¡Me olvidé por completo de subirlo la semana pasada!
[Acto 21]
Guerreros caídos
Era la primera vez que daba las gracias por viajar en primera clase. Normalmente no le importaba mucho tomar un asiento en clase turista, pero dado que su condición no era la mejor en ese momento, el cómodo asiento y las atenciones del personal hicieron de su vuelo de catorce horas una experiencia un poco más placentera. Sin embargo, sabía que las cosas estaban por empeorar. Cuando bajó del avión y logró tomar una bocanada de aire del exterior, sintió que la cabeza le daba vueltas. Sujetándose a las paredes, logró abrirse paso por los controles rutinarios del aeropuerto, antes de salir y tomar el primer taxi que apareció frente a él. Dio la dirección del hotel al conductor y echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos para intentar calmar el dolor punzante en su sien.
Pasó un tiempo sin que pareciera que avanzaran, por lo que abrió los ojos y miró por la ventana. Estaban atrapados en el tráfico. Genial, justo lo que le faltaba cuando lo único que quería era tirarse en la cama de su habitación y descansar antes de encontrarse con Kisumi, Nao y Natsuya. Necesitaba verse presentable antes de encontrarse con ellos o de lo contrario comenzarían a preocuparse y a hacer preguntas innecesarias. Volvió a cerrar los ojos, intentando relajarse. Trató de pensar en algo agradable que lo ayudara a olvidarse de sus preocupaciones y del hecho de que era probable que no regresara con vida para ver crecer a Akihiko. Entonces pensó en Makoto. Pensó en su sonrisa. Casi podía sentirlo a su lado si se concentraba lo suficiente.
El vehículo volvió a moverse y Sousuke respiró aliviado cuando, en unos diez minutos, se encontraban frente al hotel. Pagó al conductor y arrastró su pequeña maleta hasta la recepción. Luego de hacer el check-in, le arrebató la tarjeta de acceso a la señorita y se metió en el ascensor que estaba a punto de cerrarse. Cuando finalmente llegó frente a su puerta, entró en la habitación, dejando la maleta y la chaqueta en el camino y se arrojó a la cama. Las cortinas de la habitación estaban abiertas, pero afortunadamente ya había oscurecido, así que no tenía que preocuparse por la molesta luz del sol.
No supo en qué momento se había quedado dormido, pero el sonido insistente del teléfono que reposaba sobre la mesita de noche se encargó de traerlo de vuelta a la realidad. Agarró el auricular y gruñó a modo de respuesta.
—Buenas noches, señor Yamazaki. Disculpe la molestia —dijo la recepcionista —Tiene una llamada del señor Kirishima. ¿Desea que lo comunique? —alarmado se dio cuenta de la hora.
—Páseme la llamada, por favor.
—¡Sousuke! ¿Dónde demonios estás? —casi sintió que la voz de Natsuya le perforaba la cabeza —¡Hemos estado esperándote por veinte minutos en el lugar acordado!
—Lo siento, me quedé dormido —contestó.
—¿Te quedaste dormido?, eso es nuevo —dijo Natsuya —Bueno, como sea, date prisa.
—Sí, sí, ya voy —replicó —Por cierto, Natsuya, ¿se han arreglado las cosas entre Nao y tú? —silencio —No tienes que contestar si no quieres. Sólo me preguntaba si…
—Pronto —antes de poder decir algo más, Natsuya lo cortó con un —Apresúrate.
Sousuke volvió a dejar el auricular en su lugar y rebuscó en su maleta algo que ponerse. Luego se metió al baño. Seguramente una ducha fría le ayudaría a calmar el dolor de cabeza. Sousuke se sintió aliviado cuando el agua cayó sobre él. Cerró los ojos y se quedó quieto por un momento, hasta que empezó a toser. Se tapó la boca con la mano y notó que había sangre. Chasqueó la lengua, molesto. No era la primera vez que le pasaba, pero pensó que la medicina estaba haciendo efecto. Parecía que ya no importaba cuántas pastillas tomara, ya nada podía contrarrestar los efectos de Lullaby.
