Liberada de mis responsabilidades académicas, voy a dedicar toda esta semana a terminar esta historia. Sí, ya estamos en los últimos capítulos. Una historia más que se está acabando.


[Acto 20]

Las distintas formas del amor

En cuanto se había anunciado la preventa del nuevo libro, Ran se había apresurado a pre-ordenarlo. Y es que había pasado un buen tiempo desde la última vez que su autor preferido publicó un libro. Hacía tiempo se venía escuchando un rumor acerca de que Kodoku Itami estaba trabajando en la continuación de su famosa obra "Tú, yo y la traición", pero que había estado enfrentando uno de los famosos "bloqueos de escritor" y había escrito este nuevo libro que ahora tenía en sus manos, como una forma de liberar un poco la presión que sentía. Además de eso, Itami-sensei estaba ofreciendo una firma de autógrafos en una librería local, así que era la oportunidad perfecta para conocer al autor que la había hecho amar las novelas románticas con un toque de tragedia.

Cuando se bajó del taxi, la fila ya daba vuelta a la cuadra donde se ubicaba la librería. Sin embargo, estar embarazada tenía sus ventajas. Una amable señorita se apresuró a ubicarla en una fila más corta, donde esperaba una mujer embarazada, un hombre de bastante mayor y una mujer con un niño en brazos. Entonces, mientras la gente esperaba ansiosa, un hombre que ella conocía bien bajó de las escaleras de caracol ubicadas detrás de donde habían acomodado una mesa y varios carteles promocionales del nuevo libro. Kirishima Natsuya tomó un micrófono y se dirigió a la audiencia.

—Muchas gracias a todos por estar aquí hoy. A nombre de Itami-sensei les doy la bienvenida a la firma de autógrafos y handshake —Ran miró a Natsuya, pero este ni siquiera reparó en ella —Sin más preámbulos, recibamos con un fuerte aplauso a la persona por quien estamos aquí hoy, Kodoku Itami-sensei.

Si bien Ran se había sorprendido al ver a Natsuya en la librería, su sorpresa fue todavía mayor cuando Itami-sensei hizo aparición. Con una sonrisa nerviosa y saludando con la mano a su público, el sujeto a quien ella en el pasado había conocido como Tachibana Makoto, bajó por la misma escalera para ubicarse detrás de la mesa. Atrás de ella, la gente se empujaba para poder admirar al aclamado autor. Ran se había quedado pasmada. No podía creer que quien se había convertido en su autor favorito fuera el chico que escribía poemas de los cuales ella se burlaba.

La sensación de culpa se acrecentó cuando lo vio sonreír al lado de la mujer embarazada que estaba de primera en la fila. Él era feliz, podía verlo en sus ojos. Ran apretó con un poco más de fuerza el grueso volumen que llevaba en sus manos cuando Natsuya le hizo una seña para que se acercara. Los ojos de Makoto finalmente se encontraron con los suyos y Ran fue capaz de notar un pequeño gesto de sorpresa en sus facciones. Sin embargo, Makoto no mostró su sorpresa y con gusto firmó el libro, escribiendo:

Para Ran. Con cariño de Hanamura Makoto (K.I). Muchas gracias por apoyar mi trabajo. Gracias por todo lo que has hecho por mí

Ran leyó las líneas y vio que Makoto le sonreía. No había doble sentido en aquellas palabras, simplemente se trataba de Makoto, su hermanito, tan transparente como siempre. La mujer sintió unas tremendas ganas de llorar y de abrazarlo, pero se contuvo. Ni siquiera esperó para tomarse una foto con él y salió apresuradamente de la librería, dejando, sin notarlo, a un desconcertado Makoto. Había huido otra vez. No se atrevió a enfrentarlo, aun cuando mil formas de disculparse llenaron su cabeza en cuanto él le sonrió.

Entró en un café cercano y marcó un número. La desagradable e irritada voz de Shen la saludó del otro lado. Al parecer había interrumpido un momento importante, pero a ella eso poco le importaba. Hacía un tiempo se había enterado de que Shen y Makoto se habían conocido en Australia y habían tenido algo así como una "relación". Ran colgó en cuanto Shen le dio lo que quería – el número de Makoto – y tecleó un mensaje, con dedos temblorosos.

Encontrémonos en el café que está a dos cuadras de la librería. Necesito hablarte a solas. Por favor.

