Ciertos compromisos laborales me impidieron actualizar con la regularidad que había tratado de hacerlo, pero bueno, estoy de regreso y mi imaginación anda bastante activa. La historia va a dar giros inesperados a partir de ahora.
[Acto 18]
Hasta que nos volvamos a ver
Tener a Yumiko a su lado, revisando el plano del nuevo complejo de apartamentos que pronto se construiría en Hokkaido, se sentía tremendamente familiar. Era como regresar en el tiempo, al momento en el que Yumiko era su heroína, su modelo a seguir. Era regresar al momento en que eran una familia, al momento en el que podían bromear y contárselo todo. Pero regresar a esos días no era algo que Sousuke considerara posible, no después de la forma en la que había tratado a su hermana, a su propia sangre, a la única familia que le quedaba. Sousuke nunca había creído en eso del karma, pero estaba seguro de que todas las desventuras que le habían ocurrido eran su culpa.
Sousuke se restregó los ojos y se levantó de la silla para estirarse, mientras Yumiko iba a la cocina para preparar café. Se suponía que ella debía estar descansando en casa, ya que pronto tendría a su bebé, pero estaba claro que una mujer como Yumiko no se quedaría tranquila en casa, mucho menos cuando Kazuki se había ido a un viaje de negocios. Sousuke no podía describir la felicidad que lo había embargado cuando Kazuki, antes de marcharse, le había pedido que cuidara de Yumiko. Él lo habría hecho gustoso sin que se lo dijera, pero saber que Kazuki contaba con él lo hacía, de alguna forma, guardar una pequeña chispa de esperanza.
Sousuke miró el reloj de la pantalla de su portátil, Yumiko se estaba tomando su tiempo. Preocupado, salió de la oficina y se encaminó a la cocina. Cuando estaba a punto de entrar en la cocina, escuchó un estruendo. Vidrio quebrándose. Alarmado, abrió la puerta de golpe. Yumiko estaba tendida en el suelo, sujetándose el estómago y apretando los ojos, como si estuviera sufriendo.
—¡Yumiko! —exclamó él, arrodillándose al lado de la mujer para ayudarla a incorporarse —¡Yumiko!, ¿qué tienes?
—C-Creo q-que este b-bebé no podrá e-esperar hasta q-que regrese su p-padre —contestó ella, entrecortadamente —¡Ah!
—Demonios.
Sousuke levantó en brazos a Yumiko y salió apresuradamente de la oficina, abriendo la puerta de una patada. No había nadie más que ellos en la oficina en ese momento, así que en cuanto acomodó a Yumiko en el asiento trasero, regresó para asegurarse que la puerta había quedado bien cerrada. Se metió en el auto y condujo hasta el hospital a toda prisa, sin importarle los reclamos de la gente. Miró a Yumiko por el espejo, ella trataba de hacerse la valiente, pero él sabía que estaba sufriendo.
Estacionó el auto justo en la entrada del hospital y corrió hasta la recepción para pedir ayuda. Mientras llevaban a Yumiko adentro en una camilla, Sousuke se quedó en la recepción, completando los papeles y formalidades. Una vez que hubo terminado, llamó a Kazuki. El hombre estaba en camino, pero no había forma de que llegara a tiempo para el parto.
—Cuida de Yumiko por mí, por favor —Sousuke terminó la llamada en cuanto una doctora se acercó a él. Estaban preparándolo todo para que el parto de Yumiko.
—¿Es usted familiar de la señora Minami? —el aludido titubeo un momento.
—Soy… soy su hermano —bien sabía que no tenía el derecho para llamarse a sí mismo de esa manera, pero en ese momento no había nadie más que pudiera estar al lado de Yumiko —Su esposo está en camino, ¿cree que…?
—La señora entrará en labor de parto pronto. Es su primer hijo, así que me gustaría que alguien la acompañara —Sousuke se mordió el labio. ¿Merecía él estar a su lado en un momento tan importante como ese? —Estoy segura de que ella también se sentiría mejor. Estamos a punto de llevarla a la habitación para iniciar, ¿qué decide? —Sousuke no contestó —Podemos preguntarle qué es lo que ella quiere.
