[Acto 19]

La paciencia es una virtud

Shen a veces no sabía si su esposa era tonta o simplemente fingía. Era la cuarta vez en el mes que viajaba a Japón por "negocios". Como siempre, Miho lo había despedido con una sonrisa y un beso deseándole un buen viaje. Había prometido llevarla a Japón para visitar a Natsuya, pero al parecer el hermano de su esposa estaba de viaje en Taiwán junto con Makoto, así que Miho le había pedido permiso para viajar a Taiwán y visitar a su hermano. Él no se había negado, realmente Miho nunca demandaba mucho de él, así que no había razón para negarse a sus pequeños "caprichos". Que su esposa fuera ingenua – porque "tonta" sonaba algo ofensivo – hacía las cosas más fáciles para él.

Esta vez había viajado a Japón para la inauguración del club nocturno de su socio, Mikoshiba Seijuro. Últimamente habían estado teniendo roces, cosa que a Shen no le convenía, por lo que estaba tratando de recuperar la confianza de un sujeto que todavía le era útil. Claro que este no era un club nocturno cualquiera. Ubicado en el Shinjuku ni-chome, era nada más y nada menos que un club gay. Shen se había sorprendido cuando Seijuro le dio la noticia. Nunca lo habría tomado por alguien con esos "gustos", siendo que tenía una hermosa esposa y, según le había comentado, pronto sería padre.

Este club tenía otra particularidad. El lugar había sido diseñado por un arquitecto a quien él mismo había despojado de todo. Sí, el increíble diseño era obra nada más y nada menos que de Yamazaki Sousuke. El lugar le traía recuerdos de los cabarés que había visitado tantas veces en Francia. No sólo se trataba de un espectáculo de índole sexual, al parecer Seijuro le había dado énfasis al arte, porque mientras caminaba tras el asistente de Seijuro, no pudo dejar de admirar la forma en que los artistas se suspendían en trapecios o hacían malabares.

Cuando finalmente se encontró con Seijuro, este le sonrió y le estrechó la mano agradeciéndole que se hubiera tomado la molestia de viajar hasta Japón. Seijuro se apresuró a conducirlo hasta el lugar preferencial, justo enfrente de un escenario que acababa en una pasarela, con un largo tubo de metal en el centro. Seijuro había subido al escenario para dedicar unas palabras de agradecimiento a todas las personas que habían hecho posible el nacimiento de ese lugar y otras cosas a las que Shen realmente no estaba prestando atención. Entonces, las luces atenuaron. Se encendieron las lámparas sobre el escenario y Seijuro volvió a tomar su lugar al lado de Shen.

Al compás de la música, comenzaron a desfilar unos muchachos bastante atractivos. Shen los miró con desinterés, pues ninguno de ellos podía compararse con Makoto. Era una lástima que su Makoto no estuviera entre ellos, pero, ah, pensándolo bien, no le hacía mucha gracia que un montón de enfermos adictos al sexo miraran y desearan lo que era suyo. Como sea, debía comenzar a mostrar interés pronto o de lo contrario podría ofender a Seijuro. Lástima que el espectáculo estuviera de lo más aburrido. O eso pensaba él. La música cambió y las luces cambiaron de color. Shen reconoció la canción. Crazy de Aerosmith.

La multitud dio la bienvenida a quien parecía ser la estrella del show. Era un muchachito con una cara tan inocente que hasta le parecía obscena la forma en que sus caderas se movían, la forma en que se restregaba contra el tubo metálico. Shen se fijó bien en él. Era bajito y delgado, pero con un cuerpo definido. Tenía un cabello plateado que nunca había visto antes y unos ojos del azul más puro. A pesar de que no era exactamente su "tipo", Shen pronto se vio incapaz de apartar sus ojos de él. La forma en que movía su cuerpo, esos ágiles movimientos al sujetarse del tubo y girar, quedar de cabeza. Ah. El muchacho acababa de fijarse en él. Esa mirada depredadora jamás podía pertenecer a un chico que lucía tan inocente como él. Los pantalones comenzaban a apretarle.

