás tendría oportunidad con Sousuke. Porque el corazón de Sousuke finalmente tenía grabado a fuego el nombre de su dueño y eso no era otro más que Makoto. Además, ella sería la encargada de llevar en su vientre al sucesor del que era, quizás, uno de los más grandes hombres de negocio de todo Asia. Ella misma se había metido en eso y planeaba cumplir su papel de esposa sumisa a la perfección.

Mentiría si dijera que no tenía miedo. En muchas ocasiones se había puesto a pensar en lo que Shen podía hacerle si llegaba a darse cuenta de que lo estaba engañando, de que no era la mujer frágil y delicada que él pensaba. Pensaba en lo que pasaría si su fachada llegaba a caerse algún día. De vez en cuando se sentía culpable porque también estaba engañando a su hermano. Amaba a Natsuya, pero él era un sobreprotector sin remedio y jamás habría estado de acuerdo en que ella hiciera un trabajo tan peligroso como ese. Por eso tanto ella como Sousuke habían decidido mantenerlo en secreto. Miho sabía que Natsuya eventualmente terminaría enterándose de todo – nada permanecía oculto para él durante mucho tiempo – pero ya pensaría cómo lidiar con él cuando ese momento llegara.

Por ahora tenía que concentrarse en terminar de copiar los archivos para enviárselos a Sousuke. Si bien era cierto que Shen era un genio para los negocios y había logrado control casi total de los negocios oscuros en China y parte de Japón, el descontento entre sus socios se había ido extendiendo. Miho había escuchado teorías de conspiración descabelladas y Shen había recibido ya varias amenazas de muerte. Shen podía ser un genio hacker, pero ella no se le quedaba atrás. Terminó de copiar los archivos y se los envió a Sousuke, luego borró la evidencia de su "travesura" y fue a tomar una ducha. Tenía que estar presentable para recibir a su esposo a la hora de cena.

Shen había ido a Japón por negocios, pero ella sabía que sus "negocios" se traducían a buscar a Makoto para acostarse con él. Cuando pensaba en ello, Miho no podía dejar de sentir lástima por el pobre desdichado en el que Shen había posado sus ojos. La vida de Makoto tenía que ser bastante más desdichada que la de ella, no sólo por tener que complacer a Shen, sino también porque, a pesar de que los sentimientos eran mutuos, no podía estar al lado de Sousuke, la persona que amaba.

Miho escuchó la puerta principal abrirse, así que se apresuró para recibir a su esposo, con una gran sonrisa dibujada en los labios. Shen la besó en los labios.

—Bienvenido a casa, cariño —saludó ella, en perfecto mandarín. Shen parecía apreciar el hecho de que ella le hablara en su lengua materna —¿Qué tal tu viaje? ¿Vamos al comedor?, la cena se servirá dentro de pronto.

—Un incompetente casi echa a perder un importante contrato, pero ya todo está bien —contestó Shen, mientras ambos caminaban hasta el comedor —Aunque creo que tendré que volver pronto para revisar algunos detalles. Quizás en este viaje pueda llevarte conmigo —Miho no pudo ocultar su sorpresa —Pensé que tal vez que gustaría ver a tu hermano —añadió él.

—Siempre eres tan considerado, cariño —le dijo ella, sonriendo —Me encantaría ver a Natsu.

La pareja comió la cena mientras la conversación fluía con una naturalidad que sorprendió a Miho. Shen tenía que habérsela pasado de maravilla, lo cual no dejaba de ser bueno para ella. Cuando terminaron de comer, subieron a su habitación y Miho se puso su conjunto de encaje más sexy mientras Shen se duchaba. Miho lo esperaba acostada en la cama, en una pose bastante sugerente que hizo que Shen posara sus ojos en ella al instante. Miho sabía que Shen nunca la había deseado en realidad, pero la mirada depredadora que le estaba lanzando en ese momento le hizo pensar que quizás, sólo quizás, empezaba a despertar su interés.

Shen caminó lentamente hasta la cama, sin camisa y con el cabello aun goteando. Se sentó enfrente de ella y le sujetó el rostro con ambas manos, antes de dejarla sin aliento con su beso. Miho le rodeó el cuello con los brazos, acercándolo más a su cuerpo. Shen pareció sobresaltarse cuando se percató de que ella no llevaba sostén. La sujetó por la cintura, haciendo que ella se sentara en su regazo. Se besaron y acariciaron un rato más, hasta que Shen la arrojó a la cama y se colocó encima de ella.