Tenía que resistir, no podía dejarse vencer. Escupió más sangre antes de secarse con una toalla y volver a vestirse. Se miró en el espejo antes de salir. Lucía mucho mejor que cuando había llegado, así que se encaminó al restaurante chino donde debía reunirse con los demás. Cuando llegó, los tres estaban sentados en una mesa ubicada detrás de una cortina de seda roja. Saludó con un movimiento de la cabeza antes de sentarse entre Nao y Natsuya. Sobre la mesa había varias botellas de cerveza.
—Ya era hora de que llegaras —dijo Natsuya —Estábamos pensando que te habías arrepentido y te habías regresado a Japón —Sousuke frunció el ceño —Sólo bromeaba. Veníamos en el mismo vuelo, sólo que yo no tuve el privilegio de volar en primera clase.
—Es mejor así. El simple hecho de que estemos juntos podría provocar situaciones indeseadas —comentó Kisumi —Estar aquí reunidos ya es un riesgo, aunque la dueña de este sitio sea tu amiga, Sousuke. De una u otra forma, ella también se verá involucrada.
—La dueña de este lugar tiene motivos para involucrarse —contestó Sousuke —Después de todo, Chang también le arrebató algo preciado. Pero dejando eso de lado, ¿está todo listo para mañana? —Nao asintió con la cabeza.
—El avión privado de Chang aterrizará en un par de horas —explicó el de cabello plateado, bebiendo un sorbo de su cerveza —Una limusina lo recogerá en el aeropuerto y lo llevará a una mansión que alquiló toda la semana para las reuniones de negocios que lo esperan. Viajan con él su mayordomo, dos guardaespaldas y su amante, Nitori Aiichiro.
—¿Qué hay de su esposa? —preguntó Sousuke, mirando de reojo a Natsuya.
—La señora Chang Jia Li se encuentra en Japón visitando a una de sus amigas —respondió Nao —Ha ido para darle a su mejor amiga la noticia de que va a ser madre —los ojos de Sousuke se abrieron como platos —Sí, tal parece que Chang ha logrado su objetivo. Miho-san está embarazada —Sousuke notó cómo Natsuya apretaba con fuerza el vaso de vidrio —Y antes de que lo preguntes, ya hemos comprobado que efectivamente Kirishima Miho ingresó a Japón. Ella se encuentra a salvo.
—Chang no permitirá que le suceda nada a Miho ahora que está embarazada. No se arriesgará a que le suceda algo a su heredero —añadió Kisumi.
—¿Qué hay de Mikoshiba?
—Ya he contactado con él —contestó Nao —Está todo listo para mañana.
—Bien. Vamos a comer entonces —dijo Sousuke, al momento que los meseros llegaban y colocaban frente a ellos todo tipo de platillos deliciosos.
—¿Será esta acaso nuestra última cena? —expresó en ese momento Kisumi. Los cuatro se miraron y no pudieron evitar que se les escapara una carcajada.
S & M
A pesar de las circunstancias en las que se encontraba el pequeño, a Makoto le encantaba verlo dormir. Apenas comenzaba a aparecerle una matita de cabello castaño, un poco más oscuro que el suyo y ya lo había visto abrir los ojos; eran de ese color aguamarina, idénticos a los de su padre. En los diagnósticos no se mostraba ninguna mejoría, pero tampoco era como si hubiera empeorado. Akihiko seguía luchando por su vida, como un guerrero. Makoto no podía evitar que las lágrimas lo traicionaran al darse cuenta de que Ran ya no estaría ahí para sostenerlo en sus brazos cuando lograra superar la crisis. Porque él estaba seguro de que su sobrino lo lograría. Y entonces él sería capaz de darle todo el amor que sabía, Ran ansiaba darle.