Justo cuando pensó que la cosa no podía ponerse más caliente, el chico se arrastró hacia él, como depredador a punto de cazar a su presa y, bajándose del escenario, bailó frente a él, moviendo su cuerpo de forma sugerente sobre su regazo. Shen quiso tocarlo, pero en ese momento el chico se alejó, guiñándole el ojo y mostrando la billetera que acababa de quitarle. Ni siquiera se dio cuenta de en qué momento la sacó del bolsillo de su pantalón. Sólo podía ver cómo el chico sacaba un par de billetes y se los metía en el elástico de los cortísimos pantalones que dejaban muy poco a la imaginación. Sintió una caricia sobre su mejilla y cuando se dio cuenta, el muchacho había regresado al escenario para concluir el espectáculo.

Shen apenas pudo registrar los aplausos, uniéndose él un poco más tarde, y mirando a Seijuro, como queriendo pedirle una explicación. El de cabello naranja esbozó una sonrisa y le dio unas palmaditas en el hombro antes de pedirle que lo siguiera. Shen no tardó en obedecer y seguir a Seijuro por unos amplios pasillos iluminados por luces de neón de color rojo.

—Ai es encantador, ¿verdad? —dijo, antes de torcer a la derecha y empezar a subir por unas escaleras de caracol —¿Quieres que te lo presente? —Shen señaló su entrepierna y Seijuro soltó una carcajada.

—¿Dónde lo encontraste? —preguntó sin poder contenerse.

—Es el hermano de un viejo amigo que falleció hace un tiempo. Vino desde Fukuoka para buscar trabajo, pero no tuvo mucha suerte. Así que lo invité y el resto es historia.

Se detuvieron frente a una puerta de madera. Seijuro tocó un par de veces y entonces la puerta se abrió, revelando al chico de cabello plateado, al que parecían haber sorprendido mientras se cambiaba.

—Ah, jefe, ¿necesita algo? —su voz se le antojó como lo más dulce que hubiese escuchado en mucho tiempo. Ai reparó en su presencia y se sonrojó levemente.

—Quiero presentarte a mi socio y amigo —dijo Seijuro —Parece que quedó muy impresionado contigo y no quería dejar pasar la oportunidad para decírtelo en persona.

—Oh, es muy amable de su parte, señor… eh…

—Chang —Shen se aclaró la garganta y extendió la mano —Shen Chang. Puedes llamarme Shen.

—Es un placer conocerlo, Shen-san —contestó, estrechándole la mano —Soy Nitori Aiichiro —el apellido Nitori sonó en su cabeza, lo recordaba de algo, pero no estaba seguro de dónde le sonaba. Decidió no darle importancia y acariciar fugazmente la mano ajena. No estaba seguro de por qué de pronto se sentía tan nervioso o le costaba pedirle lo que quería.

—¡Oh demonios! —el teléfono de Seijuro de pronto comenzó a sonar, haciendo que los dos se sobresaltaran y se separaran bruscamente —¿Qué querrá Gou a esta hora? Si me disculpan, debo atender la llamada de mi esposa. ¡Los dejo para que charlen a gusto!

Volvieron a mirarse y, sin decir nada, Ai se hizo a un lado. Shen entró y Ai cerró la puerta con seguro. El camerino era bastante amplio, incluso tenía un tubo y una cama. Pero Shen no pudo seguir contemplándolo por mucho tiempo más, porque de pronto había quedado atrapado entre la pared y el delgado cuerpo del muchacho. Shen parpadeó confundido y vio que el rostro del otro se iba acercando al suyo. Colocó las manos sobre los hombros del chico, que de pronto se echó hacia atrás, asustado.

—¡Santo cielo! ¡Disculpe mi atrevimiento, Shen-san! —pero Shen no quería escuchar nada de eso. Lo agarró de los hombros y estampó sus labios contra los de él, introduciendo su lengua en la boca ajena. Ai se aferró a su cuello y Shen le mordió el labio, haciendo que el otro se separara.

—Baila para mí —le dijo, con voz entrecortada. Ai sonrió y se subió a la plataforma, repitiendo la sugerente danza de hacía unos momentos.

Shen, que estaba sentado en una silla enfrente del pequeño escenario, se quitó el saco y la corbata y comenzó a deshacer los botones de la camisa. Ai soltó el botón de los cortísimos pantalones y se bajó la cremallera sin dejar de moverse sugerentemente. Los pantalones cayeron, deslizándose por sus muslos casi como si lo acariciaran. Shen sonrió al notar que el otro estaba tan excitado como él. Se levantó de la silla casi sin pensarlo y haló a Ai, arrojándolo a la cama y colocándose encima de él. Lo despojó de la diminuta tanga que cubría su rígido miembro y se deshizo del resto de su ropa, besándolo hasta dejarlo sin aliento.