—¿Te gustaría que lo intentemos otra vez? —preguntó Shen, pasando la mano por su muslo —Tener un bebé —Miho sonrió y le rodeó la cintura con las piernas.

—Pensé que nunca lo preguntarías.

Shen cayó rendido en cuanto terminaron el acto. Miho se quedó mirándolo. Tenía el rostro relajado y lucía tan tranquilo que a Miho le costaba creer que el hombre acostado junto a ella fuese considerado uno de los más peligrosos del "inframundo" asiático. Le quitó unos mechones rebeldes de los ojos y de pronto se sintió con suerte. Estaba casi segura de que esta vez sí lo había logrado. Se acarició el vientre, pronto le tocaría comprar una prueba de embarazo.

S & M

Ran terminó de leer el informe y miró a Kisumi con una mezcla de incredulidad y desesperación en su rostro. Un mes. Kisumi había seguido a Sousuke durante todo un mes y no había podido encontrar pruebas de que la estuviera engañando. Al principio, Ran había dudado de Kisumi, sin embargo, se había encargado de investigarlo bien y todos sus contactos le habían asegurado que Kisumi era un profesional que había desenmascarado infidelidades por años. Si Kisumi dice que no te está engañando, entonces definitivamente no te está engañando, le había asegurado una de sus amigas.

Ran dejó el sobre con el resto del dinero sobre la mesa, lanzando un suspiro. Había pagado mucho dinero, todo para descubrir que Sousuke no la estaba engañando. Tal vez sí había actuado de forma impulsiva después de todo.

—Sé que no es asunto mío, pero no deberías lucir tan decepcionada —dijo Kisumi, mientras se guardaba el dinero en la bolsa de la chaqueta —Deberías estar feliz porque tu esposo sigue siendo fiel, ¿no crees?

—Quizás. Pero, que no me esté engañando significa que… sus sentimientos por mí están muriendo —Ran se cubrió la boca con la mano al darse cuenta de que había dicho en voz alta lo que estaba pensando.

—Eres una mujer atractiva e inteligente, Ran —dijo Kisumi —Estoy segura de que encontrarás una forma de reconquistarlo. No muchos hombres pueden presumir de tener una esposa como tú —Ran rodó los ojos cuando el hombre le guiñó un ojo.

—Gracias por tu ayuda, Kisumi —Ran se puso de pie y extendió la mano para estrechársela. Kisumi la haló de la mano para plantarle un beso en la mejilla.

—Ha sido un placer —le dio la espalda y comenzó a alejarse de ella —Espero que podamos volver a vernos alguna vez. Hasta pronto, Tachibana Ran.

S & M

Kisumi abandonó la cafetería y se metió en su auto, sacando el celular. Tecleó un número y se llevó el aparato a la oreja.

—Se ha acabado, pero… yo que tú tendría cuidado. ¿Por qué?, bueno ella no lucía muy feliz cuando le dije que no la estás engañando. Definitivamente no va a dejarte ir tan fácilmente, así que no dejes de estar alerta. No sabemos lo que podría intentar. Bien, hablaremos luego.

Espera Kisumi, ¿has hablado con Nao últimamente? —preguntó Sousuke.

—¿Nao?, la verdad no, ¿por qué, sucede algo con Nao?

Ha estado actuando extraño desde hace algún tiempo, así que pensé que tal vez sabías algo. Y no sólo él, también Natsuya —Kisumi chasqueó la lengua —¿Qué pasa? ¿Sabes algo?

—Yo… creo que tengo una idea de cuál puede ser el problema. Como sea, iré a ver a Nao ahora mismo, si me entero de algo te lo contaré.

Nao y Natsuya actuando de forma tan extraña que hasta alguien despistado como Sousuke había podido darse cuenta. Kisumi maldijo en voz baja y se puso en marcha hacia el apartamento de Nao, rogando porque el de cabello gris no hubiese cometido una locura.