Sousuke siguió a la mujer hasta la habitación donde estaba Yumiko. Tenía el rostro cubierto de sudor, las mejillas sonrojadas y parecía que apenas podía respirar. Sousuke, sin pensarlo, se acercó a ella y la tomó de la mano.
—Yumi, Kazuki-san está de camino.
—Ya te lo… dije. E-Es imposible q-que este bebé e-espere a s-su p-padre… Q-Quédate c-conmigo, p-por favor…
—Está bien —contestó él finalmente, a lo que Yumiko respondió con una sonrisa.
La doctora llevó a Sousuke a otro cuarto para que se preparara, mientras las enfermeras trasladaban a Yumiko a la habitación donde tendría a su bebé. Sousuke reflexionó acerca de su situación actual, todavía no se sentía merecedor de la oportunidad que se le estaba dando, pero estar al lado de su hermana lo llenaba de felicidad. Sólo esperaba no desmayarse.
Cuando finalmente entró en la habitación, Yumiko le agarró la mano y la apretó con fuerza mientras comenzaba a pujar. Sousuke limpiaba el sudor de la frente de su hermana mientras ella maldecía. No podía ni siquiera comenzar a imaginarse el dolor que debía estar sintiendo en ese momento. Y cuando alguien exclamó "¡ya veo la cabeza!", Sousuke sintió que se desvanecía, pero la fuerza con que Yumiko sujetaba su mano lo mantuvo anclado a la realidad.
Finalmente se escuchó el llanto de un bebé y el agarre de Yumiko aflojó. Sousuke vio lágrimas de felicidad en los ojos de su hermana y sintió que algo comenzaba a mojar sus mejillas también. Yumiko lo miró con una sonrisa y Sousuke pudo leer un "gracias" de sus labios.
—¡Es una niña! —anunció la obstetra.
Sousuke abandonó la habitación un momento para recuperarse. Se limpió el sudor de la frente y se bebió un café, aunque le hubiese gustado tomarse un trago bien fuerte. Entonces vio a Kazuki corriendo hacia él. El hombre apoyó las manos en las rodillas e intentó recuperar el aliento. Sousuke abrió la boca para felicitar al padre, pero en ese momento Kazuki lo abrazó. Sousuke se quedó de piedra cuando lo escuchó murmurar un:
—Muchas gracias.
Cuando pudieron entrar en la habitación nuevamente, Yumiko tenía en brazos a su pequeña. Sousuke tuvo que apretar los ojos un par de veces para evitar que las lágrimas lo traicionaran. Kazuki fue el primero en entrar, abrazó a Yumiko y besó a su hija en la frente. Ese fue el momento en el que la niña abrió los ojos. Unos hermosos ojos de un tono verdeazulado, idénticos a los de su madre, que acompañaban la mata de cabello castaño.
—Felicidades a los dos —dijo Sousuke, desde su lugar en la entrada de la habitación.
—¿Quieres cargarla? —preguntó Yumiko. Sousuke se apresuró a negar con la cabeza, después de todo el padre debería ser el primero en cargarla —Anda, no pasa nada. No va a ponerse a llorar.
Aun sin estar del todo seguro, Sousuke se acercó y tomó a la pequeña en sus brazos. La sujetó como si fuera la cosa más frágil del mundo, temeroso de que se pusiera a llorar en cualquier momento. Pero la niña simplemente clavó sus ojos en los suyos y soltó una carcajada. Una sonrisa se dibujó en los labios de Sousuke, que pronto sintió una gran calidez invadirlo. Sólo sentir el pequeño cuerpecito en sus brazos era suficiente para que Sousuke olvidara todas sus preocupaciones por un rato.
—¿Ya han elegido un nombre para ella?
—Esperábamos que tú lo hicieras —contestó Kazuki. Sousuke lo miró, boquiabierto, luego notó que Yumiko asentía con la cabeza —Es algo que decidimos los dos hace un tiempo. Estamos seguros de que escogerás un nombre maravilloso para nuestra hija, Sousuke.