Sus manos viajaron por aquel cuerpo que se moría por explorar desde que lo vio bailar. Lamió sus pezones mientras lo masturbaba y se deleitó con los sonidos que salían de aquellos labios enrojecidos. Ai se retorcía bajo su cuerpo, así como a él le gustaba. Ceder el control no era lo suyo, así que no pudo evitar sorprenderse cuando Ai invirtió las posiciones y quedó encima de él. De dónde sacaba el chico la fuerza era algo que no entendía – ni quería entender en ese momento – pero poco le importaba. Shen sintió que su cerebro hacía corto circuito cuando Ai se introdujo su miembro en la boca. Sin embargo, justo cuando iba a correrse, el chico se apartó y se empaló con su miembro. Ambos gimieron al mismo tiempo.

Ninguno de los dos duró mucho. Ai se derrumbó sobre él y Shen lo rodeó con sus brazos. A ninguno de los dos le importaba lo pegajoso que estaban o el desastre habían hecho. Por primera vez en muchísimo tiempo, Shen no pensó en Makoto mientras tenía sexo. Realmente ni un solo pensamiento relacionado con Makoto cruzaba por su cabeza. Sólo quería besar al hermoso muchachito que había probado ser una bomba ardiente en la cama.

S & M

Cuando recuperaron el aliento, los dos se metieron en la pequeña ducha del camerino para asearse. Ai ayudó a Shen a acomodarse la camisa y la corbata, para que lucieran presentable. Sólo quería que el otro se fuera, le repugnaba su presencia, sentía asco de sí mismo por lo que acababa de hacer, pero no había dejado de decirse a sí mismo que lo que estaba haciendo era por una buena causa. Dejó que Shen volviera a besarlo – besaba bastante bien el desgraciado – antes de poner su mejor cara de tristeza. Sí, tenía que hacer que el otro creyera que lo destrozaba que se fuera.

—¿Nos volveremos a ver? —preguntó Ai, con fingida inocencia.

—Sólo si tú quieres —contestó el otro, besándolo en la frente —Has estado maravilloso, Ai. Ha sido el mejor sexo de mi vida —Ai contuvo las ganas de soltarle un "seguro se lo dices a todo" y en cambio le sonrió. Ya iba a marcharse cuando de pronto se dio la vuelta, diciendo —Como agradecimiento, voy a darte un obsequio —Shen sacó un prendedor y lo puso en la mano de Ai.

—¿Para mí? —Shen le pidió que lo abriera. Adentro había un polvito dorado, que no desprendía olor alguno. Ai lo miró, confundido.

Lullaby. Es el secreto de mi éxito —comentó —En mi tierra natal me llaman el Rey del Mercado Negro Asiático. Esta pequeña es la que me ganó la reputación que tengo ahora. Es mi bebé, la fuente de mis ingresos, la que me mantiene en la cima. Es maravillosa, lo verás una vez que la pruebes. Te hará sentir poderoso, a cambio de ningún efecto secundario. Mi buen amigo, el que diseñó este lugar, puede dar testimonio de ello.

—¿Entonces Yamazaki-san también…? —Ai no podía creerlo. ¿Incluso Sousuke había sido engañado para consumirla?

—Tengo que irme —le dio una tarjeta —Llámame, ¿sí?

Aiichiro esperó que la puerta se cerrara para derrumbarse en el suelo. Se sentía sucio, asqueroso, pero no pudo evitar sonreír. Porque acababa de conseguir una pequeña pero importante victoria. Quién diría que Shen le dejaría incluso una muestra de la droga que ni siquiera Miho, quien vivía con él, había logrado obtener. Apretó el prendedor contra su pecho y dijo:

—¿Has escuchado, senpai?

—Le tengo todo grabado, —la voz de Seijuro se escuchó en la habitación, pero no había rastro de él —incluso la adorable forma en que gemías mientras él te…

—¡Senpai! —replicó, avergonzado —Pero no tenía idea de que Sousuke-san…

—Yo tampoco. ¡Ese idiota! Su vida está en peligro, pero no mencionó nada —dijo —Como sea, debemos enviarle esta muestra a Kisumi lo más pronto posible.