Colocó el celular sobre la mesa al tiempo que le llevaban el té que había pedido. Casi derramó el líquido, sobresaltada, cuando el aparato vibró, llevándole la respuesta de Makoto, un simple pero significativo "Ahí estaré". Su cuerpo se estremeció al pensar en la idea de reencontrarse con una persona a quien le había hecho tanto daño. Sabía lo que quería hacer. Quería disculparse con él. Porque aunque él no la perdonara, de alguna forma haberlo visto había hecho que se diera cuenta de lo que tenía que hacer. Quería empezar a hacer las cosas bien, aunque pudiera ser muy tarde ya.

S & M

No tenía idea de lo que Ran querría hablar con alguien como él. Tampoco tenía idea de por qué había aceptado casi sin pensárselo. Natsuya se había ofrecido a acompañarlo, pero él se había negado. Esto era algo que tenía que hacer él solo. Así que en cuanto terminó la firma de autógrafos se escabulló entre los fanáticos que aún quedaban por ahí para dirigirse al café donde Ran lo había citado. Empujó la puerta con mano temblorosa y no pudo evitar sobresaltarse al escuchar la campanita que anunciaba la llegada de un nuevo cliente. No tardó mucho en ubicar a Ran, sentada casi al final del local, y caminó hacia ella, con paso firme.

Saludó antes de sentarse y Ran le sonrió. Makoto pidió una malteada de fresa y se quedó jugueteando con el menú en lo que la mesera regresaba con su bebida. Cuando tuvo la malteada enfrente, bebió un sorbo. Se quedaron entonces en un incómodo silencio, que hacía que Makoto se pusiera cada vez más nervioso. Se mordió el labio y se aclaró la garganta para llamar la atención de Ran.

—Muchas gracias por leer mis libros —dijo, con voz tan baja que no estaba seguro de que ella lo hubiese escuchado. Sin embargo, ella sonrió.

—Estaba equivocada —Makoto parpadeó, confundido —¿Recuerdas cuando te decía que escribir no te llevaría a nada? ¿O cuando te decía que serías un fracaso si no seguías mis pasos? —el castaño no sabía qué decir —Lograste triunfar, ahora eres un autor reconocido, con miles de seguidores alrededor del mundo. Lograste hacer realidad uno de los tantos sueños que yo me encargué de aplastar cuando eras joven. Ni siquiera soy capaz de imaginarme en lo que te habrías convertido si yo no me hubiera entrometido y te hubiera dejado escoger tu propio camino desde que eras un niño.

—Las cosas siempre pasan por una razón —contestó él —Quiero pensar que las cosas no hubieran marchado tan bien si me hubiera decidido a estudiar literatura cuando entré a la universidad. Ningún conocimiento adquirido es en vano.

—Es increíble que siempre puedas ver el lado positivo de las cosas, que puedas hablar con tal naturalidad con la persona que te destrozó la vida, la persona que te lo quitó todo, incluida la persona a la que amabas —los ojos de Makoto se abrieron como platos —Te gustaba Sousuke, ¿verdad? ¿Te enamoraste de él cuando lo conociste en la fiesta de compromiso?

—Yo no…

—Está bien, Makoto. No te cité aquí para reclamarte nada. Por tu expresión puedo deducir que todavía sientes algo por él —el castaño agachó la mirada, sintiendo cómo sus mejillas se coloreaban —Pero tampoco es por eso que te cité. Yo quiero… —Ran tomó una bocanada de aire —disculparme —los ojos de Makoto se volvieron a encontrar con los de Ran.

—¿Disculparte? ¿Por qué tendrías que disculparte?

—Por todo. Por todo el sufrimiento que te causé con mi egoísmo, por quitarte la herencia que por derecho te correspondía, por quitarte a la persona que amas aun cuando esa persona claramente siente lo mismo por ti. Porque en mi egoísmo me embaracé de él para que no pudiera dejarme, sabiendo que, aunque viviera conmigo, su corazón hacía mucho tiempo había dejado de pertenecerme. Por lo que pasó con nuestros padres. Si no hubiese sido tan ambiciosa, ellos no habrían tenido que morir.

—¿Por qué dices eso, Ran?

—Papá y mamá murieron en un accidente de tránsito —dijo Ran —Sólo que eso no fue un "accidente". No, porque la muerte de nuestros padres y de los padres de Sousuke fue preparada por alguien —Makoto la miró. ¿Quién había sido capaz de matarlos? ¿Y por qué motivo? —El nombre de la persona que lo hizo es Chang Shen.