Demasiadas emociones para una noche. Sousuke no sabía qué pensar, pero en cuanto miró otra vez aquellos ojos tan parecidos a los suyos, de inmediato lo supo. El nombre perfecto para esa niña.
—Megumi.
—Minami Megumi. Suena bastante bien, ¿verdad, cariño? —dijo Yumiko —Después de todo, ella es nuestra gran bendición.
Sousuke dejó a la niña en brazos de su padre y se excusó un momento. Se metió en el baño y cuando se miró al espejo, notó que estaba llorando. ¿Hacía cuánto que no lloraba de felicidad? Se sentía extrañamente vulnerable. Tomando una gran bocanada de aire, Sousuke se decidió. Iba a disculparse formalmente con Yumiko. Se echó agua en la cara y se dio unos golpecitos en las mejillas antes de regresar a la habitación.
Cuando Sousuke entró, Kazuki no estaba y Yumiko tenía los ojos cerrados, mientras la pequeña Megumi descansaba sobre su pecho. Sousuke se acercó y retiró unos mechones de cabello de la frente de Yumiko. En ese momento, ella abrió los ojos.
—Lo siento, ¿te desperté? —Yumiko negó con la cabeza. Sousuke haló una silla y se sentó al lado de su cama —Escucha, Yumiko, sé que tal vez este no sea el mejor momento, pero… quiero decirte que en verdad lo siento. Lamento de verdad la forma en que te traté. Sé que quizás sea imposible que me perdones, —Sousuke tenía la cabeza agachada mientras hablaba —pero quería que supieras lo que siento. Te juro que no hay día en que no me arrepienta por la forma en que te traté. El no haber confiado en ti, es algo que no me puedo perdonar y…
—Sou…
—Ni siquiera tienes obligación de escuchar mis palabras, pero…
—Sousuke…
—… quiero que sepas que en verdad estoy arrepentido y no espero que tú…
—¡Yamazaki Sousuke! —Sousuke se sobresaltó en cuanto su hermana alzó la voz. Por suerte la pequeña no se había despertado —Vamos, directo al punto. ¿Qué es lo que quieres pedirme? —el menor no pudo evitar que una sonrisa se le dibujara en los labios. Yumiko lo conocía demasiado bien.
—Yo… sé que tal vez estoy abusando demasiado de mi suerte, pero me gustaría que me dieras una oportunidad para demostrarte que en verdad estoy arrepentido. Yo te quiero, Yumi, mucho. Si al menos pudiéramos empezar como amigos, yo…
—¿Amigos? ¿Estás hablando en serio? —Sousuke agachó la cabeza.
—Lo sabía, fue demasiado pedir. Perdóname.
—¿Cómo podríamos "empezar como amigos"? Demonios, no somos dos enamorados, ¿eh?, ¡somos hermanos! —cuando Sousuke levantó la cabeza, notó que Yumiko había comenzado a llorar, pero la sonrisa no había abandonado sus labios —Eres un idiota, Sou. Jamás te he odiado, sabes que es imposible que odie a mi querido hermanito. Anda ven aquí —Yumiko extendió el brazo que tenía libre y abrazó a Sousuke con él —Bienvenido a casa, Sou.
—Estoy de vuelta —contestó él, con voz temblorosa. Ah, cómo la había extrañado.
—Esta niña crecerá llamándote "tío Sou", te guste o no.
S & M
Makoto sonrió como un bobo al ver la foto que Yumiko acababa de enviarle. Sousuke y Megumi profundamente dormidos en la cama. Era verdaderamente adorable y hacía que su pecho se llenara de una gran calidez. No podía dejar de pensar en lo mucho que le gustaría tener algo así, con Sousuke. Su propia familia. Se guardó el teléfono en el bolsillo, tomando nota mental de enviarle un mensaje a Sousuke más tarde, sólo para molestarlo, diciéndole lo adorable que se veía cuidando de su sobrina. Makoto no podía estar más feliz al saber que las cosas entre los hermanos Yamazaki se habían arreglado.