—Me comunicaré con él en cuanto llegue a mi apartamento, no te preocupes.

—Por cierto, Ai —la voz de Seijuro denotaba la culpabilidad que, Ai sabía, el otro no había dejado de sentir desde que el plan había sido propuesto —¿En verdad estás bien? —el muchacho lo meditó un momento.

—No, pero lo estaré. Cuando Chang Shen sea derrotado y ruegue misericordia, en ese momento finalmente podré decir que estoy bien.

—No estamos seguros de cuándo será eso o si lo lograremos siquiera.

—La paciencia es una virtud, senpai.

S & M

No tenía idea de qué demonios podía querer Ran de él, pero ahí estaba, enfrente de su casa, tocando el timbre. Adorable, fue el primer pensamiento que se le vino a la cabeza al ver el vientre abultado de su antigua empleadora. Para su sorpresa, Ran lo abrazó y lo besó en la mejilla, antes de hacerse un lado para que pasara. Lo guio a la sala y fue a la cocina a buscar unas bebidas. Cuando regresó, puso dos tazas de café sobre la mesita de madera y se sentó al lado de Nao. Nao bebió un sorbo del café y miró a Ran, que lucía nerviosa.

—Dijiste que era urgente —comentó, para romper el hielo —¿Está todo bien?

—Sí, bien —contestó ella, mordiéndose el labio —Bueno, en realidad no. Yo… te necesito, Nao —el aludido parpadeó, confundido.

—¿De qué estás hablando, Ran?

—No puedo manejar la presión del trabajo, es demasiado para mí. Shen sabe de mi condición, pero aun así me da una enorme cantidad de trabajo. Dice que es porque no puede confiárselo a nadie más. Le pedí que me consiguiera un asistente, pero dijo que lo mejor era que yo me encargara de buscar a alguien capacitado. Nao, la única persona en quien puedo pensar es en ti. Sé que tal vez no te traté de la mejor manera, sé que fui egoísta y grosera, pero te prometo que, si regresas conmigo, las cosas cambiarán. Te aumentaré el sueldo, te trataré mejor. Así que, ¿qué dices?

Para Nao era algo nuevo ver a esta Ran tan vulnerable, despojándose de su orgullo para pedirle que regresara. Por un momento, casi sintió lástima por ella. Pero no podía permitirse sentir lástima por la persona que había arruinado su vida y la había convertido en un infierno. Ellos nunca habían sido amigos. Ya lo había dicho antes, no podía servir a dos dioses. Todos sus esfuerzos estaban concentrados ahora en ayudar a Sousuke. Entonces, puso la taza nuevamente sobre la mesa y miró a Ran.

—No puedo regresar —Ran frunció levemente el ceño.

—¿Por qué?

—Ya he encontrado otro trabajo. Quizás la paga no sea tan buena como la que tú podrías darme, pero estoy feliz. Lo siento, Ran, pero no puedo volver a trabajar para ti.

—Eres un… ¡maldito malagradecido! —Nao apenas tuvo tiempo para esquivar el jarrón que Ran de pronto le había arrojado. Se puso de pie, alejándose de ella, al ver que amenazaba con arrojarle una taza llena de café caliente.

—Cálmate, Ran, piensa en el bebé —de pronto la mujer comenzó a reírse —¿Ran?

—Ya veo, así que tendrá que ser por las malas entonces —dijo ella, dejando la taza de nuevo sobre la mesa —Está bien, si así es como lo quieres. ¿No quieres regresar?, está bien, pero atente a las consecuencias.

—¿Ahora vas a amenazarme? ¿Con qué? No tengo nada que puedas quitarme, Ran. Ni familia, ni dinero, ni propiedades.

—Voy a contárselo todo a Natsuya. Cómo has estado enamorado de él por años, cuánto lo deseas, cómo sueñas con que él te haga el amor, que te bese, que se enamore de ti. Pero, ¿sabes qué?, es un caso perdido, querido Nao, ¡porque Natsuya está perdidamente enamorado de mí! —Ran comenzó a reír, repitiendo una y otra vez que era un perdedor.

—No puedes amenazarme con eso, Ran. Natsuya lo sabe —Ran lo miró, sorprendida —Yo mismo se lo dije. Y, aunque sé que jamás podrá pertenecerme porque tú eres la dueña de su corazón, dejé que hiciera lo que quería conmigo. Sí, me acosté con Natsuya, Ran. Él no estaba pensando con claridad esa noche y me aproveché de eso, pero no me arrepiento.