Makoto se llevó ambas manos a la boca, horrorizado. ¿Shen había asesinado a sus padres y a los padres de Sousuke? ¿La misma persona que le había jurado una y otra vez que lo amaba? ¿La misma persona que le había devuelto la luz a su vida cuando más lo necesitaba? Sólo podía hacerse una pregunta: ¿por qué? ¿Qué lo había llevado a asesinar a personas inocentes?

—Ese sujeto es también la razón por la cual Sousuke nunca podrá estar contigo —Makoto sentía que poco a poco se iba sumiendo en la desesperación —Venganza. Eso es tras lo que está Sousuke en este momento. Quiere vengarse de Shen, aunque le cueste la vida. Y Makoto, tú eres el único que puede detenerlo. Se dirige a su muerte segura con su venganza. Y realmente no es como si no entendiera su sufrimiento, pero no ganará nada con su muerte. Y yo… ¿Makoto?

—Lo… lo siento. E-Es sólo que…

—Es demasiado, lo sé. Lo siento. No quería agobiarte, pero era algo que necesitaba decirte. Volveré a decirlo, lo siento, Makoto. Sé que es tarde para recapacitar, pero lamento de corazón todo el daño que te hice. No espero que me perdones, pero esto es algo que necesitaba hacer por mí también. Ese orgullo inmenso que siempre he cargado conmigo no me ha traído nada bueno y terminaré muriendo sola, pero al menos me quedará la satisfacción de saber que hice algo bueno.

—Ran…

—Hay algo más. Y esto puede sonar arrogante, pero tienes que saber que, si Sousuke sobrevive a su venganza, es conmigo con quien regresará. No porque me ame, no, eso lo sé bien. Sino porque ahora tiene una responsabilidad —Ran se acarició el vientre.

—Eso es algo que entiendo muy bien —Makoto todavía sentía que la cabeza le daba vueltas, pero comprendía bien su situación y la situación de Sousuke. Y aun cuando prometieron que se volverían a ver, eso no sería posible ya —Es cierto que amo a Sousuke y seguramente siempre lo amaré. Créeme cuando te digo que intenté con todas mis fuerzas olvidarme de esos sentimientos. Cuando dijo el "sí acepto" en el altar, pensé que eso había terminado de matar mis ilusiones, pero fui ingenuo, subestimé la intensidad de mis propios sentimientos.

"Amar a Sousuke es parte de quien soy y es parte de lo que me ha convertido en quien soy ahora. No puedo olvidar un sentimiento como ese. Pero también puedo asegurarte que voy a mantener la distancia a partir de ahora. No volveré a verlo. Y es que sin quererlo, me convertí en un terrorista. Sin planearlo, terminé metiéndome en la vida que llevaban ustedes dos. Puede que Sousuke sienta algo por mí, pero eres tú quien tiene todo el derecho de decir que es suyo."

La plática había resultado liberadora para ambos. Cuando se despidieron lo hicieron con una sonrisa. No eran hermanos, ni amigos, tampoco conocidos. Lo que eran ni siquiera ellos mismos lo sabían. Yamazaki Ran y Hanamura Makoto, esos eran ellos. Sólo habían firmado la silenciosa promesa que decía que no se volverían a ver jamás. Así que tomando caminos contrarios, se separaron definitivamente. Makoto tuvo que resistir la urgencia de voltear y contemplar la espalda de la que alguna vez fue su hermana. Apuró el paso, pero entonces algo lo hizo detenerse en seco.

Los murmullos de la gente hicieron que se volteara sólo para encontrarse con Ran desplomada en el suelo, a tan sólo pocos pasos. Sin siquiera pensarlo, corrió y se arrodilló junto a ella, tomándola en sus brazos y dándole golpecitos en las mejillas. Ran no reaccionaba y Makoto vio un hilillo de sangre deslizarse por su pierna. Alarmado, escuchó que alguien había llamado a una ambulancia que llegaría pronto.

La ambulancia llegó momentos después, llevándolos a ambos al hospital. A Ran la trasladaron a urgencias y Makoto se quedó en la sala de espera, caminando de un lado a otro, sin saber bien qué hacer. Como si estuviera en piloto automático, sus dedos marcaron el número de Ren, quien colgó luego de un "estaré ahí en un momento". Makoto se dejó caer en la butaca, llevándose las manos al rostro. No hacía mucho habían estado conversando normalmente. ¿Qué había pasado? Ran no había dado señales de sentirse mal.