Siguió caminando por las calles de Taipéi, tratando de buscar inspiración para la continuación de su tan afamado "Tú, yo y la traición". Había viajado a Taiwán junto con Natsuya para promocionar sus nuevos libros de cuentos para niños. Entonces Natsuya había mencionado algo acerca de su continuación. Él sabía que ya era hora de que se pusiera a trabajar en ese "final feliz" que quería darle a su historia, pero la verdad era que tenía tantas ideas que no lograba ordenarlas para ponerse a escribir.
Se detuvo entonces frente a un puesto de revistas y la portada de una de ellas le llamó la atención. ¿Ran? Sí, se trataba de Ran, posando con una gran sonrisa. Embarazada. Makoto sintió que el labio le temblaba. Tomó la revista, pagó al vendedor y literalmente corrió de regreso a su hotel. Jadeando, se quitó la chaqueta y se tiró a la cama, pasando las páginas apresuradamente hasta que dio con la entrevista.
De prominente mujer de negocios a madre. Yamazaki Ran nos abre las puertas de su casa para hablarnos acerca de esta nueva experiencia.
Leyó las líneas con prisa. Sus ojos se abrieron furiosamente en cuanto dio con esa frase. La frase que hizo que sintiera como si alguien acabara de aplastar su corazón, de triturarlo y arrojar los pedazos al mar.
Sousuke y yo estamos muy felices.
Sousuke iba a ser padre. Ran estaba esperando un hijo. Un hijo de Sousuke. Iban a ser padres. Una familia. Una feliz familia de tres. Una familia perfecta en la que él no tenía espacio. Pero… pero… ¿qué habían sido todas esas palabras? ¿Todas esas promesas de amor eterno? Sousuke había lucido tan sincero. ¿Acaso todo había sido una mentira para acostarse con él? Makoto esbozó una sonrisa. Él mismo se había metido en eso. ¿No había sido él quien dijo que no le importaba si seguían con ese tipo de relación? Pero, ¿y su promesa de terminar con Ran? No había forma de que Sousuke abandonara a Ran ahora que estaba esperando un hijo suyo. Sousuke no era tan irresponsable. Makoto jamás permitiría que abandonara a su esposa y a su hijo.
Se levantó mecánicamente de la cama y se sentó frente de la computadora portátil, que convenientemente había dejado encendida. Sus dedos comenzaron a moverse a gran velocidad, escribiendo con una fluidez que lo sorprendió a él mismo. Se sentía triste, con el corazón destrozado, pero por alguna razón no podía llorar. Las lágrimas no salían. Sin embargo, las palabras plasmadas en la pantalla podían hacer llorar a cualquiera.
Ese fue el momento en el que descubrí que era imposible pensar en un final feliz para mi historia. Ahora creo que la felicidad no es algo que se haya hecho para todas las personas. Algunos simplemente no nacimos para conocer las mieles de la felicidad. Lástima que lo comprendí tan tarde. Estoy seguro de que si lo hubiese comprendido antes, no sentiría tanto pesar en mi corazón.
Makoto ni siquiera se inmutó cuando la puerta de su habitación se abrió súbitamente. Sabía que se trataba de Natsuya, que tenía una tarjeta de acceso a la habitación. Siguió escribiendo sin siquiera detenerse para mirarlo. Natsuya se colocó detrás de él para leer lo que estaba escribiendo.
—¿Estás empezando una nueva obra? Pensé que habíamos dicho que la prioridad sería la continuación para "Tú, yo y la traición".
—Es en lo que estoy trabajando —contestó.
—¿Eh?, espera un momento —Natsuya tomó el mouse y paseó la vista rápidamente por las páginas que Makoto acababa de escribir —¿Qué es todo esto, Makoto? Es completamente distinto a lo que hablamos. ¿Qué hay de darle un final feliz?
—Es imposible —respondió Makoto, acomodándose para seguir escribiendo —Ya no puedo escribir un final feliz para esa historia. Simplemente no puedo —entonces Natsuya giró la silla para que Makoto lo mirara. El escritor apenas tuvo tiempo de aferrarse al escritorio para no caer.