—¿Te estás escuchando, Nao? —ella volvió a reír —¡Eres un perdedor! Rayos, ni siquiera puedo recordar todas las veces que me acosté con él. Lo hemos hecho de todas las formas posibles, lo hemos hecho tantas veces que podríamos escribir nuestra propia versión del Kamasutra —Nao apretó los puños, sintiendo unas tremendas ganas de llorar —¿Quieres que te cuente cómo fue? Aunque tampoco es que Natsuya sea tan bueno en la cama.

—¿Qué es lo que acabas de decir? —Nao y Ran se sobresaltaron al escuchar la voz de Sousuke. La expresión de sorpresa en el rostro de Sousuke hizo que Ran lo mirara, horrorizada.

—Sousuke, cariño… —Ran dio un par de pasos hacia donde estaba él.

—Repite lo que acabas de decir —espetó el más alto —¿Qué es todo eso de que te acostabas con Kirishima?

—¿D-De q-qué estás hablando? Has de haber escuchado mal, yo sólo…

—¡Serizawa! —Nao se estremeció —Repíteme lo que Ran estaba diciendo —Ran le dedicó una mirada amenazante, pero él simplemente dijo:

—Dijo que se acostó con Natsuya y que lo ha hecho muchas veces.

—Así que de eso se trata. Entonces me estabas engañando. ¿Es que querías verme la cara de imbécil? —Ran retrocedió en cuanto Sousuke se acercó —¡Respóndeme!

—S-Sousuke, y-yo… —Ran intentó abrazarlo, pero Sousuke la apartó. La expresión en su rostro era de decepción, indignación e incluso de asco.

—No quiero volver a saber nada de ti. Voy a darle el apellido a ese bebé porque es mi responsabilidad, pero en cuanto nazca voy a pelear por su custodia, no quiero volver a saber nada de ti. ¿Acaso pensabas que nunca iba a darme cuenta? ¿Pensabas seguir viéndome la cara de imbécil, Ran?

—Yo no… —el rostro de Ran se contrajo en un gesto de dolor. Se llevó las manos al vientre antes de derrumbarse.

S & M

Sousuke se puso de pie en cuanto el médico salió de la habitación de Ran. El anciano médico lo guio hasta su oficina y lo hizo sentarse en una silla enfrente de su escritorio. Sacó un sobre de la gaveta y sacó unos papeles, antes de mirar a Sousuke con semblante preocupado.

—Yamazaki-san, me temo que no puedo darle buenas noticias.

—¿Cómo está mi esposa, doctor? ¿Y el bebé?

—Hemos logrado estabilizarla y su vida no corre peligro, tampoco la del bebé —contestó —Sin embargo, estamos ante un embarazo complicado. Es imperioso que la señora tenga total paz y tranquilidad. No es saludable que se vea sometida a altos niveles de estrés, lo mejor sería que se alejara del trabajo por un tiempo.

—Puedo hablar con su jefe al respecto. Pero, hay algo más, ¿verdad? —el médico soltó un suspiro y le tendió un papel.

—Lamento tener que hacerle esta pregunta, Yamazaki-san. Créame que no trato de ser indiscreto. ¿Sabe si la señora ha consumido últimamente alguna sustancia adictiva? Licor, cigarrillos, drogas —Sousuke se fijó en los resultados. Se le hacían tremendamente familiares. Drogas. Entonces cayó en la cuenta —Tengo que decir que nunca antes había visto esto. No sé qué tipo de sustancia pueda ser, pero…

—Hablaré con ella al respecto —lo cortó —¿Qué puede pasar con el bebé si…? —tragó saliva —¿Mi hijo corre peligro?

—Me temo que es difícil decir con exactitud cuáles pueden ser las consecuencias, pero no podemos descartar una discapacidad o malformación. Además, las probabilidades de que este bebé nazca antes de tiempo son altas.

El médico continuó con la explicación, pero Sousuke había dejado de escucharlo. Estaba demasiado concentrado tratando de procesar los resultados que reflejaban esos exámenes. Los mismos resultados que él había visto días atrás en los suyos. No quería creerlo, pero no había duda: Ran había consumido Lullaby. Pero, ¿por qué? ¿Por qué dañar una vida que no tenía la culpa de nada?