Un momento. ¿Debería avisarle a Sousuke también? La respuesta era más que obvia. Sousuke era el esposo de Ran, por supuesto que debía avisarle, pero no sabía por qué le ponía tan nervioso llamarlo. Mientras se debatía, el médico se acercó y preguntó:

—¿Es usted familiar de la señora Yamazaki? —el castaño negó con la cabeza.

—Su esposo no debería tardar en llegar —se apresuró a decir.

—No creo que podamos esperarlo —contestó el médico —El bebé está a punto de nacer. La salud de la señora se ha deteriorado considerablemente, así que hay riesgos para ambos. Como la señora se encuentra muy débil, tendremos que practicarle una cesárea —por el altavoz una enfermera llamó al médico —Vamos a hacer todo lo que podamos para salvarlos a ambos, dígaselo al señor Yamazaki en cuanto llegue, por favor.

Cuando el médico desapareció, Makoto marcó el número de Sousuke. Parecía feliz al escucharlo, pero su voz se tornó sombría en cuanto le contó lo que sucedía con Ran. Makoto volvió a desplomarse en la butaca. Las manos le temblaban y de pronto la culpa lo asaltó. Si tan sólo se hubiera percatado antes de que algo andaba mal, si no hubiera sido tan orgulloso y se hubiera ofrecido a acompañarla a casa, aunque ella se negara. No supo en qué momento comenzó, pero las lágrimas habían comenzado a mojarle el pantalón. Agachó la cabeza y juntó las manos, esperando que nadie lo viera.

—¡Makoto! —la voz de Sousuke hizo que se encogiera más en su sitio, pero cuando sintió la mano del otro en su hombro, no pudo evitar aferrarse a él con fuerza. Sousuke correspondió el abrazo, asegurándole que todo iba a estar bien.

—Sousuke… Ran… ella… el bebé… —balbuceó el castaño, apartándose del más alto.

—Ran es fuerte, estará bien —Makoto quería creerlo también, pero el gesto del médico no había sido alentador. Sousuke se sentó junto a él al momento que Ren aparecía, apoyando las manos en las rodillas para recuperar el aliento.

—Vine… lo más rápido… que pude… —Makoto se limpió las lágrimas, sintiéndose aliviado en cuanto vio a su hermano —¿Estás bien, Makoto? ¿Cómo está Ran?

—Ha entrado a cirugía —dijo el castaño —El bebé nacerá por cesárea. De momento estamos esperando noticias.

Ren se sentó al otro lado de Makoto y se cruzó de brazos, moviendo el pie, nervioso. Ninguno de los tres habló y los tres se sobresaltaron cuando el médico reapareció, preguntando por los familiares de la señora Yamazaki. Sousuke se puso de pie de inmediato. Ren y Makoto permanecieron sentados, pero escuchaban con atención.

—El bebé nació con un extraño cuadro de ceguera, además de insuficiencia cardíaca —decía el médico —Como nació prematuro, debemos tenerlo en observación. Las próximas horas serán críticas. En cuanto a la madre, me temo que las noticias son todavía más desalentadoras. Su condición se ha deteriorado muchísimo y no responde al tratamiento. Yo… lamento tener que decir esto, pero no puedo dar un pronóstico alentador. Su vida se extingue poco a poco, señor Yamazaki.

—¿Puedo entrar a ver a mi esposa, doctor?

Makoto vio la espalda de Sousuke desaparecer tras las puertas del elevador. Se sentía miserable. ¿Por qué Ran tenía que pasar por todo eso? ¿Por qué no había notado antes que algo andaba mal con ella? Entonces, sin decir nada, Ren lo abrazó. Makoto rodeó la cintura de su hermano con los brazos, mientras lágrimas silenciosas rodaban por sus mejillas.

S & M

Ver a Ran tendida en la cama, con una máscara de oxígeno e infinidad de cables conectados a su cuerpo se sintió peor que un golpe bajo. Esa no era Ran. Aquella no era la mujer fuerte, orgullosa y decidida de quien alguna vez se había enamorado. Sousuke no lograba comprender cómo era que las cosas se habían torcido de esa manera. Sin embargo, estaba seguro de una cosa, Lullaby era la razón por la cual la condición de Ran se había deteriorado. Era también la razón por la cual su hijo ahora mismo estaba luchando por su vida.

Sousuke se sentó en el taburete que estaba al lado de la cama y rodeó la mano de Ran con la suya. Estaba fría. Lentamente, Ran comenzó a abrir los ojos. Parpadeó un par de veces y enfocó sus ojos verdes, carentes ahora de brillo, en los suyos. La mano de Ran se cerró alrededor de la suya.