—Vas a decirme qué fue lo que pasó y vas a hacerlo ahora —el escritor no contestó. En cambio volteó la cara. Natsuya siguió la línea de visión del otro y notó la revista abierta sobre la cama. La recogió y leyó el artículo en el que estaba abierta —¡¿Qué demonios es esto?! Makoto, tú…
—Ya lo sabías, ¿verdad?, siempre lo supiste —dijo —Acerca de mi relación con Sousuke. Soy un pecador, Natsu. Me acosté con un hombre casado. Un hombre que encima está esperando un hijo. Estoy sucio, soy de lo peor. ¿Cómo esperas que escriba un final feliz después de enterarme de que me estuve acostando con el esposo de mi hermana? Es cierto que para ella yo ya no existo, pero sigue siendo mi hermana y está esperando un hijo. Yo… no puedo, Natsu.
—Makoto…
S & M
Natsuya salió de la habitación, cerrando la puerta con violencia para entrar en la suya propia y hacer una llamada. ¿Qué demonios estaba pasando con Sousuke? ¿Cómo había sido capaz de ocultarle algo así? Maldición, él conocía bien sus sentimientos hacia Ran y aun así… aun así se había atrevido a dejarla embarazada. Está bien, era su esposa y todo eso, pero… pero, ¿acaso no eran amigos? ¿Acaso no amaba él a Makoto? Entonces, ¿por qué?
El teléfono timbró dos veces, pero antes de que pudiera decir algo, escuchó la voz de Sousuke desde el otro lado.
—Que me estés llamando significa que ya te has enterado. Lamento mucho que haya tenido que ser de esta manera.
—¿Por qué, Sousuke?, dime por qué —toda la cólera se evaporó en cuanto escuchó la voz afligida de su amigo. Sólo sentía deseos de ponerse a llorar —No es justo.
—Estoy en el aeropuerto en este momento —dijo —Voy para allá. Por favor, espera hasta que llegue y dile a Makoto que necesito hablar con él. Sé que no estoy en posición de pedirte nada después de haberte ocultado algo como esto, pero quiero que escuches lo que tengo que decir primero. Dejaré que me golpees después, porque sé que me lo tengo bien merecido.
—Está bien. Te veré frente al monumento a Chiang Kai-shek a las ocho de la noche. No llegues tarde —y colgó.
Natsuya lanzó un suspiro mientras se recostaba en la cama. Arrojó el teléfono a algún lado y cerró los ojos. Francamente no tenía nada de ganas de escuchar lo que Sousuke tenía que decirle, pero sentía que se lo debía. Eran amigos después de todo. Y él se había estado acostando con ella, así que no era como si Sousuke fuera el único "pecador". Ahora, el problema sería sacar a Makoto de su habitación ahora que estaba tan enfrascado en su manuscrito. Además, nada le garantizaba que no saliera corriendo en cuanto se diera cuenta de que iban a encontrarse con Sousuke.
S & M
No entendía por qué Natsuya lo había sacado de su habitación con la excusa de que necesitaba despejarse y comer algo que no fuera comida de hotel. Lo único que necesitaba en ese momento era terminar su manuscrito, nada más. A regañadientes había comido unos bollos y bebido algo de té. Luego Natsuya anunció que darían un paseo. Paseo que los había llevado hasta el monumento a Chiang Kai-shek. Natsuya le había dicho que se quedara alejado mientras él se encargaba de un "asunto". Makoto miró su reloj. Faltaban cinco minutos para las ocho. ¿Debía regresar solo al hotel?
Pero cuando Makoto había decidido irse y dejar a Natsuya ahí – tendría que disculparse después – lo vio. Sousuke. ¿Qué hacía Sousuke en Taiwán? El castaño de pronto se quedó petrificado. Vio entonces que el rostro de Natsuya se tensaba. Natsuya levantó un puño, dirigiéndolo al rostro de Sousuke. Makoto se tapó los ojos con las manos, pero cuando se lo descubrió, vio que Natsuya tenía el puño a centímetros de la nariz de Sousuke.
—Será mejor que tengas una buena explicación para esto —Natsuya sacó un trozo de papel arrugado de su chaqueta. Makoto lo reconoció al instante como la foto de Ran. Sousuke le tendió un sobre. Natsuya lo abrió y su mirada pronto cambió a una de horror —¿Estás hablando en serio? —un abatido Sousuke asintió con la cabeza.