S & M

Natsuya leyó una y otra vez el correo que acababa de recibir, todavía sin querer creer lo que estaba viendo. Las cosas se les estaban saliendo de las manos. Maldición, justo cuando habían logrado apoderarse de una muestra de Lullaby, pasaba eso. ¿Cómo era posible que ese sujeto tuviera tanta influencia? Natsuya golpeó el escritorio con ambas manos, causando que un puñado de papeles cayera al suelo. Maldijo internamente cuando escuchó el timbre. Decidió ignorarlo, pero pronto se volvió tan insoportable que se levantó y abrió la puerta bruscamente.

—¿Qué demonios…? ¿Nao? —en cuanto lo vio, Nao comenzó a llorar. Natsuya no tenía idea de lo que estaba pasando, pero lo arrastró adentro para evitar las miradas de los vecinos. Lo hizo sentarse en el sofá y se arrodilló enfrente de él —¿Qué pasa, Nao? ¡Nao, respóndeme! —lo zarandeó al ver que el otro no decía nada.

—T-Todo e-es mi culpa… R-Ran, e-ella… —Nao se tapó la cara con las manos. Natsuya no podía entender lo que decía, entonces le quitó las manos de la cara y lo besó. Sorprendido, Nao dejó de llorar al instante.

—Nao, cálmate y… —Natsuya tardó un momento en registrar que Nao acababa de abofetearlo.

—¡No vuelvas a hacer eso! —le gritó, empujándolo y levantándose para marcharse. Pero Natsuya no iba a permitirlo hasta que le explicara lo que estaba pasando. Así que lo arrojó al sofá y se colocó encima de él, inmovilizándolo.

—Muy bien, ahora vas a explicarme qué demonios te pasa y qué fue lo que hice para que me golpearas. ¡Dolió, maldición!

A duras penas, Nao logró contárselo todo. Como siempre, el idiota se culpaba de lo que le había pasado a Ran. Natsuya estaba preocupado por Ran, sin embargo le preocupaba más el estado en el que se encontraba Nao. Ran le había dicho unas cosas bastante desagradables y encima se había desmayado. Y si lo que Sousuke le había dicho a Nao resultaba ser verdad, la vida del bebé estaba en peligro. ¿Cómo había podido Ran ser tan imprudente? Más importante, Nao lucía tan alterado que Natsuya no iba a dejar que se fuera así.

Hizo que se sentara y le dio un té para que se tranquilizara. Lo abrazó y le acarició la cabeza, repitiéndole una y otra vez que todo iba a estar bien. Nao se resistió al principio, pero terminó relajándose y aferrándose a su camisa, como si su vida dependiera de ello. El pensamiento de querer ir a visitar a Ran al hospital para ver cómo seguía se desvaneció por completo cuando vio el rostro durmiente y relajado del otro. Lo tomó en sus brazos y lo llevó a su habitación, acomodándolo en su cama. Durante un rato se dedicó a contemplar cómo su pecho subía y bajaba al respirar. Le retiró unos cabellos de la frente y le pinchó la mejilla.

Retiró la mano, sorprendido consigo mismo, y sacó el celular para teclear un mensaje rápido para Sousuke.

Finalmente ha empezado a extender su mercado hacia los Estados Unidos. Nueva York es su objetivo.

S & M

¡No, no y no! ¡Terrible!

Nada de lo que escribía terminaba por convencerlo. Era terrible, nadie querría leerlo. A pesar de tener tantas ideas, no era capaz de condensarlas. Ya había desechado cuatro manuscritos casi terminados, todos le parecían horribles, sin sentimiento, vacíos. Harto, se levantó de la silla y comenzó a recoger los trozos de papel que se habían acumulado en el suelo desde que había regresado de Taiwán. Mientras hacía la limpieza, se topó con su cuaderno de dibujo, abierto en la página donde había dibujado un retrato de Sousuke. Ah, cómo le gustaba sufrir. Él mismo se había encargado de terminarlo todo, pero demonios, lo extrañaba como nunca. Contempló el retrato por un momento, antes de cerrar el cuaderno y arrojarlo debajo de la cama.