Se marchó finalmente, luego de dedicarla una última mirada a su sobrino que descansaba ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Ajeno al hecho de que su padre estaba poniendo su vida en riesgo para vengarse del hombre que tanto daño le había hecho. Makoto se paró en seco, cayendo en la cuenta. No es algo que quería ponerse a pensar en ese momento, pero… ¿qué pasaría con Akihiko si Sousuke no regresaba? ¿Es que acaso el destino sería tan cruel como para arrebatarle también a su padre?
Makoto pegó un brinco cuando sintió el celular vibrar en el bolsillo de su pantalón. Cuando miró la pantalla notó que se trataba de un número desconocido y por el código de país, notó que era una llamada desde los Estados Unidos. Se llevó el aparato a la oreja, pero no dijo nada. Reconoció al instante la voz de Natsuya.
—Antes de que digas cualquier cosa, escúchame por favor, Makoto —dijo —Creo que ya lo escuchaste de Ran, pero es cierto que Sousuke busca venganza. De hecho, no quería decírtelo, pero yo también estoy metido en esto. Mañana será el día en el que se acabe todo, nuestro destino depende de que el plan se dé como esperamos, pero no puedo prometerte que vaya a regresar. Sin embargo, Makoto, hay algo que sí puedo prometerte, porque tú todavía tienes una oportunidad para ser feliz. No voy a dejar que Sousuke muera. Pase lo que pase, él vivirá. Es por eso que quiero que tomes un vuelo a Nueva York. Si revisas el buzón de tu apartamento, encontrarás un sobre. Contiene toda la información que necesitas.
—Natsuya, espera, ¿qué estás…?
—Yo que lo perdí todo, no voy a dejar a ese niño sin su padre, no tendría el corazón para hacerlo ahora que Ran ha muerto. Por eso tienes que asegurarte de hacerlos felices a los dos, estoy seguro de que podrás lograrlo, ya que eres como una madre. Adiós Makoto, gracias por todo.
Y colgó. Con dedos temblorosos, Makoto intentó marcar el número, pero no recibió respuesta. Intentó enviándole mensajes, aun sin estar seguro de si lo había llamado desde un celular, pero tampoco recibió respuesta. La desesperación comenzó a embargarlo; ya no tenía forma de comunicarse con Natsuya. Él y Sousuke estaban metidos en algo peligroso relacionado con Shen. Venganza. Volvió a guardarse el celular en el bolsillo y tomó un taxi para llegar lo más rápido posible a su apartamento. Encontró el sobre que Natsuya había mencionado y revisándolo encontró un boleto de avión a Nueva York, datos de reservación de un hotel y una carta escrita con la que reconoció de inmediato como la caligrafía de Natsuya.
Corrió a su habitación y empacó algunas pocas cosas que necesitaría. El boleto no tenía fecha de regreso, pero ya se preocuparía por ello luego. Llamó a Ren y le dijo que saldría de viaje con Natsuya para realizar una investigación para su nuevo trabajo. Estaba seguro de que su hermano no había quedado muy convencido con la excusa, pero Ren no preguntó nada, simplemente lo despidió con un "cuídate mucho", asegurándole que no tenía que preocuparse por Akihiko, ya que él y Chigusa estarían al tanto de su progreso y se asegurarían de informarle.
Cuando se dio cuenta, ya se encontraba frente a la puerta de abordaje y cuando el avión despegó no pudo evitar pensar en qué demonios haría una vez que llegara a Nueva York. ¿Sería capaz de detener a Sousuke? No, no tenía el valor de verlo, porque estaba seguro de que le rogaría que no hiciera ninguna tontería como enfrentarse a un hombre tan peligroso como Shen. Pero, ¿qué derecho tenía para detenerlo? ¿Quién era él para detenerlo? Cerró los ojos, intentando apartar esos pensamientos desagradables y eventualmente se quedó dormido.