—Todavía hay restos de esa droga en mi cuerpo —dijo. Un momento, ¿droga?, ¿de qué estaba hablando? —Según el análisis, la he tenido desde hace unos cinco meses. ¿Recuerdas cuando te dije que a veces tenía espacios en blanco en mi memoria? —Natsuya asintió —Parece que ese es uno de los efectos secundarios de la droga. Junto con otros más que podrían volverse bastante problemáticos con el tiempo.
—¿Cómo es que…? —Sousuke sacó un frasquito del bolsillo de su pantalón.
—Lo encontré en el bolso de Ran —contestó —La verdad es que no quería creerlo, pero parece que la puso en mi bebida en algún momento.
—Dices que no recuerdas haberte acostado con ella sin usar condón, ¿verdad? —Sousuke asintió —¿Crees que…? No, ella no llegaría tan lejos para… espera… Kisumi…
—Después de hablar con él, decidí que lo mejor era ir al médico. Kisumi es bastante perspicaz, parece que aun cuando él le garantizó que no la estaba engañando, ella no quedó del todo convencida. Tomó cartas en el asunto, consiguió esta droga y ahora… resulta que voy a tener un hijo —Sousuke lucía completamente derrotado —¿Entiendes cómo me hace ver esto?, Makoto ha de estar pensando que sólo estaba jugando con él. Después de todas las cosas que le dije, de las promesas que hice, que tuviera que darse cuenta de esta manera…
—¿Por qué no se lo dijiste?
—Tenía miedo. Miedo de aceptar la realidad, miedo de que él me dejara si se enteraba —contestó Sousuke, apretando los puños —Pero me equivoqué. Que él no esté aquí prueba que ya no quiere verme. Si ni siquiera tú pudiste convencerlo…
—¿Qué va a pasar contigo, Sousuke? Con esta droga dentro de ti…
—La verdad es que… no lo sé. Seguirán haciéndome exámenes seguramente. Pero la verdad es que ya no me importa. Rompí mi promesa, hice sufrir a Makoto otra vez. Yo… ya no puedo vivir sin él, Natsuya. Era él quien me mantenía cuerdo, quien me mantenía de pie, quien le motivaba a hacer lo que tenía que hacer. Sin él… simplemente no soy nada. No vale la pena vivir. Como sea, anda, golpéame.
—Muy bien —Natsuya levantó el puño y lo estampó contra la mejilla de Sousuke. Makoto se tapó la boca para ahogar un grito —Eres más idiota de lo que pensaba —añadió Natsuya, mientras Sousuke se limpiaba la sangre que corría por su labio —No puedo creer que subestimes a Makoto.
—¡Sousuke!, ¿estás bien? —Makoto, que no pudo soportarlo más, corrió hasta donde estaba Sousuke y le limpió la sangre con un pañuelo.
—Makoto, ¿qué estás haciendo aquí?
—¿Acaso dudabas de mis habilidades de persuasión? —le preguntó Natsuya —Aunque, cuando se trata de ti, Makoto no piensa demasiado las cosas. Hasta hace algunas horas estaba tan molesto que era imposible apartarlo de su manuscrito. Pero en cuanto te vio se arrojó a tus brazos. ¿Acaso piensas que sus sentimientos son tan superficiales?
Sousuke miró a Makoto y lo envolvió con sus brazos, embriagándose con su aroma. Sin embargo, el momento no duró mucho, porque el mismo Makoto se separó de él.
—Es cierto que cuando se trata de ti, no pienso demasiado las cosas. También es cierto que estaba molesto, destrozado, cuando me enteré del embarazo de Ran por esa revista y no por ti. Que te amo con locura también es cierto y eso nunca cambiará. Sin embargo, las cosas son distintas ahora. Tienes una responsabilidad con Ran y con tu hijo. No puedes abandonar a tu familia.
—Makoto…
—Yo… no sé si creer en todo eso del hilo rojo del destino, pero quiero creer que las cosas pasan por una razón. Quién sabe, tal vez en verdad no estamos destinados a estar juntos. O quizás este no sea el momento para que estemos juntos.