Se sentó en el piso, sintiéndose desdichado. No era capaz de escribir nada decente. Había decidido alejarse de la idea de un final feliz, pero ni siquiera las ideas más tristes que revoloteaban por su cabeza lo convencían. Algo faltaba. Algo que hiciera que la gente quisiera leer esa continuación, algo que convirtiera esa continuación en un best-seller.

Mientras se lamentaba en la oscuridad de su habitación, escuchó el timbre. Por un momento pensó en ignorarlo, pero entonces recordó que podía tratarse de Shen, así que a duras penas se levantó para ir a abrir la puerta. Se sorprendió al encontrarse con Ren, que sostenía una caja de pizza y una bolsa llena de cervezas.

—¡Vamos, date prisa! ¡El juego va a empezar!

Makoto tomó la bolsa con las cervezas y las llevó hasta la cocina para ponerlas en el congelador. Ren lo siguió momentos después, dejando la pizza en la mesita de la sala, antes de entrar en la cocina para buscar un par de jarras cerveceras y hielo. Los hermanos se sentaron en el suelo enfrente del televisor, justo a tiempo para el inicio del partido de la NBA que ambos habían estado esperando y que Makoto casi había olvidado, agobiado como estaba con su trabajo.

Durante el entretiempo, Makoto sintió la mirada de su hermano clavada en él. Seguro había notado lo mal que había dormido e iba a reprenderlo.

—¿Hay algo que quieras contarme?

El castaño se mordió el labio pero terminó contándoselo todo. Su ruptura con Sousuke, la promesa que habían hecho, su incapacidad para escribir algo decente. Ren lo escuchó sin decir nada, lo cual tranquilizó a Makoto.

—Hay algo más que te preocupa, ¿verdad? —no podía ocultarle nada.

—Quizás no debería quejarme, pero… hace tiempo que Shen no me busca. No he recibido llamadas suyas, ni siquiera mensajes. Tengo miedo, Ren. ¿Será que hice algo que lo molestara? ¿Acaso ya dejé de serle útil? Tengo miedo de lo que pueda hacerles y…

—Cálmate, Mako —lo cortó Ren, apretando suavemente la mano de su hermano —Deja de pensar en tantas tonterías o tu cabeza explotará. Escucha, hace unos días escuché un rumor extraño de unas chicas que frecuentan mi cafetería. Parece que en la red ha comenzado a circular una foto de ese sujeto saliendo de un club nocturno en Shinjuku con alguien.

—¿Eh? ¿Podría ser que… se ha cansado de mí?

—Es lo que me gustaría creer.

S & M

Seijuro estacionó el auto y lanzó un suspiro de alivio al darse cuenta de que las luces de la casa estaban apagadas. Gou definitivamente tenía que estar dormida. Tratando de hacer el menor ruido posible, Seijuro abrió el portón y la puerta, caminando de puntillas por la sala. Justo cuando iba a subir los escalones que llevaban al segundo piso, las luces de la sala se encendieron. Seijuro se llevó las manos a la boca para ahogar un grito y se volteó. Gou estaba sentada en el sofá, vistiendo sólo una ligera bata de color blanco. Cruzada de brazos, Gou lucía más amenazante que cualquier otro sujeto que antes hubiera intentado intimidarlo. Estaba en problemas.

—Cariño, ¿qué haces despierta a estas horas? —preguntó, tratando de que la voz no le temblara —Vas a resfriarte si andas con tan poca ropa a estas horas.

—¿Dónde estabas?

—¿Yo? Ah, pues, estaba… estaba trabajando. Se ha acumulado mucho trabajo estos días en la oficina.

—¿Ah sí? ¿Qué hacen tus empleados todo el día si dejan que el trabajo se acumule de esa manera? ¿Es por eso que has estado llegando tarde últimamente? ¿Te quedabas trabajando hasta tarde?

—Así es. Tengo que trabajar todo lo que pueda ahora para poder tomarme unas vacaciones cuando nuestro bebé nazca. Quiero estar contigo en el parto y todos los días que pueda cuando tengas al bebé.

—Mentiroso —Gou se puso de pie y caminó hasta donde él estaba —No has estado trabajando, aquí está la prueba —la pelirroja lo haló de la corbata, aflojándola para revelar una mancha de labia en el cuello de la camisa —Esta no es la primera vez. Todos estos días has venido a casa con manchas de labial en la camisa y unas manchas blancas en los pantalones que la verdad no quiero saber qué son. Seijuro, dime la verdad.