S & M
No era la idea más brillante que podía ocurrírsele la noche antes de llevar a cabo su venganza, pero el sólo pensar en que podía morir sin decirle cuáles era sus verdaderos sentimientos, lo aterraba más que cualquier otra cosa. Sabía que los hombres de Shen podían estar siguiéndolo y que no sólo se ponía en peligro él, sino también a Nao, pero esa parte racional de su cerebro parecía haberse tomado unas vacaciones. Así que, como un adolescente imprudente, había salido de su hotel para dirigirse al hotel donde Nao se hospedaba.
De alguna forma había logrado convencer a la recepcionista y ahora estaba frente a la puerta de la habitación de Nao. Temblaba como una chica a punto de confesarle sus sentimientos al chico que le gustaba. Así de cliché y todo, era precisamente lo que estaba a punto de hacer, sólo que él no era una chica por supuesto. No supo en qué momento sus pensamientos habían cambiado de dueño, pero lo cierto era que desde hacía un tiempo no podía dejar de pensar en Nao. Todo había "empeorado" desde que se acostaron, pero Natsuya lo sabía muy en el fondo: lo que sentía por Ran había dejado de ser amor para convertirse en una enfermiza obsesión que lo había cegado.
Dio un par de golpecitos a la puerta y esperó. Volvió a intentar al no recibir respuesta. Silencio otra vez. Golpeó con un poco más de fuerza, sin importarle que el ruido molestara a los otros huéspedes. Finalmente escuchó pasos del otro lado, antes de que un molesto Nao replicara:
—¿Acaso no ha visto el letrero de "No molestar" en la puerta? He dicho que no necesito nada.
—¿Debería marcharme entonces? —la puerta se abrió al instante. Más que sorprendido, Nao lucía asustado.
—¿Qué estás haciendo aquí, Natsu? Las instrucciones de Sousuke fueron muy claras; encontrarnos antes de tiempo podría despertar sospechas y…
Natsuya se metió en la habitación sin ser invitado y acorraló a Nao entre su cuerpo y la puerta. Había fuego en su mirada y Nao no podía evitar temblar ante la intensidad de esos ojos que le decían mil cosas, cosas que en otro momento le habría encantado escuchar, pero que le romperían el corazón si Natsuya se atrevía a decírselas en ese momento. Nao se estremeció cuando sintió una suave caricia en su mejilla. Agachó la cabeza, no podía seguir mirando a Natsuya o de lo contrario iba a sucumbir y eso era algo que no podía permitirse.
—Nao, sé que este no es el mejor momento, pero hay algo que necesito decirte —los brazos de Natsuya lo agarraron por la cintura. Nao tembló cuando su mejilla chocó con el pecho ajeno. Podía sentir los latidos acelerados del castaño —Te juro que he hecho todo lo posible para contenerme, pero ya he tenido suficiente. Todo podría acabarse mañana, ¿sabes?, no podía soportar la idea de saber que podría morir sin decirte cómo me siento en realidad. Nao, mírame, por favor.
El de cabello plateado colocó las manos sobre el pecho del castaño, separándose lo suficiente para que sus ojos se reencontraran con los orbes color chocolate de su amigo. Esa expresión suave, tranquila y llena de algo que él no quería nombrar hizo que sus deseos de besarlo casi lo traicionaran. Las manos de Natsuya abandonaron la cintura de Nao para colocarse en su rostro, impidiendo que mirara a otro lado.
—Nao, la verdad es que yo te am…
Pero Natsuya no pudo decir nada más porque en ese momento sus labios eran vorazmente atacados por los de Nao. Cuando quiso darse cuenta, estaba sentado a la orilla de la cama, con Nao sentado a horcadas sobre él. Justo cuando sus labios eran liberados e intentaba hablar, Nao volvía a besarlo. Natsuya sabía que no debía ceder, que la verdadera razón por la que se había arriesgado para visitar a Nao era para decirle lo que sentía por él, pero la forma en que Nao se restregaba contra él no ayudaba. Su cerebro no tardó en hacer cortocircuito y cuando se dio cuenta estaba encima de Nao, arrancándole la ropa.