—Sousuke…

—No hables, tienes que descansar —dijo —Tienes que ponerte bien para que podamos ver a nuestro hijo.

—No. E-Esto es importante, S-Sousuke —replicó ella, entrecortadamente —E-Escúchame sin interrumpirme, p-por favor. T-Tienes que saberlo todo.

Ran se lo confesó todo. El cómo había puesto la droga en su bebida para quedar embarazada, su miedo a que la abandonara al saberse correspondido por Makoto. Todas las veces que se había acostado con Natsuya, mientras estaban "felizmente" casados. El sufrimiento que le había causado a sus propios hermanos, Ren y Makoto. El cómo consumir Lullaby había sido la única forma de mantenerse cuerda cuando veía que su vida se desplomaba ante sus ojos. El cómo el accidente de sus padres había sido orquestado por Shen. Y por último:

—Le dije al doctor que… no se preocupara por mí… que hiciera todo lo que estuviera en sus manos para salvar a… Akihiko. Sousuke, sé que te enamoraste de un terrorista cuando se suponía que éramos un matrimonio feliz. No trato de reprocharte… nada, porque… nadie manda en el corazón. Sousuke, dime la verdad, ¿amas… a Makoto? —Sousuke tomó la mano de Ran entre las suyas y besó sus nudillos.

—Lo amo. Sé que este no es el momento indicado para decirlo, pero amo a Makoto. Lo amo con cada fibra de mi ser —Ran cerró los ojos y esbozó una tenue sonrisa —Ran…

—E-Eso está bien. Makoto es un buen chico, ha sufrido mucho… por mi culpa, por eso merece… merece… ser amado. Yo… sólo espero que puedas perdonarme por todo el daño que te causé. Deseo… de corazón —su respiración se volvía cada vez más forzada —que seas muy feliz, Sousuke. Te agradezco… que me hayas hecho feliz… todos estos años. Gracias por… por enamorarte de mí. Y por favor… olvídate de la venganza.

—No me pidas eso, Ran, porque es lo único que no puedo cumplir —dijo —Ese sujeto… ese sujeto es la razón por la que estás así, la razón por la que nuestro hijo está ahora luchando por su vida, la razón por la cual nuestros padres murieron. No puedo simplemente ignorarlo, ya no más.

—Sousuke, mis hermanos… por favor… —el aludido asintió con la cabeza y fue por Ren y Makoto. En cuanto los hermanos entraron en la habitación y se acomodaron a ambos lados de la cama, ella los abrazó con las pocas fuerzas que le quedaban.

—Ran, no deberías esforzarte —dijo Ren, con voz temblorosa —Descansa para que puedas recuperarte.

—Ren, Makoto, perdón. Lamento… todo el daño que les causé —tosió —Que sean muy felices, hermanos. Los… los amo. Les encargo a mi pequeño príncipe. Cuiden de… Akihiko… por favor. E-Espero a-algún día… —cada vez le costaba más hablar —puedan perdonarme.

—No hay nada que perdonar, —dijeron Ren y Makoto, al unísono —querida hermana mayor.

Dejaron de sentir fuerza en el abrazo. Los brazos de Ran cayeron a ambos lados de su cuerpo, sus ojos se cerraron para no volver a abrirse. Por primera vez en años, Ran lucía una expresión pacífica y serena en su rostro. Por primera y última vez, había abandonado todo lo que le hacía daño, todos sus rencores y había vuelto a ser Ran, la hermana mayor, la primogénita de la familia Tachibana. Makoto y Ren se echaron a llorar sobre el cuerpo de su hermana, mientras Sousuke, que miraba la escena apartado para darles espacio, se limpió una única lágrima que se deslizó por su mejilla.

En ese momento, Sousuke hizo un juramento silencioso, por el alma de su difunta esposa. Juró vengarse de Chang Shen, el hombre que les había destrozado la vida.

S & M

Había pasado una semana desde la muerte de Ran y Makoto no recordaba haber dormido más de unas pocas horas. Cada vez que se acostaba y cerraba los ojos para intentar dormirse, lo invadía una imperiosa necesidad de escribir. Un libro en honor a su hermana. Un libro en el que pudiera plasmar cuánto lo admiraba y todo lo que ella, muy a su manera, había hecho por él. Lo dolían las muñecas, pero no podía detenerse. Los dedos de sus manos se movían por las teclas del portátil como si no hubiera un mañana, nunca se habían movido tan rápido.