—¿Qué estás diciendo?
—Lo que quiero decir es que… si está escrito que nuestro destino es estar juntos, entonces seguro que algún día volveremos a encontrarnos. Pero este no es el momento. Este no es nuestro momento. Me duele mucho decir esto, pero lo mejor es que nos separemos.
—¿Qué? No puedes estar hablando en serio —Makoto puso sus manos en las mejillas de Sousuke y le sonrió.
—Estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para no ponerme a llorar aquí mismo, no hagas más difíciles las cosas, por favor. Quiero que hagamos una promesa, aquí mismo, con Kirishima Natsuya como testigo. No nos volveremos a ver hasta que hayas resuelto tu asunto con Shen, sea lo que sea; y hasta que yo termine "Tú, yo y la traición" y se convierta en un best-seller. No sé cuánto tiempo puede tomar eso, puede que para ese momento tú ya me hayas olvidado. Pero si el amor que sentimos el uno por el otro sigue vivo, reencontrémonos aquí, en este mismo lugar.
—¿Estás… terminando conmigo?
—¿Cómo puede terminar algo que jamás comenzó? Sousuke, me duele decirlo, pero tú nunca fuiste mío. Eres un hombre prohibido para mí, pero me tomó mucho tiempo aceptarlo. Perdóname por ser tan egoísta, Sousuke.
Makoto cerró los ojos y unió sus labios con los de Sousuke, en un beso lento que ninguno de los dos deseaba que terminara. Si tan sólo ese momento pudiera durar para siempre, era lo que pensaban los dos, mientras grababan a fuego el sabor de la boca del otro en sus memorias. Sousuke lo besó en la frente.
—No creas que podrás librarte tan fácilmente de mí, Makoto. Juro por mi vida que volveré por ti y nunca jamás permitiré que vuelvas a separarte de mí.
—Lo estaré esperando con ansias, ese momento en el que verdaderamente podamos estar juntos.
Se dieron la espalda y caminaron en sentido contrario. Aquella era su despedida. Natsuya sólo podía contemplar cómo las lágrimas los traicionaban a ambos, mientras caminaban con el rostro agachado, sin atreverse a mirar atrás. Su admiración por Makoto creció, al tiempo que se maldecía por haber perdido la oportunidad de decirle a Sousuke lo que había ido a decirle.
S & M
—¡Sousuke, espera!
Segundos antes de cruzar la puerta para abordar el avión que lo llevaría de regreso a Japón, Sousuke se volteó al escuchar la voz de Natsuya. Sousuke miró, extrañado, el aspecto de su amigo. Sudoroso, sin aliento y con una mirada llena de desesperación.
—¿Natsuya? ¿Qué pasa?
—¡No puedo soportarlo más, Sousuke! —exclamó —Después de lo que pasó ayer, no dormí nada al darme cuenta de que todo este tiempo no he sido más que un maldito cobarde.
—¿De qué estás hablando?
—Escucha, sé que tal vez este no es el mejor momento. Sé que estoy siendo egoísta al decirte esto cuando acabas de terminar con Makoto, —Sousuke se mordió el labio al recordar lo que había pasado la noche anterior —pero necesito sacármelo del pecho. Necesito decirte la verdad. Aunque me odies, aunque no quieras volver a hablarme, aunque quieras matarme.
—Habla de una vez, Natsuya.
—Yo… soy un traidor —Sousuke parpadeó, confundido —Cometí el peor pecado que un hombre puede cometer, la peor traición que se le puede hacer a un amigo. Sousuke, yo me acosté con Ran, mientras se suponía que estaban felizmente casados. Y no fue sólo una vez. Siempre que Ran estaba sola y tenía ganas, ella me llamaba y yo accedía. Maldición, lo hicimos… incluso lo hicimos en la cama que ustedes compartían. Sé que no tengo derecho a decirlo, pero, ¡en verdad no siento!