Al diablo con la confesión, si esa iba a ser su última noche, bien podía aprovecharla y llevarse un grato recuerdo allá adonde fuera cuando muriera. Nao le quitó la camisa, desesperado por sentir la piel de Natsuya contra la suya. Lanzó un gemido cuando Natsuya comenzó a masturbarlo mientras intentaba desabrochar el botón del pantalón del castaño. Natsuya rió mientras lo besaba y se separó de él un momento para terminar de desnudarse. Preparó a Nao lo más rápido que pudo, antes de enterrarse entre sus piernas. Comenzó a moverse sin esperar que el de cabello plateado se acostumbrara y entonces…
Nao rodó para quedar encima de él al tiempo que se escuchaba un disparo. Natsuya miró hacia la ventana justo cuando el cristal se hacía añicos. Nao ya se había incorporado y sostenía una pistola. Natsuya se levantó, pero Nao volvió a empujarlo a la cama, sosteniendo el arma, con la vista fija en la ventana. Abrió la boca para replicar, pero Nao negó con la cabeza y disparó. Se escuchó un quejido de dolor y Nao se puso de pie para acercarse al balcón, cauteloso. Natsuya se levantó también y se colocó detrás de Nao que, sobresaltado, casi deja caer el arma.
—¿Qué demonios estás haciendo? —replicó Nao —Aléjate de aquí, Natsu. Esos sujetos me buscan a mí, si se dan cuenta de que también estás aquí, será un problema. No podemos dejar que nos maten a los dos.
—¿Crees que voy a quedarme tranquilo viendo cómo arriesgas tu vida para protegerme? —las mejillas de Nao enrojecieron.
—No es como si estuviera haciendo esto por ti, lo hago por Sousuke —Natsuya tenía que admitir que las palabras de Nao le habían dolido, pero no podía culparlo —Si morimos los dos, el plan tendrá menos probabilidades de éxito.
—Sólo necesitamos que uno de los dos muera —sin importarle que no llevaba nada de ropa, Natsuya corrió las cortinas y abrió la puerta que daba al balcón de la habitación —Tú eres listo, sin la información que recopilaste no habríamos podido idear este plan, así que mi deber es mantenerte a salvo.
—¿Qué estás diciendo? Sousuke te necesita, —yo te necesito, quería decir, pero no se atrevió —eres su mejor amigo, no puedo dejarte morir.
—Demasiado tarde —Natsuya salió al balcón y gritó —¡Muéstrate de una vez por todas, cobarde! ¡Vamos, enfréntame! ¡No voy a correr ni a esconderme! ¡Si quieres matarme, dispara esa maldita pistola!
Natsuya pudo escuchar tres disparos antes de caer al suelo y darse un buen golpe con la cama. Cuando levantó la cabeza, Nao estaba frente a él, con los brazos extendidos, sirviéndole de escudo. Las balas lo habían alcanzado y estaba sangrando muchísimo. La pistola se le había caído y apenas podía mantenerse en pie, pero lo miraba con una sonrisa. Ese grandísimo idiota.
—Nao, ¿q-qué…? ¡¿Qué demonios hiciste, imbécil?! —Nao rió, escupiendo un poco de sangre. Natsuya quería incorporarse, pero las piernas no le respondían.
—¿E-Es que a-acaso n-no lo ves? —tosió —U-Usé m-mi c-cuerpo p-para… —sus piernas comenzaron a ceder —p-proteger a la p-persona q-que… amo… —el cuerpo de Nao se desplomó y Natsuya lo alcanzó antes de que se impactara contra el suelo.