S & M

Definitivamente algo andaba mal con él. Estaba viendo cosas y también estaba escuchando mal. No, eso era un sueño, sí definitivamente era un sueño. Se pellizcó la mejilla. Dolió. Bien, quizás no era un sueño. ¡Era una pesadilla! Sousuke estaba tendido en la cama, completamente desnudo, mientras Ran, de pie frente a él, sostenía tres pruebas de embarazo, todas positivas. Tratando de no perder la calma, Sousuke se incorporó, despacio, hasta quedar sentado. Se restregó los ojos y volvió a mirar a Ran.

—¡Sou, vamos a ser padres!

Contrario a la alegría de Ran y su rostro radiante, Sousuke estaba seguro de que su expresión era una de horror. Es que eso no podía ser cierto. Repasó mentalmente las últimas veces que lo había hecho con Ran, pero no recordaba haber olvidado el condón en ninguna de ellas. ¿Cómo es que Ran estaba embarazada?

—¿C-Cómo sucedió esto?

—Hace unas semanas, cuando volviste tarde de la oficina por estar trabajando en ese proyecto del nuevo centro comercial de Shibuya, —explicó ella —dijiste que tenías muchas ganas de hacerlo. No teníamos condones, pero dijiste que no te importaba y… he aquí las consecuencias —la sonrisa de Ran le daba dolor de cabeza, todavía no era capaz de aceptar la noticia —¡Soy tan feliz, Sou! —exclamó, arrojándose a sus brazos —¡Mi deseo por fin se hará realidad!

Aún confundido, Sousuke abrazó a Ran, dándole palmaditas en la espalda. No podía ser cierto. Esas pruebas de embarazo a veces se equivocaban, estaba seguro de que si iban a un médico el resultado sería negativo. Sí, eso. Tenía que pedir una cita con el médico y llevar a Ran. Porque Ran no podía estar embarazada. Simplemente eso no podía ser. Todos sus planes… ¡no podían arruinarse cuando estaba tan cerca de su objetivo!

—Creo que lo mejor es que vayamos al médico, para asegurarnos.

—Oh, ya lo hice —Ran se levantó y fue a buscar algo en su bolso. Le entregó a Sousuke un sobre —El resultado es positivo. Tengo cinco semanas de embarazo —explicó, contenta. Al no recibir respuesta, Ran continuó —Sé que estás sorprendido, te confieso que yo también lo estaba, por eso no quise decir nada hasta estar completamente segura. Pero ya ves, el médico me confirmó la noticia. ¡Vamos a ser padres!

—Vaya, supongo que… sí vamos a ser padres —dijo Sousuke, mientras releía el contenido de aquel papel una y otra vez, como esperando encontrar un error.

—Dejaré que termines de asimilar la noticia —Ran lo besó en los labios y se metió al baño —¡Voy a prepararme para ir al trabajo!

Ah, sí, el trabajo. Quizás él también tendría que prepararse para ir al trabajo.

S & M

Algo andaba mal con Makoto pero Sousuke no estaba seguro de qué se trataba. Esa noche, agobiado por la noticia del embarazo de Ran, Sousuke había corrido, desesperado, a los brazos de Makoto luego del trabajo. Makoto partiría a Taiwán en unos días junto con Natsuya para promocionar su nuevo libro de cuentos para niños, así que no podría verlo durante toda una semana. Por eso necesitaba verlo, estar con él, abrazarlo, besarlo.

La primera cosa extraña que notó fue que Makoto lucía terrible. Tenía unas marcadas ojeras, el cabello desarreglado y lo que parecían arañazos en los brazos. Luego, Makoto parecía asustado y no demasiado entusiasmado con su repentina visita. No hubo beso de bienvenida y en cuanto Sousuke entró en el apartamento, Makoto lo hizo esperar en la sala, alegando que su habitación era un desastre y no quería recibirlo así. Dijo además que necesitaba un baño con urgencia. Así que Sousuke esperó solo en la sala alrededor de treinta minutos.

Makoto lucía diferente cuando regresó, como si el baño lo hubiese resucitado. Vestía solamente unos pantalones deportivos y de su cabello húmedo resbalaban gotitas de agua. Cuando el castaño le sonrió, Sousuke se puso de pie y lo envolvió en un abrazo, casi dejándolo sin aire por la fuerza con que lo había sujetado. Se besaron lentamente, embriagándose con el sabor del otro. Sin romper el beso, fueron hasta la habitación. Sousuke reconoció de inmediato el olor a canela del incienso que Makoto rara vez encendía. También notó que Makoto había cambiado las sábanas, pero no le dio demasiada importancia mientras lo desnudaba y se deshacía de su propia ropa.