Natsuya se arrojó al suelo, puso las manos al frente y agachó por completo la cabeza. No se atrevía a mirar a Sousuke; sólo esperaba pacientemente que el otro lo levantara del suelo y comenzara a golpearlo. Pero eso nunca sucedió, en cambio Sousuke le dio un golpecito en la espalda y le pidió que se levantara.
—Anda, levántate, la gente nos está mirando. Es vergonzoso —dijo —Y mírame a la cara cuando te hablo, maldición.
—Última llamada para los pasajeros del vuelo 778 con destino a Tokio, Japón.
—Sousuke…
—Ya lo sabía —los ojos de Natsuya se abrieron como platos —Siempre supe que estabas enamorado de Ran, incluso antes de que tú me lo contaras hace algún tiempo. También sabía que ella me engañaba. Los vi cuando entraron a un motel una vez, aunque no sabía que había sido algo recurrente.
—Lo sabías… entonces, ¡¿por qué?! —Natsuya lo agarró de la camisa —¡¿Cómo pudiste confiar en mí?! ¡¿Cómo podías seguir llamándome tu amigo?!
—A veces yo también me pregunto lo mismo. Como sea, no tengo una respuesta, pero hay algo que quiero comprobar: ¿seguimos o no juntos en esto?
—Estoy contigo en esto hasta el final, aunque me cueste la vida —contestó. Sousuke le dio unas palmaditas en el hombro.
—Muy bien, seguiremos en contacto, amigo.
Sousuke le dio la espalda y comenzó a caminar hasta su puerta de abordaje. Natsuya se quedó de piedra, incapaz de creer lo que acababa de escuchar, pero teniendo la certeza de que, aunque tuviera que morirse, lucharía por la felicidad de Sousuke.
—Oh y Natsuya. Piénsalo bien, si en verdad todavía amas a Ran.
Al escuchar las palabras de Sousuke, la imagen de Nao fue lo primero que se le vino a la cabeza.
S & M
Terminada la reunión, Sousuke se excusó, alegando que tenía que regresar a casa para llevar a su esposa a su cita de control. Mikoshiba terminó de recoger sus papeles y se levantó de su lugar. Fijó la mirada en Aiichiro, que seguía estudiando los planes de la noche siguiente. Mikoshiba se mordió el labio y se acercó al de cabello plateado, poniendo una mano sobre su hombro.
—¿Seguro que estás bien con esto, Ai? —preguntó. El más joven lo miró a los ojos y sonrió.
—¿Acaso dudas de mis capacidades, senpai?
—No, no se trata de eso. Es sólo que… no creo que tengas muchas ganas de acostarte con un sujeto tan despreciable como Chang. Digo, el simple hecho de pensarlo hace que me den ganas de vomitar y no soy yo quien estará bailando pole dance frente a esa hiena.
—Dicen que es bastante bueno en la cama, así que no creo que me la pase tan mal. Simplemente puedo imaginarme que se trata de otra persona, ¿no crees? —la respuesta del otro dejó a Mikoshiba sorprendido.
—Estás dispuesto a hacerlo.
—Ni una sola vez he tenido dudas desde que me uní. Además, esto es algo que yo mismo propuse, así que estaría mal que otro tuviera que pasar por la molestia de "entretener" al señor Chang. Tú tienes a tu esposa, senpai, yo no tengo a nadie gracias a él así que no me será difícil hacer mi trabajo —Mikoshiba sabía que Shen había matado al hermano de Aiichiro y también a su pareja, así que tenía sentido que le guardara rencor.
—¿Crees que él, ya sabes, se interese en ti? —Nitori frunció el ceño levemente —¡No es que crea que no eres atractivo! Es que ese sujeto es bastante… selectivo. Además, está obsesionado con Makoto y ustedes…
—Sé que jamás podría compararme con Makoto-san, pero también tengo mi encanto, senpai —le guiñó un ojo —Ahora, no te preocupes por mí y ve a casa. No es prudente dejar a una mujer embarazada sola durante tanto tiempo. Además, Gou-san podría comenzar a sospechar.
—Realmente me sorprendería que no sospechara ya. Bueno, nos veremos mañana en el club entonces.
No puedo evitar pensar que esto es como una montaña rusa. ¿Es que nunca voy a dejarlos ser felices?