—Nao, oye, Nao —lo volteó mientras lo sostenía entre sus brazos, dándole golpecitos en las mejillas —Si esto es una broma, es de muy mal gusto, así que ya basta —sin darse cuenta, Natsuya había comenzado a llorar —Nao, no me hagas esto, idiota. No, no me dejes, maldición. ¿Por qué me haces esto cuando había logrado reunir el valor para decirte que te amo? —acercó su rostro al de Nao —¿Me escuchaste?, oye, dije que te amo. Es de mala educación no responder cuando alguien te confiesa sus sentimientos, ¿sabes?
Pero Nao no respondía. No respiraba. No se movía. Natsuya miró sus manos manchadas de sangre. El rostro de Nao lucía hermoso, apacible, como si estuviera teniendo un buen sueño. Las lágrimas de Natsuya le mojaban las mejillas, pero ni siquiera eso o los zarandeos del otro lograban despertarlo. Una bala pasó rozándole la cabeza y fue entonces cuando Natsuya reaccionó. Encolerizado, Natsuya tomó el arma de Nao y comenzó a disparar. Vio una luz en el edificio del frente – un complejo de apartamentos – y disparó como loco. Rió cuando escuchó un quejido y vio que el fuego se extendía por el piso del otro edificio. Volvió a tomar el cuerpo de Nao entre sus brazos y lo besó y lo acarició como si todavía viviera.
Kirishima Natsuya – quien acababa de perder la razón – y Serizawa Nao – muerto – acababan de quedar fuera de combate.
S & M
Cuando aterrizó en el aeropuerto de la ciudad de Nueva York, Shen se sentía feliz. De hecho no podía recordar la última vez que se había sentido tan contento. Se había preocupado un poco cuando escuchó que Sousuke tramaba algo contra él, pero cuando se enteró de que se trataba de un absurdo plan de cuatro personas, desechó su preocupación. No había forma de que Sousuke y sus secuaces superaran a su servicio de inteligencia y seguridad. Su alegría fue mayor cuando le informaron que Kirishima Natsuya y Serizawa Nao estaban muertos. No había nada que Sousuke pudiera hacer estando por su cuenta. Sería asesinado antes de poder acercarse a la mansión.
Como si todo eso no fuera suficiente, Miho finalmente había quedado embarazada, así que podía garantizarse un heredero – o heredera, todavía no lo sabía – para continuar con su ambición. Seguramente su querida esposa se sentiría triste cuando se enterara de la muerte de su hermano mayor, pero ya se encargaría él de consolarla luego. Por el momento, sólo quería disfrutar del viaje junto al chico que lo traía loco.
Shen se había llevado a Ai consigo hasta Nueva York. Había perdido la cuenta de las veces que habían hecho el amor a bordo de su avión privado, mientras disfrutaban de un cómodo y placentero viaje hasta el otro lado del mundo. Es que durante el corto tiempo que habían estado juntos Shen se había dado cuenta de que Ai era todo lo que siempre había buscado: hermoso, sumiso, atento y lo más importante, no tenía ojos para nadie más que él.
Es cierto que durante mucho tiempo, ante sus ojos, Makoto era algo así como el ser humano perfecto. Probablemente hubo un tiempo en el que se amaron, si era sincero, no estaba seguro pues en realidad todavía no terminaba de comprender lo que era el amor. Se la habían pasado bien, pero Shen siempre supo que Makoto jamás le pertenecería por completo. Porque, aún después de tanto tiempo, después de que estuvieran separados y que Sousuke se hubiese casado con Ran, Makoto seguía amándolo. Shen seguía viendo a aquel jovencito que conoció en la despedida de soltero, aquel jovencito que sólo podía mirar con tristeza cómo las mujeres del club se arrojaban sobre Sousuke.