Sousuke cerró los ojos mientras lo penetraba, dejando que los sonidos que abandonaban la boca del castaño lo guiaran. De vez en cuando le gustaba hacerlo sin mirar a Makoto, porque de esa forma sus demás sentidos se volvían más sensibles y perceptivos. Sonrió y volvió a penetrarlo en el mismo ángulo cuando Makoto soltó un delicioso grito de placer combinado con su nombre. Sin embargo, después de un momento, Makoto se quedó callado. Cuando Sousuke abrió los ojos, notó que Makoto estaba llorando.

—Makoto, ¿qué pasa? ¿Te lastimé? —salió de su interior, lamentando la pérdida de esa calidez que tanto amaba y lo miró preocupado. Makoto se cubrió el rostro con las manos.

—Y-Yo… —Sousuke no alcanzaba a comprender lo que el otro decía, por lo que le sujetó las manos para alejárselas del rostro —P-Perdóname…

—¿Qué estás diciendo? ¿Por qué tendría que perdonarte? —Makoto siguió llorando, sin decir nada —Makoto, por favor, dime qué te pasa. Por favor.

—No puedo seguir haciéndote esto, Sousuke —dijo el castaño, acostándose de medio lado, como si intentara huir de él —Yo… estoy sucio.

—¿De qué estás hablando? —Sousuke se acostó a su lado, abrazándolo por detrás.

Makoto terminó contándoselo todo. Y pesar de que Natsuya ya se lo había adelantado, la ira se apoderó de él, al escucharlo directamente de labios de Makoto. Makoto era la persona más dulce del universo, no merecía sufrir de esa manera. Sousuke jamás sería capaz de perdonárselo, porque era su culpa que el castaño tuviera que buscar en brazos de ese malnacido el amor que él le había negado. Sousuke lo abrazó con más fuerza, repartiendo besos por su cuello y hombro, intentando tranquilizarlo.

—¡No me toques! —Makoto se separó bruscamente de él y se puso de pie, cubriéndose con una sábana que estaba tirada en el suelo —¿Es que acaso no lo entiendes? ¡Estoy sucio! Yo… ya no merezco que me ames, Sousuke. Sólo soy… una puta que se acuesta con cualquiera. Búscate a alguien que esté a tu nivel, porque yo…

Cachetada.

Makoto se llevó una mano a la zona lastimada. Había dejado de llorar. Sousuke lo abrazó y ocultó el rostro en su cuello.

—¡Estúpido! —le gritó —¡Nunca, jamás, vuelvas a hablar de ti mismo de esa manera! ¡No te lo permito! Porque tú… tú eres la persona más maravillosa del universo, eres la persona de quien me enamoré y nunca, jamás, sin importar lo que digas, voy a dejarte ir.

—S-Sousuke… —balbuceó el castaño, con voz temblorosa, rodeando la cintura del más alto con sus brazos.

—Todo este sufrimiento por el que estás pasando, —dijo Sousuke, separándose de él para mirarlo a los ojos —te prometo que Shen Chang va a pagar muy caro por todo lo que te ha hecho. Nuestro camino estará lleno de obstáculos a partir de ahora, pero puedo asegurarte que…

—¡No! —exclamó Makoto, horrorizado —No te involucres con Shen, por favor. ¡Te lo suplico, Sousuke! Tú… no sabes de lo puede ser capaz ese hombre cuando las cosas no salen como quiere. ¡No arriesgues tu vida!, no por mí.

—No te preocupes por nada, Makoto —le dijo Sousuke, acariciándole el rostro —Todo va a estar bien. Shen no podrá lastimarme, mucho menos a Yumiko o a tu familia. Lo prometo.

Esa noche, Makoto se aferró a él como si su vida dependiera de ello. Sousuke había dejado de sentir su brazo, pero no le importaba. Porque mientras tuviera a Makoto, todo iba a estar bien. Ah, demonios, se había olvidado de comentarle que Ran estaba… embarazada. Pero, ¿sería buena idea decírselo? Ya no estaba tan seguro.