—P-Pero cariño, y-yo…

—¿Me has estado engañando? ¿Es que ya has dejado de amarme? —preguntó, con lágrimas en los ojos —¿Es porque estoy gorda? ¿O acaso es por mis cambios de humor? Dímelo, Seijuro, por favor. Sé sincero de una vez por todas, dame el golpe de una vez, dime que ya no me amas y me iré, pero por favor, ya no me hagas sufrir. Ya… no puedo soportarlo —Gou se cubrió el rostro con las manos para que Seijuro no la viera llorar.

Seijuro sintió que se le rompía el corazón. Abrazó a su esposa con fuerza, besándola en la cabeza.

—Perdóname, Gou. Jamás podría hacer nada de lo que me pides, porque yo te amo. Estoy perdidamente enamorado de ti, te amo sin importar cómo te veas, es más, para mí te ves incluso más sexy ahora que estás embarazada. Yo… simplemente no quería que te involucraras en este… asunto, es por eso que no quería decir nada, pero sólo terminé lastimándote.

—Entonces, ¿no vas a dejarme? —preguntó ella, con voz temblorosa, mirándolo finalmente a los ojos.

—Jamás. Y para probarlo, voy a contártelo todo —se sentaron en el sofá —Antes de contártelo, tienes que prometerme que harás lo que te pida —ella iba a replicar —Promételo, Gou, por favor —ella asintió —Bien. Todo empezó un par de años antes de que nos casáramos. Estaba harto de trabajar jornadas extensas por un sueldo que no me parecía justo, harto de que otros se robaran el crédito de mis logros, harto de que me pisotearan y humillaran. Quería pedirte que te casaras conmigo, pero no podía permitir que te casaras con un perdedor que tuvo que renunciar a su sueño por una lesión.

"Necesita conseguir dinero, rápido y fácil, para poder darte la vida que merecías. Pero sabía que con mi trabajo jamás lo lograría. Una noche en un bar, conocí a Chang Shen. Sus palabras me convencieron. De repente aparecía un sujeto que me decía todo lo que quería escuchar. Fui estúpido y sin pensarlo, me alié a él, me convertí en su socio. Ese sujeto se ganó mi gratitud cuando recuperó todas las cosas que unos prestamistas le habían robado a mis difuntos padres.

No fue hasta sino un par de años que Sousuke le hizo ver la realidad. Me di cuenta de en lo que me había metido. Me había aliado con un asesino que había destrozado las vidas de muchas de las personas que eran importantes para mí. Un sujeto a quien no le importaba pisotear a los demás con tal de conseguir sus objetivos. Había conseguido la vida que deseaba, pero, ¿a qué precio? Salirme de este mundo ahora no es posible, terminaría muerto, pero yo mismo me lo busqué. La única manera de sobrevivir ahora es desenmascarar a Shen y hacer que lo arresten. Por eso es que me he aliado con Sousuke, trabajando juntos sé que lo lograremos.

Es un gran riesgo el que corremos todos los que estamos involucrados en esto, pero es la única forma de garantizar que las personas que amamos puedan vivir en paz. ¿Lo entiendes, Gou?, es por eso que no quería decir nada. No quería poner tu vida ni la de nuestro hijo en peligro, no podría soportarlo si algo les pasara."

—Sei, no tenías que hacer todo eso —contestó ella, escondiendo el rostro en el pecho de su esposo —Te amo por quien eres, no por tu dinero. Yo sólo quiero estar a tu lado, que seamos a una familia, que veamos a nuestro hijo crecer, juntos. No hagas esto, Sei, no pongas tu vida en peligro de esta manera.

—Gou, prometo que voy a estar bien. No voy a morir. Pero tú tienes que ponerte a salvo. Ya he hablado con Rin al respecto, quiero que te quedes con tu hermano mientras termina todo esto.

—¡No, no quiero! ¡No voy a alejarme de ti!

—No hagas esto más difícil, Gou —dijo Seijuro, abrazando a su esposa e intentando que las lágrimas no lo traicionaran —No podría soportarlo si algo te sucediera. Te prometo que será por poco tiempo. Ya verás que todo terminará rápido y volveremos a estar juntos.

—Sei…


A como tengo las ideas organizadas en mi cabeza, ya no le quedan muchos capítulos a este fic. Si sigo así, creo que podré terminar antes de que se acabe el año.