Shen finalmente había aceptado la realidad y había liberado a Makoto de un contrato que no era beneficioso para ninguno de los dos. Es cierto que el sexo con Makoto siempre era excitante pero, después de todos esos años, Shen sentía que necesitaba más, quería más. Quería algo que Makoto no podía darle. Finalmente había podido aceptarlo y todo había sido gracias a Ai. Sí, Ai había llegado en el momento preciso para convertirse en su luz. Las cosas definitivamente habían mejorado desde que lo conoció. Estaba a pocas horas de hacer un pacto que le permitiría expandir su negocio fuera de Asia. Estados Unidos era su conexión con el resto del mundo, su llave a un futuro brillante, el futuro que siempre había anhelado.
Cuando llegaron a la mansión, tomaron un largo baño de burbujas juntos, riendo, bebiendo champán. Volvieron a hacer el amor antes de la cena y se fueron a dormir juntos, abrazados. Shen sintió una extraña calidez en su pecho al tener a Ai entre sus brazos, viéndolo dormir plácidamente. Y por primera vez en mucho tiempo, Chang Shen durmió toda la noche, sin tener una sola pesadilla. Por primera vez desde que tenía memoria, los recuerdos de su juventud dejaron de atormentarlo. ¿Eso era lo que llamaban felicidad? ¿Acaso eso era ese sentimiento que se le había negado, eso a lo que llamaban amor?
S & M
Cinco minutos. Sólo cinco minutos habían bastado para que se encontrara en esa situación. Había subido a la azotea para fumarse un cigarrillo. No había fumado un solo cigarrillo desde que entró a la universidad, pero ese día había sentido que las circunstancias lo ameritaban. Ese podía ser el último cigarrillo que fumara en su vida. Cinco minutos. Había bajado la guardia cinco minutos, mientras disfrutaba del sabor mentolado del tabaco. Cinco minutos habían bastado para que ahora tuviera un cuchillo clavado en el pecho, muy cerca del corazón. Ah maldición. Ya podía imaginarse el sermón de Sousuke.
El cigarrillo se le deslizó de entre los labios y cayó al suelo, justo al mismo tiempo que sus rodillas golpeaban el piso de cemento. Se sujetó a las barras de metal que componían la baranda y miró hacia abajo al tiempo que una bala llegaba volando para clavarse en su hombro. Demonios, eso había dolido. Rió.
—Así que hasta aquí es adonde llega mi aventura —tosió y escupió sangre. Con sus brazos incapaz de sostenerlo por más tiempo, se golpeó la cara con el metal —Me siento tan inútil. Lo siento, Sousuke, parece que al final no pude hacer nada por ti.
S & M
No había podido dormir ni un solo minuto en toda la noche. Entre el dolor de cabeza que lo tenía de un pésimo humor y ese mal presentimiento que no se iba, Sousuke no había soportado estar acostado y se había quedado toda la noche y parte de la madrugada sentado en el escritorio, releyendo "Tú, yo y la traición". Sonrió al pensar que siempre era Makoto quien lograba calmarlo, hacerlo sentir mejor. Ese libro era su tesoro, ese libro era lo que lo mantenía anclado a la realidad, a pesar de que se sentía pésimo. Su cuerpo no respondía como quería, pero necesitaba mantenerse cuerdo para tirar del gatillo. Pensó en su hijo, quien luchaba por su vida. Sabía que era egoísta, que iba a dejarlo huérfano, pero ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.
Se duchó y pidió servicio a la habitación. Disfrutó de un buen desayuno americano – que podía ser su último desayuno – que lo dejó más que satisfecho. Había dejado de sentir náuseas y el dolor de cabeza comenzaba a aminorar. Se vistió de traje – completamente de negro, incluidas la corbata y la camisa – y preparó la maleta que no contenía más que un par de armas. Lucía como un verdadero hombre de negocios.
Le dio un último vistazo a la habitación y antes de marcharse tomó un pequeño libro del escritorio. Era uno de los libros de cuentos para niños que Makoto había escrito, era uno de sus primeros trabajos. Se lo metió en la bolsa del saco, pensando en él como su amuleto de la buena suerte.
—Dame valor, Makoto.
Sólo unos pocos capítulos más para que esta historia se termine.