Se levantó de su sitio en el suelo de la sala sólo para ir a la cocina y prepararse una taza de café. Así era como había sobrevivido, a base de café, bebidas energéticas y la comida que Chigusa le llevaba. Iba a sentarse otra vez cuando escuchó el timbre. De mala gana abrió la puerta sin siquiera comprobar de quién se trataba. Grande fue su sorpresa cuando se encontró con Shen. Shen, el hombre que había matado a sus padres, la razón por la cual su hermana estaba muerta. No sabía cómo reaccionar o qué decir. La falta de sueño le estaba pasando factura.

Shen se abrió paso sin siquiera mirarlo, arrugando la nariz en cuanto notó el desastre en el que se había convertido la sala. Ni siquiera se sentó o esperó que Makoto le sirviera algo de beber. Se miraron en silencio. Makoto no tenía idea de qué podía querer Shen que no fuera sexo, pero la verdad era que no se sentía con ánimos ni siquiera para fingir que estaba excitado. Quizás esa vez sólo debía dejar que Shen disfrutara con su cuerpo para que se acabara lo más pronto posible.

Al ver que el otro no se movía, Makoto asumió que lo harían en la sala, por lo que recogió un poco el desastre y se quitó la camisa, arrojándola al suelo antes de acercarse a Shen y rodearle el cuello con los brazos. Shen ni siquiera reaccionó al contacto. En cambio, simplemente dijo:

—He venido para liberarte de nuestro contrato —Makoto dio un paso hacia atrás.

—¿Qué?

—Ya me has oído, eres libre. Ahora que Ran está muerta, nadie te estorba, así que puedes ir y revolcarte con Sousuke.

—No hablas así de Ran —replicó el castaño, apretando los puños.

—Deberías darme las gracias. Como sea, eres libre a partir de ahora. No volveré a buscarte, no me meteré con nadie de tu familia o amigos. Este es el final de nuestra enfermiza relación.

—¿Por qué?

—No tiene sentido seguir persiguiendo a un hombre que jamás será mío por completo —respondió —Me he cansado de esta relación sin sentido. Puede que no lo creas, pero yo también anhelo encontrar eso que llaman "amor verdadero". Quiero saber lo que es amar de verdad, quizás así entienda por qué estás tan obsesionado con Sousuke.

—¿Te has enamorado?

—Puede ser —se volteó —Adiós para siempre, Makoto —y se fue.

S & M

Paro cardiorrespiratorio. Eso era lo que decía el acta de defunción de Ran sobre la causa de su muerte. Claro que muy pocos sabían que la verdadera causa había sido una sobredosis de Lullaby, la muerte silenciosa. Luego del íntimo funeral de Ran, Sousuke se había dedicado a tomar todos y cada uno de los medicamentos que le eran recetados. No podía morir, no aún. De alguna forma había logrado contrarrestar los efectos, al menos temporalmente, y ahora concentraba todos sus esfuerzos en afinar los detalles del plan que llevaría a Chang Shen a su ruina.

—Sousuke —el aludido levantó la cabeza en cuanto Kisumi entró en su oficina. La casa se sentía vacía y ni siquiera podía ver a su hijo, pues seguía en el hospital para someterse a una cirugía con la que los médicos esperaban salvar sus ojos —¿estás seguro que no quieres someterte a la desintoxicación? Mira lo que pasó con Ran.

—Ni siquiera estoy seguro de si voy a sobrevivir —contestó, con una sonrisa torcida —Ya me preocuparé por eso cuando todo termine. ¿Está todo listo? —Kisumi asintió con la cabeza.

—Partiremos a Nueva York mañana en el vuelo de las diez de la mañana —Sousuke asintió con la cabeza y le dio un último vistazo al plan cuidadosamente elaborado que tenía guardado en su portátil —¿Sousuke?

—¿Qué pasa?

—¿Estás seguro de que no quieres despedirte de Makoto?

—Estoy seguro.

—Pero Sousuke, podrías arrepentirte si…

—No puedo ver a Makoto, Kisumi. Porque si lo veo, soy capaz de abandonarlo todo para quedarme a su lado.

—Eres un idiota.

—Lo sé.

—Y todos nosotros somos aún más idiotas por seguirte en tu camino al infierno. Pero está bien. Es mucho más divertido que sólo mirar de lejos.

—Estás loco.

—Lo sé.


El próximo capítulo lo subiré en algún momento de esta semana.